lunes, 28 de febrero de 2011

"Estamos dirigidos por ignorantes"

Sánchez Ferlosio habla de nuevo:
"La cultura es un mecanismo de control social desde que los romanos inventaron lo de 'pan y circo'".  
"¿Libertad? La libertad no existe. Es uno mismo el que se da la ley. Libre quiere decir muy poco.
"La dexidrina (anfetamina) era el estimulante que me hacía funcionar (...), me hacía sensible a las relaciones formales de la gramática. Pasaba tres días consumiendo, sin parar de estudiar y escribir, siempre con luz artificial. Luego descansaba, dormía unas 18 horas, con uno o dos despertares para comer algo. Aquellas bajadas eran maravillosas... Después iba con mi hija dos o tres días seguidos a los parques y museos... Y vuelta a empezar. Nunca me lo he pasado mejor que en aquel tiempo. Pero en los años 80, los socialistas prohibieron la dexidrina. Eso me fastidió muchísimo. Probé el Katovit, la Coca-Cola. Y nada funcionó igual.". 
"Estamos dirigidos por ignorantes (...). España es uno de los lugares más inocentes y pacientes que existen. La prueba está en los sindicatos. ¡La clase obrera ha vuelto a aquello que decía Marx del «ejército de reserva»! Ellos son los primeros perjudicados si se deshace la economía de mercado. Han aceptado claudicar".
"Todo ciudadano debe odiar su país. Y ahora también odio Italia, porque me es cercana. Mi madre era italiana. Los italianos son ya más odiables que los españoles. Lo son desde que la opinión pública se ha puesto a favor de Berlusconi. Tiene más éxito aún cuando ha sido denunciado. Les sucede a los italianos como a los catalanes, que el puterío no les escandaliza.".
"La prensa está totalmente corrompida, como la política. Ya no tiene futuro. No es más que un concurso de amiguetes. Están todos viciados. Los políticos esperando instrucciones de la prensa y viceversa. Además, se saludan sin problemas entre los más opuestos. Ya no hay diferencia entre amistad y enemistad.
"El mundo no va a sobrevivir. Se acaba en pocos años. El capitalismo lo destruye todo por dentro y por fuera. El final no vendrá por una guerra, sino por una catástrofe económico/ecológica. No veo mejores posibilidades".
"En este país lo sagrado es Ortega y Gasset, que no me interesa nada, y el fútbol, que como todo deporte es una actividad sin contenido. El único objetivo es la redundancia de la victoria como fin en sí mismo".
"Los ateos me parecen ridículos. No creer en la existencia es un ejemplo de opinión fáctica porque son creyentes en la inexistencia. La cuestión de la existencia o no de Dios es, de hecho, un asunto sin importancia. Aunque decir que no me importa la existencia de Dios es una boutade, claro. Es un honor el que le hago creyendo que no existe, porque semejante bicho (...) Soy un renegado. Me olvido de él para que él se olvide de mí..."
"Qué miedo se tiene hoy por decir algo contrario a lo femenino o la feminidad... Aunque yo soy partidario de la censura. Censura contra los programas de telebasura y contra la publicidad dirigida a los niños, ésa que cultiva en la infancia la comparación social. Es repugnante. Y también quitaría las fotografías de la publicidad. ¡Dibujos! ¡Sólo dibujos! Hay que ver lo que ha hecho la fotografía en favor de la pornografía...".

Corrupción

Acaso la corrupción mayor no sea la más evidente, la que salta a las páginas de información. Hay otra más profunda que es raíz del despotismo, de las comisiones, de los ERES con trampa, de la prevaricación. Es esta: la de los políticos que se comportan como dueños o señores de la cosa, por encima de su condición de simples representantes:
-cuando se permiten no responder a las preguntas que les hacen en el parlamento o en las ruedas de prensa, cuando se niegan a crear comisiones de investigación;
-cuando se postulan como candidatos sobre la base de un privilegio o discriminación positiva;
-cuando permiten que se haga una justicia paralela,
Dice una candidata, España está preparada para tener una mujer catalana como presidente. Otra vez sacando rédito de la discriminación positiva, del privilegio. Qué clase de insulto es ese, ¿por qué todavía ha de primar la condición de mujer y la de catalana por encima de cualquier otra?
¿Pará qué queremos políticos que cuando les hacen preguntas comprometidas no responden? ¿Quién se han creído que son? Están ahí porque los hemos elegido, ningún dios les ha ungido.

domingo, 27 de febrero de 2011

Dignidad & indignidad


De vez en cuando los pueblos, es decir, la gente, dicen basta y se sacuden la tiranía. El momento y el lugar son imprevisibles, pero ha sucedido muchas veces. La dignidad hoy está en esos jóvenes árabes que salen a la calle sin miedo.
El día 19 me reuní con mis oficiales y les pregunté qué querían hacer. Les recordé que todos nos enfrentábamos a la pena capital si decidíamos enfrentarnos al régimen. La mayoría estuvo de acuerdo. Dos días después me dirigí a la mezquita, en la plaza, para unirme a los manifestantes.
Conseguiremos traer la democracia. Somos un país grande con muchos recursos y riquezas y poca población. Podría llevarnos una década o más, pero lo lograremos.
Cuando supe lo que estaba ocurriendo en Bengasi y en otros puntos del país, los asesinatos... un líder masacrando a su propio pueblo con mercenarios, supe que no podía seguir respaldándolo.
No esperamos nada de ellos [las potencias occidentales o de Naciones Unidas]. Hace una semana que los libios están siendo asesinados y no han hecho nada. Creo que les preocupa más la economía que las personas. Deberían saber, ya que viven en países democráticos, que también nosotros necesitamos democracia y libertad. General libio Suleimán Mahmud.

Aznar, amigo de Gadafi
 Uno de mis contactos en Libia me llamó hace unos días, justo antes de que cortaran todas las líneas. Me dijo: "Es horrible, mucho peor de lo que se piensa. Por favor, decid que necesitamos ayuda".
La indignidad está aquí. Una vez más, nuestros representantes nos han traicionado. ¿De qué nos sirven políticos que sólo alzan la voz cuando ya no hay riesgo alguno? Cuando ven que Gadafi está a punto se desfallecer, sólo entonces hablan de sanciones y de no sé que pruebas de potencia. Humillan a quienes les hemos elegido, a quienes representan. La democracia tal como funciona es una farsa. Nuestros políticos no actúan como meros representantes de sus países, actún como dueños de la cosa.

Ah, y

En Egipto, por ejemplo, a menos que la presión popular continúe, obligando a las Fuerzas Armadas a aceptar reformas más profundas, la revolución solo habrá servido para reemplazar una pequeña élite corrupta por otra.

viernes, 25 de febrero de 2011

Cisne negro (Black Swan)

Por fin una buena película. El arte y la vida, una película al modo del viejo romanticismo, donde una chica lo entrega todo, incluida su propia vida, para conseguir el momento supremo de la creación artística. Se trata de una bailarina de una compañía de ballet que pelea por conseguir el papel estelar de El lago de los cisnes, cuando la anterior diva cede el paso. Un papel complicado en el que se ha de combinar la candidez del cisne blanco con la madurez agresiva, desengañada y derrotada del cisne negro.

