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lunes, 24 de diciembre de 2018

Buenos deseos con buenos datos





Si este es el día del año del optimismo y los buenos deseos, aquí, entre otros muchos, algunos datos para reforzarlo:

En los últimos 20 años la pobreza mundial se ha reducido a la mitad.El 90% de los niños del mundo están vacunados.
El 85% de los seres humanos tiene acceso a electricidad.
193 países de los 194 existentes reconocen a las mujeres el derecho al voto.España es el segundo país de la UE con la menor tasa de homicidios (0,63%), detrás de Austria. (Holanda, Suecia, Alemania, Dinamarca, Francia o Finlandia tienen una tasa mayor), y muy cerca de Japón, el país considerado más seguro del mundo.


lunes, 17 de diciembre de 2018

Necesidad de una teoría



“Varios sondeos y trabajos de campo señalan que los chalecos amarillos tienen sus mayores apoyos entres los obreros, parados y empleados con bajos salios. Pero también hay pequeños empresarios autónomos. Un estudio sobre el terreno realizado por un colectivo de politólogos, sociólogos y geógrafos revela que sus ingresos medios son de 1.700 euros mensuales, un 30% menos que los ingresos medianos de todo el país”.

        A estas alturas todo el mundo sabe que las líneas de fractura son la globalización y la automatización de los procesos. Eso lo cambia todo. La sociedad está mutando a toda velocidad. La clase media es una entelequia, está recorrida por intereses diversos y lo que es peor no hay quien la represente. Buena parte de la población está viendo mermados sus ingresos, cuando tiene la suerte de tener un trabajo: precario, mal pagado, horariamente desordenado. Para nada le sirve a la población joven la formación convencional, no le asegura una profesión bien remunerada para el resto de su vida. Ante un horizonte tan poco prometedor pocos se arriesgan a crear una familia con hijos. Las tasas de reposición poblacionales han caído en España a su índice más bajo, también en Europa. El mundo de sus creencias, sustituido por el hervor mediático de las pujantes identidades minoritarias se desacredita (“panda de deplorables”), se desmorona. Sería fácil resumir: una civilización que fenece. El pacto socialdemócrata entre clase media y partidos del bienestar se ha roto: vosotros nos aseguráis un mínimo de condiciones vitales y un nivel de vida que va mejorando en cada generación y os dejamos que gobernéis. La parte de la clase media que ve el horizonte negro ha dejado de confiar en las élites (analistas, políticos, periodistas, líderes de opinión). Mientras la bonanza alcanzaba a la mayoría, aunque de forma decreciente en la estratificación social, se aceptaba que las élites organizasen la sociedad, en primer lugar en su propio beneficio. Ahora se tolera muy mal la corrupción, el nepotismo, el amiguismo. Crisis de representación, lo llaman. El 15-M fue un indicio del malestar, como lo es ahora la crisis de los chalecos amarillos franceses (que no acepta que nadie los represente). Aquí se creyó que los advenedizos que se arrogaron la representación del 15-M revitalizarían el sistema. Ya han visto que el malestar continúa y que aparecen nuevos agentes que dicen representarlo (Andalucía), pero en ambos casos son vueltas a viejas propuestas para un público que ya no existe. Durante un tiempo el mundo político estará revuelto (Brexit, Trump, 5 Estrellas y Liga Norte, Independentismo, Podemos, Vox), irá mutando de piel. La parte de la población descontenta seguirá probando, mostrando su malestar. Pero nadie sabe qué va a ocurrir, cómo se detendrá esta agitación, como se remansarán las aguas. Aunque lo enunciado solo es una parte del problema. Queda la parte más dura y quizá sangrienta, cuando una parte importante de la población se quede sin trabajo pero también sin un sentido que dar a su vida, como consecuencia de la automatización de los procesos laborales, quizá algo más alarmante que eso.

          Es patética la queja de los analistas porque la sociedad ha dejado de responder a sus análisis, de creer en sus diagnósticos, de aceptar sus propuestas. La desconfianza en las élites ha extendido la sospecha de que los representantes del pueblo en las instituciones han utilizado la mediación en su propio beneficio, para hacer negocios. Y me temo que esa percepción irá a más, mientras no sean sustituidos por otros, mentes más lúcidas y desapegadas del interés personal. Un periódico entero ha sido copado por una escuela de pensamiento cuya analítica no se basa en una mirada fría de la realidad sino en una voluntad de remodelarla. Vieja escuela. La realidad no es lo que es sino lo que yo quiero que sea. La mayoría de la población, no sólo los débiles de trabajos precarios y mal pagados, ha dejado de confiar en las élites. Ya no leen los periódicos ni ven las teles generalistas con sus telediarios, ni votan a los partidos institucionales. Los nichos de programas informativos para sus pocos fieles tienen la misma relación con la realidad que una tribu perdida del Amazonas con el mundo contemporáneo, lugares de estudio para etnólogos de la vieja escuela. Lo mismo sucede con los debates políticos. Ya sea en las tertulias o en los procesos electorales, capítulos de una serie de entretenimiento que no exige credibilidad.

