viernes, 31 de julio de 2015

El fin del mundo en las televisiones, de Diego Doncel


            “Necesitamos dejar de ser las víctimas de un proyecto viejo basado en ideas que no son nuestras, insisto. No debemos creer en los profetas del simulacro y la mercancía. En los intelectuales de los centros comerciales y de los platós de televisión. No aspiramos a cambiar una política por otra, queremos encontrar una forma de hacer de esta época un lugar habitable”.
 
            En las páginas finales del libro, a modo de notas, Diego Doncel, explicita su ideología, próxima al 15-M y a su hijo natural, Podemos, no los alude directamente, pero en su instinto poético late la misma pulsión adanista, ese volver a comenzar como si nada de la vida que llevamos fuese rescatable. “Sabes que hay una revolución en marcha. Que hay que creer en la fuerza de la multitud”.

            El fin del mundo en las televisiones es un libro original, aunque con antecedentes rastreables en la poesía española. Poetiza la prosa o prosifica la poesía que viene a ser lo mismo para que las ideas que recoge del aire viciado de ahora mismo vuelvan a él más leves pero brillantes y seductoras. Dividido en 9 capítulos, cada uno referido a la realidad tamizada por un canal de televisión (Canal 1, Canal 2), ofrece relatos poetizados o largos poemas, con frases sucintas separadas por puntos y aparte y espacios en blanco, que pretenden ejemplificar el campo de batalla de esta larga crisis. Vidas rotas o consumidas, detalles de la vida circundante alternados con reflexiones políticas y algunos chispazos de amor y sexo. Vida privada y vida golpeada. El libro se abre con este epígrafe tomado de un graffiti de Pompeya: “Oh muro, no sé cómo has podido resistir el peso de tanto oprobio”. Algunas de las frases son descriptivas, en otras desagua la emoción, otras son sentenciosas hasta alcanzar la forma de eslóganes para la manifestación del día. También hay hallazgos poéticos que han merecido el premio de poesía Tiflos. Quizá peque de superabundancia y de falta de perspectiva: no ha encontrado el punto entre la vista a ras de suelo y la cenital, entre la tenaz hormiga trabajadora y la velocidad y rapidez del halcón peregrino. En todo caso, la rauxa, después de tanto novelista (Isaac Rosa, Belén Gopequi, David Torres), tiene su poeta.
           
            Muestras espigadas:

            “La ética solo la consumen los pobres, como el whisky nacional”.

            “Hay que estar a la altura del ejercicio de la política o de las dimensiones del capital:
            El poder se mide por la chica a la que vas a pagar esta noche”.

            “Follar clandestinamente en la época de la multiplicidad del yo
            no es un vicio, sino una exigencia del mercado”.

            “Ya los medios de comunicación harán su trabajo: mantener la
            realidad a raya, sin crítica, en un idealismo feliz”.

            “Celebro mi insignificancia con tragos de cerveza. 
            Acudo al porno para defenderme del resentimiento, para ser
            como ellos, para librarme de mí. 
            Mi destino es no llegar a ningún sitio. 
            Al amanecer soy un muerto más”.

            “Solo sabe que la lujuria tiene el color de una cuenta corriente,
            que el deseo posee las dimensiones del mercado, que la
            belleza es algo que se puede comprar”.

            “Yo sabía que solo el que conoce los prostíbulos, las cárceles y
            los manicomios tiene verdadera conciencia de lo que es
            este país”.

            “¿Por qué seguir adorando una época vieja?
            ¿Por qué seguir creyendo que nuestra vida se construye como
            una mercancía más?"

            "Los bárbaros ocupan las pantallas de todas las televisiones”.


            “Recuerda que vivimos en territorio bajo vigilancia”.

miércoles, 29 de julio de 2015

Proximitats genètiques


           He aquí las convicciones profundas de un hombre tan simpático como dicharachero, tan firme como amable con los periodistas (Junqueras, Proximitats genètiquesDiari AVUI, pàgina 2. Dimecres, 27 d'agost del 2008):
            “El 13 d'agost passat, The New York Times es feia ressò d'un article publicat online a Current Biology sobre les conclusions d'un estudi impulsat des del Medical Center de l'Erasmus University de Rotterdam. Es tracta d'una anàlisi sobre les similituds i les diferències genètiques entre aquells que consideren els vint-i-tres grups de població més nombrosos d'Europa (exclosos els russos).

