martes, 30 de marzo de 2010

El terror del terrorismo



1. Nada puede oscurecer el hecho de que 39 personas hayan perdido la vida y que otras 73 hayan quedado malparadas por la libre voluntad de otras personas.

Ninguna oración fúnebre, ningún discurso político, ningún ensayo integrador les devolverá la vida. La buena suerte de cada uno de ellos, cuando su madre les anunció la vida con un beso, se ha trocado en mala suerte.
Ningún acto de gobierno les podrá reparar, ningún arrepentimiento hará mella en su falta de existencia.
Su muerte no resarce injusticia alguna.
Repugna a la razón que su muerte sea condición para que la vida de otros hombres mejore.

2. Es tanto el dolor, el horror, la estupefacción, la admiración que provoca entre los espectadores el acto terrorista como la alegría, la intensa satisfacción, el deber cumplido en los terroristas y en los planificadores de la acción terrorista.
No hay que preguntar por las causas del terrorismo sino por las de quienes formulan preguntas sobre la causa de los terroristas.
Tampoco hay que discernir sobre la moralidad de las acciones terroristas, tantas gentes destripadas, tanto alboroto de sangre, porque su objeto primero es alcanzar la mayor contundencia: muchos muertos, el impacto, las portadas, en vivo y en directo. Matar a Kennedy fue un acontecimiento, pero derribar las torres con su tantísima gente fue otro de parecida o mayor magnitud.

La reacción brutal de los gobiernos, su nerviosismo, el derroche guerrero que acomete a los Jefes descolocados es el objetivo segundo: el gobierno desgobernado, la discordia en su campo, la división política.
Los terroristas no necesitan crear un partido, movilizar a sus partidarios, construir un entramado de intereses, de presión, ya tienen todo eso en los periodistas, los sociólogos, los políticos que estudian, comprenden, repasan sus acciones, ponen sobre el tapete sus reivindicaciones, están dispuestos a servirles de intermediarios.

3. La democracia es un protocolo cuyas normas han pactado los hombres y renuevan cuando ejercen el voto en libertad. Allí donde se acepta y respeta el protocolo los ciudadanos preguntan por la situación en Rusia, en el Cáucaso, en Chechenia y exigen que se apliquen las normas que la comunidad democrática establece.

La democracia debe ser presidida por hombres que evalúan, razonan, deciden con serenidad. Putin no es un hombre sereno cuando grita: "los terroristas serán liquidados". La serenidad es la virtud cardinal de los dirigentes democráticos.

lunes, 29 de marzo de 2010

Brothers

El tema interesa. Un padre que pasó por Vietnam ha educado a sus dos hijos estimulando la propensión  heroica que todo joven americano debería tener. De los dos uno ha seguido sus consejos y ha terminado como capitán en el árido paisaje natural y moral de Afganistán. En casa ha dejado una bella mujer y dos niños. El otro hermano acaba de salir de la cárcel, castigado por un oscuro asunto, probablemente un atraco en una vivienda. El reduccionismo propio de los guionistas con prisas establece una fácil relación entre la educación militar que impone el padre y el desarreglo psicológico del segundo hijo. Un eco bastante simplista de las conflictivas relaciones entre padre hijos que tanto ha tratado el cine y la literatura -desde el Antiguo Testamento- en Al este del Edén, por ejemplo, o en Aflicción, dos pelis infinitamente menos simplistas que ésta. Para salpimentar la velada, el chico malo no lo es tanto y quiere redimirse, así que con buena voluntad hace lo posible por ocupar el lugar de su hermano echando una mano allí donde haga falta, por el contrario el chico bueno será sometido a una prueba a la altura de los héroes, que por supuesto no superará. Con las secuelas que el cine americano nos ha mostrado en tantos jóvenes que han pasado por elcampo de batalla, el chico que era el orgullo de papá, vuelve a casa. No creo que haya que contar más. Es fácil ponerse en el lugar del guionista y trazar la continuación de la historia.

La peli es una copia de una anterior peli danesa, de la excelente Susanne Bier, de la que se copia hasta el título, con una ligera translación al contexto americano. No hay color. La tensión dramática ha desaparecido aquí y los actores se mueven con una blandura impropia de gente como Jake Gyllenhaal, Natalie Portman, Tobey Maguire, Mare Winningham o Sam Shepard. Un drama que podría estar a la altura de las tragedias clásicas se convierte en una cosa parecida a una comedia con palomitas. No sucede siquiera esa empatía con alguno de los personaje, donde generalmente reside el continuado éxito de toda peli de Hollywood, y no porque el director quiera aplicar el distanciamiento brechtiano, sino porque nadie del equipo ha sentido como propia esta historia. La promesa de tragedia queda reducida a castos besos inocentes, unas cuantas frases mal dichas entre el padre vietnamizado y los hijos mal educados y mucha redención después de asumir culpas. Así que si alguno le interesa el tema mejor que se acerque a una copia de la cruda peli de Susane Bier en vez de perder el tiempo y bostezar con este artificio que no vale ni para acompañar las palomitas.


sábado, 27 de marzo de 2010

El resultado del poder es la violencia


Del día de hoy me quedo con tres cosas. Estas fotos de la sierra madrileña, en una mañana fría, pero soleada.

Esta frase de un escritor húngaro nacido en Transilvania, Rumanía,
"El resultado del poder es la violencia, y de la violencia, la maldad. El poder es algo que casi todo el mundo quiere tener. Pero hay sociedades en que esto se convierte en algo más importante, como las dictaduras. El poder siempre apunta hacia la violencia". György Dragoman.
Este efecto del poder no sólo se da en las dictaduras, también en las democracias. La violencia no es sólo  física, a veces se ejerce de forma sibilina, de modo que la propia población la acepte de forma natural. Es lo que sucede con el nacionalismo.


Y esta otra, que encuentro en la columna de Vicente Verdú,
La constante monserga social tratando de inventar labores para dar quehacer a las personas mayores no consigue, en numerosos casos, sino atosigarlas y, al cabo, hacerlas desear una tranquilidad mortal. (...) La depresión en la tercera edad no sería una consecuencia directa de hallarse sin suficiente compañía sino de sentirse tóxicamente presionado por los demás.
Verdú y la doctora Ramona Rubio deberían ampliar su diagnóstico al resto de la sociedad que vigila, cuida, aconseja, dirige y organiza sin pausa la vida de cada individuo de modo que la soledad sea vista como un fracaso.

Por ejemplo, este abuso:
Llenar la Nada. El gigantesco auge del deporte, singularmente del fútbol, procede de un estado de hastío, de nihilismo; es como la sustitución de todo designio por una expectativa recurrente, rotatoria, sin fin: lo siempre nuevo siempre igual garantizado. (Rafael Sánchez Ferlosio).

viernes, 26 de marzo de 2010

El arte del poder


Son tantas las obras maestras que atesora El Prado, tantas sus posibilidades de intercambio con instituciones internacionales, que es difícil que cualquiera de las exposiciones temporales que organiza puedan defraudar. Pero es que además, El Prado puede hurgar en los fondos del patrimonio nacional y descubrir piezas que la mayoría desconocemos. Ahí tiene El Prado una mina y es impensable que agote nuestra capacidad de sorpresa y de disfrute. Es lo que sucede con esta, El arte del poder. Maravillosamente organizada, se muestran los emblemas del poder de los austrias durante los siglos XVI y XVII en torno a la Real Armería de Madrid, y aun su prolongación en el XVIII borbónico. Las colecciones que los austrias atesoraron en su armería no eran armas de guerra, sino objetos que ensalzaban su poder, su riqueza y conocimiento del arte y de la antigüedad clásica. Armaduras completas, como la llamada armadura de la labor de las flores, rodelas, celadas, borgoñotas, espadas de los mejores armeros o escultores alemanes o italianos aparecen en todo su esplendor, tal como debieron lucir en las paradas en las que el poder mostraba su autoridad. Estas piezas, que los reyes de la dinastía tenían en gran valor y por las que pagaban mucho más que por sus colecciones de pinturas, aparecen luego en los retratos oficiales que cada uno de ellos encargó, o en los de sus sucesores, o en los de los nobles que quisieron y pudieron imitarlos. Posar con la armadura de la labor de flores o la de aspas y cruces suponía enlazar con los gloriosos antepasados que las lucieron y con los hechos de armas a los que remitían y fundar en ellos su legitimidad.


