jueves, 26 de julio de 2012

El principi d'Arquímedes




            Esta obra es una de las que más elogios ha recibido en el presente Grec de Barcelona. Algunos hablan de “la sorpresa indiscutible de este Grec”. A mí no me ha convencido tanto, diré por qué.


            Sobre el escenario de la sala Beckett se presentan cuatro personajes, dos monitores de natación, un padre y la directora de la piscina. A Jordi, uno de los monitores, guapo, simpático, resultón, marchoso, le acusan de haber dado un beso en la boca a uno de los niños del curso. Entonces comienza un proceso inquisitorial llevado a cabo por la directora, Anna, aterrada por la protesta de los padres, por la reputación del centro y la suya propia, atormentada por el recuerdo de un hijo que perdió cuando tenía 16 años y por sueños recurrentes de niños que se ahogan. Héctor es el otro monitor, circunspecto, aparente amigo de Jordi, pero incómodo ante el éxito de este con los niños, que se irá deslizando en contra de Jordi en el juicio de intenciones. El cuarto personaje es uno de los padres, personaje de una pieza, sin dobleces, acusador, sus argumentos no son capaces de levantar apoyos entre el público. Los cuatro actores están bien, aunque lo tenían fácil, sus papeles no son en exceso complicados. Sí lo es el de Jordi, y Rubén de Eguía lo borda, se muestra natural, candoroso, creíble. A la puesta en escena, pegada al público que se reparte a ambos lados del escenario, no le sobra nada, sin grasa, sin retórica. El escenario, simula el vestuario de una piscina: en el centro los bancos para cambiarse, a la izquierda las taquillas, al otro lado el lavabo y la puerta que lleva a la piscina. Es un escenario reversible, lo que está a la izquierda cambia a la derecha y al revés, por un original procedimiento que no he pillado.

            Qué es lo que falla entonces. La dialéctica, que, creo, es lo que no debe fallar en el teatro, las réplicas, los argumentos contrapuestos, necesarios cuando, como en este caso, se ofrecen dos posiciones sobre un asunto. El asunto es la acusación de pederastia. Desde el primer momento el espectador se pone de parte de Jordi: lo que dice, lo que hace, la forma de presentar su posición lo hacen verosímil. En ningún momento el público tiene dudas sobre él, no hay ninguna falla por la que emerja la duda, la sospecha. Jordi representa lo que hemos construido entre todos, al menos en esta ciudad: el ideal, la buena fe, los mejores sentimientos, el tipo que querríamos ser. Los demás personajes, sin embargo, son todo fallas, antipáticos como el padre, al que no se le da ninguna oportunidad de hacer verosímil su relato, más que un personaje es una idea, el antiideal, o Héctor, al que se le ve receloso del éxito de su compañero, incómodo ante sus bromas de tipo sexual, miedoso ante las consecuencias de la excesiva proximidad a los niños o la directora, tan marcada por la muerte de su hijo, incapaz de soportar la responsabilidad. En la escasa duración de la obra, 70 minutos, se ve que no ha sido trabajada. El autor ha tenido la idea, el marco en la que expresarla, ha dado al público los argumentos que ya tenía en forma de ideas previas, pero no ha hecho verosímil la acusación, las ideas del oponente. El espectador no tiene opciones en este juego del bueno ingenuo contra los turbios malos, de hecho a lo largo de la función son visibles los cabeceos de aprobación del público.

               No se presenta ningún dilema, la obra es didáctica, sin ambigüedades morales, sobre la correcta manera de pensar, más propia para un teatro escolar que para el público adulto. He tenido la impresión que la moralina socialdemócrata, propia del espíritu catalán de los últimos años, de cuando el Tripartit, continuaba. Una lástima porque el autor, Josep Maria Miró i Coromina, tenía tema. Las escenas están bien concebidas, es original la presentación que alterna el presente con el pasado más reciente, los diálogos vivos, naturales, el ritmo dinámico.

miércoles, 25 de julio de 2012

En la carretera



              Emocionante, sorprendente, peligroso salir cada día a la carretera a hacer tres horas de bici. Acostumbro a hacerlo por la mañana, cuando el sol no pica demasiado.

             Primer episodio: hace unas pocas semanas, en una carretera comarcal entre Burgos y el Monasterio de Rodilla. Carretera libre, algún coche solitario. De pronto a cincuenta metros delante de mí cruzan dos corzos, una madre y su cría. A la izquierda está el bosque de donde vienen, a la derecha trigales. Después de cruzar, suben chospando por el trigal reseco de mi derecha, cuesta arriba, en paralelo a mí, durante unas decenas de metros hasta que un ribazo me los oculta a la vista. Cuando llego al alto, con cambio de rasante y curva a la derecha, iniciando la bajada, de pronto, inesperadamente, me topo con que la madre vuelve otra vez sobre la carretera, salta, freno en seco y veo sus pezuñas a un palmo de mis narices. He estado en un tris de que me derribase. Me quedo quieto entre admirado y asustado, esperando que la cría se atreva a su vez a seguir a la madre hacia el bosque de donde habían salido

