domingo, 29 de enero de 2023

Mahabalipuram 21

 


Mahabalipuram es un pueblo de quince mil habitantes, pero una perla junto al golfo de Bengala. India contiene un número incalculable de sorpresa.




Los hindúes aprovechan el fin de semana para hacer turismo visitando algún templo famoso.  Visten saris o dhotis rojos: hay templos que piden el rojo, otros el amarillo, otros el negro, otros el naranja. Se ven familias enteras o comunidades que desfilan por los santuarios del templo, serios cuando entran en el santuario para tomar el fuego y la ceniza, alegres  y comunicativos cuando salen. Hoy entraban y salían de los santuarios dedicados a Shiva, Vishnu y la diosa Durgá en el Templo de la Orilla, construido entre el 700 y el 728 d. C., y llamado así por estar situado al borde del mar, en un saliente en la bahía de Bengala. Sometido a las fuertes vientos y a la humedad del Índico, el templo consiguió sobrevivir al tsunami de 2004. Hay una historia, que parece leyenda, que cuenta que el conjunto lo componían siete grandes templos y que seis de ellos permanecen bajo el mar en indeterminado lugar. El conjunto de monumentos de Mahabalipuram es Patrimonio de la Unesco.




Sin embargo ha sido el Rathas junto al bajorrelieve al aire libre del Descenso del Ganges lo que nos ha llamado poderosamente la atención. El Pancha Rathas es un conjunto de cinco templos - mejor monumentos porque nunca se llegaron a consagrar- del siglo VII, construidos en época del reino Pallava, que no tiene parangón en la India. Cada uno se asemeja a un carro (ratha), y cada uno tallado en una sola piedra de granito. Las estructuras llevan el nombre de los cinco hermanos Pancha Pandavas y su esposa común, Draupadi, de la épopeya del Mahabharata. Más que edificios aparecen como esculturas de piedra grisácea.




La otra gran sorpresa, para mí la principal, de Mahabalipuram, es el bajorrelieve del Descenso del Ganges. Es lo primero que he visto en esta pequeña ciudad y me ha dejado boquiabierto. Una enorme roca de granito, de 29 m. de largo por 6-13 m. de alto, según el punto desde donde se mire, esculpida al aire libre con figuras humanas y dos grandes elefantes. Junto al relieve detrás en la montaña que lo circunda hay tres templos formando un conjunto espectacular. Ambos, templos y relieve, fueron construidos por los reyes Pallava durante los siglos VII y VIII. Se supone que lo que se representa es la historia del descenso del río sagrado Ganges desde los cielos a la Tierra, guiado por el rey Bhagirath




Hay otra versión que asegura que lo que el relieve representa es la penitencia de Arjuna. Arjuna hace penitencia con la intención de obtener el poder, mediante una bendición de Shiva, para que le ayude en la guerra del Mahábharata: lo que Arjuna recibió de manos se Shiva fue la Pasupata, el arma más poderosa


Conocemos los relieves persas los asirios los griegos los romanos, pero cuánto desconocemos el arte y la cultura del continente indio. 




Mientras fotografiaba el Templo de la Orilla, una familia me ha reconocido por haber coincidido en otro templo hace dos días. Me han llamado con grandes gestos, me han dado la mano como si volviesen a ver a un viejo amigo. Nos hemos vuelto a fotografiar.