Pero no es sólo una lección de historia lo que la muestra nos ofrece, sino el descubrimiento de obras maestras que expuestas adecuadamete proporcionan un disfrute inigualable. Ahí se ven, por ejemplo la celada de parada de Carlos V, o la rodela con la cabeza de la medusa obras ambas de Filippo Negroli , pero también cuadros que puestos en contexto adquieren una significación nueva o más completa, como el retrato ecuestre de Carlos V en Mulberg de Tiziano, o el retratro que Antonio Moro hiciera de Felipe II.

jueves, 25 de marzo de 2010

Zizek acude a las películas

En su afán por instruir a los niños, a nosotros, adultos infantilizados, Slavoj Zizek acude a las películas, quizá añorando su infancia en la Eslovenia de Tito donde tan buenos resultados obtenía la pedagogía comunista.
Avatar toma partido claramente por los que se oponen al complejo industrial-militar mundial, retratando al Ejército de la superpotencia como una fuerza de destrucción brutal al servicio de grandes intereses industriales, mientras En tierra hostil presenta al Ejército norteamericano de un modo plenamente acorde con su propia imagen pública en este nuestro tiempo de intervenciones humanitarias y de pacifismo militarista.
Le molesta a Zizek, si seguimos leyendo su soflama pedagógica, la humanizazión del soldado en películas como En tierra hostil y las israelíes Vals con Bashir, y Líbano; ve en ellas una labor ideológica engañosa que de no estar avisados nos incapacitaría para hacer un juicio político implacable. Qué están haciendo "nuestros" soldados ahí, en Líbano, en Iraq, se pregunta. Pues no se puede hablar de individuos y de sus quebrantos en la guerra, sino sólo de la máquina militar.

Pero, qué mayor deshumanización que la que ofrece Avatar, la peli que ensalza Zizek. Vemos en la película de James Cameron, el autor de Terminator o Titanic, es decir, un especialista en hacer productos comerciales, cómo un ex marine atado a una silla de ruedas, gracias a un programa superferolítico, mediante el simple amodorramiento en una cabina, puede encarnarse -avatar- en la figura grácil y poderosa de un ser nuevo, alto, azul y hermoso, y así recuperar la movilidad, para entrar en contacto con los habitantes del bosque, un mundo de felicidad, apegado a la tierra y a las costumbres antiguas con el que sueñan algunos ecologistas.

El mundo que nos ofrece el nuevo Hollywood es el mismo de siempre, un mundo al alcance de la ensoñación para huir del mundo real. Una ilusión dañina, esa sí, la de hacernos creer en un mundo tecnoecológico, lleno de bondad, maniqueo, que nos señala el camino para no enfrentarnos al presente. Esa es la ideología que abraza Zizek, la de bushes y obamas enfrentados, la de la pasada guerra fría con malos tontos y pacifistas sabios, donde éstos te hacen creer que te despiden por tu bien, que la vida que llevas es una mierda, pero si miras a la gente que vive peor que tú vas a ver la luz, que si estás tetrapléjico encontrarás la bondad y la recuperación mágica. El mundo no es lo que es, sino una mezcla del paraiso perdido y del paraiso que nos ofrece el porvenir. Abre los ojos, la tecnología en 3D te ofrece un mundo nuevo, al que no podrás renunciar.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Formas de ganarse la vida

La mañana anuncia lluvia, cielo encapotado, aceras húmedas. Es temprano, pero ya hay cola en la caja del super. Muchos tienen prisa, la gente siempre tiene prisa. Las quejas asoman en el movimiento y en el murmullo. La cajera quiere dar salida a la inquietud, complacer a sus clientes; mueve con rapidez los productos, teclea, canta las cifras, cobra. Una chica le pide cargar el móvil, lo busca en el fondo de su bolso, entrega la tarjeta, la recibe recargada, se va. El siguiente es un señor mayor, un jubilado de los que acostumbra a madrugar. Da la voz, la chica se ha olvidado el bolso. La cajera refunfuña, lo recoge y lo guarda. La mañana sigue con su lluvia fina, constante, enfriando las calles. Paraguas, baldosas sueltas, chapoteo, mal humor.

La chica del móvil ha vuelto. Ha olvidado su bolso. La cajera le hace alguna broma, se lo da. La chica muestra su desconfianza en público, delante de la fila de clientes que espera, cada uno con sus prisas, a ser atendido. Revuelve el fondo del bolso, saca la cartera, la inspecciona con aparato, muestra su sorpresa. Le faltan cincuenta euros. La cajera se indigna. Le ha guardado el bolso sin tener obligación. Se gana la vida honradamente. Voy a llamar a la policía, dice la chica. Pues llámala, canta la voz áspera de la cajera. Movimiento, murmullos, soterradas quejas.
Se presentan cinco agentes Cinco. Toman nota, levantan atestado por el leve incidente. Nombres, carnet, pasaporte, nacionalidad, testigos. En la calle arrecia la lluvia.

martes, 23 de marzo de 2010

El despido humanizado

"Gente que construyó un imperio o que cambió el mundo se sentó donde está usted ahora". (Ryan Bingham, el personaje que interpreta George Clooney en Up in the air)
Sonreímos cuando recordamos al viejo maestro afirmando que la tierra tenía 4.000 años de edad o que el mundo había sido creado por Dios. Sonreímos, somos adultos. Poner en pie los andamios de la ciencia y del pensamiento racional ha costado lo suyo. Sin embargo, en las playas del capitalismo, en las horas que el trabajo nos deja libres, compramos lo que la publicidad nos aconseja y nos movemos como mecanos del siglo XVIII separando la materia orgánica en recipientes precisos, apagamos las luces de la casa en fechas señaladas y observamos la tierra como una ballena furiosa y amenazante por no cumplir con las reglas. Ahí están las enormes chimeneas generando nubes tóxicas, las extensas tuberías de los Monegros echando el agua del Ebro en la tierra yerma, las desaladoras gigantes devolviendo la salmuera al mar, la insensata vida de nuestras ciudades atascadas y sucias por una miríada de coches. Los nuevos molinos de viento, las desaladoras, la minería del carbón que sigue después de dos siglos. Hemos convertido la negación en una letanía. Los dueños del capital han contratado a un batallón de curas, que ahora se llaman periodistas, psicólogos, pedagogos y ecólogos, en realidad avatares todos ellos de una única profesión, la de publicitarios. Y nos damos con el puño en el pecho. Y nos reímos del viejo mestro. Aquí unos cuantos ejemplos de incesantes letanías: el cambio climático, Obama, Fernando Alonso; estos días asistimos al nacimiento de una nueva: Lionel Messi.

Pero hay más disfraces de esa profesión única de chamanes, de ladrones de la razón. La visten con una palabra codificada -todos tienen su jerga-, outplacement, la que ejercía Ryan Bingham, el personaje que interpreta George Clooney en Up in the air, el encargado del despido humanizado, dice el periódico. El periódico, que en su irresistible decadencia, ha convertido toda noticia en un acto de publicidad. El periodista los define y luego ensaliva, con ese perverso candor socialdemócrata, una retahíla de reglas para conducir a la gente al infierno del paro con una palmada en el hombro. Ah, ni una sola opinión de los condenados recoge el periodista.
Empáticos, humanos, sinceros y adictos al coaching y al sentido común. Así son (o deberían ser) los ángeles de la guarda del despido.

Las reglas del buen despido

- Cerrar la puerta. El despido debe ser una ceremonia privada entre el empresario y el afectado. "Nada de teléfonos ni distracciones. No hay que tener prisa. El trabajador se merece que el empresario le dedique toda su atención", (Marta Romero, de MOA-BPI Group).
- La decisión debe ser irrevocable. "¿Por qué yo? Puedo mejorar". Todos los despedidos responden lo mismo, pero hay que mantenerse firme y no echarse atrás. Hay que ceñirse a un mensaje único", (Maribel Vallbona, de Quality Search).
- Evitar las disculpas. Es preferible mantener la distancia profesional. Queda mejor un "me cuesta mucho tener que despedirte" antes que un "siento mucho despedirte".
- Conocer al despedido. Conviene conocer el perfil humano del empleado además del estrictamente laboral. Saber su salario es prioritario, pero también es positivo conocer su estado civil o si tiene hijos.
- Prohibido echar en víspera de vacaciones. Navidad y vacaciones no son buenas fechas para recortar personal. Tampoco se debe despedir ni el lunes a primera hora ni el viernes antes de marcharse a casa.
- El duelo. "Deje que la persona se tome su tiempo. Que recoja sus cosas, que charle con sus compañeros, que se desahogue frente a ellos", (una experta).
- El efecto pasarela. Cerrar la relación con el empleado motivándolo es una buena medida. El elegido tiene que ser consciente de que su vida laboral no acaba cuando se prescinde de él.
"En una ocasión un jefe me lanzó un 'sin problema' después de despedir a un empleado. Yo le recibí dos horas después y ahí había una bomba a punto de estallar. Le diagnosticaron angina de pecho".

