martes 30 de noviembre de 2010

Wikileaks hace que ZP se ponga de pie y luego se incline


Divertido, además de triste y patético, comprobar la irrelevancia de estos líderes, gallitos en los mítines, en la negociación y en la imposicicón de sus políticas de cara adentro, pero enanitos ante el embajador de los EE UU en Madrid.

Los documentos de wikileaks no son una gran novedad, al contrario lo que demuestran es que la diplomacia norteamericana ya no es lo que era en el siglo XX, ahora sólo usa palabras y muy educadas, por no hablar de las causas y los efectos buscados de la revelación. ¿Quién ha echado los papeles al aire?, ¿con qué objeto?, ¿relanzar debates interesados, por ejemplo, dejar con el culo al aire a determinados países o líderes mundiales? ¿Que papeles siguen siendo secreto de Estado y no se han entregado a wikileaks? No parece que EE UU salga mal parado de la operación.

Sin embargo viene bien que se hagan públicos para desmontar la insufrible propaganda de los mítines y de las teles donde nuestros enanitos se muestran como gigantes michelin:
"Se me está acabando la paciencia ante los comentarios tan desleales del PSOE y sus aliados sobre EE UU",
les dijo el embajador Aguirre en 2007. Quería frenar las críticas ante la guerra de Irak y frenar los procesos en La Audiencia Nacional. Cuál fue la respuesta de nuestros enanitos: Zapatero nunca más se sentó ante el paso de las tropas americanas; el gobierno hizo llegar a EE UU su rechazo a una investigación judicial sobre Guantánamo; Conde-Pumpido, fiscal general, y varios fiscales de la Audiencia comunicaron a EE UU su deseo de cerrar los casos comprometidos (la muerte del cámara gallego José Couso en Bagdad, el traslado ilegal a Guantánamo de supuestos terroristas en aviones que hicieron escala en España). Pues eso, qué poquita cosa. Lo peor que le puede suceder a un líder, que de él se diga que es un déspota con los débiles y sumiso con los poderosos.

lunes 29 de noviembre de 2010

Temístocles o el incierto destino de los héroes


Jerjes, sentado en el trono de oro que se ha hecho instalar en un promontorio de la costa ática, se dispone a contemplar el espectáculo de la victoria de su irresistible fuerza naval sobre la armada griega. Durante días ambos contendientes han estado jugando al gato y el ratón. La flota persa, compuesta por los mejores trirremes de los súbditos de su imperio: fenicios y cilicios, carios y jonios, espera la ocasión para combatir en mar abierto. La flota de los aliados griegos: corintios y atenienses, peloponenses y eginenses, se ha guarecido en los entrantes que el Egeo abre en la costa de Salamina, esperando, con ayuda de algunas artimañas, que los persas se atrevan a entrar en el canal que separa la isla de Salamina de la costa continental.

Ya ha habido alguna escaramuza frente al estrecho Artemisio, en la punta norte de Eubea, donde la flota de Jerjes ha sido burlada, al mismo tiempo que los 300 espartanos de Leónidas se sacrificaban inútilmente en las Termópilas, tras una furiosa tormenta que la ha diezmado, pero la armada del Rey de Reyes sigue siendo inmensa y desalentadora para cualquier griego que como Temístocles no tenga una fe ciega e insensata en sus posibilidades. El Rey de Reyes espera invadir el Peloponeso y destruir la indómita Esparta del mismo modo que acaba de hacer con Atenas, que aún humea, tras recibir la afrenta diez años atrás de Maratón. Temístocles, el político ateniense, había tenido que convencer a la Asamblea con su gran talento para la persuasión de cuál era la mejor forma de derrotar a los persas: construir una gran flota. Para ello, forzó a sus conciudadanos a enviar al exilio a sus oponentes, entre ellos Arístides, y utilizar la plata de las recién descubiertas minas de Laurión en la construcción de los barcos.


La temporada anual de guerra estaba llegando a su fin aquel 29 de septiembre del año 480 a. C. Jerjes no podía esperar más. La estancia de aquel enorme ejército sobre suelo griego estaba resultando demasiado onerosa para las polis sometidas o aliadas y el suelo ático esquilmado no daba más de sí. Así que cuando, contra la opinión de alguno de sus almirantes como Artemisa de Halicarnaso, tomó la decisión de entrar en el estrecho y atacar a los menos numerosos y desavenidos griegos sólo cabía esperar una aplastante victoria. Pero no fue eso lo que Jerjes contempló desde su promontorio. Vio cómo sus capitanes se precipitaban en el ataque, se estorbaban unos barcos a otros y pronto cundía el desorden, el ataque se tornó en desbandada y los griegos de atacados en perseguidores.

