jueves, 16 de abril de 2026

Fenghuang y las muchachas en flor

 


Corre un airecillo fresco esta mañana después del amanecer. El pueblo de casas de madera se cierra en círculo con construcciones casi verticales que bajan de la montaña en la parte que queda libre de las terrazas. Para ir de las casas a los campos de arroz hay que subir por senderos estrechos cubiertos de losas de piedra o de madera, senderos que rodean el pueblo y ascienden hacia un monte lleno de abetos en la parte que no está ocupada por los bancales. Ahora mismo oigo el canto de pajarillos y veo los faroles rojos típicos de cualquier parte de China y la ondulación de verdes, desde los intensos de los abetos hasta los más suaves de las terrazas.


La niebla a girones ha ido cubriendo el paisaje mientras escribo. Soy el único sentado en una terraza junto a unos daneses que me dan los buenos días en italiano, esperando el desayuno. Hemos acomodado el ritmo del viaje al lugar; hoy no tenemos prisa. La niebla se retira y puedo hacer algunas fotografías húmedas, oscuras.




No mucho después, cuando ya tenemos la mochila al hombro, la niebla vuelve a cubrir, ahora ya densamente, el paisaje que ayer admirábamos. En una sala, dos mujeres Zhuang se recogen el pelo para hacerse el tocado típico del lugar, un moño con forma de sombrerero tubular. El grupo de daneses lo filman móvil en ristre. Las mujeres Zhuang se cortan el pelo, que se dejan crecer hasta los tobillos, dos veces en su vida, a los 18 años y cuando se casan. Dos tipos de tocado les diferencian, antes y después de casarse. Nunca tiran el pelo, lo utilizan para hacerse el moño.


Una lluvia fina nos despide. El paisaje es hermoso, más en las buenas fotografías, pero no tanto como para que, como dice Li, la guía, alguno quiera quedarse a vivir en lugar tan apartado.




En el largo recorrido en autobús desde Longji a Fenghuang, entrando en la región de Hunan, se suceden colinas boscosas y campos de arroz, ya no aterrazados sino dispuestos en parcelas planas. Las casas de madera han sido sustituidas por las de hormigón o ladrillo. Paisaje siempre verde, a menudo envuelto en niebla.




Fenghuang, o la "Ciudad del Fénix", en la provincia de Hunan, hogar de dos minorías, los Miao y los Tujia, a quienes se ve en los tenderetes callejeros, ha sido restaurada para devolverla a la época de las dinastías Ming y Qing. Las casas de madera de pino se reflejan en el agua esmeralda del río Tuo. Los originales puentes, cubiertos o de fantasía, los templos y callejas con locales de todo tipo hacen una ciudad atractiva para el turismo local. 




El río es el alma de la ciudad. En su entorno hay restaurantes y bares con bonitas vistas, pero, sobre todo, locales de maquillaje y de préstamo de vestimentas. Es una locura lo de las jovencitas vestidas a la manera de las cortesanos. También abundan los salones para los masajes de pies.




Un escritor puso de moda Fenghuang con una novella romántica, La ciudad fronteriza, Shen Congwen (1934). Su protagonista, vestida de rojo vaporoso - en Hunan el color rojo es símbolo de suerte y felicidad -, situada en una plataforma en medio del río, recibe a pequeños botes que giran en torno para fotografiarla por el módico precio de 15 euros durante 20 minutos.




La madera oscura y húmeda, los farolillos rojos, el río, los puentes y los palafitos se ofrecen como el plató de una serie histórica sobre la China dinástica. Como en el imaginario popular Fenghuang ha quedado como el pueblo más fotogénico de China, las muchachas en flor revolotean como mariposas aturdidas en torno al río y a los focos de los fotógrafos profesionales o aficionados que se ofrecen para fijar su color. 




A las muchachas, su edad temprana les hace guapas, sus atuendos dinásticos con abuso de los plateados no las mejora; los paneles de intensa luz con los que los fotógrafos iluminan su rostro hacen de las orillas del río un decorado ilusorio que alimenta sus fantasías.


miércoles, 15 de abril de 2026

Las Terrazas de Arroz de Longji

 


La primera visita que hacemos esta mañana al salir de Guillin es a una cueva cárstica cercana, llamada Gruta de las Flautas de Caña. Su nombre viene de los carrizos que crecen en su entrada, usados para fabricar flautas. 




