martes, 13 de noviembre de 2018

Montón




           Al fondo, en un calvero, la tierra roja, una elevación sobre la roca parda, manchada del sol temeroso. Una visión fugaz, en medio del día grisáceo. más adelante, a la derecha del camino el río y su valle. Perales, manzanos, melocotoneros, alberges, cerezos, al pie del pueblo, Montón, junto al Jiloca, Teruel. Aquí el otoño es lujuria. Ahora sí, el momiji en el bajo Aragón.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Registro




           El día es gris. Por las losas de las calles resbala el agua de la noche. La gente se arrebuja en sus existencias estancas, un hormiguear con rumbo indefinido, como recién salidos de un naufragio. El edificio fue construido décadas atrás, la fachada con un ladrillo amarronado, sucio. Me abre la puerta de forja y de cristal un hombre que parece el conserje, pero no lo es. Aparto raudo la vista de su cara, parece haber salido de walking dead. Una luz enfermiza cuelga del habitáculo del conserje, la puerta abierta, vacío. El minúsculo ascensor renquea comatoso, como si estuviese sopesando dejarme tirado entre el cuarto y el quinto. Me deja en el séptimo. Lúgubres pasillos, puertas con picaporte dorado, antiguamente barnizadas. Empujo la primera. Mis buenos días suenan como el estallido de un trueno en una tarde adormecida. Alguien musita una respuesta inaudible. Entro en una pieza extraña, suelo de terrazo, de fórmica las puertas, neón, paredes empapeladas en un crema desgastado, un tablón de anuncios que exige DNI para ciertos trámites, un mostrador ancho y largo, con distintos niveles para depositar pertenencias que no se deben poner sobre la barra principal y, tras él, una mujer con gafas cuadradas, pelo lacio sobre los hombros, jersey de pico, delante de una pantalla de letras blancas sobre fondo azul oscurecido, mal iluminada. Un hombre mayor remueve calderilla en el bolsillo trasero de su pantalón. Ha de pagar treinta con sesenta y cinco. No he previsto tal exactitud, tendré que volver mañana. A una mujer con el pelo moldeado por rulos le dicen que esta no es su planta, que ha de bajar al tercero. Otra espera, de pie. La miro de reojo, parece guapa, algo menos de cuarenta, pero cuando se acerca al mostrador y me da la espalda veo sus piernas arqueadas, sinuosas, las botas de piel negra con flores vistosas, el bolso colgado del hombro derecho con una cadera de arandelas metálicas. Se puede ser guapa y fea al mismo tiempo, pienso, arreglándose de mala manera, cultivando el mal gusto. Sentada junto a mí, en una sofá de escay negro, una chica con la sonrisa congelada remueve papeles. A través de una puerta abierta se adivina un interior principal. Muebles añejos, barniz oscurecido, una ristra de fotografías y títulos enmarcados en plata sobre su superficie. Al fin, me atiende la mujer de rostro serio y agrietado. Me informa, vuelva usted mañana.

           La vieja ciudad tiene prestancia, muchas cosas parecen nuevas, el cauce los ríos, los arriates florecidos, edificios acristalados y nuevos, los viejos remozados. Por las calles pululan jóvenes, turistas con cierta elegancia en el vestir, lejos del descuido de las ciudades con playa. Pero hay interiores detenidos, hombres, mujeres, profesiones a los que alguna vez has de recurrir, como si desandaras cincuenta años y toparas con un tiempo que creías haber dejado atrás. Te achantas, tu voz flaquea, disminuido por algo que crees superior a ti, más grande, con más poder, no sólo tú todos asumen esa inferioridad, hasta que esos hombres te atienden y ves que están hechos de la misma madera inconsistente, y, si te atreves y levantas los ojos, ves que también en ellos anida la tristeza. Ni pateando con furia el suelo de terrazo o golpeando las paredes empapeladas o el viejo mostrador conseguirías remover el polvo acumulado.


