viernes, 29 de octubre de 2010

He tenido mucho poderío moral, dice

¿Por qué será que estos que lo tuvieron tan fácil durante el franquismo -hija de falangista ella- alardean de poderío moral, es decir de estar en el campo del bien, de la bondad, de la conducta sin tacha y de ir de progres durante todas las horas de su vida, incluida hora de ir a comer -la entrevista se la hacen en un restaurante?
Decidió entregarse a la lucha por los derechos de la mujer el día en que, siendo la abogada de un preso político, quiso denunciar al director de la prisión. ¿Estado civil? "Casada", contestó a sus 24 años. "Pues necesita la firma de su marido, su representante legal", rememora subiéndose por las paredes. Su padre, falangista, montó en cólera cuando su hija se afilió al Partido Comunista, pero con los años "le pudo el orgullo de padre".
Orgullo: ¿El del padre falangista por tener una hija que se hace comunista?, ¿orgullo retrospectivo de la hija por tener un padre comme il faut? De la extrema derecha del regimen franquistta a la extrema izquierda del régimen posterior, ¿hay alguna diferencia? En ambos casos había integración en el régimen, privilegios, prebendas, salida de la vulgaridad, del anonimato. Es decir, en ambos casos se acepta la desigualdad como norma de conducta.

¿Qué es ser progre? Una cosa muy sencilla, una exhibición de tics. Voilà:
"Todos van al sí o al no. Me desespera la capacidad de desencuentro, me cabrea cuando los del PP dicen las cosas que dicen. Hay un estancamiento de la democracia. Echo de menos el diálogo"
"De lo que no me jubilo es de la lucha contra la injusticia".
"No he tenido morriña del poder. He tenido poderío moral en la sociedad y de eso no me he ido nunca. A veces me dicen, 'Yo soy de derechas, pero te respeto'. Y les contesto, 'No te preocupes, que una desgracia la tiene cualquiera".

"De los sitios rojeras que me gustan muchos han cerrado. Este lo he elegido porque Pitila, su dueña, era mi amiga. Ahora lo lleva su hijo. Me he decidido por la intimidad, el esfuerzo y la excelencia". (Restaurante, 92,61 euros con IVA. ¡este sábado en el plató de La noria!).

jueves, 28 de octubre de 2010

Las piedades de Miguel Ángel


La obra de Miguel Ángel no fue comprendida en su tiempo. De Florencia a Bolonia, de Roma a Florencia, de nuevo, y otra vez a Roma fue de fracaso en fracaso. Formado primero como pintor, los encargos se le hacían como escultor, y las obras terminadas, como el genial Baco para el Cardenal Riario o el grupo escultórico para la tumba de Julio II, no se aceptaban, y terminó siendo el enorme pintor de la Capilla Sixtina, aunque dedicara su mayor esfuerzo al trabajo en mármol hasta su último suspiro.


Miguel Ángel realizó a lo largo de su vida múltiples composiciones en torno a la piedad, tanto en pintura como en escultura, un tema no especialmente italiano, más bien nórdico, no documentado literariamente, aunque sí iconográficamente. Las obras de Boticcelli, Giotto y otros pudieron estar presentes en su imaginación cuando concibió la Piedad del Vaticano, encargada por un cardenal, Jean Bilhères, embajador de Francia.

Salta a la vista que entre la Piedad del Vaticano (1499) y la Piedad del Duomo de Florencia (1550) transcurre un mundo. Entre el sereno clasicismo de la primera y el dramatismo ante la muerte de Cristo de la segunda algo importante había sucedido. ¿Qué había pasado en esos cincuenta años? El escultor había visto cómo Europa dejaba de ser el centro del universo, tras el descubrimiento de América, cómo el cristianismo se desgarraba en dos, tras la aparición del luteranismo, cómo la Iglesia no representaba nada para el emperador Carlos que permitió el saqueo de Roma, en 1527.

Si desde el principio Miguel Ángel no quiso ser un artista científico, como Leonardo, en sus obras muestra la realidad de la manera más verosímil, por ejemplo en el Baco, pero también en ese rostro angelical de la virgen de la Piedad del Vaticano, que si es joven lo es por ser pura y casta, más que su hijo, que al padecer como un hombre parece mayor que ella.


En la Piedad del Duomo Miguel Ángel esculpe una piedad que nadie le ha encargado, una obra personal, a su manera, que concibe para su propia tumba, que quiere que sea en Santa María la Mayor, en Roma, pero que sin embargo, gracias a una singular peripecia -un sobrino suyo roba el cadáver y lo transporta escondido hasta Florencia-, será enterrado en la Santa Croce de su ciudad natal. Miguel Ángel concibe esta piedad de forma tan personal que se retrata a sí mismo en el personaje que sostiene al Cristo yacente.


La última de sus piedades es la llamada Piedad Rondanini (1564), una obra que durante mucho tiempo estuvo abandonada en un patio romano hasta que fue comprada y restaurada por el ayuntamiento milanés en 1952. Trabaja en ella hasta que no puede sostener el martillo y el cincel, pocos días antes de morir. Es su testamento espiritual y material. Va rebajando el mármol en un intento para que los cuerpos sólos de Cristo y María se vayan fundiendo en uno. Joan Sureda en el Nacional Colegio de San Gregorio.

***

¡Este es mi post númeo 1001 en este blog!

miércoles, 27 de octubre de 2010

¿Es viable el Estado español?


¿Es viable el Estado español con el actual nivel de gasto? El líder de la oposición se ha atrevido a decir que el Estado autonómico necesita una revisión profunda. ¿Hasta dónde llegará su envite? Es posible que gane las próximas elecciones, pero muy difícil que gane por mayoría absoluta, por lo que necesitará el apoyo de los nacionalistas, como ya le ocurrió a Aznar, ¿en qué se quedará, entonces, esa revisión profunda de la que habla?

Y sin embargo, un Estado eficiente no puede duplicar su administración, si a la administración central le añadimos la autonómica, o triplicarla, si pensamos en las diputaciones, entes sin cometido razonable. No se trata sólo del aumento desaforado de funcionarios en los últimos años -muchos contratados o designados atendiendo a las necesidades de los partidos-, también de la duplicación o triplicación de trámites, así como de leyes, normativas y reglamentos contradictorios, creando bolsas de privilegiados o castigados en función de dónde uno viva. Por no hablar de la cuarta administración, la de la Unión Europea.

Los empresarios se quejan de la burocracia para crear empresas, los políticos extienden su poder en todas las direcciones, poniendo sus garras, por ejemplo, en la administración de las cajas de ahorro, convirtiéndolas en ineficientes. A los ciudadanos nos interesa que el estado del bienestar no desaparezca, que el subsidio del paro, la jubilación y demás prestaciones no desaparezcan, pero, ¿cómo mantenerlo sin un control eficiente del gasto?

martes, 26 de octubre de 2010

El suicidio de Catón


Cerca de la antigua Cartago, que una vez había desafiado a Roma y por ello fue demolida piedra a piedra, otra ciudad, Utica, se disponía a resistir, en el 46 ac. Pero esta vez, a ambos lados de las murallas que protegían la ciudad, había legiones romanas. El que la asediaba era un César victorioso que, al cruzar el Rubicón, había desafiado la autoridad del Senado. César era el general que había conquistado las Galias, enviado como procónsul por el propio Senado, pero también el que acababa de derrotar al gran Pompeyo que representaba la autoridad de Roma. César no se conformaba con ser un ciudadano cualquiera que cuando acaba el mandato que se le ha otorgado vuelve a ser uno más, como hasta entonces habían hecho el resto de los generales. Al otro lado, en el interior de la ciudad de Utica, Catón, era el líder moral de la resistencia contra César. Nadie mejor que él representaba los valores de la República. Austero, honrado, conocedor de la tradición. Si la victoria se decantaba por César la República habría acabado.

