miércoles, 17 de junio de 2026

La frase

 

 


Cada mañana habría que salir a la calle, mejor al campo, para atrapar una frase que sea enteramente tuya. Esta misma idea, que haya una frase que te pertenezca por completo. Si sales a la ciudad todos son reclamos. Estás agotado, acogotado. Lo más difícil, que sea tuya y le sirva a otros. Otros como tú, no los otros de quienes te alimentas, no los otros máquina. Mentes máquina que reciclan lo que emite la máquina. Pon el oído en las conversaciones, lo verás: repetición y repetición.

 

Cada día has de dar testimonio ante la burocracia de tu existencia: tarjetas de crédito, redes - una avalancha a punto de enterrarnos -, fes de vida - el bonobús, el recibo de la luz -, la mayoría sin tu participación consciente. Puedes liberar una parte de ti, piénsalo. Un rincón en el que seas tú, sin que nada te invada. Un acto de soberanía: nada ni nadie por encima de ti, respecto a ti. Busca el modo, desconecta, sal al exterior, sal de ti. Vacíate y escucha los ruidos de la naturaleza: escucha y ve la maravilla de los pájaros. Si se hace el silencio, entonces es posible que emerja de tu mente liberada la frase que lo acredite. Tu frase, tú, el verdadero testimonio de tu existencia.

 

Piensa, tú en medio de la multitud indiferenciada. No es necesario que los demás lo sepan. Tan solo que lo sepas tú. Que existes, que vives, que en tu caso no ha sido en vano el regalo de la existencia.

 

Cada mañana, cada día, un acto de soberanía.

 


lunes, 15 de junio de 2026

La bola (Jot Down)

 


Estos días me he entretenido con un libro, La bola, y lo que se ha escrito alrededor, en general, textos almibarados y laudatorios, unos y, otros, los críticos, obedeciendo a un periodismo tan relamido como demodé. El autor escribe sobre la fascinación que muchos jóvenes escritores sintieron por un personaje que les atraía pero que se les escapaba, una mujer de Santa Pola se supo después. Quizá agorafóbica, para encandilarlos les enviaba fotografías de una mujer en bragas y lencería fina, que no era ella; se valía, como fotógrafa, de su peluquera, para hacerse pasar por ella. El objetivo era que escribiesen en una revista nueva que enfatizaba lo estético por encima de lo verdadero, si tal distinción es posible. 

 

Durante un tiempo Jot Down, la revista, fue ese tipo de producto cultural que uno asocia a lo novedoso y moderno. Se habló del New Yorker español. Muchos de quienes aceptaron la invitación lo hicieron gratis con tal de aparecer en la revista de moda. Provenían de los entonces - años 2000 - novedosos foros de Internet donde se dieron a conocer, por ejemplo, El Aerópago, donde aquella mujer aparecía como Shizuka, o de los comentarios en el blog de Arcadi Espada, Diarios. Escribían sobre cualquier tema, ciencia, temas culturales, cine, deportes y entrevistas. Como la revista nació en Internet, los textos eran largos, sin limitación. 

 

El momento de gloria de Jot Down, si hemos de seguir el hilo de La bola, fue cuando Mar de Marchis - ese era el nom de plume con que esos jóvenes escritores la conocieron - consiguió llegar a un trato con Prisa (Juan Luis Cebrián o Manuel Mirat) para entregar un ejemplar mensual de la revista con El País dominical. Un acuerdo que duró tres años – entre 2015 y 2019 - y sirvió de ayuda financiera a una revista que nació con pocos recursos. Ahora la revista languidece en Internet. (El enlace lleva al punto de vista editorial de Jot Down sobre La bola)

 


La bola tiene interés para lector mientras mantiene la fascinación por un personaje que la mayoría desconoce. El libro no es una novela, tampoco una biografía, ni siquiera un ensayo, sino una especie de crónica alargada sobre ese momento de fascinación que atrajo como una candela a moscas en busca de miel. Una narración basada en hechos reales, anuncia: cómo una mujer desconocida, con las armas de una voz susurrante al otro lado del teléfono y un teclado y fotografías robadas a su peluquera, consiguió encandilar a un grupo de jóvenes ardientes, seducidos por la promesa de sexo y nominación (lo que Mar ofrecía, pero no para sí).