           Hace falta una doble mirada sobre el mundo, este tiempo exige una nueva teoría, una que alejándose de la realidad la observe a distancia, que detecte los grandes movimientos que se están produciendo, algo parecido a lo que Marx hizo hacia 1848, que detecte el espectro que recorre el mundo, las líneas de quiebra de la sociedad, que separe lo obsoleto de lo nuevo y ponga ante los ojos la realidad tal cual es sin apósitos ni trampantojos. Sólo un buen análisis nos permitirá afrontar los problemas. Y una segunda mirada que se aproxime a lo que está sucediendo en la mente humana, sus miedos, sus terrores, sus esperanzas, como hizo Freud a finales del XIX. Una nueva teoría sobre el lugar en el mundo del homo sapiens que enuncie el espectro que recorre el mundo, el fin del trabajo y del sentido del vivir, la irrelevancia del ser humano, su obsolescencia, expulsado del trabajo por la automatización, de la dirección y organización de la sociedad por la inteligencia artificial, que aclare la nueva relación con el medio, con las máquinas, con el prójimo.


martes, 20 de noviembre de 2018

Marchena renuncia


            Hay valores intangibles que son superiores a los materiales. Ser rico, hacerse millonario, ha sido durante estas décadas pasadas, aún lo es, un valor supremo. Es un hombre, un hombre con valor el que se ha hecho millonario. Todo el mundo querría ser Gates o Zuckerberg o Elon Musk. Aquí en España, Messi o Ronaldo. Espejos en los que mirarnos. Pero la cima de ese actual Olimpo no está al alcance de cualquiera. Los futbolistas han llegado hasta allí gracias a un don natural que no se le concede a todo el mundo. Los popes de la informática e internet han ascendido gracias a la combinación de ciertas habilidades con la suerte: estaban allí en el momento oportuno. En ambos casos deberían avergonzarse de su riqueza o al menos no hacer ostentación, es la naturaleza y el azar quien se la ha concedido. La sociedad tampoco debería encumbrarlos. Tener un cerebro privilegiado es puro azar. Hay otro tipo de valores que están a disposición de todo el mundo, que deberían admirarnos, que deberíamos premiar si se ponen a disposición del bien común. Un político que traza objetivos para el bienestar de la sociedad que lidera, un científico que empeña su vida en descubrir modos de curar enfermedades, hacer la vida más cómoda, disminuir las desigualdades, comprender los misterios de la naturaleza, un jurista que busca el mejor sistema para aplicar la ley de la forma más equitativa y justa, un maestro que se entrega a su profesión sin buscar recompensa, un periodista que explica las cosas del mundo prescindiendo de sus prejuicios. Todo el mundo puede ser responsable en su profesión, pero hay algunos que rompen los estándares por el bien común. Hay personas excepcionales sin necesidad. Algunos son recompensados con premios que les concede la sociedad: premios nobeles, medallas, honores, reconocimientos. ¿Quién ha hecho un mayor bien a la humanidad Watson y Crick o Messi y Ronaldo, Alexander Fleming o Elon Musk? El dinero premia a unos por encima de otros, pero no parece que sea la mejor escala de valor. A la larga no lo es. Al final, en la memoria de la humanidad quedan los hombres valiosos, aquellos que han unido a sus dones, a sus habilidades naturales, el empeño por encauzarlas en dirección al bien común.

         En algún momento nos quedamos a solas y meditamos. Hacemos balance de nuestra vida. Nos preguntamos, ¿he hecho algo valioso? Hay una forma de medir ese valor, algo que se nos concede y que perseguimos. La reputación. Más que el dinero y los honores es la reputación, ese intangible, lo que pesará en nuestra conciencia antes de que esta se apague. La renuncia del juez Marchena es un síntoma de que no solo hay una constante mejora en las condiciones materiales de la humanidad, todos los índices así lo indican, sino que también empezamos a mejorar en otros ámbitos más difíciles de medir, la integridad, el trabajo bien hecho, el desinteresado. El juez ha hecho balance de daños y ha visto que el desprestigio de asumir la bipresidencia era mayor que la dignidad disminuida de quedarse donde está. Frente a los vacuos honores que el pacto partidario le concedía ha preferido mantener en lo posible su reputación.


lunes, 19 de noviembre de 2018

Ruptura conceptual



         Después de las lluvias, frío, sensación térmica, dicen, más que fuerte bajada de la temperatura. Viento y humedad. Desde su atalaya, mesa y silla tras una gran cristalera, en el piso alto de una cafetería, ve el mundo que pasa. En el interior, justo detrás de él, una eslava gorda y rubia teclea y hace y recibe llamadas en su idioma sin recurrir a una voz genuflexa, al contrario, su voz es poderosa y se instala en la sala entera, sin permiso, sin contención. Otras dos voces, en alemán, reservan en un Paseo Marítimo una habitación y, tras ellos, una vez que se han ido, uno más joven escribe en su ordenador, mientras escucha en el altavoz de su móvil un rap, ahogando la melodía clásica que pretende poner paz entre los distintos que han ido al local. Hay otra mujer, esta silenciosa, escribiendo en otro pequeño ordenador. Él lee un suplemento cultural. El periódico que compra cada día, que solía comprar cada día, no está en el quiosco. Ahora traen pocos, dice la quiosquera. En una página del suplemento, Teju Cole, el de Ciudad abierta que tanto le gustó, dice, refiriéndose a las fotografías del curso pasado que analiza, a la mayoría les falta el elemento de provocación formal o de ruptura conceptual del que dependen las imágenes memorables. Fuera, de la casa de enfrente salen un negro, una mujer con la cabeza tapada y un carrito de niño. Rollizos, anillados, abrigados. Se detienen a la puerta, en la acera, los paseantes los sortean. Él negro habla por el móvil, ella espera, lo mira, atiende al niño. Parecen tranquilos, satisfechos. Luego, desde su atalaya cuenta a las mujeres que pasan con la cabeza tapada. Margo Glantz, en una página del periódico que no ha podido comprar, dice: ¿(Es importante) que en diciembre de 2017 en el condado de Rathfordshire, Inglaterra, se ordenara retirar de todas las tiendas y bibliotecas las novelas de Agatha Christie porque sus heroínas anhelaban casarse?. Coge el móvil para ver los últimos chats y en la pantalla apagada ve su reflejo: Ese no soy yo.


