miércoles, 28 de julio de 2021

Ocho asesinatos perfectos




"Siempre he recelado de los escritores de alta literatura y sus pretensiones de inmortalidad. Prefiero a los escritores de suspense y a los poetas. Me gustan los autores que saben que están librando una batalla perdida".


Como los autores de novelas negras o policíacas son escritores mediocres, si no se dedicarían a escribir literatura, suelen tener una idea más o menos brillante que desarrollan durante unas cuantas páginas o capítulos hasta que se agota su imaginación. Luego, las novelas renquean con mayor o menor oficio hasta la puñalada final. El autor de Ocho asesinatos perfectos, cuyo nombre he olvidado -dicto al móvil esta nota sin tener a mano el libro-, ha tenido una idea que a los consumados lectores nos atrae que es hablar de libros. El narrador y asesino es un librero especializado en novelas de suspense en Boston. En un blog asociado a la librería escribió una vez la lista de ocho libros en los que se cometió un crimen perfecto, aunque podía haberla reducido a uno solo, Extraños en un tren de Patricia Highsmith, porque el artefacto que diseña este escritor comienza y acaba con esa novela que Hitchcock llevó a la pantalla con gran éxito. La idea de Highsmith era brillante -las novelas de Patricia Highsmith deberían estar en los estantes de literatura más que en los de suspense-, dos extraños entablan conversación por azar en el vagón de un tren. Ambos quieren matar a una persona e idean un plan para un asesinato perfecto: intercambiarán a sus víctimas de modo que no se establezca un móvil entre el asesino y la víctima. 


Con mucha torpeza y con demasiados cabos sueltos que encajar, el autor idea una sucesión de crímenes de algún modo relacionados con el episodio central de cada una de las ocho novelas de la lista. Mientras habla de novelas de suspense, y aparecen muchas, la lectura es agradable y de cierto interés, como les ocurre a los lectores aficionados a las listas de los mejores libros del año o de recomendados para las vacaciones, pero cuando se ve obligado a armar una novela con sentido, que es lo que sucede en la segunda parte, casi todo se vuelve gratuito y si pretende sorprender al lector con giros inesperados la verdad es que no lo consigue. Lo mismo que sucede con casi todas las novelas de este tipo. Siempre prometen más de lo que dan.


martes, 27 de julio de 2021

Les dimanche de Ville-d'Avray (1962)





La breve novela de Dominique Barbèris ha de completarse necesariamente con la visión de la película de título parecido de 1962. De inmediato se ve por dónde le ha llegado la inspiración a Dominique Barberis, la francesa nacida en Camerún que de pronto casi ha alcanzado el cielo de la notoriedad. La inspiración no le llega de la historia que nada tiene que ver con lo que se cuenta en la novela sino con el paisaje y la nostalgia. Ambos se funden en la memoria de un francés de cultura media: los alrededores de París las estaciones de tren la arquitectura modernista el campo los estanques los atardeceres veraniegos de la infancia la exaltación de las lecturas y las películas de esa edad las historias algo truculentas que se cuentan cuando la luz amarillea en las farolas sustituyendo a la luz solar que se apaga la pintura de Corot las primeras audiciones de música clásica.


Así como Dominique Barberis bebe de esa fusión a Serge Bourguignon, el autor de Les dimanche de Ville-d'Avray, le mueven parecidos paisajes unidos a otras nostalgias. El fin de la guerra (la francesa en Indochina, aunque podría ser la mundial) no era lejano. El personaje principal, interpretado por Hardy Kruger, cuyo acento alemán le ayuda a mostrar su singularidad, su rareza, es un aviador que vuelve herido a un mundo que, tras la guerra, ha recuperado los tics burgueses que orientan y constriñen la convivencia social. Como tantos que volvieron maltrechos de la guerra está condenado. Su alma que no ha soportado la violencia retorna a la infancia. Solo un par de amigos lo verán pero serán incapaces de protegerlo ante la violencia más taimada que se ha instalado en las formas sociales. Verá su alma gemela en una niña abandonada en un hospicio por un padre cobarde y cruel, a quien visita los domingos por la tarde a escondidas de su esposa. 


El guión de la película tiene la ligereza y la ingenuidad que no se permitirían los actuales hacedores de películas y series. Hasta la planificación parece torpe, sin embargo los académicos de Hollywood supieron vez en su momento su valía concediéndole un Óscar a la mejor película extranjera. Una de tantas películas que no obtendría hoy el imprimatur de los nuevos sensores.

lunes, 26 de julio de 2021

Un dimanche à Ville-d'Avray




“Colgó, miró hacia el jardín, vio contra el muro los brotecitos verdes, duros como tomates jóvenes, y mientras miraba por la ventana, delante de las camelias al borde de la floración, se apoderó de ella una pena espantosa, una pena que le impedía moverse, que atravesaba el tiempo, que venía, le pareció, de muy lejos, de las horas vacías de la niñez, de una espera que nunca había cesado. Le cortó el aliento hasta tal punto que no podía respirar”.


Hay demasiado ecos en esta novela como para detenerse en ella y decir que tiene algo interesante y nuevo que contar. Algunos no chirrían demasiado porque pertenecen a otro género, pictórico en el caso de los estanques que pintó Corot, poético en las atmósferas otoñales y lluviosas de Theophile Gautier, cinematográfico en el caso de la película del mismo nombre a la que se hace referencia en las últimas páginas. Sí chirría el estilo literario que remite a otros autores en francés como el belga Simenon o el parisino Modiano que lo cultivaron mejor. La novela está bien escrita y se adivina bien traducida; la lectura vuela hasta el punto de poder leerla de una sentada. 


En las primeras páginas que describen la llegada de la narradora a la casa de Ville-d'Avray a pocos kilómetros de París, donde vive su hermana mayor, Claire Marie, una tarde de final de verano, están tan bién contadas que se abre la posibilidad del disfrute ante una historia que promete. Sin embargo, no será así o no del todo o no para mí. Lo que se cuenta es la posibilidad de una historia o el inicio de una historia que se trunca. Un hosco personaje, no sabemos si en el recuerdo de la hermana o en la impresión que recibe la narradora al escuchar, hace años apareció en la vida de la hermana cuando ya estaba casada con el médico del lugar, con quién tenía una hija. La narradora ha contado en las primeras páginas, que son las mejores, unos breves apuntes de la infancia de ambas hermanas en Bruselas. Un personaje televisivo, un profesor de latín y otro literario, el Rochester de Jane Austen, quedaban en la memoria como elementos para la ensoñación. El lector debe enlazar a Rochester con Marc Hermann el también hosco personaje que aviva el ensueño de Marie Claire, la hermana de la narradora. Pero no hay más. Queda el estilo prestado y la atmósfera del otoño, la persistente lluvia, la soledad de las vidas envueltas en humedad y la monotonía tras los cristales de los matrimonios rutinarios que sueñan con aventurarse pero que cuando tienen que dar el paso decisivo se retraen. No estoy seguro de que las frases repetitivas, colgadas del otoño y de la lluvia, de muchas páginas tirando hacia el final, a falta de historia que contar, formen parte de la voluntad de la autora de trasladar al lector la sensación de vidas vacías de las protagonistas cuando el impulso de la infancia ya es solo un recuerdo imposible de avivar.


domingo, 25 de julio de 2021

Bochorno


He visto en Movistar, con el índice pasando del play al avance rápido, el documental sobre Dudamel y la catedral que han perpetrado los publicistas que saben sacar pasta de estos eventos. No alcanzo a comprender cómo no se mueren de vergüenza los que lo han pagado y los que salen en él, probablemente los mismos, no el pobre Dudamel que bastante hace por permanecer en el encuadre con sonrisa franca. El documental forma parte de los fastos del 800 aniversario, al que solo han podido asistir, con invitación, las fuerzas vivas -¡señoras y señores todavía existen las fuerzas vivas! Si alguna vez me hubiese sentido de esta ciudad este era el momento para quitarme.


