domingo, 26 de abril de 2026
China en datos
viernes, 24 de abril de 2026
China, una sociedad disciplinaria
¿Qué sucede si un chino encuentra una cartera en la calle? Una cuestión que cabe plantearse es si la cárcel en la que viven los chinos es solo geográfica – la ciudad, la región, el país - o también mental. Quizá sea una cuestión que ni se la planteen o no la mayoría o solo cuando hayan sobrepasado un umbral de supervivencia. Puede que una buena parte de la población se haya elevado hasta la 'clase media', aunque no disponga de tiempo libre. El tiempo libre es la condición que permite la introspección: preguntarse sobre el sentido de la vida y la conciencia de sí mismo.
En
China, la vida es aglomeración en grandes ciudades (casi el 70% es vida
urbana). Siguen las restricciones para mudarse a otra ciudad (hukou: el
registro familiar limita el acceso a servicios sociales). La vida es vigilada
con cámaras, policía y control social. Cada chino lleva incorporada en su
conducta la vigilancia. Así que si un chino encuentra una cartera en la calle
hace como que no la ve o la recoge y la entrega a la autoridad. Las puertas de
las viviendas, los cajones de los armarios, las mochilas, todo puede quedar
abierto sin problemas. Eso nos habla de seguridad, pero también de falta de
curiosidad.
La
pena de muerte sigue en vigor. Aunque el número de ejecuciones es secreto de
Estado, Amnistía Internacional las estima en miles cada año, superando la suma
de todos los demás países juntos.
Más
allá de la supervivencia y la seguridad otorgadas por el Estado chino, ¿existe
aquello que nos constituye como humanos, la condición que hemos alcanzado
gracias a la civilización: la libertad de conciencia, lo que hace de un hombre ‘hombre’?
He
visto un par de incidentes fuera de lugares de vigilancia, en una plaza y en el
interior del avión, de una agresividad inusitada, vocal y visual. En uno, dos
hombres discutían sobre si se podía o no elevar el volumen de un reproductor de
sonido para animar un baile. En la cabina del avión, otros dos discutían
largamente si se podía echar atrás el respaldo del asiento. Mientras duró el
viaje, cuando uno de los dos se levantaba dirigía al otro la mirada retadora.
El tono de las palabras era intenso, desabrido. Pero era la mirada fija,
prolongada y 'asesina', lo que me llamó la atención.
Y
otra cosa relativa a la vida interior. En nuestros países es común el flirteo
visual. Cazamos al vuelo miradas que retenemos o no. Es constante e indicativo
de la singularidad que atribuimos a los otros y a nosotros mismos. Reconocemos
vida propia en el otro, queremos que se nos distinga en la multitud. Sentimos
curiosidad. La impresión que uno tiene es que en China se da poco el flirteo
visual. Los hombres viven sumidos en la masa. Lo que les hace inhábiles para
resolver las pequeñas disputas, también para ver en el otro valores que le
distingan y le hagan atractivo.
Para
la mayoría no hay vacaciones, para unos porque dedican todo su tiempo a la
supervivencia, para otros porque están sumidos en una vida competitiva sin
lugar para el ocio. Sin ocio no hay vida propia.
Lo
que me lleva a pensar que, si China es una sociedad ordenada, lo es por la
vigilancia no por educación. Los chinos son disciplinados no por convicción o
formación, sino por imposición, por temor, una conducta no forjada por la
ejemplaridad y la educación sino amaestrada. Los chinos no son disciplinados,
sino que están disciplinados.
jueves, 23 de abril de 2026
La vía China, Una sociedad extremadamente competitiva
Nuestro contacto con la población china es mínimo. La mayoría ni siquiera sabe que existe un país llamado España. La mayoría no parece sentir curiosidad o poca. En general, salvo cuando se producen aglomeraciones, la gente se comporta y cede del paso. No ha sido así cuando los he visto en colas de espera, indiferenciados en el avión o en cruceros en ciudades europeas.
Hemos tenido cinco guías, Armando en Pekín, Bin en Pingyao y Xi'an, Verónica en Chengdu, Li en Guilin y Zhangjiajie y Yao en Shangai. Salvando las dificultades de pronunciación, han sido guías profesionales. Sin embargo, la información que nos han dado sobre las interioridades del país ha sido escasa o nula. A preguntas concretas - las cámaras de vigilancia -, Li decía que ya lo explicaría más tarde y Yao - sobre el sistema de partido único - escurría el bulto. Lo comprendo.