            Segundo episodio: hoy mismo, en la carretera que lleva de Sant Pere de Ribas a Vilafranca. Tráfico no muy denso, pero sí algunos coches que hacen que los sentidos estén alerta. Muchos echan negro veneno por el tubo de escape. En los frenazos o cuesta arriba todos emiten porquería; lo de las estaciones ITV es otra engañifa más del mundo de ficción en que nos movemos. De pronto, en medio de un puente entre dos curvas, cerca de Olivella, me topo con un coche en mi propio carril. ¿Cómo está ahí, justo delante de mi rueda delantera, saltándose la línea continua, en mi carril; el suyo está libre, nadie le incomoda, qué hace ese coche ahí? Apenas me da tiempo a ver el coche gris perla muy desgastada, un viejo modelo americano, ¿Dodge?, el hombre que lo conduce parece mayor. No hay tiempo para reaccionar, ni espacio, a mi derecha está la barandilla del puente, no me da tiempo a girar hacia el otro carril, no puedo salir hacia ningún lado. Me preparo para el golpe. En el último instante debe de haberme visto y ha girado lo justo para que mi bici pasara rozando entre la carrocería y la baranda del puente. He imaginado la ambulancia viniendo a recogerme. 

            Nadie, ningún partido, ningún líder de opinión propone que desaparezca este artefacto mortífero. La crisis desgraciadamente no acabará con él.

lunes, 23 de julio de 2012

"Somos", una ficción muy cara



         Desde la perspectiva de cien años después es fácil comprender cómo funcionaba el caciquismo, fácil entender que era un sistema corrupto y fácil predecir que acabaría en fracaso o en ruina o en tragedia.

            No es fácil desmontar las ficciones, sobre todo si son satisfactorias y nos añaden un centímetro más de altura. Ni siquiera cuando vemos lo onerosas que son, ni siquiera cuando nos dicen que generan sistemas de corrupción material y moral. Sólo cuando la ruina nos afecta directamente: porque perdemos nuestro puesto de trabajo, porque se aminora nuestro poder de compra, porque el futuro es una pared negra contra la que chocamos de pronto, podemos empezar a entender. Y aún.

            Los reyes del mambo nos lo han hecho creer: SOMOS. A cualquier hijo de vecino no le gusta que le digan que sólo es un hombre viviendo. Nada más. Y un hombre con los días contados. Cualquiera que haya enmascarado esa realidad con algo de gracia ha tenido fortuna. “Tendréis otra oportunidad después de la muerte, no seáis tontos”. “Seguidme, el futuro está detrás de la esquina”. A pesar de que las promesas cada vez son más paupérrimas el afán de cualquiera es creer en ese centímetro de más: “Dame tu dinero, que te lo devolveré con un 10% de más”. “La casa de tus sueños a cambio de cuarenta años de tu vida laboral”. Ya veis, ni casa, ni vida laboral.

            Los reyes del mambo han creado un enorme aparato de propaganda para alimentar la ficción. SOMOS. ¿Qué?, ¿qué somos? Es igual: españoles, madridistas, masones, islamistas, catalanes, vascos. Por el mismo precio, es decir, a un alto coste, se podía ser riojanos o beticistas, cántabros e incluso miembros del submarino amarillo. Incluso podías afirmar con orgullo que tus ahorros estaban a buen recaudo en la Caixa o en Caja del Mediterráneo. Un orgullo.

            Fijaos cómo los reyes del mambo lo están desmontado todo, algunas cosas lentamente, otras de un día para otro. Nos echan del trabajo o no nos admiten, pero insisten en que paguemos la hipoteca. Todo nos cuesta más caro. Ojo, ¿cuándo se apoderarán de nuestros ahorros, si no lo han hecho ya?

            Son muy sutiles. Cuando nos han integrado en el maravilloso y exclusivo club del SOMOS, nos han hecho creer que era sin coste: Maragall saltando con su abrigo largo, en Montjuich, a cambio de nada; el colorido y resultón MUSAC de León a cambio de nada; el aeropuerto de Ciudad Real, el ave a Sevilla, las embajadas de Carod Rovira, los cientos de empleados públicos andaluces, a cambio de nada. SOMOS.

            Bien, todo lo están desmantelando. ¿Todo? No, los reyes del mambo siguen ahí, sus familiares, amigos y conocidos -todo el mundo ha pasado por el ayuntamiento de su pueblo o de su ciudad y ha visto-, sus empresas, sus edificios nuevos de trinca, sus despachos amueblados al gusto, siguen ahí. Es decir, los caciques. ¿Por qué nos ha costado tanto tiempo comprender que este es un sistema igual que aquel, el de comienzos del siglo XX, el del caciquismo?

           Por comparación los reyes del mambo son peores, aunque más sutiles -para algo tienen un inflado cuerpo de asesores detrás-, que los caciques de hace un siglo: entonces ofrecían trabajo, algún dinerillo o librar al hijo de la quinta a cambio del voto; ahora ofrecen pertenencia. SOMOS. Por lo demás, el turnismo es idéntico, dos partidos que se alternan, aunque los nacionalistas o la casta regional ha ganado en tamaño.