domingo, 11 de noviembre de 2018

Jugar a ser dioses




            Esta ciudad, desde la que escribo, tiene oportunidades: historia, patrimonio, la lotería del gran yacimiento paleontológico. Y ahora casi sin querer se ha dado otra, un Foro de Cultura que podría haberse convertido en un gran foro de debate internacional, si supiese hacer las preguntas adecuadas, traer a los ponentes adecuados y crear hábito. Es el tercero que se celebra, no todo está perdido. Este año, la pregunta era la adecuada, la incidencia de la tecnología en la humanidad. Había ponentes buenos, investigadores punta en su campo, hasta interés había. Qué ha fallado, lo que siempre suele entrometerse, el populismo, hundir a los que tienen algo interesante que decir en el foso del populismo: agradar, convocar gente, caer simpáticos. Hoy, por ejemplo, dos ponentes de nivel, Ginés Morata, genetista que busca cómo regenerar órganos humanos para el tratamiento de cánceres y el envejecimiento a partir de sus estudios con la mosca Drosophila melanogastery, y una gran divulgadora, Helen Pilcher, y con ellos una buena persona, Vicente del Bosque. No se les ha sacado todo lo que podían haber dado. Qué ha fallado, el formato quizá, las preguntas, el presentador, cuyo momento climático ha sido cuando ha planteado la gran pregunta: A qué famoso resucitaríais con las técnicas de clonación. Del Bosque ha dicho algo importante, “tengo poco conocimiento, pero muchas experiencias”, las dos facetas que certifican nuestra humanidad, hambre de saber y vida, pero, también ha caído en la tentación de África. Helen Pilcher le ha dicho lo que ayer dijo Aubrey de Grey ante la misma cuestión, no me eches la zancadilla.

           Del tema, jugar a ser dioses, poco se ha dicho, apenas algo en la primera media hora. Un resumen del estado de la cuestión por parte de Morata: desde el descubrimiento de la estructura de la molécula del ADN, en 1953, y el mundo que se abrió: los organismos transgénicos, la secuenciación del genoma, la clonación, hasta el otro gran aldabonazo genético, la técnica del CRISPR, hace nada, en 2014, una herramienta de edición de genes que anuncia un mundo nuevo, el de la biotecnología. El momento emocionante lo ha puesto Helen Pilcher cuando ha contado la historia de la extinción del bucardo en los Pirineos, en 1999 el último macho, en 2000 la última hembra, cuando murió Laña, a la que antes se había hecho una biopsia, su desextinción, en 2003, por parte de un equipo de la universidad de Zaragoza, con células de la biopsia gestadas en una cabra común, el primer nacimiento vivo en el mundo de una subespecie extinguida, y su vuelta a la extinción, a los pocos minutos por problemas respiratorios, lo que indica los límites de la actual tecnología.

          Pilcher ha planteado las preguntas adecuadas: ¿es posible desextinguir a otras especies? Sí, pero no más atrás de un millón de años (el T. Rex, por tanto, no volverá a la vida). Podríamos revivir a los neandertales, tenemos su ADN secuenciado, ¿pero es una buena idea? No. Quizá sí el mamut lanudo, el bucardo o la rana extinta de Australia, que incubaba a sus crías en el estómago después de tragarse los huevos, pero sabiendo que no serán iguales, serán clones puestos en un mundo diferente. La cuestión principal a plantearse no es tanto volver a la vida a las especies desaparecidas como hacer posible que las actuales en peligro no se extingan. Dos tercios de los animales salvajes se extinguirán en el curso de la vida de Helen Pilcher, la mayor extinción masiva, mil veces superior a la época prehumana. Impedir que los vivos mueran, no que los muertos revivan, esa es el gran proyecto que deberíamos emprender.

sábado, 10 de noviembre de 2018

El sueño de la inmortalidad en África


           María Blasco y Aubrey de Grey son dos reconocidos especialistas en su campo, la investigación en telómeros y la gerontología. Eran los ponentes de esta tarde, bajo el tema El sueño de la inmortalidad. De Grey ha situado el problema. Hasta no hace mucho el envejecimiento se trataba desde la geriatría, es decir, contemplado como el resultado de una serie de enfermedades a las que se trataba de paliar. Él, por el contrario, es un pionero de la gerontología, Cuál es la diferencia. Esta perspectiva plantea el problema como el resultado de la acumulación de daños ocasionados por el metabolismo a lo largo de la vida. Hay un montón de patologías que aparecen en la etapa final de la vida como consecuencia de esa acumulación de daños. La geriatría no funciona porque esas enfermedades (alzheimer, parkinson…) no se curan. La gerontología es preventiva. Cómo hacer que el metabolismo sea más limpio. El cuerpo humano es una máquina biológica y como tal acumula basura, células muertas y defectuosas, basura intra y extracelular. De Grey contempla siete niveles en los que se puede intervenir, limpiando, reforzando, interviniendo con enzimas, en el sistema inmunológico, con células madres. Es un campo que ya tiene un siglo de vida y en el que hay un inversión creciente en empresas que tratan el problema: regeneración macular, enfermedades cardíacas, preservación de órganos de cara a trasplantes, eliminación de la senescencia celular, terapias de suicidio celular. La industria del envejecimiento es enorme, asegura, incluso en el caso de productos que no funcionan. Para De Grey, no se trata tanto de contemplar la inmortalidad, nunca habla de ello, como de ampliar la longevidad.

