La peli comienza con un cuento gótico independiente del relato posterior, pero en el que se dan las claves para entender que sucederá a continuación. En una casa de campesinos judíos de la lejana Polonia se presenta el fantasma de un hombre muerto. Reímos y nos quedamos fríos a un tiempo. Risa fría es el tono de esta comedia con drama o comedia negra.
Después se nos cuenta la historia de un hombre serio con la luminosidad propia de los Hermanos Coen, todo está tan bien servido, en la dirección de la historia, en la interpretación, en la claridad fotográfica que no hay lugar para las sombras en su cine. Los Coen juegan más bien con las inconsecuencias de la realidad, con las falsas apariencias, con la irrupción de lo inesperado que subyace al normal acontecer de las cosas.
Su personaje es un hombre cualquiera, al que le suceden las cosas que le pueden suceder a cualquiera de nosotros. Asume la moral de la clase media, buen trabajador, cumplidor, religioso, buen padre de familia, buen esposo, atento a las necesidades de los demás, solícito. Precisamente por no salirse de las rodadas del orden común empienzan a sucederle cosas para las que no está preparado, que chocan con su buena fe. Son situaciones cómicas por el contraste entre su empeño por ser un buen hombre y las respuestas que le ofrece un mundo cruel. Nos reímos porque nos vemos reflejados, porque las situaciones nos son familiares. Una serie de sucesos le llevan por donde no espera. Su mujer se va con otro, su hermano raro se mete en líos, el vecino no respeta la linde de su propiedad, uno de sus alumnos le somete a prueba, su hijo pasa por situaciones que exigen su constante atención, la promoción en su trabajo se alarga incomprensiblemente, el médico encuentra algo en unas radiografías. Asistimos al desarrollo de pequeños sucesos que como en una bola de nieve cuesta abajo van adquiriendo un tamaño difícil de frenar. Incidentes risibles se convierten en un feo asunto. Una buena película de los Coen, que acierta más que en sus últimos intentos por aproximarse a la reliadad.
viernes, 29 de enero de 2010
jueves, 28 de enero de 2010
Más verdugos que víctimas
"Hay que saber quién murió y quién mató" (Fernando Múgica Herzog).Durante la mayor parte de la historia de la democracia se supo todo de los etarras, sus nombres y sus asesinatos (hubo un tiempo mórbido en que en vez se asesinato se decía acción), su búsqueda y captura, sus juicios y sus condenas, su liberación y sus homenajes. Nada se sabía de sus víctimas. Apestaban, ¡Algo habrá hecho!, la frase más infame de que se tenga noticia.
361 civiles, 209 guardias civiles, 149 policías nacionales, 97 militares, 16 policías autonómicos y 25 policías municipales asesinados por ETA en 50 años de actividad. Once personas murieron a manos de ETA en 1977, el año de las primeras elecciones; 68 en el año de la Constitución (1978), 80 en el del estatuto vasco (1979); 98 en 1980, el año previo a la intentona golpista del 23-F, y otras 32 en 1981, el año del golpe. Los asesinatos continuaron en los siguientes, con las excepciones de 1999, 2004 y 2005.Por fin, desde hace algún tiempo las cosas están cambiando. A casi nadie le interesa ya la biografía de los asesinos. Es el tiempo que va de la victoria a la derrota de ETA y quizá del nacionalismo.
El cine ocasionalmente es obra de artistas, en general es nuestro espejo. Las primeras películas mostraban a los etarras como abnegados antifranquistas, después como militantes revolucionarios angustiados por su responsabilidad. Más tarde llegaron las películas que trabajaban el contexto social, con indecentes justificaciones o bondadosas comprensiones del asesinato. Están todavía por venir las películas que traten sobre las víctimas, un paso más allá de la valiente labor de unos cuantos documentales. El común de la gente se mueve por emociones, la trama sentimental crece junto al cine, la novela y la televisión. ¡Lo que le cuesta a la sociedad vasca aceptar lo sucedido, apostar por el cambio! Una lentitud geológica.
Vidas rotas (Editorial Espasa) recoge información sobre los 857 hombres, mujeres y niños (21) muertos en atentados cometidos por las diversas ramas de la organización terrorista, desde Begoña Urroz Ibarro la primera víctima de ETA (27 de junio de 1960, con sólo 22 meses) hasta los guardias civiles Carlos Enrique Sáenz de Tejada y Diego Salvà, asesinados en Calvià (Islas Baleares) el 30 de julio de 2009.
miércoles, 27 de enero de 2010
El suicida nos convoca, dice el filósofo
Afirma el filósofo (Sidi Mohamed Barkat (Tlemcen, Argelia, 1948), profesor e investigador del Departamento de Ergonomía y Ecología Humana de la Universidad de la Sorbona) sin más fundamento que la especulación, sin mostrar las pruebas de lo que dice, como si la sociología fuese una ciencia por inventar:
Los suicidios son el grito desesperado de los trabajadores que sucumben. El Gobierno buscó una razón para los suicidios y los atribuyó a problemas personales. Para mí son un grito de revuelta ante una situación que nos desborda y de la que no podemos escapar; el suicidio abre una brecha para poder tomar el aire, es una cuchillada, como lo fue realmente en el caso de un trabajador de France Télécom que en medio de una reunión se clavó un cuchillo en el abdomen. El que se suicida nos convoca para ver lo que los demás no vemos. Nuestra civilización no es consciente de que está produciendo muertos vivientes, zombis.Alguien podría pensar que tras la burla a la que Bricmont y Sokal sometieron a buena parte de los filósofos franceses en sus Imposturas intelectuales, los discípulos de estos mirarían a izquierda y derecha antes de abrir la boca. Pues no. Hay quien no tiene vergüenza y dice cosas como estas:
"El trabajador ha sido transformado en una especie de empleador de sí mismo. El sujeto emplea al cuerpo. La lucha de clases se ha trasladado al interior del individuo".Siempre hay gente dispuesta a ser encantada o embaucada, a que le indiquen desde el púlpito (el periódico) su cárdena culpa y el sambenito que han de portar. Aunque se suponía que los periódicos serios dejaban este sector del negocio para la rama televisiva que atiende a OVNIS y otras novelerías.
La cuestión fundamental es cómo se hace correr a la gente. Si usted sólo quiere simplemente trabajar, no le darán ese empleo. Por esto se busca sólo a jóvenes, a gente que cree en esa idea de que son ganadores y no perdedores y que están dispuestos a comprometerse en el éxito, que están por la acción; gente que quiere moverse... El movimiento es el elemento determinante. El segundo elemento es la polivalencia y la reestructuración, lo que supone sustituir la existencia. Pero esta misma regla permite que la empresa diga regularmente que no hacen suficiente. La gente corre para atrapar, no sólo el salario, no sólo el reconocimiento, corre por el simple hecho de correr. Cuando se corre se crea un hilo y si uno se para, el hilo se rompe. Correr es trazar una línea. Esta línea no existe. Sólo existe cuando se corre.
martes, 26 de enero de 2010
El hombre prescindible
¿No alcanza a comprender este hombre que al hacer saber por intermediarios que si la crisis persiste se verá obligado a dar la cara y será de nuevo candidato y que al ofrecerse de ese modo como imprescindible salvador, aunque todo en su acción política demuestre falta de coraje para tomar decisiones urgentes e impopulares y complicación y agravamiento de la crisis en consecuencia, se muestra en realidad como el hombre prescindible que es?
