De la época de los Comenenos, la iglesia ortodoxa de Santa Sofía, del siglo XIII, es la joya arquitectónica de Trebisonda, testigo de los sucesivos poderes que la tomaron y transformaron. De los Comnenos bizantinos es la planta de cruz griega y las deterioradas pinturas, por la cubrición con cal cuando los selyúcidas la transformaron en mezquita. Medallones con suras del Corán dan testimonio de ese momento.
En el exterior, a un lado el antiguo cementerio, revertido en césped, las lápidas bizantino ortodoxas, al otro, en una de las paredes laterales, las lápidas islámicas otomanas: con turbante de funcionarios o eruditos las masculinas, con motivos florales, que suelen indicar el número de hijos, las femeninas. Esto dice una característica:
Él [Dios] es el Eterno
Los árboles dan fruto, mas yo no llegué a dar el mío;
sin haberme saciado de mi juventud, no alcancé mi deseo.
Sea la paz sobre los hermanos que me visiten,
y recítese una Fatiha por el descanso de mi alma.
En el año [p. ej., 1254 H. / 1838 d. C.]
Junto a cada una de las lápidas verticales suele haber un huequecillo lleno de agua para que los pájaros abreven y de ese modo el alma del creyente vaya liberándose poco a poco de la tierra y del fuego y se acerque al paraíso. El fuego es la señal de lo peor de la vida para un musulmán. El fuego representa el castigo del infierno (Jahannam), una advertencia sobre las consecuencias de las malas acciones
Monasterio de Sumela
Bajo un cielo gris subimos por las cerradas curvas de un cañón de paredes verticales que nos lleva al monasterio ortodoxo georgiano de Sumela.
El monasterio de Panagia de Sumela (roca negra), dedicado a la Virgen, fue construido en la época del emperador Teodosio en un monte escarpado, a 1200 metros de altura, en las montañas al sur de Trebisonda. Hoy es museo en restauración. Me recuerda a Montserrat.
Arruinado y restaurado en varias ocasiones. El general Belisario, que aparece en los frescos de Ravena con Justiniano, hizo la más importante. En 1923 fue abandonado cuando los griegos - se nos dice que en un supuesto intercambio de población - ya habían huido hacia Grecia.
Entre 1912 y 1922, entre la Primera Guerra Mundial y el final de la guerra grecoturca, los griegos póntícos sufrieran violencia y deportaciones. Se habla del genocidio póntico o griego: masacres, marchas de la muerte, trabajos forzados y deportaciones masivas (entre 300 000 y 700 000 griegos otomanos murieron). Solo en 1923 se llegó a un acuerdo de intercambio de población. Afectaba a la pertenencia religiosa, no a la lengua o etnia, pero para entonces la mayoría de la población griega de Anatolia ya había huido o había sido exterminada.
El monasterio fue abandonado en ese 1923. Los monjes no pudieron llevarse nada consigo. Se cuenta que bajo el suelo de una capilla enterraron el icono más famoso (el de la Virgen) y que en 1930 el monje Ambrosio lo recuperó y lo llevó al nuevo monasterio de Panagia ("Toda Santa"), en el Monte Vermion, en la Macedonia griega.
El lugar, las capillas excavadas en roca, la pintura bizantina destrozada, con saña los ojos y el rostro, de las figuras de la iconografía cristiana, por iconoclastas musulmanes de toda época, envuelto en llovizna cuando llegamos y en niebla cuando partimos, emana una atmósfera mágica a su alrededor. Cuentan que en los últimos tiempos ha vuelto la peregrinación ortodoxa griega y rusa, pero lo que veo son hombres con el tesbih o rosario de cuentas, típico de los musulmanes, y mujeres veladas, bastantes de ellas con el hábito negro que las cubre de arriba abajo salvo una parte de la cara.
Como suele ocurrir con los centros de peregrinación, el paso de los peregrinos modifica la atmósfera del lugar, un intangible palpable, bien es verdad que el visitante, sea peregrino o turísta, va preparado para que le suceda esa sensación.
Llegando a Erzurum desde Trabzon, la sensación de maravilla. Atravesando la cordillera de los Póntícos Orientales, de origen volcánico, la humedad del Mar Negro desaparece, ya no hay bosques, sino un paisaje que va perdiendo la vegetación hasta convertirse en árido. Al cruzar los túneles hacia el sur el clima es continental seco con fuertes contrastes térmicos, noche/día, invierno/verano, nos dice Uğur.
Las nubes arden cuando el sol del atardecer las atraviesa, rebotando en las cumbres, revelando el color de las margas, lutitas y tufas volcánicas. Los ocres, grises, marrones y rojizos visten las pendientes desnudas. Cerca de Erzurum cuando el paisaje se hace llanura los tonos clarean en cremas y amarillos. No tengo palabras para describir lo que estoy viendo.




















