Desde la mesa del desayuno, en el último piso del hotel, se divisa la mejor lámina que un pintor como Mo Yuan hubiese deseado pintar. El sol a esta hora no ha podido levantar la bruma que sobrevuela la ciudad. El río gira lentamente entre los árboles de la canela. Pequeñas bandadas de aves cruzan el río. Ligeras, aladas concentraciones nubosas marcan los diferentes niveles de las montañas. Una pagoda decorativa sitúa el primer plano. La luz mortecina se refleja en las pequeñas ondulaciones del agua, difuminándose en los márgenes de las sombras que proyectan los árboles. La humedad no pesa demasiado todavía a esta hora de la mañana.
En el último plano, aparece la geografía fantasmagórica de los montes como pináculos que se suceden recortándose en la sombra brumosa, unos detrás de otros. Es la geografía que ha dado el lugar a un paisaje singular.
El paisaje que recorremos esta mañana al deslizarnos con el ferry por el río Li en dirección al encuentro, primero, con el río Xi (Xijiang) y después con el más famoso río de las Perlas (Zhujiang) hasta llegar el Mar de la China Meridional, tras desparramarse en un enorme Delta en Cantón (Guangzhou) y desembocar en el mar entre Hong Kong y Macao.
En la barca ligera voy hacia el río lejano,
a lo largo de la corriente, las aguas fluyen serenas.
Desde la barca miro hacia los montes verdes,
la niebla se disuelve en el amanecer, sobre las orillas blancas.
"En la caleta de los cormoranes". Wang Wei
Durante unos 80 kilómetros y unas 4 horas, entre la ciudad de Guilin y el pintoresco pueblo de Yangshuo, el barco de fondo plano, por la poca hondura del cauce, se mueve con lentitud zen mostrando las formaciones cársticas que hacen tan atractivo este lugar.
En chino por los altavoces o mediante una aplicación interactiva se nos explica el origen de estos pináculos calcáreos cubiertos casi por entero de vegetación, pero dejando a la imaginación la formación de figuras como la colina de los nueve caballos o la tela amarilla, un tramo icónico que todo el mundo fotografía junto al reverso del billete de 20 yuanes donde está impreso.
En los tramos en los que el cauce se ensancha y aparecen pequeñas playas se ven pescadores, senderistas, bañistas y hasta búfalos de agua refrescándose en el agua.
El día está cargado de humedad, con tan poca luz que es imposible hacer una fotografía decente. La poca luz se obtiene del reflejo en la superficie clara de la larga fila de ferries que hacen el viaje turístico. El punto de color lo ponen las balsas de bambú - simulado - motorizadas para pocos turistas.
Como la neblina y la humedad impiden hacer buenas fotografías, lo mejor es dejarse llevar, como dice el poeta por la cinta de jade, impregnándose de las fantasías a que da lugar la contemplación. El agua es el alma de las colinas, en frase China.
"La belleza del río Li reside en sus reflejos. Entre ellos, la playa de Huangbu es la más impresionante. Como culminación del diseño paisajístico chino, el reflejo de la playa de Huangbu es como un espejo compartido entre el cielo y la tierra: las verdes montañas son la pintura en el espejo, y el agua cristalina es el poema dentro de la pintura. Cada ondulación es una pincelada meticulosa de la naturaleza. Por eso, "El reflejo de Huangbu" es la única fotografía de gran formato que representa un paisaje natural chino, elegida para ser exhibida por la Embajada de China en la sede de las Naciones Unidas". (De la app de la ruta por el Li)
Más que a las fotografías habría que acudir a la pintura clásica para tener la mejor impresión de este lugar. El paisaje de Guilin y el río Li se convirtieron en la época imperial en el ideal supremo de la pintura de paisajes (shanshui), montañas escarpadas y neblina, durante ellas dinastías Song (960–1279) y Yuan (1271–1368). En las Dinastías Ming y Qing, aquí se firmaron escuelas de pintores. De ellos Shitao (1642–1707) un monje budista pintor, en su obra, Diez mil picos entre nubes y bruma, es la que mejor captura la esencia del río Li.
Entre los pintores actuales, las pinturas de Li Keran (1907-1989) sobre el río Li, combinan la tinta tradicional con un fuerte sentido de luz, sombra y volumen.
El día termina con un paseo por el pueblo de Yangshuo. Vemos a los campesinos trabajar en sus campos de arroz y en sus huertos de frutas y hortalizas, enmarcados por picos kársticos cada uno con un nombre poético: la Colina del Pájaro Verde, el Pico de la Luna, la Colina del Camello.
Tras varias equivocaciones del conductor paramos en otro pueblo donde la gente baila y nos invitan a acompañarles, antes de volver a Guilin.












