Es una película dura, me ha recordado La pianista de Haneke, Natalie Portman reviviendo las escenas de Isabelle Huppert. Nina (Natalie Portman) que vive con su madre, una bailarina que dejó la danza por la maternidad y que lleva muy mal su soledad y sus derrotas, se recluye en sí misma y en el dolor y la violencia, primero para conseguir el papel, después para alcanzar la perfección. Enfrente tendrá a su madre que no quiere ver cómo se destruye, a sus competidoras, pero sobre todo a sí misma, pues carece de las experiencias vitales necesarias para comprender qué es lo que tiene que representar como cisne negro. Por ello, tendrá que adelantar en su cuerpo infantil el desgaste y la acumulación que es el trasiego del cuerpo a lo largo de los años. Esas vivencias las hace en muy poco tiempo, durante la preparación y los ensayos antes de la representación. Consecuencias: agotamiento nervioso, confusión mental, trastorno. Llegará a la perfección, pero a costa de profundos cambios en su cuerpo y en su psique.

Natalie Portman es un portento, una maravilla ver cómo su rostro va pasando poco a poco de la inocencia al alboroto y de éste a la serenidad que se alcanza en la cima, pero sobre su propia ruina. El placer para la protagonista, como para el espectador, es el que se obtiene del morbo romántico, el de la autodestrucción. Portman aporta credibilidad a un recorrido tan devastador. Sin Portman y sin Aronofsky, el director, el sufrimiento trágico que es el tema de la peli, se habría convertido en irrisión. Porque la película no es sólo la interpretación, también es el compás y el metrónomo de un Darren Aronofsky que va modulando los cambios, que va traspasando las fronteras del blanco al negro hasta la cima y la oscuridad. La pasión de Nina es tan extremada, tan llevada al límite que a veces es difícil distinguir entre el durísimo entrenamiento y el trastorno psíquico. El virtuosismo del director consiste en hacernos creer que aquello tiene sentido y que el objetivo final puede merecer la pena, que la sociedad aplaudirá y el espectador puede entender de qué va la cosa, es decir, que es verosímil. La atención está atrapada a lo largo de los 103 minutos, pero hay momentos en los que hay que apartar la vista y dejar escapar un suspiro de angustia o de alivio, por lo menos eso me ha pasado a mí.



jueves, 24 de febrero de 2011

Explicar la Shoah


Cómo explicar qué fue la Shoah, literalmente la catástrofe, palabra que comúnmente sustituye a Holocausto, como antes se decía, cómo escapar de la simplificación, de la estampa, del nombre propio, de la banalidad, del sentimiento espurio. Claude Lanzmann en su La liebre de la Patagonia cuenta esto:
"Quiero recordar a dos supervivientes de Vilna, Motke Zaidl e Izthak Dugin, miembros de un comando de jóvenes judíos obligados a abrir las inmensas fosas comunes del bosque de Ponari y a exhumar, con sólo sus propias manos, sin ayuda de herramientas, los miles de cadáveres enterrados allí, entre los que reconocen a sus más allegados, a los que sólo pueden nombrar calificándolos de Figures o de Schmattes, es decir, marionetas o trapos. Si osaban emplear la palabra muertos o víctimas, eran molidos a palos. Lo que no he contado en Shoah es el increíble intento de evasión de algunos jóvenes de aquel comando, entre los que estaban Zaidl y Dugin: cavaron en la tierra un largo, profundo e irrespirable túnel que desembocaba en el bosque, más allá de las alambradas. Dugin y Zaidl lograron salir al aire libre. Los SS, cuando se percataron de la evasión, soltaron sus enormes perros de presa. Habla Dugin:  "Estábamos tan al límite de nuestras fuerzas que los perros nos atraparon, estábamos seguros de morir entre sus fauces. Pero de pronto se pusieron a gemir dando vueltas a nuestro alrededor con gemidos de terror, y temblaban y se echaban en el suelo. Olíamos tanto a muerte, porque llevábamos chapoteando en las fosas, que nuestro hedor espantaba hasta los mismos perros".

miércoles, 23 de febrero de 2011

La liebre de la Patagonia

Acabo de leer un libro extraordinario. No sé cuando se puede aplicar la etiqueta de obra maestra, pero mientras lo leía crecía la impresión de que tenía una entre mis manos. La liebre de la Patagonia de Claude Lanzmann. El autor es un personaje muy conocido en Francia, amigo de Sartre y de Simone de Beauvoir, periodista de batalla en diversos periódicos populares. Redactor de Les Temps Modernes y luego director. Activista proisraelí y también luchador a favor de la descolonización en los años sesenta. Y más tarde director de cine: Why Israel (1974), Tsahal (1994), Sobibor (2001) y en especial su monumental Shoah (1985), que le ha dado fama en el mundo entero.
Sólo con que contase su vida de modo convencional, una vida aventurera, sus relaciones amorosas y de amistad, sus peleas a favor de Israel ya harían atractiva la lectura de su libro, pero es que es mucho más que eso. Dividido en veinte capítulos, cada uno de ellos dedicados a cada una de sus peripecias, el libro está escrito con un dinamismo que deslumbra y contagia la lectura. Quizá se deba a como está concebido: Lanzmann dicta a una amiga lo que va rememorando. Se intuye la agitación que le posee mientras revive cada historia. Las disputas en una familia de origen judío venida del este, cada uno de sus miembros con una personalidad fuera de lo común, padre, madre, hermano escritor y hermana actriz, cada uno con una vida intensa, capaz de relacionarse con personajes extraordinarios. La resistencia contra la ocupación alemana, donde Lanzmann se implica con arrojo juvenil. Sus pasiones, la aviación, el montañismo, el ski, las revoluciones. La posguerra, profesor de filosofía en Alemania, periodista en Paris. Su amistad con Delleze -inteligencia deslumbrante, cobarde para enfrentarse directamente a sus conquistas-, con Sartre -taciturno, inmóvil ante la desesperación metafísica: "el hombre es una pasión inútil"- , con Simone de Beauvoir -arrebatada por peiodos de llanto violento e inconsolable- con la que llega a convivir durante casin una década, de los que desvela sus debilidades, sin renunciar a su amistad y sin disminuir su admiración por ellos. Su pelea a favor de los movimientos de liberación: Franz Fanon, "cuyas profecías la historia ha ido desmintiendo"; Holden Roberto, revolucionario en Angola, agente de la CIA; el FLN argelino, al que apoya a pesar de sus contradicciones: islamismo, poligamia, antisemitismo; su desengaño, por la miseria moral de sus dirigentes y por su política antisemita. Su conversión al cine, en primer lugar como forma de defensa del estado de Israel. Los diez años que dedica a Shoah, la falta de financiación, la difícil búsqueda de qué es lo que quiere contar, los malentendidos tras su estreno.

La vida de Lanzmann parece un vendaval: "No estoy ni hastiado ni cansado del mundo -escribe- cien vidas que viviera no me agotaría nunca". Y eso lo dice con casi 85 años. Cada capítulo es una obra redonda en sí mismo, con su plan, sus personajes, su desarrollo, a menudo con suspense, su desenlace.

Hay sin embargo dos obras maestras en el interior de esta obra maestra que es La liebre de la Patagonia, que fácilmente podrían convertirse en película a poco que trabajase el guión. Una es la peripecia en la Corea de Kim il-sung, poco después de la guerra. Como periodista invitado al país comunista conoce a una enfermera, Kim Kun-sun, ante la que se le desata una loca pasión correspondida. El simple relato de la peripecia es la mejor denuncia que he leído de la vida cotidiana en un país estalinista. El otro relato destacable es la búsqueda por medio mundo de los supervivientes de la Shoah con los que quiere contar para su película. El relato de Abraham Bomba, el peluquero de Treblinka, tiene una fuerza parecida al que dedica a la enfermera de Corea. Así como la persecución de los verdugos nazis, a los que por medio de falsa seducción y trampas técnicas quiere hacer hablar para recoger sus recuerdos.