El interior está lleno de estalagmitas y columnas calcáreas transformadas gracias a la superposición de colores al gusto chino en figuras fantasiosas: dragones, bosques de coral o cascadas congeladas. Inscripciones en sus paredes datan de viajeros que las visitaron hace 1200 años.


Al salir de la cueva medio ocultos entre arbustos y árboles de desconocida taxonomía, veo los restos de las ceremonias que en los días pasados se dirigieron a los antepasados fallecidos: tiras rojas con inscripciones, lazos con flores, vasos y cenizas de los pequeños fuegos y restos de petardos. Por lo que nos dicen, aquí es común despedir a los muertos con ruido de cohetería. Supongo que en las grandes ciudades hay cementerios, aunque ahora lo común es la incineración. El gobierno no ve con buenos ojos estas celebraciones populares. Muy cerca, en la pared de un edificio abandonado encuentro este hermoso dibujo:




Nos desplazamos después en un autobús y luego en otro, por un paisaje de valles profundos y montes de laderas empinadas, llenas de vegetación tropical, atravesando aldeas con casas de madera, y más tarde un coche particular nos lleva, de cinco en cinco, a otra aldea, Longji, donde está nuestro objetivo, las terrazas de los arrozales.




El pueblito o aldea es un conjunto de casas de madera grandes y bien construidas. En esta zona viven dos etnias minoritarias (China cuenta con 56), los Zhuang - la minoría más grande de China con unos 20 millones, la mayoría en Guangxi - y los Yao, unos tres millones. A llegar vemos cómo algunos visten a la manera tradicional, algunos con el cesto de mimbre a la espalda, otros con el sombrero cónico. A la guía le cuesta entender lo que nos dice una viejita. Al final comprendemos que lo que quiere es subir nuestros bultos en una cesta para ahorrarnos el peso escaleras arriba, porque aquí todo es subir y bajar por escaleras o sendas. 




¿Cómo pudieron construir estas terrazas en ladera tan empinadas - las laderas son tan pronunciadas, las franjas de cultivo son tan estrechas que en algunas no cabría un animal de carga- , cómo llevaron el agua e inundaron las terrazas y cómo doblaron la espalda en un trabajo tan costoso? Es comprensible que los jóvenes no quieran vivir aquí. 




Lo que vemos tiene un valor histórico, patrimonial, un trabajo de generaciones. Ahora solo pueden vivir aquí quienes se dedican al turismo, ya no al cultivo de arroz o té.




En el paseo vemos que algunas terrazas han sido abandonadas, que otras todavía no han sido inundadas, aunque en algunas han adelantado el proceso para que sea visible a los turistas. Cada estación muestra un paisaje diferente, en primavera inundan los campos, a comienzos del verano el verde cubre las laderas, el dorado es el color de la cosecha a comienzos del otoño, puede que en invierno la nieve lo cubra.




Una vez arriba, tras ascender por un esforzado sendero, y pasar por dos miradores con nombre poético al estilo chino, las terrazas impresionan. Y sí, parecen lo que nos habían dicho, 'El Espinazo del Dragón', una obra de ingeniería agrícola popular como pocas, por la altura, por la verticalidad, por el trazado geometrico que ha transformado por completo el paisaje montañoso. 




En lo más alto, una serie de tiendas y bares reciben al turista, pero durante siglos ha sido el hogar de la etnias Zhuang y Yao. Muchas terrazas tienen más de 650 años de antigüedad. Datan de la dinastía Yuan y Qing.




Hay humedad en el ambiente. El sol no luce y fotografiar es difícil, pero ninguno se conforma con retener la belleza del lugar en la memoria. Desde que nos ha dejado el autobús hemos subido de 300 hasta los 1.100 m de altitud, las terrazas se adaptan al relieve escarpado, de manera que desde arriba, nos dicen, con ese metafórico lenguaje chino, que parecen escamas de dragón.

martes, 14 de abril de 2026

Río Li: el agua como una cinta de jade


Desde la mesa del desayuno, en el último piso del hotel, se divisa la mejor lámina que un pintor como Mo Yuan hubiese deseado pintar. El sol a esta hora no ha podido levantar la bruma que sobrevuela la ciudad. El río gira lentamente entre los árboles de la canela. Pequeñas bandadas de aves cruzan el río. Ligeras, aladas concentraciones nubosas marcan los diferentes niveles de las montañas. Una pagoda decorativa sitúa el primer plano. La luz mortecina se refleja en las pequeñas ondulaciones del agua, difuminándose en los márgenes de las sombras que proyectan los árboles. La humedad no pesa demasiado todavía a esta hora de la mañana. 


