domingo, 28 de febrero de 2010

La humanidad socialdemócrata


En la entrevista que le hacen a Martina Navratilova, el periódico destaca su condición sexual: "No me disculpo por ser quien soy", es el titular. A mí me interesa su condición humana:
Es terrible. La gente tiene una memoria corta. Debería recordar lo que pasó. Me disgusto mucho cuando veo las elecciones y que los comunistas en la República Checa se llevan el 50% de los votos. Pienso: "¿Están locos o qué?". El comunismo es una idea bonita que nunca podrá funcionar porque le quita el poder al individuo. Me entristece que la gente piense que tenía cosas buenas cuando nunca las tuvo. Destruyeron a millones de personas. Destruyeron millones de vidas, incluidas las de mis padres. Nunca les perdonaré.
Como de Edgar Hilsenrath, un escritor que en su novela Fuck America cuenta su propia historia -"En realidad, es mi historia; incluí ficción para poder contarla, porque la realidad es demasiado aburrida e incoherente"-, destaca el periódico su condición judía: El judío que se salvó con la risa, es el titular. A mí me sigue interesando su condición humana:
El protagonista vuelve con el plan de matar a un compañero que lo maltrató en la escuela por judío. Se encuentra con un hombre amable, socialdemócrata y socio de Amnistía Internacional. Su odio se disipa. "Aquel niño existió, pero yo no fui a matarlo; vive cerca de Halle. Yo ya no tengo afán de venganza". ¿Desde cuándo? "Hará dos años".
En el mismo periódico otro socialdemócrata, Lula de Silva, despoja de humanidad al albañil Orlando Zapata, que murió como consecuencia de la huelga de hambre emprendida para recobrar la dignidad que le habían arrebatado las torturas y maltratos en las cárceles cubanas, cuando de él dice
"No se puede juzgar a un país o la actitud de un gobernante en función de la actitud de un ciudadano que decide empezar una huelga de hambre".
El mismo Lula que en su época de oposición a la dictadura brasileña había hecho huelgas de hambre.

De modo parecido, aunque en operación inversa, actúa este reportero socialdemócrata al conferir humanidad a las momias egipcias,
Los arqueólogos coinciden en que las momias no deben ser deshumanizadas. ¿Es legítimo perturbar el descanso de las momias en interés de la ciencia y el conocimiento? ¿Justifica el desvelar los misterios de la historia que se las despoje de su intimidad, del derecho de todo individuo a ser respetado en el largo sueño de su muerte? ¿Dónde acaba la investigación y empiezan el morbo y el espectáculo? ¿Cómo debe acercarse la ciencia a las momias?
 De la foto que precede no sé que decir. ¿Deshumaniza la época, deshumaniza la tradición tenebrista que se asocia a la historia de España, deshumaniza la mirada del momento -la estética gutierrez solana-, deshumanizan nuestros prejuicios?

jueves, 25 de febrero de 2010

Historia argentina

Abro el libro granate de la nueva edición de Anagrama. He esperado con cierta impaciencia este momento durante los últimos días, el momento en que el tren se pusiese en marcha para un largo viaje. Le precede la fama desde hace tiempo, desde que apareciera en 1991 en Buenos Aires. Lleva varias ediciones y cada una aporta novedades con respecto a la anterior. Edición corregida y aumentada. El artículo de Jordi Costa -crítico cinematográfico cuyos gustos suelen coincidir con los míos- anunciando cuatro novelas que revolucionan la literatura en castellano me anima. El fondo del cielo lo dejo para más adelante, prefiero ir al origen de todo. Me salto las introducciones, me mosquea la de Ray Loriga; dejo para el final la que juzgo más interesante, de Ignacio Echevarría -un respeto para quién dio un portazo a Babelia-, no así las varias citas iniciales. Me llama la atención, aunque todavía no sé por qué -quedará como un lazo rojo atrapado en el bardero durante toda la lectura- una sacada de una carta a Scott Fitzgerald de un Gerald Murphy:
"Sólo la parte inventada de nuestra historia -la parte más irreal- ha tenido alguna estructura, alguna belleza".
Son 17 partes, aún no sé si son capítulos de una novela o relatos independientes. El primero con sabor borgiano me gusta. El segundo, ya no. Empiezo a ver de que va la cosa, las formas y los contenidos y su desajuste. Literatura pop y erudición de la buena, literatura pastiche, estribillos, eslóganes, jergas, eso en cuanto al envoltorio acharolado que cruje y amarillea, del que de tanto en tanto conviene apartarse para que la vista no se lastime.
Cada vez miro más el paisaje nevado, a través de la ventana. Me cuesta seguir los retorcimientos de la erudición, el vaivén de una memoria podrida de literatura y de elementos pop. Leo en diagonal, rápido, procurando que nada se me escape, pero haciendo que las páginas vuelen. Dejaría la lectura pero me he hecho la promesa de ir hasta el final, de leer las entrañas del supuesto prodigio. Así será durante buena parte de la lectura, descansando en el blanco paisaje, en los cuerpos que tiritan en las estaciones de paso, en la gente que llega, en la que se va. Cuando llego al final del viaje sólo he leído la mitad.

El día de vuelta es un día plomizo, cubierto, lluvioso, que invita al silencio y la intimidad. Leo con más sosiego. Por supuesto que Rodrigo Fresán escribe bien. Y qué importa eso, como al soldado, ya se sabe. En seguida encuentro la joya del libro, apenas tres páginas, entre la 153 y la 156. Un relato extraordinario. Corran a las librerías y lean sólo ese fragmento. Ahí está lo que el talento del autor podría dar de sí, si no estuviese enfermo de literatura. Pero tras ese breve relato recupera la profusión de las citas, las cultas tipo Borges y las populares, Mozart y el tango, los dibujos animados y el cine clásico, resbalando por encima de la espuma del mundo. Y lo peor es ir viendo el trasfondo, aquello que subyace al ejercicio de estilo. El autor tiene una teoría sobre sí mismo, sobre su relación con el país del que procede, y utiliza la literatura como medium. Hay una frase que se queda ahí, llamativa, brillante, como un pájaro en el charco. La biblioteca es la patria del escritor. Tan bonita, tan llena de ecos, como insustancial. La sombra de Perón, aquel país tan arrugado y feo, la dictadura de Videla, la tortura, los montoneros, los secuestros de niños, los prisioneros arrojados al mar desde los aviones con las manos atadas, el asunto chusco y trágico de Las Malvinas, el fútbol. La historia del escritor y la historia reciente de Argentina reflejadas como el pájaro en el charco.

Llegué al final del libro cuando el tren arribaba al punto de partida. Durante el trayecto habían pasado cosas menos interesantes, apenas unos ojos juveniles y un padre herido en lo más profundo de su paternidad. La humedad se metía bien adentro. Dejé para otro día las introducciones. Hasta el propio Echevarría sucumbe a la tentación de la literatura, esa peste. Una generación perdida, una generación de hermosos y malditos. Scott Fitgerald podía entrar en el mundo de El gran Gatsby, como Wody Allen entraba en la pantalla de La rosa púrpura de El Cairo, y contarnos el mundo bidimensional que había dentro, pero la tortura en tiempos de Videla era un mundo real en tres dimensiones.

La muerte del albañil Orlando Zapata

Hablaba ayer Zapatero como Presidente de turno de la Unión Europea, en Ginebra, durante un congreso contra la pena de muerte. ¿Mencionó el tema del día -condolencias, lamentos, condenas-, la muerte del albañil Orlando Zapata? Sus hermeneutas dicen que sí.