           Evidentment, els treballs científics sempre són susceptibles de successives esmenes, però -sigui com sigui- les dades que planteja són força suggeridores. D'entrada, els autors recorden que els europeus tenen el seu origen en tres grans onades migratòries: l'arribada dels humans moderns procedents de l'Àfrica 45.000 anys enrere; la recolonització d'Europa a partir del sud del continent a mesura que la glaciació va començar a retirar-se fa uns 20.000 anys; i l'expansió del Neolític des del Pròxim Orient iniciada uns 10.000 anys abans del present. Des d'aleshores, el mapa genètic ha anat variant en funció de migracions i conflictes majoritàriament interns.

           Actualment, la distància genètica és molt superior de nord a sud que d'est a oest. És a dir, hi ha moltes més diferències entre un irlandès i un portuguès o entre un polonès i un grec, que no pas entre un irlandès i un polonès o entre un portuguès i un grec. D'altra banda, hi ha tres Estats (només tres!), on ha estat impossible agrupar tota la població en un únic grup genètic. A Itàlia; a Alemanya, tot resseguint aproximadament la vella frontera lingüística entre l'alemany marítim i el continental; i, a l'Estat espanyol, entre espanyols i catalans.

           En concret, els catalans tenen més proximitat genètica amb els francesos que amb els espanyols; més amb els italians que amb els portuguesos; i una mica amb els suïssos. Mentre que els espanyols presenten més proximitat amb els portuguesos que amb els catalans i molt poca amb els francesos. Curiós...” 

            No dudo que existan diferencias genéticas entre grupos de población si uno busca las muestras apropiadas, como existen entre los individuos. Lo que me preocupa es lo que subyace, el deseo, espero que no la voluntad política, de identificar a una nación con un grupo étnico. Estos estudios genéticos de haplogrupos tienen en cuenta a los nativos de varias generaciones, no a los recién llegados o a los mezclados, es decir, no tienen en cuenta a la mayoría de la población. Por tanto se puede imaginar a quién considera Junqueras catalans de debò. Si se buscasen diferencias genéticas entre la Cataluña interior y la del Baix, la de Pedralbes y la del Raval ¿qué habría que hacer en consecuencia?

            Los nacionalista comprenden pero no aceptan es que los estados modernos, mutados en naciones políticas en el XIX, se crearon para mejor gestionar las diferencias (culturales, lingüísticas) para derribar los muros medievales entre etnias. Para Junqueras y los suyos, la nación no parte de la voluntad política de organizarse por encima de las diferencias, sino que es previa al contrato social y lo legitima, y si la genética lo confirma (aunque sea con estudios tan espurios) miel sobre hojuelas.

            Bajo la cara amable de Junqueras subyace la profunda creencia en la superioridad del Norte, a la que Cataluña dice pertenecer, frente a españoles y portugueses, manchados por su historia africana.


           En el artículo de Junqueras la innombrable España se oculta bajo Estado español, cosa que no ocurre con Alemania o Italia a pesar de tener ambas igualmente impossible agrupar tota la població en un únic grup genètic.

PS. Un artículo imprescindible: Un ‘Golpe’ contra Cataluña.

lunes, 27 de julio de 2015

Muerte y dolor


            Salí temprano de Castefa, poco antes de las cinco de la mañana. Como era domingo apenas había tráfico. Hacía tiempo que no conducía a esas horas, así que no recordaba la somnolencia del alba. Durante muchos kilómetros creí que podría vencerla. Me puse a cantar a voz en cuello, me golpeaba, me pellizcaba, sacaba el brazo izquierdo por la ventana para conducir el aire fresco hacia mi rostro, aunque los párpados se me cerraban me creí con fuerza suficiente para levantarlos. Así forcejeé durante kilómetros, esperando parar donde siempre paro, en el Hostal Pepa, cerca de Zaragoza. Cuando ya estaba cerca, muy cerquita de ese lugar, desperté sobresaltado conduciendo por el carril contrario, en contra dirección. No sé cuántos segundos estuve dormido. Menos mal que no venía nadie por ese carril. Sólo me pasó otra vez yendo de Castelldefels al Prat, justo después de comer, con el sol en el cénit, yendo a trabajar. Recuerdo otros momentos de imprudencia y otros en que no dependió de mí, una resaca en el mar que me llevó hacia dentro y me dejó sin fuerzas; un Peugeot 305, azul eléctrico, en las cuestas del Garraf, adelantando a un camión, cruzada la línea continua, en curva y con cambio de rasante, me tope con él cuando salía de la curva, de frente a un par de metros, con tiempo justo para lanzar la bici con violencia contra la pared de roca de mi izquierda. Con la bici he tenido muchos huy y nunca fueron mi culpa. Ayer sí. La muerte está ahí esperando, a la salida de una curva, en el cruce de una línea discontinua, en unos análisis rutinarios, pero no en forma de figura negra y cadavérica sino como brusco o lento enfriamiento y extinción.