domingo, 30 de septiembre de 2018

Moral tribal




          Quizá el ministro que tenía que haber dimitido en primer lugar, aún antes de ser nombrado, sea el actual titular de Cultura. Hoy se manifiesta en todo su esplendor en un artículo en El Mundo donde da fe de su mundo interior, sus preferencias culturales, como si la cultura consistiese en una lista de preferencias. No sé si entre las atribuciones de este hombre están también las de Educación. Dios nos ampare.

           Acabo de entender, leyendo la entrega de hoy en El Mundo, que el odio exhibido por tanto periodista, político y zascandil hacia Arcadi Espada se debe a que no lo pueden comprender. Quizá en algún momento lo intentaron, pero ya han desistido, ahora se conforman con esa cosa tan actualísima del zasca, de ahí lo de zascandil, que consiste en que alguien arremete contra alguien, sin que la razón, la verdad o la coherencia lógica sean parte de la argumentación, sino que tan solo busca un golpe de efecto que a muchos haga reír, a tantos que tampoco alcanzan a entender. Hay medios cuya única razón de existencia es el zascandileo: El Plural, The Huffington Post, Periodista Digital. El entrenamiento adolescente de sus periodistas no da para más. Arcadi debe estar relamiéndose.

           Se nota la decadencia de alguien que en otro tiempo tenía cosas que contar cuando no puede sustraerse al griterío y acepta como tema del día, y hasta como revolución social, lo que el grito impone sin atenerse a mayor criterio.

           Uno de Ciencias Políticas, otro más, que está en el origen del ascenso de algunos de los nuevos opinador@s de El País. Después de hacer un excurso sobre la mayor patología de la vida pública, la moral tribal, escribe esto: “El regocijo y el afán inquisidor con el que la oposición está recibiendo las acusaciones contra algunos ministros contrasta vivamente con su propia actitud cuando eran ellos los acusados. Por cierto, por conductas infinitamente más graves”.

martes, 18 de septiembre de 2018

Sutilezas morales




            Quizá haya quien no crea que detrás del asunto de la tesis del presidente o del título universitario del líder del principal partido de la oposición hay un debate moral decisivo, que a una parte no le importe demasiado si hay un porcentaje mayor o menor de plagio en la tesis, si hay errores técnicos o chuscos en su confección, si sus descuidos tienen que ver con la calidad de la investigación, si tiene algún valor que el tribunal no fuese constituido de acuerdo con las convenciones universitarias, si la directora del tribunal era amiga o no del doctorando, o que a otra parte no le importe que su líder superase en cuatro meses 12 materias de las 25 de Derecho, tras ser elegido diputado madrileño en 2007, cuando para la otra mitad había tardado 7 años, que se las convalidasen sin una clara justificación, quizá piensen, todos ellos, que la confianza en el líderazgo de la nación no tenga nada que ver con la honradez intelectual, quizá no les importe a unos y a otros que se ponga en juego nuestro sistema universitario, que este aparezca tan atrás en el ranking internacional de universidades, quizá tampoco que cuando ellos mismos o sus hijos tengan que hacer un trabajo académico o un examen los criterios no tengan que ser iguales para todos, tampoco les importará que, en consecuencia, el sistema español produzca muchos futbolistas y pocos premios nobel o que nuestra tecnología tenga tan pocas patentes o que nuestra industria sea subsidiaria de internacionales extranjeras, quizá esta tolerancia en este y otros asuntos esté relacionada con la sentimentalización de la política donde la deliberación racional es sustituida por el like que pestañea lacrimoso de emoción ante nuestro Ronaldo o nuestro Messi políticos cuando aparecen en debates o quizá el 70 o el 80 por ciento de los ciudadanos que deposita el like en forma de papeleta en la urna no vea en este debate un asunto moral que tiene que ver con una vida más racional, más trasparente, más justa y más igualitaria, pero, al menos, esa misma población ciudadana, inhábil para las sutilezas morales, sí debería darle la importancia que merece que nuestro actual presidente haya accedido al cargo pidiendo y obteniendo los votos de los partidos cuyos líderes están en prisión o huidos de la justicia por haber atentado gravemente contra el Estado del cual, nuestro actual presidente, es le primer ejecutivo.




domingo, 16 de septiembre de 2018

Liderazgo



Hay “médicos que dicen poder tratar la esterilidad y daños cerebrales con acupuntura, el autismo atiborrando al paciente con vitaminas, las alergias con un invento llamado terapia cuántica, los tumores con plantas comunes, la esclerosis múltiple y el alzhéimer manipulando las orejas, o el lupus y la hepatitis C aplicando imanes”.