Esta mañana, ante el consulado de Cuba en Barcelona.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Por qué no me gusta Lula

Lula ha escogido la peor ocasión para llegar a La Habana. O no.
El periódico lo ve de este modo:
Se trata del cuarto viaje que realiza a la isla en sus ocho años de presidente, y la visita tiene dos objetivos principales: afianzar su apuesta política por la revolución castrista antes de marcharse, y respaldar sectores estratégicos de la economía cubana, como las infraestructuras o el petróleo, en momentos en que la falta de liquidez y la crisis asfixian a las autoridades de la isla. En la agenda no hay espacio para los disidentes, algo que no ha sorprendido, pues Lula es un viejo aliado.
Siguiendo los pasos de Hugo Chávez, Lula llega a La Habana justo en el día en que el albañil Orlando Zapata, después de 86 días en huelga de hambre, acaba de morir. El albañil Orlando Zapata tenía 42 años. Pero a Lula no le interesan los disidentes. ¡Es un hombre de Estado! ¿Quién sabía de Orlando Zapata, aquí, en España? ¿A quién podía importarle que un disidente cubano estuviera en huelga de hambre durante 86 días? La mera comparación con el espectáculo Haidar de hace unas semanas produce vértigo. ¡Todos aquellos intelectuales! ¡Tan mudos!

Junto a un grupo de 75 disidentes Orlando Zapata fue condenado en la primavera del año 2003. A sus compañeros los condenaron a penas de hasta 28 años de cárcel. A él, por acumulación de penas por "desobediencia, desacato -"desacato a la figura del Comandante"- y protestas a favor de los derechos humanos", lo condenaron a 36 años de prisión. ¡36 años de prisión! Desde entonces, Zapata ha estado sometido a constantes cambios de prisión, palizas y régimen de aislamiento. ¿Qué delito habían cometido? Ser disidente. Pero a Lula no le interesan los disidentes. Lula quiere que su país sea una potencia regional. Por eso recibe a Ahmadinejad, otro que quiere afirmar su país como potencia regional fabricando la bomba nuclear. ¿Qué significa ser una potencia regional? Parece que a la gente que protesta y muere en las calles de Teherán, el que Irán sea una potencia regional no le sirve de gran cosa. Tampoco a los disidentes cubanos les sirve de gran cosa que Brasil sea una potencia regional. ¿Y a los pobres brasileños les sirve de algo que el presidente Lula convierta a su país en una potencia regional? Lula dirige el partido del trabajo, luchó contra la dictadura brasileña, pero los derechos humanos de los cubanos no le dicen nada si se interponen en el camino de Brasil hasta ser considerado potencia regional. ¿Por qué a Lula no le gustaba la dictadura militar de su país y en cambio se muestra feliz y sonriente ante la dictadura cubana?

Para celebrar la muerte del albañil Orlando Zapata, mientras Lula estrecha su amistad con los hermanos Castro, éstos detienen a 50 disidentes más. Por cierto, Guantámano está en Cuba. Es la cárcel más visible del mundo, ¿por qué las cárceles cubanas que están al lado, donde los presos son torturados y pasan hambre, son tan invisibles?

martes, 23 de febrero de 2010

Kurt Westergaard, caricaturista danés

"Tengo casi 75 años. Soy demasiado viejo para desaprovechar lo que me queda de vida dejándome arrastrar por el miedo". 
Kurt Westergaard, caricaturista danés, 74 años. Dibujó a Mahoma con un turbante bomba y la lió.
"Mi mujer y yo pasamos mucho tiempo cambiando de una casa de seguridad a otra. Cambiando de coche una vez por semana. Fue tremendo. Una etapa espantosa. Eso de salir de casa y no saber cuándo vas a poder volver es deprimente". 
Cuando volvieron a casa, a pesar de estar protegido por las fuerzas de seguridad, se produjo el ataque frustrado de un joven somalí.

Por allí entró el terrorista -una pequeña puerta en la valla trasera que delimita el jardín. De ahí pasó al salón, después de romper con el hacha la puerta de cristal blindado. Quizás el cristal tendría que haber sido un poco más grueso. Pero el tipo tardó 38 segundos en romperlo y en ese tiempo pude encerrarme en la habitación del pánico y activar la alarma policial.
 
Entonces llenaron la casa de policías. Las amenazas han sido un estigma. La gente le reconocía y prefería alejarse de él. Un día, en el restaurante de uno de los hoteles más famosos de Aarhus, donde vive, su mujer y él fueron invitados amablemente a abandonar el local, por motivos de seguridad. Gitte Westergaard, que hacía una suplencia en una guardería de Aarhus, recibió una llamada una tarde sugiriéndole que no se molestara en volver al trabajo. 
"La noticia se publicó en el Jyllands Posten, y al día siguiente la llamó el alcalde de Aarhus para devolverle el puesto, con muchas disculpas".

"Ahora tengo la misma vigilancia que el primer ministro y que la reina Margarita. No se puede pedir más".
"Nos han dejado tirados. Un día me encontré a un viejo amigo, de los años de juventud, cuando casi todos éramos de izquierdas -yo me sitúo ahora en el centro-, y me dijo, 'si te pasa algo, estate seguro de que en la izquierda habrá quien piense que te lo tienes merecido'. Es muy lamentable".


Después de lo ocurrido, he leído mucho sobre religión, y creo que esa frase del libro del Génesis que dice "Dios creó al hombre a su imagen y semejanza" tendría que ser a la inversa: "El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza".

lunes, 22 de febrero de 2010

El artista que no amaba a los judíos

Claro que el artista puede hacer lo que quiera, el arte es el reino de la libertad, aunque si miramos hacia atrás muchas obras del pasado estuvieron al servicio del poder, incluso se elevaron sobre los hombros de esclavos. Pero en la tierra de los hombres libres, cualquier obra sospechosa de parcialidad o de falsedad queda de inmediato devaluada, principalmente porque pierde el aroma del arte puro, esa dificultad para atrapar el significado, ese reto a la inteligencia del hombre libre.

 Sin duda, el pelotazo de la presente feria de ARCO ha sido la escultura Starway to Heaven de Eugenio Merino. Es una escultura potente, compuesta por elementos duros, con un simbolismo marcado, reconocible -las vestimentas o disfraces, los libros sagrados, la verticalidad, la sumisión, el momento que mejor define la religiosidad, la oración- combinados con otros ambiguos: ¿están estos tres personajes amigablemente unidos en el mismo espacio, representando a religiones tan opuestas, tan enemigas, o por el contrario se establece una jerarquía histórica y política, en la que unos dominan y otros son pisoteados? ¿Están unidos por un ritual común o están encadenados y entonces el espacio compartido es una excusa para ocultar o disimular el dominio y la sumisión?

Si la ambigüedad pudiera mantenerse y las interpretaciones más contradictorias por tanto pudiesen alternar sin problemas estaríamos ante una obra maestra, ante un icono perdurable. Quizá haya que recurrir al contexto para decantarse por una cosa u otra. Por ejemplo la forma tan diferente como representantes de las religiones implicadas han acogido dicha escultura. También el modo como periodistas o críticos de arte disuelven, a su pesar, la supuesta polisemia, es decir, su valor artístico, al intentar desviar el objetivo político del artista, Israel, hacia un supuesto exceso de celo de judíos e israelitas que en seguida verían antisemistismo allí donde no lo hay -¿Habla Israel en nombre de los judíos? O quizá sea el propio artista el que con las otras obras que presenta en el certamen reduzca drásticamente las interpretaciones posibles -véase esa menorá o candelabro de los siete brazos sustentada por la ametralladora israelí Uzi-, con lo que parece quedar claro que estamos no ante un objeto artístico sino ante una acción de agit pro. Lo obsceno del asunto es que la pureza del artista le impida salir a explicarse -cosa que tampoco necesita ante las evidencias- y que en su lugar hablen otros, diciendo que no, que no es lo que parece.

Y una segunda constatación. La cobardía de esta gente que siempre alancean moros muertos y nunca se enfrentan -no hacen obras valientes- a quien pueda suponer algún riesgo a su tranquilidad de inmaculados artistas. Los artistas españoles de los últimos cincuenta años, con contadas excepciones, han sido unos cobardes: el terrorismo etarra o el islámico nunca han estado entre sus temas de meditación. Igualito que Kurt Westergaard, el caricaturista danés autor de la viñeta de Mahoma.
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domingo, 21 de febrero de 2010

Sutter Island

Quién puede discutir la maestría técnica y formal de Martin Scorssese. Su recién estrenada, Sutter Island, está construida de tal modo que es imposible sustraerte durante su largo metraje a lo que sucede ante nuestros ojos. Nos intriga lo que piensa, lo que descubre, lo que le sucede a ese agente judicial que llega a una isla de la bahía de Boston, convertida en penal psiquiátrico en los años cincuenta, para resolver la desaparición de una reclusa. Todo autor, especialmente si es una autor reconocido, cuenta desde el principio con la credulidad de quien hace el esfuerzo de ir a ver su obra. En esta peli la limpia mirada del espectador enseguida se ve sometida a un trastabilleo constante. Las cosas quizá no sean como aparentan. Eso forma parte del género -del triller, de la intriga, del policiaco; todos los grandes han utilizado el esquema del suspense, de los giros del guión, para sorprender. Pero Scorssese juega con nuestra credulidad de tal modo, nos zarandea tanto, que al final uno comienza a dudar de su juego, de la verosimilitud. Hay un pacto implícito entre el artista y el espectador adulto: cuéntame cosas creíbles, no me tomes el pelo.