En el último plano, aparece la geografía fantasmagórica de los montes como pináculos que se suceden recortándose en la sombra brumosa, unos detrás de otros. Es la geografía que ha dado el lugar a un paisaje singular.




 El paisaje que recorremos esta mañana al deslizarnos con el ferry por el río Li en dirección al encuentro, primero, con el río Xi (Xijiang) y después con el más famoso río de las Perlas (Zhujiang) hasta llegar el Mar de la China Meridional, tras desparramarse en un enorme Delta en Cantón (Guangzhou) y desembocar en el mar entre Hong Kong y Macao.


En la barca ligera voy hacia el río lejano,

a lo largo de la corriente, las aguas fluyen serenas.

Desde la barca miro hacia los montes verdes,

la niebla se disuelve en el amanecer, sobre las orillas blancas.

"En la caleta de los cormoranes". Wang Wei 


Durante unos 80 kilómetros y unas 4 horas, entre la ciudad de Guilin y el pintoresco pueblo de Yangshuo, el barco de fondo plano, por la poca hondura del cauce, se mueve con lentitud zen mostrando las formaciones cársticas que hacen tan atractivo este lugar. 




En chino por los altavoces o mediante una aplicación interactiva se nos explica el origen de estos pináculos calcáreos cubiertos casi por entero de vegetación, pero dejando a la imaginación la formación de figuras como la colina de los nueve caballos o la tela amarilla, un tramo icónico que todo el mundo fotografía junto al reverso del billete de 20 yuanes donde está impreso.


En los tramos en los que el cauce se ensancha y aparecen pequeñas playas se ven pescadores, senderistas, bañistas y hasta búfalos de agua refrescándose en el agua.




El día está cargado de humedad, con tan poca luz que es imposible hacer una fotografía decente. La poca luz se obtiene del reflejo en la superficie clara de la larga fila de ferries que hacen el viaje turístico. El punto de color lo ponen las balsas de bambú - simulado - motorizadas para pocos turistas. 




Como la neblina y la humedad impiden hacer buenas fotografías, lo mejor es dejarse llevar, como dice el poeta por la cinta de jade, impregnándose de las fantasías a que da lugar la contemplación. El agua es el alma de las colinas, en frase China.


"La belleza del río Li reside en sus reflejos. Entre ellos, la playa de Huangbu es la más impresionante. Como culminación del diseño paisajístico chino, el reflejo de la playa de Huangbu es como un espejo compartido entre el cielo y la tierra: las verdes montañas son la pintura en el espejo, y el agua cristalina es el poema dentro de la pintura. Cada ondulación es una pincelada meticulosa de la naturaleza. Por eso, "El reflejo de Huangbu" es la única fotografía de gran formato que representa un paisaje natural chino, elegida para ser exhibida por la Embajada de China en la sede de las Naciones Unidas". (De la app de la ruta por el Li)


Más que a las fotografías habría que acudir a la pintura clásica para tener la mejor impresión de este lugar. El paisaje de Guilin y el río Li se convirtieron en la época imperial en el ideal supremo de la pintura de paisajes (shanshui), montañas escarpadas y neblina, durante ellas dinastías Song (960–1279) y Yuan (1271–1368). En las Dinastías Ming y Qing, aquí se firmaron escuelas de pintores. De ellos Shitao (1642–1707) un monje budista pintor, en su obra, Diez mil picos entre nubes y bruma, es la que mejor captura la esencia del río Li.




Entre los pintores actuales, las pinturas de Li Keran (1907-1989) sobre el río Li, combinan la tinta tradicional con un fuerte sentido de luz, sombra y volumen.




El día termina con un paseo por el pueblo de Yangshuo. Vemos a los campesinos trabajar en sus campos de arroz y en sus huertos de frutas y hortalizas, enmarcados por picos kársticos cada uno con un nombre poético: la Colina del Pájaro Verde, el Pico de la Luna, la Colina del Camello. 




Tras varias equivocaciones del conductor paramos en otro pueblo donde la gente baila y nos invitan a acompañarles, antes de volver a Guilin.


lunes, 13 de abril de 2026

Guilin, dos ríos, cuatro lagos

 


Tenemos que salvar 1121 km para ir de Chengdu a Guilin. El tren lo salva a toda pastilla en 5 horas (en coche se tardarían 12 h 40'). Atravesamos los paisajes que inspiraron a los pintores y poetas de la China clásica. Pequeñas colinas por las que serpentean riachuelos, franjas de tierra o pequeñas terrazas inundadas dedicadas al cultivo de arroz. Un paisaje verde ondulado de vallecillos y pequeños estanques y lagunas con casitas aisladas. Pongo la cámara contra la ventana, pero la velocidad es tan grande que no tomo ninguna fotografía nítida.