Desde el inicio de la guerra civil, los romanos estaban divididos, aunque poco a poco la suerte se había ido decantando hacia los enemigos de la República. Pompeyo, el conquistador de Oriente, nunca quiso convertirse en dictador, en él se mantuvo la tradición que permitía que los ciudadanos luchasen por su gloria personal, sin destruir la legalidad republicana; en ese difícil equilibrio, que había pervivido durante casi quinientos años, residía la fortaleza de Roma y su superioridad sobre los pueblos que había ido conquistando. La libertad era el valor supremo. Los magistrados se elegían por un año. Pompeyo, mientras desfilaba por el foro, en sus momentos de gloria, como antes lo habían hecho otros, llevaba un esclavo detrás que le iba repitiendo, "recuerda que eres un hombre". Pero las legiones de Pompeyo fueron derrotadas en Farsalia. Así que sólo Catón quedaba como símbolo viviente de esa libertad con la quería acabar César. César además de reconquistar el Oriente de Pompeyo, había acabado con las legiones de Metelo Escipión y de esa manera también África era suya. Sólo quedaba la Utica de Catón. ¿Cómo resistir, cómo preservar la libertad de Roma?

Catón después de una cena frugal, que tomó de pie, tal como había prometido hasta que César fuera derrotado, se retiró a su dormitorio y después de leer un rato se clavó un puñal. Ese fue el medio que encontró para robarle a César la ocasión de prodigar de nuevo su famosa clemencia. Catón no le podía derrotar con las armas, pero podía derrotarle con un gesto, su suicidio. El propio César lo reconoció: "Igual que tu me envidiabas la posibilidad de perdonarte, Catón,  yo te envidio esta muerte". César volvió a Roma con una victoria engañosa que los ciudadanos de Roma no estaban dispuestos a reconocer. El poder obtenido por la fuerza era frágil, todo ciudadano romano que alcanzaba la fama, quería también el reconocimiento. Así lo habían sabido y buscado los generales que volvían de una conquista y desfilaban ante el foro. Incluso muerto, Catón era el enemigo irreductible de César. Así que cuando César quiso dirigirse al senado, sesenta senadores le rodearon, sacaron sus dagas debajo de sus togas y las abatieron sobre él.

Algunos años después, Octavio Augusto, insensible a la tradición, a los gestos, a la moral republicana, tomó el poder sin escrúpulos. Cuando tuvo que demostrar su imperio ante Antonio y Lépido, con quienes formaba triunvirato, aceptó que su antiguo valedor, Cicerón, el último representante de los valores republicanos, fuera asesinado y su cabeza y manos expuestas en la rostra, en el foro. Allí la mujer de Antonio, Fulvia, que le profesaba un odio sin cura, atravesó con horquillas de oro la lengua del mejor orador de la historia de Roma como venganza por sus Filípicas contra Marco Antonio. Dos formas de morir que señalan el foso que se había abierto entre dos épocas en esos pocos años.

Todo esto lo cuenta Tom Holland en Rubicón, auge y caída de la República romana. Rubicón es un ensayo extraordinariamente bien escrito, ameno, que atrapa como la mejor novela. No es necesario leer novelas históricas para bucear en el pasado, al contrario, los historiadores son más fiables y si escriben bien, como es el caso de Holland, el placer que produce su lectura es mayor que la entrega a la fantasía de los novelistas.

lunes, 25 de octubre de 2010

De Santa Olaja a Fuentes de Peñacorada


Si una mañana el viajero se acercase a los pagos de Cistierna, en las estribaciones de los Montes de Léon, que mire al cielo y decida cuál es la mejor ruta que ese día ha de seguir. Que tome nota del dicho antiguo, Cuando Peñacorada ahuma, la vega de Almanza se enlaguna. Si en lo alto se arremolinan nubes oscuras que elija la dirección del monasterio cisterciense de Santa María la Real de Gradefes y después la iglesia mozárabe de San Miguel de la Escalada; no habrá perdido el día. Y si brilla el sol que se encamine hacia Santa Olaja de la Varga. Allí puede iniciar una interesante caminata de unos 16 kilómetros por las laderas de la sierra de Peñacorada.



Estos días de otoño, si el calor y la visibilidad acompañan, podrían ser los mejores para dejarse embobar por los cambios que propicia la estación. El paisaje deslumbra por su colorido y amplitud panorámica, las pequeñas aldeas de la montaña leonesa a resguardo de grandes rocas y los picos de la montaña palentina, no muy lejos.


Si se hace el itinerario en el sentido de las agujas del reloj, teniendo siempre a la vista el pueblo de Fuentes de Peñacorada, se irán recorriendo en un espacio corto paisajes diferentes, del bosque mediterráneo, en la solana, a la densa vegetación arbustiva junto al río y al bosque atlántico en la umbría.


Al principio se puede seguir el camino romano o camino de los legionarios. Por aquí anduvieron las legiones que querían reducir a los cántabros. Se andará por los márgenes de lo que queda del antiguo encinar mediterráneo, pisando el enlosado romano, junto a los restos de los muros de contención o viendo el trabajo que hicieron alisando la roca madre.



Luego se ha de descender, buscando el canturreo de un regato, seguir el curso que lo que va convirtiendo en arroyuelo, primero, y, poco a poco, transformándose en río, el río Orbayo que pasa por Santa Olaja, en dirección al Esla. El sendero se llena de humedad y sonido, de escaramujos, escobas y zarzamoras.


Se asciende de nuevo hasta el cerro para contemplar una panorámica de la que las fotos apenas dan cuenta, buscar un sitio para comer, y desandar luego el camino por zonas más sombrías, en medio de robles, hayas y algún ciruelo, propias del bosque atlántico, hasta llegar de nuevo a Santa Olaja y pasar por el puente de los Vaiteros o viajeros.

Es por el ancho camino que desciende hacia el pueblo por donde asombran los amarillos y naranjas, los ocres y dorados, los rojos y lilas y verdes de mil tonalidades, es el momento en que los árboles retiran el alimento a las hojas -cuando la fotosíntesis se para- y éstas caen, se pudren y vuelven a alimentar, meses más tarde, a quienes antes les han dado la vida en primavera.

domingo, 24 de octubre de 2010

La red social

Los nombres, la jerga, los decorados, la música, son actuales, pero el molde es clásico. Un joven que aún está en la universidad tiene una idea, se asocia con un amigo para desarrollarla y de golpe, casi de modo inesperado - The Accidental Billionaires, de Ben Mezrich, es el libro en el que el guión de esta película se basa-, se hacen ricos, multimillonarios. La idea es brillante y nace en el lugar -Harvard- y el momento adecuados. Muchos la tienen al mismo tiempo, como ha sucedido tantas otras veces cuando la tecnología ha respondido a una necesidad. Para convertir la idea en triunfo hace falta contactos, marketing, dinero. Tras el mcguffin, el argumento, jóvenes que comienzan, tiburones al acecho, fracasados que creen que la idea les pertenece y se la han robado, amistades rotas cuando el éxito aparece y les ciega. Añadamos la dificultad del protagonista, tan apropiada, para relacionarse con los demás, en especial con las chicas.
El cine y la literatura lo han abordado muchas veces. David Fincher -El club de la lucha- no hace otra cosa que actualizarlo. 