Parecida bochorno he sentido como contribuyente y ciudadano con derecho a voto por el publirreportaje que a sorbitos nos han servido las teles de este país sobre el viaje de nuestro mandatario a las capitales del Imperio, pagado con la cuenta de todos a alguna de esas carísimas agencias de relaciones públicas americanas que tan bien saben falsificar las cosas, incluidas las cuentas creadas para la ocasión en las redes sociales, que se iban caldeando al paso de los días con el ‘atractivo sexy’ del figurín.


sábado, 24 de julio de 2021

Summer of Soul (2021)

 


1969. La llegada a la Luna. Parece otro siglo, pero sí, 1969 pertenece a otro siglo. Fue una década en la que muchos jóvenes nacieron al mundo, como en todas. También la década en que explotó la música pop. El festival de Woodstock. También la música negra, el soul el blues motown. De eso trata esta cinta, como decíamos entonces, documental sobre un festival que se realizó en Harlem en ese año, el mismo que Woodstock, el Harlem Cultural Festival. El documental hecho con imágenes rodadas en la época, nos recuerda todos esos acontecimientos y además muestra las actuaciones en el festival de músicos negros en un ambiente negro, como B. B King, Mahalia Jackson, The 5th Dimension, Nina Simone, Sly & the Family Stone, Gladys Knight & the Pips, Stevie Wonder y otros. Visto con la perspectiva que da la nostalgia parece que fuera una época dulce ingenua, de protestas y afirmación juveniles, pero solo eran los ojos del joven que mira el mundo casi por primera vez. Fue la década en que fueron asesinados el presidente Kennedy su hermano Robert, Martin Luther King y Malcolm X, y de la guerra de Vietnam.

viernes, 23 de julio de 2021

El ogro filantrópico

 



En los jugos digestivos de los líderes del PSOE siempre ha estado cercana la posibilidad de ser el PRI español. Salivan. Ser la representación exacta del país, su representación y los canales por los que fluyen el poder y los negocios. Octavio Paz dedicó un libro, El ogro filantrópico, al caso mejicano. El sanchismo, que no es un calco exacto del Psoe, a quién le faltan los votos para permanecer durablemente en el poder, cree llegada la ocasión con el agravamiento de las dos crisis sucesivas, la financiera del 2008 y la de la pandemia, para que el estado de necesidad de una parte importante de españoles le deba la vida -la subsistencia. La ocasión es el reparto del maná europeo. Con los fondos cree que podrá atender necesidades y los españoles se lo agradecerán. Votos. A lo largo de su historia como partido moderno ha lanzado sus brazos de pulpo en muchas direcciones, las peonadas andaluzas o la subvención de la paupérrima industria cultural de información y de entretenimiento del país, por ejemplo, para conseguir gente dispuesta, en deuda de empleo, a colaborar en la falsificación diaria de la realidad (en el aula, en la calle manifestándose -¡Salgamos contra la pobreza energética!-, en la columna del periódico, en la pantalla de televisión). Ahora lo ensaya con los interinos, que sin hacer nada se les da trabajo fijo frente a los que esforzadamente preparan las oposiciones y parten de cero. Quiere ampliar su caladero de votos principal que son los funcionarios y los trabajadores de la administración pública, así como los jubilados de esa procedencia, a los que mima especialmente, con privilegios tales como los moscosos que no suprime, la falta de evaluación del rendimiento en el trabajo y las subidas de un sueldo ya de por sí por encima de la media del de los trabajadores de empresa y no haciendo la necesaria reforma de las pensiones, sin que le importe demasiado el resto de los trabajadores en precario, jóvenes sin empleo o mayores que no pueden volver a tenerlo después de haberlo perdido. Como subvenciona a los sindicatos, cuya función es mantener los derechos adquiridos de trabajadores con empleo fijo o de los funcionarios, desatendiendo a aquellos que no pueden defenderse por sí mismos. Clientelismo, pues. ‘Clientelismo’ es la pútrida palabra que impide tomarse en serio lo social.


Como incluso esa extensión de los brazos de pulpo en todas las direcciones no le llega necesita armar y mantener una coalición con los partidos que regionalmente representan exactamente lo mismo que el Psoe en el resto. Esa clase media funcionarial y administrativa que vota PSOE en el resto de España es la misma que mantiene al nacionalismo del Pnv en Euskadi y a los partidos nacionalistas en Cataluña. Es de toda lógica por tanto que se mantengan coaligados. Si dejamos de lado la huera retórica política que manejan socialistas o nacionalistas y miramos las bases sociales que los mantienen veremos que son intercambiables. Una enfermera catalanista vota al PSOE en Madrid y un profesor socialista de Valladolid vota a ERC en Girona. Si se lo dices, una y otro arrugan la nariz incrédulos y enfadados, pero los conozco y sé que son los mismos. Se llaman Nuria y Paco pero podrían llamarse Carmen y Jordi. Tienen el mismo software en la mente con ligeras variaciones. Ambos aceptan el guiño de El Intermedio o Polonia para sonreír con suficienvia. A un lado y a otro de las líneas fronterizas regionales, todos ellos piensan que están en el lado correcto que son modernos que su ideal es la justicia social y el estado de naturaleza ha de volver a su cauce. Su fidelidad partidaria se sustenta en dos grandes basamentos, la fe y el interés. Su fe en un sistema político apolillado e ineficaz, y, en su versión ruda, traumáticamente fracasado visto en perspectiva, les permite preservar su modo de vida, lo que reafirma su fe. Nada les va a hacer cambiar. No podrían. Su software mental averiado -agusanado en términos informáticos- les impide ver las contradicciones, que su bienestar relativo es a cuenta de la fragilidad vital de la parte de la población que no ven: dudo que la enfermera del Ensanche haya visitado el Besos, o el profesor de la ikastola Don Benito, quizá alguna vez con la cámara en ristre como en un safari. Lo mismo le sucede al pequeño burgués vallisoletano ecologista visitante de las Lagunas de Villafáfila y lector de Delibes con respecto al desconocido barrio de la Victoria; es probable que La Rondilla le suene más. La redistribución de la riqueza es uno de los cuentos contenidos en las proclamas de su fe.


