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domingo, 15 de marzo de 2026

“Verte a ti mismo, y que otros te vean...”

 


En El otro lado de la montaña pregunta Minna Salami por qué el mundo no ha tenido otra filosofía que la occidental, qué hemos perdido con esa reducción. En concreto, delante de un cuadro de Rubens, Los cuatro filósofos (c. 1612), reflexiona sobre lo que en la misma época podría haberse dicho desde una perspectiva igbo o yoruba, convencida de que representan modos diversos y ricos de concebir la realidad. Minna Salami está convencida de que el dominio de lo que ella llama europatriarcado no solo ha reducido la riqueza cultural del mundo, lo que es peor, ha sometido a quienes ha marginalizado: mujeres, especialmente las mujeres negras, y otras etnias.



Rubens pertenecía a su tiempo cuando pintaba su cuadro, en el que él mismo se incluía junto a su hermano Philipp, Justo Lipsio y Jan Woverius, para enlazar con una tradición que se remontaba al mundo clásico – tras ellos, el busto de Séneca la representa -, una tradición de hombres blancos ricos. Rubens tiene cuatro bocetos de cabezas de hombres negros de bella factura, pero en su taller no hay nada parecido a cuatro mujeres negras filosofando.




Podría objetarse que el mundo no había alcanzado un nivel de desarrollo capaz de incluir a todos los humanos, mujeres y hombres, negros y blancos, sobre el planeta. Qué derroche, podría pensarse, cuanta inteligencia perdida. Cuántos Mozart, cuántos Newton. Si uno piensa en las 86 millones de neuronas de nuestro cerebro, en las siete mil conexiones de cada una, en los 100 billones de conexiones en total, más conexiones que estrellas en 1500 galaxias, qué derroche, efectivamente. Si desde la aparición del homo sapiens en la tierra han pasado entre 10.000 y 15.000 generaciones, si toda esa inteligencia se hubiese liberado de las ataduras materiales y culturales, dónde estaríamos hoy.


Así que no es solo la sumisión de la mujer negra africana, aunque quizá sea ese el fondo de la sumisión y esclavitud. El Sapiens ha necesitado cientos de miles de años para llegar hasta aquí. Nuestra riqueza y desarrollo mental están elevados sobre el sufrimiento, la esclavitud y la violencia. Incluso la moral con que medimos nuestros actos es reciente, ya sea la fundada sobre la luz de Cristo - apenas dos milenios – o sobre las luces de la ilustración – apenas dos siglos. Hemos tenido que llegar hasta aquí para que la emergencia de filósofas como Minna Salami pusiese en el debate público la sumisión de las mujeres negras africanas como ejemplo máximo de la desigualdad. La conciencia evoluciona gracias al progreso material.




Verte a ti mismo, y que otros te vean, es una forma de validación”, dice la artista visual afroamericana Mickalene Thomas. Han tenido que pasar cuatro siglos para que pudiera dar una réplica a Rubens, pero especialmente a Manet, con su cuadro Le Dejeuner sur l'herbe: Les trois femmes noires. La mujer negra africana se afirma sin necesidad de la autoridad del hombre blanco europeo.


lunes, 9 de marzo de 2026

Instantes como géiseres de belleza

 


" Cuando adoramos aprendemos la belleza. Cuando lamentamos vemos la sabiduría del antiguo proverbio: la vida es sufrimiento".

 



Pocos tienen el don de captar la eternidad contenida en el instante. Tiziano lo consiguió varias veces. Si no lo has sentido en alguna ocasión tu vida habrá pasado como un suspiro. El hombre del cuadro pertenece para siempre al instante en que el pintor veneciano lo capturó.




