martes, 24 de agosto de 2010
Canadá IX
Canadá es un país en construcción, las viejas herencias anglofrancesas están a punto de expirar por consunción y porque 82 etnias son demasiadas para poder ser integradas en un solo haz de dos caras.
El Toronto americano ha ocupado la plaza del Montreal europeo y el Vancouver del Pacífico que mira a Asia ofrece la mejor cara del siglo XXI. La identidad no ha quedado definida y mientras eso sea así será bueno para sus habitantes que no tendrán que responder ante la historia, ni ante las exigencias que un país consolidado y rico ha de presentar frente a los demás para acabar de definirse. Y está bien que sea así, si pensamos en la historia sangrienta que los países definidos y acabados arrastran tras de sí: Francia e Inglaterra, pero también EE UU y Japón o los que están llegando, algunos muy viejos como China o Irán, otros más jóvenes pero que hacen sonar los tambores como Pakistán y la India o incluso Brasil.
lunes, 23 de agosto de 2010
Canadá VIII
La otra cara de Montreal es el regalo de los días veraniegos: acción, movimiento, vida mediterránea que se maneja en los dos idiomas de uso común, pero donde el libre discurrir privado habla mil lenguas. Es la vida del downtown, por entre los rascacielos de vidrio, no más altos que el cercano Mont Royal como norma, pero también de los barrios étnicos que se van descubriendo al pasear: el barrio chino, el portugués, el latinoamericano, el griego; un centro de plazas duras que apenas sirven para pasear por ellas, donde el mundo oficial despliega su propaganda -centros de arte y cultura, bibliotecas y moderneces sin sustancia- y unos barrios crecidos por el aluvión de gentes que van llegando, que conservan las plazas verdes, con árboles y fuentes, junto al lujo de la vida disparada.
Aún así sorprende en esta parte del mundo la pobreza visible, incluso descarada: los pobres no esperan inmóviles la dádiva ante la puerta de la iglesia, aquí salen al paso y exigen su parte, jóvenes más o menos aseados, algunos adultos, pocas mujeres. No parece que estén dominados por la humillación. Uno he visto, delgado, pero correctamente vestido y limpio, que rescataba de las papeleras vasos con zumo o granizado y se los bebía o se sentaba en el banco de la plaza a que alguien dejase su bote de helado a medio terminar y lo arrojase.
domingo, 22 de agosto de 2010
Canadá VII
Estas ciudades, como Montreal, dejan de ser las princesas despertadas tras un largo sueño -del largo invierno al verano escurridizo- el día que se pone a llover. Como la temperatura sigue siendo agradable, y los días veraniegos un bien escaso, hay mucha gente que sigue caminando bajo la lluvia, pero otros se guarecen en los vastos pasillos y plazas del subsuelo.
Tiendas, restaurantes, cines, teatros subterráneos: la ciudad reproduce la vida en las modernas cavernas. Todo igual que en la superficie -hasta los falsos pájaros- pero un poco más gris.
Cuando el día languidece ahí abajo se dejan ver los restos del naufragio: hombres que leen periódicos a solas o garabatean en pantallas de ordenador o mordisquean sanwiches o van dando tumbos o se arrodillan para pedir limosna. Una cara poco agradable que asoma bajo el brillante envoltorio de la superficie, la de estas ciudades norteñas, modernas y frías, con mucho cristal y acero apuntando hacia arriba, tanto como galerías tenebrosas por donde deambulan hombres perdidos.
sábado, 21 de agosto de 2010
Canadá VI
Como el verano quebequés es corto aunque bueno y el invierno largo y muy frío las calles y plazas se llenan de tantas actividades como es difícil ver en otros sitios si no es en tiempos de festivales. El Cirque du Soleil que es originario de la ciudad ofrece dos espectáculos al mismo tiempo, uno de pago y otro ofrecido generosamente por el ayuntamiento de la ciudad para conmemorar no se qué. Sobre un puñado de silos en el puerto se ofrece una proyección de imágenes que relatan la historia de la ciudad y en una explanada donde tuvo lugar la batalla entre franceses e ingleses por el dominio del Canadá se hace un espectáculo de teatro con caballos.