Intentar captar el espíritu chino, la esencia de China es una ilusión. China es milenaria, su extensión inabarcable. Reducirlo todo al calificativo de 'lo chino' es pereza. Podemos hacernos una imagen del paisaje, la cultura y la historia, del movimiento de los cuerpos, de las escasas sonrisas. No parece que estén a disgusto con la forma de vida China - la Nueva China de Mao es ya pasado y está dentro de lo permisible verla con ojos críticos, la Nueva Nueva China de Deng y Xi es otra cosa -, al fin y al cabo nosotros como ellos estamos pegados al móvil y consumimos y, como ellos, estamos acostumbrados a recibir estructuras ya construidas con las que comprender y organizar el mundo. Pensamos con la ración de ideas que asumimos acríticamente desde los medios de comunicación y redes sociales que frecuentamos. Somos algo más libres pero no mucho más que ellos.
¿Son infelices los chinos? No, en general no lo parece, ocupados, sumidos en su laboriosidad, como si no tuviesen tiempo para la introspección, pero vete tú a saber. Han dejado atrás una mala época: guerras terribles en la primera mitad del XX, hambre y muertes durante los experimentos maoístas, y ahora van tirando o viven - no se ve miseria en las calles, alcoholismo, drogadicción o enfermedad - según les vaya en la fiesta en esta sociedad dual que combina comunismo y capitalismo, vigilancia y consumismo.
Por lo que nos cuentan, la vida diaria es dura, los colegiales sin descanso, los empleados sin ocio; clases extras los fines de semana, competición salvaje por el empleo; dos tipos de empleo, el menos exigente (996 horas y días a la semana, según el cómputo de Yao) y el de quien quiere prosperar en la empresa (el 007 en horas y días a la semana), con total entrega, con comida y alojamiento en la empresa para no perder tiempo, y mucha bebida para resistir, para los de menos de 35 años; solo el 15% accede a la universidad mediante una serie de exámenes extenuantes; con vacaciones de 10 días al año no hay tiempo para hacer viajes largos: si te vas, quizá tu sitio haya sido ocupado cuando vuelvas.
He podido hablar un poco con la guía que nos han puesto el último día en Pekin. Una chica joven, Emma, preocupada porque es muy difícil complacer a los padres en su expectativa de un buen matrimonio. Casarse después de los 30 se considera un fracaso. En la fiesta de primavera se alquilan novios para engañar a los padres. En las ciudades hay un lugar y un día al que denominan mercado de solteros. Los gays lo tienen difícil o imposible. Las chicas esperan ser escogidas. Los chicos están obsesionados con comprar un piso y un coche para ofrecérselo a la novia como dote. Una vida entregada al trabajo y a las expectativas. Se sorprende que podamos viajar tanto y que tengamos dinero disponible. Me cuenta que sus padres no viajan, ni siquiera por el interior de China. Su magra pensión, el equivalente a 150 €, no da para ello.
Ayer volviendo al hotel nos paró la policía para controlar el ID. Le comento la insoportable vigilancia en una ciudad como Pekin, incomparable con cualquier otra. Me dice que es habitual que en las estaciones de metro se formen interminables colas para el control aleatorio del ID. Me pregunta,con interés genuino, cuál de todas las ciudades que he visitado me ha gustado más. Guilin, le digo, Pingyao, Xi'an, Zhangjiajie, cualquiera menos Pekín.
Hay una cosa más que me comenta. Los exámenes para funcionarios. Un par de amigos suyos han sido rechazados. Tras los exámenes normales para los que han de estudiar mucho - ser excelentes en todo -, hay un examen más con máquina de la verdad no de por medio, donde no pueden mentir. Es ahí donde sus amigos, uno gay, han sido rechazados.
China es como un nuevo Imperio romano, tecnología en marcha: infraestructuras admirables, modernización, vida fácil para la creciente y amplia clase media (desconozco qué porcentaje, si es un 50%, como he leído, serían 750 millones que iría de ingresos anuales entre 60,000 y 500,000 yuanes (aprox. de 8,300 a 70,000 $). Hay unos 12 millones de millonarios y 1,110 multimillonarios. Hay una vida que no conocemos: cómo funcionan la sanidad y la educación, ¿hay igualdad de oportunidades?, ¿se combate la corrupción de los privilegiados? ¿Cómo se solventan las enormes desigualdades?
miércoles, 22 de abril de 2026
El '798 Art Zone' (Dashanzi, Pekín)
Qué mejor, para acabar el viaje y tener una idea de la Nueva Nueva China que una visita en la tarde del último día, en Pekín otra vez, al distrito cultural más afamado. Verás las disfunciones del sistema chino.