Jerjes se retiró de Grecia, cruzó el Helesponto y tornó a Sardes y después a Susa para pasar el invierno. A cargo de un ejército menos numeroso pero mejor armado dejó a Mardonio, que a pesar de sus grandes dotes también sería derrotado en Platea en el verano siguiente. La estrategia de Temístocles, que siendo joven había combatido en Maratón, se había demostrado ganadora. Había tenido que convencer a los atenienses de que abandonaran su ciudad, que sería saqueada y destruida, pero los aliados tardaron en reconocérsolo. Tras de la derrota definitiva de los persas en Platea y Micala, los griegos, por fin, le rindieron honores, aunque por poco tiempo, pues, como antes le pasara a Milcíades, el vencedor de Maratón, que recibió una fuerte multa, fue enviado al exilio. Los griegos no soportaban la arrogancia, ningún ciudadano era superior a otro. Cada año escribían un un nombre en el ostrakon, un trozo de cerámica, y enviaban a alguno de sus líderes al exilio. Temistoclés se refugió en Argos, siendo declarado traidor a Atenas, y sus propiedades confiscadas, y más tarde huyó a suelo de su antiguo enemigo, el Rey de Reyes, acabando como gobernador del imperio en Magnesia. Los historiadores disputan sobre si murió de forma natural o se suicidó cuando recibió la orden del Rey de Reyes de atacar a sus compatriotas.


Esto lo cuenta Tom Holland en su Fuego Persa, un libro que comienza algo renqueante, explicando los inicios del imperio persa, quizá por la poca información disponible, pero que se torna brillante y ameno cuando explica, quizá con excesivo dramatismo -Salamina la mayor batalla naval de la historia, donde se jugaba el destino de toda Europa y de la civilización occidental-, cómo los griegos, que acababan de poner en marcha un sistema político novedoso, la democracia, fueron capaces de derrotar a un enorme imperio.

Holland describe con detalle y técnicas novelescas las disputas entre griegos, las intrigas, el espionaje, la lucha por el poder, la vida cotidiana en Esparta y Atenas, la educación, el papel de la mujer, la pompa y el boato de la corte persa. Su narración de las grandes batallas de las guerras médicas es trepidante, diáfana y ágil, pero no se inventa nada, sigue paso a paso las fuentes clásicas y las controversias entre historiadores, con un estilo que supera con creces al de los mejores escritores.

domingo 28 de noviembre de 2010

La desafección de Cataluña


Uno de los mantras de Montilla ha sido lo de la desafección de Cataluña con respecto a España por la cuestión de l'Estatut. Efectivamente, llegada la hora de mostrar su desafección, los electores catalanes se han mostrado desafectos. ¡Y de qué manera!


1. PSC: 9 escaños menos, 220.000 votos menos; 8,63 % menos.
2. Los partidos del tripartito sumaban en 2006 el 50,37 de los votos. Hoy el 32,7.

3. El Partido Socialista obtuvo en 1999 1.183.299 votos. En 2010, 569.480.
4. Tras los cientos de referenda por toda Cataluña de los meses pasados: El independentismo parlamentario tenía en 2006, 21 escaños. En 2010, 14.
Y la suma de CiU y los independentistas sumaba 81 escaños en 1992. Hoy suma 76.

Por cierto, ¿por qué reía tanto la ministra Chacón durante el discurso de Montilla?

El plan de rescate de Irlanda: erróneo, inútil, injusto

Pensando en lo que puede suceder con España, un artículo que todo el mundo debería leer, La bancarrota necesaria. Lo extracto:

El escabroso plan de rescate propuesto para Irlanda es un sinsentido. Intelectualmente erróneo, es inútil en sus objetivos, injusto en su reparto de costes y la semilla de futuros problemas. Y lo que es peor, existe una alternativa mucho más sensata.

El plan es intelectualmente erróneo porque: Uno, porque el coste del rescate compromete las finanzas públicas más allá de cualquier nivel de prudencia. Dos, porque la experiencia histórica que se cita para justificar esta locura viene de un periodo donde la banca nacional era clave para el funcionamiento de una economía. No es el caso hoy. Las grandes entidades financieras internacionales, muchos de ellas presentes en la isla, estarían encantadas de sustituir como intermediarios a Bank of Ireland, Allied Irish o Irish L&P si estos fueran insolventes.
El plan es también inútil. Primero, porque socava los incentivos del sistema económico en sus cimientos fundamentales. La economía de mercado se basa en la responsabilidad, para lo bueno, las ganancias, y para lo malo, las pérdidas. Por tanto es inaceptable que los acreedores de los bancos irlandeses no sufran las consecuencias de sus malas inversiones. Segundo, peor aún, el plan “condena” a Irlanda a un periodo de ajuste fiscal brutal sin garantía alguna de éxito.
El plan es injusto porque no existe motivo alguno para que el contribuyente irlandés satisfaga deudas contraídas entre dos partes privadas, incluso admitiendo los errores gravísimos cometidos por su gobierno durante los últimos años. Y no hablamos de pequeñas cantidades: la socialización de las pérdidas va a caer sobre el contribuyente irlandés de forma despiadada.

La alternativa es, creemos, más sencilla: la ayuda financiera ofrecida por el mecanismo de estabilización podría utilizarse para llevar a cabo una restructuración ordenada (por supuesto, con pérdidas para los acreedores) de la deuda bancaria, con una garantía formal de los depósitos individuales (y nada más que los depósitos) para evitar el pánico bancario. Esto permitiría amortiguar el ajuste, calmar a los depositantes, castigar a tanto acreedor irresponsable y devolver Irlanda a una senda de crecimiento sostenida sin la losa de la deuda que el plan actual garantiza.
(Jesús Fernández-Villaverde, University of Pennsylvania y FEDEA. Luis Garicano, London School of Economics y FEDEA. Tano Santos, Columbia University y FEDEA).

sábado 27 de noviembre de 2010

Alcalá bajo la lluvia

No es lo mismo pasear por Alcalá bajo los soportales de su calle principal un día lluvioso que bajo el sol abrasador del verano castellano. La lluvia la disfraza de misterio las casas de piedra y las galerías de madera y esconde desconchones y el polvo que los siglos han acumulando. El centro de Alcalá conserva algunas cosas de cuando tuvo fama, aunque ahora se ve mucho artificio de restauradores y mucho deseo de agradar a los turistas.