El libro tiene 523 páginas, pero en ninguna he alzado la vista para descansar y cuando he tenido que dejarlo por cuestiones de fuerza mayor no veía el momento para volver a él.

martes, 22 de febrero de 2011

Juventud y democracia


Jóvenes Los jóvenes norteafricanos en paro, mejor formados que nunca, incitados al consumo, ante el espejismo de occidente. Satrapías, monarquías religiosas, dictaduras militares, pseudodemocracias ostentando una riqueza desmesurada que se niegan a distribuir entre la población. No es cierto que nadie lo hubiese anunciando. Los demógrafos habían hablado, también los sociólogos. Los únicos que se negaban a verlo, aparte los sátrapas, era la casta política de los países de la ribera norte del Mediterráneo, por interés propio. Confraternizaban con ellos en la Internacional Socialista, en los Foros Económicos de postín, como Davos; firmaban con ellos enormes contratos con suculentas comisiones. Después de Lockerbie siguieron estrechando la mano sangrienta de Gadafi como si tal cosa. El maná del petróleo y del gas. ¿Alguna vez se interesaron sinceramente por los pueblos árabes? La asociación terrorismo islámico y pueblos árabes era la llave que cerraba todas las puertas en sus conciliábulos secretos. No había nada que cambiar.

Ya tenemos dos baldones sobre las espaldas de nuestros políticos: su ineptitud ante la crisis económica y el apoyo a esas satrapías. A lo que habría que añadir la corrupción que no cesa y su sentido patrimonial del poder. Andalucía es el cortijo del PSOE; Castilla es propiedad de la derecha desde tiempo inmemorial; Cataluña es de los nacionalistas; Valencia de Camps; Valladolid de León de la Riva. Y España del PSOE y del PP.

¿La juventud española seguirá dejándose alienar con los juguetitos recién descubiertos: el móvil, Facebook, Tuenti, el botellón, como sus padres con el fútbol y sus madres con Telecinco -vade retro? España tiene la tasa de paro más alta de la Unión Europea para menores de 25 años: algo más del 40%. Qué pasará cuando despierten de su amargo sueño. ¿De qué futuro serán ciudadanos? ¿Tienen algo que ver nuestros jóvenes con los jóvenes que se rebelan hasta la muerte contra Gadafi?

El sociólogo Enrique Gil Calvo encuentra cinco rasgos comunes entre las dos riberas:
1) la población no se siente en absoluto representada por una clase política que se comporta como una casta predatoria o parasitaria;
2) el poder siempre se ejerce en beneficio privado de sus redes clientelares con excluyente sectarismo; 
3) los niveles de flagrante corrupción política son ciertamente escandalosos dada su patente impunidad;
4) no existe imperio de la ley ni cultura de la legalidad porque la justicia está politizada y subordinada al poder político;
y 5) las instituciones carecen de autoridad legítima porque el poder siempre está personalizado a escala tanto estatal (presidencialismo) como local (caciquismo).

lunes, 21 de febrero de 2011

The Fighter

Cosa de familia. De esas familias del lumpen que a veces aparecen en el cine gracias a su extravagancia, su peculariedad o su descontrol. Desde Mama sangrienta a aquella peli holandesa desmadrada cuyo título no recuerdo (La falta de memoria tiene remedio en Internet: Flodder, una familia tronada). En The Fighter se trata de una familia de aficionados al boxeo, un caso, además, sacado de la vida real. Un hermano, Dicky Eklund (Christian Bale), llegó a tumbar en la lona al legendario Ray Sugar Leonard; eso ocurrió una sola vez, pero de ese hecho vive su impulso y también su frustración. El otro hermano, Micky Ward (Mark Wahlberg), está a punto de convertirse en un profesional de la cosa. Tiene condiciones pero le falta carácter. Su alocada familia puede con él. Una madre de armas tomar, siete hermanas que dependen do las bolsas de dólares que consiga por sus peleas y un padre dominado. Dicky Eklund se convierte en su entrenador, tiene una estrategia ganadora pero es difícil contar con él, dominado como está por el crack y un ramalazo pendenciero que lo llevan a la cárcel. Micky Ward encuentra a una chica que le puede dar estabilidad. Cambia de entrenador, se inclina hacia su tranquilo padre y parece que puede librarse de la madre posesiva por la que no se siente muy querido. Comienzas los combates. Pero a pesar de su entrenamiento y seriedad, después de recibir una buena tunda, sólo encuentra una manera de salir adelante en el ring, obedeciendo a la estrategia de su hermano: cuerpo, cabeza, cabeza, cuerpo, es decir, una forma de golpear bastante elemental, pero que en su caso parece triunfar. Así que cuando su hermano sale de la cárcel se pone otra vez en sus manos, se reconcilia con la madre y enracha una serie de peleas que le llevan a ser campeón del mundo.

La gracia de la peli está en mostrar a una familia de ese tipo, a lo que se añade el esquema típico de las pelis de boxeo, ascenso, caída y vuelta a empezar. Personajes atípicos, violentos, inadaptados, pero que llaman la atención. Hacen gracia vistos en pantalla, otra cosa sería si los tuviésemos como vecinos de escalera. Tienen una historia que contar y la clase media que paga una entrada en el cine para que le diviertan encuentra un modelo contra el que sentirse confortado. Que una peli como esta esté varias veces nominada para los óscar indica el declive creativo de Hollywood. El guión no está del todo mal, aunque no acaba de decidir qué historia, la de Ward o la de Eklund, es la más interesante. El actores secundarios están bien construidos e interpretados, en cambio se agradece la inexpresividad de Mark Wahlberg ante el exceso interpretativo de Christian Bale, al que los críticos elogian con desmesura. Entretenida.

jueves, 17 de febrero de 2011

Berlusconismo


¿Por qué no me gusta esta fotografía? Estas fotografías italianas en la estela de Oliviero Toscani, adosadas a vallas publicitarias, páginas de periódico y revistas de calidad, ¿por qué me repelen hasta la náusea? Esa atmósfera de morbilidad y decadentismo, esos cuerpos esmirriados, anoréxicos, de un esteticismo empalagoso me llevan a una atmósfera parecida, la de Telecinco, el imperio creado por Berlusconi. Sé que es falso decir que los italianos están corroídos por esa enfermedad, pero es la imagen que de Italia nos llega ahora. Berlusconi abducido por sus criaturas y sus perseguidores  abrazados al oso. ¿Qué denuncia, qué anuncio, qué profecía podrían trasportar esas fotos? Ninguna. No son nada, simplemente mierda.

Se puede hacer una buena foto, una extraordinaria foto, con el glamour como decorado, sin necesidad de MENSAJE, sin ensuciar la mirada. Por ejemplo, me gusta la composición de esta foto,

miércoles, 16 de febrero de 2011

Gentuza


Me asaltan la casa, no pueden entrar porque la puerta está acorazada, pero me la destrozan. Tengo dos seguros uno cubre el interior (Mapfre), el otro (Reale), el comunitario, el exterior, pero ambos me dicen que no me pueden pagar los desperfectos de la puerta. Llamo al RACC al que pago cada año una buena cuota y se desentienden, que mire cláusulas y libros y elementos contratados. Bien vale, soy un pardillo. Bien, vale, hay gente que lo pasa peor que yo, que no tiene pa comer, gente que te cuesta una pasta: ayudas estatales, seguros, inseguridad por incidentes como este, policía, jueces, cárceles. De acuerdo. Imponderables.