            SOMOS. Pero los reyes del mambo no serían nada sin su aparato de propaganda. Es lo último que desmantelarán, si lo hacen, su línea roja, casus belli. ¿Cuántos canales de televisión tienen los dueños de la patria catalana?, ¿a cuántos correligionarios había colocado el señor Camps en la televisión valenciana?  ¿Cuánta gente ve el canal en euskera de la Euskal Irrati Telebista?


domingo, 22 de julio de 2012

Clásico casual

Las estatuas del Louvre se visten a la última

                        Hace unos días comentaba la tontería, y la cobardía, de un artista español en Bangkok, poniendo a la mesa de Cristo y los discípulos de Emaús hamburguesas de Mcdonalds y tetas a un Cristo crucificado.


                       Hoy, sin embargo, quiero llamar la atención sobre lo que un diseñador, Alexis Persani, ha hecho con las estatuas del Louvre, vestirlas al modo casual, que me parece original y divertido.

sábado, 21 de julio de 2012

El irlandés (The Guard)


            A falta de imaginación por el lado de la trama, donde los malos son una y otra vez malvados traficantes de drogas, los guionistas ensayan por el lado de personalidades psicológicamente extrañas, singulares, llamativas. De ser héroes en los comienzos del cine, detectives y policías hace tiempo que se fueron deslizando hacia el antiheroísmo, lindando cada vez más con los márgenes de la legalidad, arrimándose a la frontera de la delincuencia que deben combatir.

            En El irlandés (The Guard) se combinan las tres cosas: una trama bastante convencional; malvados con personalidades procaces o estrambóticas, excepto la de uno de ellos que llama la atención por ser un estricto profesional de la delincuencia, capaces de corromper a los altos mandos de la policía, como de ellos se espera; y un policía –el irlandés del título-, lo más interesante de la peli, con una personalidad que deja descolocado a cualquiera que le trate. Un enviado del FBI - Don Cheadle, que pasa bastante desapercibido-, su compañero en busca de los malos, llega a decir de él que no sabe si es un listo estúpido o un tonto inteligente. Solitario, borrachuzo, putero, traficante de armas para el IRA, que no tiene miedo a probar lo que sea, con una madre a punto de morir, Brendan Gleeson compone un tipo algo desastrado, entre pasota y cínico, que no cree en nada, un punto Torrente, pero que llegado el momento adopta la actitud propia de llanero solitario listo para salvar al mundo.

            Peli, la de este irlandés, John Michael McDonagh, que se ve bien, con una sonrisa en la boca, con las palmas listas para reclamar a Gleeson, aunque sin despertar del todo de la modorra que por culpa del calor impera estos días.


viernes, 20 de julio de 2012

CaixaForum de verano


            A poco que frecuentemos las exposiciones de los grandes museos o las representaciones teatrales pagadas con fondos del Estado o de grandes empresas vamos a ver cómo se traslada la actual decadencia de España al ocio de relumbrón al que estábamos acostumbrados.

Foto: Pepo Segura - Angle Editorial Bodega de Gandesa

            Paseo por las exposiciones que CaixaForum de Barcelona tiene en cartel y la decepción no puede ser mayor. No pude en su momento acercarme a ver la que le dedicaron a Goya, pero lo que ahora hay en sus salas es de tercer nivel. Fotografías –pocas- esquemas y algunas entrevistas conforman Cellers -Bodegas-, una aproximación al mundo del cooperativismo catalán en el sector del vino, cuando a comienzos del siglo XX los pueblos vitivinícolas se lanzaron a construir una serie de bodegas , cuyos edificios se inscribían en la senda del modernismo. La exposición llama a esas bodegas agosaradament catedrales del vino. En realidad, el vuelo bajo de la muestra indica la falta de ideas de los responsables, o mejor, la falta de recursos para emprender proyectos mayores. Lo más llamativo de lo que he visto, mientras paseaba, era señoras mayores y algunos jóvenes que reconocían con gritos a su pueblo en las fotografías. Salva la muestra una película o documental con ambición cinematográfica que recorre el proceso de transformación de la uva en caldo.

            Peor aún es la muestra que se dedica a Ángel Ferrant, con dibujos y unas pocas esculturas, en el espacio que la entidad tiene para el arte de casa nostra. Aparte del aburrido conserje que daba los buenos días con voz apagada, cuatro personas la visitaban cuando yo entraba en la sala. Una señora con un carrito de bebé que ha entrado y salido como una corriente de aire y una pareja de jóvenes que no he podido saber cuánto tiempo le han dedicado porque salían cuando yo entraba. Lo que puedo decir es que nada de lo que cuelga en las paredes convalida la frase de presentación: “Ángel Ferrant es uno de los grandes nombres del arte de vanguardia de nuestro país”. Una tendencia inesperada, pues, hacia el localismo que espero que sea pasajera.

Du Zhenjun, Winds, 2010

            Más ambiciosa, de más empeño, es Torres i Gratacels, de Babel a Dubai, pero tan ambiciosa como fallida desde mi punto de vista. Partiendo del mito bíblico de la Torre de Babel se hace un repaso a las construcciones que a lo largo de la historia han querido horadar el cielo hasta llegar a la actual pelea por construir la torre del kilómetro. Unos pocos cuadros en torno a la torre de babel, no muy significativos, entrevistas a críticos de arte y arquitectos, fotografías proyectadas y unas cuantas maquetas es lo que se ofrece a un espectador que probablemente esperaba mucho más. Eso es la exposición, en la que no encuentro una idea fuerza, más allá de la fascinación por la verticalidad, que la haga atractiva, que me haga detener y reflexionar. Sin duda, CaixaForum ha vivido momentos mejores.

jueves, 19 de julio de 2012

Un proyecto de Estado



1. No hay que reprochar a Rajoy las medidas que toma, sino las que no toma.

Las que toma: Que digan los furibundos a quién se deja de pagar para pagarles a ellos.