 

Cuando llega al punto en que El confidencial y Vanity Fair desvelaron el nombre que se ocultaba detrás de Mar de Marchis, la fascinación se hace añicos como también decae el interés que estaba despertando la lectura. Entonces la realidad se apodera del relato y devuelve al personaje a la banalidad (soledad, enfermedad, muerte), la de cualquiera, tras el breve fulgor de caballo desbocado que cada uno había creído que era el vivir. La primera parte parece escrita a dos manos. La del autor, Daniel Verdú, vecino alicantino del personaje, y la de Enric González, que si damos crédito a lo que leemos fue quien más intimó con María Jesús Marhuenda Irastorza. Lo que sigue al desvelamiento parece escrito por alguien que ha perdido todo interés por el personaje o que no se ha esforzado lo suficiente para seguir más allá. Otra versión aparece en este enlace.

 

Durante al menos la mitad de nuestra vida nos fascinan los personajes de novela, primero los aventureros, más tarde los románticos envueltos en apasionadas historias de amor, después los constructores de imperios militares, políticos o empresariales. Experimentamos en nuestra imaginación con distintos tipos de héroes a los que nos gustaría parecernos. Por eso leemos novelas. Durante el último tercio de nuestra vida, tras un breve periodo de atracción por la figura del antihéroe, lo que nos interesa son los temas asociados a las preguntas básicas. Al acercarnos al final nos interrogamos sobre la muerte y quizá sobre nuestra huella. Por eso leemos biografías de científicos u hombres notables o ensayos que nos acercan a la filosofía y, puede que al final, busquemos la luz que las religiones prometen. En fin.




sábado, 13 de junio de 2026

El Acebal de Garagüeta

 


Desde un buen punto de observación, y en la ruta de los castros celtas en los Montes Claros hay varios, se pueden ver dos masas boscosas separadas, el quejigal y el acebal. Nuestro destino, hoy con Ricardo, es penetrar en este bosque único de la Península Ibérica, y de buena parte de Europa, el Acebal de Garagüeta. En este bosque los acebos crecen pegados unos a otros sin mezclarse con pinos, robles o hayas. Encontrar un "bosque puro de acebos" es una auténtica rareza botánica. Hay una casa del parque en Arévalo de la Sierra.




 Conviene subir al cercano Alto de la Cruz para tener una buena panorámica de estos valles y sierras sorianos entre el Duero y el Ebro. Aún se pueden apreciar los restos de las manchas blancas nivosas en la Sierra de la Cebollera. Sorprende la cantidad de topónimos que en esta zona repiten la nomenclatura de la geografía zamorana y zonas del noroeste castellano. Remiten a los repobladores medievales de cuando esta zona era la extremadura - zona de frontera -, relacionados con la trashumancia, la Mesta y el comercio de la lana merina.




Uno puede hacer una ruta corta, de 5 o 6 km, adentrándose en la masa boscosa del acebal o una larga, de entre 12 y 15 km, circundándola por la periferia y subiendo a los altos para completar la visión. Nosotros invertimos 5 horas en el intento de comprender la adaptación de este árbol a un terreno no especialmente apto. La labor humana, la ganadería doméstica y salvaje dieron forma a este bosque singular. 


Encontramos a menudo el acebo como arbusto en el sotobosque bajo árboles grandes buscando sombra. Pero también se desarrolla como árbol con tronco liso y recto, llegando a 10 o 15 m de altura, que puede llegar a los 500 años, adoptando una forma piramidal o de campana. Es el caso de Garagüeta.




En la periferia del bosque, lo primero que nos llama la atención es que aún permanezcan los frutos rojos, las bolitas que aparecen en las ramas que la gente coloca en sus puertas en Navidad. Se supone que los acebos florecen en mayo y junio, justamente ahora, que las plantas hembras empiecen a producir frutos verdes durante el verano y principios de otoño y que se convierten en las bolitas de rojo intenso cuando el frío comienza a aparecer, allá por noviembre y diciembre.


