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miércoles, 22 de octubre de 2025

Un fantasma en la batalla

 


 

Vi anoche Un fantasma en la batalla, extraño y feo título, en Netflix. Solo han pasado unas horas y tengo que rebuscar en mi memoria el impacto que la película me produjo, y es ninguno. Es verdad que, mientras la veía, la iba comparando con la también reciente La infiltrada, pero la comparación era imposible.

 

Desconozco los tiempos de producción de una y otra. Hay un extraño paralelismo. Ambas protagonizadas por mujeres: la fuerza interior de Carolina Yuste frente al magnetismo de Susana Abaitua. La primera representando a una policía nacional, la segunda a una guardia civil. El fondo, el mismo, la desgraciada historia de Eta.

 

Pero hay una enorme diferencia entre ambas. La película de Lucía Echevarría reconstruye la historia real de una agente infiltrada en la organización terrorista, con un guion muy trabajado. La película de Agustín Díaz Yanes se inventa a su protagonista, Amaia, a partir de otros agentes reales, dice. El guion es facilón, intercala imágenes de los atentados más horribles y mediáticos de la banda: Gregorio Ordóñez, Ortega Lara, Miguel Ángel blanco..., para ir hilvanando la historia de su agente, como si ella hubiese participado en la prevención y detención de los malos. No es que esté mal rodada o montada. Es un thriller entretenido, pero no va al fondo del asunto: no hay dilemas que resolver o personajes complejos. Es un policíaco más, que dirían los franceses.

 

Es de lamentar la flojera de la máquina de producción audiovisual española. Solo hace falta compararla con la irlandesa. Han tenido que pasar años para que se empezasen a producir películas sobre esta historia. Nada se hizo mientras la banda estuvo en activo. Después, no mucho. Faltó y falta valentía.

 

La película, miniserie en realidad, modélica sobre este asunto es No digas nada (2024), donde se representa con crudeza lo que supone el terrorismo político en una sociedad, la irlandesa. La española Patria (2020) fue en esa dirección.


miércoles, 19 de febrero de 2025

Prohibido matar

 

 

28.06.2022. Oñate (Guipúzcoa)

Desde el principio, desde que el hombre tuvo idea de civilización, matar a un semejante se convirtió en una ley por encima de cualquier otra. Hasta tal punto fue así que se atribuyó a Dios, cualquiera que fuese su nombre, la prohibición de matar. No matar es el fundamento de la civilización.

 

Cuando los dioses murieron, la ley prevaleció. Se acordó implícitamente que 'no matar' es un valor trascendental, universal, quizá el único, al menos el primero. Sobre él se edifica la convivencia. Trascendental porque no debe estar sometido a discusión, un valor sobre el que sustentan todos los demás. Nadie debería discutirlo. Tabú.

 

Parece que todos estamos de acuerdo, que hay un consenso al respecto. Pero si uno contempla la vida de los hombres sobre la Tierra ve que no es exactamente así, es un valor que fácilmente se rebaja a las circunstancias. Casi siempre en algún momento la muerte se cruza con el psicópata en sus variadas formas. El psicópata que opera por libre, el dirigido por una organización, el que impera sobre un territorio.

 

Hay partidarios de Putin y de su guerra, como los hubo de Hitler y de Stalin. Incluso si hubiese una lógica de la guerra, una razón en la guerra, hay hechos que no pueden ser admitidos: el genocidio como delito contra la humanidad se basa en el valor trascendental de la vida. Del mismo modo, la muerte porque sí en muchas de las acciones de Putin en Ucrania atenta contra dicho valor.

 

Nada podía haber superior a las vidas que segaban los terroristas de la Baader Meinhof, de las Brigadas Rojas, del IRA o de ETA. Se pueden analizar los motivos psicológicos, la estructura moral, la organización mental de los componentes de aquellas bandas, pero no se pueden comprender sus acciones, tratar de ver qué podía llevarlos a escoger a una persona, señalarla, secuestrarla y matarla. Y eso es lo que ha sucedido durante años y aún sucede, el anteponer los motivos de los matones a la vida sagrada de los asesinados.

 

Muchos, entonces y ahora, comprendían los motivos de ETA, cómo comprenden los motivos de Putin: deberían saber que ningún motivo convalida matar. Muchos de quienes salían a la calle para exigir la anulación de la pena de muerte del código penal comprendían los motivos de ETA, nunca salieron a pedirle que dejase de matar. Tengo un amigo, ahora conocido, que invariablemente llamaba Fernández a Savater, el mismo Savater de 'Basta ya', así creía rebajarle. Estar en contra de la pena de muerte era, pues, meramente instrumental: la pena de muerte podía tener muchas excepciones, por ejemplo, matar para conseguir objetivos políticos.