Asociamos fácilmente la eternidad a lo que aquí se representa, la inaugurada tras su muerte y resurrección por Cristo. Con ser para muchos la verdadera imagen de la eternidad, Bernardo Daddi la vió en otro lugar, en la mirada hundida de María, en la suplicante de Juan, ambos se sienten condenados a vivir en la eterna pena, arrojados del lugar en el que creían gozar para siempre. Seguramente estarán pensando - fijados ahí, en ese instante - que el hecho definitivo, la verdadera eternidad es la muerte. Bernardo Daddi tenía motivos para pensarlo en medio de la mortandad de la peste bubónica de mediados del siglo XIV que se lo llevaría por delante, como a tantos otros artistas. Al propio Tiziano, casi siglo y medio después, a sus 90 años, también se lo llevaría la peste.




El tiempo egipcio no era lineal, como el nuestro, era circular, a semejanza de los grandes ciclos naturales. Cuando la reina egipcia Hatshepsut, tras 22 años de gobierno y sin haber adoptado ningún atributo típico de la masculinidad, entró en el templo que se había construido para ingresar en el reino sagrado, había pasado tanto tiempo desde el inicio de la historia de los faraones como el que ahora nos separa de ella.

Esa estatua que se guarda en el MET no fue realizada para ser contemplada por los egipcios sino para estar representada en el djet el tiempo sin tiempo de los dioses. Poco pudo hacer su sucesor Tutmosis III al ordenar el borrado de toda huella que hubiese dejado.

Sorprende saber que mientras Miguel Ángel pintaba la Capilla Sixtina y Mimar Sinan construía las grandes mezquitas de Estambul los artistas de Benín creaban las famosas obras de marfil y latón, como si quien maneja los hitos de eternidad levantase tres toldos al mismo tiempo, en lugares tan distintos, para hacer brillar la luz inesperada. La máscara de la reina Idia fue robada por los británicos a finales del XIX y acabó en el MET.



La ciudad de Benín donde los gremios reales de alfareros, tejedores, arquitectos, fundidores de latón, talladores de marfil y cazadores de elefantes pugnaban por hacer estallar el instante eterno, tenía entonces 600 años de vida. Mientras que la orgullosa Nueva York del MET tan sólo tiene 400, sin que adivinemos cuántos más le quedan por delante.

Más allá del instante capturado por Tiziano o Daddi, las muertes se amontonan indiferenciadas en Gaza, en Irán, en Ucrania, las que no es capaz de evocar Claude Lanzmann en Shoah, ninguna de ellas capturadas para permanecer en un instante que las haga eternas. Solo la belleza.

Reflexiones al hilo de la lectura de Toda la belleza del mundo, de Patrick Bringley.



viernes, 1 de agosto de 2025

Chillida

 

 


Entro en el museo para ver una exposición de Chillida, de título como suelen: Chillida, mística y materia, donde "Las obras del donostiarra dialogan con una selección de piezas del Museo Nacional de Escultura", pero en realidad lo que veo son las salas de escultura barroca: Alonso Berruguete, Juan de Juni, Gregorio Fernández, Alonso Cano, Pedro de Mena, obras que todavía siguen vivas. Solo al final voy a Chillida.

 


Lo que más me sorprende de lo de Chillida es la cantidad de gente que aparece en un cartelón a la salida dando cuenta de quienes ha participado en el montaje. ¿Se necesitan tantos para una exposición tan sencilla? Pequeñas piezas de forja y unas pocas más de granito, tampoco grandes, no han necesitado un tráiler para traerlas. Lo segundo que me llama son los textos que la acompañan: frases hechas, repetición de lo ya oído, sin una pizca de originalidad que explique la necesidad de la exposición.

 

"La experiencia levitante de Teresa de Jesús es revivida en las piezas de Chillida que, cuestionando las leyes de la física, sugieren un éxtasis ascensional".

 

"Sus homenajes a Juan de la Cruz recuerdan a los dibujos del poeta sobre el Monte de perfección. Y sus lurras –‘tierras’–, que ofrecen al artista una dimensión espiritual cálida y cercana funcionan cual bodegones contemporáneos, en una suerte de vanitas que incide en el carácter más tangible y orgánico de la existencia".

