Estos
días me he entretenido con un libro, La bola, y lo que se ha escrito
alrededor, en general, textos almibarados y laudatorios, unos y, otros, los
críticos, obedeciendo a un periodismo
tan relamido como demodé. El autor escribe sobre la fascinación que muchos
jóvenes escritores sintieron por un personaje que les atraía pero que se les
escapaba, una mujer de Santa Pola se supo después. Quizá agorafóbica, para
encandilarlos les enviaba fotografías de una mujer en bragas y lencería fina,
que no era ella; se valía, como fotógrafa, de su peluquera, para hacerse pasar
por ella. El objetivo era que escribiesen en una revista nueva que enfatizaba
lo estético por encima de lo verdadero, si tal distinción es posible.
Durante
un tiempo Jot Down, la revista, fue ese tipo de producto cultural que
uno asocia a lo novedoso y moderno. Se habló del New Yorker español.
Muchos de quienes aceptaron la invitación lo hicieron gratis con tal de
aparecer en la revista de moda. Provenían de los entonces - años 2000 - novedosos
foros de Internet donde se dieron a conocer, por ejemplo, El Aerópago, donde
aquella mujer aparecía como Shizuka, o de los comentarios en el blog de Arcadi
Espada, Diarios. Escribían sobre cualquier tema, ciencia, temas
culturales, cine, deportes y entrevistas. Como la revista nació en Internet,
los textos eran largos, sin limitación.
El
momento de gloria de Jot Down, si hemos de seguir el hilo de La bola,
fue cuando Mar de Marchis - ese era el nom de plume con que esos jóvenes
escritores la conocieron - consiguió llegar a un trato con Prisa (Juan Luis
Cebrián o Manuel Mirat) para entregar un ejemplar mensual de la revista con El
País dominical. Un acuerdo que duró tres años – entre 2015 y 2019 - y sirvió de
ayuda financiera a una revista que nació con pocos recursos. Ahora la
revista languidece en Internet. (El enlace lleva al punto de vista editorial
de Jot Down sobre La bola)
La
bola
tiene interés para lector mientras mantiene la fascinación por un personaje que
la mayoría desconoce. El libro no es una novela, tampoco una biografía, ni
siquiera un ensayo, sino una especie de crónica alargada sobre ese momento de
fascinación que atrajo como una candela a moscas en busca de miel. Una
narración basada en hechos reales, anuncia: cómo una mujer desconocida, con las
armas de una voz susurrante al otro lado del teléfono y un teclado y
fotografías robadas a su peluquera, consiguió encandilar a un grupo de jóvenes
ardientes, seducidos por la promesa de sexo y nominación (lo que Mar ofrecía,
pero no para sí).
Cuando
llega al punto en que El
confidencial y Vanity Fair desvelaron el nombre que se ocultaba
detrás de Mar de Marchis, la fascinación se hace añicos como también decae el
interés que estaba despertando la lectura. Entonces la realidad se apodera del
relato y devuelve al personaje a la banalidad (soledad, enfermedad, muerte), la
de cualquiera, tras el breve fulgor de caballo desbocado que cada uno había
creído que era el vivir. La primera parte parece escrita a dos manos. La del
autor, Daniel Verdú, vecino alicantino del personaje, y la de Enric González,
que si damos crédito a lo que leemos fue quien más intimó con María Jesús
Marhuenda Irastorza. Lo que sigue al desvelamiento parece escrito por alguien
que ha perdido todo interés por el personaje o que no se ha esforzado lo
suficiente para seguir más allá. Otra
versión aparece en este enlace.
Durante
al menos la mitad de nuestra vida nos fascinan los personajes de novela,
primero los aventureros, más tarde los románticos envueltos en apasionadas
historias de amor, después los constructores de imperios militares, políticos o
empresariales. Experimentamos en nuestra imaginación con distintos tipos de
héroes a los que nos gustaría parecernos. Por eso leemos novelas. Durante el
último tercio de nuestra vida, tras un breve periodo de atracción por la figura
del antihéroe, lo que nos interesa son los temas asociados a las preguntas
básicas. Al acercarnos al final nos interrogamos sobre la muerte y quizá sobre
nuestra huella. Por eso leemos biografías de científicos u hombres notables o
ensayos que nos acercan a la filosofía y, puede que al final, busquemos la luz
que las religiones prometen. En fin.