 

En Europa tenemos un problema con la muerte. En la presente guerra en suelo europeo hay una desproporción entre los desertores ucranianos y los rusos, cien mil frente a 7000. Los ucranianos han visto el proyecto europeo de democracia y les gusta. Han comprendido el valor de la vida. No quieren morir. Preferimos vivir a morir. En los países autoritarios la vida no tiene valor. Mueren sin espacio para preguntarse por qué. Los europeos creemos en el valor universal de la vida. El problema lo tenemos cuando hemos de enfrentarnos a sistemas que no le dan valor. En el exacto tiempo de los tres años que lleva la guerra en suelo ucraniano, creímos que otros podían morir en nuestro lugar, incluso les alentábamos a que lo hiciesen. De pronto hemos topado con la triste realidad: Trump nos ha dicho que no quiere seguir financiando la guerra y los soldados ucranianos están exhaustos. ¿Cómo defender frente a los tiranos nuestro ideal ilustrado, la afirmación de la vida frente a la muerte?

 


viernes, 14 de febrero de 2025

La infiltrada

 


Dos cuestiones se me plantean mientras estoy viendo esta película. La primera fáctica, en torno a los hechos. Cuántos creen que esto sucedió, que había quien sacaba una pistola debajo de la ropa y disparaba en la cabeza a una persona que desayunaba tranquilamente en un bar, acompañada, o que caminaba, solo, por la calle, individuos que eran adiestrados para ello, que había una organización que los dirigía, que trazaba planes y que señalaba objetivos, que fríamente mandaba matar. Que eso sucedía mientras la mayoría tomaba baños de sol en la playa o se dirigía a la oficina a las 8 de la mañana para fichar. Mudos, unos por miedo y otros asintiendo. Sucedió y ahora parece como que no, como que no sucedió. Quienes iban a la playa o quienes fichaban a las 8 de la mañana, ahora, la mayoría, en el momento cívico del ejercicio de responsabilidad que es elegir a representantes para gobernar los asuntos públicos, dan el plácet a los creadores de la atmósfera social que hizo posible aquello - el nacionalismo - o directamente al partido que surgió de aquella organización criminal.

 

El segundo asunto es psicológico y no lo acaba de resolver la película. La infiltrada convive con un terrorista. No tengo nada que decir contra la infiltración, sumergirse en el inframundo del terror para salvar vidas. De hecho, la policía que se infiltró salvó vidas. El asunto es el enganche sexual de la policía infiltrada con el terrorista. Esta es la pregunta: ¿era necesario?, ¿procedió la policía dejándose llevar por el instinto? ¿Puede la atracción sexual saltar por encima de la razón y de la conveniencia? Lo vemos a menudo en películas y en la vida real, mujeres, sobre todo, absorbidas por psicópatas. La película no ahonda en la cuestión. Se queda en el primer asunto, lo que parece lógico tal como está planteada, pero el asunto psicológico es de más largo alcance.

 

La infiltrada es una buena película, de las que hay que ver, de las que hay que ver sobre todo en el Triángulo del Norte, con testimonios divergentes al respecto, pero no necesariamente contradictorios: una pareja, en Mondragón, contaba que ellos eran los únicos que estaban viendo la película; otro, desde Donosti, decía que la había visto a sala completa.

 


miércoles, 10 de abril de 2024

Las preguntas del toro

 



No sé si es una novela o un ensayo o una mezcla -en realidad un reportaje muy, muy largo-, no sé si la voluntad de dejar marca por parte de Leila Guerriero entorpece la lectura o la favorece al ir pautando la melodía del relato, pero engancha, hace que en la mente del lector bullan las preguntas sobre la violencia argentina de los 70 y su comparación con la violencia española de los mismos años. Leo lo que dicen los montoneros de entonces, su análisis, el dolor por lo que hicieron -al menos los que trata Guerriero- y empatizo con ellos, porque su dolor es verdadero. 


No me sucede lo mismo con los etarras podridos todavía hoy de nacionalismo, un nacionalismo que han conseguido que impregne la sociedad vasca, como se ve en estas elecciones, y que me hace desear salir del camino común que transitamos. Quizá porque no ha habido ninguna Leila Guerriero que haya ido a preguntar a una familia extensa vasca sobre lo que hicieron. Hay libros y películas sobre la violencia vasca pero pocos hurgan en el muñón podrido. Unos se centran en las víctimas con mucho mérito, otros ofenden al lector con una disimulada objetividad, vomitiva. Falta quien coja ese toro por los cuernos.


Musik. Hell is for children. Pat Benatar





domingo, 12 de noviembre de 2023

Leiza/Leitza

 



Cómo resumir lo ocurrido hoy. Con esta foto me basta. Ya sé que con esos desvalidos no se construye una nación -o quizás sí- pero su gesto es tan o más valioso que las multitudinarias manifestaciones de hoy. El estado de derecho es la garantía de los débiles frente a la arbitrariedad del poder.


