miércoles, 30 de noviembre de 2011

Una autobiografía soterrada, de Sergio Pitol


Al final de Una autobiografía soterrada se cita este verso de un soneto de Carlos Pellicer “Del bosque entero harás carpintería”. En El Mundo de hoy, Pedro G. Cuartango se refiere a la entropología de Lévi-Strauss, según la cual, “el desarrollo histórico del ser humano se basa en la destrucción, la gran fuerza que mueve la Historia”. Sin embargo, siglo a siglo, la historia de la humanidad demuestra que a los momentos de destrucción suceden explosiones creativas. De la guerra incruenta y destructiva que estamos vivimos surgirá el nuevo mundo del siglo XXI que la tecnología viene anunciando. Incorregibles optimistas. Sergio Pitol escribe este libro para mostrar sus herramientas de carpintero, por lealtad al lector y a sus textos, dice. Afirma que es incapaz de elaborar una Ars Poetica, pero sí una Ars Combinatoria. En varios capítulos nada densos describe cómo emergieron sus cuentos y sus novelas, que sucesos reales les dieron pie, alguno muy divertido como la loca esposa de un amigo suyo, Billie, que en Roma se dedicó, en ausencia de su marido, a destrozar el restaurante donde comían Pitol y ella, lo que a él le costó “el mismo precio que un pasaje Moscú-Roma-Moscú”. Pitol huye de abstrusas teorías para explicar su modo de escribir, lo que pretende, lo que ha logrado, el valor que tenga dedicarse a novelar la vida. Y como lo suyo es la literatura no encuentra mejor modo de explicarse que comentar una larga cita de Borges.

            “Apunta Borges que fue en la página 278 del libro La poesía de Benedetto Croce donde encontró, abreviado, el texto del historiador latino Pablo el Diácono que trata del destino y la muerte de Droctulft, cuya lectura lo conmovió profundamente. Es una historia en apariencia simple y en el fondo ejemplar: Droctulft, un bárbaro, un fiero lombardo, marcha con los hombres de su tribu hacia el Sur; un afán común los mueve, un afán utilitario, podríamos decir: saquear las ricas ciudades del Sur, y otro, más animal, más placentero y tal vez más intenso: destruirlas. Al contemplar Rávena, el guerrero cambia de bando y muere en defensa de la ciudad que había comenzado por atacar. El texto de Borges es breve, lleva por título “Historia del guerrero y de la cautiva”. En los párrafos dedicados al guerrero se percibe un asombro y una emoción que el autor rara vez prodigó en su escritura. Parecería que tuviese en mente circunstancias cercanas, tal vez referentes a esa fatal discordia que marca nuestra historia, uno de cuyos polos es la civilización y otro la barbarie. 
Imaginemos, sub specie aeternitatis, a Droctulft, no al individuo Droctulft, que sin duda fue único e insondable (todos los individuos lo son), sino al tipo genérico que de él y de otros muchos como él ha hecho la tradición, que es obra del olvidó y de la memoria. A través de una oscura geografía de selvas y de ciénagas, las guerras lo trajeron a Italia, desde las márgenes del Danubio y del Elba, y tal vez no sabía que iba al Sur y tal vez no sabía que guerreaba contra el nombre romano. Quizá profesaba el arrianismo, que mantiene que la gloria del Hijo es reflejo de la gloria del Padre, pero más congruente es imaginarlo devoto de la Tierra, de Hertha, cuyo ídolo tapado iba de cabaña en cabaña en un carro tirado por vacas, o de los dioses de la guerra y del trueno, que eran torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas. Venía de las selvas inextricables del jabalí y del uro; era blanco, animoso, inocente, cruel, leal a su capitán y a su tribu, no al universo. Las guerras lo traen a Ravena y ahí ve algo que no ha visto jamás, o que no ha visto con plenitud. Ve el día y los cipreses y el mármol. Ve un conjunto, que es múltiple sin desorden; ve una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones, de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Ninguna de esas fábricas (lo sé) lo impresiona por bella; lo tocan como ahora nos tocaría una maquinaria compleja, cuyo fin ignoráramos, pero en cuyo diseño se adivinara una inteligencia inmortal. Quizá le basta ver un solo arco, con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas. Bruscamente lo ciega y lo renueva esa revelación, la Ciudad. Sabe que en ella será un perro, o un niño, y que no empezará siquiera a entenderla, pero sabe también que ella vale más que sus dioses y que la fe jurada y que todas las ciénagas de Alemania. Droctulft abandona a los suyos y pelea por Ravena. 
            El bárbaro muere en su defensa; la ciudad lo sepulta con honores. Borges concluye: “No fue un traidor (los traidores no suelen inspirar epitafios piadosos); fue un iluminado, un converso”.
            El texto me parece el mayor homenaje que pueda rendirse a la civilización. La mejor Roma evoca el triunfo del orden sobre el caos, la multiplicación de avenidas y jardines, de valles racionalmente cubiertos de viñedos y olivares, de carreteras, anfiteatros y acueductos, pero también la creación de una convivencia en gracia al derecho donde el hombre pueda ser ya no lobo del hobre, como dijo Plauto, y luego Hobbes y luego medio mundo. Justinano está aún presente en nuestras legislaciones contemporáneas”.

Este libro de Sergio Pitol suena a despedida, “mi último libro, y el final de mi obra”, ha declarado, como si lanzara pistas a sus intérpretes y lectores sobre como ha de leerse su obra, de los autores -Ford Madox Ford, Borges, el Siglo de Oro español, Gombrowicz, la literatura rusa-, con los que le gustaría reposar, pues leyéndolo parece que lo suyo más que escribir era leer. “Escribir ha sido para mí, escribe Pitol, dejar un testimonio personal de la mutación constante del mundo”.


martes, 29 de noviembre de 2011

Viejos y nuevos filósofos




Los intelectuales comunistas no han desaparecido, seguían enquistados en los claustros de enseñanza, en las revistas radicales y en las editoriales. Ahora vuelven con fuerza en los foros de Internet y en youtube. Algunos son mayores, aunque con bríos renovados, otros toman el relevo, sustituyendo las viejas pellizas por pantalones de piquillo y camisas abiertas. José Luis Pardo hace una nómina en un artículo reciente y burlón. Auque es injusto minusvalorando el papel que desempeñaron, y aún desempeñan, los “nuevos filósofos franceses”, como Lévy, Glucksmann y Finkielkraut para contraponerlos a estos “viejos filósofos franceses” comunistas. Ayudaron a definir los regímenes estalinistas del siglo XX, a situarlos en la historia, a hablar con claridad del gulag. Pardo sitúa, con razón, a la cabeza de estos renovados comunistas a Slavoj Zizek, “extraño caso de ‘filósofo francés’ nacido por error en Liubliana, para quien al régimen del mariscal Tito no deberíamos calificar como totalitario”. Así los define Pardo:
“¿Y cómo se puede ser comunista y sin embargo tan simpático?, se preguntarán ustedes. El truco principal consiste en que su comunismo no es de este mundo; no solo corren un tupido velo sobre su pasado, sino que se desmarcan de todo lo que el comunismo ha sido realmente: la Unión Soviética, el Gulag o la Revolución Cultural de Mao, liberándose así de cualquier contaminación con el bárbaro lodazal de la historia; reclaman, sin embargo, su derecho a conservar con orgullo las insignias de Lenin, de Che Guevara o de Pol Pot, nombres que para ellos no remiten a los comunistas así llamados en este mundo, sino a otros, del otro mundo posible, igual de famosos y heroicos pero convenientemente expurgados de sus crímenes y terrores y convertidos en emblemas de una Ética superior de valores eternos situada no solo más allá del capitalismo, sino también de la democracia formal y del Estado de bienestar, a los que consideran perversos, corrompidos e irreversiblemente fracasados. Y como este comunismo ideal carece de doctrina y de programa (no es más que una apelación a la solidaridad humana y a lo que tenemos en común), ¿quién podría temerlo o refutarlo?”. 
Zizek, como los renovados viejos filósofos, buscan al sujeto histórico perdido, que durante un tiempo creyeron encontrar en las luchas antirracistas, feministas y demás, ahora lo encuentran en el movimiento “ocupa Wall Street”, 15-M y parecidos. Leídos con atención los escritos de Zizek buscan la esencia en pequeñas historias, anécdotas, escenas de pelis y de dibujos animados, un pensamiento brillante, ingenioso, pero reductor, entregado a la inducción y lleno de eslóganes vistosos.
Los ocupas dice, 
“No son soñadores, son el despertar de un sueño que está convirtiéndose en una pesadilla. No destruyen nada, reaccionan ante la autodestrucción gradual del propio sistema. Todos conocemos la típica escena de dibujos animados: el gato llega al borde del precipicio, pero sigue andando, sin saber que ya no tiene suelo bajo los pies, y no se cae hasta que no mira hacia abajo y ve el abismo. Lo que están haciendo los manifestantes es recordar a quienes tienen el poder que deben mirar hacia abajo (…).A lo que hay que resistirse en esta etapa es precisamente a ese deseo de traducir rápidamente la energía de la protesta en una serie de demandas "pragmáticas" y "concretas". Es verdad que las protestas han creado un vacío: un vacío en el terreno de la ideología hegemónica, y hace falta tiempo para llenarlo como es debido, porque es un vacío cargado de contenido, una apertura para lo Nuevo.(…) No debemos olvidar que cualquier debate que se haga aquí y ahora seguirá siendo necesariamente un debate en el campo enemigo, y hará falta tiempo para desplegar el nuevo contenido. Todo lo que digamos ahora nos lo podrán quitar (recuperar); todo menos nuestro silencio. Este silencio, este rechazo al diálogo, a los abrazos, es nuestro "terrorismo", tan amenazador y siniestro como debe ser”. 
Por supesto hay cosas más interesantes que leer, por ejemplo la correspondencia entre Juan Benet y Carmen Martín Gaite que ahora se publica. Decía Benet que
“el arte literario aporta un saber específico que ni la ciencia ni ningún otro arte puede alcanzar”. 
Algo que por supuesto no encontraremos en los ingeniosos escritos de Slavoj Zizek.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Solar, de Ian McEwan