***
La cuota masculina. Cuando el número de mujeres trabajando sea superior al de los hombres (en EE UU, las mujeres trabajadoras suponen ya el 51%; en el mundo occidental obtienen el 60 % de los títulos universitarios; en Europa en los últimos 10 años han ocupado las 3/4 partes de los nuevos empleos), cuando las mujeres ocupen los puestos más importantes en la empresa, cuando sean las más numerosas entre los políticos, entonces ¿se mantendrá el cupo ZP, es decir, la equivalencia masculino femenina en el gobierno se inclinará a favor de los hombres?
lunes, 25 de enero de 2010
Fellini, ocho y medio (8½)
Repaso Otto e mezzo (8½) de Fellini y me asombra la creatividad de aquellos años. A los artistas todo les estaba permitido, se lanzaban sin miedo tobogán abajo, su creatividad era desbordante. Rosellini, Pasolini, Visconti, Buñuel, Berlanga, luego los franceses de la Nouvelle Vague. Lo mismo en las demás artes. También el público iba al cine o a cualquier otra manifestación artística buscando la novedad. Muchas veces a lo largo de la historia ha sido así, periodos de creatividad y periodos de sequía. Necesitamos que las cosas comiencen de nuevo.
Volver a Fellini no sólo es acudir al placer que el cine nos proporcionaba antaño, es volver a la fuente dónde tantos han abrevado. Almodóvar, por ejemplo, está ahí, en el diseño de los objetos que decoran las escenas, en el plató que se convierte en pasarela para mostrar el espíritu de la época, en esa habilidad para exhibir la espuma de los días. También en la fragilidad del guión. Cómo se deleitaba y como nos deleita Fellini haciendo pasar una y otra vez a sus personajes delante de la cámara al son de la maravillosa música de Nino Rota. Guapos y feos, atléticos y raros, cardenales y mendigos, una lista interminable de mujeres. No se puede decir que en ambos no haya profundidad, que no vayan al fondo de las cosas, sino más bien que la superficie es el fondo. En David Lynch y los personajes raros, poco convencionales, en las escenas oníricas (Terciopelo azul, Twin Peaks, Mulholland Drive), en Coppola y el diseño operístico de las secuencias, cada una de ellas montada como un gran número musical, donde los personajes son como marionetas al servicio de la idea central (La Luna, Los sucesivos Padrinos, Corazonada, Cotton Club). Tantos otros. Pero es que la sorpresa es mayúscula cuando uno ve a Mastroiani con sombrero y látigo fustigando a sus mujeres al son de la cabalgata de la valkiria (1963). Efectivamente, Indiana Jones (1981).
Fellini después de tanto tiempo no me ha aburrido como temía recordando sus últimas películas. Me ha alborozado, con la sonrisa en los labios durante los 140 minutos de metraje, más que cuando lo descubrí por vez primera.
El musical de Broadway, Nine, ya estaba ahí, en ese conjunto de secuencias concebidas como un cantabile, ese lento y animado fluir de los personajes sobre la escena, ese inegenuo optimismo de la época, ahora tan difícil de conseguir.
Volver a Fellini no sólo es acudir al placer que el cine nos proporcionaba antaño, es volver a la fuente dónde tantos han abrevado. Almodóvar, por ejemplo, está ahí, en el diseño de los objetos que decoran las escenas, en el plató que se convierte en pasarela para mostrar el espíritu de la época, en esa habilidad para exhibir la espuma de los días. También en la fragilidad del guión. Cómo se deleitaba y como nos deleita Fellini haciendo pasar una y otra vez a sus personajes delante de la cámara al son de la maravillosa música de Nino Rota. Guapos y feos, atléticos y raros, cardenales y mendigos, una lista interminable de mujeres. No se puede decir que en ambos no haya profundidad, que no vayan al fondo de las cosas, sino más bien que la superficie es el fondo. En David Lynch y los personajes raros, poco convencionales, en las escenas oníricas (Terciopelo azul, Twin Peaks, Mulholland Drive), en Coppola y el diseño operístico de las secuencias, cada una de ellas montada como un gran número musical, donde los personajes son como marionetas al servicio de la idea central (La Luna, Los sucesivos Padrinos, Corazonada, Cotton Club). Tantos otros. Pero es que la sorpresa es mayúscula cuando uno ve a Mastroiani con sombrero y látigo fustigando a sus mujeres al son de la cabalgata de la valkiria (1963). Efectivamente, Indiana Jones (1981).
Fellini después de tanto tiempo no me ha aburrido como temía recordando sus últimas películas. Me ha alborozado, con la sonrisa en los labios durante los 140 minutos de metraje, más que cuando lo descubrí por vez primera.
El musical de Broadway, Nine, ya estaba ahí, en ese conjunto de secuencias concebidas como un cantabile, ese lento y animado fluir de los personajes sobre la escena, ese inegenuo optimismo de la época, ahora tan difícil de conseguir.
sábado, 23 de enero de 2010
Nine
Las promesas eran muchas como para no caer en la tentación. La mía, ir al cine en una tarde lluviosa, la de Fellini, caer en brazos de sus mujeres, la de Rob Marshall repetir el éxito del musical de Brodway, repetir su propio éxito. ¿Estaría la peli a la altura de Chicago, que en su momento me entusiasmó? ¿Merece Pe tantos elogios como ha recibido? ¿Habrá captado el director el estilo Fellini?
Cada peli exige una predisposición. Nine es una película de oscar y como tal hay que ir a verla. El ánimo ha de ser diferente que cuando se va a ver una peli de Rohmer o una de Clint Eastwood. Hay que dejarse llevar, suspender en cierto modo el juicio crítico, disfrutar de la música, del baile, de los sentidos, siendo conscientes de ello. Un musical es al cine lo que la ópera a la música, puro artificio, se muestra el esqueleto, las hechuras y en parte la emoción procede de que sea así. Las lágrimas son de mentira pero es bonito ver cómo se deslizan en los maquillados ojos de Penélope Cruz. El personaje atormentado de Daniel Day Lewis es impostación, pero ya se sabe que tras la palabra fin nada quedará de su angustia. Una de sus amantes le dice a Guido Contini, es decir Fellini, que sus películas son su estilo, por ello no necesita guión. Eso eran las pelis del director italiano y eso es este y otros musicales, una suma de escenas, una sucesión de números musicales, es decir, coreografía. Lejos de las honduras del cine con drama.
El disfute llega, pues, en primer lugar con las coreografías. Los números musicales, los hay buenos y los hay regulares. El género necesita pantalla grande, a ser posible envolvente y sonido poderoso. Si uno espera a verla en casa -dvd o internet- encontrará en algunos números una fatídica semejanza con las galas televisivas, salvo en ese maravilloso Cinema italiano con la Kate Hudson. Después está Daniel Day Lewis componiendo un personaje que es Fellini y que es el Mastroiani del 8 1/2, pasado claro por el musical de Brodway. Y está el ramillete de actrices cada una evocando una musa. En algún caso la comparación es agradable, Marion Cotillard y Giulietta Massina, en otros decepcionante, una Sofía Loren haciendo de Sofía Loren estiradísima, y en otros inverosímil, incluso para un musical, tal Nicole Kidman haciendo de Claudia Cardinale. Magnífica Judy Dench y grande, grande Kate Hudson, cuyo número es pura dinamita. Un descubrimiento. ¿Penelope?, bueno.