sábado, 28 de enero de 2023

Pondicherry 20


Barrio colonial de Pondicherry o Puducherry. Edificios blancos alineados de dos plantas con terrazas. Calles anchas con aceras, discontinuas pero aceras. Nos descalzamos, dejamos el calzado en estantes numerados. Cruzamos la calle hasta la puerta de entrada al edificio, la que fue vivienda de Sri Aurobindo y 'la Madre', ahora casa museo que mantiene la comunidad o ashram. Nos piden que guardemos las cámaras en la mochila y que apaguemos los móviles. Vamos pasando sucesivos controles por miembros de la comunidad en un circuito guiado. Nos piden que guardemos silencio durante todo el trayecto. Entramos en la casa enfilados, siguiendo las indicaciones de una serie de individuos. Pasamos a un patio con árboles, en cuyo centro se levanta un pequeño túmulo cubierto de flores. Lo llaman el 'Samadhi' o santuario de mármol blanco que guarda los restos de Sri Aurobindo y 'la Madre' (el primero fue político indio y luego gurú, la segunda, de origen francés, fue su primera seguidora, recopiladora de su doctrina y organizadora). Hay gente que se arrodilla ante el túmulo, lo toca con la frente y las manos con unción y cierra los ojos. En los alrededores hay gente sentada, de rodillas, concentrados, con la mirada perdida, occidentales e indios. 

Hacemos un recorrido prefijado, dirigido, hasta llegar a una sala llena de fotografías de Sri Aurobindo y la Madre en blanco y negro, en distintas etapas de sus vidas, sin que en ninguna de ellas asome un rasgo de espondaneidad, ausendada su condición humana, ajenos a la mortalidad. Ambos, sin embargo, están bien muertos y enterrados, a pesar del aura con que cada fotografía está confeccionada. La siguiente sala es una biblioteca con estantes cubriendo todas las paredes del techo al suelo, y en cada estante la colección de los libros que Sri Aurobindo y 'la Madre' escribieron o cuyo saber único fue recogido por sus discípulos o sadhakas, en diferentes idiomas, cada uno numerado para pedirlo en la mesa al final de la sala a cambio de un precio. De ese modo se visita el famoso ashram, se sale de la casa, se cruza la calle y se llega hasta el lugar donde se ha dejado el calzado donde volver a ser terrenal y mortal.

Desde que se fundó en 1926 la comunidad ha ido creciendo. Los sadhakas se han ido especializando en multitud de labores. En la actualidad, los ashramitas viven y trabajan en más de 400 edificios repartidos por toda la ciudad. Desde 1968 la comunidad se extiende a una ciudad nueva junto a Pondicherry, Auroville. Miles de curiosos o buscadores de espiritualidad acuden al ashram para la práctica del yoga integral, en busca de lo


"una apertura de la mente a una mayor amplitud y al sentido del Sí mismo y del Infinito, un surgimiento a lo que se ha llamado la conciencia cósmica, el dominio sobre los deseos. y pasiones; un ascetismo exterior no es esencial, pero la conquista del deseo y el apego y un control sobre el cuerpo y sus necesidades, codicias e instintos son indispensables".

 



Puducherry (o Pondicherry) fue una colonia francés en la India hasta 1954, dentro del territorio del Estado de Tamil Nadu. Un aire francés se respira en el barrio colonial: calles bordeadas de árboles, villas coloniales de color mostaza, tiendas de moda, cuisine en los restaurantes, iglesias católicas y catedral y un paseo marítimo frente a la bahía de Bengala y poco más. Solo he oído el francés de los turistas que llegan de la ex metrópoli con nostalgia de la antigua 'grandeur'.



Antes en la mañana, hemos visitado el templo de Gangaikondacholisvaram, en Meikavalput, a medio camino entre  Kumbakonam y Pondichery. Otro templo dedicado a Vishnu construido por los Cholas. No es tan presionante como el de ayer, ni tan concurrido, pero casi tan bello. El clima es agradable, el verde recortado y húmedo, por contraste, resalta el esplendor del templo.



Al santuario se accede enfrentándose al toro que lo defiende; hay que sortearlo para acceder a un largo pasillo en penumbra que lleva hasta el sancta santorum de Shiva, donde los peregrinos, en esta hora temprana del viernes no son muchos, se acercan para ser ungidos por el fuego que se llevan a la cabeza y el rostro, antes de que el brahmán les imponga el polvo blanco en la frente, símbolo de los devotos del dios.


viernes, 27 de enero de 2023

Kumbakonam 19

 


Iniciamos la mañana en Tanjore y acabamos el día en Kumbakonam.

