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miércoles, 24 de junio de 2026

Un complete unknown (Dylan)

 


Cansado de empezar películas y series que dejo a la media hora o a los 10 minutos, buceo en el gran almacén audiovisual para buscar una película que adivino me gustará. Y efectivamente desde la primera secuencia sé que la película de James Mangold, de 2024, A Complete Unknown, me va a gustar.

 

A Complete Unknown es una suma de canciones de la primera etapa de Bob Dylan, de 1961 a 1965. Recorre sus primeros años, la etapa folk, hasta desembocar en el rock, en el tormentoso paso del joven cantante por el festival folk de Newport de 1965. Para dar consistencia a la narración, la película la encierra en un arco narrativo, desde que conoce al pope del folk en un hospital de Nueva York, Woody Guthrie, hasta que 'afrenta' con su guitarra eléctrica al mundo acústico del festival, a sus escandalizados promotores, entre ellos a quien lo había gentilmente apadrinado, Pete Seeger.

 

Cada canción es un disfrute, el director maneja las escenas con primorosa mano clásica, intercalando la vida sentimental de Dylan con la agitada vida política americana (Vietnam, los misiles en Cuba, el asesinato de Kennedy). Como en una enciclopedia del folk, van apareciendo los grandes cantantes, interpretados por reconocidos actores: Timothée Chalamet como Bob Dylan, Monica Barbaro como Joan Baez, Edward Norton como Pete Seeger, y tantos más: Woody Guthrie, Johnny Cash...

 

Lo más sorprendente, que cuesta creer, es la decisión que tomó James Mangold de hacer que sus actores aprendiesen música y cantasen ellos mismos las canciones para dar el mayor realismo a las escenas. No se usa la voz propia de Dylan ni pistas pregrabadas, lo que se escucha se grabó en los escenarios donde se filmaban con la intención de transmitir la veracidad de los conciertos en directo de la época.

 

Cuando un desencantado Woody Guthrie despide con un mal gesto, desde el hospital de New Jersey, al ya famoso Bob Dylan - 1965, 24 años - este se lanza con su moto hacia las varias vidas que le quedan por delante, las que el espectador entregado querría ver reflejadas en una nueva película.

 

Walk the line. (En la cuerda floja. 2005)

 


No me ha gustado de igual manera la película que James Mangold dedicó a otro cantante, Johnny Cash, aunque tenga muy buenas críticas. Walk the line. No parece acertada, en este caso, la decisión de que los actores - Joaquín Phoenix y Reese Witherspoon – tocasen y cantasen sustituyendo a los protagonistas de la historia, Johnny Cash y June Carter. 

 

Más que un musical es un drama en torno a la complicada y apasionante historia amorosa de ambos cantantes. Me hubiese gustado escuchar las voces y música verdaderas. Además, no creo que haya mucho feeling entre los actores, comparando con lo que transmiten los cantantes cuando se les ve en los videos de época. 

 

La estructura es parecida, un arco que va de un padre borracho, con el accidente del hermano que muere en un aserradero, hasta el concierto de 1968 en la prisión de Folsom que consagró a Johnny Cash.


sábado, 3 de enero de 2026

Qué es la Música

 

 


Pongo Radio Clásica cuando me desplazo en un viaje largo. De todo lo que he escuchado hoy me quedo con una interpretación del Cuarteto Cosmos, a quienes había escuchado en directo hacía poco con otro programa que no me entusiasmó tanto, de una obra mixta en el tiempo, una especie de agujero de gusano que unía el final del Renacimiento con el Siglo XX. Una fantasía de Purcell sin solución de continuidad enlazaba con un allegro cuartetístico de Benjamin Britten. Una maravilla interpretada. (Henry Purcell: Fantasia IV en sol menor, (ca. 1680) / Benjamin Britten Cuarteto de cuerda n.º 3 en sol mayor, (1975). Yo iba golpeando en el volante siguiendo el ritmo polifónico instrumental.

 

Me preguntaba qué es la música, en qué momento la música alcanzó la cima. Para mí la alcanzó con las obras camerísticas de Beethoven. Luego, en el mismo dial, he escuchado el movimiento largo del cuarteto n⁰ 132, para confirmarlo. Lo he escuchado como paralizado, el coche yendo solo, como si Beethoven estuviese frotando las cuerdas de mi interior. Creo que sí, que ese breve periodo de Bach a Beethoven pasando por Mozart y acabando en Schubert es el momento en el que la música tocó la cima. Las demás artes, también tuvieron su momento y luego decayeron para pasarse el testigo unas a otras: Dante, Cervantes y Shakespeare, la arquitectura, la pintura, el cine. Tuvieron su momento y se ahogaron después, a la espera de otro destello del espíritu humano.

 

Sin duda, ha habido otros músicos que como islotes han seguido produciendo grandes obras, pero islotes en medio de la mediocridad.

 

Estos días pasados en Twitter la gente hablaba maravillas del concierto de año nuevo, según ellos, inigualado, repitiendo lo que el locutor de la transmisión había dicho. Repitiendo, repitiendo. Como si la música fuese una emoción transmisible, pegajosa, que se celebra en compañía, incluso fuera de las salas de concierto. Pero si hubiesen estado atentos, fijándose en el público que estaba sentado en el Musikverein o el espectáculo teatral que estaba montando el director de la orquesta, deberían darse cuenta de que la música es otra cosa. Qué interés tiene lo que se repite hasta la saciedad.