Es difícil entender, y no encadenar una serie de bostezos durante la explicación, el afán de los guías locales por ensalzar a sus ilustres vecinos, por más que su papel en la historia no siempre sea tan limpio como los ojos de los que por vez primera pisan la ciudad. ¿Por qué no relatan sin hojarasca la historia, o señalan los lugares de paso de sus personajes famosos o los reyes o batallas que allí hubo, sin que se les pida la historia de pobres y ricos y de revueltas o revoluciones? Si tienen un personaje famoso le sacan brillo y se lo pinchan en el pecho como escarapela.


La casa que dicen de Cervantes, probablemente de una tía suya, no puede tener una huella importante del escritor, porque, nacido en 1547, cuatro años después su padre Don Rodrigo, cirujano barbero de escasos ingresos y poca consideración social, y familia ya estaban en Valladolid y al poco en Córdoba y luego en Sevilla.


Su personaje más famoso es el cardenal Cisneros y su obra, la que puso a Alcalá en el mundo, la Universidad Complutense (1499). Es lógico que estén encantados con él y con ella, que se haga silencio ante la gran fachada renacentista que proyectó el que fue regente de Castilla, para dar empaque a la universidad. Todo son loas. Pero nada se dice del relevante papel que Cisneros tuvo en uno de los baldones de la historia de España, la expulsión de los judíos o la solución al problema morisco. Cisneros llegó a Granada en 1499 y propuso a los musulmanes de la península la conversión o la expulsión. Encarceló a muchos, siendo el Tercer Gran Inquisidor, como medida de presión, incautó sus libros e hizo una gran pira. De ese modo consiguió una conversión masiva, pero también una revuelta en las Alpujarras que fue contestada con gran degollina.



También podrían vanagloriarse los complutenses, por Complutum, la ciudad romana, de la Catedral Magistral, obra igualmente de Cisneros, tan deteriorada como consecuencia de los sucesos de la guerra civil y ahora restaurada.

Dejarse llevar por las explicaciones de un guía tiene cierto interés para quien le gusten los chascarrillos y la historia de trazo grueso, pero yo prefiero dejarme llevar por el trazado de las calles, la llamada de una iglesia, el capitel de una columna desplazada de su lugar original o, en este tiempo, el calorcito que desprende una máquina de café en marcha. También poner el oído en las conversaciones del lugar puede tener su premio.

viernes 26 de noviembre de 2010

Savater, una vez más

Me hubiera gustado escribir un artículo como este, La evolución de Savater, porque al hacerlo estaría homenajeando al personaje y al mismo tiempo contando lo que ha sido de mí durante estas décadas. No siempre he coincidido con Savater, pero me identifico en general con su cambiante trayectoria. Como recuerda el articulista, en frase del propia Savater:
"Cada hombre se parece más a todos los hombres que a ese arbitrario y simple fantasma que llamamos él mismo".
A veces dudamos de que seamos nosotros los que vamos cambiando y lo atribuimos a la mutante realidad, pero si uno mira en la distancia puede sentirse orgulloso de no permanecer como una estaca en medio del camino, aunque también lamentemos muchas de las cosas que dijimos e hicimos en otro tiempo.

Cómo no estar de acuerdo y asumir como propio aquello que Savater escribiera en 1984:
"En cuanto adopto con cierta determinación un punto de vista, comienza a tentarme con fuerza la opción opuesta y soy más sensible que nunca a sus encantos persuasivos. Esta propensión a encarnar la quinta columna de mí mismo no me evita los furores de la toma de partido, pero, en cambio, me priva del dócil nirvana de la afiliación...". 

jueves 25 de noviembre de 2010

Problemas de visión


Si la realidad no concuerda con nuestros deseos, pues nos la inventamos.

Es tanto el deseo que el columnista del periódico, Lluís Bassets, tiene de que el declinar americano se confirme que después de enumerar los rincones del mundo donde América ya no manda va hasta Corea y escribe:
Los cañonazos entre las dos Coreas nos recuerdan que aún es posible una guerra como las de antes.
Repaso las informaciones de los últimos días, me froto los ojos para mirar de nuevo la frase, y no hay manera, no veo intercambio de cañonazos por ningún lado. ¿La falsedad del primer sintagma será condición para que el deseo más o menos enmascarado que aparece en el segundo se haga realidad?

Parecidos problemas de desajuste ocular tiene la ministra Jiménez que para justificar su silencio o cobardía o indeterminación política ante Marruecos va al Parlamento y dice:
"Hoy empezamos a tener una visión más clara y adecuada de lo sucedido. ¿Dónde ha habido más víctimas mortales?. Por lo que vamos sabiendo, 11 en el lado marroquí y dos en el lado saharaui. Cualquier víctima merece igual reconocimiento y protección". 
Qué importa la secuencia de los hechos, la desproporción de la fuerza o la justicia de la causa. ¿Buscará en la cuestión del número la justificación para la inacción del importante departamento de exteriores que dirige?