            Iba a Burgos al sepelio de mi prima Micaela, aunque ella siempre fue Mica, una mujer que ha pasado por el mundo de puntillas, como pidiendo perdón por las molestias. Era la mujer más sonriente que he conocido, ella y su hermano Joselito, los dos con hermosos ojos azules, abiertos de par en par. A Mica no le ha llegado la muerte de golpe, sino mediante una mala suerte prolongada en el tiempo, a unos les toca la lotería y a otros les tocan los números malos, a ella varias veces pero nunca dejó de sonreír. Era tan discreta que una vez encontré a su madre en Madrid, a la salida de un museo. Yo iba con N, urgidos por una prisa que no tenía urgencia alguna. Estuvimos hablando un rato. Mi tía iba acompañada por una amiga o eso supuse. Hasta ayer, que hablando con mi tía Felipa me sacó de la confusión para gran vergüenza mía, no era una amiga, era Mica quien le acompañaba. Simplemente no la vi, no la reconocí. No es excusa decir que hacía años que no la veía. Mica ha vivido tres años muy malos, tantos como los que ha vivido su madre junto a ella. Pero el dolor de mí tía venía de antes, de cuando perdió a su marido bruscamente, de cuando en medio de esos tres años de dolor perdió a su hijo, Joselito, también de forma inesperada y atroz. Las dolencias físicas, las operaciones, los by passes de Felipa eran dolor accesible, con el que ya contamos por los desajustes mecánicos del paso del tiempo, pero lo de Mica y Joselito han sido dolor inesperado, ese que te proporciona la lotería inversa.

sábado, 25 de julio de 2015

El mundo después de la revolución


            El siglo XX ha sido un siglo muy movido, lleno de grandes cambios, unos positivos y otros destructivos. Nuestra imagen del mundo ha cambiado radicalmente y lo sigue haciendo ahora, como consecuencia de la crisis, ya veremos hacia donde. Como en todo cambio hay cosas que se ganan y otras que se pierden. En las primeras décadas del siglo XX, con un gran activismo, se daba por hecho que los cambios políticos y económicos eran los más importantes: pensemos en las revoluciones comunistas, en el fascismo, en las guerras mundiales. A finales de siglo la revolución se asoció al arte: la historia de las vanguardias, la pintura, la arquitectura, el cine, se aseguraba, era lo que cambiaba el mundo, nuestra forma de pensar y conducirnos. Ahora, en estos comienzos del siglo XXI parece que aquello que atrae la atención, aquello que se convierte en popular es el cambio tecnológico, asentado en las grandes revoluciones científicas del pasado siglo. ¿Qué ha propiciado los grandes cambios en nuestra visión del mundo? ¿La relatividad general, la mecánica cuántica, el desciframiento del código genético, la formulación del modelo estándar? De ello trata este libro de José Manuel Sánchez Ron, El mundo después de la revolución, una historia de la física en la segunda mitad del siglo XX. Es útil para tener una visión general de estas revoluciones científicas, del surgimiento de las nuevas ideas, del contexto en el que se expresaron, de los científicos que participaron, de la relación necesaria entre política y ciencia, entre teoría y experimentación, entre ciencia y tecnología. Aunque si uno quiere comprender en detalle cada una de esas revoluciones quizá tenga que acudir a libros, también de divulgación, pero más especializados.