Un Nóbel mujeriego con tendencia a casarse con mujeres que no le convienen, convertido en burócrata de la ciencia, un centro británico especializado en la investigación de energías renovables, con profesores y becarios e intrigas, y el cambio climático como telón de fondo: fondos de inversión y políticos al acecho. Un becario que muere en torpes circunstancias, que deja una carpeta con sorprendentes ecuaciones sobre la viabilidad de una tecnología que copia la fotosíntesis como nueva e inagotable fuente de energía, un paleta que va a la cárcel sin ser culpable del crimen por el que se le condena, una mujer empeñada en quedar embarazada contra la opinión del Nóbel, un político que quiere llega a sir y que exige su parte del pastel en la revolución energética.

Solar, de Ian McEwan, juega con un montón de elementos para intrigarnos, informarnos y hacernos sonreír. Antes de ponerse a escribir se ha informado a conciencia. Es capaz de escribir sin abrumar al lector, haciendo que las cosas más complicadas parezcan fáciles. En el lado macro es capaz de manejar la evolución de la física por el lado de la luz y el desarrollo energético, por el lado micro, de describir tipos sociales con volumen, complejos, en contextos variados.

Divide la novela en tres grandes capítulos que abarcan las discusiones de la última década sobre el cambio climático. Cada etapa desarrolla un episodio significativo de la vida sentimental y social del premio Nóbel. El protagonista ha conseguido el Nóbel gracias a su aportación a la física en la llamada Combinación Beard-Einstein.
El tono es el de comedia satírica, un guiño inteligente al lector. Aunque debajo de cada sonrisa hay un problema macro o micro de difícil resolución, desde el calentamiento global a los hijos tenidos y no deseados. Todo confluye en una traca final.

domingo, 27 de noviembre de 2011

De un vídeo sobre las Islas Medas



1. En esta época del año se celebra en Valladolid una Muestra de cine submarino. Van por la 24 edición. Es elogiable el empeño de la gente que dedica su tiempo a este tipo de actividades, buscando dinero y seleccionando el material, una actividad que además ofrecen al público de forma gratuita. Sin embargo, esta vez se han dejado meter un gol. Se trata de un vídeo que no es un documental, ni siquiera un reportaje para televisión, sino un largo publirreportaje titulado 20 años del área protegida de las Islas Medas. En él además de imágenes nada extraordinarias de los fondos marinos aparecen entrevistas con políticos de la zona, L’Estartit, y con científicos y trabajadores de la reserva natural protegida. Todo está orientado a hablar de los beneficios turísticos del parque, de la necesidad de la protección y de lo extraordinarios que son los equipos que allí trabajan, pues, según afirman una y otra vez son una referencia internacional, sin que aporten pruebas de lo que dicen. Nada indica que lo conseguido sea extraordinario. El único dato que aportan es que las especies existentes han aumentado en cantidad. Lo contrario sería sorprendente después de años de protección. Aparte de los autoelogios, que produce vergüenza oírlos, lo peor es la fraseología con que está redactado el reportaje en torno a la economía sostenible, el retorno económico de la inversión en medio ambiente, la calidad de vida de los pescadores o la conciencia ecológica de turistas y buceadores, una palabrería que se ha ido extendiendo en los años de la Cataluña del Tripartito, un conjunto de eufemismos que esconde un mundo de subvenciones improductivas a aprovechateguis que no han tenido que esforzarse para engañar a una sociedad anestesiada. ¡Cuántos grupos de este tipo han conseguido ordeñar las ubres del Estado, y lo siguen haciendo, con proyectos tan inútiles como costosos y a cuenta de la ignorancia y la buena fe de los ciudadanos!
Una pregunta que me hacía, mientras me removía en la butaca de aburrimiento, viendo el vídeo era sobre por qué los organizadores de este festival habían seleccionado algo de tan poca calidad, que deja corto los reportajes del No-Do en cuanto a falseamiento de la realidad. La respuesta está en algo que he ido comprobando estos años: el enorme sentimiento de inferioridad que una parte de la sociedad castellana alberga hacia la catalana. Todo lo que venga de allí tiene que ser necesariamente moderno y los de aquí unos paletos. Parece un chiste pero es una realidad verificable.

2. Me gustan los artículos que Pantxo Unzueta escribe sobre el País Vasco, son ponderados, bien documentados, realistas y huye de opiniones extremas. Sin embargo la amistad le ha jugado una mala pasada en la necrológicaque en forma de descripción de un paisaje traza de Javier Pradera. Afea a quienes recuerdan el pasado comunista de Pradera. Sin embargo, la cuestión es la siguiente: durante toda su vida de jefe de opinión de El País, Pradera, no tanto en la selección de opinadores del periódico como en sus escritos personales, editoriales y demás, ha dictado lecciones morales y en general analizado el mundo desde una visión maniquea de la realidad. Creo que no se le juzga por su antifranquismo, sino porque no hizo, ni él ni otros como él, a lo largo de su vida, una revisión de aquella ideología criminal a la que durante un tiempo se adhirió.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Producir fútbol


Se muere Lynn Margulis y aquí no pasa nada. Uno de los debates más interesantes de la biología en los últimas décadas ha tenido lugar entre los neodarwinistas que copan las instituciones académicas y Lynn Margulis, ex esposa de Carl Sagan, que ha ido por libre, mutacionismo contra siombiogénesis, por simplificar. ¿Cómo se producen los saltos en la evolución de la vida? Según Margulis, la evolución no es el resultado de mutaciones aleatorias en los genomas que acaban triunfando por selección natural, sino que la “la vida independiente tiende a juntarse y a resurgir como un todo en un nivel superior”, las células van incorporando otros organismos.

Imagino un país apasionado en ese debate, los tertulianos lanzándose los micrófonos a la cabeza en defensa de unos u otra. Un país que tiene una emisora llamada Radio Marca no es ese país. Ni siquiera el periódico más importante da cuenta de la necrológica de Lynn Margulis. Mientras tanto somos el mayor productor de fútbol del planeta. ¡Qué derroche de energía! Miremos los palcos en días de gran partido, ¿quiénes están en las tribunas? Los prebostes. ¿Qué tipo de actividad promueven nuestros grandes hombres con su presencia?

Las emociones son productivas, tanto como la laboriosidad. El avance, la mejora, es fruto tanto del trabajo concienzudo y tenaz como de la imaginación movida por la emoción. La imaginación es más importante que el conocimiento, decía Einstein, y lema de Apple en ocasiones. La creatividad es el resultado tanto de los procesos industriales de IBM –conocimiento empírico- como de las chisporroteo de Steve Jacobs en su garaje, pensamiento intuitivo. Cómo se encauza la enorme energía de los jóvenes españoles -¡el 45 % en paro, además!- hacia la creatividad. Estadios rugientes casi todos los días de la semana. Tenemos la desgracia como país de no ser buenos en los rankings del saber oficial (universidades, laboratorios, PISA), pero tampoco en el genio que recorre los garajes creando empresas nuevas.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Insolidarios



En tiempos difíciles siempre hay gente egoísta, despreocupada del bien común, especialmente odiosa. Veamos su doble cara, a un lado y otro del espectro.

