jueves, 23 de abril de 2026

La vía China, Una sociedad extremadamente competitiva


Nuestro contacto con la población china es mínimo. La mayoría ni siquiera sabe que existe un país llamado España. La mayoría no parece sentir curiosidad o poca. En general, salvo cuando se producen aglomeraciones, la gente se comporta y cede del paso. No ha sido así cuando los he visto en colas de espera, indiferenciados en el avión o en cruceros en ciudades europeas.




Hemos tenido cinco guías, Armando en Pekín, Bin en Pingyao y Xi'an, Verónica en Chengdu, Li en Guilin y Zhangjiajie y Yao en Shangai. Salvando las dificultades de pronunciación, han sido guías profesionales. Sin embargo, la información que nos han dado sobre las interioridades del país ha sido escasa o nula. A preguntas concretas - las cámaras de vigilancia -, Li decía que ya lo explicaría más tarde y Yao - sobre el sistema de partido único - escurría el bulto. Lo comprendo. 




Intentar captar el espíritu chino, la esencia de China es una ilusión. China es milenaria, su extensión inabarcable. Reducirlo todo al calificativo de 'lo chino' es pereza. Podemos hacernos una imagen del paisaje, la cultura y la historia, del movimiento de los cuerpos, de las escasas sonrisas. No parece que estén a disgusto con la forma de vida China - la Nueva China de Mao es ya pasado y está dentro de lo permisible verla con ojos críticos, la Nueva Nueva China de Deng y Xi es otra cosa -, al fin y al cabo nosotros como ellos estamos pegados al móvil y consumimos y, como ellos, estamos acostumbrados a recibir estructuras ya construidas con las que comprender y organizar el mundo. Pensamos con la ración de ideas que asumimos acríticamente desde los medios de comunicación y redes sociales que frecuentamos. Somos algo más libres pero no mucho más que ellos.




¿Son infelices los chinos? No, en general no lo parece, ocupados, sumidos en su laboriosidad, como si no tuviesen tiempo para la introspección, pero vete tú a saber. Han dejado atrás una mala época: guerras terribles en la primera mitad del XX, hambre y muertes durante los experimentos maoístas, y ahora van tirando o viven - no se ve miseria en las calles, alcoholismo, drogadicción o enfermedad - según les vaya en la fiesta en esta sociedad dual que combina comunismo y capitalismo, vigilancia y consumismo.




Por lo que nos cuentan, la vida diaria es dura, los colegiales sin descanso, los empleados sin ocio; clases extras los fines de semana, competición salvaje por el empleo; dos tipos de empleo, el menos exigente (996 horas y días a la semana, según el cómputo de Yao) y el de quien quiere prosperar en la empresa (el 007 en horas y días a la semana), con total entrega, con comida y alojamiento en la empresa para no perder tiempo, y mucha bebida para resistir, para los de menos de 35 años; solo el 15% accede a la universidad mediante una serie de exámenes extenuantes; con vacaciones de 10 días al año no hay tiempo para hacer viajes largos: si te vas, quizá tu sitio haya sido ocupado cuando vuelvas.




He podido hablar un poco con la guía que nos han puesto el último día en Pekin. Una chica joven, Emma, preocupada porque es muy difícil complacer a los padres en su expectativa de un buen matrimonio. Casarse después de los 30 se considera un fracaso. En la fiesta de primavera se alquilan novios para engañar a los padres. En las ciudades hay un lugar y un día al que denominan mercado de solteros. Los gays lo tienen difícil o imposible. Las chicas esperan ser escogidas. Los chicos están obsesionados con comprar un piso y un coche para ofrecérselo a la novia como dote. Una vida entregada al trabajo y a las expectativas. Se sorprende que podamos viajar tanto y que tengamos dinero disponible. Me cuenta que sus padres no viajan, ni siquiera por el interior de China. Su magra pensión, el equivalente a 150 €, no da para ello. 




Ayer volviendo al hotel nos paró la policía para controlar el ID. Le comento la insoportable vigilancia en una ciudad como Pekin, incomparable con cualquier otra. Me dice que es habitual que en las estaciones de metro se formen interminables colas para el control aleatorio del ID. Me pregunta,con interés genuino, cuál de todas las ciudades que he visitado me ha gustado más. Guilin, le digo, Pingyao, Xi'an, Zhangjiajie, cualquiera menos Pekín.


