jueves, 30 de septiembre de 2010

"No llamemos arte al arte contemporáneo"

Pensar es pensar libremente. Marc Fumaroli, París-Nueva York- París. Viaje al mundo de las artes y de las imágenes (Acantilado):
No creo que la historia tenga un sentido ni que tengamos que inclinarnos ante el sentido de la historia. La gente que me interesa son aquellos que van contracorriente. He conocido la época en la que todo el mundo marchaba en el sentido de la historia, que no era otro que el que se marcaba desde Moscú. Me hace feliz estar contracorriente e incluso ser muy reaccionario. Cierto, ahora hay que reaccionar contra otras cosas distintas a las del momento en el que la URSS era considerada en Francia como la promesa del futuro de la humanidad.
Hay una nueva clase social que surge de la acumulación del dinero en una esfera extremadamente estrecha, pero mundial. Estos millonarios ya no quieren tener en casa un tiziano o un delacroix, sino signos exteriores de riqueza. Y eso es lo que les proporcionan las galerías que les ofrecen tiburones dentro de tanques de formol o juguetes sofisticados como los que produce Jeff Koons.
¡Pobre Duchamp! Era un snob francés muy elegante que jamás se hubiera encontrado con Warhol. Lo suyo era el privilegio de pequeños grupos muy exquisitos. Cuando el MOMA hizo la primera retrospectiva de Warhol, Duchamp devolvió la invitación, que no era sino la imagen de La Gioconda con bigotes, que él mismo había realizado. Consideró obsceno que aquel mal artista utilizara una imagen que él había inventado para hacerse su propia publicidad. Hay un mundo entre Duchamp y Warhol. La fórmula de Duchamp era: 'todo lo que se pone en un museo se convierte en obra de arte'. Warhol la utiliza en el sentido de que todo lo que hay en los supermercados puede entrar en museo y convertirse en obra de arte. Nunca Duchamp pensó esto.
Hay un punto común en el arte, la exigencia de una obra, y hemos entrado en un mundo en el que el arte no supone una obra, sino solo un concepto, una cosa efímera que durará un tiempo breve y que, momentáneamente excita un poco a los periodistas. Esta es la gran ruptura. No hay derecho a utilizar la palabra arte para lo que se llama el arte contemporáneo, no lo llamemos así; habrá que inventar otra palabra, tal vez entertainment para millonarios.
El único aspecto simpático de la gente de Mayo del 68 es que se reían del general De Gaulle y del gaullismo, que en el fondo era un régimen estrecho, mezquino. Por lo demás no hicieron más que abrir la puerta a la mercantilización general del universo. Todos se han convertido en capitalistas y en controladores del sistema mediático. Los sesentayochistas son quienes ahora tienen el poder. Desde el primer momento me di cuenta de que no eran más que hedonistas que se iban a lanzar a la sociedad de consumo.
Es necesario un optimismo que sea capaz de absorber el pesimismo, no de esconderlo o rechazarlo, sino de devorarlo, de quemarlo. En la medicina antigua había la idea de que los melancólicos podían ser locos o genios. Los unos quemaban su melancolía y se convertían en genios iluminados por el incendio, y los otros se volvían locos porque la melancolía es pesada y aplasta, es como el petróleo. Es profundamente verdadera esta idea. Ahora estamos en la fase del petróleo y estamos ahogados por el petróleo. La literatura, cuando vuelva, será la literatura de lo grotesco, porque hacer reír ya es curar. Hacen falta dos o tres Rabelais.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Dos ciclistas muertos


Dos ciclistas muertos y cuatro heridos en Los Palacios, Sevilla. El conductor no tenía carné de conducir ni seguro. Cada dos por tres hay sangre de ciclista sobre el asfalto, sin mayor preocupación, sin gran escándalo. La agenda de los políticos va por otro lado. Propaganda amplificada por la prensa. Los técnicos de la Dirección General de Tráfico retuercen sus meninges para diseñar sofisticados aparatos capaces de detectar a vehículos que van a 51 kms por hora y en ocasiones a 41. Sin embargo, los números de la guardia civil no aparecen cuando cada día, uno, dos, tres vehículos me adelantan a velocidades asesinas cuando paseo con mi bici por carreteras comarcales o provinciales.

Al contrario que en Francia o en otros países ese tipo de carreteras no tienen carriles especiales para ciclistas, ni siquiera en la mayoría de los casos arcenes. Pero lo del conductor sin carné y sin seguro es el colmo. ¿Esos técnicos, tan preocupados por engrosar las arcas del estado mediante el juego de atrapar al conductor temerario que sobrepasa los 50 km por hora, no podrían dedicar un poco de su tiempo a atrapar a quienes conducen sin carné? Se me ocurren algunas soluciones sencillas, por ejemplo que al repostar se muestre el carné y que se añada al carné un chip con información sobre su seguro. En los puestos de repostaje sería fácil hacer pasar el carné por un detector, sin grandes gastos para el erario público.

En este asunto pasa como con el impuesto para los ricos. Son pocos los ingresos de un posible aumento en el IRPF para ricos, se argumenta, sería insignificante. ¿Y qué? Se trata de justicia, de equidad, de solidaridad. No importa que los ricos sean pocos, ni que los conductores sin carné sean pocos. No me gustan los privilegios, como dice esta carta,
El Gobierno español ha decidido subir los impuestos a los más ricos. Echemos cuentas. Un señor que ganaba 120.000 euros al año, pagaba por el IRPF 51.600. A partir de ahora, pagará 52.800, es decir 1.200 euros más al año. Un funcionario que ganaba 25.000 euros al año, gana este año 23.750, es decir 1.250 euros menos. A los funcionarios, hace ya varios meses que se les aplica esta reducción, mientras que la de los ricos todavía no ha entrado en vigor. Si la memoria no me falla, estos señores pagaban no hace mucho el 56%. Y con los futbolistas de 10 millones de euros, ¿qué hacemos? Pues si son de nuestro equipo, aplaudirles. ANTONIO CASERO MARTÍNEZ - Puerto de la Cruz, Tenerife - 28/09/2010

martes, 28 de septiembre de 2010

Piquetes informativos

En otro tiempo fueron necesarios los llamados piquetes informativos porque los trabajadores no disponían de medios para conocer los abusos, la opresión, la injusticia de que eran objeto, pero cómo podría hoy aducirse semejante desconocimiento para justificar la acción de dichos piquetes. ¿Convocada el 15 de junio para el 29 de septiembre, ha habido alguna huelga más publicitada en la historia que ésta? ¿Qué día han dejado de hablar de ella los periódicos, las radios o las teles?