Pero parece que no es nada extraordinario, el fruto del acebo es tóxico para los mamíferos, así que puede permanecer en el árbol durante meses. Las bayas son el alimento de las aves como zorzales, mirlos o petirrojos, incluso de las torcaces. Cuando hay una cosecha exageradamente abundante - lluvias más buen clima -, la fauna local simplemente no da abasto para comérselas todas, lo que explicaría que las bolitas rojas aún permanezcan en los árboles.



La estampa de los acebos aislados en la periferia del bosque impresiona por la forma cerrada piramidal o acampanada que crea un espacio húmedo y sombrío en su interior creando una coraza infranqueable. El acebo genera su propio microclima: al cerrarse sobre sí mismo, el árbol evita que el viento helado de Soria penetre en su estructura. En las zonas bajas, la falda de hojas perennes impide que los rayos del sol evaporen el agua del suelo. El acebo crea debajo de su copa un oasis sombrío perpetuo, fresco en verano y protegido en invierno.




 En las zonas más cercanas a la linde aparece la simbiosis entre el acebal y otras especies, como el majuelo y el saúco. El majuelo, repleto de espinas afiladas y duras, protege al acebal joven de los animales que ramonean buscando hojas frescas, las hojas caídas del saúco le sirven como abono. El acebal por su parte les proporciona humedad y, de adulto, sus hojas bajas, también pinchudas, blindan al majuelo, impidiendo que los animales dañen sus raíces o tronco.




El saúco, por su parte, ayuda a estabilizar las pequeñas zonas de escorrentía. Su sombra estival protege la evaporación directa del agua del suelo, manteniendo un microclima fresco y húmedo en la periferia que beneficia las raíces superficiales del acebo.




En todos ellos, este es el momento de la floración, las hojas blancas del majuelo cargadas de néctar y las de color crema del saúco, aromáticas, atraen a miles de insectos que polinizan las pequeñas flores blancas del acebo.




Llegados al bosque nuestra primera internada es por el lugar más fácil, una abertura que nos lleva a un sestil. Necesitamos un momento de adaptación tras pasar del día brillante y luminoso al interior sombrío. Poco a poco aparecen las siluetas de una cuadra de caballos hispano bretones que se han refugiado del calor en el interior del sestil. Caballos grandes como percherones, pezuñas enormes protegidas con plumas y crines vistosas. No se asustan, nos observan con curiosidad. También los caballos viven en simbiosis con el acebal: limpian el sotobosque, se alimentan de los brotes tiernos y se protegen del calor en verano y del frío en invierno. 


A partir de ahí nos adentramos en el acebal. Los animales han limpiado los troncos y durante un tramo podemos caminar por el interior bajo las bóvedas vegetales de los sestiles. En el resto de Europa, los acebos casi nunca forman estos grandes laberintos habitables.




Luego salimos al camino que la ganadería intensiva de esta zona trazó en el pasado pastoril. El bosque debe su forma actual a la labor de siglos de los pastores sorianos - la choza del pastor es una bonita huella -, lo usaron como dehesa comunal para el ganado vacuno y lanar. A medida que avanzamos el bosque se hace más tupido - las hojas bajas pinchosas, las altas lisas-, las zonas bajas tan protegidas que resultan impenetrables. El majuelo y el saúco desaparecen para dejar al acebo solo. Nos preguntamos qué animales habrá ahí dentro, oyendo u oliendo, a pocos metros de nosotros. ¿Jabalíes, corzos, zorros, tejones, gatos monteses, garduñas? Vete tú a saber.




En las horas centrales del día el sol quema; no hay lugar donde guarecerse como no sea el interior húmedo y sombrío del impenetrable acebal. Remontamos hasta la cresta de la sierra de los Montes Claros para tener una panorámica sobre las sierras, los pueblos del valle y la cuenca del río Tera. Arévalo y Torrearévalo de la sierra, los titulares de la reserva natural, Gallineros y a lo lejos los pueblos del Tera (parece que estamos en Zamora), Almarza o San Andrés. Hacia el sur, al otro lado, la sierra de Urbión y la Cebollera.




