1. Hacen falta más de dos horas de bus para llegar a Leshan desde Chengdu, en la región de Sichuan. En Leshan ("La alegría de la montaña") confluyen tres Ríos (Min, Qingyi y Dadu) que históricamente causaron grandes inundaciones. Ahora sus tres millones de habitantes están protegidos gracias a la pericia del monje Hai Tong, que ideó un sistema para conducir las aguas a través de un gran buda sentado (Maitreya), tallado en un acantilado de piedra roja, en la confluencia de los tres ríos. Fue en el 713 d.C. durante la dinastía Tang, y durante 90 años, y gracias a un sistema de donaciones cuando se construyó (71 m. de altura, los pies 8,5 m de largo y las uñas del tamaño de un colchón). Un ingenioso sistema de drenaje interno por el cabello, orejas y ropa lo ha protegido durante 1.200 años. Se ve desde un ferry que te acerca al pie de la estatua. Patrimonio de la humanidad.
Cuenta la leyenda que un funcionario quiso quedarse con las donaciones, pero que el monje para demostrarle que resistiría las presiones se sacó los dos ojos.
Este hermoso lugar, conocido como la tierra de la abundancia, productor de mandarinas, arroz, trigo, melocotones, uvas y kiwi, se convirtió durante la edad de oro de los Tang en residencia de pintores, poetas, monjes y filósofos taoístas.
2. Huanglongxi ("Corriente del Dragón Amarillo"), a hora y media de Leshan, es una ciudad histórica de 1.700 años. Ahí comemos y damos un paseo por un pueblo de casas de madera con el típico alero saliente y puntiagudo, calles empedradas de las dinastías Ming y Quing, un riachuelo encauzado con piedras esculpidas y bordeado por seis árboles banianos milenarios. Como puerto fluvial a orillas del río Fuhe atrajo a comerciantes y monjes budistas y taoístas y ahora a turistas que buscan tipismo, gastronomía y un pintoresco paisaje acuático. Aquí se han rodado producciones históricas.
En un monasterio hermosamente adornado con flores y figuras del panteón budista trabamos conversación con dos monjes muy sonrientes, maestro y discípulo, nos dicen, tan curiosos como nosotros por saber qué nos mueve de un lado a otro del mundo.
Sin apenas visitantes hoy, pasados los fastos de la luna llena, el paseo por el puerto, las callejuelas y los remansos del rio (la 'joya serena de Sichuan'), por puentecillos y breves escaleras, junto a viejecillos sentados a la entrada de sus casas, por restaurantes y tiendas de recuerdos vacías a esta hora de la tarde, nos llena de paz, algo que hasta ahora no habíamos encontrado en este enorme país.
3. Al caer la tarde, por el margen del río Jin (Jin Jiang), de vuelta en Chengdu, vamos al encuentro la Calle Antigua Jinli, una zona peatonal de medio km, que combina una remozada arquitectura tradicional, de la dinastía Qing, con una decoración tipo Disney y gastronomía Michelín, tiendas de artesanía de lujo y comida callejera, casas de té y farolillos rojos. Más allá de la calle peatonal, por el barrio pululan monje budistas y mujeres con velo musulmán.



















