Y de cuando en cuando una ciudad que supera una o varias veces el millón de habitantes. Yibin ('amarillo'), 4,5 m; Guiyang, 6 millones, capital de la provincia de Guizhou, o la propia Guilin, más al sur, donde vamos, con 5 millones.


"El río forma un cinturón de seda verde azulada,

las montañas son como horquillas de jade esmeralda."

(Han Yu. Dinastía Tang)


Guilin significa 'bosque de Canela', por la abundancia de estos árboles aromáticos: Osmanto - Osmanthus fragrans - aunque popularmente se les llama "canela dulce", no son ni canela ni laurel. Los locales recogen estas flores para hacer té de osmanto, vino, pasteles y mermeladas. La ciudad es conocida por su paisaje de montes en forma de pináculos modelados por el relieve kárstico.

 



En el centro de Guilin hay dos lagos, el Shanhu y el Ronghu, un gran atractivo para el turismo. Otro elemento distintivo es el río Li. En la orilla del Shan, han elevado dos pagodas gemelas, sin culto religioso, nombradas del Sol (de cobre) y la Luna (de madera y vidrio blanco), de 9 y 8 pisos respectivamente. Fotogénicas, por la noche se reflejan en el agua del lago. Las chicas que posan no lucen vestidos dinásticos como en el norte, aquí son más variados, más originales.




Después de comer en un restaurante local una comida muy rica, esta vez sin la mesa giratoria que va pasando a cada comensal diferentes platos, paseamos a lo largo del río Li hasta que se ensancha para formar el lago donde está una de las principales atracciones de la ciudad, el Monte de la Trompa de Elefante, símbolo de la ciudad, mencionado en muchos poemas como una criatura mítica bebiendo del río. Hay que echarle mucha imaginación para ver la figura.


Ma Yuan 


Guilin ha sido fuente de inspiración histórica para la pintura shan shui (montaña-agua: la armonía entre la solidez de la roca y la fluidez del río) y la poesía clásica china. Los paisajistas se han fijado en las formas caprichosas de las colinas de Guilin. 


Aunque el momento de mayor gloria de la ciudad fue durante los casi 300 años de la era Ming (uno de sus príncipes construyó un gran recinto amurallado), del 1368 al 1644, fueron los poetas de la edad de oro de la dinastía Tang (Du Fu, Han Yu, Li Shangyin) quienes primero cantaron la belleza de la región en sus obras. El gran Li Bai no estuvo en la ciudad pero escribió para un amigo:


"Dicen que las colinas de Guilin son las más bellas,

donde los picos se elevan entre las nubes del sur.

Al partir hacia el Reino de las Flores de Canela,

envidio tu viaje por el río que fluye en calma."


Entre 618 y 1279 Guilin se convirtió en el ideal romántico de la naturaleza salvaje y pura. Durante la Dinastía Song se grabaron las famosas inscripciones en cuevas y colinas, un "bosque de estelas" (textos tallados en piedra).




La geografía urbana está definida por el sistema de Dos Ríos y Cuatro Lagos, un anillo de agua continuo que rodea el centro histórico, recreando el foso de la antigua ciudadela de la dinastía Song. Los ríos son el Lugar y el Taohua. Los cuatro lagos están conectados entre sí y con los ríos mediante un sistema de esclusas (como un pequeño Canal de Panamá) que permite que los barcos turísticos den la vuelta completa al centro. Hay 19 puentes. 




A finales de los 90, un proyecto de ingeniería los volvió a unir, tras un descuido secular, permitiendo la navegación circular. De noche, el circuito se ilumina con luces LED, con espectáculos de música tradicional en las orillas.


domingo, 12 de abril de 2026

Chengdu (Sichuan): taoísmo y poesía



Decimos adiós, ya con nostalgia, a Chengdu, la capital de Sichuan, tierra de poetas, de los panda y del taoísmo.