Pero lo que no soporto, lo que no soporto de ninguna manera, es a la gente pija, que se las dan de progre, de modernos, con esa voz melíflua que se gastan, de solidarios con pólvora del rey, gastando un dinero que no es suyo. Esa gente, por ejemplo, que ahora quiere llevar la ópera a las cárceles para extender la cultura entre los no integrados. Esa gente que tiene gustos tan exquisitos y tan caros que le piden al estado que subvencione sus óperas, sus auditorium de música, sus programas anuales con grandes voces y grandes orquestas, haciéndonos creer que sus gustos particulares coinciden con el bien general y el brillo internacional de este país; los mismos que me quitan dinero para hacer películas o premiar libros que nadie ve o nadie lee. Los mismos a los que no se les ocurre llevar la ópera a los barrios de las grandes ciudades pero sí a las cárceles. Gentuza. A los que no les importa enviarme a las cloacas si leen esta opinión, pero ellos son la gentuza. No les importa el bienestar de la gente, indiferentes a lo que le pasa a la gente real, demasiados para ocuparse de ellos. Sólo les importa la retórica del bienestar. La usan como abrigo para tapar su miseria moral: el privilegio que ocultan haciéndose pasar por buena gente. ¡Hipócritas!
Es muy sencillo, si quieren mantener un teatro de la ópera y palacios de la música con el dinero de todos que sorteen cada temporada las butacas de los grandes teatros subvencionados para todos los españoles, sin reservas privilegiadas de ninguna clase. ¿A que no lo hacen?

martes, 15 de febrero de 2011

Valor de ley (True Grit)

A los hermanos Coen les da la risa. El humor que siempre ha recorrido sus películas se hace cada vez más seco y sarcástico, más depurado y menos sentimental. Es algo que se ve hasta fuera de pantalla, en sus escasas apariciones públicas. Y para el tipo de cine que practican, el cine de género, va muy bien. Es lo que sucede en este western, True Grit, de un clasicismo depurado, esteticista, frío, con tipos genéricos, arquetípicos, como el viejo agente de la ley Rooster Cogburn, interpretado por un Jeff Bridges muy contenido si se le compara con el John Wayne de la versión de 1969 de Haenry Hathaway, con un paisaje horizontal y profundo en el que se complacen hasta el exhibicionismo. Qué bien fotografiados están esos bosques de pinos, abedules en la versión de Hathaway, que parecen sacados del Botticelli del Prado, o el desierto nevado y la tierra dura, helada, en la que es imposible enterrar los numerosos cadáveres que Rooster Cogburn va sembrando sin posible cosecha; como la música minimalista que apenas interfiere en la acción, o el ritmo pausado que lleva de una a otra escena, o la interpretación tan contenida, tan impasible en los rostros de Matt Damon, LaBoeuf, un ranger de Texas o de Hailee Steinfeld, la niña Mattie Ross que quiere vengar a su padre, asesinado por el foragido tonto Tom Chaney (Josh Brolin), imperturbables ambos ante la sangre o el dolor.

El clasicismo formal de los Coen, sin embargo, no puede ser exactamente igual que el de los años cincuenta o sesenta, está corroído aquí por la risa seca, descreída, retorcida que deriva de unos diálogos muy cuidados y por un naturalismo ausente del Hollywood de entonces, en los rostros deformados de los malvados o en los cadáveres podridos, el colgado descolgado de la rama de un pico o el que cobija a una serpiente venenosa o en algunas escenas de crueldad con las que los Coen retan a la corrección política de los actuales productores de Hollywood, como las patadas que Rooster Cogburn arrea a unos niños indios.

Pero esa opción de los Coen por el estereotipo y la depuración llevada hasta el manierismo que les distingue, echadas las risas, puede acabar en frialdad y desinterés del espectador por los personajes que aparecen en la pantalla. Aquí la comparación con la vieja versión se decanta a favor de ésta: los personajes de Hathaway eran más humanos, más asequibles. Desconozco la novela en la que se basan las dos películas, pero qué importa. John Wayne mostraba sus debilidades hasta el punto de pedir compasión y la niña que comenzaba con la dureza de quien ha de hacerse cargo de los negocios de la familia tras la muerte del padre terminaba por ablandarse ante un reloj de bolsillo que encuentra entre los restos de éste.

Los Coen se recrean hasta el final, presentándonos a la niña como la mujer de carácter que se presumía, en una bellísima escena, cuya silueta fría, seca, sarcástica se pierde en el horizonte nevado. Para ser verdaderamente clásica una obra ha de conmovernos, es decir, al contemplarla, hemos de sentir que lo que allí sucede nos concierne.

Es aconsejable hacerse con una copia de la película de Henry Hathaway de 1969. Merece la pena comparar y disfrutar de las dos.

lunes, 14 de febrero de 2011

Aprender la decepción


Esos jóvenes egipcios, a los que ahora se conmina a que vuelvan a casa, tendrán que aprender la decepción. Que han sido utilizados -hasta la muerte de alguno de ellos-, que gracias a ellos algunos han ascendido unos escalones en la pirámide del poder. Nada más.
Y aún habrán tenido suerte. La cosa podría no haberse detenido en esa plaza llamada de la liberación. Si las posiciones se hubiesen extremado, los enfrentamientos podrían haber derivado en guerra civil. En las guerras son los jóvenes los que mueren y al final un bando se habría impuesto con su espada de acero o sus principios fanáticos, el ejército, los islamistas, y tras el terror habría llegado la sumisión voluntaria o impuesta.

Cada generación ha de hacer su aprendizaje de la decepción. Los jóvenes, cada joven, lo ven todo por vez primera. De nada les sirve la experiencia de los mayores, desprecian la sabiduría de los viejos.
Vale para los jóvenes egipcios, pero también para cualquier hombre sobre la tierra esto que Claude Lanzmann, autor de Shoah, autor de La liebre de la Patagonia, dice de sí con respecto a Israel, la postura del testigo:
"Una cosa es cierta, la postura del testigo que he adoptado desde mi primer viaje a Israel, que no ha dejado de confirmarse y de aumentar con el paso del tiempo y de las obras, requería que yo estuviera a la vez dentro y fuera, como si cumpliese con un inflexible imperativo. (...) En el curso de una conferencia de prensa, una periodista americana, tal vez judía, me interpeló: "Pero en resumidas cuentas, señor, ¿cuál es su patria? ¿Francia o Israel?" Con viveza y sin perder un solo segundo para reflexionar, respondí, y esto quizá aclare el misterio del que acabo de hablar: "Señora, mi patria es mi película".
Extrañamiento. Sustituyamos mi película por mi vida, y lo que dice Lanzmann sirve para cada uno de esos jóvenes egipcios y para cualquier otro. Todo el mundo ha de aprender a ser extraño en su país para recobrar su vida, para ser libre. Sólo así se alcanzará la calma, la frialdad y la tenacidad para, siendo testigo, vivir y cambiar las cosas sin desmayo.

domingo, 13 de febrero de 2011

Los arribazos del Esla


El día se ha ido cubriendo de nubes que a los largo de la jornada se aprietan y oscurecen. No ha llovido, aunque en algún momento parecía que el viento que al comienzo de la tarde ha comenzado a remolonear traía alguna gota suelta. Se anuncian lluvias para el día siguiente, pero ahora la luz gris de febrero, violácea a medida que pasan las horas, acompaña la excursión en torno a Muelas del Pan en Zamora.