La red social cuenta la historia, casi en vivo y en directo, de la fundación de Facebook por un joven imberbe que capta la dirección del viento y no hace más que aplicar lo que sabe, crear código, para hacer fácil lo que las gentes de su edad ya están haciendo, buscarse, conocerse, quedar, ligar, relacionarse. Facebook aparece en el momento justo, al igual que otras páginas de Internet, sólo que es Mark Zuckerberg quien acierta. Su página es la mejor publicitada, la que atrae primero a los jóvenes universitarios -¡de Harvard!- y se multiplica a la velocidad de Internet por los campus universitarios primero y luego por todo el mundo, y los tiburones financieros apuestan por él. Ya forma parte de la historia económica, uno más de los peldaños de la duplicación digital del mundo real. Ese es pues el contexto de la historia. Pero para el cine lo prioritario es otra cosa, la emoción. Buenos, malos, arribistas, ingenuos, excéntricos, buscavidas y el perfil personal de Mark Zuckerberg, la traición al amigo con quien fundó la empresa, la aparición de un par de gemelos que dicen haber sido robados y del creador de Napster, que atisba dinero, mucho dinero y le pone en contacto con la cima del mundo en la costa oeste, allí donde está los inversores y la vida se vive en presente. Demandas judiciales, abogados y algunas chicas. Como en el cine clásico a las mujeres se les reservan papeles de acompañamiento.

La película está bien contada, bien medida, avanza a golpe de interrogatorios de los abogados de la defensa y la acusación, con flashbacks que apenas se notan que lo son, que van aclarando la historia, perfilando caracteres, señalando los hitos de esta historia de chicos listos, malos o ingenuos. El espectador disfruta tanto que teme que la peli se acabe demasiado pronto.

sábado, 23 de octubre de 2010

Women In Art

Esta maravilla de Philip Scott Johnson. 500 años de retratos de mujer en el arte occidental.
Música: Sarabande de Bach de la Suite para Cello N º 1 en Sol Mayor, BWV 1007, por Yo-Yo Ma.

viernes, 22 de octubre de 2010

Es motivo de verguenza

Es motivo de vergüenza ser vecino de una ciudad con un alcalde tan prepotente, tan lenguaraz, tan desconsiderado, con tan poco sentido de la medida, con tan mal gusto. Acaba de decir,
"Leire Pajín es una chica preparadísima, hábil y discreta. Va a repartir condones a diestro y siniestro por donde quiera que vaya y va a ser la alegría de la huerta. Cada vez que veo esa cara y esos morritos, pienso lo mismo, pero no lo voy a decir".

Antes, en 2007 mencionó la posibilidad de ser acusado de "violar a la candidata. Aunque la verdad es que hay que...", refiriéndose a su rival en la campaña por la alcaldía, Soraya Rodríguez.
"No creo en las paridades, me parecen paridas".

En, 2008: "Señorita Pepis vestida de soldado", sobre Carme Chacón, ministra de Defensa.
En 1996, tras ser elegido alcalde, dijo que liberaría a la ciudad de "pulgas", "putas" y "piojos". 
Si al menos tuviese la excusa de buen gestor, pero no es el caso: el asfalto de los barrios está cuarteado, las aceras son estrechas y su piso de los años cincuenta, el cableado de los edificios cuelga de las fachadas, no hay carriles bicis, medio parque automovilístico aparca en doble fila sin que la grúa se ponga en movimiento, el soterramiento del AVE está siendo un desastre, la programación cultural que depende del municipio, una pena; menos mal gracias a la iniciativa privada o la Junta se pueden sortear los conciertos y festivales que repiten los antiguos programas televisivos de sábado noche. Sólo menciono lo más visible.

Este hombre, Francisco Javier León de la Riva, lleva como alcalde de Valladolid desde 1995. Los electores le han elegido en cuatro ocasiones. La sociedad que se entrega al bipartidismo es una sociedad moribunda, sin posibilidades de cambio real, una opción es peor que la otra, los ciudadanos se convierten en feligreses de uno de los dos partidos.

jueves, 21 de octubre de 2010

La fabula del escorpión y la rana

Se atribuye a Esopo la fábula que dice,

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo: —Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Puedes llevarme a tu espalda… —¿Que te lleve a mi espalda? —contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede ser. —No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón, te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?
Y la rana, después de pensárselo mucho se dijo a sí misma: —Si este escorpión me pica a la mitad del río, nos ahogamos los dos. No creo que sea tan tonto como para hacerlo. Y entonces, la rana se dirigió al escorpión y le dijo: —Mira, escorpión. Lo he estado pensando y te voy a ayudar a cruzar el río. El escorpión se colocó sobre la resbaladiza espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.
Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, en una zona del río donde había remolinos, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para decirle: —No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir. Y entonces, el escorpión la miró y le respondió: —Lo siento ranita. Es mi naturaleza, es mi esencia, no he podido evitarlo, no puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme. Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el escorpión y la rana, debajo de las aguas del río.
Hay quien ha recordado esta fábula para esclarecer el intríngulis del nuevo gobierno. Zp y Rubalcaba; quién el escorpión, quién la rana. Así, los amigos de Rubalcaba, El País, por ejemplo, creen que es éste el que ha ganado la partida y con él, ellos, convirtiendo a ZP en su rehén; el ministro del interior sacará a los socialistas del enorme bache en que han caído, triunfarán de nuevo y el grupo Prisa volverá por sus fueros. Por contra los amigos de ZP, hasta ahora afligidos, lanzan las campanas al vuelo, el maquiavelo de León usará la vieja guardia para salir a flote, y de paso salvar sus ruinosos negocios, así Público o El Periódico.
Pero como dice la moraleja de la fábula, no te engañes a ti mismo ni a nadie, uno siempre es lo que es, a pesar de las circunstancias. Zapatero y Rubalcava, quién el escorpión, quién la rana.

miércoles, 20 de octubre de 2010

¿Por qué corren tanto esos coches?


Cada día acudo al trabajo en bici; andando tardaría demasiado y la vuelta que da el autobús, para ir de un barrio a otro, me resulta tan incomprensible que cejo en pensar en la lógica de los planificadores de rutas; ir en coche es un suplicio: semáforos, calles cortadas, gente atravesando por cualquier lugar. La bici es peligrosa en una ciudad donde sólo hay carriles bici donde no se necesitan, en el extrarradio, pero es el único medio civilizado para quien no le alcance el caminar. Estos días cuando vuelvo a casa, veo en la calle de la estación, pegados, a lado y lado del paso de cebra, en sendas farolas, esquelas y ramos de flores. Los curiosos fruncen el ceño y arrugan la nariz para buscar identidades en las esquelas de papel. Supongo que se trata de un atropello múltiple, no me he detenido a mirar quiénes son los finados, no me atrae el morbo de la muerte.

Dos o tres veces por semana salgo con la bici fuera de la ciudad, por lo general por la carretera que sigue el valle del río. El recorrido es llano salvo un par de subidas al cabo de treinta kilómetros, por lo que a la rutina del trayecto rectilíneo se une la monotonía del paisaje que tan incomprensiblemente alabaron los escritores del 98. También las carreteras provinciales son peligrosas, no hay arcenes y siempre hay coches que corren a velocidades que no pueden captar los inexistentes radares. Ayer de vuelta a casa, encontré dos ramos de flores, en el mismo sentido de la marcha, separados por unos pocos metros, uno convencional, bastante descuidado, pegado a un poste, el otro, primoroso, de flores blancas recogidas por los alrededores, bien trenzado y clavado en el ribazo que separa la carretera de la cuneta. Supuse que las víctimas que recordaban ambos ramos lo habían sido en el mismo accidente. No suelo seguir la prensa local, así que no sé de las circunstancias de ambos sucesos.