Las que no toma: reducir el Estado, reformarlo, liberalizar la economía; perseguir  a quienes han defraudado o a quienes han gestionado mal. En suma, proponer un proyecto de Estado a largo plazo, en el que se contemple la salida de la crisis, que muestre la coherencia de las medidas que está tomando.


Ergo, primero, todo el mundo arrima el hombro, sin llantos ni coartadas, después, exigimos responsabilidades con toda la dureza que sea necesaria.

2. Siria. ¿Alguien querría que le gobernase aquel que manda a la muerte en atentado suicida a los suyos para echar abajo a Al Assad y obtener el poder?

martes, 17 de julio de 2012

Laia, Jordi, María Antonia, Rato, Salvador: Adiós a todo eso


1. Coraje. El de CiU. Comprueban la impopularidad de los recortes anunciados por el gobierno. Se oponen. Dicen: no los vamos a apoyar. Luego, buscan argumentos para validar su posición: están indignados con el trato que reciben del gobierno, dicen. Es decir, temen hundirse electoralmente con el PP. ¿Les importan los recortes, su justificación, o sufrir un castigo electoral? Siempre funcionan así, hacen algo y luego buscan los argumentos, no al revés.

Foto del mensaje2. ¿Alguien en esta crisis ha dicho: a mí, que me recorten a mí, que los demás lo pasan peor que yo? Mineros, jueces, funcionarios, trabajadores de la cultura, empleados de las televisiones, nacionalistas.

3. Esta chica de rostro inocente y juvenil, Laia, contactó con el mundo etarra y le encargaron una misión: un libro-bomba contra el periodista Gorka Landaburu, quien a causa de la explosión sufrió graves heridas en las manos y la cara. Lo hizo, consiguió el objetivo; ahora es condenada a 23 años y a pagar fuertes indemnizaciones. No se arrepentirá, a pesar de ver destrozada su vida; sentirá en su nuca el apoyo del mundo batasuno.


4. El trato con los malos contagia. Primero fue Roldán, del PSOE, director general de la Guardia Civil: guardaba en su despacho bolsas de basura llenas de billetes. Ahora es Jordi Ausàs, conseller de gobernació del Tripartito por cuenta de ERC: contrabandeaba tabaco de Andorra a la Seu d'Urgell.

[foto de la noticia]5. ¿Durante cuánto tiempo utilizaron sus votos y usaron sus servicios -los de María Antonia Munar, ex líder de Unió Mallorquina-, tanto los del PP como los del PSOE, los del PSOE como los del PP, sabiendo como sabían, antes de que la Audiencia Provincial de Palma la haya condenado a cinco años y medio de cárcel?

6. Los políticos mienten, defraudan, malversan, gestionan muy mal. ¿De donde les vienen la fama, el prestigio? Este hombre, admirado vicepresidente en su día. Por qué, por qué admirado.
Rato dijo el 4 de mayo a su cúpula por ‘e-mail’ que no había problema con Deloitte
Tres días después dimitió y la entidad confirmó el agujero hallado por la auditora
7. Lo que no se atreve a hacer Rajoy, y los demás:
"Debemos liberalizar la economía, rompiendo el corporativismo que la tiene atenazada, y que resulta en un mercantilismo plutocrático dominado por las grandes empresas, en connivencia con los poderes públicos y en detrimento de la mayoría de empresas y emprendedores. Debemos reformar la Administración, para acabar con el corporativismo conservador del alto funcionariato y su práctica monopolización de la vida política. Y debemos construir una sociedad civil pujante y más cívica, que vigile a sus líderes y alumbre una cultura fiscal más responsable que haga viables los servicios sociales que demandamos".
Reformar la fiscalidad. “Desde hace cinco años y en el medio de una gravísima recesión, tenemos que decidir qué país queremos ser. No podemos tener los ingresos sobre PIB más bajos de Europa (solo Lituania, Eslovaquia y Bulgaria recaudan menos que España) y aspirar en tener un Estado del Bienestar entre los más generosos. Los impuestos de EE UU y los gastos públicos de Alemania no son compatibles. Por lo tanto: si no queremos renunciar a ciertos gastos hay que subir los ingresos. Y, al tiempo, si no queremos dañar el crecimiento no nos podemos permitir ni una gran subida de impuestos en un corto periodo de tiempo, ni mantener la estructura impositiva actual. En resumen, debemos cambiar desde la raíz la estructura y los procedimientos de gasto público y reformar la fiscalidad. Hoy nos centramos en este segundo aspecto”.