 


domingo, 9 de noviembre de 2025

Lux

 


«Tenía la música clásica en mente mientras creaba el álbum. Durante todo el proceso, escuché mucha música clásica... El álbum está dividido en cuatro movimientos, lo que, para mí, fue muy útil en su construcción.

El primer movimiento habla de la pureza y su pérdida. El segundo trata de la gravedad, la relación con el mundo, la parte más mundana. El tercero representa la gracia, la amistad con Dios. Y el último movimiento trata de las despedidas, de decir adiós y, en cierto modo, de volver». (Entrevista a Rosalía en France Inter)


«Lux», el nuevo álbum de Rosalía, «resulta ser un giro radical que se aleja de la lógica de la economía del pop, en la que las canciones compiten por proporcionar el mayor placer al mayor número de personas» (Kelefa Sanneh. The New Yorker).


Anoche antes de darme al sueño escuché entero el álbum siguiendo el texto en la pantalla. Me dejó bastante frío, salvo unos pocos picos emocionales. (Ya sé que este disco no es para mí). El texto, pensé, es el de una postadolescente que avizora el mundo de los adultos sin acabar de desprenderse de la nebulosa postinfantil. (Me falta, claro está, escucharlo en bucle, sin pantalla, dejándome llevaron por la sola música).


Me asombran todos esos adultos que ven en los anacolutos de Rosalía una confirmación de sus creencias, como si fuese una profetisa de la vuelta a Dios, tan necesitados están de actos de fe (de personajes famosos), ya que nunca hallarán las pruebas.


He visto en redes el éxtasis eufórico de los militantes religiosos tras la aparición del álbum. Un cura desgranaba una a una las referencias teológicas de Rosalía como si cada canción fuese el anuncio de una nueva buena nueva. 


"Si no tuviera una carrera musical, probablemente estaría en la universidad estudiando teología", (Rosalía).


Cosas que he leído: Es un disco compuesto en el cielo y cantado desde el infierno; es una misa experimental; un soundtrack de redención, dónde se juntarían el desengaño amoroso y la iluminación divina; Rosalía es una enviada de Dios; es la percepción de Dios y el universo experimentándose a si mismo; En «Lux», Rosalía traspasa los límites de la música pop. 


"Es un disco concebido como una obra de arte y creado como un acontecimiento, una reivindicación luminosa de la canción popular con arreglos modernazos y una reflexión lúcida del presente". (Pablo Gil en El mundo)


El único tema que me ha llamado la atención y que aplaudo es el que ha dado a conocer el álbum: Barghain. Voz, inventiva, soporte técnico, con el añadido de la gran agrupación orquestal.


El interés que tiene, para mí, Lux es todo lo que se ha generado alrededor, las expectativas, el marketing, la creatividad de la época y, por encima de todo, Rosalía como síntoma del malestar de un par de generaciones. Un malestar que quizá no sea diferente del de cualquier otra época. La diferencia está en la expresión: el decorado con que cada momento histórico adorna las grandes cuestiones que se repiten. A veces las tintas se cargan sobre el lirismo y la subjetividad, el modo romántico de afrontar la vida. Otras épocas prefieren la seriedad del razonamiento que desdeña las heridas en la piel. En sus momentos más marcados ambas pueden ser muy plastas.


Después de unas cuantas décadas regadas por el cinismo de la deconstrucción que ha acabado en nihilismo - nada es verdadero: hay que levantar el velo de las fuerzas oscuras que nos gobiernan - el péndulo gira hacia el lirismo, que es otra forma de ocultación: "El regreso de la fe" - eso han dicho -; existe el misterio que no se puede desvelar, pues en la imposibilidad de comprenderlo está el valor de la auténtico. En fin.


Una crítica profesional en The Guardian.


jueves, 10 de julio de 2025

Sarabanda y chacona

 


Qué felicidad, qué rapto no debió sentir Nicola Matteis cuando acabada su composición la interpretó al violín: "Tenía un toque tan dulce que lo hacía hablar como la voz de un hombre y, cuando quería, como un consorte de varios instrumentos, hacía maravillas con una nota", escribió un contemporáneo, un día de noviembre de 1674, o cuando, interpretada por otro, sumido en la pobreza y enfermo, doblado el siglo, oía en la calle lo que llegaba de uno de los salones de la naciente burguesía que ya no frecuentaba, olvidados ya los elogios que le habían dedicado a este napolitano que "había viajado por Alemania a pie con su violín bajo un abrigo a la espalda" antes de llegar a Londres para cambiar el gusto inglés hacia la música italiana, 


una emoción tan grande que escuchada hoy, siglos después, nos conecta con su felicidad y su desdicha: "el exceso de placer lo sumió en la miseria, y así se empobreció. Y murió miserable", escribió otro contemporáneo, en onda no extinguida, si prestas la suficiente atención, aislado de la agitación inútil.


sábado, 5 de abril de 2025

Momi Maiga

 


La kora es un instrumento típico de África Occidental, más concreto de la Ecuatorial, de las Guineas, Burkina, Gambia y Senegal. La formación de los instrumentistas desde la infancia es exigente, en escuelas o en las familias que siguen la tradición de los griots. Les he oído decir que, si no se aplican, les dan en los dedos con una especie de regleta que usan para golpear el tambor de acompañamiento. El instrumento tiene entre 20 y 22 cuerdas, de piel de antílope retorcida, con una calabaza vaciada, cubierta con piel de vaca como caja de resonancia, y un mástil con nudos al que se ajustan las cuerdas. Se pulsa con cuatro dedos, los dos pulgares y los dos índices.