En Leiza fue asesinado Gregorio Hernández Corchete, calderero salmantino, con 27 años, casado y con tres hijos; trabajaba en una empresa de Tolosa. El 15 de octubre de 1982 acudió al cuartel de la Guardia Civil de Leiza para renovar el permiso de armas de su escopeta de caza. Desde el monte próximo dispararon contra la casa-cuartel y lanzaron una granada. Gregorio fue alcanzado en la yugular y en la pierna, muriendo en el acto.


El 14 de julio de 2001 ETA asesinó a José Javier Múgica Astibia. De 48 años de edad, y padre de tres hijos, era concejal por UPN en Leiza. Murió cuando arrancó su furgoneta y estalló la carga explosiva que habían colocado en los bajos.


Juan Carlos Beiro, guardia civil asturiano, fue asesinado cuando acudió a inspeccionar una pancarta que escondía, en un talud de Leiza, la bomba que acabó con su vida. Otros tres agentes más resultaron heridos. El crimen no se ha resuelto. Era el el 24 de septiembre de 2002.


lunes, 11 de septiembre de 2023

Rosa Peral, un cura, un sociólogo y el versolari

 



- Anoche vi el primer episodio de El cuerpo en llamas. La historia de la policía de los Mossos que en compañía de un amante mató a su pareja.

- Rosa Peral. Una de esas historias que electrizan el cuerpo social, mucho sexo y muerte. El amarillismo le echó el diente y sacó todo el jugo que pudo.

- La serie no da la talla. Le falta presupuesto, un guion más trabajado y actores creíbles. El cuerpo en llamas de Rosa Peral no responde al título de la serie, no cabe en el delgaducho de Úrsula Corberó. Le falta la experiencia de las productos británicas de televisión y la pasta gansa de Hollywood. También falta el ardor y el fuego que yo presuponía.

- ¿No está en Netflix?

- Sí pero no se han gastado mucho. Así que visto el primer capítulo me fui al documental, porque al mismo tiempo que la serie han estrenado un documental. Te lo recomiendo. Por dos motivos: lo difícil que lo tiene la justicia para llegar a la verdad y cómo una campaña mediática puede torcer el brazo de fiscales y jurados. El fiscal, sin ningún rubor, admite que como no había pruebas concluyentes creó una ficción que el jurado se creyó.

- Pues mira, enlaza con lo que te quería comentar. Yo vi la película documental Bajo el silencio de Iñaqui Arteta, que hoy puedes ver en abierto aquí. Testimonios de la enfermedad vasca, víctimas y asesinos haciendo memoria o dramatizando el olvido voluntario

- La vi cuando se estrenó en un pase privado. Recuerdo con viveza la sensación que te queda después de leer un libro o ver una película que te ha impactado.

- Yo me quedo con la indigencia mental de esa gente, la enorme dificultad para decir algo con coherencia. Como si estuvieran atrapados en un agujero que los centrifuga y desorganiza

- Recuerdo al inmoral cura logorreico del principio y del final, también al profesor de sociología

- Son figuras principales del retablo nacionalista. El cura y el sociólogo, qué profesiones, por cierto, tan encerradas en mundos sin ventilación

- A los intelectuales le cuesta más cambiar el chip; ellos han creado la opinión, han fijado el estado de ánimo que ha impregnado la atmósfera social durante décadas

- Les cuesta cambiar, ser otros, porque han sido los colaboradores necesarios, transmisores y en ocasiones creadores de conceptos. ¿Cómo van a escapar de la culpabilidad? El sociólogo se niega a contestar; se escuda en las teorizaciones de la banda; ‘Depende cómo se teorice para matar… Hay mil razones para matar a una persona’.




- Yo te quería hablar del versolari, no sé si lo recuerdas.

- Recuerdo al versolari. El vídeo aquel de los tiros en la nuca se hizo viral, diríamos hoy. Una figura imponente y al mismo tiempo apocada

- Recuerda. Está sentado sobre un banco de piedra con las piernas cruzadas, junto a una mochila de la que a veces saca un canuto, fuma, aunque le dura poco entre los dedos, de vez en cuando lo escupe y pisotea, retuerce los brazos, los alarga, los encoge. No le salen las palabras, como si tuviese que sacarlas con tenazas. Por fin dice algo significativo. Habla del síndrome del norte, de que está zumbado. Este hombre que, ante el público que le aplaudía, decía que había que disparar en la nuca, ahora es otro. Lo dice abiertamente aquel era yo pero ahora este que ves es otro. Y tiene razón. En un doble aspecto. Primero, el nacionalismo, una atmósfera. Hay que ver aquel vídeo donde recita improvisando versos que el público como en un acto religioso espera que sean pronunciados. ‘En la cabeza le tengo que pegar un tiro

- Una atmósfera, un estado de opinión

- Eso es, la idea de presión atmosférica sirve para cualquier cosa: el cambio climático, el feminismo chungo… Es difícil escapar a sus efectos