En otro tiempo, la violencia o las amenazas o el miedo que utilizaban los patrones pudieron justificar las acciones de los piquetes como medio para establecer un equilibrio entre la fuerza de los poderosos y la debilidad de los débiles, pero ¿qué puede impedir hoy que un trabajador acuda libremente a su trabajo como no sean las cadenas o la inutilización de puertas o el amedrentamiento? Si un liberado sindical me impide entrar en mi trabajo, defiende mis intereses o los suyos? ¿Acaso los sindicatos y sus convocatorias no están protegidos por la ley, incluso alentados por políticos que tienen en sus manos modificar o sustituir la ley?

En democracia los sindicalistas no pueden torcer o retorcer la voluntad de los trabajadores, porque la violencia ha sido desterrada de la nación política, porque la democracia es el terreno del debate, el convencimiento, la seducción mediante el razonamiento. Si un partido político o un sindicato o un grupo de presión utiliza la violencia, el miedo o el terror queda de modo automático fuera de juego, fuera de la ley y, entonces, se convierte en un apestado -populista- o en un delincuente -grupos terroristas como ETA o las FARC- o bien, si su fuerza es superior a las fuerzas de la democracia, altera de tal modo la nación que acaba con ella y establece el reino de la ignominia: el fascismo, el comunismo.

Si los sindicatos son incapaces de movilizar a los trabajadores para que secunden la huelga tienen un problema: o se ha dejado de creer en su función, porque se consideren abusivas sus prerrogativas y privilegios, porque no se vean los frutos de su labor, porque hayan dejado de ser representativos, porque se vean como un grupo que sólo defiende logros parciales o sectoriales, al modo como se entiende que labora la mafia, o, alcanzado un nivel de burocratización, de rutina y pereza administrativa, de conformismo, son incapaces de informar o convencer o pelear en tiempo y modo por los derechos de quienes dicen defender.

Entonces, si es así, los sindicatos son instituciones inútiles, desfasadas, antiguas, de siglos pasados, y los trabajadores que trabajan, los que están es paro, los jóvenes que quieren trabajar y no pueden, los que han sido despedidos y nadie les quiere contratar, los que trabajan con contratos abusivos, los que se ven discriminados por diferentes motivos necesitan encontrar un modo nuevo de defenderse que está por llegar pero que llegará, porque asistimos a un periodo histórico en que todo cambia, esperando que el cambio sea para bien.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Opiniones contundentes

Habla John Le Carré, cerca de los 80 -"Ya soy una persona mayor"-, con una vida detrás, con menos deudas y prejuicios. Dice cosas interesantes, sabias, se le puede escuchar. Habla esde Berna:
En este mismo salón, se celebraba los sábados por la tarde un baile cuando llegué en 1949 a la somnolienta Berna escapando de Inglaterra para estudiar alemán. Pagabas tres francos y podías escoger a una chica con la que bailar bajo la atenta mirada de su madre.
He sido huérfano, interno en el Gulag de la enseñanza británica, cristiano fallido, desgraciado, virgen durante demasiado tiempo, marido precoz, espía niñato que buscaba su identidad en la pertenencia a las instituciones del servicio secreto, amante desesperado con aventuras continuas y bastante idiotas. Supongo que maduré demasiado tarde.
Un escritor solo tiene un enigma y es su propia vida.
Cuando fui a Alemania por primera vez a finales de los cuarenta aun olía a muerte. No entendía cómo habían sido capaces. Luego, ya de mayor, me di cuenta de cada país tiene su barbarie. Y que la barbarie no es un atributo solo de los hombres poderosos. Es consecuencia de la mediocridad. Gente normal haciendo cosas horribles.
En todos los países hay un cierto matrimonio entre el crimen y la inteligencia, en Rusia el matrimonio es completo. Rusia es un estado criminal. Fueron de los zares blancos a los zares rojos y ahora están bajo los zares grises. Es una nación sin ninguna experiencia democrática. Sospechan de ella. Hay dos cosas que unen a los rusos; aman su país, siempre que pasan dos semanas fuera lo añoran terriblemente, y les aterroriza el caos. En nombre del patriotismo puedes conseguir mucho si eres un político. No digamos ya del miedo al caos. El truco para gobernar un gran país es convertirlo en víctima. Ya sea con ocasión de las Torres Gemelas o la amenaza chechena. Inventamos los enemigos que necesitamos.
A diferencia de los europeos, los americanos piensan que una guerra sirve para algo. Y francamente, no lo entiendo, porque esos tipos han perdido (o no han ganado) todas las guerras en las que se han metido. La Segunda Guerra Mundial la ganaron los soviéticos, con el coste de treinta millones de vidas, no ganaron la de Corea, ni Vietnam. De Irak se han ido con el trabajo sin terminar y no ganarán la de Afganistán.
Mussolini definió el fascismo como ese momento en el que no hay diferencia entre el poder político y el empresarial. Se olvidó del poder mediático, porque en aquellos tiempos se daba por supuesto. 

Mi limitada experiencia sobre conspiraciones, que ya ha cumplido los cincuenta años [desde que abandonó el servicio secreto], es que si usted y yo conspiramos, uno de los dos se lo contará a su novia, el otro se dejará una maleta olvidada en el metro y ambos olvidaremos sincronizar nuestros relojes.

domingo, 26 de septiembre de 2010

La herrería de Compludo


Un hermoso día soleado de comienzos del otoño por los montes del Bierzo. Una caminata, no demasiado exigente, desde el Morredero, por donde los ciclistas de la vuelta a España han subido en ocasiones, por esos pueblos de montaña donde ha habido que rebajar los balcones para que pasasen autobuses y camiones, hasta la herrería de Compludo -qué título para una de esas novelas históricas a la moda. Un descenso por senderos empedrados, entre arbustos espinosos y aromáticos, escobas y brezos, siguiendo el hilo de ligeros regatos que más abajo confluyen en riachuelos y luego en el río, junto a fresnos, chopos y álamos, alisos y abedules, que se abre en un vallecito en el que aparece como un fantasma una vieja aldea, como tantas medio abandonada y que ahora de nuevo se intenta rescatar. Bouzas.

Bouzas, en este final del verano, desbordada de fruta, de verde espesor y olores, manzanas por el suelo, perales preñados, pedos de lobo como enormes calabazas; Bouzas, con la música del río bajo su pequeño e inestable puente de madera; Bouzas en edad escolar, dos niños recogidos cada día por un taxi; Bouzas la de la mujer octogenaria y parlanchina, vital, lozana, tras veinte años de vivir sola; Bouzas, la del proyecto de aserradero movido por el agua del viejo molino; Bouzas, la metáfora de la desigual pelea del hombre con la naturaleza que sigue su curso, me ganas, te gano, a ver quién puede más.


