jueves 9 de febrero de 2012

Vuelta a la soledad


           
             Hubo un tiempo en que meditar estaba de moda, quedarse a solas para buscar el yo perdido, recluirse en parajes recónditos, vivir en un monasterio una quincena, compartiendo pan y agua con los monjes, incluso, algunos creyeron que acabarían por encontrarse en Katmandú. Todavía hoy hay gente que hace meditación trascendental o alquilan una casa en el Montseny para hacer una semana de yoga. Tengo amigos que hacen esas cosas, pero, la verdad, cuando están de vuelta no veo en ellos ningún cambio, quizá han perdido algunos gramos de su peso habitual, aunque mucho no pueden perder porque son de constitución quebradiza y filiforme.

            Años después, o décadas, se puso de moda la tormenta de ideas, al principio lo decían en inglés y conseguían desconcertar a los no iniciados, de ese modo quienes organizaban las sesiones lo tenían fácil para convertir en ideas de grupo las que ellos habían parido antes en solitario. Con el tiempo el método se convirtió en rutinario y los invitados/obligados a asistir abominaron de esas sesiones.

            La cuestión que ahora se plantea, que está en el aire –libros, estudios, congresos- es ¿cómo surgen y se cultivan las mejores ideas, cómo se innova, en el amplio grupo o en el huerto de la soledad? Empieza a sostenerse quelas famosas tormentas de ideas no sirven para gran cosa, que el grupo tiende a fijar una idea y a bloquear otras posibilidades, a acomodarse a las opiniones más comunes, a que una parte haga el trabajo, a que la mayoría calle por conformidad o por miedo a ser evaluados.

            Se impone una llamada “revolución de la tranquilidad”. Es el éxito de la temporada, “Silencio:El Poder de los introvertidos en un mundo que no puede dejar de hablar ",de Susan Caín. Los trabajos en grupo no funcionan:
 “Una cosa es asociarse con un grupo de modo que cada miembro del grupo trabaje en una pieza del rompecabezas y otra es verse acorralado en reuniones interminables de teleconferencias realizadas en oficinas  que no conceden una tregua en el ruido y las miradas de los compañeros de trabajo. Los estudios muestran que las oficinas abiertas hacen a los trabajadores hostiles, inseguros y distraídos. Las posibilidades de sufrir hipertensión, estrés, gripe y agotamiento, y de cometer más errores aumentan”.
De paso Susan Cain reivindica a los pobres introvertidos por incomprendidos, infravalorados y desaprovechados frente a los extrovertidos, los grandes triunfadores del mundo moderno.

            Así que habrá que volver a los retiros silenciosos y solitarios, después de apagar los cacharros electrónicos y borrarse de las redes sociales. Es lo que está de moda entre ejecutivos y profesionales, “observar de cerca el yo en que uno se ha convertido dentro de su mente”. Aunque la cosa no puede ser tan contradictoria, las ideas se tienen en solitario y las redes sociales son su campo de expansión, donde darlas a conocer. Mi experiencia me dice que cuando he participado o he organizado trabajos en grupo no han acabado de funcionar, una parte del grupo o una persona en concreto arrastra a los demás que se dejan llevar.

miércoles 8 de febrero de 2012

¿Es este el país que queremos?

  1. “Veo en Madrid las colas ante los puntos de reparto de alimentos y recuerdo que, tras las pasadas elecciones, el dueño de un caro restaurante madrileño me contó que los políticos salientes se estaban dando un sinfín de comilonas de despedida a cargo del Estado”.  (Mariposas, Rosa Montero)

  1. “La izquierda ha dilapidado su capital histórico: la igualdad de todos ante la ley, la educación como herramienta de superación, la libertad de la mayoría y no sólo de algunas minorías, la cultura como instrumento crítico, la lucha contra la corrupción y el parasitismo incluida la corrupción y el parasitismo sindicales, el rechazo de la ideología reaccionaria de los nacionalistas, la promoción de los mejores y la persecución de los enchufados… en fin, se podrían llenar seis folios de tareas pendientes, pero sobre las que nadie ha dicho una sola palabra en estas elecciones, o lo que hayan sido. Ni una palabra” (¿Ha dicho usted ideas políticas?, Félix de Azúa).