Su sonido es poderoso mezcla de arpa, de ud africano y de guitarra. He escuchado en directo a gente como Nino Galissa, guineano con residencia en Barcelona, y ayer al senegalés de Casamance Momi Maiga. Grabado, el sonido palidece. 


A Mimo Maiga le acompañan en el escenario un violín, un cello y diversos instrumentos de percusión. He escuchado antes y después del concierto su último disco, Kairo. Lo que en la grabación es una agradable música de acompañamiento, en directo la vibración se transmite a los cuerpos. Y lo más importante, el tema se expande en largas improvisaciones tanto de la kora de Mimo como del violín de Carlos Monfort. Ahí se muestra la potencia de estos músicos y su conexión con el público. A lo que hay que añadir su simpatía. En las composiciones de Momi, instrumentales o con temas en su Mandinka natal y en Wolof, el idioma más extendido Senegal, el fondo es jazzístico, con ritmos propios de su tierra, resonancias de flamenco e incluso de música clásica (Ndimma podría pasar por una composición de Monsieur de Sainte-Colombe).



Los temas del concierto pertenecían a su último disco, Kairo, con añadidos de temas anteriores. Especialmente emotivo, Ocean, donde los instrumentos transmiten con gran viveza el viaje en patera desde Senegal a España. 


A Momi Maiga y su Kora le acompañan los catalanes Aleix Tobias en la percusión y Marçal Ayats en el cello y el dicharachero mexicano Carlos Montfort en el violin.


sábado, 18 de enero de 2025

Mar en calma

 




Meeresstille                                           Mar en calma


Tiefe Stille herrscht im Wasser,          Profunda calma reina en las aguas,

ohne Regung ruht das Meer,              Sosegado, sin movimiento está mar,

und bekümmert sieht der Schiffer      y angustiado mira el navegante

glatte Fläche rings umher.                  la lisa llanura que los rodea.


Keine Luft von keiner Seite!              ¡Sin brisa por ningún lado!

Todesstille fürchterlich!                      Calma mortal ¡aterradora!

In der ungeheuern Weite                     En la monstruosa extensión

reget keine Welle sich.                         ninguna ola se agita.


Goethe, 1795                                        Schubert - Matthias Goerne

                                                             (Dorottya Láng. Meeres Stille)

viernes, 20 de septiembre de 2024

Concierto

 



Cuando el arte se vuelve técnica, exhibición de virtuosismo técnico, la sensación es de estafa. Yo no voy a un concierto como a un circo. Una exposición, un programa de conciertos que no tenga como objetivo el placer del público es una estafa, y por encima de todo el programa con tintes pedagógicos. La pedagogía está bien para los niños, no para los adultos.


Del triplete de ayer, un piano, un violín, un cello, que cerraba el llamado Festival de música Antonio de cabezón, nadie puede dudar de sus habilidades técnicas. De las tres piezas seleccionadas, al menos una, el moderno trío de de Lera Auerbach 1973) fue escogido para mostrarlas. Quizá también el trío número 4 de Antonin Dvorak, bonito, pero no de los más melódicos (con la que a mí me gusta Dvorak). Un muy clásico trío n⁰ 1 de Félix Mendelssohn cerraba el concierto y lo cerraba claramente para que su romántico estallido final arrebatase al público y prorrumpiese en bravos e inmerecidos aplausos, no por el dominio del instrumento, sino porque no emocionaron al público. No a mí, al menos.

jueves, 16 de mayo de 2024

La música de mayo




He bajado del Norte con una extraña felicidad pegada al cuerpo. Peña Ubiña, Huelna, el museo de Bellas artes de Oviedo, de las chovas piquigualdas que huían de la tormenta al ansia de lluvia de los campos de Castilla. El verde de mayo se extiende en todas direcciones. Como ha llovido, hay agua, humedad y crecimiento. La vida es un retortijón de la tierra que revienta: flores, cantos de pájaros, nubes preñadas. Hasta Valladolid en bus, acompañado, desde Burgos el coche se ha ido deslizando por los brotes verdes del cereal. El mundo está lleno de cosas, un almacén inabarcable. Es un sinsentido la tristeza o el pesimismo, al menos en días como este. Solo tienes que reducir la vista panorámica al palpito de lo particular. Mira oye ama. La vida se te ofrece, ámala. Hay alguien que es como tú, que piensa en ti, que te espera, que se complementa contigo. Estate atento. Un tropel de músicas me acompaña, subrayando lo que veo, lo que recuerdo, lo que imagino. La sarabanda de Nicola Matteis, Apelo de Baden Powel por Yo Yo Ma... Y al final, casi como un milagro, Silvia Perez Cruz y su Mañana.


lunes, 6 de mayo de 2024

La vida en latas

 



¿En qué momento sientes que la vida te ha dejado atrás, que ha cambiado sin que lo hayas percibido, descompasado como el maratoniano que se queda minutos por detrás sin ver los aplausos y la fiesta que recibe al ganador o cuando despiertas en un lugar que no esperabas? Me han cambiado el mundo, dices, pero quizá es que te has mantenido en una ensoñación durante demasiado tiempo. ¿Se producen los cambios de forma imperceptible o hay una frontera que traspasamos? Viajamos en un vehículo fabricado en otro tiempo del que no hemos podido saltar o modernizar, el vehículo de la edad.


