A la espera
de la Nouvelle Vague de Richard Linklater, Blue Moon, es una
miniatura. Un letrista de canciones, Lorenz Hart, ve cómo un competidor, Óscar
Hammersstein, asalta su trono y entra en depresión. Del primero casi todo el
mundo ha tarareado alguna vez su famosa Blue Moon. Del segundo, es
probable que hayas visto la película, versión del musical de éxito, ¡Oklahoma!
En ambas el músico era Richard Rogers. Linklater concibe la película como una
obra de teatro filmada en el bar donde Hart iba a celebrar sus éxitos y más
tarde a ahogar sus penas. Hart entre copa y copa habla y habla sin parar ante
quien tenga la amabilidad de escucharle, el camarero del local, un crítico
literario o la mujer del guardarropa. También ante una bella joven (Margaret
Qualley) a quien dirige amorosas cartas, aunque su instinto sexual vaya en otra
dirección.
Curiosamente,
estoy viendo una serie loca y desmadrada en la que Ethan Hawke, protagonista,
hace un papel en las antípodas, Verdades ocultas (The Lowdown), un
librero que se convierte en periodista investigador para destapar la corrupción
local de Tulsa.
La película
se sostiene sobre los escurridizos hombros y la estatura demediada de Ethan
Hawke. Lo digo porque, Linklater para estimular la vena compasiva del
espectador disminuye todo lo que puede la personalidad del letrista: compone el
plano para que aparezca diminuto en comparación con los demás (el 1,80 de Hawke
se convierte en no más de 1,50), lo estruja en un traje pequeño, viste su calva
impostada con mechones que van de lado a lado y pinta su rostro para
demacrarlo. Nunca habrás visto a un Ethan Hawke desfigurado de ese modo y con
una interpretación tan lejos de la imagen que tenemos del actor.
Califico de
miniatura Blue Moon (el director ha presentado la película como 'pieza
de cámara') porque se recrea en el momento desfalleciente de un hombre que ve
que se acaba el fervor del público. Rodgers y Hammersstein también van al bar a
celebrar el éxito de ¡Oklahoma!, donde encuentran a un pobre Hart
abatido.
Ethan Hawke
es el actor fetiche de Richard Linklater, el de la trilogía del amanecer,
atardecer y anochecer. Aquí le ha dado el papel de su vida. Richard Linklater
muestra cómo en Estados Unidos también se pueden hacer películas al modo
europeo.