Entrar en la Basílica del Vaticano la primera vez sobrecoge. Ante la amplitud del espacio, la altura de las bóvedas, los detalles de los materiales, la extraordinaria factura de los objetos que contiene, aún sin poner nombre a los maestros que colaboraron en la obra hasta convertirlo en arte, uno que viene de la sencillez de un pueblo castellano tiende a conceder que allí hay algo más que mera obra humana. Esa impresión la he tenido hoy, por primera vez en este viaje, ante el Templo Brihadishvara de Tanjore. Es fácil dejarse llevar por los prejuicios y pensar que allí no hay nada más que manifestación del poder. Con ser cierto, en el Vaticano y en Tanjore, una pasión superior debió mover a quienes promovieron ambas obras. Una necesidad superior a la mera representación del poderoso. Por primera vez me he sentado en un corredor frente al santuario principal, situado en el centro del gran patio del templo, y me he dejado llevar por las amplias perspectivas, por la profundidad del espacio, por la armonía del conjunto que no es arquitectura muerta sino plenamente viva por la gente que acude al santuario para dejarse imprimir una huella en la frente y después pasear por el patio y hacer una ofrenda floral ante Ganesha o en el santuario lateral de Parvati, con una alegría que no se ve en el exterior de la ciudad.




Tendemos a pensar que la arquitectura la escultura incluso la pintura son programas inducidos por el poder, podemos descifrar su lenguaje, sus referencias, la procedencia de sus motivos, pero si escuchas la música que acompaña las ceremonias, como esta que suena ahora mismo mientras la gente ofrenda a Ganesha, ves que es una música que brota del pueblo, ves su singularidad, su diferencia con respecto a lo que conoces, algo que nace del lugar, una manera diferente de sentir de entender de explicar, un acomodo propio, una filosofía propia, y que la religión es un vehículo de difícil sustitución.




No cuesta nada desechar de un manotazo la religión y lo que la rodea. Hay suficientes razones para desenmascararla y confinarla en el desván de la historia, sin embargo con algo de libertad de espíritu, siendo justos, deberíamos aceptar que hay algo que se nos escapa.




El Templo Brihadishvara, conocido también como Rajarajesvaram, por su rey constructor, Rajaraja I, y popularmente como Thanjai Periya Kovil o 'Gran Templo de Thanjavur/Tanjore', está dedicado a Shiva y construido en estilo arquitectónico de la época Chola, a orillas del río Cauvery, a comienzos del siglo XI, en tan solo siete años, hoy Patrimonio de la UNESCO.




Rodeado de una alta muralla coronada por figuras de toros, con una vimāna - la torre piramidal de planta circular que resguarda al sancta sanctorum- de 65 metros de altura y con una gran estatua de Nandi, el toro sagrado -el vehículo de Shiva-, tallado en una única piedra, a la entrada del templo, de 5 metros de largo por 4 de alto. El templo está hecho de granito y las grandes piedras encajadas como piezas de un puzzle.




Menos interés hemos puesto en el resto de las visitas del día: el palacio museo y biblioteca Saraswathi, que contiene una rara colección de manuscritos en hoja de palma y papel escrito en tamil y sánscrito (49.000 volúmenes), para algunos la biblioteca más importante de la India. 




A primera hora de tarde, en Kumbakonam, conocida como ciudad de los templos, visitamos dos de ellos. Hay 188 templos hindúes dentro de los límites municipales de Kumbakonam y miles alrededor de la ciudad, dedicados en la mayoría a Vishnu y Shiva. El que visitamos es el de Kasi Viswanathar, junto al gran Tanque Mahamaham, un gran estanque ubicado en el corazón de la ciudad, de gran importancia para el festival Masimaham, que se celebra cada doce años y que reúne a unos dos millones de peregrinos.

jueves, 26 de enero de 2023

Trichy 17

 