  1. Los llamados artistas, incansables exigiendo su parte, cánones, subvenciones que creen merecer, aún cuando se muestren incapaces de mostrar un talento a la altura de los tiempos y del dinero que reciben porque sí. La ministra del ramo les acaba de conceder la última ayuda.
  2. Los médicos, uno de los colectivos mejor pagados del país, que se reúnen para exigir que la crisis no toque su salario y recaiga sobre los usuarios de la sanidad, es decir, sobre ancianos, jubilados, enfermos y parados. Noticia del 22.11.2011.
Pero en qué consiste el arte de estas gentes.
¿En qué han contribuidos los fabricantes de películas, al menos en España, a la mejora material o espiritual de los españoles en las últimas décadas para que exijan un trato de favor, una parte del escaso botín común en tiempos de necesidad?
¿Y los médicos, en general, aparte de recetar, y recibir la comisión de las farmacéuticas por ello, qué logro han conseguido para merecer un reconocimiento nacional a una supuesta categoría científica o moral superior?

Por qué, pues, artistas y dispensadores de recetas, no se conforman con ganarse el salario con el sudor de su frente, produciendo sus películas, laborando en sus consultas particulares. Si siempre es cosa de ver esas garrapatas profesiones que se agrupan para mantener o acrecentar privilegios, en estos tiempos es cosa muy fea y sólo cabe avergonzarles y despreciar su conducta insolidaria.

martes, 22 de noviembre de 2011

El dios salvaje


Cuando la pantalla se fundió en negro me relamía esperando que comenzase el segundo acto y siguiese el disfrute. La peli adopta el formato de un escenario teatral, el salón de una casa de clase media americana. Sin embargo lo que apareció a continuación fueron los títulos de crédito sobre las imágenes de un parque donde jugaban los niños que al comienzo de la peli habían provocado el incidente, una pelea, en la que uno de ellos agrede a otro con una rama de árbol, y que da lugar a la reunión de dos parejas, los padres, para ver qué se hace después de un incidente así. Una frustración que la peli apenas durase 80 minutos, que no siguiese un segundo acto, que se interrumpiese el ingenio, la capacidad dialéctica de Yasmina Reza, la elegante concisión de Polanski, las magníficas actuaciones de los cuatro actores del drama.

La peli es absorbente, rápida, sin un momento de respiro. A pesar del único escenario, de las sólo dos parejas, de los únicos cuatro personajes, las situaciones son cambiantes: van apareciendo o trasformándose las personalidades de los cuatro o licuándose el hielo inicial, de la frialdad e inhibición a la histeria y el desmadre calentado por un buen trago de whisky, cambian las coaliciones entre ellos, de la solidaridad de pareja a la solidaridad sexual, o de clase o de status o ideológica. A medida que avanza la confianza, los personajes se afirman, dejando atrás su inseguridad, pero también aparecen sus miedos, sus fobias, sus inquinas, sus desagrados. Tras la discusión inicial sobre cómo encarar la pelea, qué niño es culpable o responsable, si es una agresión o no, si son pandilleros o no, lo que surge es cómo los adultos encaramos nuestras relaciones, cómo solventamos nuestros miedos, cómo los desviamos hacia actividades o proyectos o trabajos a los que nos entregamos con la pasión que no empleamos para ocuparnos de nuestros hijos: la preocupación por el hambre y la violencia en África, el cultivo superior de nuestra personalidad acumulando conocimientos o bibelots artísticos, llenando nuestras horas y minutos de actividades, pegados al teléfono, dotando a las cosas banales que nos rodean de animismo propio, cediendo libertad a  cambio de irresponsabilidad, convirtiendo el cultivo de nuestro cuerpo en una obra obsesiva, sin pausa.

Es evidente que la obra de Yasmina Reza está llena de trucos, de efectismos, de sorpresas, de momentos de risa y momentos de lágrimas, que a la peli se le ve demasiado el origen, que a los personajes se les pone en situación límite, formas de hacer más propias del teatro que del cine, pero eso no quita para el disfrute se quede corto, que el espectador se vea implicado en lo que sucede, ahora identificándose con un personaje, ahora con otro. Cuando la inteligencia está sobre el escenario es una gozada, nunca aparece la sensación de haber tirado el dinero en la sesión. Yasmina Reza es de esos escritores, como Mamet, por ejemplo, que es capaz de poner a discutir a varios personajes contradictorios, con posiciones antagónicas, sin ponerse de parte de ninguno, intentando comprender a todos. Qué diferente de esos insufribles faros morales, de mucha venta y predicamento, premios nóbel incluso, insufribles, indigestos, banales que con sus opiniones tan bien formuladas, rotundas y acabadas contribuyen a la misma esclavitud que nos brinda la entrega a los objetos de consumo, nos ofrecen la esclavitud a una idea brillante, positiva, bien envuelta y adornada a cambio de ceder nuestra libertad y convertirnos en niños irresponsables. Que es el modo en que la mayoría hemos decidido vivir.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Lecciones


  1. PSOE. ¿Cómo es posible que no hayan visto que lo que el país necesitaba no era un Fouché, sino un Keynes, un Bismark o un Roosevelt?
  2. PSC. La gran alegría de la noche. A ver si de una vez desaparece ese vínculo entre socialismo y nacionalismo que sólo beneficia a la casta burocrática del partido y es enorme perjuicio para sus militantes, simpatizantes y votantes, que sin embargo tanto han tardado en abandonarlo. Y otra alegría, que se acabe la carrera de esa ZP bis que es Carmen Chacón.
  3. PP. Puede despedirse de su cosecha de votos si le da por escuchar los cantos de sirena de los nacionalistas en torno al concierto económico catalán. Y espero que no se enrede en temas divisionistas tan mediáticos como los que azuzó la marca ZP: aborto, matrimonio homosexual, memoria histórica y otros parecidos. Que vaya al grano.
  4.  UPyD, a la espera de que el PP cometa ese error para seguir creciendo. Y la enorme injusticia que supone que con más votos que CiU o AMAIUR tenga muchos menos diputados. No se entiende por qué en las elecciones al Parlamento Europeo se contempla la circunscripción única y en las demás se mantenga la desproporcional circunscripción provincial. ¿Por qué no combinar nacional y provincial en las generales, la autonómica en el senado y la autonómica y provincial en las autonómicas? ¿Qué mala voluntad lo impide?

Optimismo


Leyendo los comentarios y análisis de economistas, políticos e intelectuales europeos percibo un pesimismo atroz, no sólo sobre el fin del euro, sino de la propia Unión Europea y la recaída en sociedades arruinadas, locales, tribales, reproduciendo el paisaje medieval. Son analistas británicos, italianos, franceses, españoles, a muchos de los cuales respeto, de los que he leído libros que me han entusiasmado, como Emmanuel Todd o Gasthon Ash. Y sin embargo, a mí me sucede lo contrario, me acomete un optimismo quizá desproporcionado, pero no creo que engañoso. Yo veo esta crisis como una enorme oportunidad y que cuando salgamos lo haremos más fortalecidos, en mejores condiciones para afrontar el futuro. Aunque sólo fuera para soltar los lastres que nos han llevado al hoyo ya habrá merecido la pena: ese paisaje de subvenciones por doquier, de empresas públicas montadas para ocultar deudas, de políticos corruptos que han utilizado el servicio público para sus asuntos personales o para favorecer a sus amigos, el derroche insoportable en políticas vistosas pero imposibles - el gasto público subió entre 2007 y 2010 del 38% al 47% del PIB; los ingresos del Estado cayeron en el mismo periodo del 42% al 35%-, el alto porcentaje de la economía sumergida que no tributa al fisco, el alto nivel de empleos públicos o asociados improductivos e innecesarios -¿cómo es posible que ahora se discuta los miles de liberados sindicales tengan que pasarse o no por su puesto de trabajo?-, la falta de inspección para que los trabajadores cumplan con su contrato, para que las empresas cumplan la normativa, para quien no paga a hacienda pague -¡70.000 millones de fraude fiscal!
¿No existen en el país políticos valientes que acaben con tal situación, capaces de hacer las reformas necesarias que el país necesita: régimen laboral que acabe con los contratos basura, educación exigente de calidad, justicia ágil y despolitizada, prohibición del derroche público, cárcel para los corruptos, eliminación de las administraciones duplicadas o triplicadas, separación de política, empresa y periodismo? Espero que los que ahora entren en el gobierno sean valientes, se atrevan y que si es necesario se quemen en la tarea.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Ungüento de momia