  1. Escucho en la radio a José Luis Díaz Villarig, del sindicato médico CESM de Castilla y León, dice que ellos, los médicos, son diferentes, que no se les puede tratar como al resto de los funcionarios, que cobran poco, que no están dispuestos a trabajar más y a que les rebajen el sueldo, porque el colectivo de médicos es especial, no tiene nada que ver con los demás.

  1. “Cataluña y Andalucía son territorio de la Camorra, como Galicia lo es de la mafia Rusa. La policía lo sabe, pero la opinión pública no tiene ni idea porque aquí no dejan crímenes de sangre, no se lo pueden permitir… Pero aquí se evita hablar de eso y se considera un problema extranjero: ruso, búlgaro, italiano. No es así. Si el capital criminal probablemente sea ruso y la distribución de cocaína nigeriana, la empresa es española. Y todos los analistas coinciden en que la connivencia de ese empresariado ha dado como resultado la especulación inmobiliaria.” (Roberto Saviano, escritor. El Mundo 08.02.2012).

  1. “La verdad es siempre vulnerable, aunque solo sea por inferioridad numérica: sobre cualquier hecho hay una sola verdad y mentiras innumerables. La situación se ha agravado con internet y el eco exponencial que obtienen los relatos falsos: la verdad no suele gozar de la plusvalía de la novedad y las mentiras suelen ser más excitantes que anodinas”. (La verdad, asunto de Estado, Arcadi Espada).

martes 7 de febrero de 2012

Pelis del 2011 que dejé sin criticar



            Películas como Criadas y señoras, una de las pelis con más éxito de público de la temporada, en la estela de Tomates verdes fritos, buscando la complicidad del espectador, con lágrimas, solidaridad emocional y mucho contento por coincidir con el fácil mensaje que trasmiten, sólo son útiles, cívicamente útiles, durante los breves minutos, aquí 137, que se viven en el mundo bidimensional creado en la pantalla. Cómo un espectador decente no habría de ponerse del lado de esas criadas negras humilladas y ofendidas continuamente por unas amas de casa del profundo sur americano, tan risueñas y babys como sometidas ellas a su vez a maridos machistas, que cuentan sus historias a una joven blanca que, como modo de prosperar como escritora, quiere contar lo que pasa en Jackson, Mississippi, en los lejanos, lejanísimos para el tema de la discriminación racial, años sesenta.

            Es una peli que no tiene más valor que los best sellers literarios en los que la gente se enfrasca para cerrar los ojos a la mugre y cutre paisaje de estos tristes días que vivimos. Cuando los personajes buenos son tan buenos y graciosos y los malos tan malvados y repelentes, y lo que aquellos reclaman es tan justo y ya tan conseguido, el espectador no necesita reflexionar, ni ponerse en la piel de nadie, ni entrar en contradicción con algunas de las viejas ideas o feas costumbres que aún mantiene.
Ya lo dicen los críticos conformistas que han ayudado a hacer caja: “Conmovedor homenaje a las mujeres subyugadas que mantienen la cabeza alta”, “Una fábula para sentirse bien”, “El cálido encanto del libro se ha convertido en una película igualmente emotiva”, “The Help es un impresionante regalo, una historia profundamente emotiva”, “Un producto cien por cien mainstream que es tan mentiroso como perfecto”.

Excepto en la impactante secuencia inicial, algo parecido sucede con la torpe pero eficaz, desde el punto de vista de la caja, peli francesa Pequeñas mentiras sin importancia, donde un rico y desprendido burgúes invita a su numeroso grupo de amigos a pasar el comienzo de sus vacaciones en su casa de la playa. Pongamos un poco de ecologismo, otro poco de pelea contra las convenciones, erotismo en el ambiente, peleas familiares que se solucionan con buena voluntad, muchas sonrisas y personajes de una pieza y tendremos un éxito de taquilla de los que hacen época. Sin embargo, en la peli todo es de cartón piedra, personajes amanerados de tanto como han sido exhibidos en los escenarios, buenísimas ideas, el “tú eres de los nuestros” que le soplan al espectador, eso sí, sin un gramo de lucidez en el análisis de lo que se suponen que están criticando. Ni siquiera Marion Cotillard se salva por la moralina que está obligada a representar. Banalidad insultante.