Hay un choque difícil de asumir cuando percibes que estás viviendo en otra época, como si saltases del elemento líquido que te ha rodeado desde que tomaste conciencia del mundo a una atmósfera de aire, los pulmones han sustituido a las branquias y los seres vivos ya no se impulsan cimbreando su cuerpo sino agitando las alas. Muchos como tú echan de menos el líquido elemento, se agitan torpes en el suelo dando bocanadas.


Lo peor es que en los tiempos de plenitud despreciabas el modo de ver y actuar de quienes no vivían y sentían como tú. La superioridad de entonces se ha convertido en la inferioridad de hoy. La superioridad de los libros, de la escritura y la lectura, la reverencia a los grandes hombres del pasado.


Veo en fotos o vídeos bibliotecas de hombres ilustres, pecios de un tiempo pasado, un tiempo breve en la escala de la humanidad, importante sin duda, pero breve. La oralidad que ahora se recupera cubre muchos más años, antes y después de la imprenta. Veo a Bach, Beethoven y Mozart en las estanterías, a Homero, Dante y Lorca: héroes de un patrimonio que ya no tiene el valor que yo le daba. Resonarán sus ecos durante mucho tiempo pero los serios auditorios donde la gente los escuchaba en silencio se irán extinguiendo o transformando en otra cosa. Mira la apoteosis de Taylor Swift, (no es la música, es el espectáculo). Quién se pone un traje oscuro y bien cortado para escuchar a Bad Bunny. Recuerdo cuando mi madre, siendo un niño, me llevó al sastre para que me hiciese un traje. Beethoven era la música, Cervantes y Shakespeare la literatura. Ya no son de la nuestra, representan otra época. Decía George Steiner en una entrevista póstuma:

No he entendido, por ejemplo, que el cine, en cuanto nueva forma de expresión, podía revelar, talentos, creativos y nuevas visiones mejor que otras formas más antiguas, como la literatura o el teatro.

Uno puede vivir enlatado o dejarse mecer por los sonidos que la vida va generando. Ahora escucho una canción de María Jiménez y me doy cuenta de que en la música que desprecié estaba la música y la poesía que despertaba las emociones más intensas, desvelando mejor la vida, representándola mejor. El error consistió en pensar que la vida se podía enlatar. Cuánto tiempo perdido. Aunque uno puede recluirse, por qué no, en los sonidos de Las Huelgas que ahora oigo. No será moderno, pero quizá vivirá en paz consigo mismo. No será moderno. Mira el vídeo que antecede a este comentario y lo comprenderás.




domingo, 10 de marzo de 2024

Dímelo: ven y enciende el bosque

 

Peacemaker, Vera sola

Hay dos lenguajes que deberíamos erradicar sin contemplaciones. El del amor y el de la política. Los dos han sido vaciados por las palabras gastadas y han dejado de significar. Escucha a cualquier político, si tienes cuajo, desde su tribuna o desde el micrófono, verás que lo único que busca es que le devuelvas la imagen que proyecta sobre ti. Como no tiene nada que decir, se te ofrece poniendo énfasis en sus gestos y en su voz. A sus fieles les basta.


El lenguaje poético del amor es mera repetición de lo oído. Puedes pasarte una tarde entera ojeando poemas en la Casa de libro y no encontrar uno solo original. Hoy he repetido esa experiencia con la IA. Le he dado pistas:


"Camino por el bosque, bajo una fina lluvia, escuchando música, mientras pienso en el amor esquivo de una mujer, ¿qué puedo hacer para atraer su atención?. ¿Me puedes hacer un poema con esos datos?”.


He ido modificando la petición, pero todo lo que me ha ofrecido ha sido basura. La IA se alimenta de nuestras deposiciones, no tiene otra experiencia que la nuestra.


Así que me he ido allí donde se echan las mejores cartas de amor, las canciones. Vera Sola: Bad idea. (Pincha)


So say: come and spark up the forest

Outlay the twilight her glow

Make way for the dark to set us under

Our city by the ashes overthrown


Oh it's a bad idea


Back then it was only but a sentence

Shadow-borne in the falling of an oak

How quick we falsified the promise

Take tomorrow out on loan


Oh it's a bad idea

Oh it's a bad idea

Oh it's a bad idea

And it's all catching up to us now


But we hand you the matches

And we thumb-flick the light

And we gather up the kindling

For our first fire-fight


Oh poor California

Our lady of the isle

As the leaves they do catch fire

We watch on the roof as the flames

Lick higher


So said come and spark up the forest



viernes, 29 de diciembre de 2023

Den nye stillheten

 