Cada peli exige una predisposición. Nine es una película de oscar y como tal hay que ir a verla. El ánimo ha de ser diferente que cuando se va a ver una peli de Rohmer o una de Clint Eastwood. Hay que dejarse llevar, suspender en cierto modo el juicio crítico, disfrutar de la música, del baile, de los sentidos, siendo conscientes de ello. Un musical es al cine lo que la ópera a la música, puro artificio, se muestra el esqueleto, las hechuras y en parte la emoción procede de que sea así. Las lágrimas son de mentira pero es bonito ver cómo se deslizan en los maquillados ojos de Penélope Cruz. El personaje atormentado de Daniel Day Lewis es impostación, pero ya se sabe que tras la palabra fin nada quedará de su angustia. Una de sus amantes le dice a Guido Contini, es decir Fellini, que sus películas son su estilo, por ello no necesita guión. Eso eran las pelis del director italiano y eso es este y otros musicales, una suma de escenas, una sucesión de números musicales, es decir, coreografía. Lejos de las honduras del cine con drama.
El disfute llega, pues, en primer lugar con las coreografías. Los números musicales, los hay buenos y los hay regulares. El género necesita pantalla grande, a ser posible envolvente y sonido poderoso. Si uno espera a verla en casa -dvd o internet- encontrará en algunos números una fatídica semejanza con las galas televisivas, salvo en ese maravilloso Cinema italiano con la Kate Hudson. Después está Daniel Day Lewis componiendo un personaje que es Fellini y que es el Mastroiani del 8 1/2, pasado claro por el musical de Brodway. Y está el ramillete de actrices cada una evocando una musa. En algún caso la comparación es agradable, Marion Cotillard y Giulietta Massina, en otros decepcionante, una Sofía Loren haciendo de Sofía Loren estiradísima, y en otros inverosímil, incluso para un musical, tal Nicole Kidman haciendo de Claudia Cardinale. Magnífica Judy Dench y grande, grande Kate Hudson, cuyo número es pura dinamita. Un descubrimiento. ¿Penelope?, bueno.
viernes, 22 de enero de 2010
La ilusión del instante eterno
La emoción estética sólo el arte la puede procurar. Y se sabe de tal emoción cuando al querer explicarla por otros medios el que la ha vivido balbucea, porque es fácil caer en el ridículo contando con palabras la emoción de los sentidos. Ante un cuadro, durante una comida, en un concierto de música a veces sucede aquello para lo que uno se ha predispuesto, aunque muchas veces nada ocurra. Los diseñadores de eventos artísticos suelen ayudar, disponiendo las obras de una exposicíón para que conduzcan al climax de la obra principal o programando un concierto de modo que la obra más intensa suceda después de otras más anodinas, para que los músicos se vayan calentando, acomodando, acompasando y así dejarlo todo listo para que salte el chispazo divivo.La propia obra de Beethoven, el cuarteto de cuerda nº 7, op. 54, el llamado Razumovsky, nº 1, tan bien servido por el Cuarteto Belcea, parece compuesto de modo que la intensidad estalle en el segundo tiempo y se mantenga en el tercero, en ese no va más del diálogo entre el primer violín y el cello que parece disputa de enamorados.
En el momento en que la emoción sucede el arte cumple su objetivo, sacarnos del tiempo presente y crearnos la ilusión de un instante eterno. Se borran entonces los interpretes, que no son más que vehículos de placer, no importan ya el decorado de la sala, ni el público asistente, ni la carga terrenal que todo hombre arrastra, uno queda a solas traspuesto procurando expandir el instante, deseando que se eternice más allá del sucio tiempo de la calle, aunque bien sabe que todo lo humano tiene un límite y su fin.
jueves, 21 de enero de 2010
Hombres libres pensando (La excepción española)
Recoge Savater esta cita de Albert Camus:
¿Qué sucede ahora? Me refiero a España. Sucede que mucha gente con apariencia de intelectual, es decir revestidos con el aura de la verdad, tienen púlpitos y predican la exacción y el privilegio como si fuesen de interés general. Es el caso de Cataluña, pero no sólo. El nacionalismo, como el autonomismo en general, es un negocio que beneficia a una pequeña parte de la población en perjuicio de la mayoría. En todas las autonomías se han generado castas políticas. El beneficio obtenido del privilegio, de la particularidad o de la exacción se extiende en sucesivos círculos, con grandes oportunidades en los círculos centrales (altos cargos, empresarios subvencionados, periodistas de servicio) y con réditos menores a medida que los círculos se hacen más grandes y abarcan a más gente (funcionarios, contratistas, subvencionados menores). El sistema ha estado bien engrasado en época de bonanza, cuando las exacciones eran posibles y el futuro era un gran arco iris. En estos tiempos el gasto y la subvención siguen a cuenta de la deuda. Todos los beneficiarios son partidarios lógicamente del sistema y a los beneficios obtenidos reciben el nombre de derechos, justicia histórica o como se quiera.
En esa redistribucción de la riqueza necesariamente tiene que haber perdedores. Aunque la riqueza nacional ha aumentado el pastel ha seguido siendo proporcionalmente parecido. Perdedores: los inmigrantes de sueldos bajos y trabajos sucios y duros, los jóvenes con contratos basura y horarios horribles y en general las regiones que por no tener discursos bien estructurados, sustentados en algún tipo de fortaleza (población, pistolas, centralidad, discurso), han visto reducida la apotación general a su presupusto regional.
Lo extraordinario de nuestra época es que haya tan pocos hombres libres pensando o que si lo hacen tengan tan poco eco. Los hombres letrados de ahora sirven al poder del que se benefician, ¿pero durante cuánto tiempo? ¿Sería rentable, por ejemplo, la independencia de Cataluña? Supongo que sí, si se hiciese dentro de algún tipo de confederación en la que todo fuese independiente excepto la economía, es decir, en la que el mercado español siguiese siendo cautivo, como lo ha sido durante tres siglos, tiempo durante el que la industria catalana fue protegida en perjuicio del mercado espaol. Cataluña no sería lo que ha sido, un rincón desarrollado, sin la excepción española.
Desde la derecha se ha emprendido, en nombre del honor francés, lo que era más contrario a tal honor. Desde la izquierda, frecuentemente y en nombre de la justicia, se ha excusado lo que era un insulto a toda verdadera justicia. La derecha ha cedido así la exclusiva del reflejo moral a la izquierda, la cual le ha cedido a su vez la exclusiva del reflejo patriótico. El país ha sufrido dos veces.Ha habido épocas en que los hombres letrados con capacidad de influir en la opinión pública han bregado a favor del progreso y de los más débiles. No en esta época. Durante el franquismo, hubo hombres honrados y lúcidos, también intelectuales de finales del XVIII y algunos periodos del siglo XIX se arriesgaron a pensar con libertad y no temieron arrostar la cárcel y la denigración con tal de servir a la verdad. Gracias a ellos las sociedades se abrieron y los humildes progresaron. Esos hombres siempre fueron pocos, pero la fuerza de sus ideas veraces avanzaron despejando las tinieblas.
