viernes, 28 de abril de 2017

Secta


             Cuando se haga el documental o la gran película de estos días no faltará este icono como símbolo de lo estrafalario, del despropósito a que ha conducido la política concebida como secta. No es la primera vez, pero quizá sí en la Europa moderna que un gobierno, aunque sea regional, esté copado por una secta.


            Así proceden. Cómo atraer a los castellanohablantes de Cataluña poco interesados en el procés: “Llach explica que siguen “cursillos con psicólogos” que prepararon a 200 personas para ir a hablar a barrios de Girona y Figueres poco receptivos al mensaje independentista. Fue una estrategia calculada para conocer a la población, mezclarse con ella y no empezar a hablar de política ni dejar panfletos hasta al cabo de unos días”. 

          “Los independentistas pueden desafiar al Estado y quien desafía puede ganar o perder, pero no negociar. Si el marco legal es violentado, la única opción es neutralizar la agresión, sin condiciones ni contrapartidas, como han hecho otras democracias”. (Antoni Zabalza).

          Disidentes. El precio de la discrepancia en la Cataluña nacionalista.


miércoles, 26 de abril de 2017

Como el agua que fluye


“Mas ahora le parecía que los libros que había leído (¿habría que juzgar por ellos a todos los demás libros?) no le habían aportado gran cosa, menos quizá que el entusiasmo o la reflexión que puso al leerlos; pensaba que, en todo caso, lo mejor en aquel momento era abstraerse por completo en la lectura del mundo que tenía ahora, por tan poco tiempo, ante los ojos, y que la suerte, por decirlo así, le había deparado. Leer libros hubiera sido igual que beber aguardiente: una manera de aturdirse para no estar allí.”

Ana Soror

          Admiro la sabiduría técnica de Marguerite Yourcenar, su erudición, la elegancia de su prosa, pero de qué le sirve eso al lector. Hay un cierto placer en la lectura de sus libros que viene del reconocimiento, como cuando se contempla una escultura magnífica en su peana y uno se predispone a la alabanza, ¿pero eso basta? El relato del amor entre Ana y Miguel, su hermano, lo sitúa la autora a comienzos del siglo XVII, junto al Fuerte de San Telmo, en Nápoles, en el seno de una familia noble de españoles al servicio del rey. Yourcenar nos muestra los usos y costumbres de la época, el poderío constreñido de la monarquía hispana y sus servidores, la psicología y la moral determinada por la Iglesia contrarreformista y también la pasión desatada que no conoce límites aún consciente de lo dura que será la caída. Pero ¿qué diferencia a esta obra de un best seller de calidad en lo esencial? Sin duda la prosa de la autora francesa está mejor alimentada, pero fuera del morbo, ¿qué queda de ese relato para ser leído en la actualidad? Se diría que uno recorre las páginas de un Playboy ilustrado por la fina pedrería del lenguaje culto en vez de por fotografías carnales.

Un hombre oscuro

          Es en el segundo relato de este libro, que caería dentro de lo que se entiende por nouvelle, donde Marguerite Yourcenar muestra mejor la eficacia de su estilo. Liberada del afán transgresor de Ana Soror, de sus afeites y adornos que lo convierten en una historia cursi, El hombre oscuro es el que en realidad responde al título general del libro, Como el agua que fluye. La autora deja que su prosa como el agua en el río lleve la vida natural de su protagonista Natanael desde el nacimiento a la muerte, un fluir lineal pero también circular pues el relato comienza con el anuncio de su muerte y acaba en una isla donde se retira para morir solo. Natanael se topa aquí y allá con personas que le muestran afecto o se aprovechan de él, sin dejar en nadie una huella que vaya más allá de un leve recuerdo.