El emperador Constantino masacró a poblaciones, entregó a sus enemigos a las fieras del circo, hizo que su suegro se suicidase, degolló a su hijo Crispo, mató a su cuñado, hizo hervir viva a su esposa Fausta cuando se bañaba y sin embargo tuvo un indudable carisma entre los cristianos, porque convirtió a su religión en la compañera del imperio, los cristianos pasaron de ser perseguidos (mártires) a ser perseguidores de las demás creencias.

Napoléon ordenó abatir a cañonazos a las masas populares que asaltaban las Tuillerías, en 1795, en Egipto abandonó a su suerte a un ejército entero, pero sigue siendo admirado como un gran líder por sus compatriotas y los historiadores le ensalzan.

Pujol ha sido el Moisés del nacionalismo catalán y Mas quería ser su Aarón. Pujol, un alto representante del Estado, defraudó a la hacienda pública durante sus 23 años de magisterio y creó un sistema de mordidas para enriquecer ilegalmente a su familia. El nacionalismo no se lo ha reprochado públicamente.

Nuestro actual presidente se aupó al gobierno con los votos de los golpistas huidos de la justicia. Sus seguidores, que ansían que el centro izquierda gobierne, no ven más allá de una faltilla intrascendente en la fabricación, al margen de criterios científicos, de la tesis que le daba acceso a la enseñanza pública.

Churchill, Mussolini, Felipe González, Salvini, Macron. Una familia necesita padres, los niños sufren cuando se ausentan o les defraudan. Un sacerdote, un profesor, un médico, a quienes entregamos la confianza, son garantes de la estabilidad que necesitamos, esperamos de ellos que nos atiendan o nos orienten, que nos guíen, porque sin ellos la sociedad tiende a la desorganización. Los necesitamos tanto que a menudo preferimos taparnos los ojos y los oídos con tal de no ver las miserias que les acompañan, de tal modo que nuestra fe en la organización social no quiebre. En general, la gente de izquierda cifra el mal mayor en la corrupción económica, sin embargo son tolerantes con la corrupción moral de los suyos y, a la inversa, la gente de derechas es intolerante con el fraude intelectual y moral y en cambio no da excesiva importancia a los fraudes económicos. ¿Es necesario el carisma, podemos construir y mantener el espacio público sin liderazgo?


miércoles, 12 de septiembre de 2018

Advirtamos al oído de los más inteligentes



         Trae Calasso una notación de Vasili Grossman en su diario, en abril de 1945. Los soldados del Ejército Rojo venían de pasar años muy duros y de un país en el que pocas cosas funcionaban y esas pocas daban miedo, mientras avanzaban por Alemania miraban a su alrededor.
“Fue en Alemania, particularmente aquí en Berlín, donde nuestros soldados comenzaron realmente a preguntarse por qué los alemanes nos atacaron tan repentinamente. ¿Por qué necesitaban los alemanes esta guerra tan terrible e injusta? Millones de nuestros hombres han visto ahora las ricas granjas de Prusia Oriental, su agricultura tan organizada, los cobertizos de hormigón para el ganado, salas espaciosas, alfombras, guardarropas llenos de trajes… Millones de nuestros soldados han visto las carreteras bien construidas que van de un pueblo a otro y las autopistas alemanas… Nuestros soldados han visto las residencias de dos pisos con electricidad, gas, baños y hermosos jardines. Nuestra gente ha visto las villas de la rica burguesía de Berlín, el lujo increíble de los castillos, propiedades y mansiones. Y miles de soldados repiten esa misma pregunta cuando miran a su alrededor en Alemania ¿Por qué vinieron contra nosotros? ¿Qué diablos querían?”.

        Por qué, de pronto, una sociedad acomodada pierde el juicio y se entrega al delirio. Cuenta Calasso que un día Baudelaire tuvo un sueño espantoso en el que una inmensa torre colapsaba, ante lo que experimentaba un sentimiento de impotencia porque no conseguía transmitir la noticia a la gente, a las naciones. ¿Cómo advertir a la gente, a las naciones de la ruina que se avecinaba?