La peli de Scorssese es brillante y cuenta con todo el tiempo del mundo, 138 minutos, para desarrollar lo que nos quiere explicar y sin embargo el resultado es más que decepcionante: dominan más las sugerencias, los apuntes que la definición de los personajes, la verdad de los hechos o los diagnósticos psicológicos fiables. Muchas películas con base en el drama psicológico han jugado con la confusión, con la ambigüedad de lo que pasa ante nuestros ojos, desde Vértigo a Suspense o Corredor sin retorno, algunas películas a las que esta podría remitir, pero en el cine clásico, si el final era abierto, siempre quedaba la posibilidad de cuadrar el guión, si uno lo estudiaba con detenimiento, de establecer una hipótesis realista. Scorssese lo deja tan en el aire, el abuso de la elipsis es tan grande que todo queda en la indefinición. Hay demasiadas debilidades en esta obra: muchos personajes interesantes mal definidos o abandonados a lo largo del metraje, un abuso de los sueños para explicar cosas que deberían explicarse de forma fáctica y un gran salto en la historia, tan elíptico, que no queda asentado mediante pruebas, que deja al espectador totalmente confuso.

De las grandes obras se espera no sólo entretenimiento -para eso ya están esas inverosímiles películas de terror, de ciencia ficción, de fantasía que llenan las salas de jóvenes para quienes el mundo está por definir- sino también conocimiento. Uno espera descubrir mundos que no conoce o levantar las pesadas alfombras bajo las que escondemos lo que nos desagrada o apartar los velos que ocultan lo que tememos. Pero hacer una película para adultos con las inconsecuencias del género adolescente eso no forma parte del contrato, es más bien una tomadura de pelo.

viernes, 19 de febrero de 2010

Ojos que no ven

Sucede que la profusión publicitaria de las cadenas mediáticas -prensa y sus críticos, editoriales y sus publicistas tienden a confundirse, buscan sinergias como dicen, y con ello devalúan sus productos y los de los demás- y las modas, como esa cosa de la llamada novela histórica, ocultan los novedades de interés, que sólo triunfan muy lentamente gracias al boca a boca. Es el caso de esta Ojos que no ven que merecería el éxito que quizá no vaya a tener. Es una novela que se inscribe en la tradición de los grandes autores en castellano, que bebe y marcha con el río de la lengua. Así va avanzando con grandes periodos a lo Sánchez Ferlosio, con un ritmo en el que repiquetean los estribillos a la manera de las mejores novelas de Javier Marías y cuida las palabras, buscando su exactitud y precisión, y reflexiona sobre la lengua -sobre las palabras y frases muertas, sobre la necesidad de volver a decir las cosas de nuevo para que alcancen sentido- como lo hace o lo hacía Miguel Delibes.

La novela trata de tres generaciones de hombres, también a la manera de Delibes (La guerra de nuestros antepasados), que viven con la sobriedad que ofrece una vida apegada a la naturaleza, que aprenden de ella y se adaptan a ella, viendo en los cambios estacionales y en la irrupción de los cambios atmosféricos el preludio de los cambios humanos. Pocas cosas cambian en la vida de los hombres, la violencia siempre vuelve, tampoco las reglas del comportamiento, y lo que valió en otra época puede valer en esta. El protagonista, envuelto en un contexto de violencia, rememora lo que le sucedió a su padre y lo que aprendió de él para enseñárselo a su hijo. La división, el enfrentamiento fraternal de la guerra civil, revivido en el seno de una familia inmigrante en el País vasco, para quienes las palabras han dejado de tener sentido o son armas, donde la conversación ya no existe. Son personajes que no son definidos por su aspecto físico, sino por sus gestos, por sus actitudes, por sus movimientos y pensares. Son personajes machadianos, portadores de valores morales, que han de reconstruir el habla para que volver a dialogar sea posible.

Lo que nos cuenta J.A. González Sainz había que decirlo y había que decirlo del modo en que él lo dice, con el idioma propio de los personajes de estas tierras, de su tradición literaria, con su ritmo pausado, de largo periodos, envolvente, penetrando poco a poco, casi geológicamente en el lector. Y con tan pocas palabras, apenas 150 páginas, pero tan bien medidas. Una novela necesaria.

jueves, 18 de febrero de 2010

Una cápsula para dormir


¿Y si esto fuese el futuro? Este es el Hotel Cápsula en el distrito de Shinjuku de Tokio. Dos metros de largo por uno y medio de ancho.

El alquiler es más elevado de lo que cabría sospechar para espacio tan reducido: 59.000 yenes al mes, aproximadamente 473 euros, para una litera superior. Sin depósito inicial o servicios adicionales, pero contando con servicios básicos como ropa de cama y uso gratuito de baño común y sauna, el coste es bastante menor que alquilar un apartamento en Tokio. Es un lugar donde el sueño profundo es raro. Las cápsulas no tienen puertas, tan sólo unas pantallas que se pueden declinar. El hombro o la espalda sobre las paredes de plástico, cada carraspeo, traspasa el ámbito de la cámara de al lado.

Estos son los servicios básicos: una lámpara, un pequeño televisor con auriculares, ganchos para colgar ropa, una manta delgada y una almohada dura de cáscaras de arroz. Sábanas limpias, baño y sauna comunes. La mayoría de las posesiones, desde camisetas a la crema de afeitar, deben mantenerse en las taquillas. Hay una sala común con sofás viejos, un comedor y filas de fregaderos. El humo del cigarrillo está en todas partes.

El gobierno japonés afirma que unas 15.800 personas viven en las calles de Japón; para los grupos de ayuda, la cifra es mucho más alta, por lo menos 10.000 sólo en Tokyo. A los que habría que añadir los que viven en hoteles cápsula o la población flotante que duerme en cibercafés o saunas abiertas las 24 horas del día.
La tasa de desempleo alcanza el 5,2 por ciento, cifra récord, y la tasa de pobreza se ha disparado hasta el 15.7 por ciento, uno de los más altos del mundo industrializado.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Una dolorosa anomalía

¿Qué deficiencia analítica puede convertir un drama social -el paro- en una herida rilkeana (la herida que causa la espina que oculta la rosa)?

Y sin embargo entre la retahíla de cifras del cuadro macroeconómico el presidente desliza hoy en el Parlamento esa frase refiriéndose al paro. Una dolorosa anomalía. Si yo fuese un psicoanalista trataría de sacarle jugo. No se sigue del discurso que, a pesar de lo que pudiera parecer, el dolor se refiera al que sufre cada uno de los parados que juntos suman más de cuatro millones, porque para cada uno de ellos estar parado no es una anomalía, sino más bien un estado duradero del que difícilmente en las actuales condiciones se podrá salir. No parece tampoco la mejor definición del actual estado de cosas. Cómo podría definirse como anomalía una situación que afecta a tantos millones de personas y sus correspondientes familias. Pareciera más bien que ese conjunto de millones de parados es como una china en el zapato de un hombre que se había propuesto salvar al mundo -su alianza de civilizaciones-, un contratiempo temporal, una anomalía en su recto camino, un dolor personal, el suyo, por tanto, una herida en su inmaculada trayectoria de hombre público.

