martes, 21 de abril de 2026

Shanghái de la colonia imperial al resplandor futurista




1. Por qué nos han traído a este parque, el parque Fuxing, antiguo barrio francés, nos preguntamos, por qué nos han traído al parque de los viejos. Debe ser sin duda la forma de mostrarnos la vida ordinaria un domingo por la mañana: vecinos (viejos) practicando el tai chi o bailes latinos; grupo numeroso (de viejos) cantando a coro una canción folk y, cuando nos detectan, una canción navideña en inglés - ¡un villancico en abril!; 




vecinos (viejos) ensayando el saxo y jugando al mahjong bajo los plátanos centenarios. La vida activa de los viejos, de eso se trataba. "No, no", parecen decirnos, "en China no se invita a los viejos a que se vayan de este mundo para tener una vida feliz en el otro, están activos".




2. Es domingo y la aglomeración temida para subir a la la tercera torre más alta del mundo, no se produce. Sí, la Burg Khalifa (Dubái, 828 m) es más alta y la Merdeka (Malasia, 679 m) también, pero en la de Kuala Lumpur 110 m son de antena.




La Torre de Shanghái (632 m) ostenta el récord del mirador más alto del mundo dentro de un edificio. Puedes subir hasta el piso 118, con el ascensor más rápido del mundo, a 18/m segunfo, hasta los 546 m. Desde lo alto la ciudad impresiona (hasta que deja de hacerlo). Es una torre en espiral con la tecnología más vanguardia. Pero, en fin. 




Junto a la Torre Jin Mao (421 m, con forma de pagoda) y el Centro Financiero Mundial (492 m, la de apertura trapezoidal en la cima) conforma el trío de rascacielos más iconico de Shanghái. Eso dicen.




4. El Jardín Yu es un célebre jardín clásico chino del siglo XVI (dinastía Ming) situado en el centro de Shanghái, conocido como el "Jardín de la Paz". Hay pabellones tradicionales de madera oscura, estanques, puentes en zigzag y rocallas, un refugio tranquilo en medio del bullicio urbano. Fue diseñado por un alto funcionario imperial para sus padres. 




Una escultura de Confucio señala el tipo de filosofía del diseñador: rincones bien cuidados con pequeños esculturas, rocas artificiales, estanques con carpas doradas y parterres, pabellones dedicados a biblioteca, salones del té y meditación, una torre de jade y la figura del dragón - con tres o cuatro garras- que se va repitiendo.




5. Justo al lado está el Mercado Yuyuan, un bazar animado - muy apretado de gente - con arquitectura tradicional que ofrece souvenirs, artesanías y comida local. Volvemos a encontrar la procesión de chicas con disfraces dinásticos contratando a fotógrafos profesionales para que les hagan un álbum. 




6. El Bund. Por fin, después de la comida, damos un paseo por el barrio colonial inglés. Vemos ahora, desde el paseo marítimo, el otro lado del río: las torres de vidrio de Pudong (la Torre Jin Mao, el SWFC y la Torre Shanghái a la que hemos subido) forman sin duda un skyline muy fotogénico. Alrededor, el bosque de altos edificios que anoche veíamos iluminados desde el río Huangpu. 




Detrás, a este lado, el Shanghái colonial europeo, una ristra de edificios administrativos coloniales y de grandes bancos, ahora todos propiedad del Estado chino, con estilos de varias épocas: art déco, neoclásico, románico, gótico, barroco. Los hemos visto en películas de época. Y un amplio paseo comercial, peatonal, cosmopolita, al estilo Paseo de Gracia o Calle Serrano.

lunes, 20 de abril de 2026

Shangai, llamaradas de cristal y acero




Uno espera que como gran ciudad Shangai te reciba como una brasa luminosa en medio de la noche. Pero no es así, es verdad que es tarde, cerca de la una de la noche cuando llegamos al aeropuerto desde Zhangjiajie: los rascacielos están apagados, las calles mudas y el tráfico reducido al silencio de los motores electricos.




Con cerca de 30 millones, la ciudad no se puede considerar como un conjunto uniforme, sino como llamaradas o pequeñas ciudades dentro de la gran aglomeración. 