La ciudad se divide en zonas separadas con públicos diferentes: turistas americanos y europeos, turistas asiáticos; jóvenes modernos y más clásicos, familias haciendo cola en los restaurantes y hombres solitarios.
viernes, 20 de agosto de 2010
Canadá V
La ciudad de Quebec está construida sobre una roca dura de color gris y vetas blancas desde la que se impone al enorme río San Lorenzo, cuyas aguas se deslizan mansamente desde el lago Ontario hasta encontrar el océano. Sobre la roca, un castillo construido a finales del XIX por la compañía del ferrocarril y el parlamento provincial se yerguen con añejas arquitecturas europeas.
La muralla de un fuerte ciñe la vieja ciudad y habla como en cualquier ciudad europea de batallas, honores, fundadores y reyes. Los franceses la fundaron, los ingleses los derrotaron y expulsaron, y más tarde, en la segunda mitad del siglo XX, los quebequeses de origen francés tomaron conciencia de su diferencia y ordenaron que toda vida se expresase en francés. Vino De Gaulle y gritó: Vive le Québec libre!
El turista visita Quebec como si estuviera en cualquier ciudad de Francia, con el aroma de los pequeños restaurantes, el silencio de las iglesias vacías, el bullicio del atardecer, un encanto apenas roto por el trasiego bamboleante y sonoro de los grupos de familias norteamericanas que buscan los clones de sus hoteles, de sus restaurantes y de sus avenidas.
Hasta en las murallas que fabricó la armada inglesa desentierran los quebequeses el palimpsesto de las anteriores murallas francesas y las encofran una vez rescatadas como apreciable tesoro de antigüedad.
jueves, 19 de agosto de 2010
Canadá IV
Mont Tremblant es un poblado construido de la nada para hacer del poco montañoso oeste de Canadá también un lugar para esquiadores. Es obra de nuevos ricos pero agradable, en la ladera de un pequeño monte y sobre la orilla de un lago. Quebec es un país plano, la altura máxima que alcanzan estos montes laurentinos -por el impresionante río San Lorenzo que da nombre a muchas cosas- no alcanza los 800 metros.
En Mont Tremblant han construido una pequeña pista de esquí y la sociedad que lo gestiona hace lo posible por atraer turistas en cualquier época del año. No parece que vaya a tener mucho éxito, pero la iniciativa privada no descansa. Dentro de la promoción ofrecen actividades de aventura gratuitas y espectáculos al atardecer.
Los amenizadores son un ejemplo de la sociedad monolingüe sin conflicto que se ha gestado en esta parte del país. El público es variopinto pero se maneja en alguna de las dos lenguas mayoritarias, así que los showmen las entremezclan con naturalidad. Si Ontario es abusivamene inglesa; Quebec es fieramente francesa; pero no la gente. La gente convive amistosamente, con la sonrisa a flor de piel. Como en cualquier otra parte del mundo es la clase dirigente la que crea normas artificiales, como el monolingüísmo, para reproducir y hacer indispensable su poder.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Canadá III
La cuestión de la identidad está a flor de piel en los canadienses. Como es un país joven por historia, por demografía y por el aluvión de gentes de muchas procedencias, los ideólogos de la cosa -Canadá- quieren conformar una identidad común que cale entre sus habitantes: un país con dos idiomas, con muchas etnias, garante de los derechos de las minorías -étnicas, sexuales, de género...- un país pacífico, multicultural.
Sobre la fachada del parlamento de Otawa proyectan esa ilusión con impecable factura técnica. Desfilan las etnias, las regiones, los atuendos, la escasa historia, los escasos muertos -1ª y 2ª guerras mundiales-, la amplia geografía, los contados artistas, novelistas, músicos, cineastas, uniendo los fragmentos con la urgencia de una voluntad ansiosa por coser esta casa grande que es Canadá. La maravilla técnica casa mal con la torpeza de los mensajes redundantes y el montaje se viene abajo antes de que llegue a su final por un fallo en el sistema de sonido. Inapelable llamada a la puerta de la realidad.