La tarde cae a lo lejos al oeste de Madrid

Sobre mi cabeza nubes nuevas llenas como si esperasen mi partida

A un lado molinos bermellones al otro blancos

Al frente las luces del polígono ya encendidas

Nadie más que yo en el altozano

Me abraza el frío, la humedad del pensamiento

Del abrazo que no se producirá

Es una tarde gris sin ruido

Podría desaparecer y al mundo le resultaría indiferente

Escribo con mis labios por si el leve sonido llega lejos

Hasta un alma más solitaria que la mía



lunes, 20 de noviembre de 2023

Mahler y el consuelo de la música




En 1804, en Viena, una pianista de veintitrés años llamada Dorothea von Ertmann perdió a su único hijo, un niño de tres años, tras una breve enfermedad. Según cuenta ella misma, cayó en una profunda depresión. Aunque recibía visitas que trataban de consolarla, era en vano. Dorothea pertenecía a una buena familia y había llegado dos años antes con su marido y su hijo a Viena, donde, gracias a sus actuaciones en salones privados, había conocido a Ludwig van Beethoven. Cuando Beethoven se enteró de su dolor, fue a verla a su casa, se sentó al piano y dijo, según el relato posterior de Felix Mendelssohn, que ahora hablarían entre ellos en el lenguaje de la música. Beethoven improvisó durante una hora, a lo largo de la cual Dorothea rompió a llorar por primera vez. Cuando el compositor terminó, se levantó, estrechó la mano de Dorothea y, sin decir nada más, se marchó. Poco después, Dorothea dejó constancia de sus sentimientos en una carta:


¿Quién podría describir esta música? Creía estar oyendo coros de ángeles que celebraban la entrada de mi pobre hijo al mundo de la luz.


(En busca de consuelo, Michael Ignatieff)


El único consuelo que merece respeto, había dicho Nietzsche, es creer que no hay consuelo posible, en contra del gesto de Beethoven, en contra de la obra de su antiguo amigo Wagner, en contra de la experiencia musical y vital de Mahler.


En una de sus cartas escribió Mahler "¿Para que vives? ¿Por qué sufres? ¿Es todo una gran broma aterradora?" Mahler, como Wagner, creía que la música podía sustituir al consuelo que los cristianos ponían en la fe en el paraíso. De ese espíritu nació la música del Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico de la juventud), que introdujo en la Sinfonía nº 4, la vida celestial vista desde la perspectiva inocente de un niño campesino, que alterna el tono alegre con la brutalidad en la imagen de unos santos del cielo que descuartizan corderitos para que se los coman las almas de los benditos. Y después las cinco canciones del Kindertotenlieder (Canciones a la muerte de los niños) que seleccionó del conjunto de poemas que un joven profesor alemán, Friedrich Rückert, había escrito setenta años antes a raíz de la muerte de dos de sus hijos a causa de la escarlatina. Mahler creó una secuencia narrativa que trataba de transmitir el sentir del padre, de la incredulidad al dolor atroz, la amargura y la aceptación. En la última canción Mahler transmite a través de los últimos compases -que se van apagando hasta dejar paso al silencio- un estado de aceptación emocional en el que el padre cree que los niños están en paz para dejar atrás el dolor. La filósofa Martha Nussbaum ve este pasaje "como el sueño no de la comodidad, sino de la nada... El conocimiento de la imposibilidad de cualquier amor, de cualquier esfuerzo reparador". Mahler quiere decir, según Nusbaum, "que el mundo del corazón está muerto". Para Michael Ignatieff, en cambio, la calidez y la dulzura de los últimos compases, evoca sí la quietud de la muerte, pero con la intención de consolar, el oyente de su música "aprueba que transforme la idea de la muerte en una visión de paz y sueño".


Mahler era hijo de un posadero judío de Iglau, una pequeña ciudad de Moravia, en la actual Chequia. Su padre era un tirano irascible; su madre, una mujer coja y siempre embarazada, víctima de su marido. Mahler con quince años huyó a Viena con la intención de estudiar música. En cada partitura estaba la memoria del dolor por la muerte de sus hermanos, en especial del benjamín, Ernst, que cayó enfermo en 1875 -Mahler le inventaba cuentos al pie de su cama. Mahler le contó a Freud que recordaba escenas de la infancia y que cuando componía interrumpía pasajes de sublime tristeza con notas bruscas de una frivolidad discordante y estridente.


Cuando Mahler vivió una experiencia parecida a la de Rückert, la muerte de su hija Marie, concebida por Alma Mahler, también de escarlatina, no encontró consuelo inmediato. Dimitió de su cargo en la Ópera de Viena, aunque siguió componiendo con menor intensidad; sin referirse a la muerte de su hija, el dolor estaba en el melancólico adagio de su 6ª Sinfonía, Der Abschied (El adiós) y en el movimiento final de su Das Lied von der Erde.


¿Adónde voy?

Vago por los montes.

Mi corazón solitario busca la paz.