Así, Zhujiajiao, que visitamos a la mañana siguiente, en los aledaños de Shanghai, una ciudad comercial que surgió de los ramales del delta del Yangtsé hasta convertirse en una ciudad de canales, que fue tomando la forma de la Venecia Europea, aunque Zhujiajiao ya existía hace 1700 años. La multitud se agolpa en los márgenes de los canales, en las calles y edificios de las dinastías Ming y Qing, entre tiendas y restaurantes con una amplísima oferta a la vista, buscando con sus cámaras los reflejos ondulantes en la superficie del agua. La ciudad está llena de puentecillos, incluso uno que se asemeja al de Rialto.




Hasta nos damos el lujo de montar en una barca como si fuera góndola, atentos a las casas de madera oscura, el olor de las especias y los vendedores, como si, nuevos colonos, volviésemos a la China premoderna, a 40 km de la futurista Shanghai.




Destellos al atardecer en los rascacielos de cristal y acero, como molinos gigantes sin aspas, a la espera de que un caballero con oscura espada laser abata su inmerecida soberbia, torres gigantes, diferentes unas de otras, que parecen muertas, sin vida dentro, quizá porque se haya acabado la jornada laboral o porque hoy es sábado.




 Mortecino el feo y soso mercado de imitaciones, curiosamente sin multitudes - españoles e indios en su mayoría - atraídas por el supuesto bajo precio de sus artículos falsos, quizá los habitantes genuinos de esta ciudad sea gente que no quiere lo falso.




Llamaradas, esas sí, ya de noche, las que desprenden las altas torres sobre el espejeante Río Huangpu, afluente del Yangtsé, el mayor espectáculo de color que uno pueda  imaginar entre las 6 y las 10 de la noche, porque después se apaga todo.




Si ya nos parece enorme el río Huangpu, al llegar a su desembocadura, el río Yangtsé se ensancha tanto que alcanza distancias de lado a lado que superan de los 10 a los 30 kilómetros en su estuario antes de unirse al Mar de China Oriental. 




El brillo del lujo de las tiendas exclusivas en el pequeño barrio francés, tiendas que no se encuentran en otro sitio, Marvis, por ejemplo, una marca italiana de solo crema de dientes, para dar valor al exclusivo acto de comprar. En esta pequeña ciudad dentro de la gran ciudad, los chicos y chicas ya no se disfrazan con las retromodas dinásticas del pasado, sino que se visten de ricos, con bolsas que declaran en el estampado lateral que el solo nombre de la marca basta para mostrar que se lo pueden permitir.


Llamaradas de Shanghai que ha recogido el cine en el Skyfall del agente 007, en la arquitectura futurista de Her, en el vértigo de Misión Imposible, en el Bund colonial de El imperio del sol.


domingo, 19 de abril de 2026

Montaña Tianmen, la puerta del cielo

 


Solo cabe un ooooh de sorpresa cuando, pasada la puerta ornamental al pie de la montaña, uno mira hacia arriba y ve el enorme agujero, ni más ni menos que la Puerta de Entrada al Cielo (Tianmen). En Burgos tenemos un arco, otra puerta sobre un río más terrenal, nada celeste, Puentedey, un puente de piedra natural de 15 metros de altura sobre el río Nela. El diferencial chino es el tamaño, la altura y sobre todo la multitud que pide paso y empuja para traspasar la puerta, aunque traspasada, la promesa, como en cualquier paraíso, no sea otra que vacío.




El Arco de Tianmen es una abertura natural de 131 m de alto y 57 m de ancho formada por el colapso de una cueva kárstica hace aproximadamente 1.500 años. Un texto de época narra que el sonido del colapso se escuchó desde la ciudad. La Montaña de Tianmen (Tianmen Shan), en Zhangjiajie, es considerada una de las maravillas naturales más impresionantes del mundo. 




Tenemos dos opciones para subir hasta la puerta del cielo, por escaleras mecánicas, construidas por dentro de la roca, que suman 12 largos tramos (7+5) o a pie, por la larga y pindia escalera que se ve en las fotos, conocidas como la "Escalera al Cielo". Es pindia pero con ritmo se puede subir. Se dice que la escalera tiene 999 escalones, para cumplir con el número mágico de la cultura china, el 9. 




El número 9 (九, jiǔ) simboliza longevidad, eternidad y poder supremo, siendo considerado un número muy afortunado. Debido a que su pronunciación es igual a la de la palabra "duradero" o "eterno", se asocia con relaciones amorosas largas y buena fortuna. También simboliza los nueve palacios del cielo. Para Dante, sin embargo, 9 son los círculos del infierno en la Divina Comedia.