1. De Chengdu, Marco Polo, dijo que era "increíblemente impresionante y extremadamente próspera", destacando su sistema de canales, sus puentes y su comercio fluvial. Sindafu - así la denominó- , era en 1287 bella, grande y bulliciosa. Menciona específicamente el puentes cubierto, el Anshun, sobre el río Jinjiang. Además de aduana imperial, destaca que en él se instalaban puestos de comercio que "se montan por la mañana y se desmontan por la noche". Parece que hable del Ponte Vecchio de Florencia, pero el que ahora se ve es 50 años posterior. Algo más llamó la atención del viajero, el uso de papel moneda, algo no visto entonces por los europeos. Visto de noche, el puente sigue siendo majestuoso y cierto lo que contaba Marco Polo. 



2. Chengdu es cuna histórica del taoísmo, con el Monte Qingcheng, como la cuna espiritual y el Palacio Qingyang como centro administrativo, cultural, de música y meditación. El Monte Qingcheng, Patrimonio de la UNESCO, cuenta con numerosos templos integrados en la naturaleza. El taoismo impregna la cultura local, la arquitectura y los paisajes naturales de la región. 




Aquí fue donde Zhang Daoling (34-156 d.C.), primer "Maestro Celestial, comenzó a predicar el Tao Te Ching durante la dinastía Han, en el año 142 d.C., tras haber recibido en la montaña una revelación de Lao Tsé (divinizado como Taishang Laojun). Por eso la zona es la cuna del taoísmo institucional.




3. Hay disputa sobre quién fue el poeta más grande de la literatura China, ¿Quién, el Shakespeare chino, Du Fu o Li Bai? Ambos eran amigos, ambos vivieron durante la dinastía Tang, a la que dio forma Wu, la emperatriz celestial. Du Fu amaba los paisajes de su país, sentía nostalgia cuando los dejaba y quería que el emperador, a quien aconsejaba, fuese justo según las enseñanzas de Confucio. El sitio de su antigua casa - la Choza de Paja de Du Fu - es hoy un enorme parque y museo, considerado un "lugar sagrado" de la literatura china.




Li Bai vivió en su Sichuan natal durante su infancia y juventud. A Li Bai (también conocido como Li Po) se le dio igualmente la oportunidad de aconsejar al emperador Xuanzong en la Academia Hanlin, pero por su espíritu romántico prefirió viajar por las montañas escarpadas y ríos sinuosos de Sichuan, y luego por toda China buscando la iluminación taoísta. Una leyenda popular cuenta que murió ahogado al intentar abrazar el reflejo de la luna en un lago mientras estaba borracho. La inspiración le llegaba, se cuenta, tras beber.


Los poemas más populares de Li Bai tratan de la soledad, la amistad, el vino y la luna. 


sábado, 11 de abril de 2026

Los panda de Sichuan





Nos despertamos con una  temperatura de dos bajo cero. De camino hacia el Parque de los pandas, recorremos, carretera abajo, deconstruyendo la obra de ingeniería 'China en marcha', la nevada que ha caído esta noche.




Sichuan es el hogar principal del panda gigante, albergando más del 70% de la población silvestre gracias a sus densos bosques de bambú. Se encuentran en las montañas húmedas de Qionglai y Jiajin de Sichuan. 




El panda gigante (Ailuropoda melanoleuca) es un símbolo de China: queda unos 2.000 en libertad, en las montañas de Sichuan y Shaanxi. El Centro de Investigación de Wolong - que visitamos - es único por estar dentro de su hábitat natural a 1.700 m de altitud. En las zonas de cría, los cuidadores de los cachorros van con disfraces de panda para que no se acostumbren a los humanos.




Panda en nepalí, significa 'animales que comen bambú', en mandarín, xióngmāo es osogato. El panda dedica entre 10 y 16 horas diarias a alimentarse de bambú, su dieta casi exclusiva (tiene seis dedos en sus manos para coger el bambú); necesita 38 kg al día para sobrevivir. Come también manzanas, zanahorias, miel, insectos y huevos de pájaros. Su genoma es el de un carnívoro puro. Duerme 10 horas porque su temperatura corporal es muy baja. Su intestino es muy corto, por lo que  hace muchas deposiciones al día. Suelen vivir 30 años. Las hembras solo están tres o cuatro días en celo; suelen tener una cría, por eso es tan complicada su conservación. Mediante técnica in vitro se ha conseguido que tengan mellizos. Otra curiosidad, ocultan sus genitales en sus cuerpos para indiferenciar machos de hembras como defensa ante los depredadores.


