Desde Hinojosa del Duque hasta Campanario los caminos son fáciles de rodar. Eso sí, las bicis acumulan una buena capa de polvo. Lo peor, como nos habían advertido, los abrojos. Tarde o temprano tenía que pinchar, el temor de todo ciclista. Cambia el paisaje, desaparecen los olivares o quedan algunos con aire desnutrido, les sobra espacio. En su lugar, a un lado aparecen las dehesas con encinas grandes, fornidas, y al otro campos resecos de cereal. Aún así se ven grandes superficies replantadas: olivos, pero también otras plantas que no acierto a adivinar.
Desde Monterrubio vamos rodando, un rato por una carretera vieja y otro por caminos, a Castuera, capital de la comarca de La Serena. En el parque un grupo de mozalbetes disfruta de la hora del recreo. Un espejismo. Trabamos conversa con un hombre de la localidad. No le he pedido el nombre porque sus ganas de hablar eran tantas que apenas he podido preguntar algo. El lamento sobre la situación de la comarca: los jóvenes se van - su hijo arquitecto -, las defunciones aumentan. La industria tradicional va cerrando fábricas, las queserías, los jamones. Todavía se mantiene el ganado ovino que produce el famoso queso de la Serena.
No hay tanta inmigración como en otras zonas de España, pero sí alguna. Mujeres latinas que vienen a cuidar a los viejos mientras sus hombres trabajan en el campo. El hombre tiene muy mala opinión sobre las mujeres marroquíes, que cobran sin hacer nada. Nos da ejemplos concretos. A pesar de mirar el GPS para partir, el hombre sigue hablando. Necesita desahogarse. Se lamenta que Villanueva de la Serena y Don Benito no se unificaran para hacer viable, demográfica y económicamente, la región convirtiéndola en la tercera provincia extremeña.
Nuestra primera intención era quedarnos en Castuera, pero hemos seguido rodando hasta Campanario para que la ruta de mañana hasta Mérida no sea tan kilométrica. Paramos en un llamado Albergue de la Estación, la estación convertida en albergue turístico. Merece la pena pasar unas horas aquí, observando y oyendo la naturaleza, las tórtolas sobre todo, una pareja de cuervos, gatos famélicos, el silencio raramente interrumpido por los pocos trenes que aún pasan.
Leo la persona que lleva el albergue cuida hasta el último detalle. Una escenografía coqueta. No he visto ningún albergue igual. También dispone de un amplio restaurante al lado. Por la tarde cuando ya no quedan clientes se queda de charla con nosotros. Es colombiana. Pasó por Villaverde y Vallecas. Odontóloga, por necesidad se dedica a la restauración. Su pareja es de Campanario, por eso pudo montar este negocio. Se nota que le va bien. Inquieta, no se conforma. Tienes tres hijos repartidos por Europa, lo que significa que los inmigrantes que llegan a España si son hábiles buscan oportunidades fuera, no se quedan. Quien pierde oportunidades es España.





























