miércoles, 23 de septiembre de 2026

DTF St. Louis

 


 

A poco que se abra uno el mundo y ponga el oído y mire sin las antojeras que le fabrican cada mañana, verá que el mundo está cambiando. Los cambios son sustanciales allá por donde se mire. No soy sociólogo ni psicólogo, observo sencillamente. Nos lo dice el informe PISA y los profesionales de la educación. Nos lo dicen los terapeutas, el mercado de la vivienda y la pérdida de poder adquisitivo. No hace falta escuchar los discursos irresponsables de los líderes que nos han tocado. Quita el sonido, simplemente mira sus gestos, sus ademanes, su manera de caminar: no tienen nada que decir 

 

El resultado es la fragilidad. Allá por donde uno mire, la sensación de desamparo, las ganas de contar lo que les pasa y lo que piensan, como si no tuviesen a quién recurrir: las instituciones lejanas, amigos y familiares cada uno a lo suyo. 

 

Acabo de ver una serie que muestre esa fragilidad, que parece asociada a un cambio que sucede sin que nosotros podamos participar. DTF St. Louis. Tres personajes, cuatro si contamos con el niño, desamparados. Casados, en aparente armonía, con niños, que se manifiestan cariño y amor. Entre ellos establecen relaciones de amistad, amor y sexo. No parece suficiente, algo les falta. Experimentan cómo relacionarse. Son buenas personas, están dispuestas a entregarse al otro generosamente, pero nada llena el hueco. 

 

Nada de eso se dice en la serie. Cada espectador ha de reconstrur la historia a su modo. Los personajes no son físicamente atractivos. Tampoco los escenarios, a menudo planos generales que muestran las calles y los edificios indiferenciados de San Luis, Missouri e interiores igualmente sin peronalidad. El ritmo es moroso, la música que acompaña, canciones no especialmente significativas de las décadas pasadas.

 

Los creadores de la serie saben que con todo eso no sería suficiente para mantener la atención del espectador. Entonces hacen que uno de los protagonistas muera. Un viejo inspector descreído y una joven inspectora más animosa se hacen cargo de la investigación. Son los dos únicos personajes con propósito, cuya vida no parece estar en el aire. Una gran serie que será del gusto de pocos.

 

“Por primera vez en la historia, una mayoría de estadounidenses —el 62 por ciento— dice haber acudido a un terapeuta en algún momento de su vida, un salto brusco desde el 43 por ciento en 2023. Sí, eso podría implicar una sola visita, pero el uso continuado de la salud mental también resulta sorprendente. Poco menos de una cuarta parte de los 269 millones de estadounidenses de dieciocho años o más “recibió tratamiento o consejo de salud mental” cada año entre 2022 y 2025: entre 55 y 60 millones de adultos. Estas cifras se dispararon tras la pandemia, pero la trayectoria ya era inequívoca. Entre los millennials, nada menos que el 72 por ciento afirma que es probable que visite a un terapeuta en los próximos doce meses. Demográficamente, acuden al terapeuta sustancialmente más blancos que negros, y sustancialmente más mujeres que hombres”. How Therapy Culture Made us Fragile.

 


viernes, 18 de septiembre de 2026

Mérida (Temporada de abrojos)

 


Antes de llegar a la zona de los pinchazos en serie, pasamos por Don Benito y llegamos a Medellín. Medellín, la ciudad que vio nacer a Hernán Cortés y que antes fue romana. El conquistador da nombre a la plaza principal, donde luce una imponente estatua. Cerca, derruida, está la casa donde nació.




Cuesta con bici subir al castillo pero es el mejor lugar para apreciar su historia y su geografía. Al fondo la Vega de Guadiana, más acá el caserío blanco y ortogonal, y aún más acá el teatro romano del siglo I, bien conservado, hasta el punto de que se ofrecen representaciones, acompasadas con las del teatro de Mérida. Su capacidad era de 3000 espectadores. 




El propio castillo museizado ayuda a comprender la rica historia de este pequeño pueblo, desde que en el 79 ac Quinto Cecilio Metelo Pío fundara un campamento militar por el que han pasado romanos, árabes, visigodos y cristianos, y hasta Napoleón. Metelo, Metellinum, Madalin, Medellín. Se puede hacer una panorámica de 360 grados por el adarve bien conservado. Si miramos sl noroeste nos encontraremos con un impresionante puente sobre el Guadiana, un puente barroco de la época de los austrias con 20 ojos.