          El punto de vista de María Blasco es más práctico. Ella no se ocupa tanto de prolongar la vida como de procurar que la vida posible sea más sana, es decir, que si el tope de la vida del humano actual está en torno a los 120 años, que el periodo de vida sano, sin enfermedades de la vejez, sea más prolongado. También ella asegura que es el envejecimiento el origen de determinadas enfermedades y no al revés. Controladas más o menos las enfermedades infecciosas, de las que antes moríamos masivamente, ahora es el turno de las enfermedades que aparecen a partir de los 40 años: cáncer, cardiopatías, alzheimer. Lo que se plantea, por tanto, es retrasar en lo posible las enfermedades causadas por el envejecimiento. La longevidad, asegura, es flexible en la naturaleza, desde los dos años que vive un ratón, a los 200 de una ballena, los 250 de una tortuga o los 420 del tiburón de Groenlandia. Por qué no podríamos vivir tantos como ese tiburón. Ella ha estudiado la erosión de los telómeros como causa del acortamiento de la vida. La telomerasa es una enzima que regenera los telómeros, el problema es que deja de funcionar cuando nacemos. ¿Podríamos volver a ponerla en marcha? El cáncer, por ejemplo, la activa. Ella y su equipo han conseguido frenar la progresión de algunas enfermedades como la fibrosis pulmonar, una enfermedad irreversible, con terapias telómericas. No se trata de frenar el envejecimiento como de curar las enfermedades que ocasiona.

           Como sucede a menudo en estos debates, alguien ha alzado a África en el periodo de preguntas. Qué pasa con África. Si aplicamos estas técnicas en Occidente, y entre los ricos, no es una injusticia con respecto a África. De Grey ha saltado como un resorte. Ese tipo de preguntas, esa mentalidad, lo que hace es retrasar la investigación y la aplicación de terapias. Es España, el 90 % de las muertes se deben a las enfermedades del envejecimiento, ¿no es una obligación por parte de los científicos tratar de frenarlas? No se ha dado el caso, en la historia, de que ningún avance en medicina haya quedado reducido a Occidente.

viernes, 9 de noviembre de 2018

La Tierra no tiene dueño




        Se celebra en esta ciudad el III Foro de Cultura, bajo la impresionante advocación de Tecnología y Humanismo. Durante tres días, los ponentes de muy desigual interés, conversan sobre temas como el poder de las máquinas, robots y empleo, AI, transhumanismo, economía como bien común y hasta del silencio. Mi primera cita tenía que ver con si la Tierra tenía dueño. Los ponentes, de lo más variopinto, un explorador, un escritor de viajes, una educadora ambiental y otra antropóloga educadora social. Al explorador le han pagado viaje y estancia para no decir nada, lo que se dice nada. Javier Reverte ha dicho alguna cosa de cuando tuvo la suerte de embarcar hacia la nueva ruta de navegación abierta en aguas del Ártico, como consecuencia del deshielo causado por el cambio climático, para acortar el camino entre Europa y Asia. También ha hablado de la democracia como valor en peligro. Nadie ha recogido ese guante. Pero quien ha acaparado la sesión ha sido una Yayo Herrero, educadora social y antropóloga. Más que tener preparada la ponencia, su hablar mecánico y marcial tiene que ver con una lección esquematizada y lista para aleccionar al público, una papilla ideológica que se puede deglutir con facilidad. Su visión del destino de la Tierra, apocalíptica: nos encaminamos al desastre porque hemos sobrepasado o estamos a punto los límites físicos del planeta: superpoblación, agotamiento de los recursos energéticos (petróleo y minerales), insostenibilidad, muro ontológico entre nuestra especie y el resto, de tal manera que estamos inmersos en una crisis civilizatoria que nos lleva al desastre, porque nuestro sistema de gestión ecológica está en manos de unos países privilegiados y de una clase dominante que explota al resto de los países, a cuyos habitantes expulsa y asesina, y una mayoría social en todo el mundo que sufre las consecuencias. Un sistema que es, dice, se que voy a provocar, fascista, eso dice, fascista. Lo que para Reverte es democracia, para ella es fascismo. Fin de la discusión. El neoliberalismo ni siquiera es un ogro filantrópico es directamente fascista. Pero ojo, soy optimista, estamos a tiempo, a condición de dar un cambio radical al sistema político, al económico, a la educación y a la propia cultura que han de ponerse al servicio de la mayoría social. Tal cual. Lo que nos ha dibujado, literalmente, un sistema totalitario como alternativa al capitalismo. Todo dicho en un idioma seco, esclerótico, lleno de palabras muertas, vacías de significado de tanto repetirlas, como la mencionada mayoría social o gente o explotación o sostenibilidad, y latiguillos repetidos hasta la náusea, como todas y todas y cosas por el estilo que impiden que el idioma respire con naturalidad.