- La creación de un estado de histeria colectivo ya sea artificialmente o sobrevenido por la suma de un centón de cosas no necesariamente dirigidas

- Lo usan políticamente y destruye la convivencia, convierte a muchos hombres en guiñapos no solo a los afectados, a los directamente señalados, marcados, anula en la población el discernimiento

- Es la constatación del fracaso del sistema educativo

- Y de una jerarquía de valores. No creo que haya habido esa voluntad, es dejadez, falta de visión, incompetencia

- No lo tengo tan claro. Mira las recientes campañas inducidas por los pastores de opinión: la manada, el Rubiales, el caso de los futbolistas de la Arandina, la reciente de ayer mismo de los colegiales de La Rioja

- Hace falta tener una fuerte voluntad para no dejarse llevar por la histeria colectiva

- O haber sido educado con criterios morales estrictos

- ¿En un colegio religioso?

- No te digo que no, pero está la familia, la escuela, los media, la sociedad

- Ni los míos ni los tuyos han tomado la educación en serio. Hemos dejado las carteras de educación en manos de incompetentes desaprensivos. La ministra Celaá, y tantos, llevando a sus hijos a un instituto privado ‘inspirado en los valores del Evangelio’ mientras hacía retórica contra los colegios concertados.

- Y en manos del nacionalismo, no se te olvide, que es peor. ¿Recuerdas los bachilleres y universitarios que aparecen en una película de Arteta?

- Almas vacías, indefensas pero adoctrinadas. Imperdonable

- Hemos construido un país de mierda.

- Una tramoya de relaciones que permitiese gobernar durante una legislatura; esa era su perspectiva de futuro

- En este país salvo los primeros años de la transición nadie ha mirado al futuro para construir algo decente, un país de ciudadanos

- Cómo hemos podido dar tanta cancha al nacionalismo

- Los tuyos y los míos

- Estoy de acuerdo

- El segundo aspecto tiene que ver con el caso personal del versolari. Todo el mundo debería verse retrospectivamente, ver la distancia entre aquel yo y este otro yo que ahora somos

- Aquí enlazamos con Rosa Peral y la justicia. La responsabilidad penal. Las pruebas fehacientes del delito.

- Aquellos días turbios de los crímenes de Eta. El peso de la comunidad y la disolución del individuo en su seno

- Visto así el cura y el sociólogo eran mucho más culpables

- Eran los culpables, lo siguen siendo. Además, el punto crucial ahora que sabemos cómo cambian los individuos: el versolari es otro. Es el único que dice, improvisando en versos en euskera, si no lo repetimos a ver si nos perdonan.

- ¿Y ese ruido de fondo?

- El fabiol, los tibles y las tenoras. 11 de septiembre.

- Ah, claro, 11 de septiembre, tanto que celebrar

- Tanto de lo que condolernos, querrás decir

- ¿Qué tal el ambiente?

- Cuatro gatos


jueves, 11 de mayo de 2023

Ser vasco

 



Me siento incómodo cuando me preguntan de dónde soy. Nací en un lugar como pude haber nacido en otro. Vivo en dos o tres sitios, viajando a menudo para sentirme de cualquier parte del mundo. Hay quién se dice vasco. Algunos llevaron muy lejos esa condición. A sangre, secuestro y fuego. Estos días se han contado historias terribles de las cosas que hicieron algunos para serlo: vidas cortadas, dolor y sufrimiento. Han pasado ya bastantes años. Tiempo suficiente para reflexionar, condenar y reparar. Aquello estuvo mal, nunca más debe repetirse.


Hay otra figura en el tablero político español de difícil digestión. Quienes desde fuera animan a los vascos a serlo, tienen envidia de su condición y les jalean y les abrazan como socios. A mí no me importa que los vascos sean vascos. Sé que hay muchos vascos que piensan como yo. Si pudiera les daría un abrazo, les compadecería. Mi herida es reflexiva, la suya es real, encarnada.


A los muertos se les privó de palabra. No podrán subirse a un estrado a defender su condición. Concejales, diputados, cargos en la administración. No todos los heridos han podido cerrar su herida. Crímenes sin esclarecer: el 44% no sabe quién mató a los suyos; no ha habido juicio que estableciera los hechos. Los vascos que les mataron no se han presentado ante la justicia para decir quién fue. Los que sobrevivieron al horror saben quién ordenó el asesinato de los suyos, conocen la atmósfera en que se produjo, ¿por qué la ominosa sombra que cae sobre ellos aún no se ha levantado? También saben por qué los mataron: por no ser vascos, por no ser buenos vascos o porque pasaban por allí. Por contra algunos de sus asesinos y colaboradores de la banda terrorista Eta sí que podrán subirse al estrado para levantar el puño y reafirmar su condición de vascos. 44 aparecen en las listas electorales.