          Yourcenar es hija de su tiempo, de un modo de concebir la literatura tan atrapado en las expectativas del momento que algunos de sus relatos se ha hecho viejos demasiado pronto, aquellos escritos para derribar el muro moral de la sociedad conservadora. Sólo cuando se deja llevar aparece la gran escritora. Sin embargo, creo que en su modo de concebir la literatura no tenía demasiado en cuenta al lector, nos apabulla a menudo con su erudición, con su gran estilo. Los grandes escritores son aquellos que escriben para conmover al lector y para incomodarle, para poner en cuestión su edificio mental, no para darle el placer fugaz de la rápida descarga emocional o peor aun para el propio lucimiento del autor.

martes, 25 de abril de 2017

The Knick



Esta es una serie breve, emitida entre 2014 y 2015, con dos temporadas y 20 capítulos, pero original. El escenario principal es un quirófano donde el cirujano doctor Thackery realiza sus operaciones a modo de clase para otros médicos y de espectáculo para un público ansioso por conocer novedades y que se sienta en las gradas que circundan el teatrillo. El doctor Thackery, el personaje principal -una gran creación de Clive Owen-, está dispuesto a todo con tal de adelantarse a su tiempo para salvar vidas. Su actividad estresante le convierte en un adicto a la cocaína y a la heroína. En el hospital Knickerbocker pululan un montón de personajes que representan lo viejo y lo nuevo en el Nueva York de 1900, que es cuando sucede la acción y que desconoce la penicilina y la anestesia moderna: la aristocracia de los negocios benefactora del hospital, un gerente a la espera de un pelotazo que le haga ser admitido en el restringido club del patriciado local, médicos cuya ambición es la innovación para evitar las muchas muertes hospitalarias y otros que defienden, y ponen en práctica, teorías que ahora nos repugnan, como la eugenesia, pero que entonces contemplaban como progreso y muchas mujeres asumiendo diferentes roles: ricas altruistas, prostitutas, enfermeras arribistas y personajes excéntricos para la época como una monja abortista o un cirujano negro.

En la serie hay intrigas y pasiones, todo aquello que los guionistas saben que nos va a atrapar y hacer seguir la serie hasta el final. Los creadores de ficción experimentan en todas las direcciones, pero por ahora beben de las fuentes de los modelos de la novela. Incluso diría yo que están en la etapa infantil o juvenil de esta nueva forma de contar historias. A muchos nos parece que los episodios que Cervantes intercala en el Quijote, como la historia de Marcela, la del curioso impertinente, la del capitán cautivo o la de Ginés de Pasamonte, ajenas al andar de Don Quijote y Sancho, son un pegote que el autor nos podía haber ahorrado. Pues bien, las series actuales están llenas de tramas secundarias y The Knick no es una excepción. Algunas están bien trabadas, más o menos justificadas en relación al asunto principal, pero otras solo tienen la función de hacer durar la serie.


Los escenarios de época son someros, unos cuantos apuntes de callejeo: coches de caballos y alguno de combustión, el anuncio de la construcción del metro y muchos decorados de interior con el correspondiente vestuario de época.

lunes, 24 de abril de 2017

Je suis le peuple



            En una cosa coinciden Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, que son los representantes del pueblo, mejor, que ellos son el pueblo. "Je suis la candidate du peuple", afirma la primera; “Nous le peuple”, se llama la plataforma que apoya a Mélenchon.

            El juez Velasco tiene donde elegir, el pueblo de Le Pen, el pueblo de Mélenchon o la gente de Pablo.

            Por lo que se ha visto, el pueblo, esa entidad, no ganó ayer ni ganará en la vuelta definitiva de las presidenciales francesas. Y si el pueblo no ha ganado, ¿quién ha ganado entonces?

domingo, 23 de abril de 2017

Habla el pueblo



“Los jueces tenemos que interpretar la ley conforme al pueblo. Somos gente del pueblo y el pueblo no perdona apropiaciones económicas o desfalcos como los perdonábamos antes... Vamos creando nuevas necesidades penales que responden a que el pueblo las quiere y por lo tanto los jueces tenemos que interpretar las leyes conforme al contexto actual”.

El periodista no le pregunta por su acceso privilegiado al pueblo. Esa entidad. ¿Cómo logra una comunicación tan directa? ¿Se lo dice al oído? ¿Es por la nariz como barrunta lo que el pueblo quiere? ¿O es un sarpullido que le sale e interpreta?