lunes, 22 de marzo de 2010

La Madre Coraje de Gerardo Vera


El carro que Madre Coraje arrastra con sus hijos por los campos de batalla tiene que ver con la idea de la guerra que Bertold Brecht quiere transmitir, en las guerras no mueren ni las padecen quienes las convocan o promueven sino la gente del pueblo. Madre Coraje para proteger a sus hijos se vuelve una cínica, sacando partido de sus trapicheos con los combatientes, ya sean católicos o protestantes, en esa aludida pero no representada guerra de los 30 años del siglo XVII, pues la gente de la calle no tiene otra moralidad que la de sobrevivir. La escenografía de Gerardo Vera es austera, un escenario casi vacío, luces opacas, humos, sombras, una gran caja que hace pequeños a los personajes que en ella se mueven. Es un montaje que gira sobre la interpretación y el movimiento, la definición de los tipos que produce la guerra. Apenas hay contacto físico entre ellos, tan sólo algunos abrazos y no muy intensos, pues lo importante es sobrevivir. Al estilo teatral de Gerardo Vera le va bien esta obra tan gestual, nada intimista, pues los personajes aparecen como islotes en un mundo inhóspito y si se acercan unos a otros es por puro egoismo, nunca por afán de solidaridad. El texto no da pie a meterte en la historia, las escenas no traban a los personajes, sino que les hacen bailar en un escenario operístico, a ello contribuye la música y el recitado de los actores que declaman más que hablan. En ese aspecto Mercè Arànega destaca por encima de todos, con una presencia de gran actriz que borra  cualquier otro personaje cuando ella se manifiesta.

Está muy bien desdibujar el contexto preciso de la guerra de los 30 años donde Brecht había situado el ir y venir de Madre Coraje, con un vestuario, música y sonidos intemporales, así como con las interpolaciones cinematográficas, el sonido de cañones y aviones, más propios del siglo XX, de la Primera Guerra Mundial en especial, pues la alegoría se refiere a cualquier guerra. Y por supuesto se mantiene el espíritu del autor cuando al espectador le están vedadas las emociones para que mejor reflexione y no se identifique con el dolor o la angustia o el miedo que no aparecen sino como extraños injertos en personajes mecánicos. Está muy bien resuelta la historia de la hija muda de la Coraje, tanto en la interpretación de Malena Alterio como en la presentación de las escenas en que participa, porque las emociones quedan al margen, como también está muy bien dibujado el personaje de Yvette Pottier que interpreta Carme Conesa. Aunque buena parte de las ideas de Bertold Brecht han sido incorporadas al teatro y al buen cine contemporáneo aún resulta difícil asistir a una representación de este tipo, donde se deja solo al espectador sin saber qué pensar de personajes tan poco simpáticos como Madre Coraje o la Pottier de la Conesa y al mismo tiempo tan verosímiles.

domingo, 21 de marzo de 2010

Los holandeses del Prado en Villanueva de los Infantes


El paseo discurre mortecino entre paisajes invernales y marinas, cacerías y batallas, cuadros de historia y escenas de ermitaños en medio del bosque, cuadros medianos y pequeños, el tamaño acorde a las necesidades de una burguesía joven pero poderosa que acaba de derrotar al imperio español y que, consciente de su poder, está construyendo un modo de vida y una imaginería nueva, muy diferente de los gustos aristocráticos de los antiguos señores. Paseo cansino hasta que un fogonazo de luz emerge del fondo de la sala. Una matrona joven llena con su rotunda presencia casi por entero el cuadro. La luz inunda su regazo y baña en un círculo que se expande la copa nautilus que le ofrece una joven, las manos maravillosamente perfiladas, las hojas de un libro abierto sobre una mesa y el rostro carnoso, refulgente, de la protagonista. Durante siglos se nos ha dicho que era Artemisa, joven y viuda reina de una región oriental que se dispone a beber las cenizas de su amado esposo, Mausolo. La nueva interpretación nos lleva al banquete de Holofernes, el viejo y feroz enemigo de Israel, al que ha sido invitada la joven Judith que, después de embriagarle, le dará muerte. Esa cabeza recién decapitada es la que aparece entre las manos de Judith en otro cuadro sometido a una restauración extraordinaria, Judit presentando la cabeza de Holofernes, de Salomon de Bray. En la imaginación holandesa, Judith representa a la joven república y Holofernes al fanfarrón imperio español que pese a su inmenso poder ha sido derrotado.


La presencia de esta obra maestra de Rembrandt aviva la exposición y acalla las dudas sobre el sentido de una muestra que a pesar de sus 56 obras aparecía con pocos estímulos. No es que sean muchas las piezas holandesas del siglo XVII en el Prado, pero si se las agrupa y separa en un espacio diferenciado aparecen los valores pictóricos e históricos de una escuela fundamental en la historia de la pintura. Es entonces cuando me asalta la idea. Por qué no llevar la exposición tal como está montada a otra ciudad española. No sólo por qué no llevar la exposición a Cuenca o a Sigüenza, a Plasencia o a Soria, por qué no dejarla allí de forma permanente, ocupando uno de tantos edificios del enorme patrimonio español, asociando el nombre de la exposición al edificio. Por ejemplo Los holandeses del Prado en el Hospital de Santiago de Villanueva de los Infantes o Los holandeses del Prado en el convento de Santo Domingo y casa de Mirabel de Plasencia, o, si hablamos de otra extraordinaria exposición, El arte del poder en el Alcázar de Segovia, sin que por ello las obras dejen de pertenecer al Prado y éste pueda recuperarlas cuando le venga en gana. Muchas de estas obras se guardan en los almacenes del museo madrileño y de ellos salen en contadas ocasiones. Para el Prado no supondría merma alguna; pero para la ciudad receptora, el cuadro de Rembrandt, la Judith de Salomon de Bray, La incredulidad de santo Tomás de Matthias Stom; Júpiter y los demás dioses urgen a Apolo a retomar las riendas del carro del Día de Cornelis Cornelisz van Haarlem, La salida al campo de Jan Both o El Gallo muerto de Gabriël Metsu, en cambio, serían un acontecimiento que la haría crecer de forma difícil de prever. En este momento de depresión económica en el que se buscan actividades nuevas, turistas españoles y extranjeros revitalizarían la ciudad, dejarían su dinero, animarían su cansina vida provinciana.


Durante siglos los reyes españoles esquilmaron a la población de este país, los austrias, en menor medida los borbones, exprimieron a los campesinos y artesanos castellanos para continuar sus guerras en Europa con objeto de agrandar su patrimonio, de defender sus posesiones en países o continentes lejanos. Una pequeña parte de ese latrocinio lo utilizaron para ampliar sus colecciones particulares. Desde no hace mucho están disponibles en los museos nacionales para disfrute general, casi todos en Madrid. Por qué no revertir esa riqueza acumulada en los descendientes de aquella gente que contribuyó contra su voluntad a la grandeza de la monarquía hispana. No se trata de dividir el patrimonio español, sino de sacarle el mayor rendimiento, de crear trabajo, riqueza, de dar vida a lugares medio muertos con aquello de lo que nuestro país dispone en abundancia.

jueves, 18 de marzo de 2010

Gente de izquierdas

 Tras el espectáculo de estos días de toda ese gente apoyando a una dictadura que deja que sus ciudadanos mueran en las cárceles,
tiene razón Félix de Azúa, como la tiene Toni Judt (Sobre el olvidado siglo XX):
Quienes nos hicimos adultos en la segunda mitad del siglo XX y nos creímos parte integrante de esa izquierda que, según nuestro interesado juicio, recogía lo mejor de cada país, no sólo estábamos siendo conservadores y acomodaticios al no movernos de ahí a lo largo de las décadas, sino que fuimos deshonestos.
Con el tiempo he dejado de asombrarme ante el espectáculo de la deshonestidad intelecual, la de todos esos periodistas, escritores y políticos
1. ciegos a los datos que les ofrecía la realidad y seguían llamándose progresistas y de izquierdas
2. prontos a llamar derechistas o fascistas no a los que objetivamente podrían estar en esas posiciones, sino a quienquiera que ponía ante sus ojos los datos objetivos mediante los que quedaba en evidencia su deshonestidad,

por tanto he comprendido que el seguir situándose en el campo de la izquierda no era otra cosa que mantener su trabajo o la posición social o cultural de privilegio que ostentaban,
por lo que, si ser de izquierdas y progresista es luchar por la igual de oportunidades, por la justicia y por el esclarecimiento de la verdad, gente tan deshonesta no puede estar en ese campo, sino al contrario formar parte de la reacción que ciega el acceso al conocimiento para que todo siga igual.