            Pero de todas las pelis que he visto en el 2011 la que se lleva la palma es Torrente4. No sé como los críticos, es decir, sus amigos, siguen insistiendo en que el listo, y ya muy rico, Santiago Segura, lo que hace es befa de la España cutre de los bares de barrio, de las tardes de domingo con transistor y de las fulanas de usar y tirar. En realidad, yo creo, que a Segura le va la marcha y que se encuentra muy a gusto poniéndose en la piel, no de esa gente de barrio, sino de sí mismo, exhibiendo o añorando un mundo del que apenas quedan jirones en las actuales ciudades ya tan ventiladas. El dinero acumulado le permite sin duda contratar a buenos guionistas y actores, ¿por qué no lo hace? No sé dónde le encuentran la gracia.

lunes 6 de febrero de 2012

Blanco nocturno


          Si alguna utilidad tiene el instrumento de la literatura es el de la creación en el campo del lenguaje, del léxico, de la construcción de frases, de la ampliación del sentido. En general, el español ha evolucionado poco desde que los grandes autores del XVI y del XVII lo fijaran, quizá ha habido aportaciones desde Sudamérica en el siglo XX, pero parecen marginales. Para muchos lo que los escritores actuales pueden hacer es afinar el instrumento, es decir, limarlo, eliminar adiposidades, hacerlo más preciso para que diga mejor la vida de nuestra época, un español más científico, más claro. En la primera línea, la de la creación, sigue habiendo escritores que creen que el español puede crecer, Ricardo Piglia es uno de ellos y en ese sentido puede leerse Blanco nocturno. Esta novela se inscribe en la tradición argentina del español, se encuentran ecos de grandes autores como Borges y Bioy Casares, pero sin imitarlos como venía siendo corriente, sino siguiendo una línea creativa con vocablos, giros y construcciones del habla popular porteña. Piglia, y en esto también se parece a Cortázar, aunque éste más en la voluntad de estilo que en los resultados, actúa al modo del jazz en su irrupción en la música, introduciendo en la lengua ritmos y sonidos nuevos. Hay que leerlo con mucha atención, detenidamente, no como se hace con la mayor parte de los productos literarios que se publicitan, que se leen a velocidad de Ave sin por ello perder el sentido. Muchas veces hay que volver a leer la frase y no siempre se acaba por atrapar lo que quiere decir el autor. Lo que no sé es si el esfuerzo de Piglia, y otros autores como él, redunda en una ampliación de conciencia, es decir, si sirve para conocernos mejor, para conocer mejor el mundo, si el material nuevo que introduce se va a incorporar al habla común y hacer más rico el español.

            Eso que explico de Blanco nocturno sirve cuando el autor reconstruye diálogos, enfrenta a personajes o narra historias apegadas al terreno, sin embargo cuando, al final, se pone discursivo, cuando intenta rematar su historia, no funciona, entonces su español es más normal, más académico más esperable. Porque esta novela está tejida con los mimbres de la novela negra: un crimen, el asesinato de un forastero que llega como una piedra a un estanque, alborotando el apacible remanso, un comisario, viejo, resabiado, con conciencia de su digno oficio, que desconfía de las apariencias, y que como todo investigador que se precie ha de ser racional al máximo pero por caminos retorcidos –necesita a su lado un Watson para aclararse, mezclarse con el pueblo, pero también aislarse- y un asesino escurridizo. Ahí está la gracia siempre de este tipo de novelas, un falso culpable y un fondo identificable donde se mezclan las intrigas de los poderosos, de los arribistas, de los advenedizos, donde los que tienen el estatus de dominio social quieren mantenerlo y los que no lo tienen conseguirlo y en ese choque de placas sociales se producen los accidentes que pretende más que explicar mostrar la novela negra.