Si te interesa la historia, en las salas de los torreones del castillo encontrarás información sobre la rica historia de Medellín, que acabó dramáticamente con la batalla que lleva su nombre, donde el ejército napoleónico se impuso al español. 




Nos las prometíamos felices rodando por los caminos de la Vega del Guadiana, una mañana con buen tiempo para rematar el Camino Mozárabe. Nos esperaba medio oculta, rastrera, la planta que nos amargó la jornada: Tribulus terrestris, el tríbulo, abrojo, roseta, cuernos de chivo, cabeza de cabra o dientes de vieja. En esta época, a comienzos del otoño, produce unos frutos duros con espinas puntiagudas que se clavan en las ruedas, no de uno en uno sino de dos en dos. Cuatro veces pinchamos. El último pinchazo no lo reparamos, sino que fuimos dando aire a la rueda hasta llegar a Medellín. 




El albergue lleno a rebosar. Por lo que oía casi todos extranjeros, aprovechando el turismo barato que ofrecen los caminos de Santiago. En la plaza, hacemos un homenaje al cerdo en el Mesón El Pestorejo, que recibe el nombre de la careta del cerdo a la que llaman pestorejo, que hacen ricamente a la brasa.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Hinojosa Castuera Campanario

 


Desde Hinojosa del Duque hasta Campanario los caminos son fáciles de rodar. Eso sí, las bicis acumulan una buena capa de polvo. Lo peor, como nos habían advertido, los abrojos. Tarde o temprano tenía que pinchar, el temor de todo ciclista. Cambia el paisaje, desaparecen los olivares o quedan algunos con aire desnutrido, les sobra espacio. En su lugar, a un lado aparecen las dehesas con encinas grandes, fornidas, y al otro campos resecos de cereal. Aún así se ven grandes superficies replantadas: olivos, pero también otras plantas que no acierto a adivinar.




Desde Monterrubio vamos rodando, un rato por una carretera vieja y otro por caminos, a Castuera, capital de la comarca de La Serena. En el parque un grupo de mozalbetes disfruta de la hora del recreo. Un espejismo. Trabamos conversa con un hombre de la localidad. No le he pedido el nombre porque sus ganas de hablar eran tantas que apenas he podido preguntar algo. El lamento sobre la situación de la comarca: los jóvenes se van - su hijo arquitecto -, las defunciones aumentan. La industria tradicional va cerrando fábricas, las queserías, los jamones. Todavía se mantiene el ganado ovino que produce el famoso queso de la Serena.




No hay tanta inmigración como en otras zonas de España, pero sí alguna. Mujeres latinas que vienen a cuidar a los viejos mientras sus hombres trabajan en el campo. El hombre tiene muy mala opinión sobre las mujeres marroquíes, que cobran sin hacer nada. Nos da ejemplos concretos. A pesar de mirar el GPS para partir, el hombre sigue hablando. Necesita desahogarse. Se lamenta que Villanueva de la Serena y Don Benito no se unificaran para hacer viable, demográfica y económicamente, la región convirtiéndola en la tercera provincia extremeña.


Nuestra primera intención era quedarnos en Castuera, pero hemos seguido rodando hasta Campanario para que la ruta de mañana hasta Mérida no sea tan kilométrica. Paramos en un llamado Albergue de la Estación, la estación convertida en albergue turístico. Merece la pena pasar unas horas aquí, observando y oyendo la naturaleza, las tórtolas sobre todo, una pareja de cuervos, gatos famélicos, el silencio raramente interrumpido por los pocos trenes que aún pasan. 




Leo la persona que lleva el albergue cuida hasta el último detalle. Una escenografía coqueta. No he visto ningún albergue igual. También dispone de un amplio restaurante al lado. Por la tarde cuando ya no quedan clientes se queda de charla con nosotros. Es colombiana. Pasó por Villaverde y Vallecas. Odontóloga, por necesidad se dedica a la restauración. Su pareja es de Campanario, por eso pudo montar este negocio. Se nota que le va bien. Inquieta, no se conforma. Tienes tres hijos repartidos por Europa, lo que significa que los inmigrantes que llegan a España si son hábiles buscan oportunidades fuera, no se quedan. Quien pierde oportunidades es España.

martes, 15 de septiembre de 2026

Hinojosa del Duque. Sierra Morena

 


Hoy, inmersión en Sierra Morena. La primera mitad de la etapa quizá haya sido lo más interesante de esta ruta mozárabe. Aunque el esfuerzo ha sido intenso, las fuertes subidas son tolerables si estás bien entrenado. Hemos salido rayando el alba, por la carretera hacia Villaharta, con poco tráfico pero con luces marcando nuestra posición. Subidas y bajadas por una carretera estrecha con el sol raseando las encinas.