Eso diría yo si me dedicase al análisis psicológico o si tuviese fe en ese tipo de juegos mentales, pero como soy bastante descreído, si miro con frialdad ese sintagma -una dolorosa anomalía- lo único que veo es la enorme ceguera de un político incapaz de enfrentarse a la realidad. Una ceguera que se extiende entre sus compañeros de partido. Así Jesús Caldera, vicepresidente ejecutivo de la Fundación IDEAS, cuando habla de los agobios de la coyuntura para referirse al mismo problema. Esa cifra de paro, y su correlato de dolor, angustia y destrucción de la autoestima personal, es un dato de la actual estructura económica de España. Y por consiguiente, junto a la quiebra económica y el drama social, la necesidad de tomar medidas políticas urgentes para remediarlo.

¿Quién ha ganado el debate?, esas tonterías que preguntan los periódicos. Que se lo digan a cada uno de los cuatro millones y pico de parados, ¡quién ha ganado el debate!

martes, 16 de febrero de 2010

Papá, llama si te pasa algo

Renfe, larga distancia. El asunto de los móviles, el vaivén del vestíbulo de la estación repetido en el vagón. Gente inquieta. Chicas jóvenes contando sus cuitas a otras chicas sobre chicos y medio novios al volumen justo para que todo el mundo se entere. Conversaciones largas que se acaban y se reanudan de inmediato con interlocutores variados a lo largo del viaje, contando los mismos sucedidos. Imposible concentrarse en la lectura. ¿Se atreverá la ministra Jiménez a dictar una ley de uso de móviles en lugares públicos? También algunos hombres de negocios hablan, arrogantes, displicentes, aunque más discretos. Un hombre mayor que se empeña en sacar sus maletas al pasillo, a 120 kilómetros de su parada, para que no se le pase la estación. El zoo humano. Gente que sube y que baja, cada cual con su conversación, exponiendo sus asuntos alegremente, haciendo saber a todo el mundo lo que les pasa, una agotadora necesidad de exhibir su intimidad ante desconocidos. Sólo las personas mayores, libres de móviles, entablan conversación directa con sus vecinos. Sólo ahí aparece la incomodidad.

Y un padre con dos hijos pequeños, acaso cuatro años el niño y tres la niña. Él les habla en catalán, con un punto de cansancio en la voz, quizá de irritación. El niño con su maquinita digital entre los dedos, la niña distribuyendo roles: yo soy la mama, tú eres el papa le dice a su hermano, tú Papá eres Miguel, alternando los papeles, pero siempre con el mismo juego. Pasan las estaciones, la lluvia, las tierras encharcadas, los campos nevados, las cebadas crecidas en estos días de febrero mediado. Gente que sube, gente que baja.
El padre con los niños llega por fin a su destino. Recogen. Alguien le pregunta. Van a Zamora con su madre. Se le ve tenso, la voz se le ha ido atiplando, casi chirría cuando reconviene a sus hijos para que vayan saliendo. Les empuja casi, tropieza. El niño repite una y otra vez, papá, llama si te pasa algo; prométeme que llamarás si te pasa algo. La tarde es grisácea, destemplada, con el cielo cubierto ya no hace el frío de los días pasados.

lunes, 15 de febrero de 2010

Tres días con la familia

Cuenta Román Gubern a propósito del recién fallecido Eric Rohmer que en 1986, siendo él parte del jurado en la Bienal de Venecia, algunos de sus colegas se negaban a premiar la película rohmeriana El rayo verde, arguyendo que la crisis que vivía la protagonista en el filme era la propia crisis del director en la vida real.
Una ceguera parecida podría atribuirse a los votantes de la pomposamente llamada Academia de Cine a propósito de esta película española, muy por encima del valor de las premiadas.

Colocar una cámara delante y dejar que la vida transcurra. Viene de la tradición francesa que se remonta al realismo. El espejo que plantaba Courbet ante el camino a mediados del XIX cuando salió con su caballete a la cale para atrapar la vida. Tranches de vie de que hablara Stendhal, que siguieron Steinbeck y otros. Que está en el cine de Renoir y especialmente en el recientemente fallecido Eric Rhomer. Tranches de vie, fragmentos de la vida cotidiana que discurren ante nosotros, que nos representan, en los que nos reconocemos.
Hay cineastas que buscan la filmación exhaustiva de lo que les sucede, dejando día a día un material ingente. Hubo escritores que lo hicieron en el pasado llevando diarios en que querían dejar constancia de todo, James Boswell, por ejemplo, Trapiello en nuestros días.
Sin embargo, no hay que llegar a eso para vernos reflejados, para empatizar con los personajes que viven delante de nosotros. Con noventa minutos es suficiente. Es lo que hacía el recientemente fallecido Éric Rohmer en sus películas o es lo que hace Mar Coll en esta Tres días con la familia, que ha pasado sin mucho eco, creo, ante nosotros y merecía mucha más atención.

Una chica llega al entierro de su abuelo en un momento crucial en su vida. Ante nuestros ojos lentamente van apareciendo los distintos personajes de la familia, los defectos y virtudes que conforman sus personalidades se irán desplegando a través de diálogos pausados, de gestos, de detalles que comprendemos y a los que atribuimos significado porque nos reconocemos en ellos, porque forman parte de la textura de nuestra propia vida. Una película precisa, maravillosamente bien interpretada, con un guión medido, de una directora recién llegada, Mar Coll, que promete hacernos pasar tardes memorables si los productores creen en ella y le permiten seguir haciendo películas. No todo el cine español es malo y los actores dan la talla si lo que se les ofrece es creíble y está bien trabajado.

domingo, 14 de febrero de 2010

Desayunos socialdemócratas

Los domingos son los días mejores para pulsar el estado de opinión socialdemócrata:

1. Critica el periódico en un editorial la indecente actitud de la alcaldesa de Cunit y senadora del PSC al no defender a una trabajadora social de su ayuntamiento, pero no señala lo más grave, que ese hecho invalida la mendacidad de una larga, fatigante, retórica campaña pro feminista de ese partido.
Resulta difícil de entender la actitud del Partido Socialista de Catalunya (PSC) respecto al acoso que está sufriendo Fatima Ghailan, trabajadora del Ayuntamiento de Cunit, Tarragona, por no usar pañuelo, conducir su coche y llevar, en términos generales, una vida de estilo occidental.
Lo sorprendente del caso de Ghailan es la actitud de la alcaldesa y senadora socialista por Tarragona Judit Alberich, que intentó que la mujer retirase la denuncia para evitar un conflicto social, y el apoyo que le ha prestado su partido, el PSC, con un homenaje, primero, y un reparto, luego, de octavillas defendiendo su mediación pacificadora en un "conflicto privado". Inexplicable posición de un partido democrático que no ha tenido todavía ningún gesto de apoyo para la víctima.
2. ¿Cuántas veces los editorialistas, periodistas o columnistas del periódico han asociado pobreza, injusticia, falta de democracia, desesperanza, conflicto palestino-israelí al terrorismo de tipo islamista? Moisés Naim se pregunta, qué atrae a los militantes terroristas hacia la violencia y halla algo sorprendente. La irresistible atracción que el terrorismo ejerce sobre los ingenieros:
La ingeniería atrae a individuos que prefieren respuestas claras y modelos mentales que minimizan la ambigüedad. En las universidades estadounidenses, por ejemplo, la probabilidad de ser al mismo tiempo religioso y conservador es siete veces mayor en las escuelas de ingeniería que en las de ciencias sociales. Gambetta y Hertog ("Por qué hay tantos ingenieros entre los islamistas radicales", European Journal of Sociology)  argumentan que hay mucha afinidad entre la estructura mental de los ingenieros y las ideas que nutren a los terroristas radicales islámicos. Esta tendencia interactúa y es potenciada por el hecho de que los ingenieros -inteligentes y profesionalmente ambiciosos- chocan y se radicalizan al enfrentarse con el estancamiento económico, la falta de oportunidades para los jóvenes y la represión política comunes en países islámicos.
3. Igualmente sorprendente es la animosidad de la reportera dicharachera de los domingos contra alguno de sus entrevistados. En tales casos les bombardea con preguntas que son respuestas prefabricadas de modo que queden en evidencia, ridiculizados. Así, por ejemplo, con Rosa Díez. Aquí unas cuantas de esas preguntas que no lo son.
Su cantinela de que el Estado se rompe ya no la usa ni el PP. Usted se dice equidistante. ¿Identidad propia tiene alguna? Le ha dado identitaria, con tanto España, España, España. Gobernó con el PNV, y tan pimpante. ¿Cuándo notó la primera alergia a la txapela? ¿De mayor quiere ser Sarkozy? Hay quienes dicen que es usted una listilla y una jeta. ¿Cree que logra ese punto superfashion que persigue? ¿Tiene más o menos de dos dedos de frente?
4. Para qué ser fieles a un periódico que no busca decir con fidelidad lo qué pasa sino entorpecer la intelección del mundo con mentiras. Por ejemplo, este titular que se da de patadas con las líneas que más abajo lo explican:
Rouco achaca la crisis económica a "causas espirituales". 