            Cosa muy distinta es que Blanco nocturno sea una novela redonda. Es admirable, como decía, el intento de estirar, retorcer, romper, reconstruir el español sometiéndolo a paisajes inhabituales, a forzarle a decir las cosas de otro modo, aunque es posible que el forcejeo se deba más a la voluntad que a la necesidad y por tanto más que ayudar a entender oscurezca. Algo parecido ocurre con la historia, comienza siendo atractiva, la intriga interesa al lector, pero la trama que no es excesivamente complicada acaba oscureciéndose por el empeño del autor por querer decir más de lo que hay, más de lo que ofrece.

domingo 5 de febrero de 2012

Rafael Sanz Lobato, fotógrafo


            
               Rafael Sanz Lobato (Sevilla, 1932), fotógrafo, premio nacional, tras muchos años de merecerlo, famoso por sus fotos de la Semana Santa en Bercianos de Aliste, o de las Hurdes, de toreros y maletillas, dice algo sobreel modo de trabajar en aquellos años –sesenta y setenta-, que se ve en las muestras que se siguen haciendo, habla de la Real Sociedad Fotográfica, de las cacerías dominicales, cuando cogían sus coches “muy temprano y se iban a los pueblos próximos a Madrid: Chiloeches, Chinchón”: 
“Pregunté y me dejaron ir con ellos. Éramos ocho en dos coches. Los dejábamos en las afueras para no romper la estética interior. Nada más aparcar salieron todos disparando sus cámaras como locos. Me quedé pasmado. Estupefacto. Creo que llevaba una Reflex. Me fui despacito hasta donde había unos niños a los que mis compañeros estaban friendo a fotos. Luego vi que hacían lo mismo con dos ancianas y me quedé perplejo. No había que pedir permiso y a la gente no parecía importarle. Todo el pánico que tenía larvado en el cerebro se me fue de golpe. Me liberé y empecé a trabajar con normalidad. Al poco me compré mi primer 600 y ya podía irme solo yo por los pueblos”. 
   “Yo entonces era fotógrafo de fin de semana y a diario trabajaba en una empresa americana de aparatos de compresión. No trabajábamos los sábados y a primera hora cogía mi coche, mi dos nikons compradas a plazos y elegía un sitio del mapa: los caballos de Galicia, los toros de la vega... y ahí empezó mi documentalismo antropológico. Era el 72, el año en el que compré el coche. Un fin de semana hacía las fotos y otro las revelaba. Fueron 15 o 16 años frenéticos, disfrutando muchísimo y trabajando más”.
“Nunca he manipulado ni alterado lo que estaba ocurriendo. Se nota. Lo huelo a tres kilómetros. Cuando veo fotografías en las que percibo esa manipulación, me enfado muchísimo. Y lo veo muchas veces”.

sábado 4 de febrero de 2012

Alivio

   
VEA MÁS IMÁGENES DEL CONGRESO
     


No podía ser que la gente del PSOE persistiera en la adolescencia, no podía ser que la generación LOGSE se adueñase definitivamente del viejo partido, que prefiriesen ser gobernados y esperasen volver a dirigir España con eslóganes, consignas y grititos de asamblea de facultad. Aunque sólo sea por 22 votos, han dado puerta al zapaterismo bis. Respiremos tranquilos.