No hay árboles que den sombra, así que comemos sobre una piedra en la ladera, socorridos por una ligera brisa. Después, sedientos, bajamos a Torrearévalo buscando un bar donde saciar la sed. No lo hay, pero vemos la casa donde nació Julián Sanz del Río. ¿Cuánta gente sabrá de su importancia para la educación laica y la formación de las élites del siglo XX español? La Diputación soriana y la Junta castellana poco deben saber y si lo saben no les importa porque la casa está desvencijada esperando que alguien la convierta en un lugar de memoria. Tan solo una triste placa lo recuerda.




No encontramos un lugar donde abrevar hasta llegar a Almarza, donde la cantinera cicatera nos pone media cerveza en la jarra y la otra media de espuma. Un pueblo curioso este, lleno de casonas de piedra y madera, casas fuerte parecen de los antiguos propietarios ganaderos de cuando la trashumancia de la Mesta. La más grande, con macetas de geranios en las ventanas, aunque parece no habitada, es la Casa-Palacio de la Familia Montenegro. Me entero más tarde de que desde hace años pertenece a un colegio madrileño (el Virgen de Europa) que lo utiliza como Aula de Naturaleza y campamento en los meses de verano.



jueves, 11 de junio de 2026

Xilópalos. Alzaba el vuelo el halcón

 


X

 

Si en tu oído

Dulce amor susurro

Se apaga el sol

Los cuerpos se encienden

La noche se hace día

 

 

 

XI

 

Me apartan de ti

Las horas los minutos

Mi pajarito

Ven vuelve a mí no tardes

Hazme piar contigo

 

 

XII

 

Oscuro el cielo

Su sombría amenaza

Mi lejano amor

 

 

XIII

 

Cambian los campos

Ya grana la espiga

Amarillean

 

 

XIV

 

Llega la luz

Vuelan los aviones

La amanecida

 

 

XV

 

Me acerco blanca

La luz de la mañana

Como el más veloz

 

 

XVI

 

Alza el vuelo el halcón

Crujir de ramas

Se despereza el alma

 

(Primavera, 2024)

martes, 9 de junio de 2026

Poesía de la pobreza (Historias del buen valle)

 


 

Un puñado de vecinos malviven en un barrio de Barcelona, Vallbona, encajonado entre autopistas, vías férreas y el río Besós, alrededor de un canal, el Rec Comtal. José Luis Guerín ha puesto su cámara delante como un espejo. Las casas, los huertos y los rincones de encuentro se han ido creando por las necesidades de la inmigración.

 

La película muestra a representantes de las dos oleadas inmigratorias: los viejos que llegaron a finales de los 60 y 70 de otras regiones españolas, más catalanes propios, y el mosaico de nacionalidades de las últimas décadas. Los vecinos ante el espejo añoran el paisaje de su infancia verde, el monte, los baños veraniegos en el Rec, el agua pura del pozo de un vecino con una anguila blanca dentro. Fisonomías y hablas, costumbres y supersticiones, recuerdos y proyecciones. 

 

La pobreza tiene su poética, y hasta la miseria - Guerín la capta en forma de naturaleza muerta, la dignidad que Velázquez pintaba en sus retratos - a condición de que no quieras usarla en tu beneficio, estético o político. De ahí lo del espejo: el espectador ve a sus iguales, no puede hacer otra cosa que emocionarse con ellos, en los momentos malos y en los buenos. El anciano que aviva sus recuerdos: fue joven, se enamoró - vemos las fotos antiguas - y, avanzada la película, lo despedimos en la iglesia con el canto desafinado de los vecinos a modo de responso. Los gitanos, sus palmas y su rumba; los indios y sus cañas de azúcar condenadas por la excavadora; los niños bañándose en la charca prohibida; los marroquíes malmirados; los portugueses y sus plantas; la brasileña que tiene en piano que no puede tocar y un marido que ha perdido la memoria. Un mosaico de familias mal encajadas en un barrio que es imposible que encaje en la gran ciudad. Un barrio inhóspito rodeado de autopistas y vías férreas, ruido de coches y trenes, pero donde la vida viven, las alegrías y las penas (Bourdieu explica los porqués en La distinción). ¿Por qué llevas tanta pena?, cantan los gitanos con gran contento.