viernes, 12 de febrero de 2010

El no-artista John Baldessari

Mirémoslo desde otro punto de vista, presupongamos honestidad en los artistas. Entonces, Marcel Duchamp fue el primero, cuando firmó el urinario y le puso título y cuando se retiró del arte para ser uno cualquiera y matar el tiempo jugando al ajedrez.
Como habíamos bajado del pedestal al asunto y la figura, erradicando el gusto y la tradición como temas del Arte, dejando en el taller a los artistas con sus cavilaciones, y seguimos después alejando del arte la propia pintura y el cuadro, incluso los materiales que lo habían ennoblecido, tocaba ahora convertir al Divino Artista en uno de los nuestros, un hombre terrenal, no muy diferente de cualquiera de nosotros. Se había acabado pues la singularidad, el objeto sagrado, la misión divina de aquellos que el renacimiento había singularizado y el romanticismo convertido en genios. ¿Pero fue eso lo que sucedió, el arte y sus creadores se convirtieron en sucesos ordinarios?

Cuando John Baldessari proclama
"Tenía la sensación de que el arte conceptual de aquel momento era demasiado pedante. Así que intenté ser un no-artista". 
había llegado tarde, el momento virginal había mutado de las galerías de arte a los talleres de costura y del despacho del arquitecto a las oficinas de diseño. Cualquier artesano creía atesorar un nombre y tener reservada una plaza en el Olimpo. Esa fue la primera consecuencia de la desmitificación del arte que Duchamp emprendió. Ahora mismo no hay nada más cercano a esa transmutación que el cuerpo -y sangre- de Cristiano Ronaldo, los calzoncillos de Bakham o una arrancada de Messi que acaba en gol. Los hombres se agolpan ante una pantalla para asistir al prodigio, pasearse por un museo es puro esnobismo.

La segunda consecuencia no fue convertir los objetos artísticos en objetos de la vida cotidiana, sino hacer de los objetos no-artísticos y de los gestos de los no-artistas piezas de museo. Embalsamados eso sí, fósiles de otro tiempo. ¿Cómo salvar sino la penosa contradicción de John Baldessari, que tras quemar su obra vuelve a hacer más obra, a rememorar su gesto incendiario, a recuperar parte de lo perdido, a acudir al museo, el Sagrado Lugar del Arte, que una vez quiso incendiar? Porque el débil John Baldessari no puede sustraerse a la melancolía del Arte. Ser artista es una maldición en estos tiempos, también ser un no-artista.

jueves, 11 de febrero de 2010

Imposturas artísticas

Hubo un momento en que el arte pareció haberlo dicho todo. Los artistas habían llegado al límite: hacía tiempo que habían escapado del taller, después del marco del cuadro, de la propia tela, del objeto representado, del color y de la materia utilizada y del propio artista creador que convertía un objeto cualquiera en objeto artístico mediante el acto de su firma. Así se llegó al momento sublime, puro e incontaminado, en que la obra terminaba en su propia concepción. Cualquier realización era una mancha.
"Hubo un cambio de paradigma en los primeros años de la década de 1960 e incluso antes, el expresionismo abstracto parecía agotado y nadie sabía qué dirección tomar. Recuerdo que el MOMA (Museum of Modern Art) montó una exposición titulada The new figuration y yo pensé que volvía la figura. Pero lo único cierto es que los artistas se aburrían y de este aburrimiento salió el minimalismo, el arte pop y el arte conceptual. Pero yo odio ser etiquetado y clasificado, así que siempre he intentado escapar buscando no ser ni carne ni pescado".
Así que, qué podía hacer un artista en aquellos días para ser artista, es decir único, es decir genial. Quizá lo mejor era quemar toda la obra y enmudecer. Hubo algunos, en los distintos campos del arte, que quemaron su obra -existen muchas leyendas al respecto-, otros que la mandaron quemar -quizá a sabiendas de que el albacea no cumpliría la orden y el gesto añadiría fama al legado-, y otros por fin, hicieron de su mudez el gran desafío a los muñidores del arte. Acertaron, ese hecho les proporcionó fama inaudita.
"Tenía la sensación de que el arte conceptual de aquel momento era demasiado pedante. Así que intenté ser un no-artista". 
Así pues en 1970 John Baldessari decidió quemar todas -¿todas?- sus obras realizadas entre 1953 y 1966. Pero del mismo modo que otros artistas hicieron de su silencio un gesto clamoroso (Salinger, por ejemplo, con su hosca fotografía; Rulfo finiquitado en su Pedro Páramo), de la languidez tasada y medida de su obra un hecho insólito de inabarcable significado, Baldassari olió los réditos de la chamusquina: junto a un amigo artista, que poseía un horno crematorio, elaboró un ritual, el Cremation project, que incluía la documentación de la quema, las cenizas, la correspondiente urna, la lápida y la esquela.
Tras aquel gesto no muy lejano de la rabieta infantil, la nada que Baldessari tenía que decir la siguió diciendo a través de pastiches y mucho vídeo. Véanse por ejemplo: I Am Making Art , 1971; john baldessari sings sol le witt; John Baldessari - Time & Temperature (1972/1973). Sin embargo, la mejor aproximación a la obra del artista se encuentra aquí.

A pesar de bailar de puntillas, todo el mundo considera a Baldassari como artista conceptual. Ahora el MACBA de Barcelona reproduce una exposición de la Tate Modern. En ella hay unas cuantas obras que no se quemaron porque estaban en manos de coleccionistas, en total se presentan 130 obras realizadas entre 1962 y 2009, que ya son obras para un no-artista. Es curioso, cómo estos genios de la nada añoran los tiempos en que se hacían obras para ser contempladas en las paredes de los museos. Siempre que les dan la oportunidad la agarran, aunque no tengan nada que exponer.
"En los primeros años los artistas nos reuníamos en el Max's Kansas City, de Nueva York, y creíamos realmente que había progreso en el arte. Había tantas ideas nuevas que todos nos atribuíamos que propuse establecer un ordenador central para que cada vez que alguien tuviera una idea pudiera llamar y registrarla o descubrir que otro lo había pensado antes. Ahora vivimos lo que se llama pluralismo, no hay un estilo dominante, uno toma prestado del pasado, un poco de aquí un poco de allá...".
Si, de todos modos, si se quiere tener una experiencia artística conceptual, acúdase al MACBA. Esto es lo que verá:

miércoles, 10 de febrero de 2010

La emergencia de los nacionalismos me produce un dolor inmenso

Las últimas presentaciones de libros están siendo jugosas. J.Á. González Sainz (Soria, 1956) presenta ‘Ojos que no ven’ (Anagrama).
Siendo un tema que ha puesto y sigue poniendo en jaque la democracia y la convivencia de los españoles, y que siempre está en el primer plano de las agendas políticas, me llamaba la atención que la literatura haya tenido pocas o ningunas agallas para afrontar el terrorismo. Últimamente sí ha habido intentos, todos ellos a cargo de vascos, pero lo curioso es que en el resto del país no se ha abordado, quizá por falta de perspectiva, valentía o preocupación.
Me interesaba que la tragedia de esa familia se iniciara en uno de esos pueblos que ha sufrido todas las desventajas frente a otras tierras que son las que más se han quejado y que han gozado de mayores privilegios.

El fenómeno de la despoblación y el abandono de ciertos entornos es un fenómeno importantísimo en las regiones que menos han levantado la voz, y eso es una injusticia flagrante. Es decir, las víctimas han sido de nuevo víctimas de los victimistas.