Entonces cabe preguntarse qué pasa con los trabajadores en precario o los jóvenes sin empleo o los mayores sin perspectivas laborales. Creyeron en la izquierda pero ahora es difícil que lo hagan. Muchos de ellos buscarán un partido antisistema como forma rabiosa de protesta. Durante un tiempo creyeron que el partido antisistema era Podemos, se han llevado una gran decepción. La vaciedad de su discurso ha rebotado en la mísera vida que llevan y en la falta de futuro a la que están condenados. Se les revuelven las tripas cuando ven lo que decían hace un tiempo y lo que dicen y hacen ahora. Casta sobrevenida. Así que ese partido que buscan quizá lo encuentren en Vox, que todavía no ha tenido tiempo de decepcionarlos. Es una compensación emocional que los partidos que odian desprecien a Vox. Para ellos el Pp es el partido de los ricos de los empresarios de los obispos y de los corruptos, y no les falta razón. Y el Psoe es el partido del figurín, una casta parecida aunque no tan connotada pero igual de corrupta. Manejan mejor los medios son más modernos, engañan mejor. Seguramente no se lo han preguntado, pero cuando ven a cualquier dirigente del Pp salta a la vista su discurso rancio sus formas de vestir y de hablar tan lejanas a su vida diaria. Al Psoe lo vieron más cercano pero cuando ahora ven al figurín y a su tropa les parecen calcomanías de un álbum animado.


Los líderes, el líder, en realidad, es consciente del desajuste, de la desigualdad en la percepción de las pensiones precisamente entre los que vienen del funcionariado y los que han tenido un trabajo misérrimo, de la desigualdad entre las pensiones de hoy y las de mañana, de la desigualdad entre la paga de los pensionistas y la de quiénes están trabajando. Es evidente que hay un desajuste, un desequilibrio. Como afecta a millones de personas es más sangrante que la diferencia llamativa entre los pocos muy ricos y los más pobres. Ese sería el asunto primero en una verdadera agenda social. Aún así esa amplia franja de perdedores no le importa demasiado, son muchos, más en porcentaje que los que le votan, pero gracias a la ley electoral y a sus alianzas puede confiar en la idea de que podrá ir modelando poco a poco al país de acuerdo con sus necesidades y permanecer en el poder una larga temporada como lo hizo el PRI en México.



miércoles, 21 de julio de 2021

La mujer que escapó (2020)

 



"La nueva joya de un maestro coreano. Con una sencillez que cala hondo, Hong Sangsoo logra un retrato misterioso y melancólico (...) Tan ligera como profunda (...) Hong le regala al espectador la esencia de la vida y del paso del tiempo." (Crítica en EP)


Uno lee un libro de haikus mira una pintura japonesa o ve una película que no sea de acción y siempre sobrevuela un interrogante. ¿Hay algo más de lo que se ve, una profundidad que se me escapa o todo lo que hay está en lo que aparece? Uno con respecto a la cultura japonesa piensa que sí, que hay algo más, y, entonces, de la duda apartada emerge un entusiasmo indisimulado hacía algo diferente a lo que uno está acostumbrado. De nuestra mudez ante la sorpresa nace el aplauso y la admiración. La cultura japonesa, estamos dispuestos a afirmar, capta y cultiva algo importante que se nos escapa.


Pero La mujer que escapó es una película coreana. Rendidos ante el arte japonés, ¿es extensible nuestra genuflexión al coreano? Después de terminar de ver la película no me había planteado hasta ahora si la mujer que le da título huye de algo o de alguien. No hay ningún elemento que me incite a preguntármelo. Es verdad que afirma varias veces que ese día que visita a unas cuantas amigas en Seúl es la primera vez en cinco años que tiene un día libre pues su marido siempre quiere estar a su lado y que es propio de enamorados, afirma ella, permanecer juntos. Quizá sea un problema de la traducción (subtítulos) o de la transposición semántica pero en esta película donde los diálogos lo absorben todo es difícil si no imposible deducir significados ocultos o superposición de sentidos o profundidad, en suma. Uno tiene la impresión de que las frases que se dicen son literales. Una copa es una copa, no alcanza el simbolismo de Parsifal. Lo mismo sucede con los rostros o con las manos y brazos en movimiento, tersos como el rostro de una actriz pasada por la clínica de estiramiento. No hay manera de deducir significados más allá de las palabras y como no hay connotación podría decirse que la peli va de mujeres que hablan, sin más. Quizás sea cierto como dijo el poeta francés que la piel es lo más profundo que hay, pero entonces cuando nos acercamos a la cultura japonesa o coreana necesitamos una tabla de descodificación. “Ingrávido depurado minimalista pero cada vez más intenso”, dice otro crítico, cierto, pero que me explique dónde está la intensidad. En todo caso el director está atento a la corriente principal y hace que las mujeres protagonicen su película en exclusiva. A los hombres los pone de espaldas o los ridiculiza. El crítico más honesto, quizá a su pesar, dice: "Una reflexión sincera de lo que dirías cuando crees que no estás diciendo gran cosa". Esa ha sido mi impresión.




martes, 20 de julio de 2021

Si tuvieran un mínimo de amor propio



1. Seguir la actualidad a veces tiene recompensas. Era evidente lo pútrido de la posición de Pumpido, pero nada dijeron los informadores y opinadores que debían decirlo, ha sido el propio el que en un rapto, de qué, ¿de amor propio?, ha reconocido la impropiedad. O quizá, simplemente, le han obligado las circunstancias.


2. No ha llegado a un minuto, casi al final del noticiero del mediodía. La noticia más desagradable del día para quien manda. La subida estratosférica del precio de la luz. He esperado a ver que decían de la luz; he tenido que tragarme todo el noticiario. Nada que ver con el tiempo que dedicaban a la subida de la luz con otros gobiernos. La mitad del noticiario la ha ocupado algo relacionado con la memoria, una nueva ley; en realidad lo que los reporteros han buscado con ahínco -siguiendo lo que el mismo gobierno hace- es la respuesta del PP a esa ley, como si fuera el PP quien estuviera mandando. Oposición a la oposición. Me gusta analizar el estado de la opinión. No me interesa la noticia en sí sino como se fabrica la opinión. Como los noticieros solo inciden en la gente que les ve diariamente, los pocos adictos, necesitan algo que afecte a todo el mundo, una ley, un encuadramiento. Con esa ley de la memoria se penalizará determinado tipo de opinión pero no la que se le contrapone en el otro extremo del espectro.


3. Si yo fuese víctima ETA no me reuniría con los asesinos que piden encontrarse con las víctimas en unos llamados 'talleres de justicia restaurativa'. ¡¡Encima!!


4. Titula el periodista: “La paradoja de Euskadi: menos independentismo, más nacionalismo”. Verá él la paradoja, yo no. ¿Es que acaso iban a vivir mejor siendo independientes? Cobrar de la caja común, pagar según la excepción foral. Si un extremeño pudiera…


 

lunes, 19 de julio de 2021

Queridos camaradas

 



Los hechos sucedieron mientras Nikita Kruschev estaba en el poder, 2 de junio de 1962. Se conocen como 'la masacre de Novocherkassk'. Francotiradores escondidos del ejército y del KGB dispararon contra manifestantes pacíficos de una fábrica de locomotoras eléctricas que protestaban, ante la sede del partido comunista local, por la subida de precios de la carne y la leche. Según la versión oficial 26 personas murieron, según otras fuentes, recogidas por Solzhenitsyn en Archipiélago Gulag, entre 70 y 80. Fueron enterrados de forma encubierta en fosas comunes. Hubo detenciones masivas, juicios con condenas a muerte y muchas penas de prisión a 15 años. Y hubo silencio sobre lo sucedido hasta que en 1992 se inició una investigación judicial seria. Los muertos solo fueron descubiertos y vueltos a enterrar individualmente en 1994.