Una vez arriba, justo debajo del gran hueco hay un pequeño estanque y tras el la ladera que baja por la otra vertiente. Luego se ascienden 5 tramos más de escaleras mecánicas para llegar a lo más alto, hasta una plaza donde se aprieta la multitud. 




Hay la opción de subir todavía más a un pico con mirador o dar la vuelta por un sendero asentado sobre el borde de un vertiginoso acantilado. En parte, el sendero va por unas pasarelas de cristal transparente suspendidas a 1,400 metros de altura, no aptas para quienes sufren vértigo. Otra opción es no moverse y quedarse a tomar un café o rendirse al impacto místico, si ha sido el caso, entrando en el templo budista.




El número 9 lo volvemos a ver en las 99 curvas de la carretera que asciende hasta el inicio de la montaña. Nosotros hacemos la mitad a la vuelta, de bajada, - son muy cerradas, igualmente vertiginosas -, hasta llegar al acceso a las cestas que nos dejan en el centro de la ciudad de Zhangjiajie. El Teleférico es el más largo del mundo y el de mayor de inclinación (38°), con 7,4 kilómetros de la cima a la ciudad. La experiencia es sorprendente por inesperada: 30 minutos con paisaje de bosque y campos a un lado y los picos de Tíanmen al otro, hasta sobrevolar calles, avenidas y los edificios de Zhangjiajie. La vista desde el teleférico es espectacular. La ingeniería extrema china nos sorprende una y otra vez.




El tiempo ha acompañado. Para que la experiencia fuese completa los picos habían de aparecer entre nubes, creando una atmósfera casi mística y fotogénica. También nos ha llovido y se ha despejado un poco, de modo que en el restaurante (con excelente pato laqueado) pudiésemos verlos de lejos.  




sábado, 18 de abril de 2026

Avatar en el Parque Forestal de Zhangjiajie

 


Zhangjiajie" (algo así como "el hogar de la familia Zhang") es el lugar más visitado de China. La película Avatar la puso en el mapa, aunque para muchos ya era conocida por sus grandes pilares de arenisca de cuarcita de hasta 1.000 m de altura. 




A sus miles de picos afilados de formas caprichosas, emergiendo del mar de nubes la mayor parte del año, el gobierno ha añadido, para hacerlo más visitable, el famoso puente de vidrio, el ascensor al aire libre más alto del mundo, excavado en la pared vertical de un pico de cuarcita, conocido como el "Elevador de los Cien Dragones" (326 metros) y el Teleférico que sube a la Montaña del Hijo del Cielo (Tianzi Shan), la más alta del parque (1.262 m) con hermosas vistas panorámicas sobre los pilares, si las nubes lo permiten. Incluso, debido al éxito de la película, las autoridades chinas renombraron la "Columna del Cielo del Sur" como la Montaña Aleluya de Avatar.




El nombre del conjunto es Parque Forestal Nacional de Zhangjiajie, el primero de su género en China (1982), con más de 3.000 pilares de cuarcita que se elevan desde el bosque brumoso 200-400 m, creando el paisaje en el que se inspiró James Cameron para crear las Montañas Aleluya de Pandora (Avatar (2009). Los pilares se formaron por erosión del agua y el viento sobre bloques de cuarcita levantados por movimientos tectónicos durante 300 millones de años. La densa niebla que suele cubrir el parque hace que los pilares parezcan estar suspendidos en el aire. Lo que más se fotografía son las agujas verticales cubiertas de vegetación que parecen flotar. Hay muchos macacos salvajes, expertos en "robar" comida de las mochilas, pero no los hemos visto



Terminamos la jornada en el Arroyo Jinbian en el fondo del cañón, donde hoy tenemos las mejores vistas porque justo en ese momento el cielo se abre y aparece el sol. Aunque tenemos la posibilidad de recorrer el fondo del cañón (5,7 km) bajo las paredes de los pilares de cuarcita), estamos tan cansados y hambrientos que lo dejamos ir. 



El parque, además de a Cameron, ha inspirado a múltiples artistas, pintores y poetas.