¿Por qué corren tanto los coches? ¿Por qué la gente tiene tanta prisa, a dónde quieren llegar con unos pocos minutos de adelanto? Parece que este año, tras el gran éxito de campañas anteriores, está volviendo a aumentar el número de accidentes y de muertos. No sé si la desesperanza de la crisis tiene algo que ver. Pero hay algo que salta a la vista. En Barcelona, y en Cataluña en general, por mi experiencia, se conduce con más sosiego que por tierras castellanas. No hay ningún misterio, ni específico carácter regional, en la diferencia, simplemente es una cuestión de número de radares. Soy decidido partidario de los radares.

P.S. Vuelvo a casa de un concierto, esta vez andando. Un cruce de mucho tráfico. Junto al paso de cebra hay una mujer tendida en el suelo; destacan una mano blanca estirada y una mancha roja de sangre sobre el asfalto, bajo la cabeza rota. Algunas personas tratan inútilmente de contener la hemorragia. Los municipales dirigen el tráfico -un coche patrulla se interpone delante de la mujer tendida- pero, incomprensiblemente, no lo cortan.

martes, 19 de octubre de 2010

Un ser hecho de palabras

José Saramago, otro santo laico, ha dejado huella. Su pensamiento ha movilizado a parte de la sociedad española y europea, así que no es extraño que uno de sus discípulos haya recogido en un diccionario, José Saramago en sus palabras, lo más granado de su filosofía. He aquí una muestra de las ideas de Saramago, "un ser hecho de palabras", a decir del compilador:

"El Descubrimiento no fue un diálogo de culturas ni un encuentro de pueblos, fue violencia, depravación y conquista".

"Siento que las mujeres son, por regla general, mejores que los hombres. Parece que el hombre hubiese renunciado a su punto de vista viril, seductor, y ahora no supiera muy bien cómo debería ser. La mujer, en cambio, es y, a la vez, siempre está dispuesta a ser".

"Cuando abandoné la sala de embarque (...) sentí (...) una serenidad extrañísima. Tuve que cruzar un corredor (...) completamente desierto. Y entonces, el premio Nobel, el pobre señor que allí estaba, completamente solo, con la maleta en la mano y la gabardina bajo el brazo, me dije: 'Pues parece que soy premio Nobel'. (...) Me sentí solo, muy triste porque mi mujer no estuviera allí conmigo".

"Creo que Dios Nuestro Señor creó el mundo y también creó las contradicciones, y después, como no sabía qué hacer con ellas, inventó al hombre".
"Mi partido tiene sus ideas, y yo las ideas de mi partido, pero no necesariamente de la misma manera" (comunismo). "Sería más cómodo creer en Dios, pero escogí el lugar de la incomodidad".

lunes, 18 de octubre de 2010

Toro


Llegando desde Valladolid y Tordesillas, Toro emerge como un bosque de piedra y de ladrillo que se alzase en la llanura castellana. Adentrándose en el caserío, pronto se ve la traza de la muralla antigua, las casonas, iglesias y conventos, la calle mayor, ancha como una plaza, guardada por la torre del reloj, a un lado, y, en el otro, por el cimborrio que sólo aparece ya sumidos en las sombras y medias luces de las callejas entre olores a queso, vino negro y productos de la tierra.


Pero es casi encantamiento que, arrimados a la gran plaza que se abre junto a la colegiata, la vista se vuelva tartamuda atraída a la vez por el ancho paisaje que se hunde hacia la vega del Duero y la extraordinaria hechura de Santa María la Mayor. Cómo no me habían hablado antes, se protesta, para explicar el embarazoso tartamudeo.


Luego, con el sosiego, se ven las semejanzas con otras villas cercanas; el mismo trenzado laberíntico de otras ciudades que tuvieron murallas y familias nobles y riquezas; el mismo y primosoro trabajo de los canteros que elevaron esta iglesia, la catedral de Zamora o la vieja catedral de Salamanca; la misma falta de riqueza actual para reparar el paso del tiempo, enderezar tanta casona, tanta iglesia, para dar nueva utilidad a edificios históricos que se emperezan en el paso de los siglos.



Si por un lado Toro es un bosque que guarda tras sus lindes un misterio que se va desvelando en el callejeo, por el otro, es el sorprendente balcón que mira al Duero, una panorámica de 180 grados que por doquier exige atención. A lo lejos, el propio río con un curso tan quebrado, con revueltas tan poco verosímiles que cuesta creer que sea obra natural; parece que venga del este a los pie de la ciudad para demolerla pero gira luego en ángulo recto en dirección a Zamora y Oporto; el larguísimo puente romano, al mismo pie del balcón, del que se tarda en comprender su función, que no es otra que salvar el giro de noventa grados con que el Duero desdeña a una ciudad que lo mira desde tan alto, un puente tan costoso en su factura, de tanto esfuerzo en su construcción, al que ahora, una tortuosa línea de tren, oculta como un malhechor entre trincheras, deja sin función al separarlo de la vía que asciende a la ciudad; las cárcavas de rojo conglomerado que a un lado y a otro escoltan la inclinada pendiente, la vega y sus pueblos.

Pero con estar rodeada Toro de tanta maravilla, aun queda por mostrar la mayor de todas, que por serlo está bien escondida, tanto que siendo la portada antigua de su colegiata, hay que entrar ahora dentro de la iglesia para encontrarla, guardada del frío y del viento en el interior de una capilla. Una portada del primer gótico que narra la vida de la Virgen, de Cristo y el Juicio Final, pero cuya sorpresa mayor reside en su primorosa y original policromía.

domingo, 17 de octubre de 2010

Verano

La propia vida es una fuente inagotable de experiencias para hablar de la humanidad. Sólo hace falta la habilidad técnica -en un escritor- y el coraje -para el hombre común- para bucear en la vida de cada cual. El premio nóbel sudafricano J.M. Coetzee, como aquellos a quienes llamamos grandes autores, lo ha hecho en sus obras. A él como a ellos le repele la apariencia, la banalidad o la concesión, por lo que salvo en la época en que el marketing del nóbel le hizo famoso no es autor de masas, como tampoco ellos lo han sido. Los grandes venden no en un momento concreto sino a lo largo del tiempo. Si Coetzee bucea en sus experiencias para escribir, se supone que en su obra autobiográfica debería bucear más. Pero encontramos un problema, en vez de hablar en primera persona prefiere verse como personaje de una obra, por lo que el personaje del que habla en Verano, no es exactamente J.M. Coetzee, sino John Coetzee. Es un escrito paradójico, la modestia como escritor aparece junto a la cruda desnudez como hombre. No todos los datos que se aportan en Verano coinciden con la realidad fáctica de la vida de J.M. Coetzee, por ejemplo se dice que John Coetzee murió en Australia, lo que de momento no ha ocurrido con el Coetzee real, sin embargo la época, el lugar, la profesión -1972-1977, Sudáfrica, labores de profesor, comienzos de su carrera como escritor- coinciden, como su expulsión de EE UU por sus protestas contra la guerra de Vietnam y su vuelta a Sudáfrica. Esos datos proporcionan el contexto, la atmósfera en que se desarrolla lo que desea contar. ¿Qué es exactamente lo que quiere contar? Los comienzos en la vida de un escritor famoso que más tarde recibiría el premio nobel y, en especial, su catadura humana y moral. Es decir, qué relación existe entre una obra autobiográfica y la verdad.