Andrei Konchalovsky personaliza esta historia, en Dorogie tovarishchi! (Queridos camaradas, 2020), en una mujer, ferviente comunista local, cuyas firmes creencias -pide a las autoridades que carguen contra los manifestantes- se tambalearán cuando su hija desaparece en medio del tumulto. Con la ayuda de un amigo que trabaja en el KGB, busca en las ocultas fosas comunes aunque no la encuentra. Konchalovsky rueda su película en blanco y negro como si lo hiciese en la época en que se produjeron los hechos, con una planificación, montaje e interpretación clásicos. El efecto sobre el espectador es parecido al de estar viendo una película de época. Konchalovsky no busca la conmoción del espectador sino explicar cómo surge en la conciencia del individuo la duda sobre sus convicciones profundas.


A esta madre comunista convencida de Novocherkassk no le valen los hechos ni la razones que le aportan su viejo padre y su hija, ni atiende a las preguntas que le hacen conocidos y amigos sobre el fracaso de la revolución comunista y el sistema dictatorial en el que están inmersos -lo estamos comprobando en vivo con los actuales defensores, en España, de la dictadura cubana. Solo empezará a poner en cuestión su arquitectura mental cuando un suceso trágico la golpeé con fuerza, la desaparición y posible muerte y enterramiento en una fosa común de su hija. Lo sabemos todo o casi todo de la historia del comunismo, del horror del gulag, de los millones de muertos en la URSS, China o Camboya, de la persecución encarcelamiento y muertes, de la falta de libertad y miseria que acompañan a este sistema en cada país en que ha sido implantado, sin embargo para los fieles nada será suficiente para que duden de su fe. Solo una conmoción personal, nos dice Konchalovsky, hará que el la mente se despeje y vea de nuevo. Pero no solo los individuos cambian su modo de ver las cosas a partir de una conmoción. También las sociedades, aunque no de manera inmediata.


Cómo se parece esta historia a lo que está ocurriendo en Cuba estos días. 'Queridos camaradas' es la película más importante ahora mismo en cartelera, pero ¿alguien ha visto publicidad sobre ella?, ¿cuántos la verán?



domingo, 18 de julio de 2021

‘Eminentes juristas’

 

1. El juez Conde-Pumpido, del constitucional, miente a sabiendas, por partidismo. La sentencia sobre el estado de alarma no dice que el confinamiento no fuese necesario sino que el instrumento elegido -alarma por excepción- no era el correcto.

2. Los 'eminentes juristas' que busca EP en su editorial para poner en cuestión la sentencia pueden encontrarse en cualquier lugar para cualquier ocasión a petición. El editorial utiliza la palabra adecuada: bochornoso.

3. Lo importante de la sentencia no es cuántos están a favor cuántos en contra, ni quiénes son de un partido y quiénes de otro, sino si está bien armada en derecho, si España puede seguir siendo un país constitucional. Ese es el valor de la sentencia.

4. Los columnistas dominicales de EP se sienten en la obligación de echar su cuarto a espadas. En la misma línea que el editorial. Lindo. Vallespín. Quien encuentra el argumento definitivo para tumbar la sentencia es la anterior responsable de opinión: “La ironía es que esos libertarios ultras que denunciaban con sonoras caceroladas el yugo del estado de alarma hoy celebran que el TC pida el estado de excepción”. (Martínez-Bascuñán)

5. Pobres columnistas, con qué dolor constatan su inexorable empequeñecimiento a medida que los libres abandonan o son expulsados de la nave nodriza.


6. 18 de Julio. No había caído, pero la guerra civil fue la ocasión que se les presentó a muchos europeos y americanos de inscribirse bajo una bandera, que podían escoger al gusto, y matar, matar sin rendir cuentas.


sábado, 17 de julio de 2021

Les choses qu'on dit, les choses qu'on fait

 



Cada semana llegan un montón de pelis. Entre tantas hay que hozar para encontrar una gema. En mi laptop - como se dice en el español de América- hay unas cuantas atrasadas. Algunas no las veré. He probado con tres, por este orden: la primera, la más reciente. Black Widow. Infumable. Siempre miro por encima lo que dicen los críticos, más como punto de referencia que porque me fie de ellos. Cómo me voy a fiar si dicen que esa peli de Marvel/Disney vale algo. Pues no vale nada. La acción, que es su fundamento, es gratuita, los chistes, peor que infantiles, la trama, inexistente. Gente la verá y los productores harán dinero por nada.


La segunda, Favolacce, es una película italiana del 2020, estrenada hace poco aquí. Muy alabada por la crítica, desde mi punto de vista sin motivo ni razón. Amalgama escenas inconexas de familias jóvenes con niños que conviven o malviven en un barrio popular romano. Lo que haya querido decir el director carece de interés porque no pone nada de su parte para que la historia inexistente atraiga al espectador. Mis párpados fueron bajando mediada la película.


La gema está todavía en cartelera, Les choses qu'on dit, les choses qu'on fait. Puede que al que no le guste el cine francés tipo Rohmer no entre en esta película, será una lástima. Lo primero que ofrece es una de esas conversaciones largas tan típicas de la cultura francesa. La conversación culta, ligera, es el centro de la vida francesa. La envidio, los envidio. Los dos protagonistas, una mujer embarazada de tres meses y un primo del marido ausente, conversan durante unos días, en la casa de campo -de creer a las novelas y a las películas francesas cuando llega el verano todo francés se va a la casa de campo-, sobre sus respectivas historias amorosas. La memoria va emlazando un montón de relaciones cruzadas cada una de las cuales vive de una manera el sexo, el amor y la convivencia matrimonial o de pareja. Hay quien defiende que el enamoramiento es siempre temporal pero que aporta tanto que merece la pena mantenerse en él el mayor tiempo posible, una suerte de degustación, como en la gastronomía o en el arte. Amar sin compromiso. Otros sin embargo prefieren la estabilidad y se mienten a sí mismos o a su pareja del momento con tal de permanecer juntos el mayor tiempo posible. Como Emmanuel Mouret, el director y guionista, ve la relación de pareja desde el punto de vista amable y sin gran conflicto, concibe la de quienes con tal de no hacer daño a la persona que aman o respetan hacen lo posible por su felicidad incluso en contra de la propia. Aunque cabe preguntarse que quien se aparta por la felicidad del otro lo hace para que el otro viva su sueño o lo toma como excusa para liberarse de él. Esa figura, más literaria que real diría yo, es la que predomina en los personajes protagónicos de la película. Con todo la película es una delicia de construcción, en los diálogos, en las observaciones o en las matizaciones que los actores hacen de sus personajes. Como no toca el lado oscuro de las relaciones de pareja podría clasificarse dentro de las comedias románticas -jóvenes sanos aunque no todos guapos-, pero como está hecha con inteligencia dará placer a los degustadores del buen cine.


viernes, 16 de julio de 2021

Por los caminos del Cid IV




VIII Ojos Negros


De Teruel a Sot de Ferrer, barrio de Segorbe, 125 km, con una larga subida de salida, no muy dura, y una larguísima bajada a través de la Vía Verde más larga la península, la llamada vía verde Ojos Negros. Sin un kilómetro de asfalto. Breve parada en Albentosa para abrevar. Descanso con comida en Jérica, cuya airosa torre se ve a decenas de kilómetros. No hay como preguntar a los vecinos del lugar por el mejor restaurante: nos recomendaron el que esta junto a la piscina, el Randurias, junto a la fuente de los caños. Deliciosa la ensalada con burrata y el arroz a banda. Si por mí fuese no hubiese abandonado los montes por duros que fuesen sus caminos: la Vía Verde es muy rápida y no permite apreciar los pueblos al paso ni el paisaje que es el objetivo de una ruta como esta. Reposamos la comida a la salida de Jérica bajo una enorme higuera desde la que contemplamos la airosa torre mudéjar. No creo como sugiere Ani que sestear bajo la sombra de una higuera dé dolor de cabeza, al menos esta vez no me ha ocurrido. Para pasar la noche no encontramos otra cosa mejor, junto a la vía verde, que un motel de carretera en un barrio de Segorbe, Sot de Ferrer. Desangelado y desprovisto de casi todo. Menos mal que al comer en Jérica nos quedaban un par de bocadillejos que habíamos preparado para la marcha del día.