A lo mejor es que, como dice, Joan Herrera, el candidato ex comunista en la elecciones catalanas,
Ha faltado un relato de izquierdas de lo que se ha hecho en siete años
Si se miran los resultados de las políticas que la izquierda ha aplicado en Cataluña y en España durante esos siete años -y no ha habido otras políticas- y el problema es cuestión de relatos, ¿qué quiere decir Herrera, que los políticos de izquierdas no han sido muy buenos engañando al personal o que deberían mutar su condición de malos políticos por la de aprendices de novelistas?

miércoles 24 de noviembre de 2010

Creadores de conformismo social


Probablemente ya no se fabrica el consenso como se hacía en las décadas pasadas. La prensa ya no tiene el poder que tenía y la tele se ha fragmentado de tal modo que los telediarios carecen de fuerza coercitiva. Sin embargo los que están encargados de la cosa actúan como si nada hubiese pasado y la mente de los ciudadanos fuese igualmente moldeable. Las nuevas generaciones de españoles son más cultos, más versados en nuevas tecnologías, más escépticos, lo que se traduce de momento en abstención y cansancio.

El ejemplo de la portada digital del periódico que aun se presenta a sí mismo como periódico de referencia. Al asociar Rivera, el candidato de ciutadans, con el Tea Party -es irrelevante al efecto que él diga que no tienen nada que ver- quiere hacer cundir la idea que transmite la élite sociopolítica catalana, que ese partido es de derechas, o fascista o cualquiera de las descalificaciones que sirven para desacreditar a quienes se opongan el consenso catalán.

Será reseñable para futuros estudios sobre el tema de la pérdida de confianza de los españoles en la prensa cómo la redacción del periódico en Barcelona, -y muchos de sus directivos en Madrid, tanto en El País como en la Ser o en Cuatro-, se ha entregado al grupo dominante nacionalista de Cataluña, despreciando al resto mayoritario de la sociedad. Algún día se enterarán del cómo y el porqué de la perdida del aura que el periódico tuvo. Lo mismo les sucede al resto de los grupos mediáticos españoles, divididos en dos tendencias políticas, que han perdido su capacidad de influencia y con ella, a pesar del chorro de dinero público que les mantiene, la posibilidad de poder mantenerse vivos durante mucho más tiempo.
Una mayoría de ellos [de los españoles], en la misma encuesta, dice que los medios les informan de los acontecimientos de una manera confusa y desordenada (de nuevo, para ser exactos, el 68,1%). Claro que el dato es inquietante. Pero, una vez más, la expresión de desconfianza puede ser el punto de arranque de dos conductas muy distintas. Una es refugiarse en el victimismo: no nos informan. La otra es buscar la información.

martes 23 de noviembre de 2010

Democracia catalana


Por supuesto, la democracia no puede tener adjetivos. Cuando los tuvo, fue indicio de perversión, manipulación o pantomima. Cuando apareció como democracia orgánica o democracia popular fue evidente que la democracia no existía como tal, pero incluso en avatares más benignos como democracia cristiana o socialdemocracia el intento de dirigir o de organizar la sociedad al gusto de un grupo ideológico ha distorsionado las instituciones públicas.

En Cataluña, un reciente estudio sobre actitudes y opiniones muestra la orientación de fondo de la población:
Una amplia mayoría de catalanes muestra buena disposición a la solidaridad interterritorial. La gran mayoría (67%) manifiesta su acuerdo con la idea de que hay que transferir dinero desde las zonas más prósperas a las que lo son menos para asegurar que todos tengamos niveles similares de servicios públicos. Una mayoría aún mayor (74%) considera que el Gobierno de España debe intervenir para reducir las diferencias entre sus distintos territorios.
Seguro que quienes no conozcan la realidad social de Cataluña se sorprenderan, pues se acostumbra a pensar que Cataluña es lo mismo que su élite y dan por hecho que lo que exige, por ejemplo, su clase política -el reciente Estatut- o los líderes nacionalistas -un régimen fiscal privilegiado de "concierto económico" o "cupo" como del que, poco solidariamente, gozan Navarra y País Vasco- lo quieren todos los catalanes.
Si los catalanes expresan una buena disposición a la redistribución, ¿por qué una parte de su clase política insiste en querer reducir las transferencias de recursos? Sin ser la única causa, la evidencia disponible señala hacia un factor dominante: la diferencia en creencias, valores y sentimientos nacionales entre la élite política y la ciudadanía.
Si los asuntos catalanes aparecen de forma tan distorsionada en los medios de información y en el debate público es porque
una parte relevante de la población catalana (en torno a un 26%) rechaza la mencionada solidaridad interregional. Se trata del sector que menos se identifica con España. Un sector que, pese a ser minoritario, posee una influencia desproporcionada: no solo surte la mayor parte de dirigentes y cuadros medios de la política catalana, sino que está mucho más movilizado en las urnas, en la calle y en el tejido asociativo, verbigracia, la masiva concentración contra la sentencia del Tribunal Constitucional por su sentencia sobre el Estatut.
La democracia catalana, es decir, una democracia que tiñe toda actividad pública de nacionalismo, consigue que acallada por una abrumadora minoría, la inmensa mayoría apenas hace oír su voz.