Dentro de unos días, el próximo día 28, cerca de dos millones de personas (1.788.905 exactamente) podrán ejercer su derecho a voto en el País Vasco. Cada una de ellas tendrá la oportunidad de mostrar cuáles son los límites de la condición de vasco. Entereza y dignidad, ¿forman parte aún de su vocabulario moral?




jueves, 7 de octubre de 2021

Los Budas de Bamiyán

 


Cuando en el 2019, poco antes de que estallase la pandemia, bajábamos por el Panj al encuentro primero del Vajsh y enseguida del Amu-Daria, el antiguo Oxus de los clásicos, río que hace de frontera entre Tajikistán y Afganistán, y un poco más abajo del Kunduz no pudimos pasar a Sinkiang, tampoco atravesar la frontera afgana. Los chinos nos negaron el visado para Kasgar. Estuvimos muy cerca de la ciudad de Kunduz. Pero aunque hubiésemos podido pasar la frontera afgana no habríamos visto las cuevas de los monjes budistas y junto a ellas a los dos budas gigantes de Bamiyán. Ya solo en fotografías podemos saber cómo eran después de que los bárbaros Taliban los hiciesen volar. Nos quedan las descripciones de los viajeros antiguos. Entre ellos la poética que hizo Robert Byron en su Viaje a Oxiana en 1933.


Desde que abandonamos la llanura del Oxus, habíamos ascendido unos mil ochocientos metros, y los colores de ese valle extraordinario con sus riscos de color rojo ruibarbo, sus picos azul añil coronados por la reluciente nieve, y el verde eléctrico del trigo recién nacido, brillaban doblemente en la nítida atmósfera de las montañas. En lo alto de los valles adyacentes habíamos atisbado ruinas y cuevas. Los riscos eran cada vez más pálidos. Y de pronto, al igual que un enorme nido de avispas, vimos como colgaban los centenares de cuevas de los monjes budistas, arracimadas en torno a dos budas gigantescos”.


Una casa de estilo europeo, con el tejado de hojalata nos dio la bienvenida en lo alto de un peñasco al otro lado del río. El gobernador estaba ausente, pero su ayudante, una marsopa asmática embutida en un pijama azul, se turbó tanto a causa de nuestra llegada sin aviso previo, que telefoneó a Kabul para ponerles a corriente. Salimos a una galería y bajamos la mirada hacia el verde luminoso de los campos, el azul grisáceo del río y el verde azulado de los álamos que lo flanqueaban, así como al rojo siena de los senderos por donde los campesinos conducían sus animales y luego, al levantarla, nos encontramos con los dos budas, a una distancia de unos dos kilómetros, contemplando la galería como si nos estuvieran haciendo una visita a media tarde. Un rayo amarillo y violeta salió de entre las nubes. Un estremecimiento recorrió todo el valle, y luego siguió una ráfaga de lluvia. A continuación estalló la tempestad, que durante una hora estremeció toda la casa. Cuando por fin despejó, el azul añil de las montañas se había cubierto de nieve recién caída”.


Byron hace una descripción minuciosa de los budas y de las cámaras de los monjes que hay alrededor. Casi siempre elogioso del arte islámico que va encontrando a su paso, es, sin embargo, despectivo respecto al budismo. "Su arte carece de frescura", dice, "lo que me repele es su negación de la estética, esa falta de orgullo que desprende su mole flácida y monstruosa. Incluso el material de que están hechos carece de belleza pues la pared no es rocosa, sino de cascajo comprimido. Sin duda a un grupo de peones monásticos se les dio un pico y se les ordeno que copiaran alguna espantosa imagen semihelenística procedente de la India o de China. El resultado no se merece siquiera la dignidad del trabajo realizado". 


miércoles, 29 de septiembre de 2021

Maixabel


Esta carta de Mapi, viuda de Fernando Mújica




Hay tres consideraciones que hacer sobre este asunto (no tienen que ver con la película, que no he visto):


1. Una fáctica. Jauregui no puede acudir a la reunión del perdón. Fue asesinado.

2. Otra psicológica. Maixabel, viuda de Juan María Jáuregui, fue directora de la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco entre 2001 y 2012.

3. Un tercera política. El poder ha creado una atmósfera mediática favorable al perdón y al diálogo. Necesita que el partido de los ex terroristas apoye la coalición de gobierno. Siempre hay filósofos dispuestos a hacer teología.


Vamos a hacer suposiciones. Supongamos que tú eres la chica de la manada de Pamplona. ¿Te sentarías con tus violadores para hablar de perdón y redención?





sábado, 14 de noviembre de 2020

El hacha y la serpiente

 


1. La primera verdad con respecto a ETA (y Bildu que no reniega de sus actos) es que muchos de los que mató ahora podrían estar vivos.

2. La segunda verdad sobre ETA es que fueron asesinos de Miguel Ángel Blanco y no héroes de Carrero Blanco. Sólo ahora, después de tantos años, se está imponiendo la verdad sobre el relato de los irreductibles de Podemos, para quienes siguen siendo activistas.