Un poco más allá, cuando el terreno comienza de nuevo a elevarse, el sendero se ensancha sobre los restos de un viejo camino, asentado a duras penas sobre la roca, abriéndose paso por un robledal, que luego se vuelve algo más sombrío, aunque menos húmedo, por entre castaños poderosos y ásperos no dispuestos a entregar todavía su fruto. Es entonces cuando el día ha venido para quedarse y clavarse en la memoria. Algún senderista se ha abierto paso removiendo un arbusto con su bastón. La fila de senderistas es kilométrica y pasan cosas distintas al comienzo y al final. Un zumbido de abejas se levanta del suelo y se clava sobre los desprevenidos. Los insectos son pequeños pero se clavan en las pantorrillas y en el cuero cabelludo, atraviesan las camisetas y zumban bajo el pantalón. La sorpresa se salda con risas y quejas, mordeduras y algunos aguijones a la vista. ¿Avispas, abejas? Algo más adelante se repite la historia, ahora es una nube la que se levanta y con ella el pánico. Manoteos, bailes, gritos; el que menos se mueve es el que recibe las picaduras. Por un momento parece una trampa de la que no se pueda escapar. La fila no avanza, los atrapados gritan, apenas se puede correr para abandonar el lugar. El parte de daños es abundante, unos más malheridos que otros.

Compludo es un descanso en este valle frondoso. Córcovas, nos dicen de los insectos asesinos, seis picaduras acaban con un caballo. Un tipo de abeja salvaje de la que no nos vamos a olvidar. Algunos que recibimos más de seis, resistimos a duras penas la comparación con los caballos.


La herrería de Compludo es una fragua de origen medieval, según algunos, y mucho más reciente, según otros. Un mazo movido por una rueda hidráulica a la que se inyecta aire comprimido por la fuerza de presión del agua canalizada. El mecanismo apenas consigue mantenerse a pesar de las sucesivas restauraciones.

Unas aspas impulsadas por el agua, giran alrededor de un eje de levas junto a una gran viga de nogal, dentada en su extremo; la cual hace de palanca para el largo martillo pilón, el cual, a su vez golpea sobre el yunque donde se trabaja el material; todo ello a la velocidad deseada, según la regulación del caudal. Por otro lado, la fuerza de las aguas provoca una corriente de aire por efecto Venturi en la trompa avivando el fuego de la afragua.


Para llegar al Acebo, una parada en el camino de Santiago, al que el turismo está revitalizando, había que ascender una larga, empinada cuesta, mucho más larga de lo que nadie había previsto. Un ejercicio cuyo esfuerzo hizo olvidar durante el sudoroso ascenso el dolor que los insectos habían plantado en nuestros cuerpos. Un día después el veneno no desaparece. La montaña del Bierzo es hermosa, exhuberante, el paisaje emboba, pero a veces el precio que exige es demasiado alto.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Haciendo de República

Es fresco y desmitificador ver la Segunda República con los ojos de Julio Camba en Haciendo de República (aquí breves extractos) que ha editado este año la editorial de Barcelona Libros del Silencio. Sobre todo tras la dramática -a veces, risible- seriedad de los debates en torno a la memoria histórica. Camba utiliza la ironía y la burla, a veces el sarcasmo y en ocasiones el resentimiento, para referirse a aquel tiempo que quería transformar España pero que en realidad lo que hizo, según él, fue quitar a unos para poner a otros, usando y abusando de la retórica para simular que se estaba haciendo la revolución. Parece que en algún momento concibió esperanzas sobre el cambio que prometía la República, pero la decepción no tardó en llegar.

Camba, al modo en que décadas después haría Thomas Bernhard con Austria, desnuda inmisericorde a los escritores que se metieron a políticos con el único fin de tener ingresos fijos o a aquellos políticos socialistas que denunciaban a la burguesía y al capitalismo para ocultar su afán de convertirse ellos mismos en burgueses (Los socialistas son burgueses y están encantados de serlo, y por eso precisamente es por lo que predican la revolución social).

Leyéndolo desde esta nuestra época parece que sea el heredero de escritores posteriores a él, el propio Bernhard o el Arcadi Espada que, desde sus diarios, muestra con ironía las contradicciomes de la socialdemocracia. Algunos de los políticos o sucesos de entonces parecen calcos de políticos y sucesos actuales (Hubo un momento, en efecto, durante el cual quisimos darle a todo el mundo la nacionalidad española. Los chilenos, los peruanos, los mejicanos, los argentinos, los judíos de Hungría, de Rusia y de Salónica; todo el mundo iba a ser español; y sólo dejarían de serlo los catalanes, los vascos, los gallegos, los andaluces y demás habitantes de España). Como el sainete catalán de estos días, que prohibe las corridas de toros pero convierte en honorable festejo de los correbous.

Junto a la recopilación de artículos que ya es Haciendo de República, se ha aprovechado esta edición para seguir con la recopilación, hurgando en el fondo de ABC (un ejemplo) para sacar a la luz otros dedicados a aquel turbulento periodo, más República, sucesos de Asturias, guerra civil e inicio de la guerra mundial. A medida que la cosa empeora también lo hace el humor de Camba, que prácticamente desaparece cuando decide vivir la guerra desde el bando franquista, publicando algún artículo del que no sé si llegó a arrepentirse como uno titulado, La ratonera, donde llama ratas a antiguos amigos y compañeros republicanos que abandonaban España tras el triunfo franquista.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Cómo el islam ha cambiado el viejo continente

¿Será una potencia Europa a finales de este siglo?, le preguntaron a Bernard Lewis, estudioso del islam. Se rió y contestó: "Europa, será parte del oeste árabe, del Magreb".
El libro de Christopher Caldwell se subtitula, Cómo el islam ha cambiado el viejo continente. Hay ahora en Europa unos 20 millones de musulmanes; 5 millones en Francia, 4 en Alemania, 2 en Gran Bretaña. Del total de 5.708.940, de inmigrantes que hay en España, con fecha 2010, quizá 1,3 millones sean musulmanes (algunos elevan la cifra hasta dos millones). España, debido al volumen de su inmigración, es un país expuesto más que otros a verse desbordado, advierte Christopher Caldwell.

Creo que no debería ser necesario hacer constar la distinción entre los individuos, los ciudadanos y la ideología inculcada que llevan dentro. Se ha creído que las ideologías o religiones antieuropeas se disolverían con el paso del tiempo, pero la mayor parte de esa población tiende a concentrarse en determinadas ciudades, en barrios degradados en pisos indecentes, creando sus propios guetos. Eso permite el control de la propia comunidad, acelera el sentimiento de identidad separada, la de ver a los demás como adversarios, la imposibilidad de liberarse. Los políticos han utilizado dos medios para ocultar el problema: falsear las estadísticas e intimidar a quienes osasen describir lo que veían o protestaban acusándoles de racistas o xenófobos. En 2003, por ejemplo, se ocultó un estudio de la Unión Europea que revelaba la preponderancia de las pandillas musulmanas en los sucesos antisemitas en los barrios de las ciudades francesas y en Alemania. A personajes como Pym Fortuyn o Geert Wilders se les ha tachado de xenófobos sin atender a los razones que exponían, sin escuchar su llamada: no puede haber Unión Europea sin identidad europea. La pregunta que plantean es ¿puede integrarse a los que van llegando permitiendo que mantengan su propia identidad? Según el orden laico progresista europeo que defiende el multiculturalismo parece que sí. Eso ha funcionado hasta que llegaron los musulmanes que se niegan a aceptar el consenso moral progresista: igualdad hombre mujer, normalidad gay, aborto, imposibilidad de la poligamia y de la ablación, negación de derechos del hombre sobre su esposa. Pero cabe preguntarse, ¿cómo van a desarrollarse los acontecimientos, quién es más fuerte, ese orden moral laico, reciente y relativista, o los imperativos islámicos, tan simples, tan arraigados?

