domingo, 5 de abril de 2026

El Palacio de verano en la víspera del Qingming

 


1. Autobús. Armando comenta, a propósito de la organización familiar la política de hijo único y las dificultades para encontrar pareja. Nos cuenta como llegó hasta el matrimonio. Tras ocho meses de mensajes a través de Wechat, siendo compañeros de trabajo, la invita a salir. Ese día no hablan, solo algunos después van a montar a caballo, es entonces cuando le dice si quiere ser su novia. Antes ha tenido que comprar piso y coche, condición inexcusable. La boda es cara y la paga la familia del novio, además de hacer un pequeño regalo a la de ella. Antes bastaba con un cerdo, un pollo o un cordero, ahora, dependiendo del nivel de la ciudad - las ciudades tienen niveles económicos diferentes, lo que condiciona la vida -, el monto va de 100 a 250 mil yuanes. 


La primera sorpresa tras la boda fue que la esposa no sabía cocinar - era hija única cuidada entre algodones: el primer año tuvieron que comer fuera; él cocinaba por la noche. Ahora viven juntos con los padres del novio y los hijos. Siete personas en 100 m², en el cuarto cinturón de seis de Pekín. No hay más remedio que los padres vivan con los hijos casados, porque para comprar la nueva vivienda han tenido que vender el piso o la casa de familia. Es así para la clase media acomodada. Hemos visto habitáculos minúsculos a ras de suelo en el centro de Pekín, no los arrabales.




2. El día es gris. Larguísima espera para entrar en el Palacio de Verano, junto a cientos de grupos de chinos - muchas escuelas - montar en barco, rodear una pequeña isla y visitar los pabellones del enorme recinto. Entre masas de gente y apretones, ¿quién querría vivir en un país así? Pequeñas embarcaciones abarrotadas, calmadas, sin embargo, gracias al tono armonioso, cantarín, de la voz musical que explica, en chino supongo, la historia del lugar. No entiendo nada pero la voz relaja. En la isla que rodeamos se ven puertas y templos, pero apetece poco visitarla.




3. El Palacio de Verano de Pekín (Yiheyuan) lo construyó el emperador Qianlong de la dinastía Qing en 1750 para celebrar el 60 cumpleaños de su madre. Destruido y reconstruido, mantiene el diseño del paisajismo clásico chino, alrededor del lago artificial Kunming. La emperatriz Cixi, de la última dinastía, Qing, lo rehizo tras ser destruido por británicos y franceses en la Segunda Guerra del opio, en 1860.




4. Desembarcamos junto a un barco de piedra en el que por supuesto la caprichosa emperatriz nunca viajó. Caminamos por 'la galería más grande del mundo', que la emperatriz construyó para su particular disfrute en periodos de mal tiempo. En paneles laterales de la larga galería, pinturas van explicando la historia de China. La multitud impide detenerse, te arrastra; apenas podemos vislumbrar el pabellón en forma de tortuga - símbolo de la longevidad - que corona el monte desde el que se puede ver, supongo, la entera superficie del paradisíaco lugar (para la emperatriz).




5. Antes de llegar a la Villa olímpica, divisamos el Estadio del Nido de Pájaro. Visitamos una tetería con un montón de ricas variedades de te, de sabor delicado particular, pero comercializado en estuches tan caros que pocos se animan a comprar.




6. Muy cerca, el self service de estilo internacional, pero con la comida troceada al modo chino. Mucho turista de piel blanca. Se entra y sale por una joyería con mucho aparadores y dependientas, pero de poco éxito.


7. Largo viaje en tren. Cinco horas. Paradas continuas por un valle fluvial del que es difícil adivinar el cultivo. Montañas peladas, ¿deforestadas?, al fondo.




8. En el trayecto pasamos por una ciudad colmena, Datong: todas las torres vivienda exactamente iguales uniformes nuevas, hasta el río que pasa por ella parece robotizado por la conducción del agua y sus represas. Pero, oh sorpresa, Datong, con 3,3 millones de habitantes, en la provincia de Shanxi, una ciudad fortaleza (c. 200 a.C.) conocida como "la Ciudad del Carbón", fue nodo de la Ruta de la Seda con un muy importante patrimonio cultural.




Fue capital de la dinastía Wei, famosa por las impresionantes Grutas de Yungang: 50,000 estatuas budistas talladas en roca y el Monasterio Colgante (Xuankong): de más de 1,500 años de antigüedad, suspendido en un acantilado (Patrimonio de la UNESCO) y el 'asombroso' Monasterio Colgante (Hengshan). Nos conformamos con ver sus maravillas vía Internet.




9. Se hace la noche y en el paso por ciudades o pueblos vemos caminos iluminados con farolas rojas. Se relacionan con la Fiesta de Qingming, o "Día de Limpieza de Tumbas" o "Día de Muertos", que se celebra entre 4 y el 6 de abril, una de las festividades más importantes de China. Durante tres días las familias acuden a los cementerios para barrer las tumbas, quitar maleza y colocar flores frescas o ramas de sauce para alejar malos espíritus y honrar a sus ancestros, ofreciéndoles comida y quemando "dinero espiritual" para que los difuntos tengan una buena vida en el más allá. También estos días celebran la primavera consumiendo qingtuan, pastelitos de arroz glutinoso verde rellenos de pasta de judía dulce.


La gente hace volar pequeñas linternas de colores o hileras de luces. Al elevarse, parecen "estrellas parpadeantes" que decoran el cielo nocturno en la creencia de que la luz ayuda a las almas de los antepasados a encontrar el camino de regreso para recibir las ofrendas de sus familias. También depositan linternas sobre la superficie de ríos o lagos allí donde los haya.




10. La noche cerrada, cansados, somnolientos, pasamos por ciudades enormes, desconocidas. Datong, 3,3; Taiyuan 4,2 millones, antes de llegar a nuestro destino, Pingyao, una ciudad encerrada en un joyero o eso nos parece en la primera impresión.


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