Literalmente
la Tierra se mueve bajo nuestros pies. No es solo una cuestión geológica
también por encima es una cuestión biológica y por debajo una cuestión física.
Es un no parar, todo está en danza. Pero si todo esto estaba sucediendo desde
el comienzo de los tiempos, ahora lo es en su comprensión. El conocimiento de
las cosas se ha acelerado hasta el punto de que tanta información escapa a la
medida humana. La mente humana - la mente colectiva del sapiens - ha dado un
salto de tal magnitud que la mayor parte de los humanos nos quedamos a dos
velas. No hay mente humana individual, ni la más sabia, que pueda alcanzar a
comprender del todo. Querer seguir los acontecimientos es una pasión inútil,
por imposible. Así que querer decir algo sobre lo que ocurre es un esfuerzo
vano.
Si
queremos saber algo sobre cualquier campo del conocimiento, enseguida nos
asaltan las incógnitas. Cualquier campo, pongamos la física de partículas o los
teoremas matemáticos, ¿existían antes de la atención humana o son creaciones de
nuestra mente? Los físicos cuánticos nos dicen que si observamos y medimos
modificamos lo que vemos. ¿Las matemáticas son un lenguaje preexistente o una
invención humana? ¿Un mapa natural de las correlaciones cósmicas o una
habilidad desarrollada por el hombre para ir solventando problemas? Geoffrey
Hinton sostiene que las matemáticas son un sistema cerrado y que las IAs irán
descubriendo sus postulados más rápidamente de lo que podría hacerlo la mente
humana. Otros sostienen que los grandes descubrimientos de las matemáticas
están relacionados con las necesidades humanas, la aritmética, por ejemplo, con
el cálculo (las cuentas del comercio), la geometría con la topografía (del
territorio al mapa). Las matemáticas han ido evolucionando y desarrollándose en
función de las necesidades humanas.
Crees
que el firme que pisas o la mesa sobre la que se apoyan tus codos son
superficies sólidas y continuas, en realidad la dureza surge de la repulsión de
la fuerza electromagnética entre los electrones de la mesa y los de tu piel.
Todo lo que te rodea incluido tú mismo es vacío, el 99,99 del átomo es vacío,
el núcleo diminuto, mucho menos que esa centésima parte que falta, rodeado de
electrones que en realidad se distribuyen en nubes de probabilidad. Los átomos
no son más que excitaciones de energía, excitaciones en el campo
electromagnético que denominamos materia.

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