Remata, Felix de Azúa:
La gigantesca nube de horror del Novecientos tiene, además, una característica peculiar. A diferencia de los tiempos antiguos, en el siglo XX se expande y domina una fuerza de choque ideológica que desde el caso Dreyfus se denomina "la intelectualidad", la cual se encarga de justificar todas las salvajadas pretendidamente izquierdistas. De ahí el "olvido" y la buena conciencia.
A comienzos de siglo, tras la primera guerra mundial y la revolución rusa, la parte mayor y mejor de esa intelectualidad europea apoyó lo que se solían llamar "posiciones de izquierda". Y entonces lo eran.
El drama es que a medida que el siglo avanzaba, las "posiciones de izquierda" iban dejando de ser de izquierda y se convertían en mero usufructo de intereses de partido, cuando no económicos y de privilegio. La derecha nunca ha tenido necesidad de justificar sus infamias, no trabaja sobre ideas sino sobre prácticas, pero se suponía que la izquierda era lo opuesto. En la nueva centuria ya no hay diferencia.



miércoles, 17 de marzo de 2010

Gregory Crewdson

Ya lo hemos visto antres. Hopper. Lustrosas, bonitas, fuera de época, esteticistas, encantadas de haberse conocido. El resultado y el cómo se hizo. De ningún modo retratos de nuestra época, reflejando la soledad y el aislamiento de la clase media estadounidense. Ese mito ya se forjó hace décadas, un mito en papel couché, tan bonito de ver como mentiroso. Destripando el sueño americano, dicen.


"Se trata de tres fotografías en gran formato y 15 'production stills' (algo así como el 'cómo se hizo' de cada instantánea), la mayoría pertenecientes a su serie 'Beneath the roses'", en la La Fábrica Galería (Madrid).

martes, 16 de marzo de 2010

Los siete argumentos literarios



Elvira Lindo me lleva tras la pista de un libro sugestivo, The Art Instinct, del neozelandés Denis Dutton, que ya está disponible en español (Paidós). La novelista Margaret Atwood lo pone en el lote de los diez obsequios que el escritor principiante debería recibir. Junto al libro de Dutton, señala que para ponerse a trabajar el joven escritor debe contar con un cuaderno para tomar notas aquí y allá, una cajón donde guardar los proyectos abandonados, un diccionario de sinónimos, un manual de estiramiento para enderezar la columna y solventar otros problemas y algunos otros libros como How Not to Write a Novel, de Mittelmark and Newman.

El libro de Dutton ha levantado alguna polémica en el mundo anglosajón al establecer una relación directa entre el arte y la evolución, siendo la creación artística un reflejo de ésta. El gusto y las preferencias artísticas habrían ido conformándose por selección natural, no estarían por tanto determinadas por el entono cultural como se había sostenido hasta ahora. La belleza respondería a patrones universales.
"La mayor parte de nuestras preciadas singularidades las compartimos con casi todo el mundo; yo no me había parado a pensar hasta ahora que este paisaje tan íntimo, tan exclusivo de mi vida, no tiene nada de original: se parece a muchos de los que ha representado durante siglos la pintura y a los que pueden verse en fotografías e ilustraciones de innumerables calendarios; también se parece, estadísticamente, al que aseguran preferir la inmensa mayor parte de los seres humanos, sin que importe la parte del mundo en la que viven. Lo cuenta Dennis Dutton en un libro que yo acabo de descubrir, The Art Instinct, una investigación sobre las raíces evolutivas que pueden rastrearse en la universal propensión humana a crear y disfrutar lo que parece de tan poco valor práctico, obras de arte, relatos, músicas".(Muñoz Molina)
Por otra parte, en Los siete argumentos básicos, Christopher Booker propone que tan sólo existen siete argumentos posibles en literatura. A saber, (tal como los presenta Elvira Lindo):
1. la lucha contra el monstruo;
2. de los harapos a la riqueza;
3. el héroe que viaja para salvar a su patria y conseguir el amor de la princesa;
4. el viaje a un lugar extraño y el regreso a casa;
5. la comedia, donde reina la confusión hasta que todo encuentra su orden;
6. la tragedia, donde el ser humano se extralimita y ha de enfrentarse a terribles consecuencias,
7. y el renacimiento que tiene lugar tras un traumático aprendizaje.

lunes, 15 de marzo de 2010

Providence aka PVD aka "Sara tenía un cuerpo antológico"

Álex Franco, un cineasta español, conoce en el Festival de Cannes a una misteriosa mujer, Delphine, que le propone realizar una nueva película... También esta vez he necesitado de la dinámica del viaje -varios- para leer esta novela. Y me ha sorprendido, ya en la estática de la mesa camilla, la unanimidad de los críticos al situarla por encima del humano juicio -por las nubes. Sospecho que tienen dos razones inconfesables: toman al autor por uno de los suyos -en la solapa se lee que es escritor, crítico literario, doctor en Filología Hispánica y profesor-investigador de la universidad de Brawn. La segunda, que no la han leído -hay quien se conforma con analizar la imagen de portada-, salvo alguna excepción.
Obligado por las alabanzas de Jordi Costa he asumido el reto. He de confesar dos cosas: me he sumergido en un océano de aburrimiento y afirmo que el autor no alcanza su objetivo, que la novela sea inolvidable, que despeje caminos hacia la forma literaria del siglo XXI, como quiere el crítico Costa, que describa mejor la nueva sociedad que otros autores. Los amigos críticos del autor protestan de que no se llevara el premio Herralde; yo protesto de que quedara finalista.

La razón primera del fracaso del autor se debe a sus prejuicios. No se puede construir una novela haciendo que gire en torno a los principios, cuando sabemos por Groucho Marx que son intercambiables por los que tenemos debajo de la mesa. El autor no se rebaja a tratar con la humana condición: imperfecciones, angustia, dudas, infelicidad, traiciones, llanto, arrepentimiento y culpa. En este libro las frases caminan sobre raíles, sin desviarse un ápice. Prefiere un mundo de estereotipos, de personajes bidimensionales, de dualismo moral. Sólo hay ideas, sobre el mundo, sobre las cosas, y todas ellas falsas. El crítico amigo diría que estoy ciego, que es propósito del autor jugar con el pastiche, que los personajes-máscara, que las paráfrasis, que las comparaciones fáciles, que los clichés, que los plagios, que sus técnicas son las del fanzine, las de los géneros cinematográficos, literarios o de los seriales televisivos, ya sean el thriller político o el de espías, el porno o la comedia, el drama psicodélico o la ciencia-ficción. Y si añadimos la cosa del videojuego y los términos de la nueva cacharrería tecnológica -aunque me da que su conocimiento del tema es somero- tenemos una novela rompedora, el alba de la literatura española del XXI. Totalmente insuficiente, diría yo, para justificar sus frases hueras, la profusión, la logomaquia, la paráfrasis, la desmesura de sus párrafos-secuencias. En todo caso, no consigue, aunque lo pretenda, cabalgar como un nuevo Cervantes sobre los libros de caballerías. Las enumeraciones, la suma de nombres -cineastas, escritores, actores, mujeres con las que se acuesta el protagonista, cachivaches- no hacen la cosa. A medio camino entre La invención de Morel y el Matrix de los hermanos Wachowski, Providence es un globo tan hinchado que no hay rastro de la concisión literaria y el ingenio de Bioy Casares o de la diversión que proporcionan los ex carpinteros de Chicago, que serán simples pero no aburridos.

Tampoco sirven los variados escenarios internacionales, salpicados de tomas y temas, de subniveles y exégesis, de insertos y demás -la estructura con toda la parafernalia del guión de cine es una tomadura de pelo; ni los juegos de palabras, ni las claves que requieren entendimiento, ni la pintura del prota, un tipo confeccionado al estilo Goytisolo, puro y asqueado del mundo corrupto, del que, sin embargo recibe encargos y premios, asiste a sus cócteles y universidades y con cuyas mujeres folla sin sosiego -250 páginas seguidas de porno en una novela de 600. Un mundo cuyas miserias y duplicidades hay que destruir -con rascacielos incendiados y su gente dentro -"¿Inocentes?, no hay inocentes en este mundo, ni siquiera los no nacidos", afirma, lo de las Torres se lo tenían merecido-, o desvelar, ahora que tenemos la tecnología a mano para hacerlo visible aquí, ahora y para siempre.