3. Fernando Aramburu: "De momento, el silencio, antesala del olvido, no se ha salido con la suya".

4. Hay una avalancha de ficciones sobre el caso vasco. A través de ellas se puede llegar a la ideología que subyacía al terrorismo, y que sigue viva. Los límites están claros cuando a los asesinos se anteponen las víctimas. No va a ser tan fácil hacer ficciones sobre el caso catalán. Pero no cantemos victoria, 100 curas han apoyado al párroco de Lemona que, en un reciente documental (Bajo el silencio), justifica el terrorismo.

5. Chaves nogales (1937): "Yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea un lujo excesivo".

6. Sobre la insustancialidad de parte del periodismo escrito: Lucía Méndez, en EM, dedica una columna al caso psicológico de Albert Rivera, que ya no pinta nada, pero nunca ha dedicado una columna el caso psicológico de sánchez, que pinta casi todo.

7. Un poco más abajo, en la misma página, señala Arias Maldonado que al 'integrar en la dirección del Estado' al partido que homenajea a los terroristas que salen de prisión y que se propone 'tumbar definitivamente el régimen', al escogerlo como socio por encima de CS, sánchez no es que nos trate como tontos es que quizá lo somos.

8. El periodismo también es moral: EP lleva a portada como noticia más destacada, y a cuatro columnas, las contradicciones entre Fernández y Martínez.

9. Y ya dentro del periódico, ofrece cuatro columnas al padre de un niño asesinado en las Ramblas el 17 de agosto de 2017 para que diga su verdad: "el Estado conocía los planes para cometer un atentado y no impidió que sucediera". EP, periodismo.



lunes, 16 de diciembre de 2019

El colgajo, de Philippe Lançon





...habría renunciado de buen grado a escribir cualquier artículo para poder morder una fruta o un bocadillo sin dolor y sin ponerlo todo perdido, por beber de un vaso sin tener que meter la lengua, como si fuera mitad perro, por sentir cada centímetro de los labios que besaba”.

En la mañana del 7 de enero de 2015, dos terroristas enmascarados al grito de Allahu Akbar entraron en la sala de redacción del semanario satírico Charlie Hebdo descargando sus kalashnikov contra los dibujantes y periodistas allí reunidos. Mataron a 12 personas, entre ellos un policía de seguridad, y otros tantos fueron heridos con diferente gravedad. Entre los heridos se encontraba Philippe Lançon, periodista que trabajaba tanto para Charlie Hebdo como para Liberation. Durante ocho meses y 18 operaciones estuvo hospitalizado en dos hospitales distintos de París para tareas de reparación y rehabilitación. Este libro, escrito dos años y medio después, cuenta la masacre, la hospitalización, la reconstrucción maxilofacial, la rehabilitación. El lector se sumerge en una vida destrozada y durante casi 500 páginas vive en el líquido amniótico en el que el narrador vuelve a la vida.

El libro es una crónica contada en primera persona del suceso y sus consecuencias, un ensayo sobre la vuelta a la vida de un hombre que ha dejado de ser uno para ser otro y una novela por la que pululan un montón de personajes: cirujanos, enfermeras, profesionales de la reparación física y psicológica, familiares, amigos, amantes y hasta políticos, personajes porque, al fin, lo que de ellos se nos cuenta está seleccionado y su descripción es la propia de un escritor que trabaja con los materiales que la realidad le proporciona. También hay literatura explícita, porque al proceso de construcción del individuo que emerge ayudan autores como Kafka, Thomas Mann o Proust con Las cartas a Milena, La Montaña Mágica o En busca del tiempo perdido y otras referencias menores, y música, desde Bach al jazz, siendo el libro Blue note un objeto importante si no decisivo en el resultado del atentado, y es literatura no solo porque autores y libros referenciados lo sean sino porque el autor de este libro los ha escogido con una función literaria.

El mundo de referencias es abrumador, como lo es la nómina de personajes y la descripción de los traumas, hasta el punto de que llega a agobiar, pero ello no impide dejar la lectura porque el lector necesita salir del mundo líquido a la superficie al mismo tiempo que el narrador, ser uno con él, como si le fuese la vida en ello. Vivir una experiencia como la que vive el narrador no está al alcance de cualquiera en este tiempo, en los tiempos brutales del pasado era más común, así que se nos antoja necesario acompañarlo en el proceso de pérdida y transformación, aunque sabemos con Céline que “la experiencia es una tenue lámpara que ilumina solo a quien la lleva”. El narrador hace referencia continua al personaje que fue y al que está hospitalizado, incluso en una entrevista hace referencia a otras personalidades posteriores. Cualquiera tiene la impresión de haber sido otro en otro tiempo, incluso de ser otra persona distinta en diferentes ambientes, aunque los cambios de traje en una persona común sean casi imperceptibles.

