domingo, 15 de marzo de 2026

“Verte a ti mismo, y que otros te vean...”

 


En El otro lado de la montaña pregunta Minna Salami por qué el mundo no ha tenido otra filosofía que la occidental, qué hemos perdido con esa reducción. En concreto, delante de un cuadro de Rubens, Los cuatro filósofos (c. 1612), reflexiona sobre lo que en la misma época podría haberse dicho desde una perspectiva igbo o yoruba, convencida de que representan modos diversos y ricos de concebir la realidad. Minna Salami está convencida de que el dominio de lo que ella llama europatriarcado no solo ha reducido la riqueza cultural del mundo, lo que es peor, ha sometido a quienes ha marginalizado: mujeres, especialmente las mujeres negras, y otras etnias.



Rubens pertenecía a su tiempo cuando pintaba su cuadro, en el que él mismo se incluía junto a su hermano Philipp, Justo Lipsio y Jan Woverius, para enlazar con una tradición que se remontaba al mundo clásico – tras ellos, el busto de Séneca la representa -, una tradición de hombres blancos ricos. Rubens tiene cuatro bocetos de cabezas de hombres negros de bella factura, pero en su taller no hay nada parecido a cuatro mujeres negras filosofando.




Podría objetarse que el mundo no había alcanzado un nivel de desarrollo capaz de incluir a todos los humanos, mujeres y hombres, negros y blancos, sobre el planeta. Qué derroche, podría pensarse, cuanta inteligencia perdida. Cuántos Mozart, cuántos Newton. Si uno piensa en las 86 millones de neuronas de nuestro cerebro, en las siete mil conexiones de cada una, en los 100 billones de conexiones en total, más conexiones que estrellas en 1500 galaxias, qué derroche, efectivamente. Si desde la aparición del homo sapiens en la tierra han pasado entre 10.000 y 15.000 generaciones, si toda esa inteligencia se hubiese liberado de las ataduras materiales y culturales, dónde estaríamos hoy.


Así que no es solo la sumisión de la mujer negra africana, aunque quizá sea ese el fondo de la sumisión y esclavitud. El Sapiens ha necesitado cientos de miles de años para llegar hasta aquí. Nuestra riqueza y desarrollo mental están elevados sobre el sufrimiento, la esclavitud y la violencia. Incluso la moral con que medimos nuestros actos es reciente, ya sea la fundada sobre la luz de Cristo - apenas dos milenios – o sobre las luces de la ilustración – apenas dos siglos. Hemos tenido que llegar hasta aquí para que la emergencia de filósofas como Minna Salami pusiese en el debate público la sumisión de las mujeres negras africanas como ejemplo máximo de la desigualdad. La conciencia evoluciona gracias al progreso material.




Verte a ti mismo, y que otros te vean, es una forma de validación”, dice la artista visual afroamericana Mickalene Thomas. Han tenido que pasar cuatro siglos para que pudiera dar una réplica a Rubens, pero especialmente a Manet, con su cuadro Le Dejeuner sur l'herbe: Les trois femmes noires. La mujer negra africana se afirma sin necesidad de la autoridad del hombre blanco europeo.


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