Pasan estos días en Movistar la segunda temporada de
un thriller internacional llamado Marbella. Internacional porque se
asemeja a un montón de thrillers producidos en otros países. Costa del Sol,
casoplones, fiestas donde corren el alcohol y la coca, música a todo trapo y
reservados para follar, chorros de luz y mucho colorido, gente joven y guapa.
Añadamos el comercio de la droga y todos los gangs posibles e imaginables:
albaneses, camorristas, moros, gitanos, ingleses. El presupuesto es generoso y
los actores mediocres, tirando a malos. La trama minúscula, no creo que en su
concepción hayan llenado más de un folio. Hay un público derrengado en el sofá,
con latas y trozos de pizza alrededor, que se atiborra de series como esta. Uno
imagina la décima parte del presupuesto de esta serie para hacer algo digno.
Aunque ni siquiera una serie, una película como la
última de Jafar Panahi. Un simple accidente no ha necesitado mucho
presupuesto, tampoco un guion complejo, le bastan unas pocas pinceladas descoloridas
para situar su tema en el contexto de Irán. En el Irán de los ayatolas, un
mecánico topa por casualidad con su antiguo torturador. Inesperadamente se le
ofrece la posibilidad de tomar venganza en el buen padre de familia que llega a
su taller con mujer e hija. Un grupo de la resistencia, con el que contacta, ha
sufrido como él su brutalidad. Enseguida se plantean cuestiones: aunque se le
parece, ¿es ese realmente el torturador? Y si lo es, ¿el grupo puede tomar la
justicia por su mano?
El Marbella todo es chisporroteo, luces, fuegos
de artificio y ropa cara, trajes de sastre y el fulgor de la juventud. Un
capítulo es suficiente, antes de ser intoxicado (yo he aguantado tres). En Un
simple accidente, la escasez y la fealdad de la pobreza. En la primera todo
está medido, desde los interiores metálicos y geométricos hasta la exuberancia
de los exteriores ajardinados con piscina, las fiestas, una música para cada
corte, las escenas planificadas, la pulcritud del rodaje. En Un simple
accidente todo parece rodado sobre la marcha, con torpeza, hasta mal interpretado.
Supongo que responde a la voluntad del director: la idea que quiere transmitir
es simple, pero poderosa, desnuda en su representación hace que captemos lo
esencial.
Muchos consumirán las dos temporadas de Marbella,
pocos harán el esfuerzo de ver Un simple accidente. ¿Quién sabe que la
represión de las últimas manifestaciones en Irán el régimen ha matado a lo
bestia a 30.000 o 40.000 personas? Los iraníes no están tan lejos de nosotros,
tienen una rica cultura más antigua que la nuestra, pero les hemos dejado solos
contra la barbarie.

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