El distrito cultural 798 combina galerías museos, centros culturales estilo europeo con boutiques y restaurantes finos y jóvenes despreocupados.
El '798 Art Zone' se sitúa a un lado de una calle ancha con mucho tráfico, que marca la frontera entre dos mundos, la Jiuxianqiao Road. Al otro lado, un barrio humilde que conviene visitar. El barrio que los engloba es el de Dashanzi. El contraste entre el barrio obrero y tradicional y la sofisticación de las galerías de arte es brutal.
El 798 Art Zone, dice la guía impresa, es "el corazón del arte contemporáneo en China y uno de los puntos culturales más fascinantes de Asia". Si no captas el cinismo, puede que lo veas así. Es lunes y las galerías y museos están cerradas, pero uno puede hacerse una idea mirando a través de los escaparates. Y lo que se ve no es diferente del desfalleciente arte contemporáneo de cualquier ciudad europea, imitación de la imitación. Picasso y Pollock varias décadas después.
A un lado los hijos de la nomenclatura y de los nuevos ricos se sienten modernos, a imitación de otros centros o distritos culturales de las grandes ciudades europeas y americanas.
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| © Lola |
El otro, los chinos que experimentan la vida dura de quien no tiene tiempo para el ocio.
El complejo fue originalmente un conjunto de fábricas de electrónica diseñadas en la década de 1950, en general, estilo Bauhaus de techos curvos y grandes ventanales. Cuando la industria decayó, nombres como el de Ai Weiwei pusieron el distrito en el mapa internacional: galerías, esculturas en la calle, instalaciones de metal y figuras surrealistas y fotografías de artistas europeos y chinos con el convencional rictus de artista, con fondo de antiguas tuberías industriales, chimeneas oxidadas, grafitis y murales. Añádase eslóganes de la era de Mao en rojo y el puro del Che Guevara - no falta la Marilyn de Warhol - al lado de boutiques de ropa desenfadada y cara y cafeterías de diseño.
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| © Lola |
Antes de esto, Dashanzi era un complejo industrial y residencial para los trabajadores de las fábricas militares y de electrónica (como la Fábrica 718 y la 798) construidas en los años 50 con ayuda de la Alemania Oriental. El barrio de Dashanzi que lo rodea mantiene edificios de apartamentos antiguos de estilo socialista, pequeños puestos de comida callejera y mercados locales donde vive la clase trabajadora, todo degradado y sucio.
martes, 21 de abril de 2026
Shanghái de la colonia imperial al resplandor futurista
1. Por qué nos han traído a este parque, el parque Fuxing, antiguo barrio francés, nos preguntamos, por qué nos han traído al parque de los viejos. Debe ser sin duda la forma de mostrarnos la vida ordinaria un domingo por la mañana: vecinos (viejos) practicando el tai chi o bailes latinos; grupo numeroso (de viejos) cantando a coro una canción folk y, cuando nos detectan, una canción navideña en inglés - ¡un villancico en abril!;
vecinos (viejos) ensayando el saxo y jugando al mahjong bajo los plátanos centenarios. La vida activa de los viejos, de eso se trataba. "No, no", parecen decirnos, "en China no se invita a los viejos a que se vayan de este mundo para tener una vida feliz en el otro, están activos".
2. Es domingo y la aglomeración temida para subir a la la tercera torre más alta del mundo, no se produce. Sí, la Burg Khalifa (Dubái, 828 m) es más alta y la Merdeka (Kuala Lumpur, Malasia, 679 m) también, pero de ellos 60 son de antena.
La Torre de Shanghái (632 m) ostenta el récord del mirador más alto del mundo dentro de un edificio. Puedes subir hasta el piso 118, con el ascensor más rápido del mundo, a 18/m segundo, hasta los 546 m. Desde lo alto la ciudad impresiona (hasta que deja de hacerlo). Es una torre en espiral con la tecnología más vanguardia. Pero, en fin.
Junto a la Torre Jin Mao (421 m, con forma de pagoda) y el Centro Financiero Mundial (492 m, la de apertura trapezoidal en la cima) conforma el trío de rascacielos más iconico de Shanghái. Eso dicen.