            La revolución comenzó con Einstein a comienzos del siglo XX, en dos etapas, la de la relatividad especial en 1905 y la de la general en 1915. Nuestra imagen de la naturaleza cambió cuando a las tres dimensiones espaciales se añadió la temporal, hablando de una unidad espacio-temporal y la idea de que el tiempo depende de la posición y el movimiento del espectador. Con la mecánica cuántica se revolucionó nuestra imagen de lo microscópico, descubriendo las fuerzas que rigen el destino de las partículas elementales, la organización de estas y sus relaciones, la nucleosíntesis. Los físicos de altas energías se dedicaron a construir complicadas máquinas, como ciclotrones y sincrotones, aceleradores y colisionadores para encontrar las partículas que los físicos teóricos predecían. Ya no bastaba con un físico haciendo experimentos mentales en su despacho, ahora se trataba de convencer a los políticos que para desentrañar los misterios de la naturaleza había que hacer grandes inversiones. Las guerras mundiales (el proyecto Manhattan) y la posterior competición entre EE UU y la URSS contribuyeron a construir grandes laboratorios (Los Álamos, Lawrence, Cavendish, Livermore), asociaciones de países (CERN) o enormes máquinas (LEP, LHC) donde trabajan miles de científicos que intentan dar con las partículas que están en la base de la materia. Así, por ejemplo, en julio de 2012, en el LHC del CERN se produjo el esperado hallazgo del bosón de Higss, esencial para comprender el universo existente. El modelo estándar descompone el átomo, antaño la partícula indivisible, en leptones, quarks y cuantos, en partículas de materia y partículas de fuerza, con masa y sin masa, con carga positiva o negativa, con diferente espín. Cuando se quiere llegar más allá de donde pueden llegar las máquinas, la materialidad se desvanece en vibraciones de cuerdas en lugar de partículas, pero la teoría de cuerdas no es de momento refutable, no está al alcance de la experimentación.

            Cuando los físicos que habían trabajado en lo microscópico abrieron sus ojos hacia lo macroscópico en los años 70, las preguntas sobre el cosmos cambiaron. Lo que se quería saber no era ya la composición de las galaxias y su lugar en el espacio, la velocidad de su expansión o la densidad de la materia, sino ¿por qué existe la materia y cuál es su origen o por qué es tan homogéneo a pesar de distancias tan inmensas? ¿Por qué la energía de expansión y la gravitacional se compensan? ¿Cómo es que hay algo en lugar de nada? Los cosmólogos cuando creían tener una imagen más o menos estable sobre el universo descubrieron que la materia observable era apenas un 5 %, que había una materia oscura, un 27 %, y una energía oscura o energía del vacío que suponía un 68 % del total del universo. Se preguntaron sobre el origen del universo con teorías que nos dejan perplejos (habría surgido de la nada; enormes fluctuaciones del vacío; “borbotones de espuma cuántica”); con nuevas técnicas investigaron el universo primigenio, el breve periodo de inflación y expansión a ritmo exponencial, el universo uniforme pero con pequeñas desviaciones (observadas en las minúsculas irregularidades en la radiación de fondo de microondas: “arrugas del espacio-tiempo”) que explican que exista la materia, las estrellas, la vida. También aquí hubo una competición por construir telescopios cada vez más grandes, más complejos, añadiendo a los terrestres los espaciales, a los ópticos los radiotelescopios, los de infrarrojos, los ultravioletas, los de rayos gamma. Si los físicos del siglo XX se preguntaron sobre el origen ahora lo hacen sobre las consecuencias de sus descubrimientos: la computación cuántica, la teleportación, los multiversos.


            Según Sánchez Ron la física en el siglo XX ha sido la más importante de las ciencias y de sus descubrimientos han derivado buena parte de los avances tecnológicos hasta el punto de cambiar el mundo. De la física del estado sólido surgieron los hallazgos de materiales semi y superconductores en los que se anula la resistencia al paso de la corriente eléctrica. De la nueva física surgieron el radar y el transistor, el circuito integrado y el microprocesador, los microscopios electrónicos y de efecto túnel, la calculadora y el ordenador, la nanotecnología, el máser y el láser, la energía nuclear e Internet. Lo mismo ha ocurrido en las ciencias de la vida con el descubrimiento de la radiación aplicada en los rayos X y el TAC, de los ultrasonidos aplicados a las ecografías y al PET (tomografía de emisión de positrones), la medicina nuclear, la resonancia magnética o la difracción de rayos X. En Biología físicos como Schrödinger, Delbruck o Crick contribuyeron a la fundación de la biología molecular y al descubrimiento de la estructura del ADN en forma de doble hélice. Es más, detrás del GPS, de la teoría de la tectónica de placas, de la regularidad que subyace a los sistemas caóticos o del descubrimiento de la causa de la gran extinción del mesozoico, la de los dinosaurios había físicos teóricos y experimentales pensando y trabajando.

miércoles, 22 de julio de 2015

Lejos del mundanal ruido


            El encanto de las novelas del XIX. Ahora no soportaríamos ese modo de escribir, el narrador inmiscuyéndose en los asuntos de sus protagonistas, anticipando sus reacciones, juzgándolos, diseñando su destino sin dejarles opciones. Pero nos gusta leer lo que entonces se escribía, con aquella ingenuidad que se ha perdido, irrecuperable ya, porque sabemos que responden a su tiempo, tanto los personajes como el autor, y aunque parte del placer de la lectura reside en atrapar una vida que ya se fue, un paisaje, unas costumbres, unas constricciones morales, un decorado histórico tan distinto del nuestro, nos sigue emocionando la vida que late debajo de esos seres que vienen del pasado poque muchos de sus anhelos son también los nuestros.