¿Y el tema? Oh, el tema. La Europa decadente y la pérfida América, esa plataforma espectral. La parte del león es la llegada del prota a los USA, un director de cine navajero, es la palabra que el narrador utiliza -a lo David Lynch y Tarantino-, es decir, debelador salvaje del sistema-, donde follará sin parar, se drogrará con pastillas azules y será humillado, apaleado y sodomizado, para descubrir la verdadera naturaleza del sistema americano, un gigantesco campo de concentración. Una visión que viene de la ficción que construyen sus prejuicios, pero que el prota y el narrador y todos los que opinan como él toman por real. Novela no del siglo XXI como dicen sus amigos críticos sino del XIX o del XVIII, emparentada con aquellos escritores escatológicos que veían en la industrialización y la tecnología el fin del mundo.

Volviendo del revés una frase del libro, termino pidiendo a los lectores: "Enciendan los televisores, convénzanse, hay mucho que ver", olvídense de este tipo de literatura, tan discursiva, tan llena de adjetivos, construida con todos los tópicos del buen pensar, y miren los seriales americanos, tan divertidos, tan instructivos, el verdadero género del siglo XXI. Así cumpliremos el deseo del prota-narrador: “El sueño y el aburrimiento me vencen al anotar estas líneas sabiendo que nadie las leerá nunca”.

Del tono sintáctico, semántico y moral da cuenta este fragmento:
Al final, asqueado de la comedia publicitaria con la que pretendían maquillar el fracaso de la película, acabé llevándome a una de las maquilladoras a casa. Iba a decir que casi la secuestré de entre el almodovarianoSara" (por darle un nombre poco indicativo) era una mujer corriente, consciente de su clase y sus posibilidades, pero sexualmente atractiva, en su treintena, casada y con varios hijos. No soy un santo, nunca lo pretendí, tampoco un estafador. Estaba a mano, como suele decirse. Me acompañó en coche al apartamento de María de Molina con la vieja excusa de tomar una última copa, para qué andarse con rodeos en esto, y mostrarle algún corto juvenil de los míos, esos que me devuelven, cada vez que los veo solo o con alguien de confianza, la creencia en mi talento. No me dio tiempo, a los cinco minutos del primer trabajo que me proponía mostrarle (mi parodia de la parodia del subgénero de aeropuertos, Aterriza como puedas, que ganó un premio a principios de los noventa en un festival de provincias de cuyo nombre no podría acordarme aunque quisiera, y tampoco quiero, no me sirvió para nada), "Sara" montó un numerito sicalíptico para desnudarse frente a la pantalla de plasma que me cautivó de inmediato. (...) Como muchas mujeres de rostro sin demasiado atractivo, lo he visto a menudo, "Sara" tenía un cuerpo antológico y sabía utilizarlo con técnica impecable, en posición horizontal o vertical. Era un fenómeno de la naturaleza, esa clase admirable de mujeres que se pasan todo el día trabajando a destajo y luego todavía reservan energía sufuciente para divertirse por la noche  o hacer felices a sus afortunados acompañantes. Follamos como más me gusta, sin malentendidos ni aderezos sentimentales, turnándonos en tomar la iniciativa sobre el cuerpo del otro a fin de procurarnos la mayor cantidad de placer posible. Consumando la democracia de los cuerpos, la única verdadera, toda utopía es promiscua o no es.

sábado, 13 de marzo de 2010

Delibes no era el alma del castellano

Estas cosas se han dicho, con evidente exageración:
 Delibes, el inventor de Castilla.
Muere Miguel Delibes, alma del castellano.
"Era la voz austera de un país sumido en el silencio; la más alta cima de la literatura española". (ZP)
"La mejor representación del alma castellana" . (Esperanza Aguirre).
"Delibes va a estar siempre muy vivo. (González Sinde).
Gustavo Martín Garzo destaca el carácter "humano" de Delibes.
"Toda Castilla gravita en las páginas de Delibes". (García de la Concha).
"El verdadero dueño de la lengua". "Pero sus novelas no son hijas de las costumbres, exclusivamente; su observación va más hondo: conduce la historia para que se vea el alma" .(Juan Cruz).
El mejor homenaje, por supuesto, es leerlo.
Las cosas podían haber acaecido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba...  (El Camino).
Después de cerrar la puerta, tras la última visita, Carmen recuesta levemente la nuca en la pared hasta notar el contacto frío de su superficie y parpadea varias veces como deslumbrada. Siente la mano derecha dolorida y los labios tumefactos de tanto besar.
Y como no encuentra mejor cosa que decir, repite lo mismo que lleva diciendo desde la mañana: «Aún me parece mentira, Valen, fíjate; me es imposible hacerme a la idea». (Cinco horas con Mario).


Yo nací en Ávila, la vieja ciudad de las murallas, y creo que el silencio y el recogimiento casi místico de esta ciudad se me metieron en el alma nada más nacer. No dudo de que, aparte otras varias circunstancias, fue el clima pausado y retraído de esta ciudad el que determinó, en gran parte, la formación de mi carácter.
De mi primera niñez bien poco recuerdo. Casi puede decirse que comencé a vivir, a los diez años, en casa de don Mateo Lesmes, mi profesor. Me acuerdo perfectamente, como si lo estuviera viendo, del día que mi tutor me presentó a él... (La sombra del ciprés es alargada).

viernes, 12 de marzo de 2010

Telephone, Lady Gaga y Beyoncé

Telephone, video de Beyoncé y Lady Gaga, dirigido por Jonas Akerlund, ambientado en una cárcel. Una peli de 9 minutos, creatividad, diversión.


jueves, 11 de marzo de 2010

El argumento mostrenco

Como propósito para sanear el paisaje de cara a la primavera naciente podríamos rechazar el saludo de aquellos que persisten en utilizar el argumento mostrenco. Llamo argumento mostrenco a quienes para anular un hecho que les disgusta recurren al "y tú, más". He aquí un muestrario:
"Es simplificar una vez más... prefiero un millón de veces lo que ha logrado la revolución cubana que lo que han hecho los bancos y Emilio Botín; es peor el embargo de Estados Unidos a Cuba, y es peor lo que pasa en Guantánamo. Lo que se aplica es un doble rasero, sobre todo desde el PP, que se niega a condenar una dictadura fascista, con cientos de miles de desaparecidos, y arremete contra Cuba". (Willy Toledo).

"Respeto a alguien capaz de hacer una huelga de hambre y morir por lo que cree, pero no lo comparto. En Cuba se aplica una lupa, se magnifica todo porque conviene a los enemigos de la justicia social, aunque no aplaudo todo" (Eduardo Galeano).
"El partido ya hizo revisión de la etapa soviética. En la actualidad, centrar el tema de los derechos humanos en Cuba es una tontería, cuando hay tantos problemas con los derechos humanos en el mundo. No hay ni una declaración del Parlamento español condenando Guantánamo. Hay mucho cinismo. Cuba es un referente para América Latina". (José Luis Centella, secretario general del PCE).
Hace poco se puso en marcha una enciclopedia online que pretende documentar lo que llaman violencia masiva, para no utilizar palabras tan cargadas como holocausto y genocidio. En ella se aprecia que las grandes barbaridades las han cometido ideologías de todos los colores, por lo que es insano defenderse argumentando que los tuyos, más. Hagamos un repaso de algunas de esas barbaridades.

Mike Davis en su libro, Los Holocaustos del fin de la era Victoriana, habla de entre 30 y 60 millones de personas que murieron en las hambrunas mundiales causadas por la desidia y el malthusianismo del colonialismo, en especial británico, a finales de siglo pasado.

Todo el mundo ha oído hablar del holocausto, aunque algunos prefieren Shoah si hay que referirse al asesinato de los judíos: aproximadamente unos 5,7 millones fueron asesinados por el régimen nazi. El historiador Timothy Snyder en un reciente artículo hace precisiones interesantes al respecto. A eso habría que añadir unos tres millones de soldados soviéticos capturados que murieron de hambre o de enfermedad como prisioneros de guerra en los campos alemanes. Los alemanes mataron a algo más de diez millones de civiles en acciones que constituyen el mayor asesinato en masa, la mitad de ellos judíos y la otra mitad no judíos. Además de los judíos otros grupos humanos como gitanos, prisioneros de guerra, polacos, eslavos, discapacitados, homosexuales y disidentes políticos y religiosos fueron también objeto de persecución y asesinato durante el nazismo.

Por el Gulag, el sistema de campos de trabajo soviéticos, pasaron unos 30 millones de personas y murieron unos tres millones. Además del Gulag, Stalin utilizó el hambre y los fusiles para matar deliberadamente. Dos fueron las políticas estalinistas de asesinato: las hambrunas de la colectivización de 1930-1933 y el Gran Terror de 1937-1938. En 1930-1932 un millón de kazajos murieron de hambre. Entre 3 y 7 millones de  ucranianos soviéticos murieron en el invierno de 1932-1933. Esta masacre es conocida como la gran hambruna o Homolodor, asunto sobre el que el Parlamento español ha votado no incluir en la programación de Historia.