Este pueblo a orillas del Esla debe su nombre a las muelas que en él se fabricaban para los molinos de harina. En sus alrededores por senderos húmedos, a veces enfangados, aparecen surgencias, regatos y fuentes de distintas épocas desde la Edad de Bronce hasta el XVIII, donde no es difícil encontrar sepulcros antropomórficos, excavados en roca, reaprovechados como abrevaderos para el ganado.


En dirección al río, los hombres en un trabajo que ahora asombra arrastraron lajas de piedra granítica para cercar pequeños terrenos que tanto servían para minúsculas huertas como para pequeños apriscos o tenadillas. 


Aunque el paisaje ha sido modificado brutalmente en las últimas décadas para construir el embalse, la variante de la carretera y el puente, se adivina ante esa naturaleza erizada la difícil vida de quienes han persistido durante siglos en vivir en estos parajes, porque la piedra, en muy variadas formas, es lo que no falta en la comarca. 


Acercándonos al Esla, bajando por los ribazos, aparecen las muelas y los remansos de agua, los pequeños abrigos construidos a la par entre la naturaleza y el hombre huellas de los antiguos molinos que por aquí abundaban. Cantos rodados de diversos tamaños permanecen en inestable posición hasta que la acción meteórica prosiga su trabajo. Un paisaje que invita a la contemplación con interrogantes en la mirada, entre ellos la incredulidad ante la evidencia de que aquí los hombres vivieron y trabajaron en épocas muy recientes.


El Esla que sale del embalse de Ricobayo, cerca de Muelas, se va estrechando a medida que las paredes de granito fragmentado se elevan por la erosión del río. Si se sigue unas leguas abajo el Esla se encontrará con el Duero, en el embalse de Villalcampo, sin que el el paisaje de esos cantos lavados y brevemente detenidos en difícil equilibrio varíe mucho.


La presa de Ricobayo en la dirección opuesta muestra las señales del mayor caudal de otros tiempos. Desde la ermita del Cristo de San Esteban, situada sobre el embalse se tiene una excelente vista, si el tiempo acompaña, del embalse y es el lugar apropiado para reponer fuerzas.


En las últimas horas de la tarde, Zamora nos recibe con un sol mortecino. Acaban de restaurar el castillo de la ciudad, junto a la catedral, y ya es hora de ir a verlo. Castillo de la época de la reconquista, de mediados del XI, Fernando I lo construyó sobre los cimientos de otro anterior, y ha sido sometido a muchas reconstrucciones a lo largo de la historia.


En la última de Rafael Moneo, queda visible su curiosa planta trapezoidal, así como los lienzos del XVII. Conserva el perímetro rodeado de un profundo foso, los muros principales, el patio de armas y la torre del homenaje. El interior del castillo es al tiempo un museo de escultura de Baltasar Lobo. Sus almenas son un magnífico mirador para ver la ciudad, el río y la vecina catedral.

sábado, 12 de febrero de 2011

The Kids Are All Right

En los setenta fueron comunes las películas donde un intruso llegaba a una familia y ponía en evidencia sus contradicciones e hipocresía, el doble juego de la moral burguesa, se decía, hasta destruirla. Teorema de Passolini fue quizá el mayor ejemplo de esa demolición. Es curioso que unas décadas después lo progresista sea lo contrario, armar guiones para consolidar la institución. Lo vimos en la juvenil Juno, por ejemplo y lo volvemos a ver en esta levísima candidata a los óscar, The Kids Are All Right.

Aquí el intruso en el donante de esperma que aparece cuando uno de los dos vástagos, fruto de la inseminación artificial, llegado a la mayoría de edad que la ley americana permite quiere conocerlo. El donante aterriza en una familia al modo moderno. Una familia compuesta por dos madres, una pareja de lesbianas y sus dos hijos, chico y chica, fruto de aquel vínculo transaccional. El hombre es simpático y dicharachero, frente a la seriedad que impone en la familia la madre que define las reglas de juego, aunque ya se encarga el guión de ir asociándolo a una dudosa moralidad: coquetea con demasiada libertad y no cuenta lo que puede poner en cuestión su atractivo. El donante, para que la película tenga su morbo, se comporta como tercero en discordia y a punto está de poner patas arriba el suave, dulce, sereno y moderno discurrir de la familia que aparece dibujada como más convencional que cualquier otra. Llegados a ese punto los hijos que fueron los primeros en ser atraídos por aquel hombre tan marchoso son también los primeros en plegar velas y apartarse del veleidoso donante.
Es bastante llamativo cómo la misma industria que fue corroyendo poco a poco, y a veces con sonoras bofetadas, la familia burguesa que se tenía como el colmo de la opresión, ahora la ponga como modelo de organización social, de educación de los chicos y de estabilidad emocional, cuando el modelo ha variado tan levemente, sigue habiendo dos padres, a veces uno, y un chico o dos y las reglas básicas se mantienen, aunque con grandes dificultades.

La peli podría haberse aguantado como una comedia con momentos divertidos y alguna que otra frase ingeniosa, si no hubiese prevalecido la necesidad de validar ideológicamente este nuevo tipo de familias y hacerlas pasar por convencionales. Sorprende, o no, por lo que voy viendo, la levedad de los candidatos a los oscars de este año, salvo The Social Network, aunque en la peli que comento Annette Bening opta a la mejor intérprete con todo merecimento.

viernes, 11 de febrero de 2011

¿Qué se dice sobre la revolución árabe?


¿Qué puede suceder en los países árabes? Esto dicen los que vivien sobre el terreno.
"Soy pesimista: sin una sociedad civil organizada y decidida, sin el apoyo activo de los demócratas de todo el mundo, los poderes actuales y los islamistas van a aprovecharse de la rabia de los pueblos y a adueñarse de la apuesta. El clan de los dictadores y la internacional islamista se van a movilizar para vencer e imponerse a los pueblos y esta vez los islamistas estarán en primer plano. Por eso debemos ganar esta batalla. El asunto no es solamente un asunto árabe, es mundial". BOUALEM SANSAL (ARGELIA).
 "La palabra hogra es intraducible a las lenguas románicas. Es un sentimiento que conjuga el desprecio y la arrogancia del dominador con la impotencia temerosa del dominado. Estoy convencido de que, más que una revuelta socioeconómica, es una sublevación a favor del respeto y por el fin de la injusticia, es una apuesta por la dignidad, el respeto y la libertad, contra la hogra". MAHI BINEBINE (MARRUECOS).
"Túnez es el país magrebí con la tasa de alfabetización más alta. El segundo factor es la existencia de una clase media, en contraste con lo que sucede en la mayoría de los países árabes. El último factor reside en el lugar tan importante -en comparación con los demás países árabes- que ocupa la mujer en Túnez. Soy bastante optimista". HABIB SELMI (TÚNEZ).
"Los elementos más importantes para conseguir que triunfe cualquier revuelta son los siguientes: un número vonsiderable de jóvenes activistas; un número considerable de organizaciones de la sociedad civil; asegurarse de que el Ejército no apoyará al régimen. Si se les roba su revuelta, habrá una nueva ola de terrorismo". OMAR EL KEDDI (LIBIA). 
"Nos llegan cientos de fotos y miles de artículos, pero ignoramos lo que ocurre entre bambalinas. Egipto tiene 80 millones habitantes y en El Cairo se hacinan 15 millones de almas, pero el foco de los medios de comunicación escudriña una plaza del tamaño de un campo de fútbol y las caras y anhelos de unos miles de manifestantes. [...]". (Alfonso Rojo).
"No tenemos que temer a los islamistas si es un islamismo moderado, el mejor modelo que existe en este momento es el gobierno turco. Es cierto que hay que tener mucho cuidado con un islamismo radical como el de los talibán o Al Qaeda. En este momento la mayoría de los grupos islamistas en el mundo árabe miran hacia el modelo turco. Nos nos olvidemos del papel que ha desempeñado el canal arabe Al Jazzera en la concienciación de los pueblos árabes y musulmanes, porque ha diario lo ven más de 80 millones de personas y se dice que en estos últimas semanas el número de espectadores superan a diario los 220 millones ". (Waleed Saleh. Iraq)
"La mejor protección para nuestra seguridad es un mundo de Estados democráticos bien gobernados. El mejor medio para consolidar el orden internacional es difundir el buen gobierno, apoyar las reformas políticas y sociales, combatir la corrupción y el abuso de poder, instaurar la supremacía de la ley y proteger los derechos humanos". Estrategia Europea de Seguridad, 2003, redactada por Javier Solana. 