Salvador Esteve, presidente de la Diputación de Barcelona

8. Aliviar a nuestros ojos de la presencia de esos orondos políticos, encantados de tomarnos el pelo:  
La Diputaciónde Barcelona, por ejemplo, “con un presupuesto de 588 millones de euros (un 4,3% menos que el año pasado), destina una tercera parte, 213 millones (un 1% menos) a los sueldos de 4.500 trabajadores. Aquí se incluyen los 14 millones de las nóminas de la cúpula directiva, formada por 150 personas, entre los que hay cargos electos, eventuales (designados a dedo) y altos funcionarios” y cargos de confianza -entre 52 y 65- con sueldos entre 50.000 y 100.000 euros anuales. 
9. Rajoy ha pedido la confianza de los mercados, el respaldo de la UE, el del FMI, por actuar tarde y atemorizado, y ahora también el respaldo de sus electores. ¿Cómo puede hacer recortes tan fuertes sin proponer al mismo tiempo una reforma de la estructura y administración del Estado? La clase política se ha convertido en un lastre para el país.

10. ¿Quién tiene miedo, qué cospedales, de que por fin intervengan al país y nos gobiernen desde fuera? Yo no, que lo hagan, a qué esperan.

domingo, 15 de julio de 2012

La duda (Dubte), en el Grec de Barcelona



            Sitúa el escenario de su drama, La Duda, John Patrick Shanley, en el interior de un colegio dirigido por monjas, en algún barrio de una ciudad americana. Bajo esa duda que anuncia el título se esconden muchas inseguridades morales, no todas de actualidad, aunque sí la principal que es la de la pederastia que tantos dolores de cabeza ha ocasionado a la organización eclesial en los últimos tiempos. Un sacerdote, que es al mismo tiempo profesor del colegio, es acusado por la directora de seducir a un alumno negro. El autor carga las tintas en las circunstancias sociales, religiosas, personales y en el carácter de los dos personajes protagonistas, de modo que en el espectador funcionen los prejuicios que almacena en su mente. La monja directora, una católica puritana y rigorista, concibe la enseñanza como una misión sagrada y por tanto los métodos pedagógicos deben actuar en consecuencia, pero llegado el momento no le importa quebrantar códigos morales con tal de que el mal sea castigado. El cura, más moderno, apela al segundo concilio para justificar sus innovaciones, pero también a la jerarquía cuando le conviene mostrar la autoridad a su oponente para salvar el pellejo. En medio de esos dos caracteres fuertes, arquetípicos, los otros personajes son marionetas que ambos utilizan para defender su posición: la monja joven, profesora del alumno implicado, que tan pronto cree a una como al otro; el niño, que no sale a escena, cuyo problema mayor es integrarse en una clase de blancos, que viene de otros colegios, donde más que el color de su piel, era su afeminamiento lo que le marginaba, y la madre del niño, que se encuentra en el centro de intersecciones: los graves asuntos de su hijo, un marido que utiliza antes la violencia que la inteligencia para adaptarse y, ahora, el que le crean en el colegio, y que como no puede enfrentarse a todos a la vez prioriza entre ellos para escándalo de la directora del centro que ve como no puede tomarla como aliada. Y todos ellos al servicio de la dramatización, todos los personajes juguetes de John Patrick Shanley para zarandear las emociones y los prejuicios propios del espectador.

            Muchos conocimos este drama por la película del propio John Patrick Shanley y por las enormes interpretaciones de Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman. El drama es de 2004 y la peli de 2008, sin embargo la acción la sitúa en el año siguiente al asesinato del presidente Kennedy. Esa circunstancia le sirve al autor para que los asuntos morales que se debaten queden envueltos en un aura de verosimilitud. Entonces chocaba más que ahora una ruptura moral como la planteada en el ámbito de la moral religiosa, eran de más actualidad los problemas asociados a la fe religiosa o la modernización de la iglesia, más debatidas la legitimidad social de las instituciones religiosas y la integración de los negros.

            Ahora, dentro de la programación del Grec de Barcelona, se presenta en el Poliorama una versión de Sílvia Munt, con Rosa Maria Sardà y Ramon Madaula en los roles centrales. El teatro es un espectáculo vivo, influyen el clima, la situación anímica de los actores, el rodaje de la obra. La acabo de ver un día veraniego de mediados de julio. La obra discurre entre la grisura y el aburrimiento, viejos vestidos que se sacan a la luz de un arcón en medio de una cortina de polvo. Creo que tanto la Sardà como Madaula no han conseguido hacerse con el personaje. Muy fría, apagada mejor, la primera, falta de energía, y con poco autocontrol en los momentos cruciales, Madaula, especialmente en la escena más importante, al final, cuando ha de defenderse de las acusaciones de la monja directora. Una actuación que confunde la autodefensa agresiva con una voz por momentos histérica y una gestualidad excesiva. Me han sorprendido sin embargo, agradablemente, las otras dos actrices, Mar Ulldemolins, que está perfecta en su papel de joven monja ingenua llena de buena fe y Nora Navas, la madre del chico, que cuando aparece por primera y única vez en el escenario con su chaqueta roja no sólo rompe el hasta entonces mortecino desarrollo de la obra sino que está perfecta en su breve interpretación de una mujer que vive en silencio su angustia, pero que estalla de ira ante los retorcidos argumentos de la directora que antes que solucionar el problema personal del chico intenta por todos los medios que el escandaloso asunto de la acusación salga a la luz y se lleve por delante lo que haga falta.