Lo que no es el libro es una sociología del crimen o una psicología del asesino, eso que tanto se encuentra en las novelas o los ensayos de género, aunque haya menciones al contexto y cargue con amargura contra los contextualizadores. Por ejemplo, cuando contrapone como igualmente dañinos el discurso contra los musulmanes de un pintor que ha sido escudo humano en Serbia y el de una edil herida en Nanterre, en la masacre de 2002, que justifica los atentados con razones sociológicas. También hay otras menciones significativas como cuando deja de ver a Naima, una musulmana conocida suya que tras el 11S le había dicho: “Estaba todo previsto. Fue un golpe orquestado por Israel. No puedo decir más, pero no hay duda...”. Lançon comenta:
Naima no era islamista, pero sí musulmana, y yo la veía casi todos los días. No supe qué responderle, porque ya no creía que pudiera convencerse a quienquiera que sostuviera esta clase de discursos, que eran indicativos de una debacle fantasmal de la inteligencia. Dejé de ir a almorzar a su local, pese a que seguí pasando por delante con una punzada en el corazón y sin mirarla”.

Hay otra mención importante. La casualidad hizo concurrir en las mismas fechas la matanza y la publicación de Sumisión, de Michel Houellebecq. El propio Lançon iba a hacer una reseña para Liberation y en la redacción de Charlie Hebdo, se estaba hablando de ello antes de la irrupción de los asesinos. La novela de Houellebecq tiene como tema central el islamismo. No faltan momentos duros, amargos, de una tristeza difícil de soportar y hasta destellos proféticos:
Mis habitaciones del servicio de estomatología eran mi sanatorio de Davos, y me faltaba poco para pensar que, del mismo modo que la Guerra del 14 ponía fin a la aventura de Hans Castorp, ahora se anunciaba otra guerra, una guerra de la que los islamistas no eran más que un síntoma y que enfrentaría al hombre consigo mismo, una guerra social, sexual, psíquica, ecológica, total, que conduciría en un plazo relativamente corto a la extinción. No había ningún profetismo en lo que creía presentir, tampoco nada de narcisismo, no tenía realmente cambios de humor y por lo demás tampoco se lo comentaba a nadie. Simplemente sentía una compasión silenciosa por aquellos que venían a verme, por su actividad, sus problemas, sus hijos, por mis colegas que seguían escribiendo sus artículos, breves o extensos”.

El colgajo nos habla de la naturaleza humana, de la experiencia extrema en la que se ve sumergido un hombre, más allá de su voluntad. La importancia de esa experiencia la resume Lançon con una cita del Sartre de Las palabras: “Todo un hombre, hecho de todos los hombres, y que vale lo que todos y lo que cualquiera.”.


jueves, 1 de agosto de 2019

Oñate homenajea al etarra carcelero de Ortega Lara





Es tan preciso este vídeo, está tan bien editado, que toda palabra añadida es una palabra de más.

P.S. Aunque claro que se pueden decir palabras de más:

2. EH-Bildu a María Chivite: "Somos la llave que puede cerrar y abrir puertas".

jueves, 4 de abril de 2019

Lee, comprende y explícalo



N. Sancha

Dos lecturas de obligado cumplimiento, hoy.

1. Un reportaje sobre tres españolas yihadistas, atrapadas en el horror del ISIS en Siria. No puede haber peor imagen del horror: el horror mental de la conversión siguiendo a sus maridos, el horror físico de un campo de refugiados donde no son vigiladas por sus carceleros sino por los fanáticos del ISIS dentro del campo. Doble cárcel. Mira esa foto.
Pero el reportaje es necesario por otro motivo. Desarma la cárcel de nuestros prejuicios. Ver mujeres musulmanas y yihadistas vestidas con ese horrible niqab desata en nuestra mente sucesivanmente la incomprensión, la repulsa, el deseo de que perezcan en su irresponsabilidad. Pero la lectura, su circunstancia personal, la ingenuidad que trasmiten hace que veamos las cosas de otro modo, que se encienda en nosotros la comprensión, la simpatía, el deseo de ayudarlas. El Estado español, es decir la civilización, debe socorrerlas, rescatarlas de inmediato. ¿Dará la orden Narciso, tan centrado como está en la campaña electoral? Ahí se verá su catadura moral.