Hay una cosa más que me comenta. Los exámenes para funcionarios. Un par de amigos suyos han sido rechazados. Tras los exámenes normales para los que han de estudiar mucho - ser excelentes en todo -, hay un examen más con máquina de la verdad no de por medio, donde no pueden mentir. Es ahí donde sus amigos, uno gay, han sido rechazados.




China es como un nuevo Imperio romano, tecnología en marcha: infraestructuras admirables, modernización, vida fácil para la creciente y amplia clase media (desconozco qué porcentaje, si es un 50%, como he leído, serían 750 millones que iría de ingresos anuales entre 60,000 y 500,000 yuanes (aprox. de 8,300 a 70,000 $). Hay unos 12 millones de millonarios y 1,110 multimillonarios. Hay una vida que no conocemos: cómo funcionan la sanidad y la educación, ¿hay igualdad de oportunidades?, ¿se combate la corrupción de los privilegiados? ¿Cómo se solventan las enormes desigualdades?


miércoles, 22 de abril de 2026

El '798 Art Zone' (Dashanzi, Pekín)

 


Qué mejor, para acabar el viaje y tener una idea de la Nueva Nueva China que una visita en la tarde del último día, en Pekín otra vez, al distrito cultural más afamado. Verás las disfunciones del sistema chino.




El distrito cultural 798 combina galerías museos, centros culturales estilo europeo con boutiques y restaurantes finos y jóvenes despreocupados.




El '798 Art Zone' se sitúa a un lado de una calle ancha con mucho tráfico, que marca la frontera entre dos mundos, la Jiuxianqiao Road. Al otro lado, un barrio humilde que conviene visitar. El barrio que los engloba es el de Dashanzi. El contraste entre el barrio obrero y tradicional y la sofisticación de las galerías de arte es brutal.




El 798 Art Zone, dice la guía impresa, es "el corazón del arte contemporáneo en China y uno de los puntos culturales más fascinantes de Asia". Si no captas el cinismo, puede que lo veas así. Es lunes y las galerías y museos están cerradas, pero uno puede hacerse una idea mirando a través de los escaparates. Y lo que se ve no es diferente del desfalleciente arte contemporáneo de cualquier ciudad europea, imitación de la imitación. Picasso y Pollock varias décadas después.




 A un lado los hijos de la nomenclatura y de los nuevos ricos se sienten modernos, a imitación de otros centros o distritos culturales de las grandes ciudades europeas y americanas. 


© Lola


El otro, los chinos que experimentan la vida dura de quien no tiene tiempo para el ocio.




El complejo fue originalmente un conjunto de fábricas de electrónica diseñadas en la década de 1950, en general, estilo Bauhaus de techos curvos y grandes ventanales. Cuando la industria decayó, nombres como el de Ai Weiwei pusieron el distrito en el mapa internacional: galerías, esculturas en la calle, instalaciones de metal y figuras surrealistas y fotografías de artistas europeos y chinos con el convencional rictus de artista, con fondo de antiguas tuberías industriales, chimeneas oxidadas, grafitis y murales. Añádase eslóganes de la era de Mao en rojo y el puro del Che Guevara - no falta la Marilyn de Warhol - al lado de boutiques de ropa desenfadada y cara y cafeterías de diseño.


© Lola

Antes de esto, Dashanzi era un complejo industrial y residencial para los trabajadores de las fábricas militares y de electrónica (como la Fábrica 718 y la 798) construidas en los años 50 con ayuda de la Alemania Oriental. El barrio de Dashanzi que lo rodea mantiene edificios de apartamentos antiguos de estilo socialista, pequeños puestos de comida callejera y mercados locales donde vive la clase trabajadora, todo degradado y sucio.


martes, 21 de abril de 2026

Shanghái de la colonia imperial al resplandor futurista




1. Por qué nos han traído a este parque, el parque Fuxing, antiguo barrio francés, nos preguntamos, por qué nos han traído al parque de los viejos. Debe ser sin duda la forma de mostrarnos la vida ordinaria un domingo por la mañana: vecinos (viejos) practicando el tai chi o bailes latinos; grupo numeroso (de viejos) cantando a coro una canción folk y, cuando nos detectan, una canción navideña en inglés - ¡un villancico en abril!; 




vecinos (viejos) ensayando el saxo y jugando al mahjong bajo los plátanos centenarios. La vida activa de los viejos, de eso se trataba. "No, no", parecen decirnos, "en China no se invita a los viejos a que se vayan de este mundo para tener una vida feliz en el otro, están activos".