El problema del islam es que exige a sus fieles que sean antes musulmanes que franceses, o españoles. La consecuencia se ha visto en las reacciones posteriores a los atentados de las Torres en 2001, de 2003, en los trenes de Madrid, o del 2005, en Londres, desde el júbilo y la celebración de los radicales a la condena llena de peros de los moderados, por no hablar de los extremistas formados en las mezquitas europeas que partían hacia Iraq y Afganistán.
Un estudio reciente sobre inmigración de la Oficina Federal de Migración y Refugiados del gobierno alemán demostró que el 87% de los musulmanes-alemanes se describían a sí mismos como muy o algo religiosos; el 81% seguía las leyes alimenticias del islam y el 31% de las mujeres usaba velo. Mientras esto sea cierto, el peso cultural del islam en Alemania crecerá, independientemente de que lo haga el nivel demográfico.
No parece irrazonable exigir que los inmigrantes que quieran quedarse en Europa renuncien a las costumbres de sus padres, señala Caldwell. No parece por tanto descabellado lo que proponen algunos partidos, que los recién llegados conozcan las reglas de admisión al club europeo.
 

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La revolución europea

El descrédito de los políticos europeos -la desconfianza que generan- no sólo deriva de la mala gestión de la crisis -en algún caso de su negativa a reconocerla-, es más antiguo y tiene que ver con su incapacidad para enfrentarse a los problemas. Uno de los mayores, si no el mayor, es el de la inmigración y en particular el de la inmigración islámica. La llegada masiva de inmigrantes, que iba a resolver el envejecimiento de la población, la reposición de empleos que la población nativa no quiere o la contribución a las arcas de la seguridad social, está generando más gastos que esos supuestos beneficios como muestran las frías cifras. Pero quizá más grave sea el problema de integración, a la vista de los sucesos en las ciudades francesas, inglesas y alemanas, postergados en España por su más reciente inmigración.

¿Qué está haciendo Europa al respecto? De eso trata el libro, La revolución europea, de Christopher Caldwell, que avisa, Europa se la juega. Caldwell escribe en pasado como si la revolución de la que habla -cómo la inmigración y el islam ha modificado la convivencia y la organización social-, hubiese ocurrido ya. Desatendiendo los eufemismos, tabúes, códigos del pensamiento correcto, doble lenguaje que el discurso europeo sobre el tema ha generado, sin miedo a la demonización por hablar con claridad -"sin concisión y franqueza no puede decirse nada serio"-, va exponiendo con cifras, citas de discursos, referencias a entrevistas, sucesos o la simple observación los problemas que la inmigración va generando. Procura no hacer afirmaciones que se basen en la simple opinión y formula algunas preguntas que hace que el lector salga de su acomodamiento. Referido al islam se pregunta, por ejemplo, si en vez de enfocarlo como una inmigración no deberíamos hablar de colonización, y no una cualquiera, porque ésta supera a cualquier otra en el número de personas movilizadas en un corto espacio de tiempo.

Otros antes que él advirtieron de las graves implicaciones de dicho fenómeno, pero en general los políticos europeos hicieron oídos sordos, cuando no los enviaron al baúl de la opinión fascista o xenófoba cerrada bajo siete llaves.
¿Cánta emigración hay y cuánta se necesita? ¿Podemos integrar a tanta gente sin que el sistema salte por los aires? La tasa de fertilidad europea está en declive (1,3 en Italia, España, Alemania del Este, cuando para mantener el mismo tamaño de población es necesario un 2,1 por mujer). ¿Necesitamos reponer la población con gente de fuera? Asustan las cifras: entre 2000 y 2005, la población española nacida en el extranjero creció a una tasa media anual de 21,6 por ciento cada año. Los europeos tienen pocos hijos y son viejos. Por contra, la cultura musulmana anima a la procreación: ("¡Cásate, porque mediante ti superaré en número a los pueblos!"). ¿Será Europa la misma o se producirá una ruptura con su historia? Añadamos el desprecio por los propios valores, el sentimiento de culpa por un pasado nada digno, la desconfianza en el sistema.

¿Qué aportan los inmigrantes a la sociedad europea? ¿Los empleos que nadie quiere? ¿El duro trabajo de la construcción? ¿Mantener el Estado del Bienestar? Contra la retórica buenista, la realidad: en los próximos 50 años la población española se mantendrá en torno a 44 millones de habitantes; el ratio de trabajadores por jubilado caerá desde el 4,5:1 a menos del 2:1. ¿Qué efecto tendría acoger a 2 millones de trabajadores extranjeros más? Descontemos los efectos sociales, enormes, preocupantes, caros. Los efectos fiscales serían míseros, los recién llegados apenas supondrían el 10% de la fuerza del trabajo; su aportación al Estado del bienestar, siendo generosos, apenas el 8%, y de ahí habría que descontar la atención sanitaria y educativa a esos nuevos inmigrantes (Martin Feldtein, Harvard). Los inmigrantes envejecen, se jubilan, sus familias son más numerosas. Los inmigrantes extraen más de lo que pagan a la seguridad social, afirma Caldwell. Otra cosa es la inmigración selectiva, con formación académica, que reciben EE UU y Canadá, por ejemplo, el 54% del total del mundo, cuyo ejemplo Europa no ha seguido.

¿Europa debe acoger a quienquiera que desee venir? España se ha visto enfrentada ante la opinión pública mundial con la llegada masiva de pateras y cayucos y el asalto a las vallas de Ceuta y Melilla. El país se ha visto desgarrado entre la compasión y la imposibilidad de acoger a todo el mundo, entre la acusación de racismo y el suicidio colectivo. Sin embargo, la tradición de la hospitalidad está fijada desde la Odisea: el invitado es sagrado, pero no puede demorarse mucho (véase a Ulises deshaciéndose de los pretendientes que encuentra al llegar a Ítaca). Un invitado que se demora se convierte en un intruso. Europa ha tardado en darse cuenta de que los inmigrantes venían para quedarse. Europa no ha sido capaz de establecer un código al respecto. La solución por el contrario han sido las regularizaciones masivas, sin exigir nada a cambio, la lealtad al nuevo país, por ejemplo. 700.000 inmigrantes fueron legalizados de golpe por el gobierno de ZP en 2005.