Urna Electoral 1

Como un auto de fe con libros heréticos en la hoguera o con castigados obligados a recorrer la ciudad enfundados en sambenitos, o como un sortilegio y la papeleta como dosis de trementina, o como un gran aquelarre arracimados junto al fuego, de espaldas a las sombras, o quizá como un fuego de verano en un campamento juvenil desbaratando el miedo en chistes verdes y risa floja. El país entero parece entregado a una ceremonia y a un ritual a celebrar en día y hora precisos que nos librará de todo mal. Y no parece que sea la primera vez. Desde la muerte del Gran Difunto parece que no sepamos hacerlo de otra forma, no somos capaces de realizar el acto como lo que es, la renovación mercantil cuatrienal de un contrato, el que nos une a nuestros paisanos, el que permite que mantengamos o cambiemos algunas de las reglas de convivencia. Suárez nos llamó a un nuevo comienzo, al menos un par de veces; Felipe arrolló con el cambio tras el 23-F; Aznar nos imantó con la promesa de decencia y gestión tras los GAL y la corrupción; ZP –esa marca, ¡ocho años gobernados por una marca! ¡LOGSE, ZP, TELECINCO: he ahí los tres logos de nuestro actual abatimiento!- nos arrebató tras el bombazo del 11-M; y ahora Rajoy llega con el bálsamo de fierabrás o con el ungüento de momia, esa carne humana molida, extraída, en teoría, directamente de tumbas egipcias saqueadas, la panacea del XV que lo curaba todo desde la jaqueca hasta la peste bubónica, que ahora va a deshacer por encanto la guerra económica ¡con víctimas, pero sin agresores! que estamos viviendo.

¿Qué hemos hecho mal como país?, ¿por qué no vivimos con más sosiego?, ¿por qué no tenemos la suerte de vivir una vida sin sobresaltos, entregados al leve discurrir, a gozar del don de la vida, sin más? Es evidente, que muchos han luchado porque España se integrase en Europa, por que nos olvidásemos del pasado fraticida, porque tuviésemos una vida común. Quizá aún estemos contaminados por el pasado, por pasadas glorias, un supuesto esplendor que no nos pertenece, también hay quien piensa que este país no tiene arreglo, oscurantista y cerril. Quizá lo que nos falta es humildad: geográfica, demográfica, económica, cultural; pienso en Finlandia, Holanda, Canadá, Australia, Noruega. Por qué no pensar en lo más banal: exigir de nuestros prohombres una buena escuela, un Estado benefactor acorde a nuestras posibilidades, un buen cuerpo de inspectores anticorrupción -¿cómo es posible que tantos corruptos y malos gestores se vayan a casa sin pagar por ello?- y unos cuantos soplagaitas que desinflen los humos inútiles de gran país.

Para empezar, tras el 20-N, lo que no perdonaré a Rajoy es que elimine una de las pocas leyes justas, necesarias y limpias de la era de la marza Zp, la ley anti-tabaco. Lo que no me gusta de la socialdemocracia lo sé, por eso no quiero nada de ellos hasta que no cambien y vuelvan a la realidad, lo que no me gusta de los peperos también lo sé, aunque todo el país espera que se pongan y nos pongan el mono de trabajo. Hay otras opciones nuevas, de momento no contaminadas, en las que se puede confiar, que espero que crezcan, como UPyD. Pues eso, primero al colegio y a continuación, sin demora, a recuperar la escuela

jueves, 17 de noviembre de 2011

Las batallas del desierto y Trabajos del reino


Dos escritores mejicanos, José Emilio Pacheco y Juri Herrera, dos generaciones, dos estilos distintos y dos historias aparentemente diferentes, aunque los dos, las dos, subordinadas al estilo, subsumidas a la voluntad de escribir bonito, con tendencia a las frases cortas los dos, contundentes, férreas y una misma atmósfera melancólica y fatalista y lánguida.

Apenas recuerdo de que va Las batallas en el desierto, eso que lo leí anoche, sé que es una cosa corta, en torno a las setenta páginas, con muchos capítulos separados por páginas en blanco y tipos grandes,  numerados, es decir una libro hinchado, ¿bien escrito?, sí, ¿cómo no iba a escribir bien un poeta reconocido? Y como didáctico, de esos libros compuestos para enseñar, para que aprendan los niños, me acordaba de Luis Sepúlveda mientras leía. Un contexto situado en el pasado, listas, muchas, de cosas que lo recuerdan, tebeos, películas, juguetes, y más tarde revistas y libros, y nombres de actores, las cosas que se comían a la salida del colegio, criadas y señoras, casas pobres y elegantes, canciones en la radio, los compañeros de distinta procedencia y clase y los adultos, distantes, extraños, misteriosos, con el eco de la distancia que Borges imponía a sus historias, literaturizándolas. Un ex niño recuerda cómo conoció a la madre de un compañero suyo y cómo se enamoró de ella, glamurosa, envuelta en brumas, y cómo todos, los niños y los adultos, se volvieron contra él y contra ella, y cómo en aquella sociedad del pasado los buenos acababan mal, muy mal.
Una historia alargada, a pesar de las pocas páginas, llena de adjetivos, bonita y triste como corresponde.

Me ha costado entrar en los Trabajos del reino, novela del también mexicano Yuri Herrera y eso que es novela corta. Me ha costado porque su forma de escribir, frases cortas, muchos localismos, densa, concisa, necesita un periodo de adaptación. También porque se le ven las referencias –Borges marca mucho en la literatura Latinoamérica y más en el tema de los cuchillos y la noche- y las costuras del género. Sin embargo a medida que avanzaba la lectura ha crecido el interés y el placer. La novela está construida como un alargado corrido, los personajes del hampa, el jefe al que se ve como un rey en su palacio y su ciudad y a sus seguidores como una corte donde hay chicas robadas o entregadas voluntariamente, un periodista, un gerente, un heredero, un traidor y un Artista, el cantante, que es quien nos cuenta la historia, aunque en tercera persona. Se lee en un plis plas y se echa en falta algo más de elaboración, como si fuese un borrador de historia, aunque, claro, los corridos, suelen ser canciones inacabadas, a historias a medio hacer, anécdotas con un ambiente. Merece la pena leerla, se tarda poco. Como digo, es posible que de este Yuri Herrera volvamos oír hablar.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Faros de moralidad



"No es tolerable que el imperio de la indecencia domineen la política" 
Hay personajes a quienes los medios convierten en guías morales, sin saber muy bien por qué les toca el boleto. Saramago ha sido uno de ellos. También el filósofo Emilio Lledó está en las listas. Lo peor es que estos individuos terminan por creerse su papel y hablan desde la altura del oráculo. Los sacan cuando hay un asunto importante sobre la mesa. El periódico persigue a los indecisos del domingo para que se decanten. Qué mejor que meter en las páginas dedicadas a las elecciones a este faro moral para ayudar a decidir.
Sin embargo, la decencia que piden y pregonan muere por su boca. Hay malos contra los gritar y rebelarse pero siempre están en el mismo campo; son ciegos o su círculo de visión está tan restringido que apenas abarca un puntito del lodazal que dicen denunciar. Veamos la estrechez de su campo de visión: 
“el país empobrecido por una clase media entontecida por la ignorancia y por el pragmatismo eclesiástico…,
Que el imperio de la indecencia domine en la política es intolerable; ese imperio es fruto del dominio de ciertas oligarquías que piensan que lo único que hay que hacer es ganar dinero y crear ideologías aptas para que esa oligarquía siga con poder..., la salvación de los Estados, de los pueblos y de las naciones se da a través de la decencia y de la cultura…,
¿Cómo va a defender lo público alguien que sólo está pensando en lo privado y en lo de sus "amigantes"?, Muchas veces me digo, no sé si con injusticia, que estamos en una oligarquía democrática y que el franquismo ha seguido bajo distintas formas, con intereses oligárquicos…
... Creo que el franquismo está de capa caída, pero tiene todavía fuerza en ciertas manifestaciones de algunos políticos, con una ideología que coincidiría con la se mantuvo con Franco...
No podemos votar a los corruptos a no ser, y eso sería la muerte de un país, que nosotros estemos ya tan corrompidos que no sólo no los distingamos sino que queramos que el corrupto mande para engancharnos a su chaqueta”.