Pronto los olivos han dejado paso al encinar, cortijos aislados, dehesa. Al principio el silencio, hasta que hemos comenzado a oír los berridos. Quietos en un altozano hemos dispuesto los oídos. Toda la sierra era un bramido. Algunos cercanos, otros muy lejos. Estamos en pleno periodo de berrea. Los machos encendidos emiten un gutural y potente sonido para atraer a las ciervas. No hemos visto a ninguno, pero estaban ahí.


Pozoblanco. No es la capital de los Pedroches, pero sí su pulmón económico, asociado históricamente a la dehesa, al toro; también, claro está al cerdo ibérico. No me ha impresionado esta ciudad conocida sobre todo por la muerte de Paquirri. Casi todos los municipios del norte de Córdoba parecen poblachones manchegos. Casas blancas, calles longilíneas. 




El cuento de la jornada lo hemos oído en otra localidad, Villanueva del Duque. Nos hemos acercado a la iglesia de San Mateo para que nos sellasen la credencial. A la puerta estaba Venancio, un hombre al quien la dura vida de las comarcas campestres de interior hace difícil adivinar la edad. Nos ha hecho pasar al interior de la iglesia como si nos fuese a desvelar un misterio. Por encima de San Mateo nos señala la pequeña talla de la Virgen de Guía, patrona de cinco localidades cercanas, que se reparten a lo largo del año. Entonces ha comenzado a contar. La talla histórica, una imagen de bronce, desapareció durante la guerra civil. La que vemos es una réplica de 1939 en madera de pino dorada de 24 centímetros ('la Chiquita'), que continúa rotando itinerante por los cinco pueblos.




Venancio, con emoción creciente, sigue contando. El 24 de febrero de 2023, en la iglesia, en el momento en que los feligreses se daban la paz, la mujer que estaba en el banco delantero con una gran cabellera que le caía hasta la cintura, repite varias veces, y una capa dorada que le cubría las espaldas se giró y le dio dos besos en las mejillas provocándole una emoción nunca sentida. Cuando abrió los ojos la mujer ya no estaba, nadie más la vio, nadie la vio entrar en el templo, nadie la vio salir. 




Venancio tiene a gala haber devuelto a la iglesia a sus hijos. Si lo he entendido bien todas las mañanas pasa dos horas en la iglesia de San Mateo, cuidando de la talla de la Virgen de Guía antes de que vaya al próximo pueblo. Al despedirnos y sabiendo que vamos por camino hasta la próxima etapa nos advierte sobre los periquillos, el nombre que se da por aquí a los abrojos, dientes de vieja en Castilla la vieja.




A esta hora de la tarde, las 7, suenan con fuerza las campanas de la impresionante iglesia de Hinojosa del Duque, celebran el quinario de Cristo. Llamada la catedral de la sierra, es iglesia renacentista con mezcla de estilos, del gótico al plateresco pasando por el mudéjar. Notable el artesonado mudéjar y la esbelta torre. Aunque la región todavía es cordobesa, parece más bien extremeña. Lo fue en el pasado, antes de la redistribución provincial de Javier de Burgos.


lunes, 14 de septiembre de 2026

Villaharta en Sierra Morena

 


Para los pocos peregrinos de a pie que saliendo de Granada se animan a hacer el Camino Mozárabe hay tres etapas que se les pueden atragantar. La primera hasta llegar a Moclín, no muy larga pero dura, la subida a Cerro Muriano saliendo desde Córdoba, esta sí larga y abrupta, y la subida desde Villaharta hasta Hinojosa del Duque, quizá la de mayor desnivel y más larga, unos 60 km, de los cuales más de la mitad son por parajes solitarios sin posibilidad de repostar.