En este asunto, como en otros, se ha producido un abismo entre la percepción de los problemas por parte de la población votante y el deliberado falseamiento -o silenciamiento- de la realidad por parte de políticos y periodistas.

martes, 21 de septiembre de 2010

Internet es un espacio

Bloguero, especialista en medios de comunicación e internet, cuando a Jeff Jarvis le fue diagnosticado un cáncer de próstata y de pene, no se le ocurrió otra cosa que contarlo abiertamente en su blog.
La gente de los medios vemos Internet como si fuera un medio; esperamos que actúe como un medio: producido, editado, pulido, limpio, controlado. Pero Internet no es un medio; es un sitio. Internet es sociedad, un espacio donde nos conectamos con los demás; con información, con acciones, con transacciones. Hay gente buena, gente mala, gente inteligente, gente estúpida. Internet es vida, la vida es desordenada, y así es Internet, desordenado. Ven una página como si fuera la de una revista, y no lo es; no tiene nada que ver. Es también el problema de los grupos de comunicación: siguen creyendo que Internet debería operar como su industria. No. El control de Internet lo tiene la gente, es de la gente. Ahí somos invitados, y si no añadimos valor, sobramos.
Pronostica el fracaso del iPad.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Tiempo de vida

La psicología freudiana nos enseñó -¿nos obligó?- a echar la vista atrás, a enredarnos con el pasado. A quienes más se enredó en esa atmósfera de brumas y sucesos incompletos, indefinidos o ilusorios fue a las clases ociosas: niños, mujeres o personas cuya fragilidad debía tener alguna explicación. En ese mundo por explorar nos esperaba la figura del padre. En una sociedad autoritaria y paternalista era fácil atribuir el origen de los desarreglos y las debilidades, y en consecuencia las culpas, a la figura dominante en las familias y en el Estado. Aunque los tiempos están cambiando y la sociedad patriarcal ya no es lo que era, el reflejo sigue funcionando. La introspección y el análisis psicológico ya no lo explican todo, aunque estamos en la cima de otros fenómenos de origen patriarcal: la violencia machista que un día tras otro señala al hombre y los casos de la pederastia que no cesa que incide en esa otra figura paternal, el cura.

Ya existía una tradición biográfica o autobiográfica que buscaba el germen de la imperfección del carácter o de sus desarreglos en el choque con el padre. Desde Freud el complejo de Edipo se ha convertido en un tema de conversación y en un género literario que llega a ser abrumador. Algunos escritores, novelistas y poetas, que hacen de la introspección la fuente principal de su inspiración rizan el rizo y llegan a convertir ese asunto en el único motor de su escritura. Eso parece que le ocurre a Marcos Giralt Torrente, a juzgar por lo que cuenta en su relato Tiempo de vida.

Las primeras páginas del libro son insufribles. La metaliteratura -el porqué escribo lo que estoy escribiendo y cómo lo escribo- es un género difícil de manejar y, salvo en el caso de virtuosos como Borges o Cervantes, suele acabar con la paciencia del lector. Hasta mediada la lectura estuve tentado a cada página de abandonarla. Me retuvieron tres cosas: las pocas páginas del libro -doscientas justas-, las horas de autocar en las que no tenia otra cosa que hacer y la intriga que me suponía el que el libro hubiese tenido tan buenas críticas. El escritor se martiriza sobre por qué escribir este libro y lo mucho que le cuesta comenzar a escribir, aunque todo ello bien pudiera formar parte del código del género literario en cuestión. El estrago psicológico del escritor aburre sobremanera al lector y no se genera ni una pizca de compasión o empatía con el malestar anímico de este burguesito que dice haberlo pasado mal contra la evidencia de lo que va contando.

Si en la primera parte el escritor se retuerce en lo dolores del parto de la escritura, en la segunda resbala por los abismos no demasiado profundos de la culpa en las relaciones paterno filiales. Pasada la página cien, sin embargo, la historia comienza a interesar, como interesaría cualquier historia medianamente bien contada si se ha dado con el ritmo adecuado, los personajes quedan pasablemente definidos y las anécdotas se pueden universalizar, si bien cansa el que los personajes no tengan nombre, se repita tantas veces, “la amiga que el padre conoció en Brasil” o se abuse de las repeticiones anafóricas. La historia se ahorma al esquema de una novela convencional: un padre pintor, vitalista e inseguro, que es el protagonista, una madre luchadora aunque de bajo perfil, una antagonista, venida de otro país, para deshacer la familia, una enfermedad terminal y el escritor-narrador que expone sus emociones, que asegura son dramáticas y desgarradoras, pero que vistas por un lector desapasionado no lo parecen tanto y hasta se quedan cortas para quien de verdad lo ha pasado mal.

Al final, la impresión que queda es la de un puro artefacto literario que se quiere hacer pasar por cruda y valiente confesión pero que se queda en un ejercicio de estilo que no alcanza la altura de otras páginas más vibrantes y conmovedoras.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Zombie Buildings, Zombie Words


En algún tiempo podía producir hilaridad o vergüenza ajena o compasión, pero, ahora, escuchar el lenguaje mitinero -esta mañana, por ejemplo, los discursos de Montilla y ZP en la ceremonia anual de la rosa en la pineda de Gavá, así como las respuestas de Arenas o Rajoy o Durán Lleida o Mas o Urkullu-, su lengua de trapo, las palabras roídas, produce una impresión parecida a la de escuchar a políticos de los años treinta del siglo pasado. Hablan como si nada hubiera ocurrido, como si en alguien pudiera hacer mella lo que ellos dicen. Como si un cadáver siguiera hablando, palabras de hombres muertos.

No hace falta pasearse por el levante español para ver el sinsentido de estos años. Con dar un paseo por los alrededores de cualquier ciudad de la meseta, incluso por el centro, basta para ver la voracidad de los constructores, promotores y vendedores de inmuebles y el descuido delictivo de los políticos. Enormes edificios construidos en espacios apretados, sobrepasando el límite de la decencia urbanística, apurando al máximo los espacios habitables: edificios demasiado anchos o inverosímilmente estrechos, más altos que la línea marcada por las viejas edificaciones, con geometrías dignas de Borromini; apartamentos minúsculos a precios de pisos grandes. ¿Quién desearía vivir en lugares donde un perro ladraría de desesperacion? Ahí están con carteles de se vende o deshabitados a la espera de que vuelva el tiempo que no ha de volver, con las grúas puestas como madres resecas y altaneras que han dejado de amamantar; calles que no llevan a ningún lugar, matojos que pugnan con volver al descampado de donde proceden. Llama The Wall Street Journal Zombie Buildings a los más de 1'5 millón de pisos inacabados y sin vender que hay en España.