         Dos cosas. La primera que los organizadores, las autoridades tanto municipales como autonómicas de este lugar, más los patrocinadores, inviten a alguien que pone en cuestión de arriba abajo el sistema que se supone ellos defienden sin que haya un contradictor, es decir alguien capaz de poner en evidencia la trama totalitaria que se esconde tras ese discurso. La ponente ha hecho una impugnación en toda regla de un sistema que ha hecho progresar a la humanidad deforma espectacular en los dos últimos siglos, presentando como alternativa un sistema económico político y cultural en las antípodas, que pretende controlar todos los aspectos de la actividad humana, hasta la cultura. La segunda cuestión que me hubiese gustado plantear a la ponente es que si triunfase su opción política convocaría un coloquio como este en el cual el ponente principal pusiera en cuestión el sistema que ella defiende. Por supuesto fue muy aplaudida por un público, previamente entregado, que comparte se estricto marco mental.

        Menos mal que por la tarde me he desquitado asistiendo a un refrescante experimento musical. Un piano tocado por cinco personas a la vez. PianOrquestra.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Tres días y una vida, de Pierre Lemaitre





               Solo a partir de la página 143 y hasta la 204 de las 222 que tiene la novela comienza a ponerse interesante, lo demás, lo anterior, es cascajo, literatura fácil, de género, también el melodramático último capítulo. Es pues en esas breves 61 páginas donde se juega el destino de esta novela, cuando aparece el escritor que da cuerpo a su personaje, lo pone en situación y lo enfrenta a un conflicto moral. En las páginas que preceden, el protagonista solo tenía doce años, ha cometido un crimen y se atisban consecuencias. En las centrales, ya adulto, se nos muestra la debilidad de su carácter, no sólo en lo que se refiere al modo de afrontar el crimen infantil, sino a cómo resuelve los conflictos a los que tiene que hacer frente, el embarazo no deseado de una vecina del que es causa, su impasibilidad ante la posible acusación de otro vecino por el antiguo crimen que él cometió. El gran mérito de estas breves páginas es que generan una discusión moral a partir de un personaje amoral. El personaje es condenable pero las situaciones a las que se enfrenta son situaciones a las que un adulto normal puede enfrentarse alguna vez en la vida. También los dilemas al que se enfrentan otros personajes, como la madre del protagonista, organizar una vida en torno a la mentira o el ocultamiento. Pero es en las páginas finales, dueño el escritor de la trama que ha montado, del carácter de sus personajes, de su destino, pero también de la resolución de los dilemas morales que ha planteado en la segunda parte, incluso de una solución moralmente aceptable para su crimen, condenándose el personaje a una vida que detesta, cuando el escritor opta por cerrar la novela como lo haría un escritor de intrigas, es decir, un escritor de segundo orden, para quien el final en el punto más importante de una novela, más pendiente del lector, de cómo va a reaccionar, y del consiguiente éxito o fracaso como escritor popular, que de lo que debería ser su única preocupación, cómo construir a su personaje. Es lo que tiene abandonarse a la novela de género.




miércoles, 7 de noviembre de 2018

Alsasua




        Sucede cosas sorprendentes estos días. Por ejemplo que el presidente del gobierno se siga manteniendo en el cargo gracias al favor de los partidos nacionalistas que dieron un golpe de estado hace ahora un año, incluso no hace ascos al apoyo de un partido que es la continuación de la banda de terroristas que asesinó a cerca de 900 personas. Tan sorprendente como que sus aduladores llamen a establecer un cordón sanitario ante el nuevo partido VOX, al que se tilda de extrema derecha, sin que hasta el momento haya hecho nada que pueda considerarse ilegal o inconstitucional y que, sin embargo, se pase por alto el proyecto etnicista de los nacionalistas que querían dejar fuera del campo de los derechos al 50 % de la población de su comunidad, como si el intento de llevarlo a la práctica no fuese más extremista. Hasta el momento el punto álgido de esta deriva del partido gobernante ha sido tildar de provocadores a quienes el pasado sábado se manifestaron en Alsásua exigiendo igualdad de derechos en todo el territorio nacional.