Probablemente sea una impresión equivocada, la de que el paisaje olivar de Jaén es más hermoso que el cordobés. Ambos son paisajes humanizados, la transformación de la naturaleza por el hombre. Pertenecen a épocas diferentes. El de Jaén es el olivar histórico. Terrenos cultivados por la familia que abastecían una economía familiar. Los olivos salpican un campo extenso, el suelo limpio, los olivos ocupando un espacio en el que puedan respirar, cada uno, un individuo particular. El olivar en un mar de ondulaciones congeladas. Los olivares que estoy viendo en Córdoba son como una granja de pollos. Industrializados, apretados en hileras geométricas, recortados, sin aire. Nada digno de ver.
En consonancia los caminos de hoy son apestosos, llenos de cardos y broza - el peligro de los abrojos - mal trazados y peor cuidados, con rampas en las que había que desmontar y arrastrar la bici cuesta arriba. Al final, llegados a Santa Cruz, hemos optado, hoy domingo, por coger la carretera, acompañados por un grupeto de cordobeses que se dirigían al Rocío.
Córdoba está llena de turistas, pero no se puede decir que sea cosmopolita a la manera de Granada. Quizá el asfixiante calor, quizá el turismo cultural más acentuado. Ambas Granada y Córdoba tienen un nombre fijado por la historia, atadas a él, difícil de cambiar. Granada es más juvenil y universitaria Córdoba es el mogollón turístico con una buena proporción de turismo familiar andaluz y español.
También en Córdoba se ven mujeres jóvenes veladas con el hiyab, modernas y turistas, incluso hacen un movimiento corporal cuando oyen música callejera, pero sin embargo el signo de identidad prevalece, se nota el afán exhibicionista. Como en cualquier otro movimiento sectario del alma, uno no se hace objeto separado de la propia subjetividad fácilmente.
Como hemos llegado con tiempo, hacemos una visita a Medina Azahara, la ciudad palacio que se hizo construir Abderramán III en las faldas de Sierra morena. Aunque no estaba preparado para disfrutarla por falta de tiempo, mentalidad y el agobiante calor, he visto las semejanzas con los monumentos islámicos asiáticos, la fuerte impresión de estar en Oriente Medio. La tarde la hemos dedicado al rico tapeo. Qué ricas las berenjenas con miel y el tomate de huerta con burrata.

