También es conocido el terror del régimen de los Jemeres Rojos Camboya, el partido político que gobernó la llamada Kampuchea Democrática de ideología maoísta entre 1975 y 1979, con una concepción extremista de revolución que provocó entre 1,7 y 3 millones de muertos.

En la China comunista del Gran Salto Adelante protagonizado por el régimen de Mao Tse Tung murieron unos 30 millones de personas.

En Ruanda, en 1994, tras el asesinato del general Juvenal Habyarimana se desencadenó una serie de matanzas contra los tutsis en las que probablemente murieron unas 800.000 personas.

Lo que ocurre en Cuba no es comparable a esas barbaries, hay que situar cada suceso histórico en su justo contexto, pero ninguna barbarie justifica otra, a ningún asesino le redime otro asesino.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Por qué grita tanto esa gente


Porque veamos, quiénes son esos manteros que Miguel Bosé desprecia tanto, ¿acaso son de peor calaña que los oscuros personajes que extienden o extendían la mano a la entrada de las iglesias? No he comprado nunca uno de esos cds o dvds que pregonan los manteros, ni he dado limosna, acaso por un resabio de moral hipócrita. No hace falta decir de que albañal vienen unos y otros, que callejones recorren para llegar hasta el atrio, que caras hoscas les han escupido un no cuando han ido a pedir empleo o cuando les han despedido o quizá tan sólo sea su seco orgullo el que les lleve a malvivir de esas escasas rentas.

Pero no es esa la cuestión que me interesa. ¿Alguien se ha fijado en el contenido de esos cds y dvds? ¿Alguien se pasea por las páginas más conocidas de descargas? ¿Cuántas películas españolas, cuantos discos o canciones de autores españoles descargan los internautas españoles? El porcentaje es escasísimo, ridículo, yo diría más, la mayor parte de la gente desprecia los títulos españoles. Se encuentra de todo en las páginas de descarga, pero sólo hace falta ver lo que se repite una y otra vez para ver qué es lo interesa, qué es lo que se piratea. Películas y series, muchas series, americanas y música de grupos internacionales.
Entonces porque ese cacareo, por qué grita tanto esa gente a quien nadie hace caso, de quien todo el mundo pasa, que la mayoría desconoce, desprecia, se ríe, mira como titiriteros sin gracia. Es muy sencillo viven de un privilegio, exigen el privilegio que otorga ser artista. El mismo privilegio de los señores de antaño, aquella gente despreciable que cobraba a los humildes peajes por pasar el puente, peajes por moler en el molino, peajes por cruzar las murallas. El mismo privilegio. Artista, se dicen, sin el menor rubor.

Quizá haya que compensar de algún modo a los creadores verdaderos, pero esos no son de este país: la SGAE debería dar las recaudaciones a los productores de Avatar o de Up in the air o a los miembros de Oasis o como quiera que se llamen los grupos musicales que están triunfando, pero por qué tienen que sostener la incontinencia verbal de Ramoncín o la desconchada marca Victor Manuel, que nada producen o crean, que son un manchurrón en el cristal que impide contemplar el paisaje.
 
Hubo un tiempo no muy lejano en que los artistas locales vendían algunos discos de vinilo -Julio Iglesias el que más, que no protesta, no Ramoncín- pero se ganaban la vida en las galas televisivas, en las giras veraniegas por provincias, en contratos publicitarios. Si ya no chutan, por qué tenemos que seguir manteniéndolos. Había quien compraba sus discos para guardarlos, otros, la mayoría, copiaba sus canciones de la radio o pedían los discos a un amigo, ahora se puede hacer lo mismo yendo a las bibliotecas de barrio. Lo mismo pasaba y pasa con los libros. ¿Qué ha cambiado para que engorde como está engordando el monstruo de la SGAE? ¿Qué fuerzas políticas consienten tal privilegio? Lo más curioso es que a eso que fue abolido por la Revolución Francesa o por las Cortes de Cádiz, a ese privilegio lo llamen progresismo.
Nos cobran el canon si compramos dvds vírgenes o memorias para almacenar fotografías o documentos. ¿por qué tenemos que pagar esos peajes a esos señores tan antipáticos, cuyas películas aborrecemos, cuya música apenas escuchan algunos treintañeros retro?

martes, 9 de marzo de 2010

¿Zapata?, yo no sé quién es -balbucea el cantante

Poner en primera del periódico a un famoso con tirón tiene sus inconvenientes, aunque sean famosos gastados por tantos años de comparecencia. Es posible que la renovación no se produzca y tengan que tirar de los viejos rockeros. Es vistoso el estallido de confeti y pólvora mojada que el famoso lustra con su nombre: "El PP es un molusco con tentáculos como medusas". El problema viene si atraídos por la traca se bucea en la entrevista, entonces se leen cosas como estas: 

Cuando veo un mantero con mis discos, tiro de la manta y llamo a la policía. Me está robando.
Cosas que un político profesional no diría jamás, tan tontas, tan ridículas, tan poco convenientes para aumentar la cotización en la bolsa de valores populares. Cosas que empequeñecen a esos famosos, y estropean la causa para la que se les usa, a los que no se debiera preguntar y sólo mostrar en contadas ocasiones, detrás del escenario y aplaudiendo, porque si se les da cancha y se les hace abrir la boca y se les muestra como líderes de opinión entonces aquellos brillos de la portada apenas relucen en la sentina en la terminan cayendo:
P. ¿Qué opina de la muerte del disidente Orlando Zapata?
R. No le conocía. Pero el ensañamiento con Willy Toledo ha sido desmesurado. Viene de los que están interesados por el negocio del conflicto.
P. Pero Zapata no era un delincuente común...
R. Ya, pero es que yo no sé quién es. No tengo una información clara, y el Gobierno cubano tampoco la da. No sé qué creer.
 Esta tarde se presta el cantante a una de esas entrevistas digitales donde los famosos son tan francos y espontáneos que dan lo mejor de sí mismos. Le preguntan sobre lo de Cuba, sobre el festival en el que participó en La Habana, y, efectivamente, da lo mejor de sí mismo:
Nuestro discurso no era político. La paz, o el derecho a la paz, o el derecho a vivir en paz, está por encima de cualquier ideología. Por ello es un denominador común entre todos los ciudadanos. Uno de los grandes logros fue el pacto que todos los artistas allí presentes, con ideologías muy diferentes, conseguimos mantener para de forma universal, como es el derecho a la paz, estar cerca de la gente y del pueblo. Independientemente de la situación que vivían.
Franco y Fidel hermanados por Miguel Bosé. Exactamente, 51 años de paz, algo más del doble de aquellos 25 años de paz, lema de aquel régimen que tanto denostaba la política, como Fidel, como Miguel Bosé y sus compañeros artistas, lema del que tanto nos reímos y burlamos y padecimos.

A Miguel Bosé le secundan, hoy, sus compañeros los artistas, esa indecente reacción. Una pandilla de reaccionarios que defienden un régimen pre o posdemocrático, gobernado por oligarcas del ideal -un ideal roto, descosido y embadurnado de sangre y barro-, y reaccionarios porque quieren recuperar la época del privilegio, aquella en que la nobleza y el clero subyugaban a la mayoría de la población con exacciones y trabajos forzados, ellos, artistas, que reclaman el lugar especial, de privilegio, que tuvo la nobleza.

lunes, 8 de marzo de 2010

Banalizar

No sé si por distracción, por negocio o por espíritu del tiempo existe una irresistible propensión a banalizarlo todo o casi todo. Banalizar significa apagar el juicio crítico o amortiguarlo o presentar como valioso lo que no lo es, igualar lo bueno y lo mediocre o mirar con perspectiva -¿no se dicen así?- las barbaridades del pasado o las atrocidades que nos pillan a trasmano. Cómo entender si no al conservador jurado de Hollywood que prefiere como mejor película extranjera la sosa, benévola y banalizadora El secreto de sus ojos por encima de películas con más enjundia como La cinta blanca o Un profeta. Banalizan los autores de la película argentina porque enmarcan una historia amorosa y prescindible en un contexto de horror como fue el que propició la dictadura argentina que se valió de la tortura, del asesinato, de la desaparición para someter a su nación.

Una banalización parecida a la asistimos con impotencia cuando Martin Scorssese en su Shutter Island muestra, para ilustrar los agitados sueños del protagonista, un montón de cadáveres amoratados, apenas velados por unas hierbas resecas, que remiten a Dachau, campo de concentración (¡no de exterminio como Auschwitz!) que se supone que liberó el protagonista como soldado en la guerra mundial. Banaliza Scorssese porque esos cadáveres no tienen objeto en la película, a lo más son un cuadro figurativo en la pared de un despacho, no documentan, ni denuncian nada, sino mero juego con el espectador para sacarle los cuartos.