3. El Jardín Yu es un célebre jardín clásico chino del siglo XVI (dinastía Ming) situado en el centro de Shanghái, conocido como el "Jardín de la Paz". Hay pabellones tradicionales de madera oscura, estanques, puentes en zigzag y rocallas, un refugio tranquilo en medio del bullicio urbano. Fue diseñado por un alto funcionario imperial para sus padres.
Una escultura de Confucio señala el tipo de filosofía del diseñador: rincones bien cuidados con pequeños esculturas, rocas artificiales, estanques con carpas doradas y parterres, pabellones dedicados a biblioteca, salones del té y meditación, una torre de jade y la figura del dragón - con tres o cuatro garras- que se va repitiendo.
4. Justo al lado está el Mercado Yuyuan, un bazar animado - muy apretado de gente - con arquitectura tradicional que ofrece souvenirs, artesanías y comida local. Volvemos a encontrar la procesión de chicas con disfraces dinásticos contratando a fotógrafos profesionales para que les hagan un álbum.
5. El Bund. Por fin, después de la comida, damos un paseo por el barrio colonial inglés. Vemos ahora, desde el paseo marítimo, el otro lado del río: las torres de vidrio de Pudong (la Torre Jin Mao, el SWFC y la Torre Shanghái a la que hemos subido) forman sin duda un skyline muy fotogénico. Alrededor, el bosque de altos edificios que anoche veíamos iluminados desde el río Huangpu.
Detrás, a este lado, el Shanghái colonial europeo, una ristra de edificios administrativos coloniales y de grandes bancos, ahora todos propiedad del Estado chino, con estilos de varias épocas: art déco, neoclásico, románico, gótico, barroco. Los hemos visto en películas de época. Y un amplio paseo comercial, peatonal, cosmopolita, al estilo Paseo de Gracia o Calle Serrano.
lunes, 20 de abril de 2026
Shangái, llamaradas de cristal y acero
Uno espera que como gran ciudad Shangai te reciba como una brasa luminosa en medio de la noche. Pero no es así, es verdad que es tarde, cerca de la una de la noche cuando llegamos al aeropuerto desde Zhangjiajie: los rascacielos están apagados, las calles mudas y el tráfico reducido al silencio de los motores electricos.
Con cerca de 30 millones, la ciudad no se puede considerar como un conjunto uniforme, sino como llamaradas o pequeñas ciudades dentro de la gran aglomeración.
Así, Zhujiajiao, que visitamos a la mañana siguiente, en los aledaños de Shanghai, una ciudad comercial que surgió de los ramales del delta del Yangtsé hasta convertirse en una ciudad de canales, que fue tomando la forma de la Venecia Europea, aunque Zhujiajiao ya existía hace 1700 años. La multitud se agolpa en los márgenes de los canales, en las calles y edificios de las dinastías Ming y Qing, entre tiendas y restaurantes con una amplísima oferta a la vista, buscando con sus cámaras los reflejos ondulantes en la superficie del agua. La ciudad está llena de puentecillos, incluso uno que se asemeja al de Rialto.
Hasta nos damos el lujo de montar en una barca como si fuera góndola, atentos a las casas de madera oscura, el olor de las especias y los vendedores, como si, nuevos colonos, volviésemos a la China premoderna, a 40 km de la futurista Shanghai.
Destellos al atardecer en los rascacielos de cristal y acero, como molinos gigantes sin aspas, a la espera de que un caballero con oscura espada laser abata su inmerecida soberbia, torres gigantes, diferentes unas de otras, que parecen muertas, sin vida dentro, quizá porque se haya acabado la jornada laboral o porque hoy es sábado.
Mortecino el feo y soso mercado de imitaciones, curiosamente sin multitudes - españoles e indios en su mayoría - atraídas por el supuesto bajo precio de sus artículos falsos, quizá los habitantes genuinos de esta ciudad sea gente que no quiere lo falso.
Llamaradas, esas sí, ya de noche, las que desprenden las altas torres sobre el espejeante Río Huangpu, afluente del Yangtsé, el mayor espectáculo de color que uno pueda imaginar entre las 6 y las 10 de la noche, porque después se apaga todo.
Si ya nos parece enorme el río Huangpu, al llegar a su desembocadura, el río Yangtsé se ensancha tanto que alcanza distancias de lado a lado que superan de los 10 a los 30 kilómetros en su estuario antes de unirse al Mar de China Oriental.