El centro de Otawa -la capital-, quiere ser histórico o parecerlo por lo que han ideado una arquitectura waltdisneana con edificios neogóticos que copian el ya anacrónico neogótico de las Houses of parliament londinenses.
Una identidad en doble pugna: EE UU, el poderoso amigo del otro lado de los grandes lagos, el mayor socio comercial con diferencia, con idéntico modo de vida, del que los canadienses dicen querer diferenciarse; Francia, que reclama sus derechos de primogenitura, con el arma del idioma, en Quebec. Se comprende la negación quebequesa: en Ontario, la otra gran provincia, la referencia a la herencia inglesa es agotadora: arquitectura, nombres de calles, figuras de la realeza, paisajes urbanos -cambio de guardia incluido-, hasta la bandera que, aunque adoptada una nueva -la hermosa de las franjas rojas y la hoja de arce- no hace mucho, sigue apareciendo por doquier.
martes, 17 de agosto de 2010
Canadá II
Canadá, en el nivel de las costumbres, es una copia de su gran vecino del sur. El mejor sistema para salir adelante es que cada cual pelee por sí mismo. Este sistema lleva a que la cosa pública sea raquítica y en cambio la iniciativa privada cubra campos que en Europa están a cargo del Estado: no hay universidades públicas, por ejemplo, -las privadas son muy buenas; el sistema de salud deja mucho que desear, así como el estado de las vías públicas. En cuanto es posible cada cual se construye una hermosa casa en las afueras.
Eso hace que el Estado llegue tarde a cosas que deberían estar a su cuidado. Las cataratas del Niágara, pongo por caso. Las cataratas, compartidas con EE UU es una belleza natural que debería ser parque nacional, especialmente protegido, pero los avispados individuos que vieron en ellas un negocio pronto construyeron en sus márgenes grandes hoteles y pequeños chiringuitos de modo que ya es tarde para preservar el sitio como un espacio sagrado. El visitante paga y paga atraído como las moscas por las luces de neón y los seguidos de la gran aglomeración.
lunes, 16 de agosto de 2010
Canadá I
Toronto, de casi cinco millones de habitantes, es una ciudad extensa al modo de las grandes ciudades de EE UU. Cuando el coche se extinga tendrá que adaptarse de otro modo. No son éstas como las ciudades europeas que nacieron como prolongación del caminar del hombre, son inabarcables, la ocasión del contacto humano es más precaria. Sólo en el downtown, junto a los rascacielos que ensombrecen las anchas y largas calles y algunas plazas, hay algo de margen para la ocasión, aunque no parece que puedan suceder muchas cosas ahí abajo como no sean atropellos por la escasa visibilidad de los pasos de peatones, que aquí no podrían llamarse pasos de cebra.
Toronto es una ciudad que ha crecido con prisa para convertirse en capital económica a medida que las restricciones lingüísticas de Montreal hacían que las grandes empresas buscaran un domicilio más seguro.
domingo, 15 de agosto de 2010
La balsa de piedra
Del mismo modo que hay unos pocos temas sobre los que damos vueltas y vueltas cuando concebimos un poema o una historia novelesca o damos suelta a una melodía, las imágenes que podemos abarcar también están limitadas por nuestra capacidad para ordenar el mundo. Vemos algo que nos parece nuevo y de inmediato nuestra memoria nos lleva a algo que se le parece, con lo que ya habíamos topado. A veces los fotógrafos se recrean en las evidencias produciendo monstruos, pero otras veces los ecos no son deliberados y el efecto es genuino.
Si nos fijamos con atención en estas dos imágenes, La balsa de la medusa del pintor Gericault y esta otra balsa de piedra del fotógrafo de la agencia AFP, hay muchas más coincidencias de las que saltan a primera vista.
Aunque hay una ausencia llamativa. En la fotografía de las inundaciones de Pakistán, la belleza de la imagen no da cuenta de los muertos que se cuentan por centenas.
Si nos fijamos con atención en estas dos imágenes, La balsa de la medusa del pintor Gericault y esta otra balsa de piedra del fotógrafo de la agencia AFP, hay muchas más coincidencias de las que saltan a primera vista.