2. Es domingo y la aglomeración temida para subir a la la tercera torre más alta del mundo, no se produce. Sí, la Burg Khalifa (Dubái, 828 m) es más alta y la Merdeka (Kuala Lumpur, Malasia, 679 m) también, pero de ellos 60 son de antena.




La Torre de Shanghái (632 m) ostenta el récord del mirador más alto del mundo dentro de un edificio. Puedes subir hasta el piso 118, con el ascensor más rápido del mundo, a 18/m segundo, hasta los 546 m. Desde lo alto la ciudad impresiona (hasta que deja de hacerlo). Es una torre en espiral con la tecnología más vanguardia. Pero, en fin. 




Junto a la Torre Jin Mao (421 m, con forma de pagoda) y el Centro Financiero Mundial (492 m, la de apertura trapezoidal en la cima) conforma el trío de rascacielos más iconico de Shanghái. Eso dicen.




3. El Jardín Yu es un célebre jardín clásico chino del siglo XVI (dinastía Ming) situado en el centro de Shanghái, conocido como el "Jardín de la Paz". Hay pabellones tradicionales de madera oscura, estanques, puentes en zigzag y rocallas, un refugio tranquilo en medio del bullicio urbano. Fue diseñado por un alto funcionario imperial para sus padres. 




Una escultura de Confucio señala el tipo de filosofía del diseñador: rincones bien cuidados con pequeños esculturas, rocas artificiales, estanques con carpas doradas y parterres, pabellones dedicados a biblioteca, salones del té y meditación, una torre de jade y la figura del dragón - con tres o cuatro garras- que se va repitiendo.




4. Justo al lado está el Mercado Yuyuan, un bazar animado - muy apretado de gente - con arquitectura tradicional que ofrece souvenirs, artesanías y comida local. Volvemos a encontrar la procesión de chicas con disfraces dinásticos contratando a fotógrafos profesionales para que les hagan un álbum. 




5. El Bund. Por fin, después de la comida, damos un paseo por el barrio colonial inglés. Vemos ahora, desde el paseo marítimo, el otro lado del río: las torres de vidrio de Pudong (la Torre Jin Mao, el SWFC y la Torre Shanghái a la que hemos subido) forman sin duda un skyline muy fotogénico. Alrededor, el bosque de altos edificios que anoche veíamos iluminados desde el río Huangpu. 




Detrás, a este lado, el Shanghái colonial europeo, una ristra de edificios administrativos coloniales y de grandes bancos, ahora todos propiedad del Estado chino, con estilos de varias épocas: art déco, neoclásico, románico, gótico, barroco. Los hemos visto en películas de época. Y un amplio paseo comercial, peatonal, cosmopolita, al estilo Paseo de Gracia o Calle Serrano.

lunes, 20 de abril de 2026

Shangái, llamaradas de cristal y acero




Uno espera que como gran ciudad Shangai te reciba como una brasa luminosa en medio de la noche. Pero no es así, es verdad que es tarde, cerca de la una de la noche cuando llegamos al aeropuerto desde Zhangjiajie: los rascacielos están apagados, las calles mudas y el tráfico reducido al silencio de los motores electricos.




Con cerca de 30 millones, la ciudad no se puede considerar como un conjunto uniforme, sino como llamaradas o pequeñas ciudades dentro de la gran aglomeración. 




Así, Zhujiajiao, que visitamos a la mañana siguiente, en los aledaños de Shanghai, una ciudad comercial que surgió de los ramales del delta del Yangtsé hasta convertirse en una ciudad de canales, que fue tomando la forma de la Venecia Europea, aunque Zhujiajiao ya existía hace 1700 años. La multitud se agolpa en los márgenes de los canales, en las calles y edificios de las dinastías Ming y Qing, entre tiendas y restaurantes con una amplísima oferta a la vista, buscando con sus cámaras los reflejos ondulantes en la superficie del agua. La ciudad está llena de puentecillos, incluso uno que se asemeja al de Rialto.




Hasta nos damos el lujo de montar en una barca como si fuera góndola, atentos a las casas de madera oscura, el olor de las especias y los vendedores, como si, nuevos colonos, volviésemos a la China premoderna, a 40 km de la futurista Shanghai.




