viernes, 30 de octubre de 2026

El castillo

                             



El sórdido mundo de la prostitución. Mujeres jóvenes, algunas madres con hijos, incluso menores, algunas reclutadas con engaños, otras de forma voluntaria por necesidad, todas explotadas sexualmente, forzadas a trabajar en horarios extenuantes, con los pasaportes retenidos hasta pagar una supuesta deuda contraída por el hecho de venir a España desde sus países (Brasil, Colombia, Rumanía), una deuda que se incrementa a diario por las causas más inverosímiles: pagar a un médico y a un abogado, pagar las sábanas que utilizan en el oficio, la comida, la cama, los gastos más comunes. 

 

No sé si fue la época dorada de la prostitución en España, la de los clubs de carretera en los años 90 y 2000, pero esa es la que la serie El castillo refleja. La época de los grandes prostíbulos en la costa levantina y en la frontera con Francia. Chulos de rostro y maneras patibularias convertidos en empresarios del sexo, que se asociaron en limpias organizaciones con abogados que blanqueaban sus negocios, en ambigua relación con policías y concejales. 

 

Una época en la que la sociedad no veía con malos ojos la prostitución: los novelistas alardeaban de sus servicios en las llamadas novelas de aprendizaje, aquella vez en que un tío los inició, cuando el adolescente perdía el miedo ante una mujer mayor ‘servicial’ y ‘cariñosa’, la época en que las mujeres de la vida, como se decía entonces, se ofrecían en los arcenes de la carretera a cualquiera que parase el coche para hacer un trato de sexo a cambio de varios billetes de mil pesetas.

 

Durante las dos últimas décadas la sociedad ha dado un giro moral en muchas cosas. Entre ellas el sexo comercial que ahora se ve sucio. El castillo es una serie reciente de Movistar. Para mostrar la sordidez que asocia al sexo - esa es la perspectiva - adopta los estilemas del falso documental, como si una cámara oculta rastrease un mundo que se aparta de la luz, como si los actores - chicas prostituidas, proxenetas, policías, puteros - no fuesen profesionales sino cogidos por sorpresa en sus oscuros negocios, como si los escenarios no hubiesen sido preparados, como si las charlas, la violencia implícita y explícita, la trata, la sórdida cotidianeidad hubiese sido captada in situ. Hasta el grano de la filmación difiere de la limpia imagen digital de las grandes series.

 

La idea es buena, pero llevarla a la práctica es otra cosa. A menudo la espontaneidad de los actores chirría, solo unos pocos saben simular (notablemente Raúl Arévalo y Valentina Vidal). En algunos casos, se lleva tan al límite que ofende a la vista, especialmente en el último capítulo en el inverosímil personaje de la jueza. Pero ya digo que la idea es buena. Lo que sucede con este tipo de series, ya sean documentales o de ficción, es que siempre llegan tarde: las buenas series y películas son aquellas que permiten al espectador enjuiciar la realidad del presente, pero para eso se necesita valentía.

 


jueves, 29 de octubre de 2026

28 de octubre

 

Ayer, 28 de octubre, hacía cuarenta y cuatro años exactos de la toma del poder de Felipe González (aquel PSOE). Yo le voté por esta frase: “Que España funcione”. Vaya si funcionó: la educación dio un vuelco (con qué ilusión nos incorporamos muchos a ese proyecto de país), España se sintió orgullosa de su sanidad (qué maravilla el sistema nacional de trasplantes), el país se llenó de autovías, se inauguró la línea de alta velocidad Madrid Sevilla, qué escaparate las olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla. Entrábamos en Europa con respeto y admiración en las dos direcciones. “Que España funcione”.

 


martes, 27 de octubre de 2026

Móvil

 


 Doy vueltas alrededor del salón tratando de poner orden en el vaivén de lo que pasa por mi mente. Lo hago sabiendo en qué lugar preciso tengo el móvil. Ahora mismo lo tengo en la mano izquierda mientras dicto con voz. Un experimento reciente muestra que somos menos capaces intelectualmente si el móvil está a nuestra disposición. Las pruebas experimentaban con el móvil en la habitación, con el móvil boca abajo y con el móvil no disponible en otra habitación. La inteligencia solo espabilaba cuando el móvil estaba lejos, no disponible. 

 

Sin duda el móvil es el gadget tecnológico más disruptivo en siglos. Pone el mundo a nuestra mano a un clic. Al final el vaivén se ha detenido en las imágenes de las ciudades incendiadas: adolescentes asaltando tiendas de objetos informáticos. La pulsión del adolescente es conseguir lo que quiere ya. Así que si obtiene el permiso de la autoridad - en las redes le han dicho ‘Sal de casa al caer la tarde y asalta MediaMark, Pc componentes y Apple’ -, y él obedece. El mundo que está surgiendo es el de la obtención del placer con solo querer. El trabajo, el mérito y la responsabilidad son prácticas y valores de un mundo que está caducando. 