 Hablando de Ética:

1. Este etarra, Gurutz Aguirresarobe se llama, en el juicio en el que se le acusa de matar a Joseba ‘Pagaza’:

«Mi familia también sufre».

2. Este periodista y ensayista, Christopher Hitchens, al que admiro, del que he hablado varias veces, hablando y fotografiando su cáncer (traducido):

"I have been taunting the Reaper into taking a free scythe in my direction and have now succumbed to something so predictable and banal that it bores even me".

    La glosa podría ser: "Tantas veces como he estado toreando a la Muerte y ahora sucumbo a algo tan predecible y trivial que hasta me aburre a mi mismo" (F. De Azúa).

lunes, 14 de noviembre de 2011

De vidas ajenas


“Ah, y además: prefiero lo que me acerca a los demás hombres que lo que me distingue de ellos. También esto es nuevo”. 
Leer una novela de Emmanuel Carrère - ¿son novelas lo que escribe?- no es leer cualquier cosa. No hace mucho leer novelas era una forma de entretenimiento; todavía lo sigue siendo para muchos. Aunque es cierto que el lector voraz acababa por toparse, en una novela buena, con algo que le concernía, y que a continuación, tras ese reconocimiento, algunos lectores proseguían la búsqueda, al acecho de la empatía y el descubrimiento. Sin embargo, creo que en las últimas décadas, quizá desde Henry James para acá, los grandes escritores han ahondado en la vida interior, en el desfloramiento, oso decir, del lector ingenuo. Leer era descubrir y también sufrir, y hasta una forma de terapia, una trasposición del psicoanálisis al ocio. Pero la terapia psicoanalítica ha decaído, ya no está de moda. Los escritores están dejando la intimidad para mostrar las evidencias del paso de los hombres sobre la tierra. Las huellas físicas que el escritor narrador va recogiendo por donde va: billetes de tren, fotografías, cartas de restaurantes al modo del alemán Sebald. Hay transiciones entre un estado y otro de la escritura: desde Bernhard, por ejemplo, o el sudafricano Coetzee o el propio Javier Marías hasta el realismo sucio americano de Carver, Ford o Tobias Wolff.

Carrère ha decidido prescindir de los sucedáneos, de las metáforas, de la retórica literaria e ir al grano. Contar estrictamente lo que sucede. Lo ha hecho gradualmente, lo que les sucede a los personajes que salen en los periódicos: El adversario; lo que le sucede a él mismo, Una novela rusa; lo que les sucede a la gente con la que convive o conoce, a sus amigos y familiares, esta De vidas ajenas, despojándose progresivamente de la narración, del egotismo, convirtiendo la escritura en respiración, el aliento que mueve la vida. Con ello el escritor no renuncia a serlo, pero acepta un papel de mediador entre la vida vivida y la vida leída. Un nuevo Courbet, poniendo el espejo junto al camino. 
“Cada mañana desde hace seis meses, voluntariamente, he pasado unas horas delante del ordenador para escribir sobre lo que más miedo me da en este mundo: la muerte de un hijo para sus padres, a de una mujer joven para sus hijas y su marido. La vida me ha hecho ser testigo de estas dos desgracias, una tras otra, y me ha encomendado, o al menos así lo he comprendido, dejar testimonio de ellas. Me las ha ahorrado, rezo para que siga haciéndolo. A veces he oído decir que la felicidad se aprecia retrospectivamente. Pensamos: no me daba cuenta, pero yo era feliz entonces. En mi caso no es cierto”. 
El libro comienza con el tsunami del sudeste asiático, con algunas de las personas que perecieron entonces y con la angustia de sus familias y acaba con un padre y sus tres hijas, cerca de Lyon, despidiendo a su madre que acaba de morir de cáncer. Por el medio hay una historia de jueces atrevidos y de personas desvalidas a quienes acaba de hundir en la miseria la letra pequeña de los contratos fraudulentos de esas empresas prestamistas cuyos anuncios vemos y oímos cada día en la radio o la televisión. 

El autor no hace literatura, no se inventa nada, cuenta. La inmensa mayoría de los libros que se escriben son prescindibles, no pasa nada porque no los leamos, éste no.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Ciencia, Literatura




Pone Ian McEwan en el discurrir mental de su protagonista: 
“La semana de Milton le hizo sospechar un engaño monstruoso. Leerlo había sido una paliza, pero no encontró nada que remotamente pudiera considerarse un desafío intelectual, nada comparable al grado de dificultad que encontraba todos los días en su curso. La misma semana de la cena en Randolph había estudiado la escala de Ricci y finalmente había comprendido su uso en la relatividad general. Por fin creyó asimilar aquellas extraordinarias ecuaciones. La Teoría ya no era una abstracción, era sensual, sentía el modo en que la materia podía combinar la estructura sin fisuras del espacio-tiempo, y la forma en que esta estructura influía en el movimiento de los objetos, cómo una curvatura evocaba la gravedad. Podía pasarse media hora contemplando el puñado de términos y los subíndices del meollo de las ecuaciones de campo y comprender por qué el propio Einstein había hablado de su “incomparable belleza” y por qué Max Born había dicho que era “la proeza más grande del pensamiento humano sobre la naturaleza”.
“Esta comprensión era el equivalente mental de levantar pesas muy grandes: no era posible al primer intento. Él y sus condiscípulos tenían todos los días clases y trabajo de laboratorio desde las nueve hasta las cinco, durante las cuales trataban de desentrañar algunas de las cosas más difíciles jamás pensadas. Los estudiantes de letras se levantaban de la cama a mediodía para sus dos clases semanales. Sospechaba que en ellas no se hablaba de nada que no pudiese entender cualquiera con una pizca de cerebro. Había leído cuatro de los mejores ensayos de Milton. Sabía. Y sin embargo aquellos dormilones pasaban por ser superiores, y se había dejado intimidar por ellos. Ya no.”
(Solar, Ian McEwan)

jueves, 10 de noviembre de 2011

Sigue en pie la última certeza, no existe el absoluto




Cuando todo parecía estar bien trabado y comprendido, el orden del cosmos, el sentido de la vida, el progreso de la humanidad, el autocontrol del individuo, de pronto, inesperadamente, el caos se extiende con su perfil irregular y opaco, trastabillan nuestras creencias, queda hecho añicos el optimismo de dos siglos. En otros periodos de la historia, en otras crisis que parecían tremebundas, surgió una mente que agrupó los hilos sueltos en una explicación sencilla y coherente y el mundo recobró su rutina: Einstein, Freud, Keynes.
Llevamos cuatro años sumergidos, con la luz cada vez más distante, en una opacidad cárdena, todo lo que parecía imposible está sucediendo, cada vez hace más frío, pisamos sin encontrar suelo, no entendemos nada de lo que ocurre, ninguna mente brillante abre puerta alguna, todos los que hablan son agoreros, profetas de catástrofes, cada uno de los sucesos parece duplicar una escena ya anunciada en una de las muchas pelis de catástrofes, tan de moda en los últimos años.

Pero en algún momento haremos pie, ¿no?, podremos impulsarnos hacia arriba, ¿no?, en algún lugar habrá un límite que impedirá seguir cayendo, ¿no?, no existe la quiebra absoluta, ¿verdad?, ¿no queda en pie, esa última certeza, la de que no existen absolutos? Hay ahí una mente brillante y genial que comprende y explica, que ata los últimos cabos para mostrar la salida, ¿no?

El mundo está cambiando. No se trata de que los empleos basura se hayan ido a Asia -las cadenas de montaje de los iPhones-, miremos alrededor, dónde están los antiguos empleados de los aeropuertos que tramitaban las tarjetas de embarque, los serviciales agentes de las oficinas de viaje, las cajeras que nos devolvían las monedas sueltas, aquellas dulces mujeres que nos atendía al otro lado del teléfono, la legión de administrativos y secretarias, los mecánicos de talleres. Viejas profesiones barridas por los tontitos de la clase que en vez de estudiar filosofía, psicología o griego aprendieron a escribir código, a crear anuncios en páginas web o analizar estadísticas de movimientos en la red, pero son unos pocos, a los otros, en un escalón inferior, ya no les llaman para juntar ladrillos. Se acabaron los trabajos rutinarios y los masivos. Los robots hacen estragos.