(Lo que antecede es un resumen del capítulo dedicado a Mahler en En busca de consuelo, de  Michael Ignatieff)

sábado, 18 de noviembre de 2023

Sarrià musical (oasis)




 Dejamos la gran arteria cuando el sol ya se ha hundido en el horizonte. Estudiantes en una y otra dirección salen o entran en facultades. No hay mucho tráfico para ser viernes. Nos adentramos por las calles peatonales del barrio, casi vacías, hasta que nos acercamos al núcleo. La iluminación es tenue pero suficiente; las luces de las tiendas, que se desparrama al exterior -fruterías con cestos de fruta en cascada, con piezas brillantes y coloridas y precios no demasiado tentadores, pastelerías de amplios ventanales-, contribuyen a que el ambiente será cálido y el paseo agradable. A través de un ventanal vemos a un puñado niños, alrededor de una gran mesa rectangular, figurando y desfigurando trozos de barro antes de que sus monitoras los conviertan en objetos cerámicos; en otro de similares características los niños se inclinan sobre pequeños recipientes con pintura que con los dedos o con pinceles llevan a pequeñas telas cuadradas con bastidor. Los pisos con amplias terrazas dejan ver apartamentos espaciosos, abiertos a la mirada curiosa, decorados de modo sencillo pero no austero. Diseminados, aparecen un palacete de aire medieval con finas columnas en sus ventanas góticas, otro modernista con fachada serigrafiada, y otro más de gusto ecléctico cuando un fabricante del XIX quiso exhibir su riqueza recién adquirida.


El paseo nos habla de la antigüedad del barrio, de la vida acomodada sin interrupción. En la plaza alargada de la iglesia y el ayuntamiento grupos de jóvenes conversan con voces pausadas en las terrazas de los bares como si no fuese noviembre. Lo desagradable que pueda suceder en el mundo no llega hasta aquí. No hay papeles, ni colillas, no hay ningún fentanilo tirado en el suelo, ni siquiera se ven rostros extraños, un africano, un latino, un asiático, quizá por la mañana cuando lleguen los repartidores o vengan a primera hora las asistentas y cuidadoras o por la tarde, mientras hay luz, los que arrastran los carritos de los ancianos. Solo se oye el idioma local, musitado nunca gritado. Quien no querría proclamar que esta es la vida que uno querría vivir con independencia.




Se celebra un pequeño concierto en el sótano habilitado de un antiguo palacete con jardín, reconvertido en centro cívico. El lugar es hermoso, restaurado generosamente, la tarde espléndida. Fuera, en los jardines, hay una exposición de fotografías en blanco y negro con firmas que suenan a los nombres que la historia del barrio ha acuñado, nombres que se repiten en los libros de historia de la ciudad, en la gente señera que aún tiene cosas importantes que decir y vindicar. Mientras esperamos a que llegue la hora, tomamos un café en el bar del palacete. En un par de mesas, jubilados juegan partidas de dominó; a nuestro lado chicas jóvenes, sonrientes y tranquilas toman refrescos, en otras tres amigas susurran historias de otras amigas, todos con ese aire familiar de pertenecer a un lugar que sigue siendo el mismo que hace al menos dos siglos. Quién podría alterar la calma y felicidad de este oasis.


Dos jóvenes, una larga y estirada, otra más baja y ancha, una elegante y otra casual, con apellidos que las paredes del local devuelven como ecos de un pasado que se replica, ponen voz y cuerpo a una música moderna, electrónica, internacional -"conceptual, en torn la pèrdua, el dol i les formes d'expressar-ho… composicions experimentsals situades entre el clàssic i el mainstream íntim”, en sus palabras-, con una pantalla de fondo con nubes y sombras que danzan en la noche indefinida. La cantante de una belleza extraña, como de pájaro, como su música, difícil de aprehender, quizá por su atención dividida entre el instrumental electrónico y su inmersión en las canciones que va cantando. El público no muy numeroso en la pequeña sala aprecia el esfuerzo y aplaude.


martes, 1 de noviembre de 2022

L' empia ch’ adoro

 


Claudio Monteverdi: Sì dolce è’l tormento (1624)


Sì dolce è’l tormento / Tan dulce es el tormento

Ch’in seno mi sta, / que tengo en el pecho,

Ch’io vivo contento / que vivo contento

Per cruda beltà. / por la cruel beldad.

Nel ciel di bellezza /En el cielo de la belleza

S’accreschi fierezza / crece la arrogancia

Et manchi pietà: / y falta piedad:

Che sempre qual scoglio / Siempre cual roca

All’onda d’orgoglio / contra la ola del orgullo

Mia fede sarà. / mi fe se hallará.


La speme fallace / La vana esperanza

Rivolgam’ il piè. / dirige mis pasos.

Diletto ne pace / Ni alegría ni paz

Non scendano a me. / descienden a mí.

E l’empia ch’adoro / Y la impía que adoro

Mi nieghi ristoro / me niega el consuelo

Di buona mercè: / de su misericordia:

Tra doglia infinita, / En el dolor infinito,

Tra speme tradita / en la esperanza traicionada

Vivrà la mia fè. / vivirá mi fe.


Per foco e per gelo / Entre el fuego y el hielo

Riposo non hò. / no tengo reposo.

Nel porto del Cielo / En la puerta del Cielo

Riposo haverò. / reposo hallaré.

Se colpo mortale / Si el golpe mortal

Con rigido strale / de una rígida flecha

Il cor m’impiagò, / me hiere el corazón,

Cangiando mia sorte / cambiando mi suerte

Col dardo di morte / con el dardo de muerte

Il cor sanerò. / mi corazón sanará.