sábado, 8 de septiembre de 2018

Viva el aburrimiento



            Tras unos meses de ausencia, he recorrido, en bici o andando, buena parte de las poblaciones del Baix Llobregar: Castelldefels, Gavá, Viladecans, Sant Boi, Sant Viçens, Pallejà, San Andreu de la Barca, El Prat, también el centro de Barcelona. No he visto lazos, y, lo que es más llamativo, muy pocas banderas esteladas y muy pocas senyeras. Tampoco en los balcones, eso que estamos a cuatro días de la diada del 11 de septiembre. Se diría que lo que los medios nos muestran no existe, la guerra de banderas. Sé que no es así. El concepto de Tabarnia es un acierto, existen dos Cataluñas, la del interior, por la que de momento no he paseado, Vic, Olot, Girona, que imagino plagada de amarillismo. Si en Vic o en Olot un ciudadano que reclame una plaza o una calle para todos, limpias de consignas ponzoñosas, ha de ser un héroe, resulta que en esta parte de Tabarnia sucede lo contrario, es quién reclama coerción y miedo como forma de hacer política el que ha de convertirse en héroe para hacer sus proclamas. No es que en esta parte haya triunfado la poda de lazos, sino que el espacio público está libre, nadie se lo ha apropiado. La democracia, allí donde está plenamente asentada, es aburrida, lugares donde las emociones son un asunto privado y donde nadie puede imponer las suyas a quien no las desea. La democracia es un acto deliberativo que se ejerce periódicamente y no un sistema de presión social donde se ponen en marcha los engranajes del miedo para que los ciudadanos se achanten y cedan. La democracia representativa es un sistema creado para que los hombres temerosos, la mayoría, no tengan que ejercer de héroes o asumir su cobardía. Lo contrario es la democracia directa, asamblearia, callejera, donde el pueblo se alza dirigido por un puñado de radicales o revolucionarios para tomar el poder o conservarlo. Viendo las calles estos días uno tiende a pensar que el peligro ha pasado, a pesar de los vozarrones de amenaza que siguen oyéndose y los toscos intelectuales que reclaman que la cosa no pare y a despecho de esos neopolíticos que siguen buscando su momento, el acontecimiento (Zizek) que les catapulte por encima de la miseria de las gentes, que no conciben la vida pública sino como guerra civil.


jueves, 6 de septiembre de 2018

Virtual



“No estamos lejos del momento en que una realidad virtual será imposible de distinguir de la cosa real” (David Chalmers).


         Hay un lamento general, estos días, por la caída del turismo, nuestra primera industria nacional. Pero qué es el turismo. Quién lo quiere para sí. Lo que vemos, lo que hacemos fuera de casa es una continuación de lo que hacemos en ella. Ya nadie viaja, vamos a Venecia o a Katmandú a reencontrarnos con lo que hemos dejado atrás, a un mundo que aparentando diferencia es igual que el nuestro. Doha y Valladolid son la misma ciudad, las dos se reconocen en el mundo virtual que hemos creado para vivir una vida más verdadera. “El turismo ya no es un sector floreciente del mundo sino que el mundo entero se ha vuelto un sector sometido al turismo” (Roberto Calasso).

          El turismo es uno de los fenómenos, si no el principal, de la elevación de la realidad a realidad virtual, como los políticos virtuales (AC o la banalidad del bien, PI o la cursimojigatería) están sustituyendo a los defectuosos políticos de la realidad, los espectáculos deportivos a los deportes o la vida plastificada a la vida salpicada de sangre y barro, el mcmenú a las lentejas con piedrecitas, la nike a las camisas con lamparones, las niñas y los niños ya no están en la calle jugando a las tabas o al pillapilla sino transportados por gafacascos a otros mundos. Pero incluso la realidad virtual que se ofrecía como contrapunto a la realidad a secas comienza a desleírse (véase la segunda temporada de Westworld) en una realidad disuelta. El momento Chalmers ha llegado. He aquí unos cuantos ejemplos: Ronaldo, La Manada, Snchz, La República Catalana, ¿en que momento están estos entes, subiendo de la sucia realidad al limbo o bajando de una virtualidad desmañada a un lugar indeterminado?


viernes, 24 de agosto de 2018

La música es la vida



            José Andrés Rojo, en El País, habla de un ensayo de Clement Rosset en el que se ocupa de la música. La música sería lo más ajeno que existe “a la realidad evocada por las palabras”. La música no da cuenta de nada, no representa nada, no se refiere a nada, no comenta ni describe nada, no traduce; la música simplemente es. Escribe Rosset: “Irrupción de lo real en estado bruto, sin posibilidad de acercamiento por medio de la representación: tal es el efecto musical y la razón de su potencia particular”.

           No es del todo cierto lo que afirma Rosset, ahí está la música programática, radio clásica o los programas de mano. En el extremo, los himnos nacionales. Pero de todas las artes, la música es la que más se acerca al ideal. Y a la pulsión de una vida sin mediación: el arte es la vida.

             Cuando asciendo una ladera montañosa especialmente inclinada o una pared rocosa que requiere apoyos, la mente queda fijada a los agarres o al suelo pedregoso y resbaladizo. Por un momento, toda la basura acumulada desaparece o queda en algún reservorio, en ese momento inútil. Ójala fuese así la vida, inmediata, libre de cualquier marca de derechos de autor.

miércoles, 22 de agosto de 2018

Así canta Valtónyc, el belga


Catalonia in Belgium

-«Un pistoletazo en la frente de tu jefe está justificado o siempre queda esperar que les secuestre algún GRAPO».
-«Tu bandera española está más bonita en llamas, igual que un puto patrol de la guardia civil cuando estalla».
-«A ver si ETA pone una bomba y estalla».
-«O que explote un bus del PP con nitroglicerina cargada».
-«El Rey tiene una cita en la plaza del pueblo, una soga al cuello y que le caiga el peso de la ley».
-"Que tengan miedo joder. Que tengan miedo"
-"Que tengan miedo como un guardia civil en Euskadi"
-"Dicen que pronto se traspasa la cloaca de Ortega Lara y muchos rumorean que Rubalcaba merece probarla, complejo de zulo mi casa a ver si un día secuestro alguno y le torturo mientras le leo al Argala"
- "Para todos aquellos que tienen miedo cuando arrancan su coche, que sepan que cuando revienten sus costillas, brindaremos con champán".
- "Quiero transmitir a los españoles un mensaje de esperanza, ETA es una gran nación".
- "La constitución se viola como una puta, pero, como con Publio Cordón, los GRAPO tienen la culpa".
- "Mataría a Esperanza Aguirre, pero antes, le haría ver como su hijo vive entre ratas".