Aunque hay una ausencia llamativa. En la fotografía de las inundaciones de Pakistán, la belleza de la imagen no da cuenta de los muertos que se cuentan por centenas.
sábado, 14 de agosto de 2010
Navegación a la vista
A cualquier libro bien escrito, donde el autor se haya propuesto contar alguna cosa que nazca de su experiencia, merece la pena echarle un vistazo, aunque sin la obligación de leer cada una de sus líneas. Los ensayos, las biografías, las memorias me resultan de interés, no así las novelas, a las que cada vez me cuesta más hincar les los ojos, y sólo en muy contadas ocasiones me atrapan hasta el final.Hay autores extravertidos y otros más intimistas, los primeros son descriptivos, cuentan lo que ven o lo que les pasa en su experiencia mundana, los segundos son reflexivos y tienden a ver el mundo como un lugar de goce o de dolor. Gore Vidal pertenece al primer grupo. Por el momento ha escrito dos libros de memorias -Una memoria y Navegación a la vista- en los que cuenta una vida de éxito. Ha triunfado como novelista, como guionista de cine, como actor -incluso ganó un premio en Cannes como director-, como comentarista de televisión y a punto estuvo de triunfar en la política; ha conocido a gente importante, como se decía en otro tiempo, ha vivido desahogadamente una vida larga y feliz; un burgués de la era triunfante de esa clase social. Todo eso lo cuenta con sosiego y un punto de ironía. Las anécdotas de las que sus libros están llenos nos distraen, aunque no ahonde en las historias dejándonos con las ganas de saber más y la ironía es tan fina que apenas hace sonreír, como si hubiera que formar parte del mundillo para captarlas.
Como escritor extrovertido hace un peinado suave por encima de la espuma de los días, sus puyas y chanzas, sus odios y amores son benignos, como en una comedia de Noel Coward, protagonizada por David Niven, y apenas entreabre la puerta de su intimidad. Sabemos que vivió fiel y feliz con su compañero, al que espera encontrar pronto si Caronte no se entretiene -de ahí el título de este último libro-, pero no da pie a entrever mayores intimidades como no sean las que se deriven de un par de consejos: no desaprovechar ninguna ocasión de acostarse con alguien -consejo que una vez dio pero del que ahora parece arrepentirse- y, en segundo lugar, amor y sexo mezclan mal, por lo que aconseja matrimoniar con la persona querida y libertad para buscar sexo en otro lado.
Como cualquiera de los autores extrovertidos tiene dificultades para penetrar en la psicología de los demás, quizá hasta en la propia, por eso, debido al mundo elitista en el que ha vivido, su memoria abarca el reducido mundo de los grandes de este mundo: presidentes, escritores, actores -la crème-, de los que habla y parece encontrarse a gusto, con los que de forma natural departe y convive, sin que la abundante nómina de personajes que cita tenga que verse como una exhibición, sino, al contrario, como una consecuencia de su natural aristocratismo, al modo de otro personaje que en España tuvo un cierto éxito en los años del felipismo, el marqués de Villalonga. Dos cosas me repugnan de su aristocratismo: su desprecio poco razonado por la gente de su clase que consecuentemente es de derechas y su porte izquierdista -liberal, dice él-, igualmente irrazonado, apoyando todas las causas del catecismo progresista, desde la Cuba de Fidel a la causa antiisraelí, pose que le sirve de contrapeso por haber disfrutado de una vida tan fácil y tan alejada del mundo real.