No sólo se permitió atentar contra un urbanismo racional, sino que se estimuló el delito con planes urbanísticos ad hoc o incluso se participó en esa operación para esquilmar a los que necesitaban vivienda.
Algunos hicieron tanto dinero que no saben qué hacer con ello; otros quebraron, salvaguardando su patrimonio personal; a otros se les ha impedido quebrar con el dinero de quienes en el tiempo pasado quisieron ahorrar. ¿Por qué no han quebrado las cajas quebradas? Si no caíste en la tentación de comprarte una casa en las afueras o un apartamento en la ciudad de vacaciones o una residencia junto al campo de golf, es igual, ahora recortan tu sueldo, o te suben los impuestos o te hacen trabajar más años sin la seguridad de cobrar una pensión de jubilación.

De tal voracidad se aprovecharon los políticos que nos gobiernan en todos los niveles: se pueden coger las plantillas de ayuntamientos y diputaciones, de altos cargos del gobierno y de las autonomías y luego superponerlas sobre las plantillas de los consejos de administración de las grandes constructoras, cajas de ahorro, grandes empresas de la comunicación y de la energía: los unos representan a los otros o son sus delegados. ¿Cómo hemos sido tan ciegos de apoyar una y otra vez a quienes nos esquilmaban, de creer en sus mentiras, de leer lo que de ellos se decía o asistir a sus representaciones o de entretenersos con los falsos debates en los que ZP ha demostrado ser un genio: memoria histórica, Estatut de Cataluña, matrimonio gay, ley del aborto?

El gran drama de este país ha sido que quienes buscaban su máximo beneficio llevando al límite las reglas del sistema capitalista, o saltándoselas- eran los mismos que quienes debían controlar que las leyes se cumpliesen o que fuesen racionales y humanas. Aún estamos en esas.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Langue de bois

Orfandad, crisis de la izquierda, falta de ideas y proyectos, éxito de la derecha en sucesivas elecciones europeas, ¿por qué? Para entenderlo, quizá, simplemente, baste con sobrevolar los textos redichos de algunos conspicuos militantes de la vaporosa nube progresista. Aquí, un par de ejemplos.

El primero exhibe un pesimismo de media tarde, a la hora del chocolate con bollería fina: Éxito de la prostitución, decadencia de las universidades españolas, descrédito de políticos y maestros, españoles delante del televisor, copa del mundial de fútbol. Todo es una y la misma cosa:
"Un país que asiste impávido a la sedimentación del delito, como ocurrió también, durante décadas, con la especulación inmobiliaria, ¿para qué necesita buenas universidades? Si lo que prevalece es la corrupción y la ganancia fácil por encima del mérito, ¿a qué viene rasgarse las vestiduras cuando las estadísticas incordian con sus fríos números señalando a tantos jóvenes predispuestos a la apatía a falta de otras posibilidades? ¿Cuántos españoles se sienten responsables del desastre educativo? (...) El responsable directo es el ciudadano-avestruz, el protagonista de una democracia fraudulenta en la que se enfatizan los derechos y se rehúyen los deberes, siempre mirando hacia otro lado o con la cabeza bajo el ala. El ciudadano-avestruz nada quiere saber de la destrucción del litoral mientras esto no vulnere sus intereses; nada le afecta la corrupción mientras no se grave su bolsillo; en nada le concierne el asentamiento de las mafias mientras él pueda ir tirando; le importa un comino tener o no tener buenas universidades mientras la diversión esté asegurada".
El segundo hace coincidir progresismo y teología de la liberación, a propósito de un congreso de teólogos que se repite en Madrid desde hace 30 años, cuya trascendencia es inversamente proporcional a la cantidad de artículos que le ofrece el antiguo periódico de referencia:
"La originalidad de los congresos radica en su carácter universal e intercultural, que los convierten en puente de comunicación y de diálogo entre culturas, religiones, continentes. Junto a teólogos e intelectuales españoles intervienen expertos europeos, africanos, latinoamericanos y a veces asiáticos, que cuestionan el etnocentrismo europeo, aportan la visión crítica desde el Sur e interpelan al Primer Mundo".

jueves, 16 de septiembre de 2010

Desistimiento, miedo


Grayson Perry, un artista inglés que se expresa a través de la cerámica, se ha especializado en la transgresión religiosa. Cuando se le reprochó que sus mofas únicamente se dirigían a las creencias occidentales -una de sus obras muestra a la Vírgen María nacida de un pene, por ejemplo-, no tuvo empacho en reconocer que,
"El motivo de que no me haya metido a saco con el islamismo en mi arte es que siento auténtico miedo a que alguien me rebane el cuello".
En España los muchos artistas valientes cuando se burlan de tigres de papel y cobardones ante el Islam -Javier Krahe cocinando en un vídeo a un Cristo crucificado, El Jueves huyendo de las caricaturas sobre Mahoma que otras revistas humorísticas difundieron en 2005- ni siquiera tienen la decencia de reconocer su miedo.
El miedo están menguando la libertad en nuestros países y el servilismo está llegando a unos extremos que parecen traer de vuelta los tiempos de la inquisición, cuando el cristianismo era el islam de ahora. Durante la agitación islámica contra las caricaturas danesas, Carrefour colgó carteles en sus hipermercados que decían: "Expresamos nuestra solidaridad con la comunidad islámica y egipcia. Carrefour no ofrece productos daneses".

Cerca de Águilas (Murcia) existe una discoteca que además de llevar el nombre de La Meca, simula en su interior ser una mezquita, con su minarete, su cúpula azul y versos del Corán. Alguien ha reparado en ello y ha encendido la mecha. Amenazas, advertencias, miedo: "la denominación del local ha atacado el corazón de todos los musulmanes del mundo, o se cambia el nombre o habrá un gran guerra entre España y el pueblo del Islam". Uno de los propietarios lo tiene claro:
"Para nosotros era una cosa anecdótica lo del nombre pero para ellos era un asunto muy fuerte. Nos ha sobrepasado. Vamos a arreglar un problema que ya estaba tomando un cariz exagerado, con una solución que no hiera sensibilidades". 
Desistimiento, indefensión, falta de claridad en la defensa de los valores que tanto tiempo ha costado conseguir. Es lo que muestra la reciente encuesta sobre Tendencias interculturales euromediterráneas 2010, elaborada por la Unión por el Mediterráneo. Las 13.000 personas consultadas en 13 países de los 42 que forman la UpM, entre ellos España, el informe muestra la fractura en torno a la religión y los valores.  Para el 88% de los marroquíes y el 71% de los egipcios, la verdad es un valor absoluto, porcentaje que rondan el 20% (por arriba y por abajo) en los países europeos, con Suecia (13%) y España (15%) entre los más relativistas.

martes, 14 de septiembre de 2010

Lleva a portada El País esta llamativa afirmación:


La encuentra en la traducción de los diarios personales de Ratko Mladic, implicado en el genocidio de Srebrenica durante la guerra de Bosnia y juzgado por ello en el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.
Los hechos de los que se le acusa tuvieron lugar hace 15 años, son por tanto asunto de jueces y de historiadores. Como tal asunto tendría cabida en las páginas de cultura, de sociedad, de historia, de justicia o de psiquiatría del periódico, pero no en las de actualidad que es lo que recogen las portadas.
La frase es brutal, llamativa, sensacionalista, algo parecido, pongo por caso, a una llamada en primera que recogiese la frase de un famoso discurso de Azaña en el año 1931: "España ha dejado de ser católica".