La emergencia de los nuevos nacionalismos, de deidades en torno a la identidad y las diferencias entendidas de manera absoluta me producen un dolor inmenso.
***
Aquel tiempo hecho de zurcidos y remiendos que rescata la memoria de Rodríguez Rivero:
Cuando yo era chico, las cosas tenían arreglo. Se les daba siempre una segunda oportunidad (y, a menudo, una tercera). Y, cuando ya no daban más de sí, se arrojaban a la basura con duelo, resignándonos a su indefectible mortalidad. Entonces se cogían puntos a las medias -me fascinaban los sencillos aparatos en los que se reparaban las carreras y desgarros de aquellas finísimas prendas de nailon que protegían las piernas de mi madre-. También se zurcía la ropa (reparen en el verbo: morirá pronto), que era cara y no se fabricaba lejos; y las modistas de barrio hilvanaban arreglos en los viejos vestidos para adaptarlos a la moda de la temporada. Incluso se restauraban los calcetines de los chicos, introduciendo en ellos un falso huevo para tensarlos y facilitar el recosido de puntas y talones.
En aquel tiempo se recurría a los caldereros para que restañaran los cacharros; se sustituían las lámparas agotadas de la bendita radio; se componían los enchufes quemados de las planchas; se llevaban los paraguas a establecimientos lejanísimos para que les cambiaran las varillas. Entonces los zapateros "remendones" -un clásico de la literatura romántica y social- se encargaban de componer las suelas de los zapatos, prolongando eficazmente la vida de un calzado cuya compra había que planificar en el presupuesto familiar. En aquella época nos enseñaban a apagar la luz al salir de las habitaciones, a no tirar nunca el pan, a forrar los libros de texto que tendría que usar nuestro hermano, a devolver en la tienda los "cascos" de las botellas de refresco.

martes, 9 de febrero de 2010

Pan, amor y fantasía

El inconveniente de tratar a MTFdlV como si fuese Jorge Javier Vázquez, a Elena Salgado como Lydia, a Manuel Chaves como Kiko o al presidente ZP como si fuese Isabel Pantoja es que los fondos de inversión internacionales no toman al país en serio y al menor traspiés huyen despavoridos. Sin embargo escuchando tertulias y leyendo a columnistas es la impresión que se tiene, los políticos como rutilantes estrellas de la pequeña pantalla.
La primera ley del liderazgo es la administración adecuada de los tiempos. Zapatero siempre ha llegado a la hora equivocada: negando la crisis, primero; minimizándola, después; y dándola por despedida precisamente cuando las costuras de la economía crujían al máximo. La infantil creencia de que fotografiarse con Obama redime ha llevado a Zapatero al desayuno americano de oración.
Es el problema del liderazgo moderno, donde la suerte de un país reside en la voluntad de un hombre al que se le ha otorgado el carisma como David fue ungido por Yahve. Los liderazgos polítios fuertes nacieron en el siglo XX para tomar decisiones difíciles en época de crisis. Un hombre solo tomaba decisiones amargas, sangre, sudor y lágrimas, aún en contrra de la opinión pública, para salvar a un pueblo. Pero ¿qué ocurre hoy mismo cuando el liderazgo blando es puramente mediático -sonrisas prefabricadas, discursos construidos por negros, una legión de asesores para analizar las señales de humo- si llega una crisis de otros tiempos y el líder tiene una voluntad de pan con mantequilla? La democracia es un ritual al que se nos convoca cada cuatro años; el político elegido, se rodea de asesores de comunicación que le aconsejan cuántos centímetros ha de elevar el mentón mientras proclama, pan, amor y fantasía, para llegar vivo a la próxima cita electoral.

A día de hoy, ¿qué debería hacer el lider? Debería plantarse ante las cámaras en hora de máxima audiencia y cantarle a la audiencia las verdades del barquero: ¡Señores: La burbuja inmobiliaria nos ha hecho creer que éramos ricos! La realidad es que vamos rodando hacia la miseria. En consecuencia, átense los machos porque vamos a gobernar:

1, lo de la reforma de las pensiones iba en serio, necesitamos con urgencia recortar el gasto público desbocado,
2, como hemos entregado el dinero que no teníamos a los bancos, les vamos a exigir transparencia para saber qué bancos y qué cajas tienen en su balance los 325.000 millones de euros de crédito promotor para actuar en consecuencia,
3, vamos a reformar la economía en la dirección del aumento de productividad, para ello este es nuestro plan de reformas:
a. reorganizar la administración pública (reducción de organismos y plantilla, congelación de salarios)
b. reformar la educación a fondo (potenciando la FP, creando instituciones de excelencia);
c. reforma laboral eliminando la distinción entre trabajadores permanentes y temporales;
d. eliminar las trabas burocráticas para la creación de empresas;
e. recuperar tranferencias autonómicas para asegurar la unidad de mercado;
f. reformar la Seguridad Social adecuando prestaciones y contribuciones;
g. apoyar un sistema tributario que prime el trabajo y el ahorro.

y 4, como el plan es duro y exigente, pero ustedes no me creen capaz de llavarlo a cabo, presento mi dimisión y convoco elecciones generales.

lunes, 8 de febrero de 2010

El extraordinario caso de la llegada del AVE a Valladolid

Una de las cosas que más sorprenden al visitante primerizo de Valladolid es el enorme tajo con que la vía del tren marca el rostro de la ciudad. Durante décadas ha sido la línea de separación entre dos ciudades muy mal comunicadas -por medio de túneles y viaductos cochambrosos-, la de los vallisoletanos de siempre y la del aluvión de trabajadores de Fasa Renault y alrededores. La llegada de la Renault a la ciudad supuso convertirla en una ciudad industrial, con todas sus desventajas y la compleja excepción de dar trabajo a mucha gente que de otro modo no podía prosperar. Se construyeron barrios enteros sin una idea de ciudad. A la vista está que aquellos no fueron tiempos de grandes arquitectos e ingenieros ni de cuidadosos urbanistas. En paralelo, en los años centrales del franquismo se sustituyó y destruyó el viejo casco histórico por una descontrolada y fea reurbanización que tiene difícil arreglo.

Por fin, Aznar planificó y Zapatero inauguró la llegaba el AVE. A bombo y platillo se vendió la idea de la ocasión única para rehacer la ciudad, siguiendo el ejemplo de la canalización del Turia en Valencia o de la recuperación de la ría de Bilbao. Cabían varias posibilidades. Circunvalar la ciudad con una vía nueva, por ejemplo, sacando la estación fuera, lejos del centro, y urbanizar la zona liberada, siguiendo los ritmos y las necesidades del mercado y de la propia ciudad. Es lo que se ha hecho en otras ciudades, Tarragona y Burgos, por ejemplo. O bien, no tener prisa y esperar a que el Estado se encargase de la obra, llegando el AVE a la ciudad con los deberes hechos: soterrando y acondicionando las infraestructuras, como se ha hecho en Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga. El Estado se vería en la obligación de hacerlo si quería que el AVE llegase a Galicia y Asturias a Bilbao, San Sebastián y Francia.

Pues no, ni una ni otra. El AVE llegó con precipitación, con pasos a nivel incluidos. ¿Qué ha ocurrido? Los hijos o los nietos de aquella burguesía depredadora que destruyó los palacetes renacentistas y barrocos del centro de la ciudad vieron la ocasión de la gran tajada especulativa. Traer el AVE a toda prisa y soterrar y reurbanizar poco después de modo que la liberación de terrenos que el soterramiento dejase libres costease los trabajos y siguiese llenando las arcas de las constructoras, los comisionistas y la hacienda pública. Cómo desperdiciar tamaña ocasión. El problema es que todo eso se planificó en época de vacas gordas, cuando la financiación no tenía límite y nadie pensaba que las necesidades y los sueños de la clase media tenían techo.
¿Quién va a pagar la inmensa obra proyectada en años tan duros como los que se avecinan? ¿Por qué no se presionó al Estado para que soterrase al mismo tiempo que el AVE llegaba? ¡Si hasta en un pueblo como El Prat de Llobregat lo han hecho!