Como banalizan ese montón de amigos que se reunen en una ciudad del sur junto a la madre de un juez y montan un acto digno de las noches de Telecinco para reivindicarlo y santificarlo, cuando se supone que la justicia es ciega y sorda y hasta muda en tanto no se pronuncia con independencia en un auto.

Igualmente incomprensible y banal y tonto es sentirse gallego, pongo por caso, y hacer de ello una bandera y sentirla mancillada si en una conversación más o menos espontánea un político echa mano del estereotipo para hablar de si los gallegos están mejor o peor considerados o si el presidente del gobierno es más o menos gallego en su comportamiento. Como banaliza este escritor gallego que se vindica como tal, y que alguna vez apuntó maneras, como dicen los cronistas deportivos, pero que ahora, el día que Rosa Díez era agredida en la Autónoma de Barcelona- se conforma y se conforta con hacer de un chiste un tratado de metafísica. (Lo peor no es que nos quiera salvar ["La señora Rosa Díez"]. Lo peor es que nos quiere aburrir en nombre de España).

Quien no banaliza es el autor de Shoah, Claude Lanzmann, en una entrevista en El Mundo, a quien los banalizadores deberían leer o mirar su película o preguntar si no lo entienden qué quiere decir cuando dice:
No me canso de repetirlo. La cuestión "¿Por qué han matado a los judíos?" es obscena. Es una obscenidad absoluta. No hay nada que comprender. Todo ese tipo de explicaciones: que si la crisis económica, que si los orígenes judíos del propio Hitler... Obsceno. La razón del crimen no hay que buscarla en la víctima sino en el criminal. Es como si se buscara un razonamiento armónico que explique la violencia. Se trata de un empeño reduccionista que quiere acabar con el extrañamiento dela violencia.
 Y sobre La vida es bella y La lista de Schindler dice,
La vida no es bella. Esto es obvio. Y creo que Spielberg, al que respeto, se informó poco.

viernes, 5 de marzo de 2010

An Education (Una educación)

Viendo esta An Education británica recuerdo el Free Cinema de los años 50 y 60 -Un sabor o miel o Un lugar en la cumbre- por su intento de reconstruir los frenos y rebeldías de aquella época, la hipocresía de una sociedad que quería medrar aparentando lo que no era. Sin embargo, aunque la superficie de la época está bien reflejada, al menos la que aparecía en las portadas de las revistas de entonces, el fondo de aquellos jóvenes airados apenas queda como un eco. Algunas secuencias que muestran la distancia entre el padre y la hija protagonista, la crítica muy somera de valores que nos resultan tan lejanos y el reflejo coloreado y brillante del inconformismo que aquellos directores y guionistas querían trasladar desde el continente -Nouvelle vague- a las islas. Claro que Jack Clayton, Tony Richardson o John Osborne lo vivian y querían cambiar su sociedad y los productores de esta peli sólo quieren reconstruirla para hacer caja. El espectador asiste a la peli como a una de romanos o a una del oeste, tan lejano nos resulta aquel tiempo, aunque fuésemos entonces protagonistas.

Sin embargo, había otra posibilidad. La de actualizar el conflicto moral que surge de la relación entre un hombre de mundo, vitalista, atractivo, ambiguo y una muchacha de 16 años a la que seduce. Aquí el referente es el Tom Ripley de Patricia Highsmith, personaje también concebido por aquellos años -El talento de Mr. Ripley es de 1955. La primera mitad de la peli juega con la idea de los jóvenes rebeldes frente a la hipocresía familiar. La segunda con la ambigüedad moral del hombre que seduce a una menor, aunque no tanto, pues la protagonista es una chica lista que se prepara para entrar en Oxford. Las dos partes están poco desarrolladas y más parecen un cromo bonito, muy bien ilustrado, que una seria reconstrucción de época a lo que tanto y tan bien se aplica el cine inglés o una peli que haga reflexionar sobre asuntos morales. El Ripley de An Education además está repartido en dos personajes, el encantador y atractivo hombre del que se enamora la estudiante y un amigo suyo amante de la música y tramposo coleccionista de obras de arte y objetos valiosos robados. Pues eso, producto para hacer caja.

jueves, 4 de marzo de 2010

Un chorro de luz sobre la sociedad catalana

La actual discusión en el Parlament catalán sobre si ha de prohibir o permitir las corridas de toros muestra a las claras, y quizá como efecto no deseado por quienes abrieron el debate, las características propias de la sociedad catalana, que no son otras que las de cualquier sociedad abierta y democrática, a saber, que existen opiniones encontradas sobre cualquier sujeto de discusión. Sin embargo es propio de los nacionalistas secuestrar la opinión y dar por hecho y hasta imponer que un pueblo, una nación, camine hacia la ermita en una única procesión. Y así las corridas, de escuchar a los nacionalistas que más gritan, serían propias de pueblos bárbaros como los españoles, con quienes los catalanes nada tendrían que ver y como en tantas otras cosas cabría hacer borrón y cuenta nueva. Pero al no ser las corridas de toros un asunto no troncal para la centralidad catalana, expresión que les gusta utilizar, como pudiera ser la propia idea de nación o los asuntos económicos con los que no se juega, se han podido expresar en la comisión del Parlamet ideas antitéticas pero igualmente representativas de una sociedad que como todas tiene opiniones múltiples y encontradas sobre cualquier tema, lo que hace a la sociedad catalana semejante a cualquier otra sociedad, incluida la española. Sirva este jarro de luz para ventilar el salón catalán tantos años secuestrado por una única voz.

miércoles, 3 de marzo de 2010

El poder trata sólo del poder, y punto


Si este actor madrileño que una vez se burló de la boda de la hija de Aznar -Alejandro y Ana-, y bien que hizo si ello le reportó fama y dinero y acaso consideración, comprendiese que el objeto del poder, según cuenta el periodista polaco Artur Domoslawski que aprendió de su maestro y sin embargo criticado Ryszard Kapuscinski que el poder no trata del progreso y del bien de la gente, que el poder trata sólo del poder, y punto, entonces comprendería que no hay subtexto en la revolución cubana, que su objetivo fue quítate tú que me pongo yo, bajo la excusa de la elevación del pobre y del humillado, y si así lo hubiese comprendido entonces serían de todo punto aceptables sus palabras sobre el albañil Orlando Zapata, el negro Zapata, cuando de él dijo que Orlando Zapata no era más que un delincuente común, dichas con la frialdad y desapasionamiento de quien sólo ve poder y conservación de poder en los actos de los hermanos Castro, pues siendo como era un pobre y humillado, el negro Zapata, no se esperaba del poder cubano, de la revolución cubana, su elevación y libertad al oponerse al poder de los hermanos Castro, sino tortura y vejación en las cárceles cubanas mientras moría durane 86 días con sus correspondientes noches, aunque si así lo hubiese comprendido el actor madrileño de Animalario, entonces no se entiende y desconcierta su compañía y afecto a Aminatu Haidar cuando se negó ésta a comer en el aeropuerto de Tenerife durante varios días para protestar contra la vejación a la que le sometía la monarquía alauí que además de imponer trabas a su expresión la despojaba de su pasaporte y movilidad, a no ser que diese por bueno el subtexto de la dictadura castrista, laboramos por los pobres y oprimidos, y por malo el de la monarquía alauí, trabajamos por la elevación de los creyentes, y entonces, si así fuera, resultaría que no da crédito a lo que el periodista polaco Artur Domoslawski dice de su maestro Ryszard Kapuscinski, a saber, que ayudó a un entendimiento universal de los mecanismos del poder, y si así fuese, si el reportero Ryszard Kapuscinski tuviese razón, entonces el régimen cubano y la monarquía alauí no son distintos y ambos cumplen igualmente con su objetivo que es mantener el poder, pues el poder no trata del progreso y del bien de la gente, sino que el poder trata sólo del poder, y punto, y por tanto Aminatou Haidar y el albañil Zapata no serían otra cosa que delincuentes comunes, pues ambos, cada uno en una geografía diferente, se oponen al objetivo primordial de los poderosos que es conservar su poder, conclusión que probablemente el actor madrileño no estaría dispuesto a admitir, como tampoco aceptaría que el expresarse con la contundencia con que acostumbra, incluso sobre las tablas de un escenario, podria ser causa en un país como en el que vive, trabaja y come, de quebanto y hasta de cárcel y tortura y tuviese entonces que resarcirse de la humillación, si fuese el caso, haciendo huelga de hambre hasta morir, aún a costa de que le llamasen delincuente común, pues no se espera de un país como éste en el que vive, trabaja come y se expresa con la contundencia con la que en él es habitual que las cosas ocurran de ese modo, bien que el objetivo primero de los políticos de aquí tampoco sea el progreso y el bien de la gente, sino alcanzar y mantener sólo el poder, y punto, por lo que se entiende que el actor madrileño no se mude de país dejando éste en el que puede expresarse con su habitual contundencia por ese otro en el que el delincuente común Orlando Zapata ha muerto tras 86 días de huelga de hambre por no aceptar someterse al régimen de los hermanos Castro que impide que ciudadanos o súbditos o camaradas o cualesquiera que sea la condición de sus habitantes se exprese si no con la contundencia del actor madrileño sí con la libertad y dignidad propia de cualquier ser humano en un país con reglas cabales y justas.