Un biógrafo inglés anónimo investiga acerca de John Coetzee. Para ello entrevista a cinco personas, cuatro mujeres y un hombre. El retrato que de esas entrevistas va emergiendo, junto con fragmentos del diario del propio escritor en aquella época, no es nada halagüeño para John Coetzee. Este aparece como un hombre frío, apocado, débil, egoísta, poco viril, con el que ninguna mujer querría casarse. Todas ellas dicen que no es hombre para mantener una relación prolongada con una mujer, porque no es capaz de entregarse, de comunicarse plenamente. Algunas de las cosas que se dicen son muy crudas, a veces es difícil proseguir la lectura sin una pausa, hacen revelaciones a las que cualquiera de sus lectores no se enfrentaría y preferiría olvidar. Esa misma falta de entrega o valentía o generosidad se dice de su labor como profesor e incluso como escritor o de su relación con su padre, con el que en aquella época convivió, o con Sudáfrica, un territorio en el que nació pero en el que se siente extraño.

Lo que se dice en Verano sólo tiene sentido si es verosímil, como es el caso de cualquier obra literaria, tanto más si se presume de autobiográfica. Pero J.M. Coetzee se cuida de explicar que sus obras autobiográficas -junto a Verano- Infancia y Juventud- son memorias ficcionales. Es decir, contadas con los artificios de la creación literaria. Es una lectura incómoda, aunque apasionante: es como si en vez de mirar directamente al escritor que admiramos en Vida y época de Michael K, Foe o Desgracia, lo mirásemos a través de un espejo empañado. Sabemos que trata de él, pero no podemos atraparlo del todo, aparece crudamente ante nuestros ojos, pero se nos escurre entre los dedos. En realidad la literatura siempre ha actuado de ese modo, nos cuenta verdades profundas, difíciles de digerir, pero utilizando artificios, trampantojos, engaños, la verdad de las mentiras de que hablaba Vargas Llosa. Cabe también la posibilidad de que el escritor J.M. Coetzee esté jugando con nosotros y se burle de nuestra credulidad, ¿por qué dar crédito a alguien que afirma que cuenta su vida o se confiesa ante nosotros? ¿Un individuo es el más apropiado para contar su propia vida, acaso los demás no tienen una visión más objetiva sobre él?
Verano no tiene la fuerza de aquellas grandes obras -¿quién mantiene la energía y sabiduría que le llevó a la cima después de haber recibido honores y reconocimiento- pero sigue mostrando lo que Coetzee siempre se propuso, revelar lo que somos tras las apariencias.

sábado, 16 de octubre de 2010

Santos laicos


Existen los santos, no hay que retroceder al tiempo del circo y de las fieras; están aquí, son de este tiempo, viven entre nosotros. ¡Y son socialdemócratas!

He aquí una de ellos: Gro Harlem Brundtland. Las pruebas, en negrita:
"No tengo secretaria, así soy más independiente". Ni oficina. Ni señora de la limpieza. 
¡Ni ella ni nadie de su familia (marido, cuatro hijos, nueve nietos) ha fumado jamás! ("¡Esa mujer está fumando!", señala; qué sorpresa que "España esté inmersa en un debate que tuvimos en Noruega hace 10 o 15 años").
Decidió en 1983 que "al menos el 40% de los cargos sería para un sexo". (Entonces España tenía 16 ministros, todos varones).
Contribuyó como primera ministra laborista a una política más amigable con las mujeres y las familias, y con el medio ambiente.
Creó el concepto de desarrollo sostenible.

¿Cómo ha podido hacer tanto bien? Sus medios, en negrita:
Fue primera ministra de Noruega,
Dirigió la Organización Mundial de la Salud (OMS),
Es enviada de la ONU para el cambio climático,
Con 71 años viaja durante un tercio del año aquí y allá -este octubre es ajetreado: Madrid, Tokio, Ghana y Bogotá.
Se dedica a la fundación Naciones Unidas (de Ted Turner, padre de CNN);
al grupo los Ancianos que integra con Mandela, Jimmy Carter, Kofi Annan y un puñado de veteranos líderes más (más santos laicos); pero sobre todo a la familia, a cocinar en sus casas de Niza o Noruega, a la jardinería... sin temor a que suene el teléfono y sea una catástrofe nacional. O mundial.

Es una mujer decidida, de principios, la duda no existe para ella:
"Arenques y mollejas". ¿No consulta la carta? "No lo necesito. Ya he decidido". Acepta gustosa la sugerencia de acompañar su primero con un vodka (En el restaurante donde se le hace la entrevista).
Algunos inconvenientes para subirla a los altares:
Lo de la secretaria: Su marido fue, desde primera hora, lo que antes llamaban una esposa perfecta. Lo mismo se ocupaba de la intendencia doméstica que le pasaba los discursos al ordenador. Siempre ha viajado con ella.
Su doctrina es demasiado profunda para el común: "No es fácil. Son cuestiones muy complicadas" (Habla del el cambio climático). ¿Quién paga tanto viaje, tanta comida en restaurantes exquisitos, tanta conferencia? ¿Ha pisado alguna vez la calle? ¿Ha cruzado palabra alguna vez con un hombre o una mujer?

Ha venido a Madrid a dar una conferencia. La ciudad sostenible. Se la paga Mapfre. Una sugerencia a la entidad de seguros, por favor, suprima su fundación y abarate las pólizas de sus clientes, por favor.
"Es que soy noruega, dice. Allí la distancia entre los políticos y la gente es más pequeña". Efectivamente ella no es gente, es una santa.

A esta enviada de la ONU para el cambio climático, si tuviera tiempo, entre viaje y viaje, pagado con el dinero que no se da a menesteres más necesarios y urgentes, que ella hipócritamente, a la manera socialdemocrática, dice combatir, le sugeriría que repitiese el viaje que Martín Caparrós ha hecho por el Amazonas, Nigeria, Marruecos, Mongolia, Australia, Filipinas, los lugares donde supuestamente el cambio climático se mostrará con toda crudeza.

jueves, 14 de octubre de 2010

¿Qué le pasa a la prensa?


No se qué tratamiento hacen las teles del asunto de los mineros chilenos, sigo las radios, que no han abusado en exceso, y los periódicos, que siguen sin encontrar el norte que perdieron cuando la gente se dio cuenta de que las noticias aparecían más rápido en internet, y además se podían contrastar unos medios con otros. Entonces, quedó a la vista de todos las servidumbres de los periodistas; tener una información objetiva requería contrastar, verificar y el escepticismo como actitud general. El seguimiento de los mineros es abusivo, agotador. Desmesura y banalidad, un derroche de banalidad. Dice el periodista:
 He conocido realmente a un pueblo fascinante, como es el chileno. Muchos de los chilenos sienten que viven alejados del resto del mundo, quieren superarse como personas, como país, y para ello esto es una prueba irrefutable de que pueden hacer muy bien las cosas cuando se lo proponen.
Creo que la gente que trató con los mineros se contagió de la emoción en varios momentos. El ministro de Minería, por ejemplo, lloró varias veces durante el rescate. También el coordinador general técnico, André Sougarré.
¿Qué sentido tiene informar con tanto detalle, durante tantos días, de forma tan exhaustiva? Los periodistas que siguen el asunto hacen de informadores, de psicólogos, de novelistas, de consultores sentimentales, ¿Acaso piensan que pueden competir con programas como DEC o Sálvame? ¿Creen que ahí está la solución a la pérdida de lectores y a sus problemas financieros? En realidad no es su público quién les ha abandonado, son ellos -El Pais, El Mundo, ABC, La Vanguardia- quienes han abandonado a sus lectores de toda la vida.

miércoles, 13 de octubre de 2010

El canal de Castilla en otoño


El canal de Castilla fue un proyecto de los ilustrados del XVIII, de influencia francesa, con el Marqués de la Ensenada al frente, que también promovió el canal imperial de Aragón. El objetivo era ambicioso, unir el Cantábrico con Madrid mediante un canal que se nutriese de las aguas del Pisuerga y del Carrión,  intentando reproducir el éxito que los canales habían tenido en la Europa de los inicios de la revolución industrial. La realización fue, sin embargo, más modesta; el trazado comenzó en Alar del Rey y terminó dividiéndose en dos ramales, el que acaba en Medina de Rioseco y el de Valladolid. Durante un tiempo sirvió para llevar el grano de Castilla al norte, pero la llegada del ferrocarril lo hizo lento y poco rentable, por lo que se desvió el uso hacia canalizaciones de regadío, molinos harineros y batanes y más recientemente hacia un renqueante turismo.