  1. Michel Onfray, un filósofo que sigo pero que me desconcierta. Me da la impresión que su forma de decir es la contradicción. Es como si disparase contra sí mismo:
Pregunta. ¿Por qué no votará? 
Respuesta. En 2005 hubo un golpe de Estado en Francia. Los franceses votaron contra el tratado europeo, que era liberal. Pero el Partido Socialista y la UMP de la época [el gran partido de la derecha, antecedente de Los Republicanos de François Fillon] apelaron a la Asamblea Nacional y al Senado para saltarse esta expresión popular. Remodelado sólo en el plano cosmético, este tratado se convirtió en el Tratado de Lisboa. En 2008 la Cámara impuso al pueblo lo que éste había rechazado en referéndum tres años antes. Supuso una ruptura clara del contrato social. La clase política se burló de los electores. De otro lado, las Cámaras no son representativas de la sociología francesa. Algunos partidos están infrarrespresentados y otros al contrario. El Frente Nacional (FN) tiene una intención de voto del 25% [en el momento de la entrevista], pero tiene dos diputados, mientras que los ecologistas, con un 2%, tienen 18 escaños y una vicepresidencia de la Cámara. Las dos Cámaras congregan muchos funcionarios, profesores, notarios, médicos, pero casi no hay obreros o agricultores. Hoy la democracia es formal. Ocurra lo que ocurra, el futuro presidente de la República defenderá el euro, Europa, el liberalismo y el sistema que garantiza su funcionamiento”.
3. Un artículo que sí merece la pena.

viernes, 21 de abril de 2017

La flor que envenena nuestra cultura europea


          "Ésta es, a mi juicio, la función de la ficción. No dar noticia de unos hechos, sino dar vida a lo que, de otro modo, acabaría convertido en mero dato, en prototipo y en estadística. Por eso la novela cuenta las cosas de un modo ameno, aunque no necesariamente fácil: para que las personas, a lo largo del tiempo, la consuman y la recuerden sin pensar, como los insectos que polinizan sin saber que lo hacen". (Eduardo Mendoza: Discurso de aceptación del premio Cervantes)

         Dar vida a los hechos para que sean algo más que mero dato, es el papel que Eduardo Mendoza asigna a la ficción. Pero ¿qué ocurre cuando la ficción es presentada como hecho, una y otra vez, año tras año? Que entramos en el terreno del delirio. Don Quijote, al menos era un loco que tenía conciencia de serlo, cosa que no ocurre con ese amplio grupo de la foto (Gobierno de Cataluña en pleno firmando el compromiso de celebrar un referéndum): se desgañitan como locos y creen que están cuerdos. A casi todos nos ocurre lo mismo que a Eduardo Mendoza,
        “Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo”.

         Y es que, como recuerda Maria Schraeder, directora de la reciente película Stefan Zweig: Adiós a Europa, Stefan Zweig dejó escrito en El mundo de ayer:

         “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos, las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”.

jueves, 20 de abril de 2017

Serviles, valientes y rufianes



             En el juego mediático que se ha abierto estos días para gozo de desocupados y pesca de populistas se reparten cartas de todos los palos. Están los corruptos, claro está. No hay tiempo histórico que los desconozca, nada nuevo. Los seguirá habiendo pasado mañana cuando el poder cambie de manos. Es la naturaleza humana. Hay figuras viejas pero con hábitos nuevos: jueces que quieren hacerse un nombre, políticos pancarteros -o autobuseros-, tertulianos que ya se lo barruntaban o lo sabían de hace tiempo. Pero a mí me llaman la atención dos tipos, opuestos pero que alegran el juego: los serviles y los valientes. La del servil es una carta despreciable: aquel que hace una carrera sirviendo a sus jefes sucesivos, ofreciéndose como moqueta para que el jefe limpie sus zapatos embarrados. Llega muy alto pero cuando se despeña es un espectáculo patético. Y luego está el valiente que contra pronóstico se toma en serio su cargo y hace política de la buena aún a riesgo de perderlo. 

             En el juego del día los corruptos, los serviles y los valientes están en el mismo campo ideológico, en el mismo partido incluso. Quien ha descubierto las cartas ha sido la presidenta de la Comunidad de Madrid que ha puesto en aprieto a su propio partido. Los serviles, el fiscal anticorrupción y el director y presidente del periódico del partido. Toda generalización es mema: el PP es un partido corrupto. Hacerla muestra la tosquedad de quien la hace, su cortedad mental o su estilo rufianesco. A muchos les complace el estilo grueso, con eso también hay que contar en el juego. No hay países o sociedades de una pieza.