2. ¿Otro artículo sobre Cataluña? Sí, pero creo que este va a la esencia de las cosas. Habla de cómo ha sido tratada la mitad de la población y de cómo, década tras década, la izquierda la ha traicionado. Es lo que tanto cuesta entender a las personas sensatas de la izquierda en el Restoespaña, no pueden comprender que la izquierda sea reaccionaria.
"Los "otros catalanes" llegaban como llegan hoy tantos sin papeles, inseguros de sus derechos y derrotados. Incluso asumían la calificación -en su propio país- de "emigrantes", esto es, de extranjeros. Algo que no sucedía en otros destinos españoles: nadie emigra desde Zaragoza a Madrid. Los nativos se encargaron de recordarles que no eran verdaderos catalanes, que, si acaso, tenían la obligación moral de "integrarse", que no eran ciudadanos plenos".



sábado, 26 de enero de 2019

El terrorismo del bienestar



«Me llama la atención la distancia entre la calidad de los historiadores en España y la manera que tienen los partidos españoles, sobre todo de izquierdas, de utilizarla para dividir a la gente». (Barbara Loyer).
«La idea de identidad recibe hoy una admiración amplia y generalizada, puede ser fuente de orgullo y de confianza, pero la identidad también puede matar y matar desenfrenadamente». (Edorta Elizagarate).
«Pero el hombre mismo tiene una invencible inclinación a dejarse engañar y está como hechizado por la felicidad cuando el rapsoda le narra cuentos épicos como si fuesen verdades». (Nietzsche).

        En El País Vasco no llegaron a perpetrar un simposio como España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014) (Barcelona, diciembre de 2013), bien es verdad que perpetraron algo mucho peor. Quizá no lo necesitaban, porque la sociedad vasca está tan nacionalizada que no necesita que en una reunión les digan por escrito y de viva voz, con el aparataje científico de la historiografía, lo altos que son, lo azules que tienen los ojos y el hermoso dorado de sus cabellos. Porque cuando hay consultas electorales, ¿qué porcentaje de esa sociedad vota abertzale?, ¿cuántos siguen saliendo a la calle para mostrar su rabiosa identidad?, ¿cuántos han condenado a ETA? Por eso un partido como UPYD, surgido de las entrañas del dolor, tuvo nulo éxito. La sociedad catalana es distinta, caben más, es inevitablemente cosmopolita, y las cárceles del pensamiento no pueden atenazar como lo hicieron en los años de plomo en el País Vasco. Fue en Cataluña donde surgió C’s.


          Y como premio el ciudadano vasco recibe del Estado de promedio el doble que un ciudadano del resto de las comunidades autonómicas, 4.170 euros frente a los 1.824 euros de un valenciano. El gasto por estudiante en el País Vasco alcanza los 7.229 euros frente a los 4.995 de media. Datos de 2013. No es extraño, pues, que sus sistemas sanitario y educativo sean los mejores de España.

        Por eso, es una alegría que en el País Vaco exista una institución como el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda e historiadores capaces de presentar trabajos como los que integran los libros que se comentan en esta reseña. De vez en cuando hay que acudir a lo que el reseñista llama textos de gama alta.


martes, 21 de agosto de 2018

Salafismo en Cataluña



            Si tuviésemos buenos políticos enfrentaríamos los grandes problemas que amenazan la convivencia o una sociedad sostenible o la mejora de las condiciones de vida. Es decir, nos pondríamos en la piel de nuestros nietos. Pero me temo que el futuro no está en sus planes, sino el presente electoral y el pasado que creen lo alimenta. Por ejemplo, Cataluña. En Cataluña solo hay un presente arrollador, obcecado, monotemático, que no deja resquicio a la pausa para observar, pensar, prever, planificar. Mucho me temo que el gran problema de Cataluña no sea el del nacionalismo, sino la integración de los grupos de inmigrantes que han ido llegando, en especial los de creencias musulmanas.

           Veamos los datos. Según el último censo realizado por la Unión de Comunidades Islámicas de España, en Cataluña (2017) hay 515.482 musulmanes, el 6,9% de la población, mientras que en el resto de España es del 3,6%, En Gerona, los musulmanes son ya el 11,1% de la población.

            Hace quince años, había unos 30.000 musulmanes; ahora superan el medio millón. Los nacimientos de hijos de padres musulmanes representan ya más del 10% del total en esa comunidad autónoma. Otro dato tan importante o más, el 79 de las 109 mezquitas salafistas que hay en España se encuentran en Cataluña.

             Por eso es tan interesante todo lo que en esta entrevista dice Hannan Serroukh, coordinadora del Área de Estudios islámicos del GEES, un grupo que asesora a diferentes fuerzas policiales sobre el riesgo de amenaza terrorista.
Se está produciendo una captación aquí en Cataluña de líderes jóvenes, universitarios, formados, que han normalizado la idea de identidad islámica. Son perfiles de jóvenes que han nacido aquí, que no son inmigrantes, son españoles, están en las universidades, que han pasado por todas esas fases y que, una vez llegan a la universidad pueden llegar a ser futuros líderes con un potencial para instaurar un nuevo orden islámico. quieren tenerlos preparados. Son sus juventudes, como las tienen los partidos políticos. Son las juventudes islámicas”.
En estos momentos, en Cataluña, en lugar de generar cohesión en la diversidad, se están generando distancias y espacios: el espacio islámico y el español, el islámico y el occidental. La cuestión es cuando llegaremos al punto de confrontación”.