IX Valencia


Nos reservamos una etapa breve, 54 km para llegar a Valencia, pero en términos relativos ha sido la de mayor dureza, subiendo la Sierra Calderona desde Sot de Ferrer, con una rampas pequeñas pero continuas y muy empinadas, bajando por la casa modernista donde Azaña pasó sus últimos días como presidente de la República y por la Cartuja de Porta Coeli hasta llegar a Bétera y después a Valencia. He quedado agotado cuando he llegado a la casa de mis nietos, a tiempo para que su padre me invitara en El chalet de L'Eliana a un arroz de all i pebrat de capellanes, con unos entrantes exquisitos.


Alojamientos.




jueves, 15 de julio de 2021

Por los caminos del Cid III

 


VI Albarracín


Una subida larguísima interminable de más de siete kilómetros por la Sierra del Tremedal, de Molina de Aragón a Orea, junto a la Sierra de Albarracín y la serranía de Cuenca. Orihuela del Tremedal -bonito pueblo alargado, que pasamos demasiado deprisa- y Bronchales, tras superar una rampa muy dura donde caí (leve herida sangrante en el codo), y donde comimos junto a la fuente en el centro del pueblo un breve bocadillo y un par de melocotones que a un euro me vendió el valenciano que en la plaza ya recogía sus banastas de fruta, y por fin Albarracín, adonde se llega por otra larga bajada de unos 20 km con mucha grava por los Montes de Albarracín. Subir y bajar ha sido la almendra de la etapa de hoy. Dura, casi toda por pistas y caminos por los bosques de Guadalajara y Teruel. Para disfrutar, desde Molina a Albarracín.




El hotel reservado daba a la quebrada por donde fluye el río Guadalaviar que parte en dos Albarracín. Magnífica vista. El problema era que una de las dos habitaciones reservadas tenía cama de matrimonio que no queríamos compartir. Costó lo suyo darse a entender y que nos cambiaran de habitación. Comimos y bebimos en plan sencillo en el bar de la residencia que llevaba un centroamericano para ver perder a España contra Italia en los penaltis. Por la mañana temprano recorrí las calles vacías y fotografié la corona que en los altos el sol iba dorando.


VII Teruel




De Albarracín a Teruel pocos kilómetros, apenas 50, para dar el do de pecho en los dos días siguientes. Etapa muy dura, saliendo de Albarracín para ir contemplando en la subida los bellos paisajes de los pinares de Rodeno dentro de la Sierra de Albarracín, con subidas fuertes por caminos empinados y pedregosos con un cierto riesgo. Como nuestro viaje es más deportivo que cultural pasamos por lugares como el abrigo rupestre de doña Clotilde que merecían una visita sosegada que no hicimos o por parajes singulares como la laguna de Bezas que merecen una jornada entera para la observación de la fauna y flora del lugar y por pueblos abandonados. En el riesgo de las fuertes subidas y las arriesgadas bajadas está el disfrute, los valles que se abren los estanques o lagunas inadvertidas los animales que se cruzan en el camino. Nos alojamos, en Teruel, en un llamado Albergue Internacional, un lugar para mochileros sin grandes comodidades que nada tiene que ver con los albergues anteriores, pero como en ellos también éramos los únicos huéspedes. Muy cerca, en la avenida de Sagunto, comemos en un restaurante popular en Los Amantes. La comida estaba rica, y nos entretuvimos con unos atrevidos gorriones que se posaban en la mesa para recoger restos de comida.


Albarracín de madrugada.





miércoles, 14 de julio de 2021

Por los caminos del Cid II

 

IV Miño de Medinaceli



Etapa rápida 19'50 de media por caminos la mitad, con una bonita subida en Bordecorex, atravesando un encinar, y la otra mitad por carretera. Gormaz, Berlanga de Duero, Miño de Medinaceli. En otros circunstancias uno buscaría la ermita de San Baudelio para ver qué queda del románico más puro de la península, que garras voraces vendieron en fragmentos, en los años 20, a museos de otros países. Rapaces en el cielo y cérvidos a la expectativa asomando entre los cereales crecidos. Lo mejor el albergue de Miño, novísimo como el de Gormaz, aunque este que sepamos no fue inaugurado por un ministro plenipotenciario de Japón. Prácticamente sin usar. Una vieja estación reconvertida en albergue con un diseño muy cuidado. No lo cambiaría por el mejor hotel. Cómodo moderno con todo lo que uno necesitaría, buenos colchones buenas sábanas, frigorífico lavadora secadora microondas cacharros relucientes. Limpísimo. Para comer y cenar nos allegamos (a 500 metros) a un restaurante regentado por una familia marroquí procedente de Tánger con estación intermedia en Barcelona, tan amables como buenos cocineros. Castellano perfecto con deje catalán en tierras sorianas. Una parada aconsejable si uno hace esta ruta. Al amanecer, un tren casi silencioso nos sorprende al otro lado de la frágil valla de madera que separan las vías del albergue.



V Molina de Aragón




Etapa larga y dura, de 95 km con 1850 de desnivel, desde Miño de Medinaceli hasta Molina de Aragón, atravesando un denso y extenso bosque de encinas con subidas y bajadas vertiginosas, con paradas en pequeños pueblos alcarreños, como Cobeta. De este pueblo a Corduente, donde hemos comido, una subida larga, dura, interminable que nos ha desgastado hasta el último aliento. 




En Medinaceli entrábamos al amanecer cuando todo estaba cerrado subiendo su dura cuesta. Ni desayunar hemos podido, tan solo fotografíar su arco romano. Ha sido en el barrio de la Estación junto a un montón de guardias civiles que comenzaban jornada donde hemos desayunado tostadas con tomate y café. Castilnuevo, Layna, Luzón. En el bar de la plaza de Cobeta, donde tomamos una cerveza, a la señora que lo regenta los vecinos le hiciera el honor de ponerla en la portada de El País como ganadora de una estrella Michelin. Un vecino más que amable nos recomienda desviarnos unos kilómetros para ver el Santuario de la Hoz, también dónde comer en Corduente, pero las rampas kilométricas, y el cansancio, por los altos del río Tajo, que con el tiempo se convertirán en Parque Nacional, tal como nos han explicado, pues los papeles ya están hechos, nos desaconsejan lo primero y nos llevan al abrevadero, y a fe que el patio jardín sombreado y fresco en el que comemos merecía la pena, no tanto el infame vino que mis compañeros tomaron con gaseosa. Y de Corduente a Molina por caminos más llevaderos. Nos alojamos en una llamada casa rural con habitaciones compartidas, austera tanto la casa como la dueña que ni siquiera nos da un plato y cubiertos para la cena que hemos comprado en el Día, justo antes de cerrar a las 9 de la tarde.