viernes, 13 de agosto de 2010
Una valiosa vida
Una bocanada de aire fresco, un puñetazo en el pecho, optimismo. Casi siempre se leen las mismas cosas y los escritores o periodistas se encasillan de tal modo que al segundo artículo ya no los quieres volver a leer, así que cuando alguno te hace pensar, porque ofrece un punto de vista novedoso sobre un asunto trillado, ese día se convierte en una fiesta. Así este artículo de Thomas L. Friedman sobre Israel. Luces, sombras y atrevimiento para pensar:
Acabo de ver un nuevo y extraordinario reportaje que, dirigido por Shlomi Eldar, corresponsal en Gaza del Channel 10 israelí, y titulado Una valiosa vida, narra la historia de Mohammed Abu Mustafa, un bebé palestino de cuatro meses que sufre una inusual carencia inmunitaria. (...) La crudeza de su crónica refleja el Oriente Próximo que yo conozco, lleno de una sorprendente compasión, incluso entre enemigos, y de una pasmosa crueldad, incluso entre vecinos. Escribo esto ahora porque en el aire se percibe algo nauseabundo.Lo contrario de este filósofo con plaza que escribe un largo para reprochar al respetable su insana persecución de la felicidad:
Si en la ideología clásica el subyugado por el mundo de la necesidad se refugiaba en el opio de la ilusión, ahora ocurre justo lo contrario: muchos que viven cómodamente miran de reojo simulado sus desgracias. Si un Molière redivivo tuviera que escribir su sátira, sería la del obseso de la felicidad que quiere parecer más infeliz de lo que es.
martes, 10 de agosto de 2010
domingo, 8 de agosto de 2010
Enterrar a los muertos
A veces el escritor tiene un tema interesante entre las manos y lo estropea. Aunque las causas pueden ser variadas, una muy común es el prejuicio, el punto de vista previo sobre el asunto que es incapaz de soslayar. Ignacio Martínez de Pisón se encontró con un asunto de gran interés en Enterrar a los muertos. La muerte del traductor José Robles, en 1937, durante la guerra civil. José Robles que trabajaba como profesor en una universidad de EE UU, la Johns Hopkins de Baltimore, vino de vacaciones a España con su familia en ese año y decidió quedarse para ponerse al servicio de la causa republicana. De sus traducciones se recuerdan, y aún se editan, las que hizo de los libros de John Dos Passos, Manhattan Transfer en particular. Por su facilidad para las lenguas, se le ofreció trabajo con los militares rusos que ayudaban a la República. Parece que, según cuenta Martínez de Pisón, la disputa entre los agentes de la NKVD y los militares rusos, en el periodo de las purgas del estalinismo, se lo llevó por delante sin dejar huellas.
La familia de Robles y el propio Dos Passos, incansable viajero por España, indagaron sobre el asunto, pero la omertá republicana impidió cualquier avance. El libro es interesante, está escrito alejado de cualquier énfasis, ofrece con éxito la atmósfera de aquellos años en Madrid, Valencia y Barcelona, describe la inacción de los responsables republicanos -Álvarez del Vayo, Negrín- ante la barbarie que se producía en su propio campo donde cada grupo político trataba de imponerse por la fuerza, comunistas y rusos enviados por Stalin, trotskistas, anarquistas, socialistas, republicanos. Sin embargo, Martínez de Pisón no es capaz de unificar en un relato bien estructurado toda la información recolectada. A veces parece que el libro esté compuesto por el método del corta y pega. Sin embargo, lo peor es el prejuicio. La necesidad que tiene de dejar claro, bastantes veces, que el republicano era el gobierno legítimo, la buena causa, y que el otro bando era el rebelde. No necesitaba hacer ese continuo acto de fe, pero parece que es el precio que muchos escritores tienen que pagar por atreverse a criticar los sucesos o las omisiones en el lado de la República. Podría haber hecho suya la frase con la que cierra el volumen, una frase de François Furet en El pasado de una ilusión: "Quien critica a Stalin está a favor de Hitler. El genio del georgiano consiste en haber hecho caer a tantos hombres razonables en esa trampa, tan simple como aterradora". Lo mismo sucede con respecto a los que escriben y hablan de la guerra civil. Criticar a la República no es estar a favor de Franco. Para los hombres razonables de esta y de cualquier época la verdad está por encima del éxito de las ideas que defienden. No se defiende una causa justa ocultando aquello que puede hacer daño a la causa -un drama que ha corroído las ideologías obreristas del XIX y el XX-, al contrario, la verdad es la que despeja el camino.