 


Son más interesantes las piezas barrocas que la acompañan, trasladadas desde las salas cercanas, para situar a Chillida en la tradición del barroco hispano. Tenía en la más alta estima al escultor vasco. Sigo pensando que fue original, que marcó un periodo en escultura española, pero lo que aquí se muestra no me lleva a esa conclusión. 

 

Solo en algún detalle palpita la poesía. Las sombras que los colgantes dibujaban en las superficies colindantes.

 


viernes, 9 de mayo de 2025

Gaudí en La Colonia Güell

 



Seguramente te sobrepondrás a la marabunta de las colas. Si vas a Barcelona querrás ver la Sagrada familia. Quizá no te importe lo que haya de verdad del proyecto de Gaudí y de fantasía de los arquitectos y constructores posteriores, no te lo reprocho, quién yendo a París no va a ver la Torre Eiffel o el Taj Mahal si va a la India. Pero si te interesa conocer el proyecto arquitectónico del famoso arquitecto te aconsejo que antes que nada visites la Colonia Güell en el Sur Metropolitano de Barcelona, en Santa Coloma de Cervelló, concretamente.


                                                            

Conocerás dos cosas, quizá tres. Lo que queda de la colonia Güell, muy bien conservada, con bonitos edificios modernistas, es la muestra del sistema fabril que la burguesía catalana ideó a mediados del siglo XIX, le hizo rica y ayudó a hacer de la capital catalana una gran ciudad. En los márgenes del río Llobregat quedan muchas muestras del sistema, la mayoría abandonadas. El empresario textil construía un núcleo urbano en torno a la fábrica textil donde todo estaba a la mano para el obrero: la vivienda, la escuela, el economato, el médico y la farmacia. Y, por sobre todas las cosas, la capilla o la iglesia, pues aquella gente era muy religiosa. El sistema ideal de obreros hormigas.


                                

Así que, junto a la colonia, conocerás cómo se surgió el poder político y económico de la burguesía catalana. Cuando vuelvas a casa te aconsejo, si aún no lo has leído, La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza. Te encantará.


                                    

Y la tercera cosa, que te maravillará estoy seguro, es precisamente la iglesia que diseñó Gaudí para la colonia. Bueno, no exactamente lo que diseñó, pero sí una parte. Los proyectos de Gaudí eran lentos, muy lentos en su preparación y muy caros. Así que el conde Eusebi Güell, el mismo del Parque Güell que, seguramente, también querrás visitar, terminó por despedir al arquitecto o, mejor, se lo llevó a Barcelona para ponerlo a trabajar en proyectos mayores. Pero lo que queda es impresionante y comprenderás lo que quiso hacer después con la Sagrada familia. 




Junto a la cripta, que es lo que queda del diseño inicial, la cripta de la iglesia de la colonia, verás la maqueta, reconstruida no hace mucho, de lo que pretendía el genio. También hay imágenes y vídeos del proyecto. La cripta Güell es propiamente la maqueta de la Sagrada familia.

Y algo curioso, para terminar, entre las muchas edificaciones que Gaudí construyó para la familia Güell están las bodegas del barrio de Garraf, junto al mar, entre Sitges y Castelldefels. Podrías acercarte y comer allí, porque actualmente forma parte de un restaurante.




jueves, 8 de mayo de 2025

Montserrat y las tres perlas del Císter

 


Si tienes más días, lo ideal es reservarte una semana o 10 días, sigue con el turismo de paisaje, arte y religiosidad en el suroeste de Cataluña. Un día entero para Montserrat y otro para las tres perlas del Císter.

Montserrat es un puño con los nudillos apuntados hacia el cielo. Se ve desde muy lejos e impresiona su singularidad. Muchos a lo largo de la historia han pensado que ahí debería guardarse algún secreto. Te sorprenderá el gran aparcamiento atestado de autocares: estudiantes europeos (franceses, ingleses...) y adultos del este (croatas, checos y, sobre todo, polacos). No se te ocurra ir en fin de semana porque tendrás que abrirte paso a codazos, sobre todo ahora que, hecho añicos el sueño de reconquistar Europa, los culés tendrán que renovar los votos montserratinos.