            La novela junta a cuatro personajes, tres hombres y una mujer muy joven de espíritu independiente. Los tres hombres caen rendidos ante el irresistible encanto de Bathsheba Everdene. El primero en pedirle en matrimonio es Gabriel Oak, un granjero que acaba de invertir todos sus ahorros en un rebaño de ovejas que tiene la mala suerte de perder por la impericia de uno de sus perros. Justo después de que Gabriel sea rechazado, la joven Bathsheba ha de hacerse cargo de una propiedad que le deja en herencia un tío suyo. A Gabriel no le queda otra que convertirse en pastor a sueldo para ganarse la vida, pastor precisamente de Bathsheba. El segundo, un hacendado vecino de Bathsheba, el introvertido William Boldwood, a partir de una desgraciada broma en el día de San Valentín, cree que es invitado a pedir su mano. Buena parte de la novela narra los costosos intentos de Bathsheba por desenredar la confusión. De algún modo lo logra con la aparición del tercer pretendiente, el guapo y desenfadado sargento Francis Troy, que acaba de abandonar a Fanny Robin, una antigua empleada de la hacienda del tío de Bathsheba. Mientras Fanny se pierde, Bathsheba cae bajo los encantos del sargento y se casa con él. Pero con ello en lugar de simplificar su caos sentimental lo agrava. Por supuesto, cuanto más se complica la vida sentimental de Bathsheba más disfruta el lector. El autor acelera las pasiones, los engaños y desengaños, las sorpresas y desvelamientos, trocando la plácida vida campestre en tragedia romántica.

            Construida sobre personajes complejos, cargados de virtudes y defectos, Thomas Hardy avanza con maestría por los vericuetos emocionales de sus personajes, salpicando la narración de sucesos significativos que definen su carácter. Sitúa la acción en el mundo rural, con gran dominio de la naturaleza, los cambios estacionales, las plantas, los animales o las labores agrícolas y con un uso del lenguaje poético propio de un virtuoso, no en vano Thomas Hardy es uno de los grandes poetas del XIX inglés.

            La novela, si descontamos una muda de 1915, ha sido llevada al cine en tres ocasiones, siempre con el mismo título. La primera en 1967, por John Schlesinger, con un gran reparto, Julie Christie, Terence Stamp, Peter Finch y Alan Bates, que se mantiene fresca y refleja tanto el mundo de Hardy como el de finales de los 60 en que fue realizada. La segunda en una miniserie de la televisión británica, de 1998, menos interesante pero que sigue fielmente la historia trazada por Thomas Hardy. Y la tercera de Thomas Vinterberg acaba de ser estrenada hace unas semanas. He esperado acabar de leer la novela para verla.


            En la nueva versión, la de 2015, los guionistas y el director han optado por no ser demasiado fieles a Thomas Hardy, tampoco a la época en que se sitúa la novela. Han preferido hacer una película romántica más atenta a las ensoñaciones del espectador actual que al tejido histórico. Es agradable, se deja ver, pero inundada de luz y de paisajes hermosos que parecen confeccionados en estudio, se han limado las aristas de los personajes principales que se parecen poco a los concebidos por Hardy. Bathsheba Everdene (Carey Mulligan) es una mujer blandita, llena de sonrisas y candor, de de la que ha desaparecido el espíritu independiente y cuya loca y destructiva pasión apenas se adivina. Gabriel Oak, el pastor empleado en la hacienda heredada por Bathsheba, ya no es el complejo enamorado capaz de sacrificarse por su amada y aconsejarla que se case con un rival. Del hacendado William Boldwood poco queda de su atormentada pasión, es ahora un hombre razonable que todo lo comprende y del que ya no se entiende por qué empuña y dispara la escopeta en la parte final. En cuanto al cuarto en discordia, el guapo sargento Troy, es despojado de su seductora maldad para ser juzgado benévolamente. Los personajes secundarios, sus cuentos y expresiones, la taberna donde se reúnen, su actitud de sumisión y burla ante el poderoso, simplemente han dejado de existir. Por otro lado, la utilización y abuso de la elipsis es tal que dudo que la mayor parte de los espectadores que no sean británicos o lectores de Hardy puedan seguir la historia con facilidad. Es un elemento más que contribuye a reducir la historia de personalidades complejas y de relaciones sociales, que ya no se dan pero que conviene comprender, a una historia romántica intemporal. Me quedo con la versión de John Schlesinger.