El panda es considerado un tesoro nacional de China y símbolo de paz y amistad. Todos cuantos existen en el mundo son propiedad de China, que los presta. La reservas de los pandas alberga leopardos de las nieves, ciervos del musgo y unas 1.400 especies de plantas. Nieve permanente, bosques de abetos y prados alpinos a 3.000-4.000 m, ese es el paisaje.




Comemos en un restaurante frente al Qingcheng, el monte sagrado del taoísmo, en Dujiangyan, un pueblito de solo - en China-   700.000 habitantes, conocido por un original y muy antiguo sistema de irrigación. La comida es exquisita, uno de los mejores días al respecto.




Vamos después a un centro comercial para ver hay una curiosísima biblioteca que utiliza el trampantojo de los espejos reflectantes para crear espacios fantásticos.




Por la noche hacemos la ronda por la ciudad moderna de luz, color y decorado Disney. Por encima de todo, las Torres Gemelas es el mayor atractivo turístico de Chengdu. En sus gigantes pantallas led (52,000 m²) proyectan animaciones temáticas que incluyen pandas, motivos culturales de Sichuan y mensajes de bienvenida. Las observamos desde un puente peatonal de 360⁰.  Alrededor del puente que conoció y describió Marco Polo hay una intensa vida cultural de restaurantes, música y hasta limpiadores de oído en vivo y en directo. Otra atracción de luz y aspersores de agua son unas Torres que imitan al bambú. Todo muy Disney.




Se anuncia en los informativos la llegada de Pedro Sánchez a la República Popular China. Se rumorea que a la vuelta, por simpatía, proclamará la República Popular Española.


Los Alpes chinos: la Montaña de Siguniang

 


Cuando se sale de la gran ciudad se ve la convivencia de lo nuevo con lo viejo, las deslumbrantes torres de acero y cristal junto a bloques de pequeños apartamentos con cajas del aire acondicionado y ropa tendida a la vista, bloques apretujados a los que les falta la respiración. También hay viejos bloques desahuciados, sin vida dentro.Entre los bloques y las torres, por calles que en realidad son autovías con varios carriles, se mezclan los coches grandes eléctricos nuevos con un mogollón de viejas motocicletas y bicis. Hay dos chinas conviviendo en el mismo espacio. 





En las confluencias de calles aparecen viejecillos arrugados, a veces con chaleco amarillo, a veces sin él, con una bandera en la mano haciendo como que controlan el tráfico. Y en el mismo cruce, firme sobre un pequeño círculo, un guardia terriblemente expuesto se mueve al ritmo que cambian las luces de los semáforos, con los coches pasándole a un milímetro.




Mientras nos dirigimos a la montaña donde viven los pandas salvajes, entre torrenteras, picos nevados y zonas de desprendimientos, podemos observar la ingeniería China en marcha: dos máquinas enfrentadas desde las dos orillas de un río construyen un puente; largos túneles y viaductos kilométricos, el ensanche, contención de la montaña y consolidación de la carretera de las noventa y nueve curvas que nos lleva de los 500 m. de altura sobre el nivel del mar de Chengdu a los 4 000 del Gran Parque Nacional del Panda: obreros, máquinas y material siguiendo el curso quebrado del río de montaña, acercándonos hacia la frontera entre Sichuan y el Tíbet. Esta es zona sísmica donde en el 2008 hubo un terremoto de nivel 8.


Las 4 hermanas


A medida que ascendemos, mientras la obra de ingeniería queda detrás, se desnuda la cordillera de Siguniang, la "Reina de las montañas de Sichuan" y aparecen los picos nevados, los llamados "Alpes Orientales" por su semejanza con los europeos. Hay cuatro picos conocidos por una leyenda como "las cuatro hermanas", con alturas considerables, que van de los 5024 del Dafeng a los 6232 m, el más alto, del Yaomei. 


La altura nos pasa factura: mareo y un cierto dolor de cabeza. Llegamos a los 4000 m y luego descendemos para comer en un hotel nuevo a la entrada del Parque del valle de Shuangqiao.




Después, durante casi dos horas, un autobús del parque nos sube por el valle de Shuangqiao, en el macizo de Siguniang, hasta los 3.840 m. haciendo varias paradas para admirar el paisaje. Además de las vistas sobre los picos nevados, barrancos, lagos y cascadas, el valle concentra lagunas alpinas de color de jade, cascadas heladas, praderas floridas y vistas directas a las cumbres nevadas. Y yaks, rebaños  de yaks de los que los campesinos obtienen carne, leche y queso.