Esta es la mejor época para acercarse a la dársena de Medina de Rioseco y hacer un viaje -los hay de una, dos y tres horas, salvando una o dos esclusas- mediante un pequeño barco por el canal, bajo la enramada amarillenta de la chopera que lo escolta a lo largo del paseo.


El otoño se muestra en un inusitado esplendor; la luz del atardecer, que se filtra por la hojarasca de los chopos, se refleja en fugaces ocres y dorados, y en los marfiles y azules que llegan del cielo a medias nublado, sobre la huidiza superficie del agua. Entre los huecos que dejan los árboles, a la vuelta, se ven, a contraluz, los contornos de las iglesias de Santiago y Santa María de Medina de Rioseco y el paisaje de Tierra de Campos que, con sus verdes y amarillos, sus aisladas arboledas y algún que otro paseante solitario, parecen sacados de un cuadro de la escuela de Barbizon.

domingo, 10 de octubre de 2010

Biempensantes

Me ha resultado útil someter a los intelectuales, del pasado y del presente, que he frecuentado, a una suerte de barómetro de honradez y valentía, cuál era su trato con el nacionalismo, cómo soportaban la presión. ¿Partidarios, indiferentes, mudos? De acuerdo con la medida he podido predecir el valor de su trabajo profesional. Muchos franquistas cuando bajó la presión se hicieron rápidamente demócratas o socialistas. En la Cataluña de estas décadas la mayoría ha sucumbido o ha participado en la creación de la atmósfera de pensamiento y sentimiento único. Historiadores, sociólogos, filósofos, antropólogos, lingüistas han creado esa atmósfera totalitaria -algunos en sus manifestaciones de palabra o de hecho se comportan como falangistas- o la han disculpado o han consentido. Estudiar sus reacciones me ha servido para no perder el tiempo con los farragosos discursos, libros o entrevistas de su especialidad, contaminados por su cobardía, su inconsistencia o por una retórica biempensante construida para disfrazar la verdad. 

Ahora han vuelto a la carga con un llamado Manifiesto contra la criminalización de los movimientos sociales, en el que 100 de ellos se quejan de que los medios cuenten lo que sucedió en las calles de Barcelona el pasado 29 de septiembre, día de la huelga general. 
No sólo disculpan el vandalismo de los que se dicen "antisistema", sino que exigen que se les escuche como representantes de los oprimidos de este mundo. Se quejan de que al informar sobre lo que sucedió -tiendas saqueadas, contenedores incendiados, coches de la policía asaltados- se les criminaliza y se desvía
la atención ciudadana de los conflictos reales en los que estamos inmersos más que nunca en nuestra sociedad: el paro, la pobreza, la exclusión social, la desigualdad creciente entre grupos, el recorte constante de los derechos sociales, el debilitamiento de las reivindicaciones del movimiento obrero organizado, el racismo y la xenofobia, la corrupción política y su impunidad, la violencia contra las mujeres, la dureza y la severidad del control penal contra los más vulnerables, el índice creciente de encarcelamientos, detenciones, sanciones.
A muchos de ellos los he tenido como profesores, en una etapa de tedio y frustración -el paso por la universidad-, no han utilizado los medios de que disponían para hacer el trabajo que de ellos se esperaba sino al contrario han contribuido a crear la atmósfera de odio y discriminación que el nacionalismo ha generado en las últimas décadas, pero ya ha pasado su tiempo y no creo que aparezcan ni como nota a pie de página cuando alguien cuente la historia de esta época.

Por contra, se está reivindicando -ya era hora- a algunos intelectuales que como islotes resistieron y soportaron el dominio de los biempensantes. Raymond Aron, por ejemplo, o Vargas Llosa tuvieron que atravesar el desierto en solitario, soportar los insultos que les dedicaban por no apoyar un pensamiento inútil o dañino o mentiroso, sólo útil para el dominio de ideologías totalitarias que causaron millones de muertos o décadas de opresión y aburrimiento para otros tantos millones.

sábado, 9 de octubre de 2010

La imaginación que sustituye a los hechos produce mentiras


Le dan a Javier Cercas un premio nacional por su Anatomía de un instante. Así que le hacen un entrevista y, con la ayuda del entrevistador, se apodera de la memoria del 23F. El 23F es suyo, él tiene la última palabra. Veamos:
Lo más duro que digo en el libro es que no hubo reacción ni resistencia del país contra el golpe. La gente tuvo miedo.
¿Qué quería Cercas, que el pueblo empuñase las armas de nuevo, otra vez resistencia y muerte? Al contrario, el pueblo fue más maduro que nunca, contempló los hechos como un suceso chusco de unos personajes y una España que habían pasado al desván de la historia. Qué mayor humillación que reírse de su bufonada.
En el aire estaba la sensación de que la íbamos a cagar otra vez, como en el 36.
Eso es lo que no ocurrió, el pueblo no se alzó en armas. El resultado fue por tanto un éxito, la democracia se consolidó. Luego Cercas se lía:
Anatomía de un instante es un extraño experimento narrativo, un híbrido, tiene dos almas, es ensayo histórico, cuenta exclusivamente la verdad, hasta donde pude, pero posee también la ambigüedad esencial de la novela: los hechos se explican desde puntos de vista diferentes. La estructura y los procedimientos son novelescos. Paradójicamente, es una reivindicación de la ficción. Un acto de fe en la palabra.
Ahí se ve con claridad lo que no se debe hacer, mezclar los hechos con la imaginación. No se pueden mezclar el trabajo minucioso, sin trampas, del historiador, con la imaginación que se inventa historias, del novelista. Cuando se hace el resultado produce mentiras y confusión.

viernes, 8 de octubre de 2010

Un Chaikovski atronador

Es verdad que el comienzo fue frío y falto de electricidad, que los músicos parecían desganados como si la pasión romántica de Chaikovski les pillara a trasmano, que Arcadi Volodos no acaba de conectar con la orquesta, que está más cómodo cuando se queda sólo frente a la partitura, pero lo de ayer fue un concierto que no estaba programado. Las toses y los carraspeos son habituales en este tipo de eventos, algo menos el lento desenrrollar de los caramelos. Si a eso se añade lo que una señora sorda tuviera que decirle al oído a su compañera de butaca, el revoloteo continuo de las hojas del programa de mano, los murmullos de avispero entre movimiento y movimiento que terminaban in crescendo en furiosos carraspeos de bisonte enloquecido que impedían cualquier intento de oír el comienzo del siguiente movimiento y, yo diría, que hasta la explosión de una pompa de chicle en medio de un pianísimo, es lógico preguntarse, ¿a qué va toda esa gente a un concierto? ¿No saben que existen métodos no dañinos para enjuagarse la garganta?, ¿desconocen que hay un pasillo que conduce a la puerta de salida? ¿Falta de educación musical o falta de educación tout simplement? Eso sí, al final, aplausos a rabiar, incontenibles, largos, agresivos, como un aluvión de piedras que crece en una ladera, ¿por qué aplaude toda esa gente, acaso han oído el concierto para piano y orquesta nº1 de Chaikovski?