En bici la subida continuada sin descanso hasta Moclín se hace muy dura, la del Cerro Muriano no tanto. Con el ritmo adecuado se sube sin problemas. La de Villaharta hasta Hinojosa no tiene buena pinta, lo veré mañana. Para empezar hoy no hemos podido alojarnos en el albergue municipal, cerrado por avería eléctrica. Hemos tenido que retroceder hasta el Hostal el Cruce, dos pindios kms que volveremos a remontar mañana al amanecer. 




El Cruce es uno de esos lugares sin alma que te encuentras a menudo en la España indiferenciada. Un lugar de paso donde paran repartidores, camioneros y gente sin destino definido para comer o pasar la noche. Un lugar ancho en medio de Serra Morena, junto a la carretera que va de Córdoba a Badajoz. El calor es asfixiante. No apetece dar un paseo por la sierra y acercarse al embalse de Puente Nuevo. En un lugar como este, si no fuera por el bullicio de los motores, podría uno entregarse a la ascesis o a contemplar las almas sin destino del hombre indiferenciado entregado a la carretera. 


Nada que ver con aquellos peregrinos mozárabes que saliendo de la España mora querían alcanzar el Norte, representado por el mayor de los mitos hispánicos, el de Santiago de Compostela, cristianos que no se avenían al dominio musulmán del Sur. Uno imagina con cierta facilidad las grandes rutas de peregrinación por el Camino francés o la Vía de la Plata, incluso la del Norte, pero qué duro debía ser aventurarse por estas sierras tan poco habitadas y en algún momento infestadas de bandidos, hasta llegar a Mérida y enlazar con la Vía de la Plata, una vía preexistente en época romana.



Beato de Gerona, iluminado por el monje Emeterius y la monja Ende (En), la primera mujer pintora conocida de España y Europa.


Lo mozárabe dejo huella en el arte románico (arco de herradura y lobulados, bóvedas de crucería y arabescos), en los romances y como traductores. Impulsaron el avance de la reconquista, repoblaron y dinamizaron la economía de las nuevas tierras de los valles del Duero y Ebro. Fueron los intelectuales que mediante crónicas y comentarios evangélicos en los manuscritos iluminados que conocemos como los Beatos, su obra cumbre, crearon el espíritu de Reconquista. El ardor mozárabe perdió fuerza cuando las zonas musulmanas fueron conquistadas en los siglos XI y XII. Las huellas se fueron perdiendo y solo ahora, con el antisedentarismo de moda, vuelven a recuperarse. Almería, Granada, Málaga y Córdoba son sus puntos fuertes. 




Si la introspección espiritual es lo que buscas este es tu camino, piérdete entre olivares y dehesas, pueblos aislados y castillos derruidos, iglesias renacentistas y algún que otro palacio escondido de la vieja nobleza castellana. Villaharta, rodeado de sierras, quizá sea el lugar para la ascesis espiritual. Sé que hay peregrinos aunque no los vea, mi ritmo es diferente, veo sus huellas. Por ejemplo, en Villaharta hoy una casa ofrecía una habitación en las golfas. No hemos podido quedarnos porque un tal Andrew que venía por detrás no quería compartirla. Los peregrinos del Mozárabe son como zorros escurridizos, inteligentes solitarios, en busca de emociones fuertes que se reservan para sí.


domingo, 13 de septiembre de 2026

Llegando a Córdoba

 


Probablemente sea una impresión equivocada, la de que el paisaje olivar de Jaén es más hermoso que el cordobés. Ambos son paisajes humanizados, la transformación de la naturaleza por el hombre. Pertenecen a épocas diferentes. El de Jaén es el olivar histórico. Terrenos cultivados por la familia que abastecían una economía familiar. Los olivos salpican un campo extenso, el suelo limpio, los olivos ocupando un espacio en el que puedan respirar, cada uno, un individuo particular. El olivar en un mar de ondulaciones congeladas. Los olivares que estoy viendo en Córdoba son como una granja de pollos. Industrializados, apretados en hileras geométricas, recortados, sin aire. Nada digno de ver. 


En consonancia los caminos de hoy son apestosos, llenos de cardos y broza - el peligro de los abrojos - mal trazados y peor cuidados, con rampas en las que había que desmontar y arrastrar la bici cuesta arriba. Al final, llegados a Santa Cruz, hemos optado, hoy domingo, por coger la carretera, acompañados por un grupeto de cordobeses que se dirigían al Rocío.