Es evidente que Berlusconi y Hu, Merkosy y Rubalcoy -¿alguien vio valentía en sus ojos el pasado debate, alguien vio chispa? sólo asesores de mercadotecnia más mediocres que ellos-, son demasiado viejos para entender los nuevos procesos, los viejos partidos y sus rutinas, los viejos empresarios, ¡Mirad las caras de esos consejos de administración!, los viejos líderes de opinión, ¿¡Gabilondo!? -dice hoy en el periódico uno de ellos: “Las tabletas no son para mi generación. Nada reemplaza el libro de papel” (Bernard Pivot)-, por no hablar de los publicitarios -¿alguien se ha detenido a mirar los anuncios de la carretera o a oír las cuñas de la radio-, impelidos por la inercia están apegados a un mundo caduco, a un pasado remoto, un tapón que impide el ascenso de mentes frescas. Pero, en fin, se detendrá la caída, la catástrofe absoluta no existe.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

La escritura invisible, Arthur Koestler



Arthur Koestler (AK) nació a tiempo para situarse en el vórtice del huracán ideológico del siglo XX. Alcanzó la madurez cuando las ideologías redentoras sustitutas del cristianismo alcanzaron todo su poder. El comunismo de Stalin y el nacionalsocialismo de Hitler estaban forjando un nuevo hombre sobre las ruinas físicas de las clases y razas inferiores. 
“El origen social de los padres y abuelos es tan determinista en un régimen comunista como lo fue el origen racial durante el régimen nazi”. 
AK se entregó de cuerpo y mente a la causa justa en combate contra el enemigo. Primero fue nacionalista húngaro, después comunard de Bela Khun en 1919, más tarde sionista en Palestina y por fin comunista: contra los nazis en Berlín, propagandista de los planes quinquenales en la nueva URSS, agente de la Komintern en París y luego en la España de la guerra civil. Asumió los riesgos a pecho descubierto (a la espera de su ejecución en una cárcel de Málaga) o a estómago vacío (hambre en Tel Aviv y en París), escapando por los pelos de los juicios de Moscú en 1937 y del campo de exterminio en 1940 antes de instalarse definitivamente en Londres. AK dio cuenta por escrito de cada una de sus etapas en libros esenciales para conocer la historia de la primera mitad del siglo XX europeo. Cuando todo se calmó, hacia 1950, hizo un balance de su vida y de la historia de la que fue protagonista. Sus memorias que tituló Flecha en azul para su etapa de aprendizaje y La escritura invisible para los acontecimientos esenciales de su madurez.

La segunda parte de las memorias de AK comienza con un viaje por las repúblicas autónomas del Asia Central. Es un entretenido reportaje de viajes por Georgia, el Cáucaso, Armenia, Turkmenistán, Uzbekistán, el desierto, la estepa, el Cáucaso. AK describe con admiración el paisaje, las gentes y las costumbres entre el mundo antiguo que se niega a desaparecer y el nuevo siglo que quiere implantar la revolución soviética (Auden decía: “Limpiar de la mente de las masas toda la basura incrustada”).
AK, un fervoroso comunista entonces, anticipa lo que le espera a la revolución, las purgas políticas, la colectivización agrícola, la deshumanización. Se encuentra con personajes de esas tierras, rusos de la burocracia o extranjeros de viaje a la patria socialista, como el poeta negro americano Langston Hugues en Ashjabad, la mayoría desengañados o indiferentes ante el mundo desencantado que se abre ante sus ojos. La misión de AK en el viaje era loar los avances imparables del plan quinquenal, las nuevas fábricas que emergen en el desierto turkomano, el éxito de los koljoses, la transformación de viejas sociedades tribales en hermandades socialistas, pero lo que se encuentra no casa con lo que esperaba. Hombres y mujeres a la deriva, ciudades orientales feamente rusificadas, la GPU como único sistema organizativo común, las primeras purgas colectivas. Aunque todo eso con verlo no lo racionaliza, habrá de pasar un tiempo antes de que deje de ser comunista. Quizá lo más interesante del libro sea la narración del mundo cerrado en que estaba, la imposibilidad o casi de salir de él. 
“Hacía tiempo que no tenía ningún amigo fuera del partido. Se había convertido en mi familia, mi nido, mi hogar espiritual. Dentro de él uno podía discutir, refunfuñar, sentirse dichosos o desgraciado; pero abandonar el nido, por muy estrecho y maloliente que resultara en ocasiones, se había vuelto algo inconcebible. Todos los sistemas cerrados generan en quienes habitan en su interior un progresivo distanciamiento respecto del resto del mundo. Había muchas personas dentro del partido que me disgustaban, pero eran mi familia. Había muchas personas de fuera del partido que me gustaban, pero ya no compartía un lenguaje común con ellas”. 
Cuando vuelve, Europa está sometida a la amenaza de dos sistemas totalitarios, cada uno de los cuales con sus purgas internas, el incendio del Reichtag, los cuchillos largos en un lado, los juicios de Moscú en el otro. AK se convierte en un militante de la Komintern bajo las órdenes de Willi Münzenberg y Otto Katz. Escribe alegatos, organiza conferencias y congresos, conoce a los intelectuales europeos famosos y los implica en el combate contra el fascismo. Entra en la España rebelde, es detenido en Málaga y condenado a muerte. Ve lo que les sucede a sus antiguos compañeros y amigos que obligados a volver a Moscú son obligados a que confiesen una culpabilidad inexistente y son ejecutados. Escribe El cero y el infinito (Oscuridad a mediodía), un best seller donde narra su desengaño. Deja el partido, lo denigran, aunque no lo persiguen hasta la muerte como a muchos otros, tal el caso de Münzenberg u Otto Katz. 
"Fui al comunismo como quien va a un manantial de agua fresca y dejé el comunismo como quien se arrastra fuera de las aguas emponzoñadas de un río cubiertas por los restos y desechos de ciudades inundadas y por cadáveres de ahogados. 
AK acabará suicidándose en 1983 junto a su esposa. AK escribió La escritura invisible en 1954, sobre sus viajes y acción política entre 1931 y 1940. Entre ambas fechas Europa y el mundo se sumergieron en el abismo. El panorama que describe es el de un protagonista cuya memoria fue confirmada por muchos otros. Resulta incomprensible que tantos intelectuales, militantes comunistas y compañeros de viaje de los años posteriores siguieran con los ojos cerrados a la realidad. Este libro aparece ahora en Lumen agrupado con Flecha en Azul en un único volumen. Sus cerca de 1000 páginas no deben asustar a nadie, se leen con avidez y pasión y si se habla de libros imprescindibles éste es uno de ellos.

martes, 8 de noviembre de 2011

Los siete puentes

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Estamos en el valle del Oja, cerca de Ezcaray. La lluvia comienza al bajar del autobús. Ponerse las botas de montaña bajo el paraguas, cargar con la mochila, enfundarla, ponerse el impermeable, abrir los bastones, ponerse a caminar. La lluvia nos acompañará toda la jornada. En seguida remontamos el pequeño valle del Usaya. Junto al agua que cae inmisericorde, que resbala por las hojas del otoño, el agua que desciende de la montaña, que salta, que zigzaguea, que se esconde y vuelve a aparecer y el agua que impregna las botas, las traspasa y las inunda. Incluso bajo la lluvia, este es un paraje hermoso: las hojas de color cambiante del bosque de hayas, el lecho mullido del camino que remonta el vallecillo, la fila de excursionistas que lo llenan de colores vivos con sus impermeables y paraguas.

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La ruta tiene muchos encantos, además del colorido otoñal y el lento movimiento ascendente de los paraguas, los puentes que debemos atravesar a lo largo del camino. Son puentecillos hechos con pequeños troncos enlazados, tendidos para salvar la corriente. El primero es el de los escalones de piedra sobre los que golpea y resuena el río. Hay que pasar con cuidado sobre la superficie resbaladiza de los troncos y las piedras, afianzar los bastones, asegurar cada paso.

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El segundo aparece tras un recodo oculto tras la maleza, que para Josu un guía de montaña del norte de Burgos no habría que llamar tal sino bueneza porque en general estos matojos que están en los linderos de las tierras protegen a la pequeña fauna y aguantan el suelo escurridizo. El río se tuerce en una curva de noventa grados. Un poco más arriba un haya centenaria, enorme, muestra sus muñones.