Un par de ejemplos que proceden de la actual campaña electoral catalana.
En el reciente debate entre candidatos, el muy minoritario Albert Rivera comenzó a hablar en castellano, Artur Mas, el candidato de convergencia le respondió:
«Fíjese si somos tolerantes que usted habla en castellano en la televisión nacional de Cataluña y no pasa nada.»
De ese modo le decía dos cosas, nosotros, los dueños de la cosa, marcamos las reglas de juego y damos títulos de catalanidad. La democracia adjetivada sustituye ciudadanía por catalanidad.

El otro ejemplo tuvo lugar en la universidad. Rivera daba un mitin. Antes de que comenzase el acto, un joven irrumpió en la sala y le llamó fascista y a la salida le esperaba un grupo de unos 30 jóvenes con una pancarta en la que se leía "En la universidad y en la calle, en catalán", al tiempo que le gritaban "fuera fascistas de la universidad".

Esos son los modos que tiene la minoría, ese 26% señalado, de impedir que la mayoría manifieste su criterio con libertad y lo convierta en acción política, es decir, de que la democracia funcione sin adjetivos: la imposición desde el poder y el amedrentamiento. Democracia catalana.

lunes 22 de noviembre de 2010

Peña Tremaya


El sol encuentra un resquicio y su calor parece un milagro en este día castellano que los partes de guerra anuncian como muy lluvioso. Es una alegría inesperada y breve que dora esta villa barroca de Alar del Rey, que no se sabe si debe su nombre al rey que la fundó, Felipe IV, o a la celebración de otro rey, San Luis Rey de Francia, porque ingenieros francesas fueron los que aquí, sacando el agua del Pisuerga, iniciaron la construcción del Canal de Castilla.


Un poco más arriba, pasado Cervera de Pisuerga, pronto se verá que es un espejismo, que la brecha se cierra y los cielos se opacan como un extenso casco de acero sobre los montes de la comarca, entre ellos, gran ironía, la Peña el Sol. Ya antes de ponerse a caminar, junto a la cruz de madera que bendice al caminante, en Celada de Roblecedo, el cielo se esponja y deja caer una lluvia fina, no demasiado molesta, que nos acompañará toda la jornada.


El camino que seguimos bordea herbazales y praderas donde pastan vacas y caballos y atraviesa bosques de robles, hayas y avellanos que ya han dejado en el suelo su dorado esplendor. Ya no se puede hablar de otoño en estas fechas, aunque no arrecie el frío, la lluvia empapa la hojarasca a punto de putrefacción.


Un estremecimiento recorre la espina dorsal cuando los colores chillones de los chubasqueros de los senderistas se pierden ladera arriba. Las varas de los avellanos medio desnudos se retuercen y enmarañan y el reflejo blancuzco de la corteza de los robles tiñe el bosque con una luz fantasmagórica; el bosque es un salón alfombrado dispuesto para un cónclave de gnomos o un aquelarre cuando llegue el atardecer. Las propias pisadas parecen ecos sordos de las criaturas al acecho.


Pero es al llegar al Collado de Valsemana, cuando, a través del vallado de postes que la lluvia ennegrece y de alambre retorcido, aparece ante los incrédulos ojos un paisaje que sólo se creía posible en algunos cuadros de Patinir o de algún pintor romántico alemán. Un foco de luz transparente, a la derecha, lejos, ilumina una cima, los picos de Europa al fondo, medio cubiertos por nubes oscuras y delante, en el centro, la Peña Tremaya, plateada y húmeda.



Los persas amaban dos cosas, el ejercicio militar y la botánica. En sus ratos de ocio cultivaban jardines, parques y huertos, hacían injertos y premiaban a los campesinos que lograban los frutos más llamativos. El propio Rey de reyes esa un jardinero entusiasta. De un campesino que había presentado una hermosa granada se decía que había ascendido a jefe de una ciudad, pues cómo no podría alguien capaz de hacer crecer aquella fruta lograr que una ciudad prosperase.  


Paradaida llamaban los persas aquellos parajes de tanta belleza; los griegos convirtieron la palabra en paradeisos y paraíso os lo que parece la vista que se abre desde el collado. Vendremos otro día, con sol o con los laderas nevadas, y el paraíso se habrá esfumado o será otro paraíso bien distinto.


Al pie de la Peña Tremaya se abre un camino tallado en la roca que asciende a la cima. Es empinado y resbaladizo; hay que afirmarse en los bastones si se quiere contemplar con seguridad los picos, las peñas, las horcas y los villorrios que cuelgan de las laderas de pastos, y abajo un hilo de plata serpea entre los campos, al poco de nacer, el río que en Alar nutría el Canal de Castilla, el Pisuerga.


La vuelta, siguiendo el curso del Pisuerga, no es tan divertida, la senda pronto se convierte en un barrizal que llega a la rodilla. No hay modo, entre el cercado y el río, de encontrar piso firme.