El brillo del lujo de las tiendas exclusivas en el pequeño barrio francés, tiendas que no se encuentran en otro sitio, Marvis, por ejemplo, una marca italiana de solo crema de dientes, para dar valor al exclusivo acto de comprar. En esta pequeña ciudad dentro de la gran ciudad, los chicos y chicas ya no se disfrazan con las retromodas dinásticas del pasado, sino que se visten de ricos, con bolsas que declaran en el estampado lateral que el solo nombre de la marca basta para mostrar que se lo pueden permitir.
Llamaradas de Shanghai que ha recogido el cine en el Skyfall del agente 007, en la arquitectura futurista de Her, en el vértigo de Misión Imposible, en el Bund colonial de El imperio del sol.
domingo, 19 de abril de 2026
Montaña Tianmen, la puerta del cielo
Solo cabe un ooooh de sorpresa cuando, pasada la puerta ornamental al pie de la montaña, uno mira hacia arriba y ve el enorme agujero, ni más ni menos que la Puerta de Entrada al Cielo (Tianmen). En Burgos tenemos un arco, otra puerta sobre un río más terrenal, nada celeste, Puentedey, un puente de piedra natural de 15 metros de altura sobre el río Nela. El diferencial chino es el tamaño, la altura y sobre todo la multitud que pide paso y empuja para traspasar la puerta, aunque traspasada, la promesa, como en cualquier paraíso, no sea otra que vacío.
El Arco de Tianmen es una abertura natural de 131 m de alto y 57 m de ancho formada por el colapso de una cueva kárstica hace aproximadamente 1.500 años. Un texto de época narra que el sonido del colapso se escuchó desde la ciudad. La Montaña de Tianmen (Tianmen Shan), en Zhangjiajie, es considerada una de las maravillas naturales más impresionantes del mundo.
Tenemos dos opciones para subir hasta la puerta del cielo, por escaleras mecánicas, construidas por dentro de la roca, que suman 12 largos tramos (7+5) o a pie, por la larga y pindia escalera que se ve en las fotos, conocidas como la "Escalera al Cielo". Es pindia pero con ritmo se puede subir. Se dice que la escalera tiene 999 escalones, para cumplir con el número mágico de la cultura china, el 9.
El número 9 (九, jiǔ) simboliza longevidad, eternidad y poder supremo, siendo considerado un número muy afortunado. Debido a que su pronunciación es igual a la de la palabra "duradero" o "eterno", se asocia con relaciones amorosas largas y buena fortuna. También simboliza los nueve palacios del cielo. Para Dante, sin embargo, 9 son los círculos del infierno en la Divina Comedia.
Una vez arriba, justo debajo del gran hueco hay un pequeño estanque y tras el la ladera que baja por la otra vertiente. Luego se ascienden 5 tramos más de escaleras mecánicas para llegar a lo más alto, hasta una plaza donde se aprieta la multitud.
Hay la opción de subir todavía más a un pico con mirador o dar la vuelta por un sendero asentado sobre el borde de un vertiginoso acantilado. En parte, el sendero va por unas pasarelas de cristal transparente suspendidas a 1,400 metros de altura, no aptas para quienes sufren vértigo. Otra opción es no moverse y quedarse a tomar un café o rendirse al impacto místico, si ha sido el caso, entrando en el templo budista.
El número 9 lo volvemos a ver en las 99 curvas de la carretera que asciende hasta el inicio de la montaña. Nosotros hacemos la mitad a la vuelta, de bajada, - son muy cerradas, igualmente vertiginosas -, hasta llegar al acceso a las cestas que nos dejan en el centro de la ciudad de Zhangjiajie. El Teleférico es el más largo del mundo y el de mayor de inclinación (38°), con 7,4 kilómetros de la cima a la ciudad. La experiencia es sorprendente por inesperada: 30 minutos con paisaje de bosque y campos a un lado y los picos de Tíanmen al otro, hasta sobrevolar calles, avenidas y los edificios de Zhangjiajie. La vista desde el teleférico es espectacular. La ingeniería extrema china nos sorprende una y otra vez.
El tiempo ha acompañado. Para que la experiencia fuese completa los picos habían de aparecer entre nubes, creando una atmósfera casi mística y fotogénica. También nos ha llovido y se ha despejado un poco, de modo que en el restaurante (con excelente pato laqueado) pudiésemos verlos de lejos.















