Es difícil conocer las intenciones de los redactores del periódico: una mezcla de mala conciencia ante el espantajo de la "la islamofobia", que un periódico progresista querría contrarrestar, y la rutina de la memoria histórica, que quiere que los sucesos del pasado sigan jugando a nuestro favor, a favor del campo progresista se entiende. No sé si son conscientes, los redactores, de que titulares como estos alimentan el fuego del rencor, del odio o la humillación -la imaginaria afrenta- de muchos musulmanes que se sienten agredidos por los países europeos que les acogen y al tiempo engordan el irracional sentido de culpa de muchos europeos, en cuya conciencia poco a poco va creciendo un sentimiento de inferioridad con respecto a las culturas no occidentales que no augura nada bueno. A veces actúan, los redactores, como si el 11-M en Madrid o los atentados de Londres o el desmantelamiento de células terroristas no hubieran tenido lugar.

lunes, 13 de septiembre de 2010

La brújula de Noé

Desaprovecha Anne Tyler dos terceras partes de su novela hasta dar con el asunto que pueda interesar a sus lectores. La presentación inicial de sus personajes -demasiados-, las cansinas conversaciones entre ellos, se hace morosa, intrascendente; no se cumple la expectativa del lector que siempre espera que suceda algo. Incluso la inicial preocupación del protagonista por su circunstancial pérdida de memoria como consecuencia de un asalto a su departamento recién estrenado queda marginada por otra, más interesante, sí, pero que surge de sopetón sin que nada la anunciase. Parece que la novelista haya comenzado a escribir sin saber que es lo que quería contar, y que el tema le haya sobrevenido.

El interés, por tanto, de La brújula de Noé, la última novela de Anne Tyler, reside en los problemas morales que se le plantean al protagonista tras descubrir que la mujer con la que está comenzando a relacionarse está casada, o "felizmente casada" como asevera la mujer con la que tropieza en el supermercado, y que resulta ser la madre. ¿Tiene derecho a entrometerse en la vida de una pareja formal con tal de satisfacer su propia felicidad? ¿A cuántas personas vuelve infelices su voluntad o su derecho de querer él mismo ser feliz? Pero tan interesante asunto queda de nuevo relegado en las últimas páginas, por otro tema que surge sin que antes se haya enunciado con claridad: ¿qué puede hacer un jubilado con los días ociosos que le quedan por delante?, ¿recuperar el contacto con sus hijos, con su ex mujer, con los nietos a los que antes no ha hecho caso o es mejor abandonarse a los pequeños placeres de la soledad?

Ann Tyler fue para mi un grato descubrimiento con El matrimonio amateur, esta novela, sin embargo no ha colmado mis expectativas.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Atracón de banderas

Pensé que nunca me volvería a resultar molesta la visión de la bandera amarilla y roja; no, al menos, como durante el franquismo. Y no se trata tanto del despliegue emocional ocurrido durante el pasado campeonato  mundial de fútbol. Es disculpable la espontánea efusión, el escape de gases y fluidos, la natural agresividad de los pueblos sublimada en combates simbólicos sin derramamiento de sangre. El fútbol espectáculo es un gran invento. Ha sido con posterioridad, el empeño de algunos de seguir con ella en las ventanas, la disputa, en algunas comunidades, entre la bandera de la comunidad propia y la general, un duelo en los balcones, pero especialmente el uso político que algunas instituciones o partidos empiezan a hacer arrastrando detrás a la multitud. Como en esta ciudad donde ahora vivo: un concurso de ondear banderas para entrar en el libro guiness de los records; la gente, luego, arrastrando las banderas de plástico por la ciudad, una muchedumbre de zombies después de un banquete. La semilla está plantada.
Así que bienvenida la derrota de la selección de fútbol ante Argentina -me alegro también de no ser argentino por tomarse la cosa de forma tan inmoderada- y de la de basket ante Serbia.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

España dobla la tasa media de inmigrantes de la UE


La demografía española enfrenta  una situación revolucionaria. Pasamos de 609.000 extranjeros en 1998 a 2.189.000 en 2003 y a 5.650.000 en 2009. Si la realidad fuese bidimensional -si sólo atendiésemos a la superficie de las cosas- sería un dato para estar orgullosos de nuestro país, capaz de acoger a tanta gente de procedencias tan diversas, sin mayores destrozos en el tejido social. Ningún país en ninguna época ha conseguido tamaña hazaña, recibir tantos inmigrantes en tan corto espacio de tiempo. No sólo hemos adelantado a todos los países europeos en el porcentaje de inmigrantes sobre el total de la población, es que en términos absolutos, sólo Alemania tiene más inmigrantes.

Los argumentos a favor de la inmigración son de dos tipos, a) retóricos: aceptar a gente que está en peor situación económica, política, social que nosotros; acoger a gentes que huyen de la miseria en justa compensación por tantos españoles como fueron acogidos en otros países en las décadas pasadas y b) de tipo económico: sustituir la mano de obra que se jubila; rejuvenecer la pirámide poblacional; ocupar los trabajos que ningún español quiere ocupar. 



La situación desde el punto de vista demográfico es revolucionaria, está cambiando la faz del país. Los comentaristas en periódicos y radios apenas la comentan, inconscientes del fenómeno o con tantas trabas políticas o ideas preestablecidas que son incapaces de enfrentarse a él por miedo a caer en la incorrección política. Sin embargo, la inmigración está determinando nuestro futuro. El fenómeno irá adquiriendo importancia con el paso del tiempo: agravamiento de la crisis económica, envejecimiento de la población, necesidad de mayores recursos para atender a las nuevas necesidades.

Habría que formular unas cuántas preguntas, dejar que reposen y debatirlas sosegadamente.
¿Es sostenible la prolongación del fenómeno de la inmigración en las actuales condiciones? ¿Podemos acoger indefinidamente a tantos inmigrantes como quieran seguir llegando sin hacer que quiebre el sistema? ¿Hemos sobrepasado el límite que nuestra estructura económica puede soportar? ¿La aportación de los inmigrantes a la riqueza del país, a las arcas de la seguridad social, es superior a los servicios que demandan o que demandarán en el futuro: sanidad, educación, paro, jubilación, etc? ¿Estamos siendo capaces de digerir el cambio? ¿Qué medidas legislativas han de tomarse para que la situación no derive en un estallido social y una quiebra económica? ¿Por qué los políticos y los medios no hablan con claridad y realismo del asunto?

viernes, 3 de septiembre de 2010

¿Europa se va al garete?