¿Qué sucede ahora? Me refiero a España. Sucede que mucha gente con apariencia de intelectual, es decir revestidos con el aura de la verdad, tienen púlpitos y predican la exacción y el privilegio como si fuesen de interés general. Es el caso de Cataluña, pero no sólo. El nacionalismo, como el autonomismo en general, es un negocio que beneficia a una pequeña parte de la población en perjuicio de la mayoría. En todas las autonomías se han generado castas políticas. El beneficio obtenido del privilegio, de la particularidad o de la exacción se extiende en sucesivos círculos, con grandes oportunidades en los círculos centrales (altos cargos, empresarios subvencionados, periodistas de servicio) y con réditos menores a medida que los círculos se hacen más grandes y abarcan a más gente (funcionarios, contratistas, subvencionados menores). El sistema ha estado bien engrasado en época de bonanza, cuando las exacciones eran posibles y el futuro era un gran arco iris. En estos tiempos el gasto y la subvención siguen a cuenta de la deuda. Todos los beneficiarios son partidarios lógicamente del sistema y a los beneficios obtenidos reciben el nombre de derechos, justicia histórica o como se quiera.
En esa redistribucción de la riqueza necesariamente tiene que haber perdedores. Aunque la riqueza nacional ha aumentado el pastel ha seguido siendo proporcionalmente parecido. Perdedores: los inmigrantes de sueldos bajos y trabajos sucios y duros, los jóvenes con contratos basura y horarios horribles y en general las regiones que por no tener discursos bien estructurados, sustentados en algún tipo de fortaleza (población, pistolas, centralidad, discurso), han visto reducida la apotación general a su presupusto regional.
Lo extraordinario de nuestra época es que haya tan pocos hombres libres pensando o que si lo hacen tengan tan poco eco. Los hombres letrados de ahora sirven al poder del que se benefician, ¿pero durante cuánto tiempo? ¿Sería rentable, por ejemplo, la independencia de Cataluña? Supongo que sí, si se hiciese dentro de algún tipo de confederación en la que todo fuese independiente excepto la economía, es decir, en la que el mercado español siguiese siendo cautivo, como lo ha sido durante tres siglos, tiempo durante el que la industria catalana fue protegida en perjuicio del mercado espaol. Cataluña no sería lo que ha sido, un rincón desarrollado, sin la excepción española.
miércoles, 20 de enero de 2010
Otra foto tramposa
Otra foto tramposa. LA IMAGEN del lobo ibérico saltando dio a un abulense, José Luis Rodríguez, el «Nobel» de la fotografía de naturaleza salvaje. Le acusaron de que utilizó, con trampa, un animal domesticado. Decía el fotógrafo tramposo: sólo quieren difamarme. La BBC Wildlife ha estudiado las pruebas, los expertos han concluido que el ejemplar de la imagen es un animal domesticado, vive en un zoo ubicado en las proximidades de Madrid, lo que infringe las reglas del certamen. Se ha quedado sin el premio, 10.000 libras (11.500 euros) y la exposición del Museo de Historia Natural británico.
Fue la foto de naturaleza del año, imponiéndose a más de 43.000 fotos de fotógrafos de más de 90 países distintos. La trampa la descubrió Suomen luonto, una revista de naturaleza de Finlandia, tras publicar un artículo (tras un chivatazo de supuestos colegas españoles del fotógrafo) en el que cuestionaban que el lobo de la fotografía fuera un animal salvaje ya que presentaba similitudes con un lobo cautivo del madrileño centro de Cañada Real, dedicado a la interpretación y estudio de la naturaleza ibérica.
Fue la foto de naturaleza del año, imponiéndose a más de 43.000 fotos de fotógrafos de más de 90 países distintos. La trampa la descubrió Suomen luonto, una revista de naturaleza de Finlandia, tras publicar un artículo (tras un chivatazo de supuestos colegas españoles del fotógrafo) en el que cuestionaban que el lobo de la fotografía fuera un animal salvaje ya que presentaba similitudes con un lobo cautivo del madrileño centro de Cañada Real, dedicado a la interpretación y estudio de la naturaleza ibérica.
martes, 19 de enero de 2010
Siento más silencio, más distanciamiento (Lo de Vic)
Las cosas no se sabe cómo comienzan, aunque muchas veces hemos visto cómo acaban.
Hablan los inmigrantes, después de que el Ayuntamiento de Vic decidiera vetar el empadronamiento a los sin papeles,
Hablan los inmigrantes, después de que el Ayuntamiento de Vic decidiera vetar el empadronamiento a los sin papeles,
Siento más silencio, más distanciamiento. Antes no suponíamos un peligro pero ahora entre el mensaje hipócrita de Anglada y la crisis las cosas han cambiado.
De esa época recuerdo las miradas. [Laila Karrouch llegó a Vic con su madre desde el rifeño Nador. Era 1985 y tenía 8 años, los mismos que su padre llevaba en Vic.] No sabía el idioma y era como si no tuviera el sentido del oído. Miradas que eran como un escáner, que se fijaban en tus ojos, tu forma de vestir... Éramos gente rara pero no nos veían como un problema, sólo como gente que había venido a comer, a buscar trabajo. La población inmigrante en aquel entonces era escasa.Esto otro se lo cuentan a Félix de Azúa, sobre lo que sucedió en los Balcanes:
Días antes del estallido de la guerra el grupo de la Universidad se reunía sin saber si uno era bosnio, croata el otro, montenegrino un tercero. Y si acaso se sabía, sólo se comentaba con aquella retranca de las peculiaridades regionales que hacían más simpático al recién llegado y más fácil de acoger.
Algunos estudiantes que habían compartido pensión o incluso cuarto de alquiler, gente amable, jaranera, compañeros perfectos y entrañables de juergas y amoríos, se transformaron en cosa de días y se acusaban los unos a los otros de asesinos, psicópatas, o peor aún, de gente con una identidad racial, nacional o religiosa despreciable, inferior, anormal, impropia. Era como soñar una pesadilla ajena. Desde fuera se constataba el súbito ataque de locura, la furia que infectaba como la peste a todo el mundo con una velocidad demoníaca, pero desde dentro se había producido una inexplicable ceguera que impedía ver a otros humanos como humanos
A los pocos días (de estallada la guerra), sin embargo, cuando se reunían como era habitual en el bar de la Facultad de Belgrado y tras constatar mi amigo que faltaban dos o tres de la peña y preguntar por ellos, caía un silencio agobiante hasta que alguien justificaba crispadamente que los desaparecidos eran croatas o albaneses y que estarían escondidos de pura vergüenza o habrían regresado a sus madrigueras. En realidad estaban muertos, pero eso no sería público hasta al cabo de unos meses, cuando los delirantes cabecillas de la guerra se hartaran de beber sangre humana y cantaran borrachos los himnos de la supremacía nacional.
lunes, 18 de enero de 2010
Dylan y Chopin
Escuchando la sonata nº 2 de Chopin me viene a las mientes el Time out of Mind de Dylan y la acusaciones que recibieron ambos de no ajustarse a los cánones. El primero por innovar con formas que quebraban el formato tradicional de la sonata, el segundo por no ajustarse al minutado que debían tener los temas en los discos, aunque ambas quejas podían valer para los dos. Y sin embargo aunque pudiera ser cierto que Chopin hiciese acopio de materiales dispersos para conformar su sonata y que los 17 minutos de la pieza más larga de Time out of Mind podrían parecer excesivos, si se escuchan con la atención que requieren las obras maestras, Chopin necesitaba de un formato preestablecido para hacer sonar su tercer tiempo, la Marcha Fúnebre, y Dylan necesitaba de otros temas para que su Highlands apareciese en la mente del oyente dispuesta para recibir esa obra maestra. Es cierto que las dos obras se pueden escuchar por separado, pero todo buen plato necesita de introducciones y preparados para sabiorearlo mejor.
