Nos alejamos de Mardin. Ahora la vemos desde la llanura mesopotámica. Leo está descripción: Construido sobre una cresta rocosa estrecha y elevada, "las casas de piedra están tan juntas y mimetizadas con la roca que todo el pueblo parece un castillo flotante". De todo lo que estamos viendo estos días podría decirse lo mismo, que está suspendido de una cresta de la historia. Aquí se inventó el mundo. Cuanto más hurgamos en el pasado más indescifrables son sus enigmas.
Monasterio de Dayrulzafaran (Monasterio de Mor Hananyo)
Un lugar como el Monasterio de San Ananías está tan cargado de historia que no basta con extender la vista, hay que completarlo con historias. Es difícil deslindar la fe, mejor la esperanza de la humanidad, de su sufrimiento.
Estos parajes tan hermosos de la meseta mesopotámica vieron nacer la civilización, la agricultura y la fe, pero también, más recientemente, la barbarie. Las piedras están cargadas de una y de otra, inseparables la técnica, el pozo y el arado del dolor y el exterminio. El aire, la atmósfera es tan densa que parece que uno, al paso, la fuese cortando como un cuchillo hace rodajas de la mantequilla.
Conocido como el monasterio azafrán por el color de la piedra es un monasterio ortodoxo siríaco dedicado a San Ananías, cerca de Mardin. Fundado en el siglo V, ha sido sede patriarcal durante casi 800 años. Sus salas excavadas en la roca y su iglesia con antiguos sarcófagos de piedra lo convierten en uno de los monasterios cristianos más antiguos que siguen en uso.
Dara
Quizá donde mejor se ve la esperanza en el futuro es en el impresionante cementerio excavado en la roca de Dara (o Anastasiópolis). La civilización proyectaba sobre sus muertos- enterrándolos en un lugar sagrado - el futuro que anhelaban, al que la biología de la especie les condenaba. Preservándoles, esperaban que aunque la materia corporal volviese al polvo, lo esencial de la persona - el espíritu - se prolongase más allá de la biología. Junto a la fortaleza que el emperador Anastasio I construyó en el año 505 d.C. para proteger la frontera frente al Imperio sasánida persa, adaptó la necrópolis existente para convertirla en monumental. Dara era conocida como la "Éfeso de Mesopotamia".
El espíritu se volvió terrenal en la gran cisterna cercana, obra del mismo emperador bizantino. Aunque más pequeña se asemeja a la de Estambul. En algún momento los hombres comprendieron que mediante la técnica se podía prolongar la vida en vez de fiarlo todo a un futuro en el cielo del que nadie había vuelto para dar testimonio.
En dirección a Midyat pasamos por el centro neurálgico del territorio kurdo, la ciudad kurda más importante en territorio sirio, Qamishli, y una ciudad kurda gemela en territorio turco, Nisibis, una junto a otra, separadas por la valla fronteriza. Fue un lugar de combate durante la guerra kurdo turca, de esperanza y sufrimiento.
De paso hacia Mydiat, vemos un pueblo colgado de la roca, Kalecik, pueblo de yazidíes, practicantes de un monoteísmo sincrético. Vemos a la entrada del pueblo el fuego del sol alimentado en una pira permanente donde ponen a sus muertos, una práctica heredada de su ascendencia zoroastrica. Un pueblo de ida y vuelta: durante los 80 huyeron de la persecución hacia centroeuropa, ahora están volviendo.
Comemos en un restaurante sobre el río Aguablanca: las mesas están colocadas sobre la corriente, mesas redondas con cojines a la altura del estómago. Hay que ponerse en cuclillas o hundir los pies, que es lo propio, en el agua. El plato típico es el llamado kebab de Mardin, una tira de carne y una tortita para envolverla. Una experiencia original pero algo incómoda si no te han acostumbrado a comer en cuclillas.
Midyat
La tarde de este día es para Mydiat, la ciudad del Tur Abdin, la «montaña de los siervos de Dios». Como en Mardin, las casas y palacetes de piedra caliza del centro se suceden uno tras otro, restaurados o en vías de restauración. La luz rasante ilumina las celosías y filigranas de ventanas y portales de piedra caliza de tonos rojizos o claros, antes de que la sombra alargada del atardecer se cuele desde la planicie mesopotámica y las tiña de azul y violeta.
En la antigüedad, Midyat fue refugio del cristianismo primitivo, corazón de la Iglesia siríaco-ortodoxa en Turquía, centro espiritual y cultural de habla aramea. Durante el periodo otomano Midyat la Iglesia asiria cristiana convivía con comunidades kurdas y árabes.
El siglo XX rompió el equilibrio en Midyat. En arameo hay una palabra que define lo que sucedió: Sayfo (1915): simultáneamente al genocidio armenio, la comunidad siríaca sufrió masacres masivas, el Sayfo ("la espada"). La población cristiana se redujo drásticamente. En los 70 y 80 (conflicto Turco-Kurdo) los que quedaban, junto con los yazidíes, emigraron a Europa. Hoy hay una fiebre restauradora, por la atracción turística y como plató de series turcas de televisión. Como consecuencia, la diáspora siríaca está regresando, restaurando sus casas ancestrales, invirtiendo en turismo y para celebrar festividades religiosas. Aún así la comunidad hoy es residual.





















