jueves, 10 de febrero de 2011

Tarde de emociones

En un programa de Radio3, me sorprende una bonita canción, A l'estiu quan són les nou. El programa presenta el último disco de Raimon, Rellotge d'emocions, diez u once años después de su disco anterior. Me gusta hasta un punto que no podía imaginar. Cada una de las canciones que voy escuchando, Punxa de temps, He passejat per València, sol. También las explicaciones que va dando el cantante de Xàtiva, aunque se nota ese envanecimiento, con falsa modestia incluida, que aqueja a aquellos que han sido elevados por encima de los mortales. Se puede escuchar aquí.

Después en el Delibes se desborda la emoción. Lieder. Schumann, Schubert, Spohr. El programa es inmejorable, soprano, clarinete y piano para escuchar el Amor y vida de mujer o los lieder de Schubert sobre poemas de su amante Mayrhofer, con el añadido de El pastor en la roca. No es sólo que el trío sea muy bueno: Banse, Meyer y Madzar, son las circunstancias. La soprano Julian Banse está embarazada y cuanto canta, especialmente las canciones de cuna se emociona, con esa emoción propia de los climas fríos, apenas exteriorizada, pero intensa. Tanto que en la propina repiten la canción de cuna de Spohr. En algún momento he creído que se iba a deshacer como arena entre los dedos, se agarraba al piano con cierta inseguridad, con el brillo en los ojos, que iba a derramarse sobre el escenario, sobre todo en las canciones de Schubert, aunque es costumbre que en los momentos culminantes una tos como un trueno destroce el momento del éxtasis.

miércoles, 9 de febrero de 2011

La liebre dorada


Tiene Silvina Ocampo un cuento titulado La liebre dorada con el que Claude Lanzmann inuagura su libro de memorias La liebre de la Patagonia. Lanzmann reduce el cuento a las primeras líneas: es brillante, genial.
En el seno de la tarde, el sol la iluminaba como un holocausto en las láminas de la historia sagrada. Todas las liebres no son iguales, Jacinto, y no era su pelaje, créeme, lo que la distinguía de las otras liebres, no eran sus ojos de tártaro ni la forma caprichosa de sus orejas; era algo que iba mucho más allá de lo que nosotros los hombres llamamos personalidad. Las innumerables transmigraciones que había sufrido su alma le enseñaron a volverse invisible o visible en los momentos señalados para la complicidad con Dios o con algunos ángeles atrevidos. Durante cinco minutos, a mediodía, siempre hacía un alto en el mismo lugar del campo; con las orejas erguidas escuchaba algo. 
El ruido ensordecedor de una catarata que ahuyenta los pájaros y el chisporroteo del incendio de un bosque, que aterra las bestias más temerarias, no hubieran dilatado tanto sus ojos; el antojadizo rumor del mundo que recordaba, poblado de animales prehistóricos, de templos que parecían árboles resecos, de guerras cuyas metas los guerreros alcanzaban cuando las metas ya eran otras, la volvían más caprichosa y más sagaz. Un día se detuvo, como de costumbre, a la hora en que el sol cae a pique sobre los árboles, sin permitirles dar sombra, y oyó ladridos, no de un perro, sino de muchos, que corrían enloquecidos por el campo. De un salto seco, la liebre cruzó el camino y comenzó a correr; los perros corrieron detrás de ella confusamente.
–¿Adónde vamos? –gritaba la liebre, con voz temblorosa, de relámpago.
–Al fin de tu vida –gritaban los perros con voces de perros.
Si se busca el original, tal como lo dejó la escritora argentina, el cuento es otra cosa, su fuerza se diluye, se convierte en amanerado, una imitación del barroquismo borgeano, pero lejos de la escritura fácil y fluida de Borges y de su riqueza conceptista.

martes, 8 de febrero de 2011

Jamás hay que lamentar la caída de un tirano


Tendemos a ver la realidad en blanco y negro, a adoptar posturas maximalistas, a pensar que es el campo en el que nos hemos situado quien tiene razón. Los catalanes van a lo suyo y no les interesa el bien común; los españoles no nos entienden. Los vascos son etarras y nunca darán su brazo a torcer. El matrimonio homosexual es antinatural. La derecha sólo defiende a los ricos. De parte de los palestinos y de los saharahuis está no sólo la razón, también la justicia. Los judíos, es decir, los israelíes, son unos usurpadores malvados que reproducen el mal que a ellos les hicieron en el pasado. Los americanos son imperialistas sin remisión. Los pueblos tercermundistas son colonizados y explotados, eso explica su postración.
 El cerrilismo ideológico, los prejuicios y el partidismo interesado cortocircuitan lo mucho que ya sabemos sobre nuestro mundo, haciéndolo estéril para guiar políticas sensatas.
El Ben Alí defenestrado en Túnez y el Mubarak que resiste lo indecible eran miembros de la Internacional Socialista hasta ayer mismo; con la Rusia de Putin y el sistema comunista Chino hacen suculentos negocios los empresarios que nos dan trabajo y nos venden productos baratos. Queremos que los derechos humanos se cumplan en países pequeñitos, pero hacemos la vista gorda sobre lo que sucede en Arabia Saudí o China.

La historia, los procesos históricos, no son unidireccionales. Algo que empieza bien puede acabar mal. La libertad no se consiguió de una vez, hubo muchas marchas atrás y muchos crímenes que se cometieron en su nombre. El mayor avance hacia la libertad del hombre para liberarse de las trabas de la naturaleza ocurrió en la Atenas de los siglos IV y III antes de Cristo. Platón y Aristóteles pudieron dedicarse a pensar gracias a los esclavos que hacían el trabajo duro y sucio. Lo mismo sucedió en Roma, que cayó cuando fueron despareciendo los esclavos y la ciudadanía se extendió por el imperio. El imperio de los austrias españoles y el siglo de oro prosperaron gracias a la explotación de los campesinos castellanos y de los indios americanos. La revolución francesa fue saludada por Kant con "una simpatía de aspiración que raya con el entusiasmo", ¿quién sospechaba que aquella promesa de libertad e igualdad fuese a caer en el terror? Las promesas de esa revolución tardaron más de un siglo en consolidarse y en extenderse por Europa, con muchas guerras y millones de muertos de por medio. La esperanza de la revolución comunista estaba justificada por la desigualdad, la miseria y la explotación a la que están aún sometidos millones de personas, aunque haya sido una de las mayores frustraciones de la historia.


