Todo
lo que rodea el fútbol es mentira e intoxicación: si uno se entrega de buena fe
coge una grave enfermedad (diabetes del espíritu: azúcar dulces grasa); el
fútbol era la diversión de doce chavales contra otros doce en el patio del
colegio, ahora hay estrellas o estrellitas a quienes enfoca la cámara para
mostrar cualquier movimiento de cintura, en general, individuos egoístas, tan
insolidarios que todos los demás han de estar a su servicio y, en consecuencia,
al no jugar para el equipo, los convierte en perdedores. El mundial comenzó con
un premio a Trump: los mangantes de la FIFA que se hacen inmensamente ricos por
un trabajo que podría hacer un niño de 12 años, lo crearon exprofeso para dárselo
a ese botarate. En cada partido dan un premio al mejor jugador, el MVP.
Pero
no se lo dan al mejor. Todos vemos quienes son los dos o tres mejores candidatos,
pero se lo dan a la ‘estrella’ porque sí. Hay algo tan perverso como los
dirigentes de la FIFA y las estrellas, los periodistas: a lo que más se parecen
es a los buhoneros charlatanes sacamuelas o alquimistas de las películas del
Oeste o los mercados medievales. Nos quieren hacer creer que lo que vemos no es
lo que ocurre, sino lo que sale de su imaginación calenturienta. Los cámaras y
los realizadores televisivos son iguales o peores. Puedo atestiguar que durante
el último partido la cámara se fijó varias veces, en interminables segundos, en
una cantante famosa y luego en una pareja de actores dando saltitos mientras en
el campo de fútbol se desarrollaba una jugada prometedora que no podíamos ver.
Solo
en parte puedes abstenerte de las grasas acumuladas en torno al fútbol: puedes
quitar la voz para no oír al locutor que continuamente, sin venir a cuento,
habla de las magnificencias de la cadena que le paga; puedes enchufar la tele
en el momento preciso en que comienza el partido y apagar cuando el árbitro
pita al final para no enfermar con los pútridos comentarios de locutores y
analistas; puedes saltarte todas las páginas basura que los periódicos
generalistas dedican al fútbol.
El
fútbol actual es un amaneramiento musculado en el gimnasio. Los partidos del
mundial son aburridísimos. Además, se han inventado eso que se llama 'pausa de
hidratación, que en realidad es pausa publicitaria. Al fútbol, entre las cuotas
desorbitadas que hay que pagar para verlo, la conversión de los futbolistas en
estrellas mediáticas y la publicidad, lo han matado, ya no es el deporte
popular que fue.
El
fútbol te da últimamente pocas alegrías, una de ellas es cuando un equipo
modesto apea a una selección llena de estrellas.