Destellos al atardecer en los rascacielos de cristal y acero, como molinos gigantes sin aspas, a la espera de que un caballero con oscura espada laser abata su inmerecida soberbia, torres gigantes, diferentes unas de otras, que parecen muertas, sin vida dentro, quizá porque se haya acabado la jornada laboral o porque hoy es sábado.




 Mortecino el feo y soso mercado de imitaciones, curiosamente sin multitudes - españoles e indios en su mayoría - atraídas por el supuesto bajo precio de sus artículos falsos, quizá los habitantes genuinos de esta ciudad sea gente que no quiere lo falso.




Llamaradas, esas sí, ya de noche, las que desprenden las altas torres sobre el espejeante Río Huangpu, afluente del Yangtsé, el mayor espectáculo de color que uno pueda  imaginar entre las 6 y las 10 de la noche, porque después se apaga todo.




Si ya nos parece enorme el río Huangpu, al llegar a su desembocadura, el río Yangtsé se ensancha tanto que alcanza distancias de lado a lado que superan de los 10 a los 30 kilómetros en su estuario antes de unirse al Mar de China Oriental. 




El brillo del lujo de las tiendas exclusivas en el pequeño barrio francés, tiendas que no se encuentran en otro sitio, Marvis, por ejemplo, una marca italiana de solo crema de dientes, para dar valor al exclusivo acto de comprar. En esta pequeña ciudad dentro de la gran ciudad, los chicos y chicas ya no se disfrazan con las retromodas dinásticas del pasado, sino que se visten de ricos, con bolsas que declaran en el estampado lateral que el solo nombre de la marca basta para mostrar que se lo pueden permitir.


Llamaradas de Shanghai que ha recogido el cine en el Skyfall del agente 007, en la arquitectura futurista de Her, en el vértigo de Misión Imposible, en el Bund colonial de El imperio del sol.


domingo, 19 de abril de 2026

Montaña Tianmen, la puerta del cielo

 


Solo cabe un ooooh de sorpresa cuando, pasada la puerta ornamental al pie de la montaña, uno mira hacia arriba y ve el enorme agujero, ni más ni menos que la Puerta de Entrada al Cielo (Tianmen). En Burgos tenemos un arco, otra puerta sobre un río más terrenal, nada celeste, Puentedey, un puente de piedra natural de 15 metros de altura sobre el río Nela. El diferencial chino es el tamaño, la altura y sobre todo la multitud que pide paso y empuja para traspasar la puerta, aunque traspasada, la promesa, como en cualquier paraíso, no sea otra que vacío.




El Arco de Tianmen es una abertura natural de 131 m de alto y 57 m de ancho formada por el colapso de una cueva kárstica hace aproximadamente 1.500 años. Un texto de época narra que el sonido del colapso se escuchó desde la ciudad. La Montaña de Tianmen (Tianmen Shan), en Zhangjiajie, es considerada una de las maravillas naturales más impresionantes del mundo. 




Tenemos dos opciones para subir hasta la puerta del cielo, por escaleras mecánicas, construidas por dentro de la roca, que suman 12 largos tramos (7+5) o a pie, por la larga y pindia escalera que se ve en las fotos, conocidas como la "Escalera al Cielo". Es pindia pero con ritmo se puede subir. Se dice que la escalera tiene 999 escalones, para cumplir con el número mágico de la cultura china, el 9. 




El número 9 (九, jiǔ) simboliza longevidad, eternidad y poder supremo, siendo considerado un número muy afortunado. Debido a que su pronunciación es igual a la de la palabra "duradero" o "eterno", se asocia con relaciones amorosas largas y buena fortuna. También simboliza los nueve palacios del cielo. Para Dante, sin embargo, 9 son los círculos del infierno en la Divina Comedia.




Una vez arriba, justo debajo del gran hueco hay un pequeño estanque y tras el la ladera que baja por la otra vertiente. Luego se ascienden 5 tramos más de escaleras mecánicas para llegar a lo más alto, hasta una plaza donde se aprieta la multitud. 




Hay la opción de subir todavía más a un pico con mirador o dar la vuelta por un sendero asentado sobre el borde de un vertiginoso acantilado. En parte, el sendero va por unas pasarelas de cristal transparente suspendidas a 1,400 metros de altura, no aptas para quienes sufren vértigo. Otra opción es no moverse y quedarse a tomar un café o rendirse al impacto místico, si ha sido el caso, entrando en el templo budista.