La familia de Robles y el propio Dos Passos, incansable viajero por España, indagaron sobre el asunto, pero la omertá republicana impidió cualquier avance. El libro es interesante, está escrito alejado de cualquier énfasis, ofrece con éxito la atmósfera de aquellos años en Madrid, Valencia y Barcelona, describe la inacción de los responsables republicanos -Álvarez del Vayo, Negrín- ante la barbarie que se producía en su propio campo donde cada grupo político trataba de imponerse por la fuerza, comunistas y rusos enviados por Stalin, trotskistas, anarquistas, socialistas, republicanos. Sin embargo, Martínez de Pisón no es capaz de unificar en un relato bien estructurado toda la información recolectada. A veces parece que el libro esté compuesto por el método del corta y pega. Sin embargo, lo peor es el prejuicio. La necesidad que tiene de dejar claro, bastantes veces, que el republicano era el gobierno legítimo, la buena causa, y que el otro bando era el rebelde. No necesitaba hacer ese continuo acto de fe, pero parece que es el precio que muchos escritores tienen que pagar por atreverse a criticar los sucesos o las omisiones en el lado de la República. Podría haber hecho suya la frase con la que cierra el volumen, una frase de François Furet en El pasado de una ilusión: "Quien critica a Stalin está a favor de Hitler. El genio del georgiano consiste en haber hecho caer a tantos hombres razonables en esa trampa, tan simple como aterradora". Lo mismo sucede con respecto a los que escriben y hablan de la guerra civil. Criticar a la República no es estar a favor de Franco. Para los hombres razonables de esta y de cualquier época la verdad está por encima del éxito de las ideas que defienden. No se defiende una causa justa ocultando aquello que puede hacer daño a la causa -un drama que ha corroído las ideologías obreristas del XIX y el XX-, al contrario, la verdad es la que despeja el camino.
viernes, 6 de agosto de 2010
Origen (Inception)
Al cine le quedan las palomitas, es decir, la HD, el 3D y toda la parafernalia tecnológica, el espectáculo. Cine y parejas jóvenes, McDonald's y palomitas. Siempre ha existido ese componente de entretenimiento en el cine, pero si duró y alcanzó el espacio y popularidad que logró durante el siglo XX fue porque había algo más, porque se convirtió en el mejor medio para explicar la realidad del siglo, las emociones, las angustias, las esperanzas, los deseos. Las películas actuales sólo hablan de todo ello como un eco, utilizando el código elaborado por los grandes del pasado, para envolver el producto, pero sin avanzar un milímetro en la profundidad -quizá no sea la palabra adecuada- del hombre contemporáneo. Durante unos años sobrevivirá la industria produciendo pelis de usar y tirar. Es el caso de Origen (Inception), esta peli de Christopher Nolan que ahora se estrena. Intensa, absorbente, todo acción, con una idea sencilla pero con una trama compleja y un montaje en consonancia, en la línea de 2012, pero mucho mejor hecha, con la misma intención de entretener, de aferrar al espectador a la butaca durante casi 150 minutos, pero igualmente para olvidar tan pronto como se salga de la sala de proyección.El protagonista, Leonardo DiCaprio, y el mcguffin, los sueños, son los mismos que en esa otra peli estrenada hace unos meses, Sutter Island, de Martin Scorsese, más pretenciosa ésta y más trabajado el guión, con más referentes cultos, pero no por ello más veraz o más útil. No tiene mucho sentido decir de qué va Inception: ideas que se roban o se introducen en la mente a través de los sueños, empresas que se espían, confusión entre la realidad y los sueños, una excusa como otra para la acción trepidante y la complejidad del montaje, que llega a un barroquismo pocas veces visto. Si la producción cuenta con todos los medios, dinero, tecnología y personal el producto puede presentar un acabado como el del vehículo más seductor o el artilugio electrónico más deseado recién salidos del horno. Pero los Fellini, los Buñuel o los Ford actuales hay que buscarlos en otro sitio. Aunque los creadores actuales no están en la dirección sino en la escritura de los guiones.
martes, 3 de agosto de 2010
Ni un solo coche en la ciudad
Una frase que se suele decir con gran petulancia es, ¿por qué nos quieren engañar?, como si quien la pronuncia estuviese al cabo de la calle y listo para que nadie pase por encima de su independencia o pisotee su libertad. La verdad es que nos engañan una y otra vez y casi siempre nos relamemos con satisfacción cuando caemos en cualquiera de sus trampas.