Molina de Aragón a descubrir.





martes, 13 de julio de 2021

Por los caminos del Cid


I  - Vivar



Ani es tan buena gente como despreocupado, de esas personas que esperan que la vida salga a su encuentro a ver qué le ofrece. Su bici no es la mejor, pero lo compensa con fortaleza y destreza para salir de apuros de los que yo no saldría. La conozco desde hace dos largos Caminos. Rueda pequeña, muy trasteada. Ya desde el primer día Burgos/Vivar/Burgos se veía que no iba a marchar. Cambiaba mal, no tiraba hacia arriba. Por contraste, Rafa es metódico concienzudo y su bici perfectamente preparada para las peores incidencias.


Etapa de inicio, de prueba. He pasado muchas veces por Vivar, pero desconocía su Monasterio y sus monumentos cidianos, escondidos, desconocidos, ni que tuviera una legua 0. En una cantina nos dieron la credencial y charlamos con los vecinos, acostumbrados al trasiego de ciclistas. En Sotopalacios hicimos acopio de morcillas para la cena.



II Hontoria del Pinar




La salida de Burgos, accidentada. Esperamos a que abriera el primer taller, el más renombrado, Ciclos García. Mala elección: no quisieron reparar, tampoco prestarnos herramientas. Acudimos a otro, Velobur, al contrario, amables, eficientes, rápidos, donde nos cambiaron el cableado y los platos. Ya sé dónde tengo que ir y dónde no en Burgos. Ya era muy tarde cuando arrancamos, cerca de las 12. Después de San Pedro Cardeña, recitando algunos versos de Mío Cid, cogimos la Vía Verde Santander/Mediterráneo para recuperar el tiempo perdido. 




Pinché dos veces, las únicas en tres largos recorridos por los caminos a Santiago. No volvimos a tener percance alguno por más que subimos y bajamos por terrenos difíciles. Tiramos de bocadillo en un pueblito, Villaespasa, junto a Cascajares. Llegábamos cuando una cuadrilla de jubilados solícitos, que atiende de consuno el antiguo teleclub, se retiraba a comer y a la siesta. Descansamos bajo la sombra de un toldo en un paraje encantador. Llegando a Salas, donde debíamos pernoctar, quisimos ampliar la etapa hasta Hontoria del Pinar, para sobrepasar los 100 km. 




Llegamos cuando España ya se batía con Croacia. Quizá ese fue el motivo por el que por una mala botella de vino con gaseosa el cantinero nos cobrase 15 € al buen tuntún. Fue entonces cuando Ani el despreocupado se dio cuenta que bajo el toldo de Villaespasa se había dejado mochila con todo. Volvió en taxi a por ella. Dormimos en el albergue de la vieja estación reconvertida, tras haber comprado tomates, fruta, pan y latas de sardinas en la tienda del pueblo, regentada por el hermano del cantinero y a la vez taxista a pedido. Albergue para nosotros solos, con lo justo pero cómodo.


III Gormaz




Nos interesaba llegar a Hontoria del Pinar para iniciar el cañón del Río Lobos hasta Ucero, un recorrido por senderos pedregosos llenos de raíces pero a tramos espectacular. Más de una vez tuvimos que echar pie a tierra y llevar de la mano la bici. Si ayer fue un día accidentado hoy los hados se han mostrado benignos. Desde Ucero a Burgo de Osma pistas más fáciles y en parte descendentes. En Burgo de Osma tiramos de menú junto a la plaza. Nada que recordar en medio del calor más alto del día a pesar de la prestancia de la bella y catedralicia ciudad soriana. Alargamos la ruta por pistas fáciles hasta Gormaz, la de la alta y ancha fortaleza califal. El albergue novísimo parecía que lo estrenabamos nosotros. Nada parecía usado. Como no había tienda de comestibles acudimos al único bar del pueblo donde nos pusieron una tabla de quesos y embutidos con una extraordinaria vista al valle del Duero. 



Desde el patio terraza del albergue contemplo la airosa fortaleza árabe que corona este pequeño pueblo soriano. Hace un momento paseaba por sus almenas mirando hacia poniente los últimos rayos del sol. Desde el este llegaba el sonido de un tractor solitario y las voces de los vecinos que en una tarde serena resuenan claras y distintas en el altavoz natural de la rocosa ladera que desciende de la fortaleza. En la cinta del Duero que al llegar aquí dibuja en una semicircunferencia el perfil del cerro en que se asientan pueblo y fortaleza, ya con el suficiente caudal como para aparentar ser un gran río, los rayos coloridos del atardecer se reflejan en su cinta. Podría ser un momento mágico, pero me conformo con la poesía que ágrafa y silenciosa se refleja en mis ojos. No hay otro fortaleza igual en la península o yo no la conozco. Las vistas desde arriba son inmejorables. Pueblos, tierras de labor, serranías hacia el sur y la Ibérica hacia el norte. La noche poco a poco traspasa con sus sombras la fortaleza que ahora contemplo.



lunes, 12 de julio de 2021

Soldados del orden




 No sé si todos pero muchos buscamos periodos de excepcionalidad en nuestra vida para salir de la rutina. Hay una condición necesaria y primera, desengancharse. De todo, y en primer lugar de los media que ordenan el mundo para ti. No vas a ver el mundo por primera vez, pero te habrás liberado de enormes mochilas.


Si caminas por la ciudad, como yo ahora por Valencia, de inmediato ves a gente impedida, con la salud quebrada. Dependientes del brazo de otras personas o caminando con artilugios y extensiones. Luego ves a gente uniformada, probablemente por necesidades de trabajo, con trajes oscuros, capa encima de otra capa, en medio de la canícula. El mayor de los uniformes, el mental, no lo ves. Gente arrastrando cosas, probablemente innecesarias. Gente atendiendo órdenes que le llegan al oído y a los ojos a través de una combinación de teclas muy precisas. Embozados, emboscados dentro de un yo construido desde fuera. Para la mayoría no hay excepcionalidad posible porque lo excepcional se ha convertido en rutina. Para los filósofos morales, no digamos para los políticos, toda esa gente no hace el caso porque tratan de lo general, dando por supuesto que todo hombre está sano y es racional. Jóvenes sanos vigorosos con las facultades a tope. Pero tomado uno a uno, cada hombre tiene un quebranto, cada hombre es una rareza que lo aparta del promedio. Establecidas las reglas, hace décadas, del común vivir, no hay hoy política o filosofía moral con sentido que no deba partir del caso particular. Desgraciadamente, no veo esa política o esa filosofía. La uniformización, que es el objetivo de los media, es basura, va en contra de la libertad individual, no detecta el problema personal. 


Una mujer joven delgada nervuda vigorosa hurga con una guía metálica en la basura de un contenedor, mientras un hombre barbudo y orondo en un banco cercano lee concentrado un grueso volumen cuyo título es Rimbaud. ¿De qué modo guía y orienta la lectura? Un Diógenes buscaría un Baudelaire, un Benjamin.