Pasamos por una pradera donde las vacas nos observan burlonas y luego otra vez por el bosque de robles y hayas que tras el cansancio, la lluvia y el barro ha perdido su misterio, para descender con más agua y más barro al punto de partida.

domingo 21 de noviembre de 2010

Susana García tenía 14 años cuando mataron a su padre

Susana García tenía 14 años cuando mataron a su padre en Baracaldo el día de la cabalgata de Reyes. Su padre era dueño de una cafetería.
Tres días después de que ETA le matara al padre a tiros, Susana entró en clase. Nadie se quiso sentar a su lado. A su alrededor había una U de pupitres vacíos.
«Me dejaban papelitos riéndose encima de la mesa.Metían esquelas con mi nombre en el buzón de casa... Mi hermano no paraba de llorar. Yo me hice de piedra».
–Que se joda. –Mira, ahí va la hija del hijo puta ese que se han cargado.
«Fue como cuando a Moisés se le separaron las aguas. A medida que andaba por el pasillo, los compañeros se apartaban. Se daban con el codo y decían: ‘Si tu padre ha muerto, tú también’... Nadie más me volvió a dirigir la palabra.Mi hermano, de 17 años, se quedó sin su círculo de amigos. Yo me quedé sin el mío. Desde entonces íbamos siempre los dos solos. Aprendimos que allí sólo nos tendríamos el uno al otro».
«En Interviu publicaron un reportaje sobre ultraderechistas vascos. Pusieron el nombre de mi padre, la cafetería que regentaba, la dirección y hasta la matrícula del coche... Mi padre no era ultra, pero dio igual. Los alrededores de la cafetería se llenaron de pintadas donde se leía ‘asesino’. Cambió mucho. Estaba siempre pensativo y solo. No quería que estuviéramos con él».
Ese reportaje les cambió la vida. Ya jamás pasearían juntos; nunca permanecerían a la vez en el mismo habitáculo; prohibido salir o entrar en casa a la vez; en el coche de papá sólo viajaría él. El 5 de enero de 1980 entendió.
«Le tiraron a quemarropa por la espalda. Tenía dos disparos en la cabeza, uno en el corazón y otro en el pulmón. Aún no sé quiénes fueron».
Los echaron de Baracaldo: veneno en cartas bajo la puerta; la niña con una úlcera nerviosa, migraña crónica y la dentadura molida de tanto apretar la mandíbula. Abrieron un mapa de España y eligieron el sitio más distante de aquel lugar. Por azar les salió Málaga. La casa se malvendió y nadie quería comprar la cafetería. Cuando lo hicieron, fue por la mitad de lo que costaba.
«Te vas del sitio, pero el miedo lo llevas en la maleta. Me quedó la manía de no dar la espalda a las puertas, de pararme en un escaparate para que pase el que viene detrás».

Lo malo en todos estos años se llama leucemia y lo bueno se llama Josune. Estuvo ingresada y le decían que morirse era cuestión de horas. El embarazo que no pudo ser se saldó en abril, con la adopción de esta niña, Josune. (El Mundo, 21.11.10)

Transgresión o zafiedad

El periódico socialdemócrata se descacharra con la transgresión siempre que sea artística, por ejemplo la Lolita de Navokov o la última penuria -Memoria de mis putas tristes- de García Márquez, al que dicen Gabo. La última transgresión para el periódico sería el video 'Twin flames' de Klaxons, un dechado de originalidad.

 

Sin embargo, si los transgresores no son de su cuerda, entonces se arma zafarrancho. Les llama zafios, groseros, sexistas, racistas y así hasta acabar con los adjetivos de la lengua. Hasta los redactores de El Mundo se contagian de corrección y piden que deje de ser su compañero.

viernes 19 de noviembre de 2010

El escenario de las obras maestras


El fotógrafo José Manuel Ballester interpreta a los clásicos. Reduce obras maestras a puro escenario. Su objetivo, despoblar de vida humana o animal algunos de los cuadros estrella del Museo del Prado: La Anunciación, de Fra Angelico; El Jardín de las Delicias, de El Bosco o tres de los cuatro episodios pintados por Botticelli bajo el título de Nastagio degli Onesti. Acaba de recibir el premio nacional de fotografía.


La obra de Goya, El tres de mayo de 1808 queda así,

 ¿Es una osadía despoblar El jardín de las delicias o dejar sin apóstoles La última cena? “No es una audacia desmedida, ni mucho menos”, explica. “El resultado de La última cena recuerda más a un bodegón de Zurbarán que a la obra de Leonardo. No es un atrevimiento. Es una necesidad de hacer las cosas. No tiene sentido intentar superar a Velázquez, El Bosco o Zurbarán. Tampoco quiero renunciar al patrimonio artístico que forma parte de mi cultura. Por eso, con el máximo respeto, creé la serie Espacios ocultos, en la que muestro mi mirada sobre el mundo clásico; una serie que de momento no tiene fin”.

Y el Paisaje invernal de Pieter Brueghel, así,
 

jueves 18 de noviembre de 2010

No es que todos estemos ciegos


No es que todos estemos ciegos, pues vemos cada día lo que sucede, dónde están los males y las carencias y los excesos y lo comentamos con nuestros amigos y conocidos. No estamos ciegos, pues vemos como la educación en nuestro país entró en barrena hace algunos años, como vemos el derroche del dinero publico en tantos lugares y empresas y sueldos. Vimos crecer las televisiones públicas, dos y tres en cada autonomía, y no estábamos ciegos, y los festivales, con poquísimos espectadores y mucho dinero, y los polideportivos, casi en cada pueblo, sin apenas atletas o deportistas o nadadores, y que, tras la inauguración, se caen a trozos, y los centros contemporáneos de arte, que exponen cosas incomprensibles o banales o tontas, que aunque no estemos ciegos nadie quiere ver. No, no estamos ciegos, porque hemos visto cómo se multiplicaban las policías autonómicas, cómo crecían las plantillas de los ayuntamientos, y los asesores y los designados a dedo, cómo las autonomías no servían para racionalizar la administración, sino para multiplicar la burocracia y para separar a los ciudadanos.