lunes, 9 de julio de 2012

Las armas y las letras



            ¿Cómo coincidieron tal cantidad de literatos, artistas y hombres de letras, y tan buenos, en la España del primer tercio del siglo XX? Qué mala suerte que tuvieron -que hemos tenido-, al cruzarse la guerra en su camino. Andrés Trapiello los convoca en Las armas y las letras para ver cómo se comportaron en los cruciales años de 1936 a 1939.  Una obra ésta en constante construcción porque los documentos, las memorias, las cartas, los inéditos no paran de emerger del olvido. Algunos de los escritores de varias generaciones dieron lo mejor de su obra y de su vida en esos años, otros lo peor. Algunos hicieron gestos, como Unamuno en Salamanca, que marcaron de una vez la memoria que de ellos tenemos; a otros se les impuso de tal modo la realidad –Lorca, Miguel Hernández- que su obra es inseparable de la muerte que obtuvieron, y sobre ellos pende el interrogante de cómo nos hubiesen enriquecido sin la guerra; algunos surgieron del anonimato para adueñarse del escenario un instante y luego apagarse -Gálvez, ¿Bergamín?, ¿Foxá?- o para exigir las rentas que según ellos se les debía -Alberti o María Teresa León-; otros navegaron en la indecisión, en el miedo, en la cobardía. Son tantos y tan diversos los casos que cada uno requiere un apunte, situarlos en el contexto para intentar comprenderlos. Desde la lejanía y la otredad es fácil juzgarlos, pero qué sería de los escritores, de los políticos, de los periodistas actuales, de nosotros mismos, si volviese una situación como aquella.

            Recorro las páginas con interés, pero ya sin la avidez que me llevaba antaño a curiosear en la vida de los grandes hombres, a meter el hocico en sus miserias, a juzgar sus yerros. Poco a poco se van diluyendo en el tiempo los hombres que lo fueron todo y pronto sólo serán una nota al pie, una presencia en las historias de la literatura, una curiosidad, por lo que sus debilidades no serán distintas a las de cualquier hombre.

            Las armas y las letras, de Andrés Trapiello -apareció primero en 1994 y luego, otra vez, aumentado en 2010, con constantes reediciones en medio- es la historia de un fracaso, la del pueblo español en los años que van desde 1936 a 1939, y muy especialmente la de sus intelectuales. La obra se abre con el suceso del paraninfo de la universidad de Salamanca, donde el ejemplo de Unamuno -“El hombre más libre que ha dado España”, según Trapiello- enfrentándose a los representantes de la España más negra -Millán Astray- no sirvió como modelo a otros escritores que o bien se entregaron al elogio irracional de las armas o bien intentaron pasar desapercibidos o bien se refugiaron de la trifulca lejos de España, y se cierra con la triste estampa del otro gran escritor digno, Antonio Machado -“Estos días azules y este sol de la infancia”, su último verso-, enfilándose hacia Francia y muriendo junto a su madre en un hotelito de la frontera. Trapiello repasa a los escritores de uno y otro bando de la contienda con ecuanimidad, tratando de comprenderlos en su circunstancia, sin hacer demasiada sangre, porque describir las actitudes que adoptaron ante los hechos basta para juzgarlos. Trapiello trae esta frase de Hannah Arendt: “En las circunstancias imperantes en el Tercer Reich, tan solo los seres excepcionales podían reaccionar normalmente”. 

            En todos los sentidos la guerra fe un desastre, nada la salva -en realidad quien perdió fue la tercera España, es decir, la mayoría de los españoles-, ni siquiera pensar qué habría ocurrido si en vez de ganar Franco hubiese ganado el otro bando. No habría habido menor violencia. Esto le comentaba Azaña -el presidente melancólico- a Sánchez Albornoz, uno de sus pocos incondicionales: “Mire, Albornoz, la guerra está perdida, pero si la ganamos, por milagro, en el primer barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos, si-nos-de-ja-ban”. Los que podían haber representado a la tercera España fueron perseguidos y vilipendiados por unos y otros. De Madariaga decía Foxá: “La nueva España afirmativa, ofensiva, violenta, respeta mil veces más a los rojos que nos combaten cara a cara que a ti, pálido desertor de las dos Españas, híbrido como las mulas, infecundo y miserable”. El enemigo, como señala Trapiello, no era la España roja, sino la otra España, la libre. Madariaga, Ortega, Marañón, Chaves Nogales.

Unas pocas citas:

“Las literaturas de vanguardia siempre encubren políticas de retaguardia” (Unamuno).
 “Ser de izquierdas es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil”. (Ortega).
 “No me interesa esa guerra. Es política”. (James Joyce).
La República pagó a Picasso 200.000 francos por el Guernica, el 10 % de lo que suponía el coste total del pabellón de la Expo Universal de París de 1937 (2 millones de francos). Picasso no perdonó un céntimo”. (Trapiello).