Es admirable ver a un hombre a una mujer fruto de sí mismo con la cara despejada las manos y la espalda libres, sin nada a que atender salvo lo que se le presenta como nuevo ante sus ojos y oídos y piel y olfato. Pudiendo vivir en Gormaz, por qué tal hombre se mete en líos y vive en Valencia. Lo que va de vivir con lo mínimo imprescindible a vivir con un montón de necesidades creadas. Digo esto junto a un café y una tostada, siendo yo la suma de las contradicciones, la principal formular un ideal.


Hasta en las más inocentes atracciones están las consignas de cuasi obligado cumplimiento. En el actual periodo, los activistas son los soldados del orden. Véase quién firma esos dos murales de la foto: A#ctivistofOptimism. Zalando


jueves, 8 de julio de 2021

Alojamientos y comidas

 



Cuando viajas caminando o en bici siempre tienes una cierta preocupación por dónde vas a dormir. A menudo el día antes reservas las camas para el día siguiente. En este viaje del Camino del Cid las cosas han sucedido de este modo.

1. Para el primer día del viaje no hubo problemas porque a los dos amigos que venían de Madrid les ofrecí una habitación de dos camas en casa. Para cenar compramos unas morcillas en Sotopalacios.

2. Para el segundo pensábamos dormir en Salas de los Infantes pero sobre la marcha decidimos prolongar el viaje hasta Hontoria del Pinar el último pueblo de Burgos antes de llegar a la provincia de Soria. Llamé a última hora de la tarde al albergue de la estación. Por 6 € cada uno nos alojamos: sencillo y cómodo. No lo compartimos con nadie más. Para comer sobre la marcha bocadillos y para cenar cosas sencillas en la tienda del pueblo.

3. El tercer día pensamos que íbamos a dormir en Burgo de Osma. Como llegamos muy pronto, comimos un menú sencillo bajo un toldo junto a la catedral, pero sin embargo nos fuimos a dormir a Gormaz. Un albergue novísimo limpio con todos los detalles necesarios para pasar una tarde y una noche. A la entrada ondean dos banderas, la española y la japonesa, pues parece que un ministro plenipotenciario, amante de Soria, lo inauguró. No pudimos comprar nada porque en el pueblo no había tienda así que comimos lo que pudimos, tapas en un bar de la localidad. También aquí éramos los únicos huéspedes del albergue.

4. En el cuarto día hicimos la reserva la tarde anterior para Miño de Medinaceli. Otro albergue novísimo que parecía que nadie había usado antes que nosotros. Amplio cómodo y limpio, más lujoso que cualquier hotel de tres o cuatro estrellas, también para nosotros solos. Tampoco en Miño había tiendas así que comimos y cenamos en el restaurante del lugar regentado por una familia marroquí que, hay que decirlo, cocinaba muy bien. Y la chica que nos atendió simpatiquísima, por cierto.

5. Las experiencias en los albergues han sido magníficas, tanto que hemos buscado como locos albergues en todas las poblaciones, aunque no ha podido ser. En Molina de Aragón reservamos en una supuesta casa rural con habitaciones compartidas. Casa rural La Cava se llamaba, aunque la casa era espaciosa las comodides no lo eran tanto. Ni siquiera nos prestaron un triste plato o cubiertos para cenar. Compramos la cena y el desayuno en un Día que cerraba a las 9 y nos apañamos.

6. Como en el albergue de Albarracín no había plazas, reservamos a través de Booking en un hotel, al pie del río Gallo. Una habitación individual y otra doble. Hubo una confusión y en la doble solo había cama de matrimonio, cosa que no queríamos. Ni siquiera nos ofrecían una cama supletoria. Tras una discusión supimos de una pareja que había dejado su habitación de dos camas antes de tiempo y pudimos cambiar. Alguien nos recomendó que fuésemos a cenar a la Casa del Jubilado. No es que la cena fuese una maravilla pero para nuestras necesidades fue suficiente.

7. En Teruel reservamos en un llamado Albergue Internacional. Uno de esos típicos lugares para mochileros algo avejentado pero lo suficientemente cómodo como para que tres ciclistas cansados tras una larga y dura ruta pudiesen descansar y dormir sin sobresaltos. Comimos magníficamente en el restaurante Los Amantes, junto a la avenida de Segorbe. Recuerdo lo ricos que estaban un milhojas de verduras y una lengua de vaca. Cenamos con lo que compramos en Carrefour Express.

8. Hoy, tras 125 km a través de la Vía Verde de los Ojos Negros, lo único que queríamos era una habitación sin más. Hemos reservado en un hostal de carretera con las condiciones justas, limpio y ordenado en Sot de Ferrer, un barrio de Segorbe. Hemos comido en la bella Jérica, en el restaurante que está junto a la piscina, un arroz a banda delicioso. De cenar, sobras que llevábamos en la mochila.

9. Mañana mis amigos de Madrid quieren llegar a Valencia y, sin pasar la noche junto al Turia, embarcar rápidamente hacia Madrid pues añoran a sus mujeres, tras una semana de estar sin ellas, así son de convencionales. Yo me quedaré en Valencia para ver a mi hija y a mis nietos.


miércoles, 7 de julio de 2021

Albarracín

 



Madrugada. Las calles vacías salvo el sonido de alguna furgoneta de reparto. Me viene a las mientes fugaz la idea de que las ciudades, pueblos y villas  son bellos cuando están deshabitados. Pero alguien los ha hecho, alguien les ha dado la forma que admiramos. El sol del este flota sobre las empinadas casas, las escaleras por las que asciendo, los altos balcones, el rejerio de las ventanas, los árboles en las pequeñas terrazas que ponen una mancha verde en medio del rojo albarracín, pues así debiera denominarse este rojo y no tomándolo de la vinícola región bordelesa, color que da tono al semicírculo urbano que mira hacia el cerro de enfrente, el de la colorista cúpula de la torre catedralicia que se eleva junto al castillo por encima del caserío, factura no del todo cobrada de un tiempo que ya no existe. Cada rincón en la ascensión ofrece una vista, cada rincón quiere ser admirado, los arcos las murallas los callejones torcidos las fachadas abombadas las murallas el adarve que asciende conmigo, una ciudad que nació y fue creciendo, sin duda, sin otra finalidad que ser contemplada y ese sigue siendo su empeño, por eso a esta hora todavía sombría, aunque el sol asome en las alturas, cuando no hay nadie en la calles, señorea su esencia muda, despojada del hombre circunstancial y efímero. 