¿Hemos de apoyar, animar, protagonizar los procesos revolucionarios o nos hemos de quedar en casa por miedo al qué vendrá? Interesante pregunta que plantea André Glucksmann. ¿Que los jóvenes tunecinos o egipcios o sirios o yemeníes se ahoguen en la sangre, que su esfuerzo sea inútil, porque quizá después de la revolución vengan los islamistas y la opresión sea mayor? ¿Qué después del Shah de Irán vino Jomeini; que después de Octubre vino Stalin? ¿Quién puede controlar la historia? La democracia y la libertad han llegado por senderos torcidos, con lentitud exasperante, ¿pero qué otra cosa puede hacerse? El futuro no tiene garantías.
Jamás hay que lamentar la caída de un tirano. Si me alegré inmensamente con el fin de los sátrapas comunistas de Europa del Este, y también con los de Salazar y Franco, y con el de Sadam Husein, ¿por qué iba a apenarme la salida de Ben Ali y, espero que pronto, de Mubarak? Ellos mismos tienen la culpa de que sus súbditos los expulsen o no les echen de menos. Lo que viene a continuación no está escrito; después del Sah llegó Jomeini. ¿Y qué? ¿Voy a reprochar al rey de reyes que no haya derramado más sangre en el choque final, o más bien que derramara demasiada los años anteriores?

lunes, 7 de febrero de 2011

Covarrubias y Kristina de Noruega


Viniendo de Burgos por la carretera de Soria y tomando el desvío hacia Mecerreyes, el caserío de Covarrubias aparece en una hondonada, un pequeño valle abierto por el Arlanza y a resguardo de los fríos vientos de la zona.


El lugar protegido encantó a cuantos lo visitaron, porque sobre un castro romano Chindasvinto construyó la primera villa fortificada, y sobre ella, tras el paso de los árabes, sucesivos condes castellanos la fueron dando forma y amurallando, Fernán González y su hijo García Fernández, con quien la villa adquirió su momento de gloria al convertirse en Infantado, centro de una extensa región eclesiástica y civil para disfrute de sucesivas infantas, con posesiones en muchas provincias de Castilla.


Sin embargo lo que puso en el mapa de la imaginación a la villa fue la llegada de una princesa noruega, Cristina, que había de casarse con Alfonso X para darle el heredero que su legítima esposa doña Violante no le daba. Pero ocurrió que justo cuando llegaba Cristina, la esposa de Alfonso X quedó embarazada.

Así que Cristina se tuvo que conformar con esposar al hermano del rey, Felipe, a la sazón abad de la Colegiata de San Cosme e Infante de Covarruvias, cuando ya no quedaban infantas que lo rigiesen. Felipe dejó sus hábitos religiosos para tomarla por esposa, en Valladolid, en marzo de 1258. De ese modo Cristina se convierte en Infanta de Castilla. La princesa nórdica, ya fuese por melancolía o por el duro clima de Sevilla para quien estaba acostumbrada a los fríos, donde se había trasladado a vivir con Felipe, enfermó y murió cuatro años después de su boda, sin dejar descendencia.


 Su sepultura está en el claustro de la colegiata de la villa de Covarrubias. Allí acuden los amantes del folclore sentimental, animados por varios libros que bajo la moda de la novela histórica novelan ese curioso sucedido de la princesa noruega, siendo la más reciente la de Espido Freire.

domingo, 6 de febrero de 2011

127 horas

¿Con una sola anécdota se puede hacer una película? Un montañero, mejor, un cañonero, alguien a quien le gusta explorar las brechas, los acantilados interiores, los cañones que la naturaleza abre en la tierra, que disfruta pasando por estrechos y quebrados pasadizos, dejándose caer en las lagunas o ríos subterráneos corre riesgos que el deporte de aventura ofrece a quien lo ama. 127 horas -93 minutos en la peli- es la historia del cañonero Aron Ralston que en mayo de 2003, en una de sus excursiones por las hendiduras de la tierra, en Utah concretamente, cayó y rodó acantilado abajo junto a una piedra que atrapó su brazo y lo inmovilizó durante todo ese tiempo, sin posibilidad de pedir auxilio o de liberarse de la dolorosa tenaza. Entre las pocas cosas que llevaba en su mochila no había un teléfono móvil, pero sí una navaja de usos múltiples que ni siquiera era suiza, sino una imitación china. Con ella tomó la decisión, cuando ya se deshidrataba, al borde de la resistencia, de liberarse de su brazo.

En la película hay un buen actor, una situación dramática, un escenario teatral, suspense. Hay directores y guionistas que han hecho más con menos. La peli está nominada para los oscars, pero creo que Danny Boyle no le saca todo el partido que hubiera podido. Elude el morbo, el cruento momento, la sangría que libera al hombre de su brazo y de su segura muerte, el hecho por el que seguramente el espectador va al cine, y añade mucho flash back, no del todo necesario. También abusa, al principio y al final, de un recurso que no sé para qué sirve, dividir la pantalla en tres, agitarla como un cóctel de imágenes alocadas. No tiene mucha utilidad el contraste que se empeña en establecer entre el antes movido, agitado, lleno de gente, con música de vídeo clip, con la posterior inmovilidad. Los mejores momentos aparecen cuando la cámara retrata la intimidad del protagonista a solas con su drama, su pequeño ajuar distribuido sobre la roca opresora, el frío de la noche, el agua de su cantimplora que se acaba, la luz del sol que lo visita unos minutos por la mañana. Ahí está la verdad de la película, lo demás sobraba.

viernes, 4 de febrero de 2011

El olvido que seremos

¿Se puede criticar a alguien que luchó por la justicia, a alguien a quien asesinaron por ello? El olvido que seremos es un libro casi biográfico que Héctor Abad Faciolince dedica a su padre, asesinado por los paramilitares en los años duros de Colombia, en 1987, cuando guerrilla y contraguerrilla convirtieron al país en un charco de sangre. Su padre era un médico dedicado a la enseñanza en la facultad de medicina, escribió libros y artículos dedicados a la lucha contra la injusticia, luchó por ello desde asociaciones de derechos humanos, promovió programas de salubridad pública. Describió la sociedad injusta de su país, la barrera infranqueable entre la élite y la mayoría de la población, la desigualdad desde el nacimiento entre los hijos de los ricos y los de los pobres:
"Los primeros nacen en casas limpias, con buenos servicios, con biblioteca, con recreación y música. Los segundos nacen en tugurios, o en casas sin servicios higiénicos, en barrios sin juegos y escuelas, ni servicios médicos. Los unos van a lujosos consultorios particulares, los otros a hacinados centros de salud. Los primeros a escuelas excelentes. Los segundos a escuelas miserables. ¿Se les está dando así las mismas oportunidades? Todo lo contrario. Desde el momento de nacer se les está situando en condiciones desiguales e injustas. En el Hospital de San Vicente hemos pesado y medido grupos de niños que nacen en el Pabellón de Pensionados (familias que pueden pagar sus servicios) y en el llamado Pabellón de Caridad (familias que pueden pagar muy poco o nada por esos servicios) y hemos encontrado que el promedio de peso y talla al nacer es mucho mayor (estadísticamente significante) entre los niños del pensionado que entre los niños de caridad. Lo que significa que desde el nacimiento nacen desiguales. Y no por factores biológicos, sino por factores sociales (condiciones de vida, desempleo, hambre). (...) ¿Por qué nos empeñamos entonces -negando estas realidades- en conservar tal situación? (...) NO quieren ver lo que está a la vista, para así mantener su situación de privilegio en todos los campos".
Hasta la página 186 del libro no se da cuenta el autor de que vive en una situación de privilegio. Narra la maravillosa vida de una familia de clase media alta, bien situada, bien relacionada, con acceso a quienes disponen de resortes para resolver problemas de forma inmediata. El escritor-protagonista y sus hermanas viven felices con un padre encantador e idealista y una madre práctica y resolutiva. No habla de la brecha que le separa del mundo de la miseria y de la humillación; no reflexiona de la relación que puede existir entre ambos mundos, de la relación de inversa proporción. Aunque luego sí, a través de lo que le ocurre a su padre, de su muerte, de sus escritos, ve la radical injusticia. No sé muy bien cómo se soluciona el problema. Sé cómo no se ha solucionado: el quítate tú que me pongo yo de los Castro en Cuba, de Chaves en Venezuela, del peronismo en Argentina, de Morales en Bolivia no ha cerrado la brecha sino que ha empobrecido más a sus países. Por no hablar de los iluminados senderistas o guerrilleros. Educación, lenta mejora económica y soberanía es lo que falta, es decir el progreso de las clases medias: Chile, Brasil, Perú.
El libro que comento es un buen libro, aunque me haya disgustado su primera parte, la exhibición de felicidad en medio de un país miserable, la forma natural como la familia vive la brecha y el privilegio, con algún añadido curioso, la relación del escritor con su padre. En  la segunda parte el autor se topa con la vida que es dulce y amarga (Goethe: "Gris es, amigo, toda teoría, pero sólo verde el dorado árbol de la vida"), feliz para unos pocos y innecesariamente humillante para la mayoría, porque lo más molesto no es la pobreza de la que se puede salir con esfuerzo, a veces, con enorme esfuerzo -muchas de nuestras familias lo hicieron así después de la guerra; y fueron humilladas de igual forma- sino la humillación: inclinar la cabeza ante la natural superioridad de los ricos y poderosos, con la anuencia del poder y de la Iglesia. Las cosas están empezando a ser distintas en Colombia, pero no sé hasta qué punto el pueblo es soberano. La misma pregunta vale para España.