Se fiamma d’amore / Si llama de amor

Già mai non sentì / jamás sintió

Quel riggido core / ese duro corazón

Ch’il cor mi rapì, / que el corazón me robó,

Se nega pietate / si me niega piedad

La cruda beltate / la dura belleza

Che l’alma invaghì: / que mi alma encantó:

Ben fia che dolente, / puede que doliente,

Pentita e languente / arrepentida y lánguida

Sospirimi un dì. / un día suspire por mí.



Hay muchas versiones, la de Jaroussky con el Ensemble Arpeggiata de Cristina Pluhar: la de Marco Beasley con Guido Morini, pero ninguna me emociona como la de Rhiannon Giddens con Francesco Turrisi (album: They're Calling Me Home)


viernes, 24 de junio de 2022

La llorona

 

Si uno lee y sigue las sugerencias que propone Trapiello en su artículo del semanal La Lectura no puede más que acabar en una sentida expresión: ¡Que maravilla!

El artículo


La canción


La Llorona – son huasteco tradicional.

Letra: Ceci Guinea, Manolo Zavala y Eloy “el zurdo” Zúñiga.


Llorar no me da consuelo

es mi llanto agua de mar.

en el alma llevo duelo,

nunca te podré olvidar

pues en tus ojos de cielo

no me volveré a mirar.


El tiempo es murmullo fino

que se escucha en soledad.

La vida sólo es camino

y la muerte vanidad

del caprichoso destino.


A la flor de los desierto

el rocío le da la vida.

Estoy dormido, despierto,

te sueño prenda querida,

los muertos sólo están muertos

cuando el vivo los olvida.


Cuando te me quedes viendo

los labios después de muerto,

mi alma te irá diciendo:

“no llores, mi amor, no es cierto...

para ti sigo viviendo”.

miércoles, 6 de abril de 2022

20,000 Days on Earth (Nick Cave, 2014)

 



Cuando escuchamos una canción que nos llega saltan chispas del carro del Sol. Si nos gusta repetimos la escucha, a veces insistentemente, para convertir la emoción en un estado de ánimo duradero. Raramente escuchamos un álbum al completo como se hacía antes cuando existían los CDs, y antes los discos de vinilo, los LPs. Sabemos a través de entrevistas documentales reportajes que los músicos entran en un estado de ánimo excitado cuando componen un álbum o eso nos cuentan. Cada uno tiene su propio ritmo, cada creación es diferente. Hay formas de proceder tan distantes como la de un cantautor que se encierra o se evade en algún lugar solitario para crear como un poeta o la de los cantantes modernos como Rosalía o Tangana que conciben sus creaciones como producciones en las que participa mucha gente y en las que incluso no es necesario que todos estén en el mismo lugar y al mismo tiempo porque para eso existen el productor y las mezclas. Hablar de arte son palabras mayores, aquello que es único y no se repite, y produce emociones singulares, a menudo con independencia del creador. En el documental que comento Nick Cave habla de un concierto de Nina Simone y un amigo suyo de otro de Jerry Lee Lewis: hablan del momento que precedía al concierto, de sus personalidades tan poco atractivas hasta que subidos al escenario se producía el milagro, se transformaban y ofrecían lo inesperado (aunque hay que decir que si el público acude al evento es porque espera que algo extraordinario suceda). Un concierto un álbum un libro están compuestos de partes y no todas alcanzan la excelencia, pero hay cosas que les hacen memorables: importa el producto que se ofrece pero también la actitud de quien lo recibe. Con el tiempo el recuerdo y la atmósfera que va cambiando en la sociedad hace lo suyo para elevar o hundir reputaciones: no era para tanto, fue una alucinación colectiva, cómo es que no advertimos su potencia. Las obras maestras son estados emocionales que cambian con el tiempo.


Nick Cave en este documental, 20,000 Days on Earth (2014) habla más que canta pero lo que dice es instructivo. Cuenta de una época de su vida en la que la heroína y la asistencia a la iglesia le ayudaban en su labor artística. Muchos procedieron de esa forma: la heroína estaba condenada socialmente; para los artistas era el motor de creatividad, o eso decían. Su actitud ante la vida ha cambiado, ha tenido decepciones amorosas, ha vivido con diferentes mujeres, ha tenido hijos y desgracias familiares. La heroína y la iglesia están en el origen de algunos de sus discos: eso nos cuenta y podríamos creerle. La experiencia vital: el abandono de la mujer amada, (No More Shall We Part) la muerte del hijo, semejante a la de cualquier humano, está en el origen de otro (Skeleton Tree). No hay un motor, una experiencia única que ponga en marcha el asalto al carro del Sol para robar el fuego de la divinidad. El arte es una experiencia única, irrepetible en las mismas condiciones, no tiene reglas y las chispas saltan donde quieren.


En el documental (ahora en RTVE Play) vemos a Nick Cave solo entre sus papeles dibujando escribiendo tachando aporreando el piano, lo vemos conducir acompañado de artistas, un actor una cantante o pasear irrumpiendo en la casa de algún amigo para comer y charlar, hablando del arte de su experiencia de lo que les hace únicos. Si la palabra artista tiene sentido es porque el toque de divinidad no afecta únicamente a lo que componen, a su actuación en un escenario sino a su propia persona que se transforma: transformarse es una palabra que se repite a menudo en las charlas y que probablemente está también en el espectador que espera que el toque divino llegue hasta él y que por un momento deje de ser quien es para ser otra cosa, porque quizá es eso lo que andamos buscando alcanzar a ser quien no somos.