Entrevistan al consejero delegado de las obras y ante las preguntas complacientes del periodista, balbucea:
En Valladolid, las previsiones que se hicieron hace cinco años fueron absolutamente razonables en función de la centralidad y la calidad que tienen. No fue el cuento de la lechera.
En esa frase está el drama entero de la ciudad. La frase es el negativo de lo que piensa este hombre y todos aquellos a los que representa. Su caída de las torres gemelas. Absolutamente razonables, quiere decir, qué gran brindis al sol; centralidad y calidad, quiere decir, los ciudadanos iban a endeudarse de por vida para acceder al espejito de la madrasta de Blancanieves; en fin, el cuento de la lechera. De nuevo, la avara burguesía le ha vuelto a fallar a la ciudad.

domingo, 7 de febrero de 2010

Ingenuos, deshonestos, corruptos

La rabia que da comprobar que la supuesta racionalidad del método y la objetividad en el tratamiento de los temas es un ejercicio de parte. Rabia por haber confiado durante años en gente tan deshonesta o intelectualmente corrupta o ingenuamente contaminada por entregarse sin resticciones a una ideología cuyo objeto no es conformar una imagen veraz y justa del mundo sino servir de base al poder de una clase política, periodística, empresarial en contra de la necesidad de la mayoría.

Este hombre, catedrático de Sevilla, habla de la gravedad política y económica por la que pasa España, de la corrupción y pone ejemplos:
un día sí y otro también van apareciendo noticias sobre prácticas corruptas, de naturaleza económica, como las asociadas al caso Gürtel o al caso Palma Arena, o de naturaleza política, como las del espionaje a Cobo o las intrigas de Esperanza Aguirre para controlar Caja Madrid, o la maniobra de Núñez Feijóo para controlar el proceso de fusión de cajas de ahorro gallegas
Ni un sólo ejemplo de los suyos, de los que están en su bando, de la autonomía en la que se gana los garbanzos, esa autonomía que no ha cambiado de gobierno desde Franco, y no es que falten ejemplos de corrupción, es que tampoco dice nada de la ineficiente clase política de la mayor autonomía de España que no ha sido capaz de tejer un economía moderna, autosostenible dirían ellos, más allá de las ubres subvencionadoras del Estado.

viernes, 5 de febrero de 2010

Up in the Air

Nacemos acompañados, con risas y entusiasmo a nuestro alrededor, pero morimos solos y al poco nadie nos recordará. De la soledad trata Up in the Air, esta peli en la que Jason Reitman, como ya hiciera en Juno, vuelve a dar cuenta de las variaciones del clima humano, una variable en trance de enfriamiento global.

El protagonista, Ryan Bingham, un impoluto George Clooney, tiene por empleo hacer pasar el mal trago del despido. Su virtud consiste en mostrarse impasible ante los desesperados, abatidos y humillados y al tiempo sembrar en ellos un rayo de esperanza. El propio Bingham tiene su casa en las frías alturas de los vuelos interurbanos de la extensa geografía laboral americana, de aquí para allá sin nadie que le espere fuera del ámbito de las empresas en trace de ajustes laborales. El escenario es el adecuado acristalamiento de los vestíbulos y salas de espera de los aeropuertos y las azuladas oficinas de gestión. Hombres solitarios arrastrando maletas con ruedas no demasiado cargadas.
El propio Bingham recibirá su propia medicina cuando tras encariñarse con una mujer que como él vive en el aire, y tras forjarse la fantasía del hogar, dulce hogar, es literalmente abandonado en la calle.
Up in the Air es una película de este tiempo de despidos y humillaciones. Jason Reitman capta como nadie hasta ahora la atmósfera del enfriamiento global.

Todo lo contrario de este edulcorado, amanerado, infumable y aburridísimo baño maría del amor y el sexo en la Belle Èpoque que Stephen Friars perpetra en Cheri. Tan banal como las novelas de la ajada y caduca Colette. No tiene ninguna importancia cuál sea el tema, la época, la intención de los autores, la interpretación, todo está contaminado por la insustancialidad, mal que le pese a Luis Antonio de Villena. Los productores deberían colmar de besos al espectador que aguante pegado a la butaca los 100 minutos que dura la cosa.

jueves, 4 de febrero de 2010

Cernuda y todas esas cosas me aburren mucho


"No entiendo nada de poesía. Leo a Fernando Pessoa, que me gusta mucho. Me pongo a leer la poesía española del siglo XX, y Cernuda y todas esas cosas me aburren mucho. Lo veo como cursi. Comprendo que es una barbaridad. En cambio, a Antonio Machado lo leo con gusto porque, además de un poeta, es un filósofo y dice cosas de moralidad. También me gusta Jorge Luis Borges. A Alberti no lo comprendo en absoluto. Incluso a Lorca tampoco le meto el diente. Soy un analfabeto poético" .
Puede estar equivocado el pintor Luis Gordillo (Sevilla, 1934) en su apreciación sobre los poetas del 27 o manifestar un gusto muy personal, pero en lo que no lo está es en hacer ver con sus opiniones el excesivo crédito que se ha atribuido en el pasado a unas obras y autores que se presentaban al público más que a los lectores sin posible crítica porque formaban parte como un todo de un canon cultural que todo el mundo había de asumir sin rechistar. Esas cosas, necesarias por libres, las dijo en la presentación de Little Memories (Los Sentidos Ediciones), su primer libro.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Presuntuoso afán -II-

Una de las cosas que más llama la atención cuando se mete la nariz en las vidas del pasado, incluso en los miembros más esclarecidos de la sociedad, es lo mal que lo pasaban. No sólo era la constante penuria y preocupación por el sustento, es que estaban doloridos y quebrados por tanta enfermedad. Los pobres arrastraban sus penalidades como una fatalidad y los sabios y eruditos como una vergüenza, por tener que vivir de las pensiones o de la conmiseración de sus amigos más ricos. Samuel Johnson padeció de escrófula de niño de la que le quedaron huellas de por vida, sufría trastornos obsesivo-compulsivos, tenía la vista y el oído en malas condiciones y hubo periodos en que vivió en la pobreza a pesar de ser un escritor de éxito. James Boswell sufrió toda clase de enfermedades venéreas y vivió sus últimos años hecho polvo por los estragos del alcoholismo, si bien en su caso por sus propios méritos.

También, aquellos hombres daban muestra de gran liberalidad cuando disponían de algún recurso con amigos o conocidos que estaban en peores condiciones que ellos. O ausencia de restricciones morales, caso de Boswell, en su relación con Thérèse LeVasseur, por ejemplo, la costurera que dio cinco hijos a Rousseau, a los que éste abandonaba en la inclusa cuando nacían. Perseguido por los ginebrinos cuando este feo episodio salió a la luz, Rousseau se refugió en la casa londinense de David Hume. A Boswell se le encargó que acompañase a Thérèse a través del canal de la mancha para que se reuniese con su compañero. Boswell cuenta que durante el viaje aquella le ofreció "una lección en el arte del amor", alardeando de que lo habían hecho un total de trece veces.

La extraordinaria historia de la recuperación de los papeles de Boswell da para una novela llena de desidia y ocultamiento por parte de sus familiares -avergonzados de tener como antepasado a un libertino- de intriga y aventura por parte de eruditos en busca de escritos únicos -correspondencia azarosamente descubierta en el puesto de un pescatero de Calais; la parte del león oculta en el castillo de Malahide, cerca de Dublín, durante décadas y conseguida por la fuerza del acoso y del dinero; aquel armario Chippendale que se abrió por azar en un traslado, en 1961, abarrotado de más papeles, más otra serie de hallazgos fortuitos, estando todavía por descubrir la cuantiosa correspondencia entre los dos personajes principales de esta historia-, de avaricia y seducción por parte de las universidades para hacerse con ellos, dando todo ello lugar a la sucesiva y reciente publicación de un conjunto de obras maestras.

Esta historia apasionante la cuenta Adam Sisman en Presuntuoso afán, Así escribió James Boswell la Vida de Samuel Johnson, en la que no sólo aparece la peripecia de la gran biografía, sino que también nos cuenta de paso la vida de los dos personajes, la novelesca historia de la recuperación de los escritos de Boswell, así como la mutación valorativa de ambos autores y de las intrigas de johnsonianos y boswellianos para conseguir el superior aprecio para su maestro. En Presuntuoso afán asistimos al proceso por el que se va tejiendo una obra, el antes, durante y después, que su autor divide en tres grandes capítulos, vida vivida, vida escrita y vida publicada.