 


Solo hacia el final hay una escena en la que la película se hace explícitamente política. Una asamblea en la que un capitoste de Adif escucha las quejas de los vecinos ante el derrumbe y el apaisamiento que se anuncia. Ante las quejas torpemente expresadas de los vecinos, el de Adif no dice nada relevante, balbucea como ellos. Ninguno entre los vecinos tiene el don de la palabra, su habla está tan desarticulada como la del propio barrio.

 

Yo diría que solo hay un momento en que el poder no es corrupción, el instante previo a su ejercicio, cuando como promesa ha galvanizado a la población y se dispone a pisar moqueta. En ese instante la promesa se vaporiza y el poder solo se ocupa de sí mismo. 

 

La poesía nos procura emoción porque nos sitúa en un espacio intemporal. Antes y después de cualquier cosa - como ha proclamado León XIV en el Congreso - está el hombre desnudo de pertenencias, la vida que se manifiesta.

 

"Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse".

 


lunes, 8 de junio de 2026

Xilópalos. (Agostado amor)

 

 


I


Se filtra entre nubes

La luz radiante

En la mañana oscura

 

II


Sobrevuela la alondra

Mi pedaleo

Canta la primavera

 

 III


Con viento en las mejillas

En el aire alas

Se despierta el día

 

 IV


Azul celeste y blancos

Verdes y rojo

Campo de amapolas

 

 V


Me acompañan las aves

Amaina el viento

Verdirrojo es mi canto

 

 VI


Desde el altozano

Prende la espiga

Promesa de Castilla

 

 VII


Como ladrón furtivo

Entro en el bosque

Robo el silencio y canto

 

 VIII


Cerca del mar la ciudad

Así tus ojos

Ante mi casa abierta

 

IX


Marcha la vía

Por el camino verde

blanca es su nombre


(Primavera 2024)



domingo, 7 de junio de 2026

The Pitt 2

 


Los guionistas de la serie parten de la tesis de que la sociedad se sostiene por unos pocos hombres que cumplen con su cometido profesional, poniendo la propia vida o su equilibro mental en riesgo. El ejemplo es una sala de urgencias en un hospital de Pittsburgh, donde el jefe de sala - el adjunto en la jerga -, los médicos y los estudiantes atienden frenéticamente a la gente que va llegando con traumas diversos.

 

El montaje combina la sucesión vertiginosa de casos que van llegando en las peores condiciones con el carácter de los diversos personajes sometidos a un estrés difícil de soportar, médicos, enfermeras y estudiantes.

 

Por un lado, los generalmente anónimos e inconscientes individuos que han sido puestos por los azares de la vida – o por la propia imprudencia – a un paso de la muerte o la amputación. El regalo de la vida, además de breve, está sometido al vaivén de azares inesperados. Por otro, la profesión y la responsabilidad.

 

Nada como un hospital (quizá una escuela o un juzgado se le puedan comparar) para experimentar con la colmena humana. Los profesionales sanitarios se especializan, cada uno debe saber su oficio a la perfección para ser útiles y salvar vidas. Cada uno de ellos es puesto a prueba y de esa prueba depende la vida de otras personas. Pueden haberse equivocado a la hora de escoger especialidad, ser débiles de carácter o tener una incapacidad física que les inhabilite, si es así deben reconocerlo y dar un paso atrás. También sirve para un maestro, un juez, un bombero, un policía o cualquier profesión. Obtener un puesto en profesiones frontera por nepotismo es un crimen.

 

En ningún otro sitio se ve mejor nuestra mutua dependencia. La vida íntima, personal o familiar queda en un segundo plano; cuantas menos interferencias haya mejor se cumplirá con la profesión, y en mejores condiciones estará el enfermo.