         Yo creo que es una gran cosa que la autoridad judicial belga impida que los huidos sean entregados a la justicia española. Es más yo animaría a los huidos a solicitar la nacionalidad belga y que una vez obtenida se dediquen a lo que en España se dedicaban, sea a la política xenófoba y separatista, sea a componer canciones del estilo arriba mostrado. Más todavía, yo, autoridad española o CNI, utilizaría las artes propias de mi oficio para que españoles con causas pendientes se vayan a Bélgica y prolonguen allí su incomprendida vida: los guapos mozos de la manada o las células islamistas desactivadas, incluso sacaría de la cárcel de Lledoners a los golpistas que no huyeron y los pondría en la frontera belga para que comenzasen una nueva vida en ese país. Bélgica necesita su impulso para seguir siendo el gran país que es.

martes, 21 de agosto de 2018

Salafismo en Cataluña



            Si tuviésemos buenos políticos enfrentaríamos los grandes problemas que amenazan la convivencia o una sociedad sostenible o la mejora de las condiciones de vida. Es decir, nos pondríamos en la piel de nuestros nietos. Pero me temo que el futuro no está en sus planes, sino el presente electoral y el pasado que creen lo alimenta. Por ejemplo, Cataluña. En Cataluña solo hay un presente arrollador, obcecado, monotemático, que no deja resquicio a la pausa para observar, pensar, prever, planificar. Mucho me temo que el gran problema de Cataluña no sea el del nacionalismo, sino la integración de los grupos de inmigrantes que han ido llegando, en especial los de creencias musulmanas.

           Veamos los datos. Según el último censo realizado por la Unión de Comunidades Islámicas de España, en Cataluña (2017) hay 515.482 musulmanes, el 6,9% de la población, mientras que en el resto de España es del 3,6%, En Gerona, los musulmanes son ya el 11,1% de la población.

            Hace quince años, había unos 30.000 musulmanes; ahora superan el medio millón. Los nacimientos de hijos de padres musulmanes representan ya más del 10% del total en esa comunidad autónoma. Otro dato tan importante o más, el 79 de las 109 mezquitas salafistas que hay en España se encuentran en Cataluña.

             Por eso es tan interesante todo lo que en esta entrevista dice Hannan Serroukh, coordinadora del Área de Estudios islámicos del GEES, un grupo que asesora a diferentes fuerzas policiales sobre el riesgo de amenaza terrorista.
“Se está produciendo una captación aquí en Cataluña de líderes jóvenes, universitarios, formados, que han normalizado la idea de identidad islámica. Son perfiles de jóvenes que han nacido aquí, que no son inmigrantes, son españoles, están en las universidades, que han pasado por todas esas fases y que, una vez llegan a la universidad pueden llegar a ser futuros líderes con un potencial para instaurar un nuevo orden islámico. quieren tenerlos preparados. Son sus juventudes, como las tienen los partidos políticos. Son las juventudes islámicas”.
“En estos momentos, en Cataluña, en lugar de generar cohesión en la diversidad, se están generando distancias y espacios: el espacio islámico y el español, el islámico y el occidental. La cuestión es cuando llegaremos al punto de confrontación”.

domingo, 19 de agosto de 2018

Se quitaba el alzacuellos



             Es triste ver cómo tu periódico va cayendo en el populismo, en este caso en la pornopolítica de atmósfera religiosa, en portada y en anchas páginas interiores, también en una prometedora entrevista a Gabriela González sobre las ondas gravitacionales, perturbada por la ideología de género hasta frustrarla por completo, como si el estilo Millás se fuese apoderando de la redacción, dando carpetazo a una de sus mejores épocas, si no la mejor, la capitaneada por Antonio Caño en la dirección y Torreblanca en la de opinión. Aún se mantienen buenos periodistas y brillantes articulistas -¿por cuánto tiempo?-, pero el pornopopulismo va inficionando la superficie lustrosa del periódico.

sábado, 18 de agosto de 2018

El mundo es feo



          A la vuelta de un viaje en que uno se ha empapado de naturaleza, la vuelta no puede ser más deprimente. El hombre en el interior de un vehículo con el que te cruzas que se hurga en la nariz, los cuerpos devastados, vestidos de cualquier manera, que suben por la escalera mecánica, los cupones descuento que en ristra salen de la caja del Carrefour, las patatas fritas y las cervezas delante de la gran pantalla en las terrazas de bar para ver de nuevo fútbol, los políticos guapos y los feos -fuera y dentro del país, no hace falta nombrarlos- que aparecen y declaman, banderas, pancartas y paz en Barcelona en la conmemoración de los atentados de hace un año. Hasta los periódicos serios se prestan. Las opiniones hace tiempo que sustituyeron a los hechos como fundamento de las conversaciones, ahora la declamación está en primer plano. Hemos construido un mundo feo, la vulgaridad es tal que dan ganas de suicidarse porque nada parece que lo pueda remediar. El mal gusto del interior de las casas de los capos napolitanos en la serie Gomorra nos retrae, pero no es diferente del mal gusto relamido que se encuentra por doquier. Vulgaridad y tecnología, el mundo que apesta.