jueves, 3 de febrero de 2011

Redes de privilegio

Tarsila do Amaral

Siempre me sorprende la ceguera de los latinoamericanos ricos o medio ricos o cultos o viajeros que al fin son cosas parecidas. Son ciegos a la realidad social de sus países; es algo que se ve en las películas, en las novelas o en las conversaciones con ellos. Los millones de pobres de sus países son como extraterrestes, invisibles, como si no pertenecieran a la realidad.
En el elogiadísimo libro de Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos, hay un hecho central en la vida del autor protagonista, el atropello de una señora en una calle de Medellín, en sus días jóvenes. Un atropello que, claro está, dejó huella y que necesita relatar para conjurar el fantasma de la culpa. Fue un golpe violento cuando la señora saliendo de misa atravesó la calzada; el coche iba a mucha velocidad -"la huella del frenazo era muy larga"- y el frenazo no bastó para que la señora se golpeara contra el guardachoques, rebotase en el parabrisas y cayese al suelo como cuerpo muerto. Los médicos amigos de su padre hicieron lo posible por salvarle la vida y lo consiguieron, aunque no nos habla de las secuelas. El autor-protagonista ingresó en un manicominio con tal de no ir a una peligrosa cárcel colombiana, aunque la familia lo sacó a las pocas horas. Papá y mamá colocaron de porteros o vigilantes de urinarios a los pobrísimos hijos de la herida. Ésta, agradecida, comenta:
"Este accidente ha sido una bendición para mí. Se lo ofrezco al Señor. Él me lo mandó porque yo salía de misa, y le estaba pidiendo que les diera trabajo a mis hijos. Pero antes yo tenía que pagar por mis culpas y el Señor les dio trabajo. Es una bendición".
El autor remata la historia de este modo: "Yo fui a verla una vez y después nunca más quise volver a verla". 

Los latinoamericanos asentados disputan de política, de liberalismo, de conservadurismo, de derechos humanos, de izquierda y de revolución, incluso matan y encarcelan y torturan por ello. Hay entre ellos quienes dedican y entregan su vida a una buena causa, como el papá del autor-protagonista, que es asesinado en Antioquia. Pero de privilegios no hablan, de la enorme brecha tan patente pero tan invisible entre los privilegiados y los que no lo son: quiénes ocupan los altos cargos del Estado y los medianos; quiénes reciben prebendas para estudiar o viajar al extrajero u ocupar puestos en las instituciones internacionales; quién tiene acceso en caso de necesidad a médicos u hospitales de prestigio, a saltarse las listas de espera, a recibir subvenciones o préstamos, a liberarse de penas por lo rápido. De la red de amistades que hacen del Estado una cosa familiar y patrimonial no hablan, la dan por supuesto, como si la desigualdad fuese natural, indiscutible. De entre ellos, los progresistas actúan al modo del despotismo ilustrado: se procura el bien de los pobres, pero éstos no tienen nada que decir en los asuntos públicos. Sólo hay que ver la tez de la casta dominante.

Si bien se piensa, algo así ocurre en España y en Europa, aunque de forma no tan estridente y desenfadada. También aquí hay un amplísimo grupo de personas que siempre tienen una solución a mano, sean de izquierdas o de derechas, un amigo al que llamar en caso de necesidad, una red de asistencia mutua. Mientras todo siga así la democracia es un camelo.

Mi corazón está apesadumbrado




A comienzos del siglo VI ac vivió quien escribió este hermoso poema. Se trata de Safo de Lesbos, la única mujer del mundo griego arcaico cuyas palabras podemos leer. Es un fragmento descubierto y publicado por vez primera no hace mucho, en 2004. Aquí lamenta la vejez, pero Safo cantaba el amor y el deseo entre mujeres, de ahí los términos sáfico, utilizado en el XIX, y lésbico, en la actualidad, para referirse a ese tipo de relaciones.

martes, 1 de febrero de 2011

Contra el sentimentalismo


Hemos oído decir, no hieras mis sentimientos. A menudo, nos han dicho, como definitivo argumento, no nos comprenden. En Cataluña, el hecho diferencial se ha resumido como el sentimiento patrio que los de fuera no pueden entender. Es lo que dice la etarra encarcelada Ana Belén Egües, para seguir manteniendo la antorcha encendida:
"Como no se resuelve el problema de fondo, siempre habrá jóvenes preparados y decididos para seguir, porque el sentimiento lo supera todo y siempre ha habido gente dispuesta".
El modelo del fan de un equipo de fútbol trasladado al terreno público, en el caso de los etarras convertido sentimentalmente en asesino por la patria.

A propósito de los sentimientos decía Milan Kundera:
"No hay nadie más insensible que la gente sentimental".
Y Vladimir Nabokov, en su Curso de literatura rusa:
" Un sentimental puede ser una perfecta bestia en sus ratos libres. Una persona sensible no será nunca cruel. El sentimental Rousseau, a quien se le saltaban las lágrimas ante una idea progresista, distribuyó sus muchos hijos naturales entre diversos hospicios y asilos, y jamás se ocupó de ellos. Una solterona sentimental puede mimar a su loro y envenenar a su sobrina. El político sentimental puede acordarse del día de la madre y aniquilar implacablemente a un rival. A Stalin le encantaban los niños. Lenin lloraba en la ópera, sobre todo en La Traviata. Todo un siglo de autores cantaron la vida sencilla de los pobres. Por autores sentimentales nos referimos a la exageración no artística de emociones corrientes, que pretende provocar automáticamente la compasión tradicional en el lector.