viernes, 29 de marzo de 2024

La clase de griego, de Han Kang - Comentario 2

 




γῇ ἔκειτο γυνή.

Una mujer está tendida en el suelo.

χιὼν ἐπὶ τῇ δειρῇ.

En su boca, nieve.

ῥύπος ἐπὶ τῷ βλεφάρῳ.

En sus párpados, tierra.


Lo primero que llama la atención de La clase de griego es lo poco que se cuenta, lo poco fáctico, pues si algo se cuenta tiene que ver con la trama interior, pero no un interior profundo, sino lo que se revela a través de sensaciones. En capítulos alternos, se describe las percepciones de una mujer que ha perdido el habla -'vacía de lenguaje'- tras la muerte de su madre y la pérdida de la custodia de su hijo y la de un hombre que sabe que perderá la vista. Las de ella se reflejan en estilo indirecto libre: "Sabía que la entrada para acceder al habla había retrocedido a un lugar hoy más profundo, y que si dejaba que las cosas siguieran así perdería a su hijo para siempre", las de él en primera persona: "Y de pronto me asaltó un pensamiento de lo más extraño: se me ocurrió pensar que el autobús nunca me llevaría a mi casa que no podría encontrar el camino de vuelta por muchos trasbordos que hiciera, que jamás podría escapar de esa noche tan intensa [fascinado por las interminables hileras de farolillos rosados en el templo budista]". Tras sus fracasos para comunicarse en el lenguaje de signos, ambos piensan que un idioma muerto podría ser un medio de comunicación para salir de sí y reengancharse con el mundo. El profesor de griego, ahora en Seúl, ha pasado buena parte de su vida en Alemania, con su madre y una hermana. No tiene buenos recuerdos: la obligatoriedad de sonreír, el racismo latente.

La autora no concibe la narración como los viejos pintores que llenaban sus cuadros de signos que remitían a historias complejas de las que el espectador debía informarse para comprender lo que tenía delante, sino de aquellos otros que intentan reflejar la luz en el discurrir del agua o en su eterno diferenciarse de las sombras. ¿Puede el lenguaje de las palabras reflejar lo que de manera natural aparece ante los ojos, toca las manos o resuena en el oído? ¿Cómo sobreponerse a la impotencia del lenguaje?


La segunda cuestión que me suscita la lectura en cada página es la distinta percepción que tiene un oriental culto con respecto a mí. La progresiva ceguera del profesor le hace ver una realidad poética, "una finísima capa azul parecía cubrir los muebles", una alucinación que se debía a la debilidad de su vista.


Las sombras de sus largas pestañas se proyectaban sobre sus pómulos blancos y suaves como los sutiles trazos de una miniatura.

Acababa de bañar y acostar al niño, y su pelo olía a jabón de manzana. Ella podía ver su cara reflejada en las redondas pupilas del pequeño; y en los ojos de su reflejo veía la cara reflejada del niño...


El pasado pesa sobre el profesor de griego y su alumna, ambos con su percepción quebrada -la vista, el habla-, temerosos de un mundo que se les escapa, intentan comunicarse a través de las palabras del griego o del lenguaje de signos. En el momento culminante de la novela, un herrerillo desorientado revolotea en la escalera, tropieza, hace caer al profesor que pierde las gafas y queda perdido en la oscuridad, hasta que ella siente que algo pasa, baja y lo rescata. Tomándole del brazo lo saca a la luz parpadeante del anochecer y lo lleva a casa. Primero bajo los chirridos de los saltamontes y luego bajo el abrumador repiqueteo de la lluvia tras la ventana, encontrarán un nuevo modo de hablar, ella le escribe sobre la palma de la mano. A medida que avanza la novela, la poesía gana en intensidad y al mismo tiempo en levedad. El profesor ciego y la alumna muda llegan a la luz por el tacto de sus manos y de sus caras.



miércoles, 27 de marzo de 2024

El mal que los ciegos no advierten

 