El tercero es el punte del avellano, un avellano imponente que se yergue con sus colores cobrizos al otro lado de la tira de troncos que salvan el río.
El cuarto es el puente inclinado, en ligera pendiente, al que le falta un peldaño, resbaladizo.
Más arriba, el de los troncos que se desatan, el quinto, que bailan bajo los pies. Una pequeña roca erguida como un mojón guarda el paso. El suelo además de la hojarasca húmeda se llena de musgo.

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El sexto es el de las pequeñas cascadas. El camino gana en pendiente, el lecho del río se llena de piedras y el agua con fuerza salta sobre ellas.
Y llegamos al séptimo. El último. Afianzo el bastón entre los troncos, luego un pie, firme, y después el otro, que resbala. Me aguanta el bastón clavado. Es el puente de las caídas. Alguno baila sobre los troncos húmedos, lustrosos, y cae sobre las posaderas, que también resbalan, y aterriza en el lecho del río. Otros prefieren pasar sentados, arrastrándose y, por fin, alguien tiende un gran tronco sobre el agua para poner en él los pies y en el puentecillo las manos.

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Aún nos quedará vadear dos veces más el río, los saltos de las manos. El grupo una cadena de manos que impulsa el salto para no caer. En la cabecera del valle se ha acumulado la primera nieve, que se deshace bajo la lluvia. Los pinos suceden a las hayas. Un par de abetos, o eso parecen, amarillean como lámparas encendidas. Luego el descenso, pesado, los pies chapoteando dentro de las botas. El cansancio, las ganas de acabar. El autocar. Despojarse de todo, ponerse ropa seca y, en Ezcaray, la comida caliente, en El Albergue o en Casa Masip.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Yann Martel escribe en Beatriz y Virgilio


Escribe Yann Martel:

“Existen las verdades y existen las mentiras, categorías trascendentes tanto en los libros como en la vida. La división más útil es la que existe entre la ficción y la no ficción que dice la verdad, y la ficción y la no ficción que dice mentiras.

Una obra de arte funciona porque es verdad, no porque es real.

El único talento natural necesario para interpretar bien la música era la alegría.

El colonialismo es un trago terrible para aquellos a quienes se impone, pero es una bendición para una lengua.

Desde su experiencia completamente personal, el inglés era jazz, el alemán era música clásica, el francés era música eclesiástica y el español, música callejera.

¿Fue Gertrude Stein quien dijo que el lenguaje era el alfabeto en desorden?

El precepto que sostiene que la ubicación es la clave del éxito de un negocio se puede aplicar al arte, e incluso a la vida misma: prosperamos o nos marchitamos según cómo nos alimenta el ambiente que nos rodea.

Los animales se nos han extraviado, nos los han arrebatado. No me refiero exclusivamente a nuestras vidas urbanas. También me refiero a la naturaleza. Salimos a verlos y no están los más comunes; de los menos comunes sólo queda una tercera parte. Cierto es que en algunos lugares se siguen viendo en abundancia, pero eso ocurre en las reservas, los parques y los zoológicos. Nada queda, pues, de la costumbre de mezclarnos con los animales”.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Dejar caer a quienes han hecho las cosas mal



P: ¿Qué deberían hacer los gobiernos?

R: Dejar caer a quienes han hecho las cosas mal, como Grecia, Citibank y ­Wall Street. Se está rescatando a gente incompetente a costa de gente competente. Quienes ahorraron e invirtieron ven ahora cómo el Gobierno rescata con su dinero a quienes compraron casas y coches a crédito. Estados Unidos está destruyendo su clase ahorradora, la que desarrolla un país. Hay que dejar caer a los incompetentes.

P: ¿No hay una solución menos dolorosa?

R: Hay dos formas de enfrentarse a estos problemas: a la japonesa o a la escandinava. En los años 90 los japoneses no dejaron que cayera nadie, rescataron a todos los que se habían metido en problemas. Mantuvieron bancos zombies y empresas zombies, auténticos muertos vivientes. Y así llevan dos décadas perdidas. Las acciones japonesas han perdido un 80% de su valor respecto a 1990. En Escandinavia entonces tenían problemas similares y no rescataron a nadie. Pasaron tres años muy malos, pero ahora Suecia es uno de los grandes éxitos de las últimas décadas.
Estados Unidos e Inglaterra están haciendo lo mismo que Japón. Tampoco va a funcionar, nunca ha funcionado. Hemos perdido una década y perderemos dos o tres más. O quizá será como cuando España entró en declive y tendremos tres o cuatro siglos de decadencia.

P: Tenemos elecciones dentro de dos semanas. ¿Qué le recomienda al futuro gobierno?

R: Que recorten el gasto con una motosierra. Es la única solución. Nadie va a ganar las elecciones con ese programa, o si las ganara lo asesinarían o derrocarían al cabo de un año porque las medidas que hacen falta son demasiado dolorosas. La gente en España y en Europa todavía no está preparada para aceptar esto. Sin embargo, no hay otro camino, sería un dolor temporal, pero necesario.

P: ¿Los especuladores crean problemas, o reaccionan ante ellos?

R: Los especuladores no sólo no crean problemas sino que los arreglan, porque detectan que algo va mal y dan la voz de alarma. Los que venden bonos de Grecia no han hecho nada incorrecto: no se endeudaron, ni falsearon las cuentas, ni mintieron sobre sus finanzas. Pero sí fueron los primeros en darse cuenta de que el gobierno de Grecia había hecho todas esas cosas. Quienes venden lo hacen por alguna razón, son los mensajeros que avisan de que hay problemas.

P: ¿Hacer lo que le gusta es un componente fundamental de su felicidad?

R: Sí. La gente que hace aquéllo que le gusta es la que más éxito tiene. No hay que escuchar a los profesores ni a los padres. Si te gusta ser jardinero, eso es lo que tienes que ser. Un día tendrás una empresa de jardinería por todo Asia y entonces tus padres y tus profesores, que nunca quisieron que fueras jardinero, te dirán que te animaron a serlo desde el principio.


“Por un lado, los Gobiernos están empleando ingentes recursos para salvar a los bancos y las instituciones financieras; por otro, el paro o la pobreza, por no hablar de la educación o de la inversión en ciencia, no han recibido un tratamiento equivalente en la agenda política. Esta alteración de las prioridades está provocando una pérdida de legitimidad de las instituciones.

Se ha manifestado una curiosa paradoja durante estos últimos años, y es que, cuando las instituciones financieras entraron en crisis, su poder no disminuyó sino que se ha acrecentado. Todo el mundo está obligado a hablar el lenguaje económico y a entender lo que ocurre, incluidos los expertos que no supieron prever los acontecimientos. Es imposible escapar a la economía, y de ahí el incremento del poder de las instituciones financieras”.


sábado, 5 de noviembre de 2011

La mujer que miraba a los ojos



Adoración Zubeldia, la viuda del concejal de UPN José Javier Múgica, asesinado por ETA el 14 de julio de 2001, tuvo que volver ayer a declarar a la Audiencia Nacional.
Se sentó de cara al tribunal, con la intención de no perder su segunda oportunidad. Con los asesinos de su marido a su espalda y de cara a los magistrados, no pudo evitar volver a llorar al recordar la muerte de su marido. “Oí un ruido y tembló toda la casa. Salí al balcón. Vi a mi marido, que estaba en el suelo a una distancia. Vi la furgoneta que se estaba quemando y que él también se estaba quemando”, repitió con la voz quebrada. Después desgranó el rosario de amenazas que habían recibido previamente. Cómo en su trabajo como conductor de autobús escolar, Múgica tenía que soportar que los estudiantes le tomaran el pelo. Cómo él mismo, brocha en mano, se dedicaba a borrar las pintadas de dianas que aparecían en su tienda de fotografía. El robo de material, la quema de un coche...
El agente judicial —el funcionario que auxilia en los juicios llamando a los testigos y repartiendo la documentación— se acerca a la viuda para mostrarle la salida. Ella, por sorpresa, le lanza: “¿Les puedo mirar a estos chicos?”. Sin esperar la respuesta se da la vuelta y observa cara a cara a los acusados durante dos segundos. El silencio reinante en la sala subraya la tensión del momento. Lo interrumpe la presidenta con cierta incomodidad. “A ver, por favor, ¿quiere usted abandonar la sala?; si no, puede usted sentarse”, le dice. Adoración no puede evitar lanzar otra mirada antes de enfilar la puerta. Lo ha logrado. 
Qué quedará de la historia miserable de ETA.

