Paseamos por el centro de la ciudad de Diyarbakir. Callejuelas no muy limpias en torno a las numerosas mezquitas, pequeños puestos de fruta, tiendas variopintas sin idea de cómo hacer atractivo el producto. Es difícil saber quiénes son kurdos - el 70 u 80% - y quiénes turcos. A muchas mujeres kurdas, sin embargo, se las reconoce por los adornos dorados o de plata que cuelgan de sus pañuelos. Sus vestidos son más modernos y coloridos.
Recordamos cómo, no hace muchos años, esta ciudad salía en los periódicos. Gran parte del centro histórico de Diyarbakır fue demolido durante la represión militar de 2016 y 2017, hasta un 70 % en la parte occidental. La población fue sometida a toque de queda.
Visitamos la Iglesia de Surp Giragos (San Ciriaco), la iglesia armenia más grande del Próximo Oriente. La iglesia ha sufrido incendios, vandalismo, y asaltos a lo largo de su historia, la última en 2015-2016, cuando la violencia turco kurda. Tras su restauración ha sido reabierta en 2022. Un joven nos cobra a 20 liras la entrada. No hay nadie más. Hoy la población armenia es testimonial, apenas unas decenas de armenios se identifican abiertamente como tales. Quizá haya "armenios ocultos" o islamizados, descendientes de los que sobrevivieron al genocidio de 1915, asimilados lingüística y religiosamente.
En 1895, unos 25 000 armenios y cristianos siríacos ("asirios") fueron masacrados en la región y ciudad de Diyarbakır. A finales del siglo XIX, la población cristiana de la ciudad estaba compuesta principalmente por armenios y cristianos ortodoxos siríacos. Unos 150.000 fueron deportados.
Diyarbakir, la capital kurda a orillas del Tigris, es una de las pocas ciudades que han sido habitadas sin interrupción desde hace miles de años. El sitio de Çayönü, del neolítico tardío, data de hace casi 10.000 años. La Unesco agrupa como Patrimonio de la Humanidad el «Paisaje cultural de la fortaleza de Diyarbakır y jardines del Hevsel» desde julio de 2015.
Qué ver en Diyarbakır
La muralla de basalto negro que rodea la ciudad, casi intacta, forma un círculo de 5,5 kilómetros alrededor del centro histórico. Hay cuatro puertas y 82 torres construidas, restauradas y extendidas por el emperador romano Constantino II en el 349.
La Gran Mezquita de Diyarbakır, del siglo XI, una de las más antiguas de Turquía, es un ejemplo de reutilización de materiales de civilizaciones anteriores, alterna columnas de basalto negro - que procede de la propia meseta de Diyarbakır - y caliza blanca para contrastar con el basalto negro. El patio y las arcadas interiores - columnas, capiteles, frisos, cenefas - procede de edificios romanos y bizantinos. Tras la conquista islámica, el año 639 d.C., la principal catedral cristiana (la iglesia de Mar Toma) se convirtió en espacio de oración musulmana hasta transformarla en lo que vemos. Los otomanos añadieron las madrasas anexas, como la de Mesudiye, escuela de oradores de la ciudad.
Nos preguntamos por qué los Jardines de Hevsel (el nombre de los huertos situados junto al Tigris) fueron declarados Patrimonio de la Humanidad. Se debe a su condición de "ecosistema agrícola y cultural indivisible y a su continuidad agrícola de más de 8.000 años, en el corazón Creciente Fértil de Mesopotamia". La muralla protegía la ciudad, mientras que los Jardines de Hevsel le garantizaban soberanía alimentaria y agua fresca en épocas de asedio. Los Jardines de Hevsel se han mantenido como espacio público, dividido en parcelas familiares para el abastecimiento local, con técnicas agrícolas ancestrales que apenas han cambiado, funcionando como un museo vivo de la ingeniería agronómica de Oriente Medio.
Los jardines han alimentado de forma ininterrumpida a la ciudad desde la Edad del Bronce hasta la actualidad: frutas, hortalizas y sus famosas gigantescas sandías. Abarcan unas 700 hectáreas que funcionan como una reserva ecológica: más de 180 especies de aves migratorias, mamíferos como nutrias y zorros, y sirven como «pulmón verde» del suroeste de Anatolia.
El Puente de los Diez Ojos
Es un puente medieval de piedra de diez arcos que cruza el río Batman a las afueras de Diyarbakır, en la ruta histórica hacia Anatolia oriental; uno de los grandes puentes en arco de la Alta Mesopotamia. Sobre una estructura romana bizantina fue construido en basalto negro, en el 1065 d.C. por una dinastía kurda. Mide 178 metros y por 5,6 metros de ancho
La tarde es para Mardin
Es la hora del café. Me gusta conectar los ojos con el mejor paisaje. Por eso me pregunto dónde sentarme, si mirando hacia el norte o hacia el sur en la terraza de una cafetería del casco histórico de Mardin. Decido el norte, hacia la fortaleza del castillo, hacia el caserío que desciende ladera abajo. Me pierdo el sur, la inmensidad de la llanura mesopotámica; tengo la sensación de estar a la orilla de un mar sereno y sin fin. Mardin construido sobre una cresta rocosa estrecha y elevada entre dos profundos valles, ofrece un paisaje único, aunque tantas veces visto en otros lugares, único porque aquí la historia discurrió de otra manera y por primera vez, todo sucedió aquí por primera vez; la ciudad se urbanizó en capas culturales sucesivas, imperios, etnias, religiones.
El caserío en blancos y ocres - en trance de restauración, hoteles y casas lujosas - desciende de la fortaleza en planos aterrazados por la ladera norte, y se ensancha por el casco histórico en un laberinto de calles que hacen de bazar, restaurante, cafetería y mezquita, y se desploma en un acantilado hacia la ancha llanura.
A esta hora de la tarde, que espera la llamada a la oración del ocaso, la piedra caliza de los renovados edificios de la ladera adoptan tonos melosos o amarillos. En el plano más horizontal se elevan cúpulas y minaretes de madrasas y mezquitas y por encima de todos el minarete tallado de la Gran Mezquita (Ulu Camii) se erige apuntando al cielo como un cohete a punto de despegar. La llanura adopta los colores del otoño: dorados, ocre y pardos. Mardin es una hermosa ciudad que yo desconocía.






















