Montserrat es un espectáculo donde los creyentes verdaderos se mezclan con los curiosos y los senderistas. Dedícale el día entero: está la Virgen Negra, la basílica y el museo. Hasta es posible que pilles un concierto de su coral infantil. No hace falta que lleves comida, hay amplios restaurantes a buen precio. El origen del monasterio se asocia al abat Oliva, en el XI, pero lo que ves se debe en gran parte a la reforma que acometió a finales de los años 20 del siglo pasado un personaje del que ya te he hablado Josep Puig i Cadafalch.





Si, además, eres un senderista consumado, puedes probarte primero con la ruta del rosario hasta la santa cueva, salpicada de estaciones, donde lo mejor del arte arquitectónico y escultórico del modernismo y del noucentísme dejó su huella: un museo de arte religioso al aire libre. La otra ruta es circular ascendiendo por el norte del monasterio hasta el punto más alto y llegando por el sur. Te inundarás de paisaje, hacia los valles adyacentes y hacia los lugares más significativos del interior de la montaña.

                                                        

La reforma de Bernardo de Claraval dejó su huella, además de en los valles pirenaicos, en tres monasterios de la provincia de Tarragona. Tómate otro día para visitarlos. Bernardo añadió austeridad al Ora et labora de San Benito. Ese era el espíritu del románico. Empieza por el de Santes Creus. El departamento de cultura de la Generalitat ha hecho una ímproba labor de restauración. Se ve que hay dinero. Tras la desamortización de Mendizábal quedó medio derruido. Ahora está casi reconstruido. 



Los estilos se mezclaron a lo largo de los siglos, pero quedan huellas románicas en la iglesia y góticas en los notables ventanales del claustro. Junto al monasterio hay un restaurante que sirve buenos calçots, si es que aún es temporada. La Valls cercana es la capital de los calçots. También puedes pararte en el bonito pueblo amurallado de Montblanc. Estos días celebraba su feria medieval.

                                                            

En el monasterio de Poblet están enterrados buena parte de los reyes de la Corona de Aragón. Junto al austero románico inicial, visible en la iglesia abacial, el gótico luce en el cimborrio, las galerías superiores del claustro, la sala capitular y el Palacio de Martín el Humano, ínsito en el monasterio. Publet, como Santes Creus, fue panteón de los reyes de Aragón. 



Fue restaurado a conciencia durante el franquismo cuando volvieron los monjes después de un abandono secular. En esta primavera, los colores ocres de los edificios monacales contrastaban como una isla en el mar verde de los alrededores, los azulados cielos y los algo más lejanos de la Sierra de Prades. Tanto Poblet como Vallbona de les Monges están habitados, el primero con frailes, el segundo con monjas. Es posible que si no te andas con tino encuentres este último cerrado.

Para otra ocasión quedaría la visita por las comarcas del noreste de Cataluña. Ahí volverás a encontrarte con tres joyas monásticas: Ripoll, Sant Pere de Rodas y Nuria. Esa visita podrías combinarla con los pueblos medievales de Girona.



 


miércoles, 7 de mayo de 2025

El paisaje románico (La Vall de Boí) II

 

 


Ayer por la tarde la iglesia de Sant Joan de Boí, donde te alojas, ya estaba cerrada. El cielo estaba encapotado -por la noche cayó casi un diluvio - , pero diste un paseo subiendo y bajando las escaleras metálicas que salvan el roquedal al que se encarama el pueblo, alrededor de una torre desigual, pues solo la mitad de abajo es obra de los canteros italianos, el resto posterior.