Está claro que el estado de excitación en que consiste el arte no es duradero. El artista no puede vivir fuera de sí mucho tiempo: la gracia que se le concede requiere concentración y aislamiento y es seguro que, perplejos ante la felicidad del éxtasis que se les concede, muchos dejarán pasar el momento sin que quede constancia de lo ocurrido, sin que haya una obra que un espectador pueda contemplar. Lo que el documental muestra es la alegría creativa, la liberación en que Nick Cave vive mientras se rueda la película: está componiendo un nuevo álbum (Push the Sky Away). En el proceso, los que le acompañan hablan, algunos cuentan su propia experiencia, pero Nick Cave no parece escucharlos ensimismado como está en su momento, absorbido por la pasión que le ha puesto en movimiento.


martes, 5 de abril de 2022

Música sin letra

 



Puede que No More Shall We Part de 2001 sea uno de los últimos discos que compré, en aquellas tiendas de la calle Pelayo y Tallers, antes de pasarme a Napster, el primer sitio donde se compartían canciones libremente, antes de YouTube, mucho antes de que se generalizara el streaming. Escuchaba las canciones de Nick Cave por la música. Me aficioné a él por lo que se parecía a Leonard Cohen, uno de los músicos que más he escuchado. Me gustaban sus ritmos sus cadencias el tono melancólico de su voz. Luego he escuchado muchas otras canciones suyas, pero sin saber a qué disco pertenecían y qué decían sus letras. Ese es un defecto principal de la cultura en español, al menos de las viejas generaciones, de nuestra dependencia subordinada, sin significado, de la cultura anglosajona. Sólo presté algo de atención a los últimos discos, Skeleton Tree del 2016 y Ghosting del 2019, porque supe lo que le había ocurrido a uno de sus hijos, uno de los gemelos. 


En general, casi toda la música popular que escucho la escucho sin atender a las letras salvo en algunas ocasiones memorables, Bob Dylan. Solo recientemente, por la facilidad que proporciona la pantalla del móvil, y de tanto en tanto, pongo letra a la música que estoy escuchando. Quizá por eso nuestra cultura musical es ramplona, quizá Rosalía y Tangana puedan salvarnos, si somos capaces de desenredar sus letras. Una vez en este país crearon Cervantes y Lope y Góngora, también Tomás Luis de Victoria y Velázquez, el mundo se decía en español, creábamos pero ya no es así. Somos provincia de la provincia pero una provincia yerma.


sábado, 19 de marzo de 2022

Mix

 



Disfruto con la mezcla. Me pongo los cascos. Salgo a pasear y abro mis oídos, mi cuerpo, tendría que decir, a la lista de canciones que la plataforma de música a la que estoy suscrito tenga que ofrecerme. Cada día una lista diferente. Como le doy ‘me gusta’ a mucho de lo que voy oyendo, el algoritmo mezcla todo, jazz, clásica, electrónica, reguetón; la Mutter con Luna Ki, Imagine Dragons con Camila Cabello, Mozart con Charles Lloyd. A la mayoría los desconozco. Me dejo llevar y así hago descubrimientos. Raramente voy a un disco completo. Hay excepciones. 


Rosalía. Rosalía es todo eso, mezcla, sincretismo que se decía antes. Su último disco es obra de laboratorio, producción. Un producto, me quito el sombrero. Demasiado Versace en las letras. No es poesía, diría yo. Tampoco música, para mí la música es otra cosa, pero alimenta. Chispazos. No sé si tanto mix añade o resta, sé que algunos la ponen en un altar. Las que más me gustan: Sakura y La fama. De usar y tirar, como aquellos discos de plástico que en los 80 se repartían dentro de las revistas juveniles. Pero quién soy yo para entender lo que hace Rosalía.


lunes, 14 de febrero de 2022

Febrero. La noche oscura

 



The Lonely Night (Moby: letra y mñusica; Mark Lanegan y Kris Kristofferson: voces)




Here come the lonely night

I can’t escape my mind

From a broken bough

Fall into finite space

With the roof torn down

This house is an empty place

So tired of wandering around and starting over

No garden grows here now just the one leaf clover

And when the windows shuttered

It’s always dark inside

Sometimes the pain is absurd

Still it’s what fate decides

Thought I saw jesus come down

Dressed like a soldier

I used to cry like a clown

And now I’m older

Here come the lonely night

I can’t escape my mind

 

                                                Traducción




Llega la noche solitaria

No puedo escapar de mi mente

Desde una rama rota

Caigo al espacio finito

Con el techo derribado

Esta casa es un lugar vacío

Cansado de caminar y empezar de nuevo

Ningún jardín crece aquí

Ahora solo una hoja de trébol

Y cuando las ventanas se cierran

Siempre está oscuro dentro

A veces el dolor es absurdo

Incluso si el destino así lo decide

Pensé que vi a Jesús descender

Vestido como un soldado

Solía llorar como un payaso

Y ahora soy viejo

Llega la noche solitaria

No puedo escapar de mi mente


Aquí el making off.


Adiós a Mark Lanegan