Ya que no entras en las casas, solo con pequeños detalles puedes captar algo -algo- de la sociedad india. Los puestecillos más humildes -diademas pulseras collares de flores; puestos de fruta, especialmente pequeños plátanos baratos o bananas; postales, muñequeras y tobilleras de estaño, bolsos de tela en bandolera de humilde confección- están a cargo la mayoría de mujeres, sonrientes y bullangueras, si te persiguen, incitándote a la compra, silenciosas y derrotadas si están tendidas en el suelo, esperando que caiga una dádiva por el minúsculo adorno floral. Sin embargo, hay otra versión de la mujer india, aunque sea como digo superficial.



Las mujeres llenan los templos con sus brillantes y coloridos saris, muchas más que hombres, y a la salida se pasean elegantes por las calles del comercio de telas. Los hombres si no se dedican a perseguir al turista se muestran ceñudos, aunque prestos a cambiar su mutismo cariacontecido por una sonrisa, si el turista se fija en ellos. Pero hay un detalle más que me parece significativo: las mujeres en moto, solas, en pareja (dos mujeres) o con niños. Me parece un detalle de autonomía que no se ve en otros países en proceso de crecimiento tanto en ciudad como en vías interurbanas. 




No veo, sin embargo, hombres o mujeres tendidos en el suelo, salvo hoy, por eso lo comento. Ha sido en Trichy (o Tiruchirappalli), cuando ascendíamos por los trescientos veinte escalones cubiertos que llevan al Tiruchirapalli Rock Fort, un templo sin gran interés como no sean las bonitas vistas que se ven desde arriba, asentado sobre una roca, o del propio templo desde lejos. En varios tramos había gente tendida, con predominio de mujeres. No he sabido distinguir si eran orantes o pobres. Rara vez se ve algún pobre extendiendo la mano delante de ti; aquí en Trichy sí ha ocurrido. Se tienden la mano, no dicen nada solo la tienden.




El Ranganathaswamy es el más grandioso templo de la ciudad, de 65 ha y 21 gopuras -torres típicas hindúes-, y 81 santuarios considerado el más grande de los que están en activo en la India. En lo alto de una azotea se divisan las torres. La más alta, de 73 metros, permanece sin pintar es por ello destaca sobremanera. El templo está rodeado por 7 recintos concéntricos y, como una isla, por el río Kaveri. Ha servido de cuartel militar para los sucesivos invasores. 




Adentrarse en él por sus patios, avenidas y pasillos es como entrar en una ciudad con intensa vida alrededor, llena de puestecillos y comercios, peregrinos que vienen de todo el país, ceremonias de petición de mano y hasta un zoco, donde a la vista de todo el mundo decenas de mujeres, vigiladas por hombres, cuentan el dinero que los visitantes entregan. Los santuarios están dedicados a Vishnu y sus diversos avatares, como Rama y Krishna. Otros a la diosa Lakshmi y muchos santos del vaishnavismo. También aquí hay un salón de los 1000 pilares.




La ciudad es tan antigua que en el siglo III ac ya se hablaba del dominio de los cholas. En Tamil Nadu, hay varios festivales relacionados con la doma de toros, en esta ciudad en enero se celebra el de Pongal. Ahora mismo, a través de la ventana y junto al bullicio de los coches, escucho cantos de una iglesia cercana pero también tambores y canciones hindúes. 







miércoles, 25 de enero de 2023

Tanjore 18

 



La impresión es que la mayor parte de la población del país vive en la calle, en medio del bullicio y la suciedad ambiente. Aquí en Tanjore, por ejemplo, el ruido de tambores y cánticos no ha cesado durante la noche y el de los coches ha comenzado muy temprano. Sólo en esta ciudad, y en Trichy, Estado de Tamil Nadu, no en los otros visitados, he visto gente durmiendo en las calles y algunos pocos extendiendo la mano. Las mujeres visten elegantes saris, cuidadas con esmero, de fino perfil muchas de ellas y si tienen exceso de peso no es demasiado. Los niños van a la escuela uniformados limpios sonrientes. Quiere decir que hay una vida interior que no se ve, un cuidado al que no tenemos acceso, aunque a la mínima te invitan a cenar en su casa. Son las casas pobres las que tienen la puerta abierta; se ven algunos chamizos con techo de paja, algunos recubiertos de lonas o plásticos, aunque yo diría que son minoría.