Sólo en el andantino del 2º movimiento, cuando Arcadi Volodos se quedó a solas con los solistas de la orquesta pudo conectar con ellos y trenzar un delicadísimo encaje entre piano, flauta y cuerdas. Casi no había acabado cuando una tormenta llegó de improviso, el berrido general de la platea disolvió los ecos del breve lirismo que había conseguido el pianista.

La ejecución de la sinfonía fantástica de Berlioz, en la segunda parte, fue intrascendente.

jueves, 7 de octubre de 2010

Nauseabundo populismo

Es una desgracia para la gente tener dirigentes populistas, aquellos que hacen promesas que saben que no van a poder cumplir, que señalan culpables inverosímiles de su actual situación de postración, que les halagan y les muestran no un camino de esfuerzo y responsabilidad para salir adelante sino uno de pequeñas corrupciones en forma de subvenciones o ayudas o escuálidos pagos para ir entreteniendo su pobreza a cambio de un apoyo incondicional. Sudamérica está llena de esos dirigentes, también algunos países europeos. Muchos de esos dirigentes han sido convalidados en las urnas, una y otra vez. Es fácil creer en las mentiras o aceptar el pacto de corrupción que se ofrece.



Esa acción de Evo Morales agrediendo de esa manera tan poco presidencial a un contrincante futbolero indica qué tipo de hombre puede llegar a representar a un país. Ya antes dió la vuelta al mundo su huelga de hambre, siendo presidente, para exigir al Congreso la aprobación de la ley electoral y tener más fácil su reelección.


Algo parecido ha sucedido con la farsa de golpe de estado al presidente de Ecuador, Rafael Correa. Probablemente, conocedor de los réditos que su amigo Chávez obtuvo en Venezuela por el mismo procedimiento, ha querido repetir la jugada, aunque el aire bufonesco con que se ha saldado el asunto, como suele suceder en las segundas partes, quizá no le ayude en su intención.

****

Por fin, el Premio Nóbel de literatura para un escritor. ¡Hurra por Mario Vargas Llosa!

miércoles, 6 de octubre de 2010

Lo sagrado hecho real

Ya sea por la moderna democratización del arte, que quiere hacer accesible a todo el mundo el arrobo de la contemplación de las obras maestras, o por los requisitos técnicos de la restauración, que exigen bajar de las peanas a los santos o subir de los almacenes viejas piezas olvidadas, el amante del arte tiene en esta época la oportunidad que sólo tuvieron en el pasado los grandes de este mundo, mirar directamente a los ojos de San Ignacio de Loyola de Martínez Montañés o de San Francisco de Borja de Alonso Cano en las impresionantes tallas que se pueden ver en los últimos días de la exposición -hasta el 17 de octubre- Lo sagrado hecho real, en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio, en Valladolid.

Esta manera de exponer las piezas a la altura del hombre se están convirtiendo en gozosa e inesperada rutina. El hecho de poder mirar a los ojos a estos gigantes del pasado -personajes y artistas- ofrece un punto de vista que agranda el análisis y la emoción. ¿Cómo pudieron apreciarse antes en su justo valor las tallas de Gil de Siloé en el retablo de la Cartuja de Miraflores o las tablas flamencas del Maestro de Los Balbases alejadas y sucias en sus altísimos retablos?

Se da la paradoja de que ante esculturas nacidas en momentos de febrilidad religiosa o de propaganda católica, cuando había que sostener y empujar la fe de los fieles desconcertados ante la reforma protestante, éstos viesen de lejos, de muy lejos, el objeto de su devoción y, en cambio, es ahora, cuando la creencia está bajo mínimos, cuando los laicos, ateos o descreídos tenemos la ocasión de tratar a los viejos santos de tú a tú y de emocionarsos con el naturalismo de las escultura castellanas y andaluzas de madera policromada que hace que aquellos Loyolas y Borjas del pasado aparezcan más reales que los espectadores que los contemplan.

martes, 5 de octubre de 2010

El otoño que llega

Un águila caída en la cuneta, patas arriba, con el plumaje al viento, una serpiente enroscada en el centro de la carretera a pocos segundos de que las ruedas de un camión crujan sobre ella, el cadáver de un zorro secándose al sol, nubes de avispas alborotadas y agresivas que se meten entre la ropa y clavan su aguijón, hormigas con alas, arrastradas por el viento, que chocan y ciegan los ojos, entran por la boca o la nariz, moscardones que golpean con furia en la mejilla. ¿Pero qué está pasando? Pasear con la bici en campo abierto estos días es tropezar con la naturaleza alborotada, como si estuviese de mudanza. ¿Acaso se anuncian tiempos de cambio? ¿Habrá que subir al templo de Júpiter y consultar los textos sagrados de la Sibila para encontrar remedio contra el mal augurio? No, simplemente, comienza el otoño y los insectos se mueven, las aves emigran, los animales se preparan para hibernar, los árboles revientan de fruta y amarillean listos para sumergirse en la estación fría.


Un autocar de excursionistas atraído por lo quesos de Cantabria con denominación de origen, queso Picón, con recientes reportajes laudatorios en la tele, una buena compra, una buena venta, abundante, olorosa. A punto para el banquete, tras el largo viaje, una profusión de lombrices blancas, zigzagueantes, salta sobre la encimera de la cocina. ¿Es acaso este queso imitación del famoso queso agusanado, el casu marzu (queso podrido) de Cerdeña? No, contaminación sin más por larvas de la mosca del queso en el proceso de fabricación. Antiguamente éste era un queso que se servía con las larvas incluidas, ahora las autoridades sanitarias no lo permiten.

lunes, 4 de octubre de 2010

El progresivo enfriamiento de los cuerpos

En las novelas densas cuesta ver cuál es el tema, porque tienen tramas complejas o muchos personajes o atmósferas cambiantes. Pero cuando se encuentra el tema entonces todo cuadra y se revela el sentido. Los autores no siempre son conscientes de lo que quieren decir. En Al pie de la escalera se habla de la imposibilidad del afecto. Los personajes aparecen como seres abandonados con tenues conexiones entre ellos, atenazados por la culpa, por haber hecho algo malo en el pasado o por no haber hecho lo que debían, seres a la espera de que alguien se ocupe de ellos y los rescate. Es el efecto doppler de los sentimientos, el corrimiento al rojo en el espectro del afecto, es decir el progresivo alejamiento de unos con respecto a otros.