No estábamos ciegos cuando veíamos cómo se jubilaban conocidos nuestros con cincuenta años, algunos sin haberlos cumplido, y no sólo a los jubilados sin causa les pagaban sus empresas, que también la común Hacienda, pues aquellas se han beneficiado fiscalmente de las jubilaciones anticipadas, -¿cuántas al año?, ¿40.000?-,  y ahora estamos viendo cómo se pide retrasar la jubilación hasta los 67, mientras nuestros hijos con licenciatura o grado y máster envían cientos de curricula y nadie les responde; hemos visto, no estamos ciegos, cómo el peso de las rentas del trabajo se ha ido reduciendo en beneficio de los más ricos y sus rentas a cuyo auxilio el Estado acude si sus empresas o bancos o concesionarias se tambalean.

Lo vimos, todos vimos durante años el general decaímiento y el mal gobierno, pero ¿quién puso las calzas para que la bola no retrocediese y aumentase de tamaño y nos aplastase en su vertiginoso descenso? A todos nos alarmó el derroche y el exceso de nuevos ricos, nos quejamos en las tabernas pero lo convalidamos como un sólo hombre en cada consulta a que se nos invitó, y ahora todos lo pagamos, unos más que otros, es evidente, y los que más, los más mudos y más ciegos.

miércoles 17 de noviembre de 2010

La luz crepuscular

De creer a este político devenido en escritor, ha sido un hombre feliz, apenas enturbiado por una sombra. Quinientas páginas necesita Joaquín Leguina para exhibir su felicidad y unas pocas para cantar su pena. Es normal que los hombres felices irradien, lo cuenten, parloteen, sobre todo si la acción sobre la que construyeron su vida se ha tornado en melancolía, y que los hombres austeros lleven su frugalidad y seriedad en silencio, aunque para que su virtud resplandezca alguien tenga que dar cuenta de su virtuosismo. Hay un tercer tipo de hombres, la de quienes habiendo defraudado la confianza de sus convecinos, haciéndose ricos con malas artes, necesitan ostentar sus impúdicas riquezas como forma de legitamación, pues el hacerse ricos o poderosos o ambas cosas es el objetivo final de una vida tortuosa. La historia suele perdonar a los triunfadores. Aunque, claro está, del resto, de la vida de la mayor parte de los hombres, nada se sabe ni se escribe.

Leguina se muestra durante quinientas páginas como un follador desinhibido y como un político de éxito. Tal como lo cuenta, su vida se ha deslizado sobre una alfombra que se iba abriendo a su paso. En las sucesivas etapas ha ido consiguiendo lo que se proponía, durante la oposición al franquismo, en sus años parisinos, durante el 68, en el PSOE, en las oposiciones al INE, en su aventura chilena junto a Salvador Allende, en la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Las mujeres como los cargos públicos han acudido a él sin aparente esfuerzo por su parte y sin que su apetito menguase con los años, y si ha dejado la política ha sido por fuerza mayor -perdió unas elecciones y después un congreso- y si ha dejado la aventura sexual también ha sido porque alguien decidió por él -de pronto de encontró con dos hijos- que ya estaba bien, que había que sentar la cabeza.

Los hombres felices son egotistas. A Leguina le ocurre como en general a los políticos que se profesionalizan, no piensan que sus intereses no tienen por qué coincidir con los de sus electores. El hubiese seguido, pero es razonable pensar que con dos legislaturas en un cargo parece suficiente. Parece que la Presidencia de la Comunidad de Madrid, que ejerció durante tres periodos, le supo a poco.
Lo mismo pasa con los lectores, no parece que el lector aguante mucho el recuento de la felicidad de un hombre, se prefieren las penas, porque de ese modo se conecta mejor con la condición del común de la gente. La escritura es fluida, aunque quizá no muy cuidadosa, se avanza con rapidez esperando encontrar anécdotas jugosas sobre la vida política de alguien que conoció a tanta gente, pero no es así, en ese aspecto defrauda.

No parece muy operativa la división que Leguina hace entre una narración fluida de los hechos de su vida pública y otra más intimista en la que cuenta sus asuntos más íntimos, de alcoba. No se aprecian diferencias en el modo de contar una y otra cosa, a pesar del cambio en el cuerpo de letra o en el de la persona que cuenta, ni en su trascendencia personal o literaria. Además, nos advierte el autor al comienzo del libro que su vida sexual es ficción, lo que es poco creíble y tampoco tiene mayor relevancia.