Y qué curioso, qué semejanza entre una obra y otra. Marchas fúnebres las dos cuya dinámica lleva al optimismo, a la alegría y al ímpetu por seguir viviendo. Ese Dylan, oído desde esta época de fragmentos es una pieza que ha salido del tiempo, es decir, que ha alzcanzado el clasicismo, como ya no puede decirse de Chopin que era un autor de obras de formato reducido, no si a continuación de la sonata nº 2 se escucha la impresionante sonata nº 3, más si es interpretada por su compatriota Krystian Zimerman, con ese primer Allegro que en realidad no acaba hasta que el pianista toca las últimas notas del Agitato final.
Qué ocurrirá ahora cuando tan pocos crompran ya discos completos y nos conformamos y acostumbramos a las piezas sueltas, donde los músicos ya no pueden pensar en un cd como una obra entera y acabada. Lejos de entristecerse quizá haya que componer una nueva marcha fúnebre para celebrar el fin de los discos con 10 o 12 canciones y cantar con optimismo la nueva era que se abre para la música.
Y qué curioso, qué semejanza entre una obra y otra. Marchas fúnebres las dos cuya dinámica lleva al optimismo, a la alegría y al ímpetu por seguir viviendo. Ese Dylan, oído desde esta época de fragmentos es una pieza que ha salido del tiempo, es decir, que ha alzcanzado el clasicismo, como ya no puede decirse de Chopin que era un autor de obras de formato reducido, no si a continuación de la sonata nº 2 se escucha la impresionante sonata nº 3, más si es interpretada por su compatriota Krystian Zimerman, con ese primer Allegro que en realidad no acaba hasta que el pianista toca las últimas notas del Agitato final.
Qué ocurrirá ahora cuando tan pocos crompran ya discos completos y nos conformamos y acostumbramos a las piezas sueltas, donde los músicos ya no pueden pensar en un cd como una obra entera y acabada. Lejos de entristecerse quizá haya que componer una nueva marcha fúnebre para celebrar el fin de los discos con 10 o 12 canciones y cantar con optimismo la nueva era que se abre para la música.
sábado, 16 de enero de 2010
La cinta blanca
Si uno se deja deslumbrar sale del cine tentado a proclamar que ha visto una obra maestra. Michael Haneke no puede evitar el exceso. Es un cineasta que quiere dejar huella, que siempre quiere impactar en el espectador. Unas veces por medio de la violencia física, otras por la psicológica o por la combinación de ambas. En su última película, La cinta blanca, el molde que usa para impresionar es el del clasicismo cinematográfico. Hay muchas pelis que le sirven de modelo o con las que podría emparentar, por ejemplo, la lentitud expositiva de Dreyer (La palabra), el universo cerrado deShyamalan ( El bosque), el retorcimiento psicológico de Suspense de Jack Clayton (Otra vuelta de tuerca) o la perversa ambivalencia moral del Robert Mitchum de La noche del cazador.
Sin embargo, a Haneke le pierde el exceso de ambición. No sólo quiere ser un clásico del cine, también ambiciona explicar el funcionamiento de la sociedad. Y ya puestos, la propia historia. Es el caso de La cinta blanca. La voz en off de uno de los personajes, el maestro, reconstruye la historia de un pueblo alemán en los albores de la Primera Guerra Mundial, un mundo cerrado dominado por un luteranismo tan estricto y asfisiante que los personajes que lo sufren han de buscar vías de escape. Es un cine explicativo que no se conforma con trazar retratos de mórbidas psicologías, sino que pretende explicar por qué Alemania fue lo que fue en la primera mitad del siglo XX. Para reforzar su didactismo, la exposición es en blanco y negro, adoptando las formas del documental, sin renunciar al expresionismo en el que el blanco y el negro, como la propia cinta blanca del título, se convierten en símbolos de la inocencia y de la maldad. Aunque Haneke no renuncia a la emotividad -no niego su maestría en muchas de las escenas, por ejemplo el diálogo sobre la muerte entre dos hermanos o la escena del enamoramiento del narrador- la narración llega muchas veces a la truculencia, hasta un punto de intensidad insoportable, como si el espectador necesitase ser golpeado para que entendiese de una vez.
Bajo la apariencia del clasicismo formal se muestra un mundo salvaje y perverso: agresividad sobre niños, abusos dentro de la familia, muertes, violencia verbal extrema. Sin embargo no parece que la estructura de la personalidad, mucho menos de los sucesos históricos -como si aquella época, la belle èpoque se redujese a ese blanco y negro simplificador-, se deba a una sola variable, pero Haneke es peligrosamente reduccionista. El arte, el cine, la literatura lo son, es comprensible que lo sean, pero los artistas en general son conscientes de ello y renuncian a ser psicólogos o historiadores, ofreciendo en cambio trazos impresionistas, sugerencias que pueden ser interpretados de diversas maneras, cosa que no sucede con Haneke.
Sin embargo, a Haneke le pierde el exceso de ambición. No sólo quiere ser un clásico del cine, también ambiciona explicar el funcionamiento de la sociedad. Y ya puestos, la propia historia. Es el caso de La cinta blanca. La voz en off de uno de los personajes, el maestro, reconstruye la historia de un pueblo alemán en los albores de la Primera Guerra Mundial, un mundo cerrado dominado por un luteranismo tan estricto y asfisiante que los personajes que lo sufren han de buscar vías de escape. Es un cine explicativo que no se conforma con trazar retratos de mórbidas psicologías, sino que pretende explicar por qué Alemania fue lo que fue en la primera mitad del siglo XX. Para reforzar su didactismo, la exposición es en blanco y negro, adoptando las formas del documental, sin renunciar al expresionismo en el que el blanco y el negro, como la propia cinta blanca del título, se convierten en símbolos de la inocencia y de la maldad. Aunque Haneke no renuncia a la emotividad -no niego su maestría en muchas de las escenas, por ejemplo el diálogo sobre la muerte entre dos hermanos o la escena del enamoramiento del narrador- la narración llega muchas veces a la truculencia, hasta un punto de intensidad insoportable, como si el espectador necesitase ser golpeado para que entendiese de una vez.
Bajo la apariencia del clasicismo formal se muestra un mundo salvaje y perverso: agresividad sobre niños, abusos dentro de la familia, muertes, violencia verbal extrema. Sin embargo no parece que la estructura de la personalidad, mucho menos de los sucesos históricos -como si aquella época, la belle èpoque se redujese a ese blanco y negro simplificador-, se deba a una sola variable, pero Haneke es peligrosamente reduccionista. El arte, el cine, la literatura lo son, es comprensible que lo sean, pero los artistas en general son conscientes de ello y renuncian a ser psicólogos o historiadores, ofreciendo en cambio trazos impresionistas, sugerencias que pueden ser interpretados de diversas maneras, cosa que no sucede con Haneke.
viernes, 15 de enero de 2010
Vidas contiguas
El presidente genuflexo. Para el presidente dual, de España y de Europa, el marketing es superior a los principios. Durante un desfile militar hizo exhibición de sus principios no poniéndose de pie ante el paso de la bandera americana (en realidad hacía marketing electoral); ahora acude raudo y presto a arrodillarse ante América para un desayuno de oración (marketing diplomático).
El obispo vertical. A Munilla le atraviesa el rayo de la divinidad, que le alivia del peso de este mundo. Gracias al gradiente térmico que separa abruptamente los dos mundos, el obispo donostierra asciende en el ascensor espiritual, relativizando las tragedias terrenas.
"Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días. También deberíamos llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida. Quizás es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufriendo".
jueves, 14 de enero de 2010
In the Loop
Una asesora redacta un informe con argumentos en contra de iniciar una guerra en el Próximo Oriente. El informe ha de servir de apoyo a una facción de políticos en la comisión que ha de decidir sobre el asunto. Asesores que cambian de bando, jefes de prensa al borde de un ataque de nervios, comisiones con nombres ocurrentes para despistar, políticos que miden -mal- las repercusiones de sus palabras, diplomáticos de este y de aquel lado del Atlántico. Tretas, mentiras, empujones y revolcones con causa, todo vale para el asunto que mueve a cada uno de los personajes, medrar a toda costa, subir un peldaño más. Alcanzar la victoria, sea lo que sea lo que esté en juego es el instinto que les mueve.
Al final, rizando el rizo, los partidarios de la opción opuesta roban el informe, eliminan palabras, suben y bajan párrafos, cambian nombres, y lo utilizan para defender lo contrario de lo que la primitiva redactora pretendía.
Eso es In the Loop, una burla ácida del mundo de los políticos, su palabrería, su inconsistencia, su ambición.
La peli tiene su interés en el tono burlesco, en los diálogos ingeniosos, en los juegos de palabras, en la caracterización de los personajes, caricaturas de esa gente que conocemos a través de los televisores. Un torrente verbal que sólo puede ser disfrutado en su idioma original. Aunque, si se ve con subtítulos, seguir el torrente resulta agotador.
Después de ver la peli resulta divertido, o deprimente, poner alguno de los caretos que acabamos de ver sobre la jeta de los personajes públicos que conocemos. Ayer mismo el periódico traía dos ejemplos: la foto del político en el que probablemente se inspiraron los guionistas para el personaje del jefe de comunicación, y un ejemplo real de manipulación de informes a propósito de la guerra de Irak:
Al final, rizando el rizo, los partidarios de la opción opuesta roban el informe, eliminan palabras, suben y bajan párrafos, cambian nombres, y lo utilizan para defender lo contrario de lo que la primitiva redactora pretendía.
Eso es In the Loop, una burla ácida del mundo de los políticos, su palabrería, su inconsistencia, su ambición.
La peli tiene su interés en el tono burlesco, en los diálogos ingeniosos, en los juegos de palabras, en la caracterización de los personajes, caricaturas de esa gente que conocemos a través de los televisores. Un torrente verbal que sólo puede ser disfrutado en su idioma original. Aunque, si se ve con subtítulos, seguir el torrente resulta agotador.
El Gobierno holandés manipuló los informes para respaldar la invasión. Un informe oficial concluye que el país decidió en 2002 secundar la intervenció.
miércoles, 13 de enero de 2010
Pasiones y política
Hay una tendencia en los periódicos del presente a sustituir la información por el relato. Reportajes, sucesos contextualizados, diálogos figurados, sexo, poder, dinero, una excrecencia del viejo nuevo periodismo. Quizá se deba a un último intento por retener a los lectores que escapan hacia medios más vivos. Aunque no creo que la operación tenga éxito.
Es el caso que rodea a la infausta Mrs. Robinson, devorada por la pasión más vieja. Los llamados periódicos serios hurgan en el culebrón sin disimulo y cada día celebran un hallazgo, cual si fuera una novela por entregas. Detalles escabrosos y escarnio de una política mujer, atrapada en su pulsión sexual, a la que nadie quiere defender. Qué odiosa comparación cuando hablan del simpático Clinton. Primero novelan sobre los sucesivos amantes, después que el joven que desencadenó la historia alegó un cáncer de testículos para liberarse de su compulsiva amante, al tiempo que describen el decaímiento psicológico de la protagonista, hundida en una depresión de la que dicen no podrá salir. La historia valdría para una de las series televivas a la moda: tensas relaciones humanas, modernidad, atrevimiento.
La pasión por el poder viene envuelta en húmedades y rancios olores que llegan de los armarios ropavejeros de Vic, la población catalana, gobernada por gente de izquierdas, que niega los derechos más elementales a los inmigrantes, temerosa de perder sus puestos ante la competencia xenófoba de la Plataforma per Catalunya. Para el inmigrante no estar empadronado en la población supone no tener derecho a los servicios sociales, a la tarjeta sanitaria o a la escolarización de sus hijos. El padrón acredita el arraigo para poder acceder a la regularización tras tres años. La pregunta es irrelevante desde hace muchos años, pero ahí está, ¿qué es ser de izquierdas?
Otra serie con suspense que nos tendría atrapados ante la pantalla si se convirtiese en guión sería la del matrimonio presidencial Kirchner/Fernández que de la nada se ha convertido en uno de los más ricos de la igualmente infausta Argentina. Ilustra la tercera pasión, la de la avaricia. Un juez acaba de afirmar que no hay tema en el caso de su abrupto y explosivo enriquecimiento. Han declarado un aumento del 158% de sus ingresos personales tan sólo en 2008. En el periodo de su presidencia dual desde mayo de 2003, el patrimonio de la pareja ha pasado de 1,2 millones a 8,5 millones de euros (un 571% más).
Un columnista explica el comportamiento de este juez que atendiendo al emblema de la justicia se tapa los ojos:
Es el caso que rodea a la infausta Mrs. Robinson, devorada por la pasión más vieja. Los llamados periódicos serios hurgan en el culebrón sin disimulo y cada día celebran un hallazgo, cual si fuera una novela por entregas. Detalles escabrosos y escarnio de una política mujer, atrapada en su pulsión sexual, a la que nadie quiere defender. Qué odiosa comparación cuando hablan del simpático Clinton. Primero novelan sobre los sucesivos amantes, después que el joven que desencadenó la historia alegó un cáncer de testículos para liberarse de su compulsiva amante, al tiempo que describen el decaímiento psicológico de la protagonista, hundida en una depresión de la que dicen no podrá salir. La historia valdría para una de las series televivas a la moda: tensas relaciones humanas, modernidad, atrevimiento.
La pasión por el poder viene envuelta en húmedades y rancios olores que llegan de los armarios ropavejeros de Vic, la población catalana, gobernada por gente de izquierdas, que niega los derechos más elementales a los inmigrantes, temerosa de perder sus puestos ante la competencia xenófoba de la Plataforma per Catalunya. Para el inmigrante no estar empadronado en la población supone no tener derecho a los servicios sociales, a la tarjeta sanitaria o a la escolarización de sus hijos. El padrón acredita el arraigo para poder acceder a la regularización tras tres años. La pregunta es irrelevante desde hace muchos años, pero ahí está, ¿qué es ser de izquierdas?
Otra serie con suspense que nos tendría atrapados ante la pantalla si se convirtiese en guión sería la del matrimonio presidencial Kirchner/Fernández que de la nada se ha convertido en uno de los más ricos de la igualmente infausta Argentina. Ilustra la tercera pasión, la de la avaricia. Un juez acaba de afirmar que no hay tema en el caso de su abrupto y explosivo enriquecimiento. Han declarado un aumento del 158% de sus ingresos personales tan sólo en 2008. En el periodo de su presidencia dual desde mayo de 2003, el patrimonio de la pareja ha pasado de 1,2 millones a 8,5 millones de euros (un 571% más).