Veo, en la marquesina de la parada del bus, el anuncio de una película Los niños de Winton. Es una película redundante como tantas otras, como toda la pedagogía sobre el pasado. Tal redundancia lleva a la pasividad: ya pasó, o la complacencia: yo nunca lo hubiera hecho. El mal no está en el pasado pues ya fue, lo dejamos atrás, sino en el presente o, mejor, en el presente que no reconocemos como maldad. Los europeos de entonces no vieron en Hitler el mal, tampoco en Stalin. Le sirvieron orgullosos, feroces contra el enemigo señalado. Algunos hoy todavía no acaban de creer que Stalin fuese el mal, tampoco los alemanes de entonces veían en Hitler un malvado, sino un héroe de la patria que devolvía el orgullo perdido a Alemania. No tiene ningún sentido ni valor ver el mal en el pasado - al contrario, puede ser signo de debilidad, de servidumbre hacia un poder que lo utiliza como excusa para su propia maldad. No nos compromete a nada, no exige de nosotros un acto de conciencia ni una acción comprometida. El mérito está en ver el mal donde los demás, la mayoría no lo ve, no quiere ver las pruebas los testimonios la verdad de las acciones de los malvados del presente.


No voy a ver esa película redundante. Decir que el mal está en el pasado nos ciega. Nos ciega para ver el mal presente. Los únicos para quienes el pasado sigue actuando en su conciencia son los negacionistas: habría que restregar a los ciegos la verdad que niegan: en 1930 había en Europa 10 millones de judíos, ahora solo un millón en toda la UE.



martes, 26 de marzo de 2024

Tener tiempo. Ensayo de cronosofía. Pascal Chabot

 



El tiempo, "un fuego que me consume". Borges

Deambulamos por unos tiempos que no son los nuestros”. Pascal

La cantidad de tiempo es la aritmética elemental de la existencia”. Chabot

¿Qué nos ha enseñado la burbuja de la pandemia del covid-19?


Durante el periodo del confinamiento, que ahora nos parece tan lejano, el tiempo se detuvo o al menos se aminoró drásticamente, lo que dio ocasión a pensar sobre cómo estábamos viviendo. Algunos se centraron en el propio significado de 'tiempo'. Es paradigmática la idea de que todos sabemos qué es el tiempo, pero nos cuesta explicar en qué consiste. Pascal Chabot, filósofo belga, lanza al mercado de la filosofía, la palabra cronosofia. Durante el periodo de confinamiento, que él vivió entre el 18 de marzo y el 1 de mayo de 2020, en Bélgica, público en La libre Belgique una serie de pequeños ensayos titulados 'diario de un filósofo confinado', ahora convertidos en libro. En él traza una pequeña historia de cómo hemos vivido o sentido el tiempo históricamente. Con ese amor que tienen los francófonos por volver a renombrar para reiniciar la historia de modo que el suyo sea siempre un nuevo comienzo, deslinda cuatro periodos en su cronosofía: el destino, el progreso, el hipertiempo y el plazo. A todos les pone una mayúscula inicial. El tiempo del Destino es el circular, una rueda -las estaciones por ejemplo- va volteando en forma de ciclos las vidas humanas, marcadas por el nacimiento y la muerte. El Progreso es lineal desde que Hegel describiese la historia como el avance continuo del Espíritu: la ilustración en marcha hasta alcanzar el fin óptimo. El Hipertiempo es el presente consumido por la velocidad. Con el Plazo se refiere al catastrofismo o colapsismo que nos obsesiona hasta el punto de pensar en un final inaplazable, 'el tiempo que se agota', la conciencia de no tener futuro.


Por supuesto Chabot encuentra una solución a esta confluencia de tiempos tan diversos. La encuentra en la figura de la espiral. Está por doquier en la naturaleza. Observa la espiral del humo que asciende, el zarcillo de la vid, el remolino del agua que se sume. La espiral como imagen para salir de las determinaciones temporales. En ella se combinan el tiempo cíclico del destino y el lineal del progreso. En la espiral el tiempo no vuelve a empezar sino que el ciclo se abre apuntando hacia un futuro no desbocado sino controlado, no se detiene en el hipertiempo del presente sino que se abre al futuro, pues las espiras cada vez son más amplias, contempla la pragmática preparación al plazo de la catástrofe anunciada, sea ambiental, vírica o de cualquier otro tipo. Chabot propone una quinta manera de contemplar el tiempo, la Ocasión cuya genealogía filosófica encuentra en el Kairos griego, la oportunidad para pensar y actuar sobre la vida que llevamos. Sin embargo, aparte de poner una mayúscula inicial, no nos dice Chabot mucha cosa más sobre como saldar la deuda que nos será cobrada a su debido tiempo, individual o planetaria. Bueno, sí, una cosa importante: el decalage, cómo se diría en francés, entre el progreso tecnocientífico y el progreso moral.