Para los usos de China, Zhangjiajie, con 1'5 millón de habitantes, es una ciudad pequeña, sin embargo, se hace imprescindible para el turista. Para quien busca paisajes sin duda es el primer lugar a visitar. En este viaje visitamos sus tres hitos: el Parque Forestal, la Montaña Tianmen con su arco natural, y el Puente de Cristal sobre el Gran Cañón. Nos falta conocer algo de la etnia local, la cultura Tujia. Junto al río, estos días algo he visto de sus danzas, el bordado de colores y su arquitectura de madera. La cultura Tujia se ha hecho famosa por sus tradiciones singulares como la "boda llorona" o los 'arreadores de cadáveres'. En general, en nuestro viaje, solo hemos visto etnias como decorado.



viernes, 17 de abril de 2026

Zhangjiajie, el puente de cristal y la leyenda de los 'arreadores'



Mientras nos acercamos, no demasiado deprisa, por la niebla y lluvia, hacía un nuevo objetivo en la región de Hunan, el puente de cristal del Gran Cañón, en Zhangjiajie, seguimos viendo en el paisaje montuoso de la región las tumbas solitarias o pequeños cementerios con adornos que tanto nos llama la atención. Hunan tiene una tradición particular al respecto. Li explica cómo durante la muerte reciente de la madre de su esposo la familia y el pueblo entero durante una semana se dieron a una alocada celebración con músicos contratados, comida y bebida abundante y juegos y risas durante la que era imposible dormir.



En la cultura china, la idea de que "las hojas que caen vuelven a sus raíces" es vital. Morir lejos de casa y no ser enterrado en el suelo ancestral es una tragedia espiritual. El terreno en Hunan es tan montañoso que cuando alguien moría fuera de casa era imposible llevarlos en ataúdes o en carretas de vuelta al hogar.




Por ello se creó un modo alternativo de traslado. A él se refiere la leyenda de los 'Arreadores ' o 'conductores de cadáveres', como nos cuenta Li , en Xiangxi, al oeste de la provincia de Hunan. Una historia de misterio y terror. Cuando una persona moría lejos del hogar (trabajadores o soldados en las montañas), la familia contrataba a un maestro taoísta o 'arreador'. El maestro realizaba un ritual que incluía pegar un amuleto amarillo en la frente del difunto para 'revivirlo' durante el trayecto. Luego lo conducía haciendo que el cadáver caminase dando pequeños saltos con los  brazos extendidos (Jiangshi o 'muerto saltarín').

 


Viajaban de noche. El 'arreador' hacía sonar una campana para avisar a los vivos,  porque los muertos traían mala suerte. El 'arreo' era la forma más económica y práctica de devolver los cuerpos al hogar.


¿Qué sucedía, realmente saltaban los cadáveres? Los 'arreadores' en realidad ataban los cadáveres, por las axilas, a dos largas y flexibles varas de bambú. Dos hombres, uno adelante y otro detrás, cargaban las varas sobre sus hombros. Al caminar, el bambú oscilaba hacia arriba y hacia abajo debido al peso de los cuerpos. Como se puede suponer, la noche - de noche todos los gatos son pardos - hacía el resto: vestían a los muertos con túnicas largas más el bambú oscuro hacía que pareciese que los cadáveres saltaban por sí solos; los cargadores quedaban ocultos en las sombras o por el propio cuerpo del difunto. Zhangjiajie era el corazón de esta tradición.

 

Hoy queda la leyenda, pero en ciudades como Fenghuang y Zhangjiajie (Hunan), de donde venimos y adonde vamos, se hacen representaciones teatrales para turistas. La imagen de los muertos saltarines está en el origen de los Jiangshi, los zombis del cine de terror de Hong Kong.




En Hunan tanto en los funerales como en las bodas se usan grandes cantidades de petardos para ahuyentar a los malos espíritus. Y si en el funeral debe manifestarse gran alegría, por contra, la novia debe llorar ritualmente durante varios días (a veces semanas) antes de la boda como forma de mostrar amor y gratitud hacia los padres por haberla criado. Si no llora, los vecinos pensarán que no tiene  corazón. En cuanto al novio, se hacían rituales humillantes: se le obligaba a vestirse de manera ridícula con ropa interior femenina o con delantales y a desfilar por la calle o ante los invitados mientras la gente se burlaba de él. A veces se le cerraba la puerta o se le golpeaba con ramas o escobas en la creencia de que "cuanto más fuerte se golpea al novio, más bendiciones recibe". 