Un columnista explica el comportamiento de este juez que atendiendo al emblema de la justicia se tapa los ojos:
los cargos de corrupción contra la pareja presidencial fueron impulsados por los propios Kirchner, para aprovechar su influencia política mientras están en el poder para ser sobreseídos, y lograr que las denuncias de enriquecimiento ilícito pasen a ser cosa juzgada. Lo cierto es que el sistema judicial argentino se mostró generoso con los Kirchner: no sólo el juez Norberto Oyarbide exoneró a la pareja presidencial de cualquier maniobra ilegal, sino que dos fiscales federales asignados al caso posteriormente se abstuvieron de apelar el caso, lo que automáticamente condujo a cerrar el proceso.
martes, 12 de enero de 2010
Esta época manierista
Los artistas son aquellos que siempre quieren sorprendernos. Los escasísimos y buenos lo consiguen, los demás viven de la rala imaginación y de la inquina que emerge de las subvenciones inmerecidas. Los años, las décadas mejor, de la posvanguardia han sido atroces. No sólo nos han proporcionado aburrimiento, encima querían que les reconociésemos su genialidad. Parece que poco a poco los egos desmesurados se están pinchando al tiempo que se desinflan los bolsillos de sus ingenuos o interesados patrocinadores. La senda nueva parece ir por do el arte solía tras épocas de plenitud y decadencia, por el manierismo. ¿Podría ser esta una época de Grecos y Fragonards, que anticipase un Caravaggio por otros medios? Cuando dentro de un tiempo se vuelva sobre el tiburón sumergido en formaldehído o sobre la calavera de diamantes de Damien Hirst la mirada no será diferente a la que se detiene ante la s figuras estiradas de Parmigianino.
Esta imagen, por ejemplo. ¿Cómo no fijarse en ella? Esta mujer crucificada de Maurizio Cattelan o el Worker de Giulia Piscitelli combinan lo antiguo y lo moderno, el deseo y la restricción moral, la publicidad y la catequesis progresita, hasta el trampantojo, pues no es lo que parece y hay que informarse sobre el material y sobre la técnica para ver cómo están hechos.
lunes, 11 de enero de 2010
La desconfianza se extiende
¿Podría ser la reforma laboral la prueba de que la ley de la economía sostenible va en serio? Más del 90% de los empleos destruidos en España en 2009 eran temporales. De cada 100 contratos nuevos, 93 son temporales. La tasa de paro, descontado el paro estacional, es del 19,4% de la población activa. En el caso de los menores de 25 años ese paro está en torno al 44%, casi uno de cada dos jóvenes en edad de trabajar. ¿Cuándo van a obtener todos esos parados un nuevo puesto de trabajo? En la crisis de los 90 (24,5% de paro en 1994) se tardaron 13 años para alcanzar la tasa promedio europeo (7,95% en 2007).
Uno de los problemas de Zapatero es la poca confianza que despierta. No se atreve con las grandes cuestiones, no toma medidas impopulares o que le enfrenten a grupos con capacidad de presión. Sus continuas promesas ya no son creíbles. Todo su poderío político lo cifra en el marketing. El pasado viernes, cuando una gran tormenta de frío y nieve se abatía sobre el país, con carreteras cerradas y coches atrapados, el telediario de la 1 concedió los 20 primeros minutos al fasto de la presidencia europea. 20 minutos de vacío. No es extraño que la desconfianza se extienda por Europa.
Y Financial Times:
Sin embargo, los electores españoles le han concedido dos legislaturas. ¿Para qué?
Uno de los problemas de Zapatero es la poca confianza que despierta. No se atreve con las grandes cuestiones, no toma medidas impopulares o que le enfrenten a grupos con capacidad de presión. Sus continuas promesas ya no son creíbles. Todo su poderío político lo cifra en el marketing. El pasado viernes, cuando una gran tormenta de frío y nieve se abatía sobre el país, con carreteras cerradas y coches atrapados, el telediario de la 1 concedió los 20 primeros minutos al fasto de la presidencia europea. 20 minutos de vacío. No es extraño que la desconfianza se extienda por Europa.
Si quieres que se siga tu consejo, has de tener algo creíble que decir,le dice The Economist.
Y Financial Times:
Tanto los gobiernos de González como de Aznar presidían una economía boyante que infundía en la población cierta fanfarronería. Pero la recesión mundial ha golpeado duramente a España. El paro está cerca del 20% y el muy importante sector de la construcción está hundido. Quizá Zapatero se encuentra distraído por sus cuitas internas, ya que el programa de trabajo que ha propuesto para la presidencia española es notablemente anodino, incluso para los poco exigentes estándares de las presidencias de la UE.Y Los chinos:
La imagen del actor británico Rowan Atkinson, más conocido como Mr. Bean, ha sido utilizada a menudo por los ciudadanos españoles para burlarse de su presidente.Hasta el periódico que lo ha defendido se muestra escéptico,
La cuestión es si este Gobierno está preparado para hacer frente a estos desafíos y tiene la fuerza política para hacerlo.
Sin embargo, los electores españoles le han concedido dos legislaturas. ¿Para qué?
domingo, 10 de enero de 2010
¿Por qué no se legalizan las drogas de una vez?
Vargas Llosa también se lo pregunta y ofrece una buena explicación:
¿Por qué los gobiernos, que día a día comprueban lo costosa e inútil que es la política represiva, se niegan a considerar la descriminalización y a hacer estudios con participación de científicos, trabajadores sociales, jueces y agencias especializadas sobre los logros y consecuencias que ella traería? Porque, como lo explicó hace veinte años Milton Friedman, quien se adelantó a advertir la magnitud que alcanzaría el problema si no se lo resolvía a tiempo y a sugerir la legalización, intereses poderosos lo impiden. No sólo quienes se oponen a ella por razones de principio. El obstáculo mayor son los organismos y personas que viven de la represión de las drogas, y que, como es natural, defienden con uñas y dientes su fuente de trabajo. No son razones éticas, religiosas o políticas, sino el crudo interés el obstáculo mayor para acabar con la arrolladora criminalidad asociada al narcotráfico, la mayor amenaza para la democracia en América Latina, más aún que el populismo autoritario de Hugo Chávez y sus satélites.
miércoles, 6 de enero de 2010
Mentiras envueltas en papel de Reyes
Pongo el periódico junto al café y una tras otra se enlazan las mentiras. Parece que con el nuevo año reluzca la ceguera del sol negro.
1. El Ministerio de Defensa decide enviar 511 soldados a Afganistán y entonces a cuatro columnas titula el periódico, que cada día parece más la hoja del Gobierno,
2. Cada vez que el paro asciende, y eso ha ocurrido més tras més durante los últimos tiempos, el periódico apostila: el deterioro del mercado laboral se ha frenado en el último mes.
3. "Nos tratan como a perros", "Lo peor es que no comprendíamos por qué estábamos encarcelados", dice desde Copenhague el mayestático director de Greenpeace España, Juan López de Uralde. ¿El hecho de pertenecer a una ONG con lustre le libera de la responsabilidad contraída al saltarse las normas democráticas que un país como Dinamarca tiene establecidas? ¿Ser portada de periódicos, conceder entrevistas, ser moderno y verde le exime, como a Roman Polanski, por ejemplo, de cumplir las leyes? Quizá esperase que con su acción le darían el Nobel de la Paz.
4. Esta obsesión por presumir de problemas metafísicos (federalismo, confederación , autodeterminación, soberanía, independencia) de esta esquina noroeste del país, no muy diferente de la de aquellos que pierden el tiempo fabulando sobre ovnis, es decir, mentiras unas y otras envueltas en papel de reyes para obtener privilegios:
1. El Ministerio de Defensa decide enviar 511 soldados a Afganistán y entonces a cuatro columnas titula el periódico, que cada día parece más la hoja del Gobierno,
2. Cada vez que el paro asciende, y eso ha ocurrido més tras més durante los últimos tiempos, el periódico apostila: el deterioro del mercado laboral se ha frenado en el último mes.
