
Los
periódicos deberían llevar en sus cabeceras, al igual que las
cajetillas de tabaco, la leyenda: Atención, altamente tóxico.
Olvidado su viejo y honrado oficio de informar, hoy, se conforman con
boletines para su grey, pues su actual función no es otra que la de
conducir y mantener unido al rebaño. Los actuales lectores, perdido
el hábito mañanero de inclinarse y escoger uno en el expositor del
quiosco, pasan por el rito de paso de la suscripción, un acto de fe
bautismal. Yo, con los míos. Fue pionero El Diario de Escolar
(antes lo fue el Avui, en Cataluña), concebido para ofrecer y
renovar desde sus tribunas la jerga lingüística de la conversación
de izquierdas para buen uso de suscriptores. Tomemos un ejemplo
reciente, esta tribuna: 'Neorrancios',
manual para desactivar a una izquierda que se da la mano con la
extrema derecha. Se le advierte al lector/feligrés:
'Cuidado, no seas un neorrancio, incluso sin saberlo, puede que
acabes en algo peor, en rojipardo; entonces ya no habrá modo de
salvarte, serás candidato a la excomunión'. Pues los lectores
menguantes han devenido feligreses, que renuevan su fe mediante el
pago anual de una cuota, como ocurre en las iglesias protestantes:
nada más serio que ser expulsados del pensamiento correcto. Qué
puede haber peor que no ser reconocido por tu tribu. En realidad, más que expulsados, sentirse excluidos, al fin, la mayor parte de las vidas discurren en el anonimato. Por ello, no hay
que darle mayor importancia al asunto de la posverdad: los
predicadores se dirigen a su público, saben que es inútil tratar de
convencer a otros. Y quienes aparentan escandalizarse sueltan sus
posverdades alternativas para su propia grey. Puedes librarte
si ves en la cabecera de los periódicos la leyenda de su toxicidad.
Estás de enhorabuena porque nunca como hoy ha habido mayor y mejor
información, mejores análisis y mejores argumentaciones contra la
mentira. Quienes se bañan en los vapores mefíticos de la
posverdad lo hacen voluntariamente: suscriptores de pago de un único
periódico. Con lectores menguantes y suscriptores insuficientes, los
periódicos se ven obligados a recurrir a fuentes de financiación de
las administraciones públicas a cambio de boletines generosamente
subvencionados. Quedan en deuda.
Un
asunto parecido al de la jerga, pero mucho más repugnante, es el del
cuidado y abuso de niños. EP ha iniciado una larga campaña para
destapar la pederastia en la Iglesia. Desde sus páginas ha apoyado
que se abra una comisión parlamentaria, pero no sobre el grave
asunto del abuso de los niños, sino restringida a la parte que
afecta a la iglesia. Véase en el cuadro, cómo se distribuyen los agresores de los niños.

Cuando,
aún así, se ve obligado a tratar abusos no eclesiásticos, el
tratamiento que da es abyecto. Así
en el caso de esta niña de Valencia, (“que denunció asesorada
por el líder de la ultra España 2000”), donde no le importa
convertirla de víctima en monstruo de perversión, cuando recoge lo
que unas compañeras dicen de ella. Todo lo que le ha ocurrido se lo
ha buscado. El tratamiento de este asunto es ejemplar, trasladable a
cualquier tema: no hay interés real por la víctima, sino el de
controlar daños, minimizar los propios y señalar al adversario. Y
crear una atmósfera de condena. Como descreen de su capacidad de
información investigación y análisis, no hacen nada por atraer a
‘la verdad’ a ovejas descarriadas de otros rebaños sino apretar
las filas del propio para que nadie se desmande; somos los buenos,
estamos en el lado correcto.
Así, hoy, en la campaña de autodestrucción que ha iniciado el partido
principal de la oposición. En el fuego de trincheras periodístico,
un periódico (EP) ofrece sus páginas a Casado y los suyos, no para
fortalecerlo sino porque considera que es tan débil que es el
adecuado para que su candidato triunfe contra él en las próximas
elecciones. El otro periódico (EM) cede las suyas a la oposición a
Casado dentro del partido porque considera que echar a Casado es la
única manera de derrotar a sánchez. Así el primero trata a Ayuso
como a la niña de Valencia, vierte sobre ella las peores sospechas:
“La
familia Díaz Ayuso: tres años de polémica en polémica”.
Y al revés, el periódico de enfrente, se ceba en la debilidad de
Casado. Para el primero Ayuso es una candidata temible, para el
segundo Casado les lleva a la inexorable derrota.