Córdoba está llena de turistas, pero no se puede decir que sea cosmopolita a la manera de Granada. Quizá el asfixiante calor, quizá el turismo cultural más acentuado. Ambas Granada y Córdoba tienen un nombre fijado por la historia, atadas a él, difícil de cambiar. Granada es más juvenil y universitaria Córdoba es el mogollón turístico con una buena proporción de turismo familiar andaluz y español.




También en Córdoba se ven mujeres jóvenes veladas con el hiyab, modernas y turistas, incluso hacen un movimiento corporal cuando oyen música callejera, pero sin embargo el signo de identidad prevalece, se nota el afán exhibicionista. Como en cualquier otro movimiento sectario del alma, uno no se hace objeto separado de la propia subjetividad fácilmente. 




Como hemos llegado con tiempo, hacemos una visita a Medina Azahara, la ciudad palacio que se hizo construir Abderramán III en las faldas de Sierra morena. Aunque no estaba preparado para disfrutarla por falta de tiempo, mentalidad y el agobiante calor, he visto las semejanzas con los monumentos islámicos asiáticos, la fuerte impresión de estar en Oriente Medio. La tarde la hemos dedicado al rico tapeo. Qué ricas las berenjenas con miel y el tomate de huerta con burrata.

sábado, 12 de septiembre de 2026

De Alcalá la Real a Castro del Río

 


Saliendo de Alcalá la Real todo es olivar. La tierra alguna vez fue un mar ondeante. En algún momento algo sucedió que el movimiento quedase congelado. Entonces los hombres sedientos plantaron viñas en las ondulaciones del terreno. Otros prefirieron cultivar el dorado líquido aceitunero. Eso es lo que se ve en esta parte de Jaén, el oleaje estático de un mar de olivos. 


A medida que uno se acerca a Baena, el verde va haciéndose más disperso. A cambio aparece una vía que te acerca al paisaje con sosiego y sin apenas esfuerzo, la llamada Vía Verde del Aceite. 




El calor aprieta más que los días pasados. Aceleramos para llegar cuanto antes a nuestro destino. Baena está en fiestas, no hay plazas donde dormir. Seguimos un poco más allá hasta Castro del Río. También están en fiestas. No hay supermercados abiertos, tampoco restaurantes. Solo un bar de tapas, tapas generosas, esa imagen que tenemos de Andalucía. He optado por una sepia a la plancha, riquísima. 




Por el camino, como sucede a menudo, encontramos gente con la que hablar. En la vía verde topamos con un burgalés curiosamente y su pareja escocesa. Viven en Glasgow, pero vacacionan por aquí. Rodamos unos kilómetros con ellos hasta que nuestras vías se separan intercambiamos opiniones sobre Escocia y los caminos españoles.




En Castro del Río tampoco hay donde alojarse. Celebran una llamada feria real. Solo nos queda el albergue municipal. No es el mejor de los sitios. No hay sábanas ni toallas y el baño ducha es minúsculo. En él encontramos a otro caminante, rodante como nosotros aunque a otro ritmo. Es parlanchín y por su boca salen un montón de anécdotas sin freno. Las acumula en los libros suyos, personales, no editados. Dice que este año celebra sus bodas de plata con el camino, pues lleva 25 años recorriéndolo de punta a punta. Nos cuenta sobre caminos para nosotros totalmente desconocidos, el de Torres Villarroel en Salamanca, por ejemplo; el circular de Andalucía y un montón más que no recuerdo. 



Hace tanto calor que no apetece salir a dar un paseo y conocer el castillo de este pueblo. Entre los lugares históricos está la cárcel donde Cervantes fue encarcelado por primera vez cuando era comisario de abastos para Felipe II, acusado de vender grano perteneciente a la iglesia para saldar sus deudas. En esa cárcel, según Jean Canavaggio, Cervantes redactó las primeras líneas del Quijote.




Merodeo por los alrededores del Ayuntamiento y no veo placa alguna que conmemore a nuestro mayor genio del lenguaje, quizá avergonzados por haberlo tenido encarcelado por un quítame allá unas perras. Sí que hay, sin embargo, una gran placa que loa la bandera andaluza, signo de los tiempos. 


Por la noche el recinto ferial bulle. Parece que todo el pueblo esté en él. Hay bonitos trajes y consumiciones