La lectura se traba a veces en la logomaquia propia de los filósofos francófonos, que no tienen en consideración la máxima orteguiana: 'la claridad es la cortesía que el escritor le debe al lector'. Sin embargo, las ideas expuestas pueden inducirnos a una reflexión sobre la velocidad en la que vivimos que, tras el breve bloqueo de la pandemia, hemos recuperado. Pues no solo las posibles catástrofes sobre la vida están ahí, sino que la propia velocidad es una amenaza para el discurrir de nuestra vida sobre la tierra.



lunes, 25 de marzo de 2024

La delicadeza, de David Foenkinos

 



"La estación de Lisieux nunca habría podido inspirar a Salvador Dalí. Era un lugar triste y frío. Markus se fijó en un cartel que anunciaba el museo dedicado a Santa Teresa de Lisieux. Mientras avanzaba hacia Nathalie, pensó: 'Anda tiene gracia, siempre había creído que Lisieux era su apellido...' Sí , de verdad, pensaba en eso. Y Nathalie estaba ahí, muy cerca de él. Con sus labios del beso. Pero su rostro parecía triste y serio. Su rostro era la estación de Lisieux".


Imagina la sucursal de la sueca Ikea en París. En sus oficinas trabajan los personajes de La delicadeza. Imagina a la prota como un molde de Natalie Portman -se dice expresamente en la novela- que además se llama Nathalie. Acaba de quedarse viuda de François, a quien conoció por puro azar pero resultó ser el amor de su vida. Todo el mundo la ve como una belleza inalcanzable. Su jefe, Charles, que está casado con un amor gastado, hace aproximaciones fallidas. Nathalie no puede olvidar a François, pero un día, impulsivamente, para salir de su bucle amoroso, se aproxima a Markus, un sueco que trabaja en la oficina, y, de todos el más inesperado, le estampa un beso. Markus no puede creerse lo que ha sucedido. A Nathalie le cuesta hacerse a la idea de lo que ha hecho. La novela da vueltas sobre ese hecho, sobre sus consecuencias, sobre el proceso de seducción. Protagonistas y antagonistas, el amor verdadero y el gastado.


Si hay un país en el que hay un abismo entre la gran literatura y la literatura popular ese es Francia. No tiene un Shakespeare o un Cervantes, pero, en el espíritu francés, el concepto ‘literatura’ domina la vida cultural y su historia. Los nombres que la han practicado están en el Olimpo, desde Ronsard a Proust, pasando por Racine y Molière. Son sus héroes, por encima de los hombres de armas, salvo, eso sí, Napoleón. En el siglo XX los literatos estaban en la cumbre de la vida social: Sartre y Camus, Michel Foucault y Roland Barthes. Hasta sus presidentes son hombres de letras, con obra literaria detrás.


Sin embargo, al otro lado siempre se ha cultivado una música y una literatura popular que la gente realmente leía o escuchaba: de Françoise Hardy a Françoise Sagan, pasando por Colette. David Foenkinos está en este bando, con gran éxito.


Foenkinos es consciente de la literatura que practica, se recrea en ella. Crea situaciones frases pensamientos ideas con las que su público lector accede a un tipo de sentimientos que derivan de la gran literatura, a través de un estilo bonito que ofrece al lector o lectora emociones de segundo orden, o simulación, emociones o sentimientos literarios, tan lejos de la vida real: "Algo que era lo maravilloso de los cuentos, de los instantes robados a la perfección", con frases del tipo: "Tanta fragilidad al final acaba siendo una fortaleza". Foenkinos, consciente de la vacuidad y del simulacro, introduce el humor, sin renunciar al estilismo: “La lluvia caía sobre el rostro de Nathalie, de modo que no se podía distinguir que eran gotas y que eran lágrimas". "El sueño es el camino que lleva la sopa de mañana". "Markus seguía acariciando sin tregua el cabello de Nathalie. Le gustaba tanto, quería conocer uno a uno cada pelo, familiarizarse con su historia y sus pensamientos. Quería viajar por su cabello".


