lunes, 16 de marzo de 2026

El regreso de las golondrinas





El regreso de las golondrinas es una película pausada, como nos tiene acostumbrados el cine chino, y emocionalmente intensa - hasta donde el espectador occidental quiera llegar - que refleja el drama de la población rural cuando todo el impulso de desarrollo del país gira alrededor de la tecnología.


Es una historia de pobreza y humillación. Una pareja desplazada de la comunidad rural construye una vida para dos - una casa de adobe, campos de trigo y maíz - sin por ello dejar de sentir el deber ancestral hacia la comunidad. El hombre devuelve el menosprecio que recibe con una donación periódica de su sangre para salvar al hijo del arrendador de sus tierras.


Con tesón el hombre fabrica ladrillos de adobe cuando es expulsado de una casa prestada para construir la suya propia; la mujer, con una arquitectura corporal deforme, hace lo que puede para consolidar la fortaleza de un esposo que le ha llegado de rebote: las familias respectivas les han unido para que no se conviertan en una carga.


La película de Li Ruijun es un lamento por una forma de vida perdida. Aunque la población rural China ha disminuido significativamente, todavía representa el 35%. La urbana el 65 %. Masas de campesinos, los nongmingong - unos 300 millones de población flotante -, se hacinan en las grandes ciudades chinas con trabajos y viviendas miserables sin servicios básicos - hospitales y escuelas - debido a que no obtienen el permiso de residencia. Se da el caso de que muchos vuelven al campo ante las malas condiciones de vida.


En la última escena una excavadora aguarda frente a la casa de adobe, el burro y las gallinas abandonadas, a que el protagonista, ya viudo, se despida para ir a la ciudad donde la espera un pisito en el que vivir de forma indiferenciada. Él, y el director de la película, vuelve por última vez la mirada hacia un mundo que no volverá.


La película recibió la Palma de oro de Cannes. A los occidentales les gusta que les venteen una nostalgia impostada por un mundo que apenas han conocido. Idealizamos la vida campesina porque nos pilla lejos.


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