Cuando abandono la parte alta de la ciudad, tres muchachas suben ocupando la calzada decididas dándo fe de que la especie aún no se ha extinguido y que la ciudad aún no está del todo vacía, aún no del todo fósil de una antigua civilización. Quiénes la construyeron, quiénes le dieron forma, como atestiguan los nombres de las calles de los hoteles de las placas que sitúan monumentos, de las inútiles murallas e inútiles iglesias y palacios, la civilización que la hizo ya no existe, es de otro tiempo, y la vida, que ramoneará en un instante en cafeterías y bares, simulacro.

lunes, 5 de julio de 2021

Molina de Aragón

 



Callejeo, cuando los faroles de las calles se encienden y las campanas tocan las 9 de la noche, por el intrincado casco histórico de Molina de Aragón. Abundan los casones y palacios de la antigua nobleza -se nota que fue gran villa, que hubo poderosos señores, pero que ahora todo está desarmándose como a la espera de un renacimiento, imposible diría yo, las iglesias -algunas tan impresionantes como la de San Gil- y los conventos, todos ellos bajo las enhiestas torres del antiguo palacio fortaleza de los caballeros de Aragón. El imponente convento de las Clarisas y la iglesia aledaña, de la que espanto a un hombre sentado en los escalones junto a sus perros cuando enfoco con la cámara la portada, parece cerrado a cal y canto y tras sus ventanales no se adivina luz alguna. ¿Quedará alguna monja o el siglo las ha hecho abandonar a todo correr los votos para integrarse en una sociedad de identidades maltrechas, tanto que necesitan leyes que las promocionen y defiendan? El refugio conventual de antaño ya no parece serlo. Un poco más abajo el colegio de religiosas Ursulinas está abandonado cayéndose a pedazos. Tampoco para eso quedan vocaciones de mujeres vírgenes dedicadas a los niños. Si las iglesias están cerradas, como esta del Sagrado Corazón o de San Pedro, que ambos están invocados en el anteatrio, ante la que dicto está nota, y los conventos y colegios cerrados, las plazuelas están más que concurridas con jóvenes que fuman charlan y se divierten. Muchos jóvenes para población tan pequeña, seguramente veraniegos, hijos de familias que ahora viven en Madrid. 


Los pequeños pueblos de las dos Castillas que he ido recorriendo tienen un pequeño aluvión de gente que vuelve a ellos, jubilados de las grandes ciudades cansados de un tráfago que ya no soportan. Así me lo han contado unos cuantos con los que he charlado en el camino, deseosos de contar su procedencia y su vuelta a las raíces. Gentes que quieren saber el nombre y circunstancia de los nuevos vecinos conocer a quienes como ellos han vuelto, tener una charla sosegada junto a una plaza y un árbol o al atardecer en la mesa de la terraza de una cafetería. Charlar contar la peripecia vital, no tanto poner el oído ante los forasteros. Amigables dispuestos a invitarte si los escuchas.



No hay luces tras los balcones o muy pocas, las persianas echadas, de algún rincón sale la voz poderosa de un canal de televisión y en la otra esquina asomando por encima de los tejados Venus vigilante, eterno testigo del tiempo intransferible. Hay niños jugando al balón en otra plaza como si estuviese volviendo lo perdido. Enseguida sé que en esa plaza, la Plaza de España, los pequeños son de procedencia norteafricana, y junto a un banco están sus madres, más de una docena. Ellos se entienden en español pero ellas hablan algún idioma del norte de África quizá el tamazig. No parece que haya ningún niño local aunque quizá los locales sean ellos, cerrando el círculo que hace siglos se abrió con expectativas de nunca cerrarse. Sigo caminando y veo que aquí hubo judería -a la que se accede por estrechas y empinadas escaleras, un pequeño remanso vegetal en un día como este en el que las piedras desprenden fuego todavía- y también morería: veo la desconchada puerta de entrada a la medina del siglo XIII, según indica un cartel. Entre una y otra, hermosos torreones y la bellísima fachada con balcón de madera de una casa medieval. No sería mala idea que alguna de las tantas iglesias cerradas -me preguntó si habrá en España alguna villa con tantas iglesias- como hay en Molina se convirtiese en lo que antaño fue, una mezquita, pues qué mejor uso para darles nueva vida. Aunque ya sé de los prejuicios y lo que tardará en suceder, pero que sin embargo es inevitable. Un jovenzuelo en veloz patinete se me cruza con música del norte de África bien alta. Cuándo entro en el barrio de la morería del siglo XVI, la mayor parte de las casas aunque cuidadas están vacías, algunas candando puertas muy deterioradas, dan fe de lo que fue, las inesperadas voces a través de una ventana abierta de jóvenes que conversan en árabe.


Molina es pueblo grande o villa, mucho más de lo que yo imaginaba aunque fantasmagórico y vacío. Más abajo suena el caño de una fuente, ahora en sombras, que debió formar parte de antiguos baños. Impresionante ciudad y eso que solo veo la margen derecha del río Gallo porque al otro lado, a la que se llega por numerosos y vistosos puentes, sigo viendo iglesias casas y palacios pero no tengo tiempo para seguir la ruta nocturna porque mañana madrugo.


sábado, 3 de julio de 2021

Gormaz

  


Desde el patio terraza del novísimo albergue de Gormaz contemplo la airosa fortaleza árabe que corona este pequeño pueblo soriano. Hace un momento paseaba por sus almenas mirando hacia poniente los últimos rayos del sol. Desde el este llegaba el sonido de un tractor solitario y las voces de los vecinos que en una tarde serena resuenan claras y distintas en el altavoz natural de la rocosa ladera que desciende de la fortaleza. En la cinta del Duero que al llegar aquí dibuja en una semicircunferencia el perfil del cerro en que se asientan pueblo y fortaleza, ya con el suficiente caudal como para aparentar ser un gran río, los rayos coloridos del atardecer se reflejan en su cinta. Podría ser un momento mágico, pero me conformo con la poesía que ágrafa y silenciosa se refleja en mis ojos. No hay otro fortaleza igual en la península o yo no la conozco. Las vistas desde arriba son inmejorables. Pueblos, tierras de labor, serranías hacia el sur y la Ibérica hacia el norte.


Si ayer fue un día accidentado hoy los hados se han mostrado benignos. Hemos recorrido el cañón del Río Lobos, sus sendas pedregosas, y luego las más fáciles  que junto a Ucero llevan desde Hontoria del Pinar hasta El Burgo de Osma para terminar junto a esta fortaleza que ahora contemplo cuando la noche poco a poco la traspasa con sus sombras.


viernes, 2 de julio de 2021

Lola vers la mer (2019)

 


Los exhibidores rescatan una película belga de 2019, Lola. En España es el momento de verla tras la aprobación de la ley 'trans'. Un joven estudiante Lionel, de 18 años, decide ser Lola. Mya Bollaers hace verosímil esa transformación. El padre no lo acepta, lo echa de casa y Lola ha de acogerse en un refugio. El conflicto se hace patente cuando muere la madre. En la ceremonia de despedida, Lola acude a la casa familiar y su padre la echa, delante de los asistentes. La madre formuló el deseo de que las cenizas fuesen dispersadas en las dunas de las playas del Mar del Norte, territorio flamenco origen de la madre frente al padre valón. Como ambos quieren llevar la urna a las dunas tienen que compartir viaje en el mismo coche. En eso consiste básicamente la trama de la película, en la readaptación a la realidad de ambos: el padre aceptando que no es un hijo sino una hija lo que tiene delante; Lola comprendiendo las dificultades emocionales del padre. 


La película es deudora de un tema de actualidad, lo que tiene ventajas comerciales y emocionales. Es evidente que muchos necesitan que los asuntos difíciles se les presenten de forma emocional, es decir no exigiéndoles un esfuerzo de comprensión sino una fácil adhesión. No es lo deseable pero no imagino, con nuestros sistemas educativo y cultural, cómo convertir a la mayoría de la población en filósofos. Las películas, las novelas, la música son sustitutos emocionales de la deliberación racional. Como los productores de esta película saben que tienen el viento a favor no se han esforzado mucho. Desde el principio sabemos cómo va a acabar la dialéctica viejo/nuevo trasnochado/moderno, pues Lola simboliza los sentimientos positivos y el padre los negativos, y que ambos se reconciliarán.