Hay dos escenas culminantes en la novela de Lorrie Moore. En la primera, central, donde se alcanza el clímax, sucede el acto principal en la vida de una pareja. Un hecho trágico, un suceso en el que la inercia, y la incapacidad para tomar decisiones correctas, termina en tragedia. Su vida cambia, ya nada será igual. La culpa que emerge les impedirá ser felices, pero también dispensar afecto. La segunda escena tiene lugar al final de la novela, la vive la joven narradora que descubre que la vida no sólo son risas, que también hay obligaciones hacia las personas que decimos que queremos. Ese descubrimiento también es traumático porque ya no tiene remedio. La narradora que cuenta la historia descubre que pudo hacer algo para impedir otra tragedia, pero por desidia no lo hizo. Cuando quiere rectificar se encuentra con que está trasmitiendo calor a una mortaja. ¿Cómo compensar la muerte inesperada, precipitada, de alguien que ha vivido junto a nosotros? ¿Qué pudimos hacer y no hicimos? Algunos salen fortalecidos de esas experiencias, se convierten en adultos, es decir, en individuos más duros, con mayor capacidad para enfrentarse a la vida, pero no necesariamente capaces de recuperar el afecto, otros salen destruidos para siempre.

sábado, 2 de octubre de 2010

Al pie de la escalera

El mundo se va desplegando ante los ojos de la narradora como una alfombra verde. A medida que avanza y las cosas se van aproximando el verde es menos intenso o más variado en sus tonalidades y aparecen otros colores asociados a la multitud de seres vivos que pueblan la alfombra. La narradora de veinte años abre los ojos el día que su compañera de piso le llama una mañana para decirle que acaba de despertarse llena de horror y felicidad, ha pasado la primera noche con su novio y contempla ante el televisor el derrumbe de las torres gemelas. La novela avanza por acumulación de detalles y observaciones, como en un cuadro impresionista una barca es unas pocas pinceladas oscuras que interrumpen el lento fluir de ocres, naranjas y verdes. Los dos compañeras se echan a reír, "en un torrente de risas asustadas, culpables, desesperadas, que jamás he visto en mujeres mayores de treinta años". Durante un año, el que sigue al 11S, la chica narradora, que sale de la granja de sus padres, acude a la universitaria Troy, en el medio oeste, y encuentra su primer trabajo como canguro de una niña afroamericana, adoptada por una pareja acomodada, e irá comprendiendo por qué los adultos no ríen así, del modo en que ella y su compañera lo hacen.

Con gran facilidad para ver y mostrar la cambiante naturaleza con la evolución estacional, los pájaros, las flores, los árboles, la lluvia, el viento, la luz solar, o la vida de los hombres, en la granja de su padre dedicado a experimentar con cultivos que tienen éxito en los restaurantes de la ciudad; de su madre, entregada a las flores de su jardín siempre que se lo permiten sus nieblas mentales; de su hermano Robert a un paso de acabar la secundaria y entrar en la escuela de conductores de camiones; del novio brasileño que reza pero que no canta samba ni bossa nova; de Sarah, la mujer delgada, moderna, progresista, que tiene un restaurante a la moda de platos con nombres pseudoliterarios, que la contrata como canguro; de su marido Edward, un profesor que investiga en un laboratorio; de todos esas personas -mujeres- que se mueven en el mundo de la adopción; de Mary-Emma la niña que es adoptada por esta familia que ha venido desde el este a vivir a Troy. Las cosas como los días van sucediendo con una intensidad parecida, con leves gradaciones que indican alguna disrupción o discontinuidad con la aparición de algún elemento extraño que no acaba de adquirir su recto perfil en las anfractuosidades del terreno. Se intuye que algo va a pasar como cuando en el horizonte se acumulan nubes algo más oscuras o el viento cobra intensidad. La vida no es sólo florecimiento, ni sólo colores vivos. Las descripciones van generando expectativas, aunque no todas se cumplan. Robert se gradúa y se alista en el ejército, el novio no es brasileño, la adopción no es tan fácil como parecía, Sarah y Edward tienen una historia detrás. Murph, la compañera de piso y la narradora se están haciendo mujeres, suben los escalones, entran dentro de la casa, se enteran de lo que sucede dentro, aunque, quizá, no querrían saber. Los adultos se reunen para discutir, les preocupa su posición social y la sanción de sus conductas, ¿qué está bien, qué está mal?, ¿qué es moderno, qué no lo es?, ¿en qué nos equivocamos, hasta dónde llega nuestra responsabilidad?, ¿podemos empezar de nuevo o tendremos que seguir huyendo?

Lorrie Moore ha sido uno de los éxitos de la temporada pasada con ésta Al pie de la escalera. Escribe con agilidad, a veces excesiva: su gracia está en la acumulación de detalles que va generando sentido, pero no siempre es así, no todos los detalles son significativos, como la ironía que a veces se pierde por su sutileza, por la traducción. Algunas veces parece que sus frases se anudan, aunque no sé decir si es culpa de la traducción. La novela es como una composición que hiciese variaciones sobre varios temas: el aprendizaje, la adopción, las relaciones de pareja, la culpa, la familia, sin dar peso a ninguno de ellos, como un pintor que mostrase el panorama y sus puntos de interés. Por supuesto está este tiempo histórico, como el decorado que se aprecia al fondo, la música, mucha música, la comida, mucha comida, el vestir, las costumbres, la tecnología, la política, la guerra, las películas, la vida de los hombres urbanos de comienzos del siglo XXI, esperanzados, asustados, culpabilizados, con ganas de aprender, de huir, de querer y que les quieran.

viernes, 1 de octubre de 2010

Una coca cola en la nevera


Los vándalos de Barcelona, que tienen como honor de la tribu etiquetarse de antisistema, la armaron buena el día de la huelga en el centro de la ciudad. No es algo novedoso, les sirve cualquier cosa para entrar en acción, desde las fiestas del barrio de Gracia hasta una reunión de jefes de la diplomacia europea o mediterránea. Quizá lo novedoso sea la gasolina incendiaria, les entusiasmaba aquello de los chicos de la gasolina. Siempre admiraron a los etarras, pero nunca tuvieron huevos. Suelen tener el visto bueno del Tripartit -la autoridad de orden público estaba ese día en Girona de manifestación-, como si los destrozos de escaparates o de mobiliario urbano no fuese con ellos. No pasan más de unas horas en comisaria, si los detienen. Esos chiquitos de la burguesía cuando crezcan un poquito más serán dirigentes de Iniciativa o de Esquerra o incluso de CiU, hasta puede que alguno del PSC, y otros tantos se harán cargo de la empresa familiar o serán ejecutivos de La Caixa, de Repsol o de Gas Natural, así que por qué habrían de meterse con los okupas revienta casas o con los que destrozan la librería Europa -¡a cuyos dueños llaman fascistas!- o saquean la tienda de Levi's.

Ahora se dicen anarquistas, como cualquier cachorro de la burguesía dice ser, después serán recios nacionalistas y no permitirán el menor desliz que ponga en cuestión la patria familiar, allí donde confluyen la empresa, la patria y el ascenso personal. No les interesa la democracia, ni la igualdad de oportunidades ni el bien común aunque en sus pendones cuelguen palabras como solidaridad con los palestinos, economía sostenible, hortalizas verdes y puta España. La prensa catalana, en general, los ve como nuestros chicos -son suyos realmente, sus hijos, sus herederos- y sus hazañas las ven como una forma de aprendizaje juvenil, del mismo modo que sus hermanos mayores o sus padres hacían novelas o películas, que ellos mismos calificaban de obras maestras de la literatura o el cine universal -el novelista, el crítico y el editor eran de la misma familia-, donde describían sus hazañas juveniles, entre las que no faltaba la violación de la chacha o de la canguro, hecho que veían como un rito de aprendizaje. La chacha o el empleado charnego que cuidaba del jardín no tenía más vida propia que una coca cola en la nevera, como ahora para ellos o para sus padres son igualmente inexistentes la teleoperadora a 600 euros o el macarrilla de l'Hospitalet a 800.