El número 9 lo volvemos a ver en las 99 curvas de la carretera que asciende hasta el inicio de la montaña. Nosotros hacemos la mitad a la vuelta, de bajada, - son muy cerradas, igualmente vertiginosas -, hasta llegar al acceso a las cestas que nos dejan en el centro de la ciudad de Zhangjiajie. El Teleférico es el más largo del mundo y el de mayor de inclinación (38°), con 7,4 kilómetros de la cima a la ciudad. La experiencia es sorprendente por inesperada: 30 minutos con paisaje de bosque y campos a un lado y los picos de Tíanmen al otro, hasta sobrevolar calles, avenidas y los edificios de Zhangjiajie. La vista desde el teleférico es espectacular. La ingeniería extrema china nos sorprende una y otra vez.




El tiempo ha acompañado. Para que la experiencia fuese completa los picos habían de aparecer entre nubes, creando una atmósfera casi mística y fotogénica. También nos ha llovido y se ha despejado un poco, de modo que en el restaurante (con excelente pato laqueado) pudiésemos verlos de lejos.  




sábado, 18 de abril de 2026

'Avatar' en el Parque Forestal de Zhangjiajie

 


Zhangjiajie" (algo así como "el hogar de la familia Zhang") es el lugar más visitado de China. La película Avatar la puso en el mapa, aunque para muchos ya era conocida por sus grandes pilares de arenisca de cuarcita de hasta 1.000 m de altura. 




A sus miles de picos afilados de formas caprichosas, emergiendo del mar de nubes la mayor parte del año, el gobierno ha añadido, para hacerlo más visitable, el famoso puente de vidrio, el ascensor al aire libre más alto del mundo, excavado en la pared vertical de un pico de cuarcita, conocido como el "Elevador de los Cien Dragones" (326 metros) y el Teleférico que sube a la Montaña del Hijo del Cielo (Tianzi Shan), la más alta del parque (1.262 m) con hermosas vistas panorámicas sobre los pilares, si las nubes lo permiten. Incluso, debido al éxito de la película, las autoridades chinas renombraron la "Columna del Cielo del Sur" como la Montaña Aleluya de Avatar.




El nombre del conjunto es Parque Forestal Nacional de Zhangjiajie, el primero de su género en China (1982), con más de 3.000 pilares de cuarcita que se elevan desde el bosque brumoso 200-400 m, creando el paisaje en el que se inspiró James Cameron para crear las Montañas Aleluya de Pandora (Avatar (2009). Los pilares se formaron por erosión del agua y el viento sobre bloques de cuarcita levantados por movimientos tectónicos durante 300 millones de años. La densa niebla que suele cubrir el parque hace que los pilares parezcan estar suspendidos en el aire. Lo que más se fotografía son las agujas verticales cubiertas de vegetación que parecen flotar. Hay muchos macacos salvajes, expertos en "robar" comida de las mochilas, pero no los hemos visto



Terminamos la jornada en el Arroyo Jinbian en el fondo del cañón, donde hoy tenemos las mejores vistas porque justo en ese momento el cielo se abre y aparece el sol. Aunque tenemos la posibilidad de recorrer el fondo del cañón (5,7 km) bajo las paredes de los pilares de cuarcita), estamos tan cansados y hambrientos que lo dejamos ir. 



El parque, además de a Cameron, ha inspirado a múltiples artistas, pintores y poetas.




Para los usos de China, Zhangjiajie, con 1'5 millón de habitantes, es una ciudad pequeña, sin embargo, se hace imprescindible para el turista. Para quien busca paisajes sin duda es el primer lugar a visitar. En este viaje visitamos sus tres hitos: el Parque Forestal, la Montaña Tianmen con su arco natural, y el Puente de Cristal sobre el Gran Cañón. Nos falta conocer algo de la etnia local, la cultura Tujia. Junto al río, estos días algo he visto de sus danzas, el bordado de colores y su arquitectura de madera. La cultura Tujia se ha hecho famosa por sus tradiciones singulares como la "boda llorona" o los 'arreadores de cadáveres'. En general, en nuestro viaje, solo hemos visto etnias como decorado.