sábado, 18 de julio de 2015

Blind



            El escenario es una ciudad norteña, Oslo, aunque no aparecen brumas, oscuridad ni humedades. Es época de buen tiempo. Una mujer, Ingrid, de pronto, abruptamente, se queda ciega, por una enfermedad de origen genético. Se encierra en su casa y trata de recordar los colores y las formas que ya no están a su alcance. El sonido y el tacto adquieren una nueva dimensión. Su marido, arquitecto, no le ayuda mucho, más bien pasa de ella. Entonces empieza a fantasear viéndose a sí misma como personaje en busca de sexo, de amor, de hijos que no tiene. Esa fantasía termina por convertirse en texto a través de un portátil sobre el que teclea lo que imagina. La trama de la novela y de la película se va complicando: Ingrid se ve como una joven madre soltera, Elin, que se traslada de Suecia a Oslo, que lleva muy mal su soledad y que de golpe se queda ciega. Un hombre feo pero sentimental, solitario y adicto al porno en Internet, la observa desde la ventana del piso de enfrente de su casa y se hace el encontradizo. El propio marido de Ingrid entra en la historia teniendo una aventura con Elin, dejándola embarazada. Es difícil saber si lo que sucede en pantalla es real o solo pasa en la mente de Ingrid.


            El guión es excesivamente complejo y demasiados los temas que quiere tratar: las dificultades de un ciego para hacerse con la realidad, la soledad de las ciudades modernas, las relaciones de pareja, el sexo, la maternidad, sin decantarse con claridad por ninguno de ellos lo que desconcierta al espectador. Es una película llena de ideas, de sugerencias más bien. Los personajes son atractivos, bien construidos, se adivina un mundo brillante y oscuro en sus torpes movimientos por abandonar la soledad y salir al mundo. Pero son sólo esbozos, cada uno de ellos necesitaría un desarrollo que los completase. También la realización quiere huir de lo convencional. Hay un momento en que la mujer ciega, Ingrid, sola en la habitación de la que no se atreve a salir, se desnuda y se arroja a la luz de la ventana. Ella no se ve pero nosotros sí: la cámara sale fuera y muestra el ventanal alargado, vertical, y el cuerpo de la mujer desnudo aplastado contra el cristal. Cómo tener conciencia de sí, identidad, si no sabemos si nos ven, si no podemos captar la mirada de los demás sobre nuestro cuerpo. La creatividad nórdica está en ebullición, mientras aquí abajo, en el tórrido sur, las batallitas políticas nos destrozan el tiempo y los nervios.

domingo, 12 de julio de 2015

Ilo Ilo



            Uno de los motivos para ver esta película es el exotismo oriental. Sinpagur. Estamos acostumbrados a ver pelis chinas, japonesas o coreanas, muchas de ellas de género, otras muy literarias, claramente deudoras de la cultura occidental, pero ¿cuántas nos muestran la vida de la gente común? ¿Cómo son las viviendas por dentro? ¿Qué comen? ¿A qué dedican su ocio? ¿Cómo se tratan entre ellos: padres, hijos, sirvientes? ¿Cómo les afecta la vida social, cultural, religiosa? En Ilo Ilo, traducida aquí como Retratos de familia, aparece todo esto. 

            En plena crisis financiera en Singapur, en 1997, llega a una familia de clase más o menos acomodada una chacha filipina que tendrá que habérselas con un chico difícil y con una situación familiar que va empeorando progresivamente. La filipina sintonizará emocionalmente con el chico problemático ayudándole a sortear sus frustraciones, aunque poco podrá hacer por enmendar la ruina de la familia. Si la situación es comparable a la de cualquier hogar europeo de clase media en crisis, el espectador, al menos yo, está atento a las pequeñas diferencias entre su comportamiento y el nuestro ante problemas parecidos. Me venía a la cabeza la idea de diferencia en el espesor de la civilización, en el modo de afrontar la vida y sus dificultades, como si el dramatismo ante la ruina no fuera el mismo, como si el apoyo social y cultural también fuese diferente, pero no sé hasta qué punto pueda ser cierto. En todo caso, una película fresca, directa, impropia de un director debutante como Anthony Chen.