Has reservado el día de hoy para disfrutar de las maravillas de este arte del siglo XII. Has de comenzar por la iglesia de Santa Eulalia de Erill la Vall, cuya torre ayer veías a lo lejos desde distintas perspectivas. Es la más esbelta, sin duda, rodeada por un caserío que parece sostenerla como la base de un castell. Las iglesias no se construyeron de una tacada, sino en un largo periodo, en varias fases, en los siglos XI y XII. Quizá la de Sant Joan fuese la primera, pero en Erill vivían los señores del valle. Los maestri comancini, cuadrillas de canteros y pintores, a comienzos del siglo XI abandonaron la Lombardía para difundir por media Europa su estilo románico tan característico: bandas y arcos ciegos en los ábsides, esbeltas torres cuadradas con ventanas geminadas y pinturas murales tanto en la cara interior de la bóveda como en las paredes de las naves.

                                    

Aunque las cuadrillas lombardas no destacaron por trabajos escultóricos, una excepción es el Descendimiento de Erill la Vall: el conjunto de figuras bíblicas, en madera, que asisten al momento icónico de la bajada de la cruz. Las piezas están en el MNAC de Barcelona. Lo que ves es una buena reproducción. Si quieres que te lo cuenten, junto a la iglesia hay un centro de interpretación.

El momento cumbre de la visita al Valle es la llegada a Taüll, con dos iglesias, Santa María, en el centro del pueblo, y Sant Climent, a la entrada, el románico en todo su esplendor.


                                                                

De Santa María de Taüll uno imagina cómo debió ser el decorado interior, las pinturas que cubrían los muros, el interior de los arcos y el ábside: pinturas del Juicio final, el infierno y la glorificación de Santa María y la Epifanía en el ábside central.


                                            

La torre cuadrada de seis pisos de Sant Climent de Taüll le hace la competencia en esbeltez a la de Erill la Vall, el entorno, el estar aislada de la población, le favorece. También las dimensiones interiores de las tres naves y el extraordinario Pantocrátor central que, aunque es una copia, nos da cuenta de su maestría, una de las joyas del románico universal. Podemos hacernos una idea de cómo fue en su momento de mayor esplendor con el vídeomapping que se nos ofrece.


                                            

Por la tarde, después de ver el interior de Sant Joan de Boí, otro conjunto de extraordinarias pinturas, puedes hacer la ruta senderista, de unos 10 km, que va de Boí a Durro, de Durro a Barruera y de vuelta a Boí. Tendrás vistas inmejorables sobre los campanarios, los picos nevados y los barrancos por los que baja el agua como torrente estos días.


                                                        


Yo que tú prolongaría un día más la estancia para, al día siguiente, hacer una gran ruta por el interior del Parque Nacional de Aigüestortes, un paisaje de bosques, cascadas, torrentes y lagos. Lo tienes a pocos minutos en coche - también hay furgonetas que desde Boí te dejan en el aparcamiento donde se inicia la ruta circular. Tienes muchas opciones. Lo más fácil es llegar hasta las pasarelas que regatean la explanada acuosa que da nombre al parque. Puedes prolongarla hacia arriba, llegando hasta el Estany Llong, todavía cubierto de nieve en los alrededores y de una capa de hielo en la superficie. Y si tienes fuerza, hasta el Estany Redó. Si la haces completa, unos 17 km en 8 horas. 




Saliendo del Valle puedes hacer un desvío hacia la Seu d’Urgell y Andorra. En la catedral románica de la Seu d'Urgell hay documentos que atestiguan que un maestro lombardo, Raimundus, con cuatro canteros, se ocupó de su construcción. O bien puedes acércate a Lérida, para ver su monumento más destacado, la Seu Vella, en el cerro que domina la ciudad y la comarca. La catedral, que se construyó en el mismo siglo que las iglesias que has visitado, estuvo a cargo de un maestro de obras local, ya no lombardo, Pere de Coma, “Magister Operis Sedis Ilerdensis”, donde trabajó durante veinte años hasta su muerte. Posteriormente se añadieron elementos góticos.