 

Dentro de no mucho tendrás un depósito mensual de tokens para gastar a voluntad. No tendrás que hacer nada. El simple hecho de existir te irá llenando el depósito como el respirar te llena los pulmones. El problema será qué hacer con el tiempo sobrante, que será todo el tiempo. Salir de casa será un problema, el mismo hecho de traspasar la puerta de la habitación requiere esfuerzo. En la habitación el adolescente tendrá todos los objetos que le han incitado a poseer. Pero ¿qué hará con ellos? No sabrá qué hacer con las manos ni con el cuerpo inmovilizados por tanto tiempo estar sentado. No tendrá siquiera que convocar con la voz el flujo de imágenes y sonidos que le llegan puesto que ha dado tantas pistas sobre la alquimia de su cerebro que todo lo que ve y oye está dirigido a él, a él personalmente. No se para a pensar si lo que desea y lo que le da placer surge del fondo oscuro de su fábrica cerebral o son deseos e impulsos inducidos desde el mundo virtual en el que vive. 

 

Así que cabe preguntarse a quién sirven esos chicos asalta tiendas de París, Bilbao o Barcelona. Qué pulsión los mueve, qué o quién les incita. 

 

La humanidad siempre ha encontrado salidas en los momentos críticos. Si estiramos la metáfora del adolescente asalta tiendas, el mundo que oscurece en el horizonte es de un pesimismo atroz. Un mundo de lobos solitarios encerrados en su habitación: salir a la calle embozados y de negro es una descarga adrenalínica temporal. El placer onanístico del adolescente se agota en sí mismo, acaba en frustración, en vacío existencial. Un mundo vaciado de comunidad. 

 

El adolescente que no se ha esforzado en trabajar no tiene fuerzas para contactar con una chica y salir con ella. Un esfuerzo agotador buscar pareja. Prefiere no hacerlo. Por su cabeza no pasa tener hijos, criarlos y educarlos. La civilización canina es una etapa de transición. Pero como digo, la humanidad siempre ha encontrado salidas en los momentos críticos. A que sí.

 


martes, 20 de octubre de 2026

Turno de guardia e Incontrolable

 


 

Uno agradece la charla con amigos o desconocidos que fluye indeterminada. No siempre es así, sino más bien al contrario. Es fácil que, aunque la charla comience con un tema neutro o desenfadado, vaya derivando hacia las fijaciones mentales de cada cual. Damos por supuesto que nuestro interlocutor piensa como nosotros y soltamos la frase, el eslogan, el meme que refuerce la idea preconcebida, fijada, la forma destilada de la verdad en la que creemos. Enfatizamos. Lo que a mi entender no es una muestra de seguridad, sino todo lo contrario. Buscamos, como el escalador, un hueco, un resalte en la pared al que agarrarnos para descansar un poco antes de seguir hacia arriba, temerosos de perder fuerza y caer al vacío.

 

El recurso al énfasis es un síntoma del presente. Lo hallamos en el discurso político que ha perdido toda espontaneidad, como si estuviésemos al final de un ciclo. Ya no estamos en el tiempo de la paloma blanca que salía de las manos de un niño disparada hacia el futuro. Estamos en el tiempo de los viejos carcamales – no es cuestión de edad - agarrados a la poltrona. Se ha levantado una punta de la alfombra y debajo todo huele a podrido.

 

También el énfasis sumerge las actividades creativas: el hallazgo técnico sobredimensionado, el marketing glorificando naderías, el exhibicionismo del creador. Por eso se agradece una novela, un ensayo, una exposición de fotografía, una película donde se muestra el objeto desnudo, el lenguaje de sujeto y predicado, la experiencia humana sin aditivos. 

 

Así en esta película suiza, Turno de guardia. Vemos el duro, extenuante trabajo de una enfermera durante su jornada laboral en su turno de noche. Lo vemos en la sucesión de escenas cuando acude en auxilio de los pacientes ingresados. La comprendemos y empatizamos con su dura labor, no porque se queje, nos lo diga en un monólogo o lo cuente en una conversación con sus compañeros. Ni siquiera es excesiva en sus gestos, en una época en que se alaba y premia el histrionismo. Es una película en la línea de la serie The Pitt, aunque podada de todas las palabras que sobran. 