La Vida de Samuel Johnson es una obra única no sólo por ser la primera de sus características. Como señala Sisman, la lección que se obtiene de la lectura de la obra de Boswell es que éste hizo añicos la muralla que separa la vida pública de la privada. Boswell verificaba cada uno de los detalles de su biografía antes de pasarlos a limpio en varias fuentes. Aunque también señala Sisman, cómo a Boswell se le escapa Johnson, pues una vez perfilado su carácter no lo cambió en 19 años. A lo largo de su biografía lo ajusta para que encaje con la imagen creada. Sin embargo, Johson, consciente de su celebridad, hace parodia de sí mismo, lo que Boswell no acaba de captar, a pesar de su obsesión por verificar cada detalle. Narra Sisman una anécdota para señalar este defecto que podría extenderse a cualquier biógrafo. Consciente del efecto que causaba, Johnson, si caía en un descuido en sus expresiones, las traducía o mejoraba, con gran ironía. Así en una ocasión, hablando del autor de una comedia recién estrenada, tradujo su primer comentario, "No tiene ingenio suficiente para endulzarla", por un "No tiene vitalidad suficiente que la preserve de la putrefacción".

martes, 2 de febrero de 2010

De clérigos agradecidos y de políticos valientes


Consulto el diario de cabecera a las 17 horas. Es una hora prudente para las digestiones, la de la madrugadora cifra del paro, por ejemplo. Ante esa cifra, 125.000 parados más en enero, cabe la alarma general, la crisis de gobierno, la llamada al acuerdo nacional o bien cabe echar la mano a otras cosas. Todos sabemos qué hacía el clero en el pasado. Ahora sabemos qué hacen los nuevos clérigos, -neofranquistas, ellos, sin saberlo, ¿o sí?-, fútbol y hoolywood. Fútbol todos los días, anuncian con regocijo. Incluso han intentado construir un imperio con esos mimbres. Hace falta bajar muy abajo en la portada del diario para que De la Vega asome la cabeza pidiendo medidas valientes, ella que es quien manda. Con tan obscena portada confeccionada con la nueva y multicolor tinta del calamar podrán entretenerse y jugar las horas declinantes de su negocio, pero no pueden aliviar el dolor y la vergüenza de los nuevos y viejos parados.


Es mentira que nada pueda hacerse contra el paro. Una vez se reunieron todos los políticos de España y firmaron Los Pactos de la Moncloa. Ahora prefieren el trapicheo. Sobre el cadáver caliente de España (España es toda la gente que tiene trabajo y la que no lo tiene, especialmente la que no lo tiene, que espera que el Estado la proteja y le devuelva la dignidad en forma de trabajo remunerado) hemos asistido al trapicheo del reparto del presupuesto, es decir de la deuda gigante que vamos acumulando: autonomías enfermas de elefantiasis, con más funcionarios que trabajadores productivos, empresas creadas para vivir de la subvención, prensa y televisión, Sexta y Cuatro, creadas de la nada para la nada; energía eólica y solar sostenible porque es más bonito que la nuclear; el cine, sus festivales y la SGAE; un ejército de asesores para cada político de medio pelo, otro ejército de jubilados con menos de 50 años; más universidades por metro cuadradro que castañeras; hospitales duplicados, centros de arte contemporáneo en cada esquina y personal contratado para vigilarlos, un derroche sin cuento y sin justificación. Como no pueden explicárselo al parado que ya no cobra paro le ofrecen fútbol todos los días.

Así que un día va el gobierno valiente y grita ¡Austeridad! Dice que tiene un plan para reducir el gasto en 50.000 millones. Espero ansioso para saber qué subvenciones va a eliminar. Y que la jubilación se pospondrá hasta los 67 años. ¡Aplausos! ¿Aplausos? Eso era el viernes, ayer lunes ya decían que sólo era una broma, una propuesta, que sería voluntaria. Para qué queremos un gobierno tan valiente.

lunes, 1 de febrero de 2010

Samuel Boswell contra el Doctor Johnson -I-

Leer un libro de cerca de dos mil páginas puede ser en estos tiempos una empresa en exceso ardua. Pero si se acumulan las fuerzas de un periodo de vacaciones y, sobre todo, si se cuenta con una buena guía, la montaña muestra su pendiente más benigna. Es lo que aconsejo con La vida de Samuel Johnson, la obra de James Boswell, sumar a un periodo de descanso Presuntuoso Afán, la obra de Adam Sisman, algo así como la biografía del libro. La suma de las dos lecturas es un placer que admite pocas comparaciones.

El Dr. Johnson alcanzó gran fama en vida como crítico y hombre de letras, aunque en la suma de sus días contasen más los de penuria y melancolía que los de felicidad, así que a su muerte muchos de los que le conocieron quisieron dejar constancia de sus dichos y anécdotas, en forma de biografías o de recopilación de aforismos, hasta convertir a su autor en el segundo hombre más citado de las letras inglesas. Sin embargo, probablemente, hoy su nombre y obra estarían olvidados de no ser por la laboriosa biografía de James Boswell.

Boswell, que lo conoció durante el último periodo de su vida, no se apresuró a publicar la biografía que con el tiempo se convertiría en la madre canónica de todas las biografías. Boswell tenía por costumbre tomar exhaustivas notas de cuanto oía y observaba, hasta el punto de que la gente terminó huyendo de su compañía por temor a sus indiscreciones. Boswell anotó la rica vida londinense de entonces, desde el club de los amigos de Johnson, The Club contaba con Joshua Reynolds, Edmund Burke, David Garrick, Edward Gibbon, Oliver Goldsmith, hasta los que el mismo Boswell encontró en su camino, Adam Smith, Voltaire, Rousseau, Davis Hume o el general corso Paoli. Las notas no sólo le ayudaron a pergeñar luego la Vida del Doctor Johnson, sino que forman la base de un monumental diario que con el tiempo se haría tan famoso como la propia  biografía.

El problema era que Boswell tenía su propia vida, una vida no demasiado ordenada, al contrario, era un vividor y un bebedor, ya que como tantos no supo conciliar sus expectativas vitales con la dura realidad que siempre las desinfla. Boswell frecuentó al Doctor Johnson durante 19 años, pero sólo unas pocas semanas cada año, pues su principal intento era emular a su padre y convertirse en juez del tribunal supremo inglés, para lo cual debía hacer primero una dura carrera judicial fuera de Londres. Cuando sus expectativas se vinieron abajo ("Ha dejado usted atrás la edad de la ambición", le dice el general Paoli a Boswell) se dedicó a malvivir, a beber y a ordenar sus escritos. El tiempo que le dejaba su vida nocturna, con las consiguientes enfermedades venéreas y alcoholismo (en una anónima necrológica se afirmó que "Boswell estuvo ausente de su domicilio más a menudo que ningún otro hombre de su tiempo"), lo dedicó Boswell a la Vida de Samuel Johnson, con la ayuda de Edmond Malone, obra que siempre estaba en curso de revisión, pues iba añadiendo lo que amigos, conocidos y desconocidos le enviaban de sus recuerdos de Jonhson.

Tras la muerte de James Boswell se le consideró durante más de un siglo como un mediocre grafómano, y hasta como un idiota, que tuvo la suerte de topar con un sabio. Su obra no tenía más valor que el de hacernos llegar el ingenio de un maestro. En las últimas décadas, sin embargo las valoraciones han cambiado, del interés único por Johnson y su vida escrita por el amanuense Boswell, se ha pasado al interés por Boswell sus diarios y correspondencia, al que se le considera un grandísimo autor moderno, pregonado y editado por los estudiosos de Yale, gracias al enorme archivo de escritos que esta universidad ha ido acaparando, mientras que el Doctor Johnson sería un escritor dieciochesco con un estilo ampuloso y ajado que poco dice al lector moderno. Esta historia apasionante la cuenta Adam Sisman en Presuntuoso afán, libro que se lee como una novela de aventuras o como una buena y original biografía.