El automóvil fue un invento útil cuando sólo lo podían consumir los ricos. Como en las pelis, como en las novelas de la época, la gente en la calle admiraba y aplaudía la elegancia, la limpieza, el dolce fare niente de los ricos, cuya vida consistía en mostrarse y entretener el ocio de los pobres y de vez en cuando soltar una moneda. Como hoy, más o menos, con la diferencia de que lo que hoy se espera es ver su fracaso, sus lágrimas o cómo se estampan contra el muro. El automóvil por tanto se convirtió en un signo de medro hasta que su abundancia lo convirtió en banal y en un estorbo para la vida. Su decadencia es coetánea del final del cine y de la novela. La aristocracia nos resulta risible y la vida burguesa que se creyó generalizable en un riesgo mortal para la vida en el planeta. Pensaba yo que la crisis económica aceleraría la desaparición de ese artefacto de nuestras vidas, pero nadie, ninguna opción política ni intelectual, tiene entre sus propuestas la erradicación del automóvil. Como el carro está destinado a los museos etnológicos. Mientras eso no ocurra la vida de la gente en las ciudades es una vida degradada.
Los políticos con su incapacidad -ligada a los intereses empresariales de que dependen para seguir ahí- para detectar los problemas reales promueven nuevas formas para llegar al colapso de las ciudades. Primero los coches que no necesitan carnet y ahora el coche eléctrico, esa engañifa. Los coches eléctricos no tienen autonomía para los grandes viajes, por lo que sólo valen para la ciudad colapsada. Aunque curiosamente al mismo tiempo promueven la peatonalización. Un partido valiente promovería la erradicación del coche de la ciudad y su sustitución por servicios públicos: metro, tranvías y autobuses eléctricos y mucha bicicleta. Como antes en la minería del carbón, dedican ingentes cantidades de dinero a subvencionar proyectos de las automovilísticas con la excusa de mantener empleos y de promover revoluciones tecnológicas. Quizá lo que ocurra en realidad es que los sistemas de representación política, creados por la burguesía del XIX, estén tan obsoletos como el cine, la novela y el automóvil.
lunes, 2 de agosto de 2010
Recaudar, recaudar, recaudar
Las concesionarias de autopistas españolas no establecen precios de peaje de acuerdo con el nivel de precios y salarios del país. Al contrario son bastante más caros que en los países vecinos. ¿Qué lo justifica? Tampoco dotan a sus autopistas de áreas de servicio suficientes y dignas: mesas, sillas, agua, servicios, árboles, sombra. Tampoco tienen las autopistas españolas tres carriles por sentido, salvo en tramos excepcionales, característica que diferencia a una autopista de una autovía. Luego está la señalización vertical y horizontal, la calidad del asfalto, las medianas, la radio de tráfico. Cualquiera puede constatar las diferencias atravesando la frontera. ¿Vigilan los gobiernos central o autonómicos las obligaciones inherentes a la concesión a cambio de los precios abusivos que cobran? ¿Establecen algún tipo de contraprestación a cambio de la increíble prolongación de las concesiones? Pasan los años y la respuesta sigue siendo no, no vigilan , no exigen, paro sí prolongan las concesiones. Los gobiernos, al menos los actuales, hablemos del tripartito catalán o del socialista de Madrid, no se ocupan de la gestión pública, de los intereses generales; sus intereses son más elevados. Así se comprende la facilidad con la que las empresas españolas del ramo se hacen con concursos internacionales: ¡su increíble acumulación de capital en un país de medio pelo!
Se quejan las empresas productoras de electricidad de que el precio que cobran está muy por debajo del coste de generación. ¿Por qué no hablan de las ingentes subvenciones que con el dinero de nuestros impuestos se han embolsado a cuenta de las llamadas energías alternativas?
Dicen las autoridades de la cosa que la modificación de las normas de tráfico se hace por el bien de los usuarios de la vía pública, que el suyo no es afán recaudatorio. Si se traspasan las fronteras y se ve cómo se cuida a los ciclistas en otros países se hace evidente la facilidad con la que nuestras autoridades mienten.
Mentiras que no tienen ningún coste.
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