El puente de cristal sobre el gran cañon de Zhangjiajie tiene 430 m largo, 6 m ancho y 300 m sobre el nivel del suelo. Una obra de ingeniería. Dicen que el más grande del mundo: el más largo, el más alto y el más ancho entre los puentes de vidrio de este tipo, desde 2016. El suelo de paneles de vidrio templado de 24 mm es capaz de soportar a 800 personas simultáneamente. Atrae multitudes que juegan con la adrenalina que produce el vértigo al mirar hacia abajo. Lo divertido, suponemos, son la tirolina y la vía ferrata, pero esta vez no son para nosotros.


jueves, 16 de abril de 2026

Fenghuang y las muchachas en flor

 


Corre un airecillo fresco esta mañana después del amanecer. El pueblo de casas de madera se cierra en círculo con construcciones casi verticales que bajan de la montaña en la parte que queda libre de las terrazas. Para ir de las casas a los campos de arroz hay que subir por senderos estrechos cubiertos de losas de piedra o de madera, senderos que rodean el pueblo y ascienden hacia un monte lleno de abetos en la parte que no está ocupada por los bancales. Ahora mismo oigo el canto de pajarillos y veo los faroles rojos típicos de cualquier parte de China y la ondulación de verdes, desde los intensos de los abetos hasta los más suaves de las terrazas.


La niebla a girones ha ido cubriendo el paisaje mientras escribo. Soy el único sentado en una terraza junto a unos daneses que me dan los buenos días en italiano, esperando el desayuno. Hemos acomodado el ritmo del viaje al lugar; hoy no tenemos prisa. La niebla se retira y puedo hacer algunas fotografías húmedas, oscuras.




No mucho después, cuando ya tenemos la mochila al hombro, la niebla vuelve a cubrir, ahora ya densamente, el paisaje que ayer admirábamos. En una sala, dos mujeres Zhuang se recogen el pelo para hacerse el tocado típico del lugar, un moño con forma de sombrerero tubular. El grupo de daneses lo filman móvil en ristre. Las mujeres Zhuang se cortan el pelo, que se dejan crecer hasta los tobillos, dos veces en su vida, a los 18 años y cuando se casan. Dos tipos de tocado les diferencian, antes y después de casarse. Nunca tiran el pelo, lo utilizan para hacerse el moño.


Una lluvia fina nos despide. El paisaje es hermoso, más en las buenas fotografías, pero no tanto como para que, como dice Li, la guía, alguno quiera quedarse a vivir en lugar tan apartado.




En el largo recorrido en autobús desde Longji a Fenghuang, entrando en la región de Hunan, se suceden colinas boscosas y campos de arroz, ya no aterrazados sino dispuestos en parcelas planas. Las casas de madera han sido sustituidas por las de hormigón o ladrillo. Paisaje siempre verde, a menudo envuelto en niebla.




Fenghuang, o la "Ciudad del Fénix", en la provincia de Hunan, hogar de dos minorías, los Miao y los Tujia, a quienes se ve en los tenderetes callejeros, ha sido restaurada para devolverla a la época de las dinastías Ming y Qing. Las casas de madera de pino se reflejan en el agua esmeralda del río Tuo. Los originales puentes, cubiertos o de fantasía, los templos y callejas con locales de todo tipo hacen una ciudad atractiva para el turismo local. 




El río es el alma de la ciudad. En su entorno hay restaurantes y bares con bonitas vistas, pero, sobre todo, locales de maquillaje y de préstamo de vestimentas. Es una locura lo de las jovencitas vestidas a la manera de las cortesanos. También abundan los salones para los masajes de pies.




Un escritor puso de moda Fenghuang con una novella romántica, La ciudad fronteriza, Shen Congwen (1934). Su protagonista, vestida de rojo vaporoso - en Hunan el color rojo es símbolo de suerte y felicidad -, situada en una plataforma en medio del río, recibe a pequeños botes que giran en torno para fotografiarla por el módico precio de 15 euros durante 20 minutos.




La madera oscura y húmeda, los farolillos rojos, el río, los puentes y los palafitos se ofrecen como el plató de una serie histórica sobre la China dinástica. Como en el imaginario popular Fenghuang ha quedado como el pueblo más fotogénico de China, las muchachas en flor revolotean como mariposas aturdidas en torno al río y a los focos de los fotógrafos profesionales o aficionados que se ofrecen para fijar su color. 