También la vida regulada se hace a la vista de todos. Cuando pasamos por una casa de bodas, donde se celebran las pedidas de mano y compromisos nos invitan a pasar, a fotografiar, a tomar lo que estén tomando; en el templo la misma ceremonia se hace a la vista de todo el mundo: miramos con recelo, cámara en mano, la ceremonia: la pedida de rodillas a los padres, la entrega de obsequios, el intercambio de flore, y son ellos quienes, sonrientes, nos invitan, a fotografiar a pisar con ellos. Lo mismo sucede si topamos con un funeral: el difunto sentado en un palanquín, seguido por una banda de música y por los familiares; también buscan nuestra participación. En contraste hay numerosos recintos cerrados. En los templos hay santuarios a los que solo pueden acceder los creyentes hindúes: allí les esperan los bramanes o sacerdotes, desnudos de cinntura para arriba, quienes a cambio de un poco de dinero, les llevan el fuego que arde sobre una especie de brasero a la frente, en una especie de bendición, o bien un puñadito de ceniza blanca, amarilla o roja, para que marquen el puntito de color sobre su ceño. Hay otro tipo de recinto cerrado, al que se impide que los indios pobres puedan acceder: el de los grandes hoteles y restaurantes en cuya entrada hay guardias de seguridad, sonrientes y serviciales ante el hombre blanco malencarados ante los sin recursos.




Hay una ingenuidad premoderna en el comportamiento indio, en su molesta deferencia hacia quien tenga la piel blanca, pero también en el deseo de fotografiarse con occidentales o de ser, salvo raras excepciones, fotografiado. Ingenuidad que se pierde cuando el ascensor social tira hacia arriba. Entonces, los indios que han alcanzado un estatus son indiferentes a la presencia del hombre blanco, y compiten con él, en los reservados de los restaurantes por asientos escasos, o en los adelantamientos prepotentes de sus vehículos, salvo amables excepciones, cuando, si coincides en el ascensor o en el desayuno, te preguntan de dónde eres, qué has venido a hacer y si te gusta el país. 




Tengo la impresión, que he de desarrollar, que, salvo el mundo islámico, la hindú es la única cultura autosuficiente, la única que puede mostrar una cultura y formas de vida independientes de Occidente. 



martes, 24 de enero de 2023

Madurai 16

 


Otra larga jornada desde Munnar, en la húmeda montaña del té, hasta Madurai, en el estado de Tamil Nadu. Tercera ciudad de este estado, con dos millones de habitantes probables. Una curiosidad de la India: cada estado tiene una lengua oficial además del inglés, no necesariamente el indi, y lo más sorprendente, con grafías diferentes para cada lengua, el tamil, el malabar, el kannada o el bengalí, así hasta veintidós, siendo el tamil con el sánscrito los idiomas más antiguos. El indi es el idioma del norte. Así que el inglés, por fuerza se convierte en un factor de unificación, junto al sistema religioso filosófico del hinduismo. El jainismo, el budismo y el hinduismo se ven como ramas del mismo árbol, en cambio el islam en la India no casa con nada, una intromisión foránea en el sistema filosófico religioso de la India, según dan a entender los indios con quienes hablamos, no obstante representar el 15% de la población, en torno a los 210 millones. Una tensión en aumento.