3. "Nos tratan como a perros", "Lo peor es que no comprendíamos por qué estábamos encarcelados", dice desde Copenhague el mayestático director de Greenpeace España, Juan López de Uralde. ¿El hecho de pertenecer a una ONG con lustre le libera de la responsabilidad contraída al saltarse las normas democráticas que un país como Dinamarca tiene establecidas? ¿Ser portada de periódicos, conceder entrevistas, ser moderno y verde le exime, como a Roman Polanski, por ejemplo, de cumplir las leyes? Quizá esperase que con su acción le darían el Nobel de la Paz.
4. Esta obsesión por presumir de problemas metafísicos (federalismo, confederación , autodeterminación, soberanía, independencia) de esta esquina noroeste del país, no muy diferente de la de aquellos que pierden el tiempo fabulando sobre ovnis, es decir, mentiras unas y otras envueltas en papel de reyes para obtener privilegios:
"Ha llegado ya el momento de plantear las cosas sin rodeos: Cataluña quiere más poder y España no quiere dárselo. Quizá afrontar el problema directamente, sin eufemismos, facilitaría el entendimiento".¿Dónde se originan las mentiras en el periódico o en las fuentes de la noticia?
lunes, 4 de enero de 2010
El Burj, la Torre
Una imagen del exceso, 818 metros de altura, el Burj, la Torre. Imagen de un tiempo pasado o eso espero. Tan pasado como el de la otra Torre.
domingo, 3 de enero de 2010
Rock'n'Roll, de Tom Stoppard, en el Lliure
El debate de ideas en crudo, llevado al cine o al teatro, no suele funcionar si no está entreverado de sentimientos y pasión. A mi este Rock'n'Roll, de Tom Stoppard, me ha gustado. Y más que otras obras suyas. Seguro que algo ha tenido que ver la versión de Alex Rigola en el Teatre Lliure de Barcelona. Me gusta la disposición del escenario partido en dos con la acción en medio, me gusta la inserción de fragmentos de temas rockeros que van hilvanando la discusión, me gustan las interpretaciones, aunque no todas, y me gusta ese escenario nocturno con el canto de los grillos de fondo.
Stoppard, de origen checo, trata un montón de temas en su larga pieza de casi tres horas, con un hilo conductor, la decadencia y caída del régimen comunista checo, desde la primavera de Praga hasta la revolución de terciopelo. Un viejo profesor comunista de Cambridge, Max Morrow, discute con un ex alumno suyo, Jan, que ha vuelto a Praga desde Inglaterra, sobre el sentido del comunismo, sobre su fracaso. La fe inquebrantable del intelectual contra el descrédito fundado en la experiencia. Jan a su vez discute con su amigo Ferdinand sobre la mejor forma de derribar el esclerotizado sistema. Jan podría ser un trasunto del novelista Kundera y Ferdinand de Vaclav Havel. Éste quiere derribarlo con la labor de zapa clásica de la oposición política, el compromiso personal, los manifiestos, la agitación que fácilmente acaba en la cárcel. Jan, que no firma manifiestos a favor de los encarcelados políticos, disfraza su miedo de desconfianza en la oposición oficial y dice que el propio sistema caerá ante la evolución de la sociedad; confía en el rock, los pelos largos, la marihuana. La acción de Ferdinand y los suyos alcanzará el punto culminante en la Carta del 77, consecuencia de la detención del grupo rockero checo, The Plastic People of the Universe, por quien Jan se siente representado. El régimen encarcelará a unos y otros y su caída será fruto de todo eso y de mucho más, nunca hay una sola razón.
Junto a la discusión constante están las relaciones personales, el sexo, el amor, la amistad, la traición a favor o en contra de los amigos, la cobardía, las concesiones a la vida del día a día. Y el tiempo que todo lo apaga, para la nieta de Monrow la vida de las generaciones pasadas -su abuelo, su madre- se convierte en desapasionada historia- y la muerte en que todo se acaba, representada por la mujer del viejo comunista, Eleanor (magnífica Rosa Renom), especialista en Safo, corroída por un cáncer de mama. El comienzo del segundo acto con todos los personajes en escena, constata la muerte de ese comunismo que ha ocasionado más muertes que Hitler, "toda una vida entregada a una equivocación" (Max Monrow -estupendo Lluís Marco- nació con la Revolución de Octubre), pero también la del engaño de un capitalismo en versión consumista, representado por una periodista inglesa que dice escribir en libertad, pero cuya escritura es el ejercicio de la mentira a cambio de dinero. Teatro de ideas, pero hechas carne, sudor y sangre. Todo eso y mucho más estos días en el Lliure de Barcelona. Yo no me lo perdería.
Stoppard, de origen checo, trata un montón de temas en su larga pieza de casi tres horas, con un hilo conductor, la decadencia y caída del régimen comunista checo, desde la primavera de Praga hasta la revolución de terciopelo. Un viejo profesor comunista de Cambridge, Max Morrow, discute con un ex alumno suyo, Jan, que ha vuelto a Praga desde Inglaterra, sobre el sentido del comunismo, sobre su fracaso. La fe inquebrantable del intelectual contra el descrédito fundado en la experiencia. Jan a su vez discute con su amigo Ferdinand sobre la mejor forma de derribar el esclerotizado sistema. Jan podría ser un trasunto del novelista Kundera y Ferdinand de Vaclav Havel. Éste quiere derribarlo con la labor de zapa clásica de la oposición política, el compromiso personal, los manifiestos, la agitación que fácilmente acaba en la cárcel. Jan, que no firma manifiestos a favor de los encarcelados políticos, disfraza su miedo de desconfianza en la oposición oficial y dice que el propio sistema caerá ante la evolución de la sociedad; confía en el rock, los pelos largos, la marihuana. La acción de Ferdinand y los suyos alcanzará el punto culminante en la Carta del 77, consecuencia de la detención del grupo rockero checo, The Plastic People of the Universe, por quien Jan se siente representado. El régimen encarcelará a unos y otros y su caída será fruto de todo eso y de mucho más, nunca hay una sola razón.
Junto a la discusión constante están las relaciones personales, el sexo, el amor, la amistad, la traición a favor o en contra de los amigos, la cobardía, las concesiones a la vida del día a día. Y el tiempo que todo lo apaga, para la nieta de Monrow la vida de las generaciones pasadas -su abuelo, su madre- se convierte en desapasionada historia- y la muerte en que todo se acaba, representada por la mujer del viejo comunista, Eleanor (magnífica Rosa Renom), especialista en Safo, corroída por un cáncer de mama. El comienzo del segundo acto con todos los personajes en escena, constata la muerte de ese comunismo que ha ocasionado más muertes que Hitler, "toda una vida entregada a una equivocación" (Max Monrow -estupendo Lluís Marco- nació con la Revolución de Octubre), pero también la del engaño de un capitalismo en versión consumista, representado por una periodista inglesa que dice escribir en libertad, pero cuya escritura es el ejercicio de la mentira a cambio de dinero. Teatro de ideas, pero hechas carne, sudor y sangre. Todo eso y mucho más estos días en el Lliure de Barcelona. Yo no me lo perdería.
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