domingo, 8 de julio de 2012

Cansancio



           Qué patético, que cansino resulta oír al presidente una y otra vez la misma cantinela sobre las reformas, qué desesperante verle derrochar, tan rápidamente, la confianza que los españoles le han dado, incapaz de mantener su palabra, de imponerse como había prometido al barullo de las presiones de su partido, de los empresarios, de los periodistas; ofendido, él y los suyos, porque alguien se haya atrevido a llevar al juez la denuncia por las tropelías que la clase política –el PP, el PSOE, IU, los sindicatos, los empresarios- ha cometido en las cajas de ahorro; qué cansancio oír al PSOE diciendo que se opone a las reformas, sean cuales sean, de las que el presidente habla, sin convertirlas en ley, y si lo hace, tan aguadas que no sirven para nada; qué cansancio ver a los sindicatos peleando por mantener sus privilegios y los de sus próximos, esos mineros que se resisten a que se les trate como a los demás; qué desesperanza, ver como una a una las ocasiones se van perdiendo.

viernes, 6 de julio de 2012

El Sunset Limited, de Corman McCarthy



            Si uno esperaba encontrar al final de este texto dialogado, previsible obra teatral, un poco de esperancita, un poco de buen rollito, como tantas otras veces al final de una peli o de una novela en que el autor hace que sus personajes se pregunten sobre el sentido de la vida, va aviado. No cabía esperar otra cosa de Corman McCarthy, pero tal como se desarrolla este diálogo entre Dios y la nada pareciera que habría algún tipo de consenso, algún acuerdo entre dos amigables personas capaces de sentarse a discutir a pesar de sus antecedentes, o precisamente por ellos, pero no sucede nada de eso. Es un diálogo, pues, entre dos personajes, lo que se nos ofrece, un negro y un blanco, que definidos así, esas dos palabras, negro y blanco, llevan detrás camiones cargados de significado.

            El negro pobre tiene detrás una mala vida: drogas, siete años de cárcel, un barrio hediondo; el blanco, un profesor, la desesperanza, después de una vida entregada a la cultura, el arte, la música, la belleza, los libros: “Ese tipo de cosas son las que tienen valor para mí. Son los cimientos de la civilización. O al menos tenían valor antes. Ahora ya no tanto. Ese mundo que en parte ha desaparecido. Pronto habrá desaparecido del todo”. El lector y las primeras páginas parecen entregarse al negro redimido que después de un horrible crimen oye en su interior la voz de Jesús y se alimenta de la buena fe de la biblia que de vez en cuando señala sobre la mesa o enarbola. El lector está dispuesto a ponerse de su parte, por la manera limpia en que parece ver las cosas: “O sea que eres un friqui cultural”, le dice al blanco. Lo importante, afirma, “es estar callado para que Jesús te hable, no ser virtuoso”. “La verdad importante. Que o amas a tu hermano o mueres”.

            La conversación discurre en la casa del negro, una casa pobre, sin apenas nada dentro para que no le roben, en un barrio miserable, entre drogatas. El blanco escucha o parlotea sobre su desesperanza, manifestando que quiere irse, continuamente. Irse para acabar de una vez.
            El blanco profesor escucha, a veces parece tocado por la buena fe de su amigo, que le acaba de salvar en el andén de una estación del Sunset Limited, el tren al que se había arrojado. El negro le hace confesar cosas que le duelen, como que cuando su padre estuvo muy enfermo, cuando se estaba muriendo de cáncer, no fue a verlo, a pesar de que su madre se lo pidió.

            Y así transcurre la obra, el blanco renegando de sus saberes inútiles, el negro contando anécdotas de su dura vida carcelaria, pero quien tiene la palabra final es el blanco, el que no se ha conformado con dejar que la vida le arrollase o le hiciera feliz, sino que ha buscado. Y su palabra es la negrura. Sin más. Dice el blanco profesor “Es un mundo –el que el negro le muestra- que no tiene nada que ver con el que yo conozco. El mundo es un campo de trabajos forzados del que cada equis días sacan a unos cuantos internos –siempre inocentes- a fin de ejecutarlos”. “O el ser humano. Un objeto que se menea con movimientos estúpidos en un vacío inhóspito. Una cosa cuya vida carece de significado”. “Me pregunta de qué soy profesor. Bien, yo profeso la oscuridad”.

            Cuando el negro se queda solo, se lamenta, ante la voz que esta vez no se ha manifestado: “Si querías que le ayudara, ¿cómo es que no me diste las palabras? A él se las diste. Y yo ¿qué?”.

miércoles, 4 de julio de 2012

Enfáticos


foton
Profesores del colegio de Las Mercedarias de Leioa (Bizkaia) al que acudió una víctima de ETA

1. Énfasis. Es un exceso lo que sucede con el fútbol, la sobredosis de adjetivos, la enorme tarta de merengue que se han zampado los españoles estos días. Es posible que el país acabe con una indigestión. También lo es la queja de quienes lo miran desde la torre y se disgustan por el espectáculo plebeyo, cultivando una distancia que les pone a salvo. Como lo es la de los distinguidos que no están con unos o con otros. Estas frases, por ejemplo.


2. El ideario americano:
- “Cuando hay suficiente para todos –dijo el fabricante de clavos-, no se necesita gobierno.
- Pero ¿y los pobres?
- Ningún hombre que trabaje será pobre”.
(Peter Carey; Parrot y Olivier en América)

3. Independentismo. Algunos comentaristas parecen preocupados porque en las encuestas realizadas por la Generalitat de Cataluña aumentan los que se manifiestan deseosos de conseguir la independencia. Pero, lo extraño, lo sorprendente es que no se manifieste como proindependentista el 99% de la población catalana. Pues los que propugnan tal estado de cosas, los nacionalistas, les prometen una vida superior al llegar a la tierra prometida. La promesa debería hacer un efecto parecido al de una guindilla en el culo: correr hacia la independencia. ¿Cómo es que en las encuestan no se llega ni al 50 %?