Después de visitar el Palacio Thirumalai Nayak, con un cierto aire de palacio italiano por sus columnatas y patio central -participó un arquitecto italiano en su construcción-, en su momento el más grande del sur de la India, visitamos el Templo de Meenakshi Amman. También, en su estructura actual, del siglo XVII, con un barroquismo que hasta cierto punto se parece al europeo. El Meenakshi Sundaraswarar es la joya de Madurai, un templo hindú histórico ubicado en la orilla sur del río Vaigai, construido entre los siglos XII y XVII, aunque lo que vemos hoy es una reconstrucción de unas 6 hectáreas, de los siglos XVI y XVII, tras ser destruido varias veces. Si fuese europeo equivaldría a una gran catedral o basílica. Está dedicado a la diosa Meenakshi, en la compleja mitología hindú una forma de Shakti, a su vez una forma de Parvati, la consorte de Sundareshwarar, a su vez una forma de Shiva. Lo mas característico de los templos hinduistas son los gopuras, las torres llenas de coloristas divinidades, en varios pisos. Este templo cuenta con 14, las más altas orientadas a los cuatro puntos cardinales, entre 45 a 52 m de altura. 




El complejo cuenta numerosas salas y corredores con pilares esculpidos; la más amplia, la sala de los 1000 pilares. Los santuarios principales están dedicados a Parvati/Meenakshi, Vishnu y su hijo Ganesha, el elefante. En el centro hay un gran estanque escalonado en el que bañan a las divinidades. Y, separados, los santuarios dorados a los que solo tienen acceso los fieles hindúes. Parece que fue diseñando siguiendo el diagrama cósmico de un mandala.




El templo alberga varios festivales al año, algunos atraen a muchos peregrinos, el más importante, la boda de Meenakshi, que atrae a más de un millón de personas durante 12 días.




Hemos esperado hasta muy tarde porque había una procesión nocturna: Los indios se toman su tiempo. Una procesión alrededor del templo que debería haber empezado a las siete de la tarde empezó a las 8:15. Primero salió el elefante con sus gualdrapas coloristas, un Ganesha vivo, seguido de varias carrozas para rodear su gran superficie.


lunes, 23 de enero de 2023

Munnar. Eravikulam N P 15


 La intempestiva invocación de los muecines y el tañido de las campanas poco después me han despertado antes de tiempo -a las seis-, en esta fría mañana de Munnar.




Hoy nuestra actividad está relacionado con el té. El Parque Nacional Eravikulam es el hogar del tahr de Nilgiri, un animal a medio camino entre el antílope y la cabra, tan pacífico como amigable; busca el contacto humano y se deja fotografiar. También en este parque florece la Neelakurinji, una planta singular que florece una vez cada 12 años. La próxima, en 2018. En algún lugar se esconde el leopardo y el bisonte indio; que, evidentemente, no se dejan ver. Cómo estamos obsesionados con la belleza simple de los campos de té, hemos ido buscando las mejores perspectivas antes que la riqueza botánica y zoológica del parque.




Asistía a una sesión de teatro hindú, muy parecida, por el grueso maquillaje, la vestimenta y la mímica al teatro Noh japonés, con una música muy escueta -tambor y breves textos-, procedentes del Mahabarata, reducido al mínimo en los breves apuntes de una voz radicada en una esquina, cuando mi estómago se ha alborotado. Mitad en la calle, mitad en la habitación del hotel se ha vaciado. Nos hemos ido pegando unos a otros un virus estomacal hasta que ha llegado a mí. Me fastidia haberme perdido de la sesión de teatro la parte representativa, por la que me ha contado. En realidad, lo que he visto no eran más que breves introducciones a las formas y tipos con que esté teatro opera. El Kathakali además de la danza y la mímica incorpora movimientos de las antiguas artes marciales indias y las tradiciones atléticas del sur. Al terminar la representación suele haber una lucha india. Es nativo de la región suroeste de Kerala.




A las 18'28 el muecín da por finalizado el día, cuando el sol ha desaparecido de la línea del horizonte. Mis compañeros lo prolongarán con una danza alrededor del fuego, con ron y canciones españolas. Yo no.