Por supuesto, la visita al Vall de Boí no termina si no te desplazas hasta Barcelona para ver las pinturas y esculturas que guarda el MNAC tras el ‘arrancamiento’ de la capa pictórica de las iglesias del Valle, por medio de la técnica del strappo, que llevó a cabo Puig i Cadafalch y su equipo a comienzos de la década de 1920.

 


martes, 6 de mayo de 2025

El paisaje románico (La Vall de Boí) I

 

 


Ahora que todo es verde a tu paso es el momento para visitar el Valle de Boí, el valle por excelencia del románico. Conviene hacerlo de abajo arriba, irás viendo a lo lejos las cumbres nevadas de los Pirineos. Comienza por l'Assumpció de Coll, la más sencilla, pero no por ello menos hermosa, el aperitivo para el festín del románico, la alta torre, las ventanas ligeramente apuntadas, los canecillos de la nave y el ábside, el cementerio jardín, las vistas. 


   

Quizá sea la más sencilla de todas las del valle, pero no hay crismón más bonito que el que aparece sobre la arquivolta de la fachada, con dos palomas y dos cabezas en las cuatro esquinas, una de ellas tocando un cuerno de caza. Fíjate en los capiteles dorados y en el herraje de la portada, tan bien conservado.

 


Las iglesias de Coll y la siguiente, Santa María de Cardet, no se pueden visitar por dentro, solo en verano, pero no es necesario si a tu cuerpo le llama el paisaje, la singularidad de las iglesias tan bien integradas en él. En Cardet no hay torre sino espadaña con hueco para tres campanas, aunque se conservan dos. Si rodeas la iglesia, dando la vuelta hacia el ábside, el horizonte, visto desde el mirador sobre el reciente entarimado, se amplía hacia el río Noguera de Tor y hacia Barruera, de hecho, podrías ir a pie disfrutando del bello paisaje. Cardet no tiene la típica torre lombarda pero el alto ábside la suple con sus arcos ciegos

 


La tercera está en Barruelo, donde, si no estás atento, la iglesia de Sant Feliu, a la derecha, no muy lejos de la carretera, te pasará inadvertida, pero en cuanto la ves en medio de un paisaje floral, amarillo y blanco, volverás al encantamiento del románico. Austera en su interior, con dos ábsides levantados con sillares irregulares, la particularidad de Sant Feliu es el porche que resguarda el pórtico orientado al sur.




La cuarta iglesia está un poco más arriba, en una carretera que sale a la derecha. Hay que subir y curvear. También la iglesia de la Nativitat de Durro tiene porche, cuyo arco de entrada ofrece una buena perspectiva sobre los picos nevados, pero no ábside tras su única nave, porque desapareció tras un derrumbamiento. Los capiteles del pórtico están oscuros, deteriorados, apenas se adivinan los motivos; también tiene un herraje medieval, pero no impresiona como el de Coll. Donde luce esta iglesia es en los cinco pisos de su campanario, con ventanas geminadas, visible desde lejos.

 


Es hora de comer. La iglesia está cerrada. Será el momento, si has empezado tarde la excursión, de subir caminando por una pista, atravesando el riuet de Durro, hacia la ermita de Sant Quirc, recientemente restaurada. No tardarás más de media hora. El lugar, ideal para hacer picnic. Todo es paisaje exterior en este lugar: hacia arriba, los macizos cercanos, los picos nevados, y pequeños lagos a los que podrías acceder si tuvieses días de sobra para hacer senderismo, hacia abajo los valles y barrancos de los ríos pirenaicos, Durro y Barruera.





 La ermita está cerrada pero su obra más valiosa esta en el MNAC de Barcelona, el extraordinario frontal (Siglo XIII) que representa el martirio de los santos Julita y su hijo Quirce, aserrados por la mitad, clavados con pinchos y espadas y quemados en una olla.

 


Tras el descanso en este paraje solitario puedes volver a la Iglesia de Durro y recluirte en su paisaje interior. Déjate penetrar por el silencio que viene de los siglos, atrapado en la bóveda y los arcos fajones. De la imaginería románica solo queda una talla muy maltratada por el tiempo, una cabeza de Nicodemo. No te detengas en los retablos añadidos en siglos posteriores.