4. Contaminación. Las víctimas del terrorismo en las aulas. Un colegio concertado, católico, en un municipio de voto nacionalista. Un profesor de Ética de la Universidad de Deusto hablando a los maestros sobre la fundamentación ética de la presencia de las víctimas en las aulas. “Por el ideario del centro, era un programa que encajaba perfectamente, pero sabíamos que debíamos tratarlo con mucho cuidado porque era un asunto delicado. Ha sido un tema que ha estado muy politizado, y en el peor sentido. Tenía una cierta contaminación”. (Edurne Bilbao, tutora de 4º de la ESO). Hay que leer ese reportaje al completo: las sentinas del País Vasco.

5. Soplones. Se desgarran la piel y los cabellos algunos españoles por la amnistía fiscal que ofrece el gobierno a cambio de que aflore el dinero que tanto necesita el país para volver a levantarse. La política es pragmatismo. Miremos lo que sucede un poco más allá. Fueron unos soplones a cambio de dinero los que pusieron al gobierno americano detrás de los abusos de de la farmacéutica Glaxo en la promoción de sus fármacos (multa de 2.400 millones de euros sobre unos ingresos de 17.543 millones). Traidores llama el ex consejero de Barclays a quienes han manipulado los tipos de interés en beneficio del banco, por lo que este ha tenido que pagar una fuerte multa. También en este caso alguien ha tenido que irse de la lengua a cambio de beneficios personales.

lunes, 2 de julio de 2012

El Nacional, de Joglars


            



            En varias ocasiones, en distintas ciudades, he querido ver El Nacional de Boadella y los suyos. Quizá, si no me había decidido era por una cierta desconfianza. Las últimas obras, del segundo periodo de Els Joglars, no me habían convencido y hasta en ocasiones me han aburrido. Así que ha tenido que ser en unas fiestas patronales, quizá en la última ocasión, cuando por fin he comprado la entrada, no barata, por cierto, para ver esta obra. No me arrepiento, El Nacional, es uno de los mayores logros de Boadella.

   Boadella es heredero del histrionismo español, del humor de sal gruesa y burlesco y no siempre ha acertado; sus obras se quedaban en las burlas, pero no conseguían, desde mi punto de vista, ir más allá, convertirse en un puñetazo donde más dolía. Boadella es heredero del Buñuel de Viridiana, de Valle-Inclán, del teatro de los años treinta. No he visto una de sus más aclamadas, Ubú/Pujol, así que no puedo juzgar el conjunto de sus obras, pero en esta, El Nacional, el burlesco se convierte en gran teatro, la burla, la descripción del sector que quiere poner en ridículo y la poesía en escena se combinan para hacer disfrutar y reflexionar al espectador.

            Esta obra es como una segunda versión de la que estrenó en 1993, adaptada a la actual situación de crisis. Hacía falta poner en ridículo esos espectáculos pomposos, artificiales y muy subvencionados que se montan en el gran teatro oficial, especialmente la ópera. Sobre el escenario, Boadella presenta el coso de uno de esos teatros, el que da nombre a la obra –El Teatro Nacional de la Ópera-, que tras la ruina que ha generado la crisis, sin subvenciones, y como único habitante el conserje que oye los ecos de los grandes espectáculos del pasado. El viejo conserje decide hacer un último montaje, una reconstrucción de un Rigoletto de Shakespeare, con actores escogidos entre mendigos y músicos callejeros, mientras en la calle se oye el ruido de las máquinas listas para demoler el edificio. El objetivo es que los actores, incontaminados por aquello que acabó con el teatro auténtico del pasado: el divismo, el realismo, la improvisación, sean capaces de hacer surgir de la nada la vida que el teatro veraz pone sobre las tablas, la vida que surge no de la copia de la propia vida sino de la imaginación y el trabajo basado en el artificio, la interpretación y los guiones bien trabajados. Se ve con claridad cuál es el programa de Boadella y cuáles son las fantasmas que quiere derrotar. Los enumera varias veces, los ridiculiza, hace guiños al público entregado y harto como él de las falsas reputaciones, del autobombo y del dinero tirado durante todos estos años en espectáculos de los que han disfrutado unos pocos y que en realidad no merecían la pena. Ahí está por ejemplo el moribundo cine español y las exquisitas moderneces que se presentan en El Liceo o en el Real de Madrid para unos pocos privilegiados.

            Y todo eso lo cuenta Boadella con gran inteligencia, sin cargar demasiado en la astracanada, combinando el humor con la poesía, en especial en la reconstrucción, con unos pocos músicos –tres- y sólo dos voces, de los ecos del pasado. Hay momentos geniales, en que es capaz de erizar la piel de emoción, cuando con esos poquísimos medios de que dispone evoca grandes arias de ópera. También cuenta con buenos actores y músicos, empezando por Ramón Fontseré, el alter ego de Boadella, Jesús Agelet o los actores cantantes Begoña Alberdi o Enrique Sánchez-Ramos. Una gozada.