Por supuesto, sus crímenes: asesinatos, secuestros, extorsiones  y la atmósfera de terror en el País Vasco.
Quedará el nacionalismo que ha bebido de esa fuente, sin hacerle ascos.
La democracia que durante dos generaciones no ha sido capaz de derrotarlo.
Un Estado que no ha sabido acabar con esa atmósfera en la que los ciudadanos no han sido libres.
La izquierda subyugada por el prestigio de la violencia política.
Quedará el exceso de los políticos que han utilizado el asunto en beneficio propio. 
El bla bla bla de los periodistas que se han prestado a ser altavoces de la muerte política y del terror.
Quedarán los jueces del telediario y también los jueces, como esa jueza Murillo, que exhiben sus sentimientos –“Y encima se ríen estos cabrones...”- en la sala de justicia.
Quedarán los pacifistas y mediadores, esos zombies del pasado, buitres sobrevolando la carroña. Zombies de otro siglo que niegan que la opinión de las víctimas haya de ser privilegiada, para a continuación pedir que se abra una mesa de negociación con los representantes de los terroristas.

Y quedarán los héroes de este asunto, un puñado de personas, como esta mujer, que son los únicos que han derrotado a ETA. Al principio eran muy pocos los que no se conformaron, los que resistieron, sobreponiéndose a la humillación, alzando la cabeza ante el terror, ante una sociedad temerosa o cómplice, los que no creyeron que una ideología asesina podía ser progresista y moderna y liberadora, son ellos los que le dieron la vuelta al prestigio de la violencia política y mostraron el rostro cadavérico de los asesinos y de quienes los jalean, quienes mostraron la horrenda faz del nacionalismo. Les ha costado años, han ido ganando el pulso lentamente, pero han impuesto la verdad. La policía y la justicia no eran suficientes, no lo fueron durante mucho tiempo, hacía falta que alguien opusiese su rostro sereno, su valentía a la intoxicación, a la mentira, al terror. A ellos debemos que se acabe este feo asunto.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Beatriz y Virgilio


Hay novelas cuya estrategia consiste en ir desvelando de forma suspensiva de qué va la cosa, de poner trampas pero también pistas para enredar al lector o para despertar su inteligencia y sensibilidad, para producir asociaciones entre mundos dispares, demorando la resolución o posponiendo la enunciación del tema, de modo que la lectura no decaiga y el provecho sea el mayor posible. Este es el caso de Beatriz y Virgilio de Yann Martel. En estos casos la editorial debería ser cuidadosa y no adelantar en la contraportada lo que el autor no adelanta hasta bien pasadas muchas páginas, porque entonces se pierden parte de los placeres de la lectura. Aunque en la novela del autor del exitazo Vida de Pi los placeres son muy traicioneros y el contento por lo originalidad de su construcción se frustra y adolece cuando se topa con el asunto que el autor se trae entre manos.

Como suele ocurrir con las novelas muy originales, el planteamiento inicial es seductor y provoca avidez, es deslumbrante, aunque la resolución no lo es tanto e incluso algo decepcionante. Los personajes son algo esquemáticos, excepto los que dan título a la novela, muy bien traídos y desbordantes de significado, aunque el paralelismo con el descenso a los infiernos de los personajes de Dante sea mera referencia literaria. Me gusta el recurso a las listas para referirse al asunto que bordea todo el rato, sin apenas mencionarlo. Me gusta cómo resume el relato San Julián hospitalario, de Flaubert, cómo ayuda a introducir el tema; me gustan las referencias a otras obras, como incardina el contexto vital del escritor protagonista bloqueado o la descripción de la agobiante tienda del taxidermista, en cambio, creo que la dureza, el peso del asunto que quiere tratar le desborda, puede con él y no lo resuelve.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Eufemismos II


Venimos de un mundo en el que las cosas han perdido el nombre que las describía con exactitud. Para hablar de ellas las escondemos en envoltorios brillantes, un mundo en el que los objetos no valen un precio acorde al uso que se hace de ellos sino multiplicado artificialmente.
Todos ganamos más de lo que necesitamos, unos más y otros menos, todos hemos creído que eso no sólo era posible, sino que iba a ser siempre así. No hay tiranía de los mercados, sino un ajuste brutal del precio de las cosas, para volver a llamarlas por su nombre.

Un personaje de Margin Call es ingeniero aeronáutico. A pesar de su denso curriculum académico trabaja en la entidad financiera, porque gana mucho más. ¿Qué tiene que ocurrir para que los jóvenes que empiezan no tengan por objetivo primero ganar mucho dinero, sino la satisfacción que produce ser valorados socialmente, ser útiles a la sociedad en la que han crecido por ser benefactores, inventores, artistas, ingenieros?

Uno de los acontecimientos de la temporada artística de Barcelona es la exposición de Perejaume en la Pedrera. Perejaume expone la nada. Dibujos, pinturas, bocetos, exclamaciones sobre su impotencia,  frustración, el callejón sin salida en que se encuentran los artistas contemporáneos tras la exuberancia del siglo XX. Perejaume resume su trayectoria como artista en una frase: "Ai Perejaume, si veies la munió d’obres que t’envolten, no en faries cap, de nova!". El arte ha muerto por sobredosis, por exceso, por sobreexposición. Cualquier aspecto que se relacione con el arte ha sido estirado, inflado hasta el límite. El arte y la vida. Se impone, pues, el enmudecimiento, la destrucción, la rebaja. Quizá podamos empezar de nuevo.

martes, 1 de noviembre de 2011

Eufemismos


La jornada comienza con un grupo de jóvenes enfundados en trajes baratos. En alguno se ve el ímpetu juvenil, en otros la rutina antes de comenzar otro día más de marketing puerta a puerta. ¿A quienes esperan convencer?

Como en la mente de los moribundos, cuando, como dicen, las imágenes de toda una vida se agolpan a gran velocidad, así estos días los estímulos de un mundo agonizante en medio de una atmósfera grisácea, caen sobre nuestras cabezas.

Mañana de oficinas, con clientes pacientes y silenciosos y empleados abatidos. Oigo en una de ellas: “¿Mañana, aún estarás aquí?”. Unos cuantos empleados salen a la calle y en corro comentan lo que sea, los hombros hundidos, la mirada apagada. Por el periódico sé que el presidente de esa entidad ha llegado a un acuerdo con el director ejecutivo por cinco (¿o son diez?) millones de euros para que se jubile. El hombre como tantos otros saltó de la política a la caja; su gestión no ha podido ser peor, sin embargo se le premia.

En otra oficina un gestor me dice que está aprovechando la calma del día para vender todas las acciones que puede. Luego me enseña una página de Paribas donde se ofrecen rentabilidades altísimas apostando contra la baja de acciones de grandes empresas. No parece creíble que tales empresas vayan a caer tanto, sin embargo en el historial de la página Paribas casi siempre gana al inversor incrédulo.


Una de las frases más repetidas de la peli Margin Call es una pregunta, "¿Cuánto gana?, ¿cuánto gana fulano?" A medida que se escala en la jerarquía la diferencia entre un salario normal y el sueldo de un ejecutivo alcanza cotas lunáticas, rompiendo sucesivamente el techo de incredulidad. Hay muchas preguntan, no siempre formuladas, que emergen de Margin Call. Probablemente la organización piramidal sea la más eficiente para la empresa, pero ¿es la más productiva para el país, la que produce más beneficios para la sociedad? Ganan mucho dinero los que maximizan el beneficio para la empresa, los que exprimen al máximo a sus empleados, los que los convierten en máquinas eficientes, expulsando empleados en porcentaje más o menos constante a medida que la pirámide se estrecha en las alturas, rejuveneciendo, provocando una competencia feroz, mucho más en la cúspide de altos ejecutivos que trazan directrices, que apartan o borran o enmascaran las cláusulas morales, convirtiendo en una salsa pringosa de amenazas y seducciones el programa del día, lo que hay que hacer aunque no se deba hacer. ¿Cuál ha sido el coste? En algún momento se tenía que romper el lazo que unía las cosas con su valor, la diferencia obscena que iba separando el coste y el precio.

Me entero de que los bonos patrióticos, 5,25 a dos años, son otra una huida hacia delante. Se ofrece en cada emisión un interés mayor para pagar la deuda que van generando. Además, a los bancos intermediarios se les ofrece un 2,50 %. En total los gobiernos autónomos pagan un 7 o un 8% de interés. Es decir, van derechos a la quiebra. Quizá los compradores piensen que al final los avalará el Estado, un Estado que está en quiebra técnica.