“El tiempo pasado en el exterior es precioso y en cierta medida instructivo; sin embargo, parece estar arrancado de nuestra existencia sustancial y real y nunca se suma fácilmente a ella. No somos los mismos, sino otros, y quizá más envidiables individuos, cuando nos encontramos fuera de nuestro país. Estamos perdidos para nosotros mismos, así como para nuestros amigos. Por eso el poeta, con cierto halo de misterio, canta: De mi patria y de mi mismo marcho”. (William Hazlitt, De las excursiones a pie”)

         Como Hazlitt, también yo, cuando estoy en el campo, deseo vegetar como las plantas, con el fin de escapar de la mayor de las vulgaridades, la que anida en mí mismo.

lunes, 16 de julio de 2018

El caso del entrenador despedido antes de empezar el mundial




                   Se dice que la victoria de una selección nacional obedece al estado de ánimo de un país. No es que yo lo vea con esa claridad, aún en el reciente éxito de Francia, como si la victoria de Macron hubiese dado nuevos ánimos a un país en horas bajas, aunque para muchos de los que hacen de gacetilleros así es. La victoria en un gran torneo es fruto de muchas cosas, la preparación física, el entendimiento colectivo del equipo y la suerte, quizá la suerte sea el elemento decisivo. Francia pudo caer antes, ante otros equipos, y pudo perder la final si el árbitro hubiese tomado otras decisiones. A posteriori sí, Francia se torna eufórica y se siente campeona y una parte de los franceses creen estar en el buen camino, y es posible que tomen decisiones que de otro modo no tomarían que hagan bien al conjunto del país.

                 Pero no era de eso de lo que quería escribir, sino de algo más evidente, de la tolerancia y la división. Es el caso de España. No alcanzo a entender como no hay un movimiento general en el país para mandar al presidente de la federación española a donde le corresponde, al olvido, no sin antes hacerle objeto de mofa y escarnio. Un país, al menos sus numerosos aficionados, espera cuatro años para vivir las emociones de un mundial de fútbol. Este hombre ridículo acabó con todo dos días antes del primer partido despidiendo al entrenador. Por una cuestión de orgullo, para que su autoridad flotase por encima de las olas. Es un ejemplo que se repite en cargos públicos y de representación en el país, donde muchos alcanzan su nivel de incompetencia. Lo grave no es que lo alcancen, sino que el país los tolere sin más, que antepongan su interés personal al del país, asistiendo impávidos a los destrozos materiales o simbólicos que ocasionan. Sucede que el país está dividido en banderías, aquí por ejemplo Barça/Madrid, y todo se aprecia según el color de la bandera de cada cual y parece como si no importase el bienestar general, un mínimo común que todos pudiésemos defender.

viernes, 29 de junio de 2018

Reaccionarios




               Se tiende a creer que la izquierda es quien mejor representa los valores de la ilustración, la libertad y la igualdad en lo más alto. Sobre la libertad ha habido sobrados motivos, en el siglo XX y en el XXI, cuando los partidos de izquierda han asumido el poder, para desconfiar y temer. Pero resulta decepcionante que tampoco la igualdad sea la guía de su acción política. Y si esto es así, ¿qué motivo habría para confiarles el poder cuando de nuevo esté en nuestras manos votar? El gobierno Sánchez, acogido tan positivamente por la mayoría, con ministros que uno admiraba, pronto ha mostrado que los valores de la ilustración no están en su agenda. Su estrategia de mantenerse en el poder por encima de su promesa de convocar elecciones en breve plazo es la primera decepción, y la segunda, el pacto con el nacionalismo étnico y de privilegios en que se asienta el poder del PNV y el blanqueo de los indepes golpistas y racistas de Cataluña con la ingenua intención de apaciguarlos (“Da apuro recordar que la política es una de las formas más impunes y peligrosas de ejercer el mal”). Ambos nacionalismos fundan su hegemonía, mantenida desde la transición, en la desigualdad de los beneficios que una parte de la sociedad obtiene a costa de la otra parte, mayoritaria además, que por uno u otro motivo ve desatendidos sus derechos lingüísticos o de acceso a los cargos de representación y gestión en la administración y de todo tipo de subvenciones y sinecuras. Es repugnante que Sánchez achaque al gobierno anterior el deterioro cívico en Cataluña para avenirse con los indepes que le apoyan. Otro tanto cabe decir de la información que nos espera en los medios públicos frente a los compromisos de profesionalización. Detrás de la operación de marketing que supusieron los nombres de gobierno nada más había, un plan, un proyecto de igualdad y reforma que alentase las esperanzas levantadas. Me temo que la ventana que se habría con esta crisis para una reforma en profundidad de las instituciones y de la vida pública quedará una vez más como deseo podrido. Y lo peor no es que para alzarse al poder Sánchez se haya aliado con la reacción sino qué él mismo y su partido disimulen y vistan con ornamentos mediáticos, palabrería e imágenes vistosas y vacías, la antilustración en la que van cayendo.