La democracia es ese raro sistema que permite a los individuos expresar opiniones en contra del sistema y a favor de otros sistemas que no les permitirían el menor asomo de disidencia. La democracia es también ese sistema en el que podemos compatibilizar la denuncia de cualquier pequeño atropello a nuestras libertades con la defensa de dictaduras liberticidas.(...) Las personas decentes anteponen los derechos humanos a las ideologías. Y, desde luego, convendría elegir a otros representantes para liderar causas humanitarias. (Elvira Lindo)

El castrismo creó gracias a los subsidios de Moscú el mayor sistema de atención social de América Latina, pero esa munificencia entró en coma al mismo tiempo que la URSS, provocando la caída del PIB cubano un 24% en 1991 y un 15% en 1992, pese a lo que La Habana tiene que gastar 600 millones de euros al año en subvencionar alimentos, de los que importa un 80%, y 275 millones para comedores obreros. (M.A. Bastenier)
Si las autoridades no son crueles e inhumanas, que liberen de inmediato a los presos políticos que están enfermos y pronto pudieran convertirse en otros Zapata. Si muero, que el mundo se percate de que el Gobierno deja morir a sus opositores y que lo que le ocurrió con Orlando no es un caso aislado. (Guillermo Fariñas, en huelga de hambre).

martes, 2 de marzo de 2010

Miriam va a tener un hijo

 

Miriam va a tener un hijo. Ayer mismo era una niña. Parece que tiene novio. La información que manejo es escasa, apenas unas palabras cogidas al vuelo junto a otras -fiestas de cumpleaños, la urgencia de unas oposiciones para una chica primeriza, el tiroteo entre policías y ladrones a unos metros de casa, el calor de Barcelona, la lluvia de la meseta- y todas con parecida relevancia. Miriam era una niña cuando yo era el padre poco cuidadoso de una amiga suya. Ellas vivían y yo era un fantasma sin sábana blanca, pero con la cabeza llena de nubes esponjosas. Un fantasma en los cumples, en las reuniones de padres, en sus citas de chicas que preparan exámenes o que se agitan antes de acudir a una fiesta.

Es la vida. Casi siempre ha sido así, una de las primeras cosas que hacía o que le sucedía a una chica recién crecida era tener hijos. El aprendizaje, la moralina, las prevenciones y las consejas es cosa reciente -también antigua, igual de inútil- de las películas y las clases de educación sexual que introdujo el espíritu LOGSE. No hay experiencia que valga. Los padres aprenden sobre la marcha. Quizá haya influido la prevención de Miriam ante la contracepción y contra el aborto. Sus medios son escasos. Ahora iba a comenzar un trabajo de venta telefónica. Veo la sombra que llega, el círculo que se cierra, las brujas con las escobas; no, en realidad ahora el dedo índice está en el papel satinado, a plena luz en las pancartas y en los ppt aleccionadores de las clases de ética o de ciudadanía. ¿Cómo lo hicieron nuestros padres, es decir, los abuelos de Miriam? No lo hicieron tan mal si nosotros estamos aquí, tan conscientes, tan ufanos, tan temerosos. Y apenas tenían recursos. Enhorabuena, Miriam.

lunes, 1 de marzo de 2010

Un profeta

Puede haber quien piense que el adorno y la descripción emperifollada y locuaz enriquecen el lenguaje y el conocimiento de lo real. Yo pienso lo contrario. En la literatura de la que venimos más era más, pero en la narración que emerge con fuerza, en el cine, en las series televisivas, menos es más. Descripción de las cosas mediante acciones, gestos y movimientos; palabras las justas.
Un profeta, la peli de Jacques Audiard que se acaba de estrenar es The Wire a la francesa. Es una peli aceptable, entretenida; se sigue con interés lo que ocurre durante los 150 minutos; se dan las condiciones para identificarse con un joven que entra en una prisión parisina, que es vejado, que es obligado a hacer algo que su conciencia repele, pero que poco a poco va aprendiendo, afirmándose, hasta hacerse un hombre de provecho. Es decir, lo que esperamos que suceda después de ver tantas películas de ese género. Como se espera que el espectador suspenda el juicio moral y aplauda y disfrute de las ilegalidades y delitos que aparecen como resarcimientos a los vejámenes sufridos. El Padrino es el ejemplo canónico.

Bien. Yo siempre espero más. La novedad y la maestría estaba en el original, The Wire. Dice la publicidad de Un profeta: una obra maestra, imprescindible, confundiendo la crítica con la publicidad, con esa falta de honestidad que caracteriza a los periódicos actuales que venden al mismo tiempo que informan o juzgan. Esas alabanzas, en todo caso, podrían verterse sobre el original, no sobre la copia. Sin embargo, esta película francesa, no es por entero desdeñable, especialmente si se la compara con el quiero y no puedo de Celda 211. La droga de mano en mano, la lucha por ocupar las calles -aquí la cárcel-, la pelea en las cúspide de las organizaciones, la corrosión del sistema. Las vidas aceleradas de los traficantes, que valen tan poco, la ambición, la lealtad, la traición, la necesidad de compañía y afecto, a pesar de todo. La agilidad en la narración y en el montaje; escenas breves, muchos planos; diálogos escuetos, mucha jerga y mezcla de idiomas. Todo eso ya estába en The Wire. Una serie que ha creado escuela o secuelas. Profusión de sucesos, expresión austera. ¿Qué añade Un profeta? Personaliza, individualiza. Mete a un joven  magrebí en una prisión parisina, probablemente inocente; sufre hasta comprender las reglas; se somete; aprende el juego, los idiomas, las técnicas, hasta convertirse en un experto, en el nuevo padrino. Eso es lo mejor de la película, que nos muestra paso a paso cómo se llega en el mundo del hampa del albañal a la cima comprendiendo, aprendiendo, adeñándose de las reglas, no las reglas de la legalidad, sino las de la ilegalidad. Sabemos que no siempre es así, que los criminales no suelen ganar, pero la película lo hace verosímil, lo creemos y disfrutamos, saltándonos también nosotros las reglas durante 150 minutos.

La versión francesa añade algo más, aunque tampoco es nuevo, es muy viejo pero está bien contado. La dialéctica del amo y del esclavo. El viejo que somete, explota, humilla al joven recién llegado; que le enseña el vocabulario y las frases del hampa para que le sirva mejor. El joven listo que aprende, simula, premedita y espera la ocasión. Más fácil que en Hegel, más divertido que en El sirviente de Losey. También añade la amistad que se forja en los lugares cerrados, más fuerte que la sangre y que dura más allá de la muerte. Un profeta es una peli larga donde se cuentan muchas cosas y casi todas bien y los actores son buenos y no hay palabras que sobren. Sólo hay un exceso; esa retórica visual que nació con Magnolia, aquella lluvia de ranas, que ha tenido tantas secuelas, la más recientes en ésta que comento y en Shutter Island: lluvia de cenizas, sueños que son tan reales como lo real, muertos que hablan con los vivos como si estuviesen vivos. Es la literatura del cine, la huella de autor, es decir, material sobrante, ganga, escoria inútil.

Luego está el contexto, más próximo que en The Wire, más ilustrativo, que nos acerca mejor a la realidad que creemos conocer. La inmigración que nos intriga y atemoriza, en este caso la magrebí -que se sentirá ufana por verse elevada en la peli un escalón por encima de la corsa, a la que derrota y sustituye. La película es divertida y es útil, otra cosa es la cuestión moral. Ya se sabe que los italoamericanos estaban encantados viéndose retratados en los padrinos. Mal asunto. Tampoco es seguro que los sistemas políticos, judiciales y carcelarios sean tan corruptos como aparecen en las películas. ¿Qué ganamos presentándolos de ese modo, desacreditando el sistrema que hace cumplir la ley?