jueves 2 de febrero de 2012

Despertares, Oliver Sacks


Entre 1916 y 1927 hubo una gran epidemia de la enfermedad del sueño o encefalitis letárgica. Los primeros síntomas benignos aparecían enseguida, pero la enfermedad con toda su violencia iría manifestándose en los años siguientes. Era una enfermedad extraña que se mostraba de modo dispar, bien como parálisis agitante como la denominó el médico londinense James Parkinson, desde la celeridad y el apresuramiento tanto en los andares como en el habla hasta la rigidez, catatonia o acinesia o dificultad para moverse que impide a los pacientes moverse, hablar o pensar, llevándolos a una parálisis total. Lo curioso de esta enfermedad –no sé si de todas- es que no afecta a todos los pacientes por igual, de modo que cuando empezó a ser diagnosticada a pacientes con el mismo cuadro se les diagnosticó de modo muy diverso desde delirio epidémico a poliomielitis atípica. Parece que afectó a cinco millones de personas. Un tercio murieron en las etapas agudas de la enfermedad. Los demás se recuperaron por completo y pudieron hacer una vida normal pero al cabo de unas décadas volvieron a tener trastornos neurológicos hacia la incapacidad. Durante muchos años no experimentaron nuevos síntomas pero a partir de 1930 de forma paulatina la mayoría de los supervivientes “fueron tragados por un remolino cada vez más profundo de enfermedad, desesperación e inimaginable soledad”: cayeron en el letargo, la apatía y la somnolencia, quedaron inmóviles y mudos. Fueron internados en hospitales para enfermos crónicos, en asilos de ancianos o en manicomios, olvidados por sus familiares y condenados a vivir una vida vegetal esperando que llegase la muerte. Sólo un puñado sobrevivió. Los que lo hicieron no llegaron a despertar del todo, se convirtieron en seres pasivos, en volcanes extintos, en expresión de uno de los médicos que analizó la enfermedad, sometidos a crisis intensas de alucinaciones y bloqueos que desaparecían tan rápidamente como llegaban. Sin embargo, los pacientes conservaban la inteligencia y la imaginación por lo que eran conscientes de lo que les ocurría. “Su destino era convertirse en testigos excepcionales de una catástrofe excepcional”.

            El neurólogo Oliver Sacks encontró a unos ochenta de estos pacientes catatónicos en el hospital Monte Carmelo de New York en 1966. Y asistió a su despertar, gracias al suministro de un milagroso fármaco, la dopamina o L-dopa a partir de 1969. Los pacientes y algunos médicos creyeron en sus propiedades milagrosas. Durante algunas semanas los resultados fueron prodigiosos, los pacientes parecieron despertar de su largo sueño de cuarenta o cincuenta años: caminaban, gritaban, recobraban el mundo perdido, hasta que aparecieron los efectos secundarios y hubo que abandonarlo, reducirlo o combinarlo con otros tratamientos químicos. La reacción fue muy diferente en cada uno de los pacientes. Pocos alcanzaron un equilibrio entre la ganancia y la pérdida, la mayoría volvió al estado anterior.

            Sacks narró esta historia en un libro que alcanzó un gran éxito: Despertares. En él además de describir la historia de la enfermedad y la del fármaco narra las biografías médicas de sus pacientes, uno a uno, describiendo su particularidad y los efectos de la dopamina en cada uno de ellos. El libro tuvo muchas ediciones -la primera en 1973, la que le dio fama en 1983, yo leo la edición de bolsillo de 2011-, sus historias fueron recogidas en documentales, convertidas en obras de teatro, una de ellas de Harold Pinter o llevadas al cine, en una película interpretada por Robert de Niro y Robin Williams. En las sucesivas ediciones, el libro ha ido creciendo, contando su recepción y sus efectos.

El libro no sólo trata del despertar de los pacientes catatónicos, aunque es el asunto principal, también reflexiona sobre la credulidad y los medicamentos milagro, credulidad de la que participaron por ejemplo Freud con la cocaína, Williams James con el óxido nitroso y Havellock Ellis con el mezcal, sobre la particularidad de cada paciente, la enfermedad actúa de modo distinto en cada paciente, de la conversión de los hospitales en lugares fríos, jerárquicos, que en el caso de determinadas enfermedades no contribuye a su curación o alivio.

            Oliver Sacks escribe de forma tan cuidada y sencilla que en ningún momento sentimos que lo que nos explica sea incomprensible, aun cuando describa las complejidades científicas del asunto. Sus historias se leen como una novela, inclusive son suspense.