A las muchachas, su edad temprana les hace guapas, sus atuendos dinásticos con abuso de los plateados no las mejora; los paneles de intensa luz con los que los fotógrafos iluminan su rostro hacen de las orillas del río un decorado ilusorio que alimenta sus fantasías.


miércoles, 15 de abril de 2026

Las Terrazas de Arroz de Longji

 


La primera visita que hacemos esta mañana al salir de Guillin es a una cueva cárstica cercana, llamada Gruta de las Flautas de Caña. Su nombre viene de los carrizos que crecen en su entrada, usados para fabricar flautas. 




El interior está lleno de estalagmitas y columnas calcáreas transformadas gracias a la superposición de colores al gusto chino en figuras fantasiosas: dragones, bosques de coral o cascadas congeladas. Inscripciones en sus paredes datan de viajeros que las visitaron hace 1200 años.


Al salir de la cueva medio ocultos entre arbustos y árboles de desconocida taxonomía, veo los restos de las ceremonias que en los días pasados se dirigieron a los antepasados fallecidos: tiras rojas con inscripciones, lazos con flores, vasos y cenizas de los pequeños fuegos y restos de petardos. Por lo que nos dicen, aquí es común despedir a los muertos con ruido de cohetería. Supongo que en las grandes ciudades hay cementerios, aunque ahora lo común es la incineración. El gobierno no ve con buenos ojos estas celebraciones populares. Muy cerca, en la pared de un edificio abandonado encuentro este hermoso dibujo:




Nos desplazamos después en un autobús y luego en otro, por un paisaje de valles profundos y montes de laderas empinadas, llenas de vegetación tropical, atravesando aldeas con casas de madera, y más tarde un coche particular nos lleva, de cinco en cinco, a otra aldea, Longji, donde está nuestro objetivo, las terrazas de los arrozales.




El pueblito o aldea es un conjunto de casas de madera grandes y bien construidas. En esta zona viven dos etnias minoritarias (China cuenta con 56), los Zhuang - la minoría más grande de China con unos 20 millones, la mayoría en Guangxi - y los Yao, unos tres millones. A llegar vemos cómo algunos visten a la manera tradicional, algunos con el cesto de mimbre a la espalda, otros con el sombrero cónico. A la guía le cuesta entender lo que nos dice una viejita. Al final comprendemos que lo que quiere es subir nuestros bultos en una cesta para ahorrarnos el peso escaleras arriba, porque aquí todo es subir y bajar por escaleras o sendas. 




¿Cómo pudieron construir estas terrazas en ladera tan empinadas - las laderas son tan pronunciadas, las franjas de cultivo son tan estrechas que en algunas no cabría un animal de carga- , cómo llevaron el agua e inundaron las terrazas y cómo doblaron la espalda en un trabajo tan costoso? Es comprensible que los jóvenes no quieran vivir aquí. 




Lo que vemos tiene un valor histórico, patrimonial, un trabajo de generaciones. Ahora solo pueden vivir aquí quienes se dedican al turismo, ya no al cultivo de arroz o té.




En el paseo vemos que algunas terrazas han sido abandonadas, que otras todavía no han sido inundadas, aunque en algunas han adelantado el proceso para que sea visible a los turistas. Cada estación muestra un paisaje diferente, en primavera inundan los campos, a comienzos del verano el verde cubre las laderas, el dorado es el color de la cosecha a comienzos del otoño, puede que en invierno la nieve lo cubra.




Una vez arriba, tras ascender por un esforzado sendero, y pasar por dos miradores con nombre poético al estilo chino, las terrazas impresionan. Y sí, parecen lo que nos habían dicho, 'El Espinazo del Dragón', una obra de ingeniería agrícola popular como pocas, por la altura, por la verticalidad, por el trazado geometrico que ha transformado por completo el paisaje montañoso. 




En lo más alto, una serie de tiendas y bares reciben al turista, pero durante siglos ha sido el hogar de la etnias Zhuang y Yao. Muchas terrazas tienen más de 650 años de antigüedad. Datan de la dinastía Yuan y Qing.




Hay humedad en el ambiente. El sol no luce y fotografiar es difícil, pero ninguno se conforma con retener la belleza del lugar en la memoria. Desde que nos ha dejado el autobús hemos subido de 300 hasta los 1.100 m de altitud, las terrazas se adaptan al relieve escarpado, de manera que desde arriba, nos dicen, con ese metafórico lenguaje chino, que parecen escamas de dragón.