viernes, 17 de abril de 2026

Zhangjiajie, el puente de cristal y la leyenda de los 'arreadores'



Mientras nos acercamos, no demasiado deprisa, por la niebla y lluvia, hacía un nuevo objetivo en la región de Hunan, el puente de cristal del Gran Cañón, en Zhangjiajie, seguimos viendo en el paisaje montuoso de la región las tumbas solitarias o pequeños cementerios con adornos que tanto nos llama la atención. Hunan tiene una tradición particular al respecto. Li explica cómo durante la muerte reciente de la madre de su esposo la familia y el pueblo entero durante una semana se dieron a una alocada celebración con músicos contratados, comida y bebida abundante y juegos y risas durante la que era imposible dormir.



En la cultura china, la idea de que "las hojas que caen vuelven a sus raíces" es vital. Morir lejos de casa y no ser enterrado en el suelo ancestral es una tragedia espiritual. El terreno en Hunan es tan montañoso que cuando alguien moría fuera de casa era imposible llevarlos en ataúdes o en carretas de vuelta al hogar.




Por ello se creó un modo alternativo de traslado. A él se refiere la leyenda de los 'Arreadores ' o 'conductores de cadáveres', como nos cuenta Li , en Xiangxi, al oeste de la provincia de Hunan. Una historia de misterio y terror. Cuando una persona moría lejos del hogar (trabajadores o soldados en las montañas), la familia contrataba a un maestro taoísta o 'arreador'. El maestro realizaba un ritual que incluía pegar un amuleto amarillo en la frente del difunto para 'revivirlo' durante el trayecto. Luego lo conducía haciendo que el cadáver caminase dando pequeños saltos con los  brazos extendidos (Jiangshi o 'muerto saltarín').

 


Viajaban de noche. El 'arreador' hacía sonar una campana para avisar a los vivos,  porque los muertos traían mala suerte. El 'arreo' era la forma más económica y práctica de devolver los cuerpos al hogar.


¿Qué sucedía, realmente saltaban los cadáveres? Los 'arreadores' en realidad ataban los cadáveres, por las axilas, a dos largas y flexibles varas de bambú. Dos hombres, uno adelante y otro detrás, cargaban las varas sobre sus hombros. Al caminar, el bambú oscilaba hacia arriba y hacia abajo debido al peso de los cuerpos. Como se puede suponer, la noche - de noche todos los gatos son pardos - hacía el resto: vestían a los muertos con túnicas largas más el bambú oscuro hacía que pareciese que los cadáveres saltaban por sí solos; los cargadores quedaban ocultos en las sombras o por el propio cuerpo del difunto. Zhangjiajie era el corazón de esta tradición.

 

Hoy queda la leyenda, pero en ciudades como Fenghuang y Zhangjiajie (Hunan), de donde venimos y adonde vamos, se hacen representaciones teatrales para turistas. La imagen de los muertos saltarines está en el origen de los Jiangshi, los zombis del cine de terror de Hong Kong.




En Hunan tanto en los funerales como en las bodas se usan grandes cantidades de petardos para ahuyentar a los malos espíritus. Y si en el funeral debe manifestarse gran alegría, por contra, la novia debe llorar ritualmente durante varios días (a veces semanas) antes de la boda como forma de mostrar amor y gratitud hacia los padres por haberla criado. Si no llora, los vecinos pensarán que no tiene  corazón. En cuanto al novio, se hacían rituales humillantes: se le obligaba a vestirse de manera ridícula con ropa interior femenina o con delantales y a desfilar por la calle o ante los invitados mientras la gente se burlaba de él. A veces se le cerraba la puerta o se le golpeaba con ramas o escobas en la creencia de que "cuanto más fuerte se golpea al novio, más bendiciones recibe". 




El puente de cristal sobre el gran cañón de Zhangjiajie tiene 430 m largo, 6 m ancho y 300 m sobre el nivel del suelo. Una obra de ingeniería. Dicen que el más grande del mundo: el más largo, el más alto y el más ancho entre los puentes de vidrio de este tipo, desde 2016. El suelo de paneles de vidrio templado de 24 mm es capaz de soportar a 800 personas simultáneamente. Atrae multitudes que juegan con la adrenalina que produce el vértigo al mirar hacia abajo. Lo divertido, suponemos, son la tirolina y la vía ferrata, pero esta vez no son para nosotros.