lunes, 28 de mayo de 2018

El chalet de Iglesias y Montero




              No juzgaban ayer los militantes de Iglesias la coherencia moral del personaje, sino, a lo sumo, si era compatible ser de izquierdas con comprarse una casa ajardinada de 600.000 euros. Qué importaba que antes afease lo mismo a un ministro del PP, en todo caso este lo hacía para especular y ellos, los Iglesias, para vivir -del caso de la vivienda protegida de Espinar nada comentaron. Los militantes y simpatizantes no han defraudado. Nunca, que yo sepa, se ha dado un caso de condena entre los suyos de un líder de esta cosa populista que ahora se llama izquierda radical y antes de otras maneras. Al ir a votar, a algunos les habrá dolido, los 600.000, no el desajuste moral, para la mayoría por encima de todo está el líder que defiende la Idea. Porque eso es lo único que cabe, la Idea. La Idea no se ajusta a la realidad ni debe ser conformada por ella, la Idea es una cosa abstracta, incontaminada, intangible, tan arraigada en la mente que no puede ser abatida por nada. 

             La Idea tiene avatares diferentes en el mundo fragmentario y deleznable de lo material, hasta contradictorios, puede posarse en la Cuba de Castro, y antes en el Mao de la Revolución Cultural -que bendijo aquella inteligencia heideggeriana llamada Jean Paul Sartre, ¡cuántas condenas, por lo mismo, al rector de Friburgo y que pocas al filósofo del Sena!-, en la Venezuela chavista, en los Kichner peronistas, hasta en la guerrilla islámica si de algún modo se acerca a lo palestino, hasta puede decirse, no muy alto, eso sí, que en la Corea de Kim Jong-un, puede hacer incluso saltos metonímicos extravagantes para posarse en Putin por el hecho de ser un descendiente de la antigua URSS. 

           Por eso se parece tanto esta izquierda radical al radicalismo de los nacionalistas, a los que muy a menudo apoyan, como lo hicieron con ETA, a ambos la Idea les mueve, les obceca, deforma su visión de la realidad. Son muchos, son irredimibles. Con unos y otros sólo cabe la conllevanza. Ya lo dice esta columnista inasequible, un español del futuro que hiciese una tesis sobre este tiempo no se ocupará del chalet de Iglesias y Montero. Su ineficiencia histórica, el fracaso continuado de la materialización de la Idea, con el acompañamiento de muertes, hambrunas e infelicidad, no se debe a las equivocaciones de su política sino a su radical inmoralidad.

martes, 22 de mayo de 2018

Reputación




                  Qué trampas más sofisticadas podrían haber ideado sus enemigos políticos para hundirlos. No se me ocurren. Ellos solos, sin ayuda de nadie, han creado la suya, horadando la sima de su desprestigio. ¿Cómo es posible que Pablo no midiese las consecuencias de sus actos, no ya firmar una hipoteca de esas características, sino comprar una propiedad que contradecía los principios que él había enarbolado como distintivo ético de su política? ¿Y que decir de Puigdemont, que frente a la pureza republicana que prometía escoge como valido a un individuo que ha ido dejando un rastro tan documentado de su racismo? ¿No eran tan listos aquellos jóvenes de la Complutense que iban a asaltar los cielos, tan inteligentemente montado, paso a paso, el proceso hacia la independencia? Los dos han demostrado poca sabiduría política, que por tanto no merecían alcanzar sus metas. Ambos han arruinado su reputación.

lunes, 21 de mayo de 2018

Sentimentalismo abanderado




           Un partido es como una goma elástica, se estira cuanto puede para abarcar espacio a derecha y a izquierda, cuánto más se estire su elasticidad será menor, con el riesgo de romperse. Proponer ideas sencillas y claras es difícil en tiempos convulsos, sobre todo si se piensa que el poder está al alcance. La tentación de meter los sentimientos en política siempre ha estado ahí y pocos políticos han sido inmunes a ella. A eso se le llama populismo. Si la ciudadanía está crecientemente infantilizada, mayor es el motivo para hablarle con claridad, esperando que se comporte como un adulto al que se reclama cordura. Si se requiere tiempo para educar a la población, démosle tiempo, vayamos de coalición en coalición pero sin renunciar a una forma de hacer política racional y honrada, sin competir con los demás partidos en ganarse el corazón de la gente. Si durante un tiempo el partido es minoritario, pues que sea así. Hay que introducir la racionalidad en la política. Con el nacimiento de un partido como C’s parecían posibles ambas cosas, la claridad en las propuestas y el asentimentalismo. Pero ayer cruzaron una frontera. Los símbolos constitucionales, la bandera, el himno, la constitución, deben ser neutros, como el decorado de fondo donde discurre la vida pública. Nadie debe apropiárselos y si lo hace debe ser castigado. Además ese partido nació como reacción al sentimentalismo abanderado del nacionalismo, que él caiga en ese defecto es una enorme decepción.