 

Puedes volver a Barruera para hacer provisiones en alguno de los super, porque si has pedido alojamiento en el valle, es posible que te encuentres en esta época con la mayoría de los restaurantes cerrados. Tómate una caña en la Rutlla, si das por concluido el día, enclavado en un paraje bonito. Y mañana sigue con las iglesias románicas del valle, las que quedan te quitarán el hipo.

 

 

lunes, 31 de marzo de 2025

Hernández Pijuán, labrador de superficies pictóricas

 




Estoy solo en la sala. El silencio es total salvo un suave murmullo que viene del exterior; chicos de instituto. Que mejor situación para que los cuadros, la pintura, si tienen algo que decir, me hablen. El tamaño es el suficiente como para verlo desde lejos, sin necesidad de aproximación. Sobre un fondo monocromo con tonalidades verdeoscuras, blancas u ocres, una geometría como de red de pequeños globos circulares, semicirculares o de líneas que se entrecruzan formando rombos desiguales para generar figura sobre fondo. Una figura en que convergen regularidad y tramas irregulares. Si me detengo en cada cuadro veo, obviamente, diferencias. Algo tiene esta pintura que me rechaza y me atrapa al mismo tiempo. No puedo estar demasiado tiempo, sin embargo, contemplando porque no hay relato, tan solo tramas abstractas que se agotan en sí mismas.


                                    

No alcanzo a ver significado, tan solo referencia a un tiempo histórico que gira en bucle. Los 90. Callejones sin salida, como si el arte estuviese certificando su propia muerte. De hecho, llevo un buen rato paseando por la sala. Esperando que alguien llegue para ver qué impresión le causa. Pero nadie parece interesado, al menos hoy.

Quien hace el texto introductorio habla de luz y opacidad, de figura y fondo, de tensión entre estructura e imagen, superficie e icono, experiencia cotidiana y memoria que se tensan “desde la irrupción más sutil o menos de la luz”. No sé de qué percepción cotidiana, de qué visión aleatoria en cualquier lugar en que nos encontremos, no podría decirse lo mismo. Habla de voluntad esencialista. Dice que las obras se tornan “en modo de conocer como vehículo de pensamiento más que como instrumento para representar imágenes”. La luz, dice, produce un fulgor difícilmente previsible. Los textos en este tipo de exposiciones le dicen al curioso qué tiene que ver.


                                        

Esta pintura se volvió tan abstracta tan conceptual que dejó fuera al espectador, pintura de museo contemporáneo para estudio y complacencia de comisarios, profesores de arte y estetas descarnados.

Me cuesta salir de este espacio de las dos salas que lo componen, convertido yo mismo en abstracción, pues el placer no me lo provocan los cuadros que miro paseando y con distintas aproximaciones, sino el estar solo deambulando, ausentado de la ciudad. De algún modo, los museos provinciales, vacíos como están, se han convertido en sustituto de las naves de las iglesias que antaño visitábamos como remanso entre uno y otro de nuestros innecesarios ajetreos.

Me expulsa al fin la llegada de un fotógrafo que parece profesional. No se cansa de hacer fotografías en las no adivino qué pueda encontar. Tras él llega otro con facha profesoral. Hablan del texto introductorio. Alarga los brazos, yergue la cabeza y abomba el pecho. Cazo al vuelo: "Despierta una serie de posibilidades que están ahí...".



                                

También llega una pareja de británicos jubilados que señalan en las pinturas patrones, líneas en los cuadros. No parece necesario aguzar la vista en lo que es más evidente.


En otra nota introductoria, en otra sala. Leo:” ...espacio acotado, rotundamente vertical”. El título, llaurats, haría referencia a los campos labrados, "al modo en que se fraguan las imágenes en la materia pictórica", dice sin disimular su pedantería, “en base al conocido tratamiento de las superficies que hace posible las idas y venidas de la luz, imágenes aradas”.