Ahora que todos creían o creíamos que Europa era la definitva tierra de promisión que a todo el mundo garantizaba una existencia digna y bien remunerada -es lo que propagaba la socialdemocracia bienintencionada y su estado del bienestar-, llegan los agoreros anunciando su decadencia, ya basen su catastrofismo en estadísticas económicas o en el inexorable peso demográfico de los enemigos de la idea liberal de Europa. ¿Ha llegado pues el tiempo de mirar y migrar hacia otro sitio?

Entre los primeros, este ex consejero de Miterrand, Jacques Attali, que entre sus múltiples ocupaciones -"Soy director de orquesta, escritor, economista, novelista: como no estoy seguro de poder reencarnarme siete veces, trato de vivir siete vidas a la vez"- apenas tiene tiempo para explicar por qué afirma que en diez años Europa se va al garete:
"Como todas las sociedades algo agotadas, Occidente ha tendido a superendeudarse para mantener su nivel de vida. Así, hemos mantenido, desde los años ochenta, una especie de ilusión de crecimiento económico basado, esencialmente, en la deuda. (...) En Europa, veremos un lento declive del nivel de vida, como lo conocieron Venecia, o Argentina, en su tiempo. Todo dentro de un círculo vicioso, porque las élites, los jóvenes bien preparados que podrían sacarnos de esto, se irán a trabajar a otros sitios, a EE UU, a China o a Australia. De hecho, ya lo están haciendo". 
No es el único que profetiza sobre la próxima burbuja de la deuda.

Entre los segundos, el libro Islamistas y buenistas de dos daneses Karen Jespersen y Ralf Pittelkow, muy escamados por la soledad que sintieron -Europa los dejó solos- cuando sus propios musulmanes se levantaron rabiosos contra Dinamarca cuando el asunto de las caricaturas de Mahoma, en el que alertan sobre la creciente influencia del islam en las costumbres y legislación europea:
"Para islamistas como el jeque Yusuf al Qaradawi y su correligionario Tariq Ramadan, los inmigrantes musulmanes en Europa son la primera prioridad. Dicho en palabras del especialista en temas islámicos Gilles Kepel, son "el centro de la diana" de la actividad misionera de Al Qaradawi. Para Ramadan, los musulmanes de Occidente constituyen la vanguardia de la comunidad musulmana, la umma".
Así que habrá que mirar hacia nuevas tierras de promisión: EE UU, Canadá, Nueva Zelanda, Australia.
Si a alguien le interesa emigrar a Canadá que sepa que este gran país ha admitido más inmigrantes per cápita que cualquier lugar del mundo. Casi el 20% de su población ha nacido en el extranjero, a pesar de ser muy selectivo en el control de admisiones. Los solicitantes de residencia son sometido a una escala de 100 puntos que mide la educación (25 puntos), idiomas (24 puntos), experiencia laboral (21 puntos), edad (10 puntos), contactos laborales (10 puntos) y adaptabilidad social (10 puntos). Fruto de esa inmigración seleccionada es el imparable avance económico, tecnológico y demográfico del país, habitado por 82 etnias sin aparentes graves conflictos. Los remilgos de Europa por el contrario conducen a la anunciada decadencia económica, social y cultural.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Caridad cristiana

Cerca de donde vivo, la parroquia del barrio mantenía un comedor social y había convertido la casa del cura en un alojamiento temporal para los sin techo. A la hora de comer a la puerta se reunía un nutrido grupo de individuos que charlaba animadamente. Si alguna función le queda por hacer a una institución como la Iglesia Católica es esa que tiene que ver con la caridad cristiana, tan antigua y tan útil. Allí donde no llega el Estado llega Caritas o el trabajo de religiosos que por propia iniciativa son capaces de conciliar a gentes del barrio para atender las necesidades más básicas. Aquí, por ejemplo, muchas mujeres del barrio se sentían útiles colaborando con sus propias aportaciones culinarias. Por eso cada año, cuando relleno el IRPF marco la casilla la Iglesia Católica porque creo que hace una labor necesaria muy por encima de otras grupos de ayuda social.

A día de hoy han desaparecido las colas junto a la casa del párroco, ya nadie duerme en sus aposentos, han trasladado al cura a otra provincia. No sé qué es lo que ha podido suceder. Acaso a algunos vecinos les haya molestado la presencia de los pobres bajo su ventana; quizá la labor del cura, joven, desinhibido, trabajando por libre, haya molestado a sus superiores. Ha habido alguna entrevista poco informativa en algún periódico, una página en Facebook, nada más.

No creo que a los católicos les queden demasiadas oportunidades. Su labor social es impagable, pero también una magnífica ocasión para la propaganda. Detrás de ellos viene el islam que sabe hacer esas cosas tan bien como ellos y con menores remilgos. A medida que avance la crisis las oportunidades de unos y otros -y la competencia- para satisfacer necesidades van a ser muy grandes.

Mientras tanto los portales periodísticos dan como noticia de primera un asunto del siglo XIX:

miércoles, 1 de septiembre de 2010

¿Por qué no tomar en serio la amenaza que representa Gadafi?


Ante el formidable reto que el islam presenta a Europa caben, como más o menos en cualquier tema político conflictivo, dos posiciones, la de los apocalípticos y la de los buenistas. Entre los más extremados de los primeros, algunas sectas de cristianos renacidos, tal como recoge en una crónica Rodríguez Rivero, llegan a afirmar en letras de neón: "La sangre de Jesús contra Obama. El 4 de noviembre de 2008 la historia hizo presidente de los Estados Unidos a un talibán musulmán elegido ilegalmente", exageración que banaliza y ridiculiza su propia posición. Hasta Aznar se apunta a esta posición.

Entre los segundos, columnistas, redactores y editorialista de El País, como éste que reduce a negocios y sólo negocios la penetración de Libia en Italia y en burla y broma el proselitismo de Gadafi en Roma. Su recluta de 500 señoritas a través de una agencia de azafatas, de las cuales alguna termina por convertirse y su proclama de que Europa ha de ser musulmana no altera el brillo de la sonrisa del periodista, así que termina contando un sucedido para seguir haciendo broma:  
Pero las cosas en Libia tienen otro peso. Lo recordaba hace poco María Jesús Orbegozo, en una entrevista en que hablaba de su militancia antifranquista. Era trotskista y, cuando vivía en Roma, la enviaron a hablar con el embajador de Libia poco después de que Gaddafi tomara el poder. "Llegué, le solté el rollo de las revoluciones de los pueblos, él me escuchó muy serio. Cuando terminé me dijo: '¿Quedamos esta noche a cenar y a bailar?.
Como si esa anécdota no desmostrase el trato despectivo y utilitario hacia las mujeres que debería impedir tomárselo broma. Gadafi es un líder musulmán y su mentalidad está arraigada en la mente de la mayoría de musulmanes que se han asentado en Europa. Es preocupante el silencio de los representantes de Europa ante tamaño desafío, su despreocupación ante el problema de la integración de los inmigrantes de origen islámico.