 

Supongo que en algún momento haremos una pausa, respiraremos profundamente y encontraremos el sosiego que nos falta.

 


Incontrolable

 

Si Turno de guardia es suiza, Incontrolable es una película británica. Tiene su parte sentimental más que enfática, quizá inevitable por el tema que aborda, el síndrome de Tourette, pero está tan bien rodada, tan bien interpretada que se le perdona. Quien ha convivido con personas que lo padecen sabe lo difícil que es. La película lo muestra con seriedad y respeto.

 


lunes, 19 de octubre de 2026

El Louvre y la Europa de la promesa

 


 

El sábado y el domingo el Louvre cerró sus puertas. Los visitantes extranjeros y de la provincia francesa que habían acudido a la capital con la intención de ver las obras maestras del pasado se quedaron con las ganas. Esta pregunta es legítima: ¿Si hubiesen podido los manifestantes del sábado habrían vandalizado el museo?

 

¿Qué les dicen a muchos de ellos un Delacroix, un Rafael, un Goya? Pinturas de una burguesía, de una época y de un país de los que no saben nada. Quizá algunos las viesen como una mercancía cambiable y otros como un símbolo del poder que los oprime - su comportamiento está diciendo que se sienten víctimas - o, en todo caso, como hitos de un país extraño, que no ven como suyo.

 

En primer lugar, habría que distinguir entre manifestantes y vándalos. En segundo lugar, habría que preguntar qué mueve al segundo grupo. Están los años jóvenes de la adrenalina y la testosterona, la energía sobrante. Está, sin duda, el sentimiento de injusticia frente a la riqueza que unos pocos acumulan o al bienestar menguante de una clase media a la que no pertenecen, en contraste con la nada o poco que ellos poseen (Mira como arramblan con los objetos de las tiendas de lujo). Algunos hablan de los 'desposeídos de la tierra', pero no se puede desposeer a quien nada tiene.

 

Y están, por supuesto, las expectativas defraudadas: muchos acuden a la Europa de la promesa, la que ven en los reportajes, las fotografías, las series, la publicidad del 'dorado europeo'. Una información que no se procesa: bastaba con llegar a cualquier punto de América para encontrar minas y ciudades de oro y plata, todo estaba a mano.

 

Y por supuesto también están los años de formación: la familia, la escuela, la Iglesia o la mezquita, el ecosistema mediático. Tanto si eres un recién llegado (tu mochila cultural) o de segunda o tercera generación (la degradación irresistible del sistema educativo europeo).

 

Europa durante décadas ha estado mirando al pasado, exhibiendo en grandes y costosísimas exposiciones la grandeza de sus mitos. Museos, catedrales y tiendas chic. Y fútbol, mucho fútbol. El futuro de Europa estaba en el pasado, ¿sigue estando? Los ricos y de clase media de otras latitudes y los jóvenes de la promesa acudían como moscas al panal de rica miel. Las élites políticas y de los negocios querían a los primeros. En la retórica de la construcción de Europa los segundos aparecen como el sustento necesario de las pensiones de los avejentados europeos. 

 

Todo bajo el paraguas de la superioridad moral, las 'creencias de lujo', que según el psicólogo Rob Henderson sirven para otorgar estatus a las clases altas a bajo costo - que parte de la clase media asume - y que raramente aplican a sus propias vidas, pero cuyas consecuencias recaen inexorablemente sobre los desfavorecidos.

 

Francia, Europa tiene que proponerse como prioridad que los nuevos inmigrantes o los de segunda o tercera generación sientan como suyo el contrato social que los convierte en ciudadanos: educación, empleo y contribución mediante impuestos.

 


sábado, 17 de octubre de 2026

14. Turquía, impresiones

 

 


Hay lugares que visitamos para comprenderlos: qué sucedió para presentar la cara que vemos; o porque queremos imbuirnos del espíritu que su atmósfera exuda: si damos crédito a las atmósferas de espiritualidad o misterio que les suponemos; o porque queremos captar el tránsito humano que ha ido cambiando el lugar, añadiendo capas de humanidad.

lunes, 12 de octubre de 2026

13. Capadocia: globos, iglesias rupestres y ciudades subterráneas

 


Cuesta comprender la geomorfología de este lugar en el que hemos aterrizado como turistas. Capadocia. La zona que se fotografía es el llamado Triángulo de las Hadas (Göreme, Uçhisar, Ürgüp, Avanos y Çavuşin). Nos hospedamos en Ortahisar, a un paso de esos lugares. Lo que atrae al turismo son las formas del paisaje modelado por el vulcanismo, la sedimentación y la erosión a lo largo de millones de años.