                                    

" La obra que puede verse en la sala 4 persevera en una esencialidad que tiene mucho de vernáculo". " La idea de la pintura arada... Espacio fértil que se piensa y se habita, que se lee y se transita que se abona y se cosecha... Las sutiles franjas en el perímetro de las superficies que fijan el vibrante lugar donde germina el conocimiento”.

Si algo hay que agradecer a Hernández Pijuán es su minimalismo, comparado con la otra exposición temporal del Patio Herreriano, obras del fondo Rafael Santos Torroella, tan barroca como española, pretendiendo ser moderna, una colección formada gracias a su frecuentación de artistas, sobre todo catalanes, de los años anteriores y posteriores a la guerra.







lunes, 16 de octubre de 2023

Museo arqueológico de Estambul (y Topkapi)

 




Es tan ambicioso como inútil visitar un gran museo en una sola mañana. Eso también es válido para el museo arqueológico de Estambul. Debo dar gracias a que algunas de sus alas más importantes estuviesen cerradas, de ese modo pude dedicar mi tiempo a la escultura clásica de las ciudades que hemos visitado en el viaje: Afrodisias, Èfeso, Pérgamo, Sardes, también a la sala de los sarcófagos. Situado en los jardines del Topkapi, el museo está muy bien ordenado y mejor iluminado.


Me llaman poderosamente la atención las salas dedicadas a Troya. Un enorme, alto y grueso muro reproduce la estratificación de las nueve ciudades de Troya. Alrededor, sucesivas vitrinas muestran los objetos encontrados en cada uno de los niveles, además de algunas piezas del tesoro de Schliemann. Muy didáctico, ideal para una clase con alumnos.



De las tres partes de que se compone me quedo sin ver el Museo del Antiguo Oriente y el Pabellón de los Azulejos o museo de arte islámico. Para otra ocasión quedan la puerta babilónica de Istar (aunque ya hemos visto la de Berlín), el calendario de Gézer y el mihrab Karaman.



La mayor parte de quienes visitan el museo buscan ante todo el sarcófago de Alejandro Magno. Fue encontrado, en 1887, en el hipogeo de una necrópolis subterránea, en Sidón, junto a otros sarcófagos reales que se exhiben en este museo. Se encuentra en perfecto estado. Incluso quedan restos de la policromía original. Los bajorrelieves en las cuatro caras ensalzan la historia y mitología del héroe, triunfante en la batalla de Issos o cazando. No fue hecho para Alejandro sino para uno de sus generales, quizá Abdalónimo de Sidón.



A mí lo que más me interesó fueron las esculturas clásicas de la época griega, romana y bizantina. Un Marsias de Lisipo, el busto en bronce de Alejandro Magno, el sarcófago de las plañideras, los bustos y esculturas de los emperadores y los dioses y diosas del Olimpo griego.



Por encima de todo, como no podía ser de otro modo, me enamoré del busto Safo.




La tarde anterior habíamos visto el Topkapı, el complejo palacial que fue centro administrativo del Imperio otomano entre 1465 y 1853. Situado en un promontorio, con el Cuerno de Oro a la espalda y con vistas al mar de Mármara, es el lugar ideal para admirar la belleza del Bósforo. El lugar perfecto para los turistas que se extasían ante el lujo de los salones y las joyas.


Biblioteca


Alrededor de cuatro patios se distribuyen los palacios, pabellones y edificios de usos diversos: En un palacio estuvo el harén, en otro se guardan diamantes de muchos quilates y el oro; hay una exquisita biblioteca, para mí el lugar más hermoso; la sala del consejo, la armería, los establos, las cocinas, hasta un palacio de reliquias hay, con una bandeja de Abraham, un bastón de Moisés, la espada de David, la túnica de José y un pelo de la barba de Mahoma y los pabellones con vistas al mar sin duda los más bonitos.