La parte más sincera y a la vez más literaria son las últimas páginas cuando narra un drama familiar que le pilla descuidado y que narra con un punto de arrepentimiento. Parece haber un grado de incompatibilidad entre vida pública y vida privada, como si hubiese que decidir entre una y otra cosa, pero esta autobiografía de Leguina -que él llama novela- no es reflexiva, sino pura narración a ras de suelo, una deposición urgente para olvidar y pasar a otra cosa.

martes 16 de noviembre de 2010

Tesoros del Museo Arqueológico Nacional


Los museos arqueológicos se nutrieron de la rapiña de los imperios coloniales. Antiguas civilizaciones sumidas en secular decadencia revivieron brevemente como objeto de deseo.



Napoleón en su conquista de Egipto llevó con él a eruditos, dibujantes y salteadores de tumbas para traerse a Francia lo que las arenas del desierto habían preservado. Con su La descripción de Egipto abrió las fauces de los cazadores de tesoros. Tras él, Gran Bretaña y todo aquel país que se tuviese en alta estima reivindicó un pedazo de África o de Asia para traérselo a trozos a la Metrópoli. 



Así surgieron esos depósitos de fragmentos que son los museos de antigüedades. Algunos países fueron metódicos en la rapiña: Mariette y sus sarcófagos del Louvre; el museo Británico y los mármoles de Elgin: los frisos del Partenon; los museos de Berlin y Bismark: el Altar de Zeus de Pérgamo, La puerta de Isthar de Babilonia o la puerta del mercado de Mileto, desmontadas y vueltas a montar pieza a pieza. Otros países no fueron tan sistemáticos y tuvieron que conformarse con los restos.


El Museo Arqueológico de Madrid se remoza. Ha comprendido que el éxito no está tanto en el valor acreditado por los especialistas de sus piezas como en el número de visitantes. Es probable que cuente con un ramillete de joyas, pero si no las engarza y abrillanta se quedará a los pies del Prado del Reina Sofía o del Thyssen y apenas un puñado de cultillos visitará su sede de Serrano.


Mientras se acaba la obra de remodelación, presenta ahora en un ala del edificio sus mejores joyas en una exposición titulada, Tesoros del Museo Arqueológico Nacional. Es un atracón de historia y arte en un espacio exiguo, pero algunas obras maravillan.


El Crucifijo de don Fernando y doña Sancha, de comienzos del siglo XI; la Batalla de Gaugamela, como la anterior en marfil, del siglo XVIII; La Gran Dama Oferente, siglo III o II a.C; La Dama de Baza, del siglo IV AC; La Bicha de Balazote del siglo VI AC, escultura ibérica como las anteriores; el enterramiento argárico en tinaja; el orante de Gudea; las piezas de cerámica griega o los sarcófagos egipcios.



Mientras paso por delante de estas piezas, pienso en una escenografía diferente, que haga lucir a cada una de ellas. Una sala donde la Dama de Elche aparezca en su contexto histórico, con sus iguales ibéricas, donde aparezca su verdadero valor por contraste. Ahora, en el totum revolutum que es esta sala, el valor de cada pieza se disuelve entre períodos históricos tan diversos, entre estilos artísticos tan diferentes.

lunes 15 de noviembre de 2010

De Polientes al Monte Higedo


La ruta discurre por la comarca de Valderredible, en Cantabria, por uno de los mayores robledales de la Península. Tras la lluvia del día anterior, el colorido que agitaba las ramas de robles y hayas en el bosque que se extiende entre Polientes y Monte Higedo ha caído al suelo.


Tan sólo en las copas de algunos árboles se agitan algunas manchas amarillentas. Descolorida, la hojarasca alfombra la pista forestal. Las hojas húmedas no crujen a nuestro paso, bajo las botas aparece el agua y el barro. Es el otoño que sigue a la caída, húmedo y frío, a pocos pasos del invierno.


Saliendo del molino de Riopaneo en dirección a la Cabaña de Higedo, aparecen primero los rebollos y algún abeto; seguimos la margen izquierda del río Higedo, entrando enseguida en el dominio del roble albar que se disputa el terreno con el haya. Hasta mediados del siglo XX el robledal fue explotado por su madera y para la producción de carbón vegetal.



A lo largo del recorrido habrá que vadear varias veces el río. En estos días, mediado noviembre, no ha llovido tanto como para que no se pueda cruzar, pero hay que ir con cuidado porque hay que saltar sobre las piedras resbaladizas y sobre el césped embarrado.



Además de roble y haya, aparecen otras especies, el acebo, el avellano, el mostajo, el sauce y el serbal.


También los tejos, junto a la iglesia de Riopanero, herencia del antiguo concejo, y el escaso álamo temblón. En un día tan gris y húmedo es difícil que la vista alcance el movimiento de algún corzo o jabalí o incluso de algún lobo escondidos en la densa vegetación de las vaguadas. Pero antes de llegar a La Serna si que veremos ejemplares de la pequeña fauna, un tejón, una salamandra.


Habíamos salido de la ciudad con un chaparrón que nos acompañó hasta las lindes de Cantabria, pero iniciada la caminata las nubes se serenaron. La lluvia estaba arriba amenazante, apenas unas gotas cayeron a lo largo de las seis horas. Al final, el cielo se fue despejando y ya en el autobús, algunos rayos de sol nos despidieron.

domingo 14 de noviembre de 2010

Belén Esteban Pop art


El Festival Pop Art de Cáceres este año lleva por título 'Belén Esteban como Celebrity Pop'. Algunas muestras de las 54 obras de diversos artistas.