La gran literatura busca el sentido de la vida y su imposibilidad, el orden social y la revuelta contra el poder establecido. La pequeña se conforma con emociones de segundo orden, como esa abuela solitaria en su casa de Normanda a la que que acude Foenkinos para acabar la novela. A la abuela se le alegra el semblante al ver, sorprendida, a su nieta Nathalie que llega de París para mostrarle su conquista, ya semiolvidado François. Sonrisas y lágrimas.


viernes, 22 de marzo de 2024

Mano de hierro

 


Sobre el puerto de Barcelona siempre se han oído rumores de transacciones no demasiado legales. Es el escenario de esta serie. Llega un barco con un container cargado de coca expedido por un cartel mexicano. Lo recibe el hombre que controla una de las terminales del puerto. Este lo tiene que pasar a un grupo mafioso italiano que es quien pone el dinero. Para dar curso a la acción al container se extravía. ¿Quién traiciona a quién? Hay tantos personajes en la confusa trama -mexicanos españoles italianos moros; capos, policías y banqueros corruptos, despachos de abogados blanqueadores, rateros- que es fácil perderse, aunque de lo que se trata a lo largo de los ocho episodios (Netflix) es de meter mucha acción: tiroteos, hombres torturados, persecuciones de coches, sangre y sexo. Mucha sangre y mucho sexo, eso es todo. Tanto que a veces te preguntas 'pa qué tanto'. Si ves un par de episodios ya lo has visto todo, el resto es morralla, incluido un episodio entero dedicado al mal de ojo y a la santería y el último con el único fin de dejar todo abierto para que te enganches a la segunda temporada -no será mi caso: incluso el personaje inicial, el que lleva un gancho en lugar mano y que da título a la serie, que ha queda en coma en el segundo episodio, o quizá en el tercero, empieza a mover los dedos de la mano sana en el hospital donde se ha pasado el resto de episodios.


Las series españolas han ganado en producción. Los actores ya no son tan malos. A fuerza de ver las producciones americanas los productores españoles han aprendido y saben dónde invertir su dinero y cómo. El asunto es si con tal volumen de producción como nos ofrecen las plataformas de streaming, merece la pena ver series españoles que aportan tan poco, ni siquiera color local. Cada escena cada plano cada gesto nos remite en la memoria a otros que hemos visto antes. El director y creador de la serie es barcelonés, pero salvo algún plano general nada nos indica que estamos en Barcelona, las tomas podrían ser de cualquier lugar.


Por algún motivo los creadores españoles no echan mano del enorme material que la realidad española les ofrece. Sin salir de Cataluña, todo lo relacionado con el procés: calles incendiadas, aeropuerto asaltado, Meridiana ocupada, okupas desokupados, familia Pujol, atentado yihadista en las Ramblas. No se atreven. Es el color local justamente lo que haría a una serie así interesante para el resto del mundo. Claro que también necesitarían escritores que pusiesen en un contexto creíble toda la retahíla de morreos, desnudos y cuerpos destrozados además de permitir a los actores desarrollar personajes más allá de la calcomanía.


miércoles, 20 de marzo de 2024

Domesticar al hombre

 



'”Abrazar modestamente una pequeña felicidad, ¡a eso lo llaman resignación!

Lo que más quieren es, en el fondo, simplemente una cosa: que nadie les haga daño...

Virtud es para ellos lo que hace modesto y manso: así han convertido al lobo en perro y al propio hombre en el mejor animal doméstico del hombre".

Así habló Zaratustra. Nietzsche.


Cuando en 1999 el filósofo alemán Peter Sloterdijk publicó Normas para el parque humano Jürgen Habermas movilizó a los suyos para atacarlo porque según él estaba promocionando la eugenesia. En Alemania, en cualquier debate político o filosófico resuena la barbarie de los años centrales del siglo XX, la discriminación y exterminio de grupos humanos. Habermas tachaba de antihumanistas las ideas de Sloterdijk, porque, según él, proponía el diseño de seres humanos genéticamente superiores, aunque Sloterdijk solo mencionaba las posibilidades de la prometedora biotecnología.


Sin embargo, lo que a mí me interesa del libro de Sloterdijk es la idea del parque humano como rebaño que debe ser conducido por los buenos pastores que saben qué es lo que al hombre le conviene. Esa sería, según el filósofo alemán, la idea central del humanismo desde que Platón la expusiera en la República y Las leyes, la idea de la domesticación del hombre: los hombres son influenciables y pueden ser llevados por el buen o mal camino. Sacerdotes y profesores han tenido como misión conducir a ese rebaño. A su cabeza los escritos de los filósofos marcaban los hitos. Sin embargo, la llegada al mundo moderno de Internet y el amplio abanico de informaciones y redes está quebrando el modelo del humanismo. Esta certificación más que constatación del declive del humanismo es lo que enfureció al sumo sacerdote de la socialdemocracia, Habermas, que ha gobernado el rebaño centroeuropeo desde 1945.



Pero si el humanismo se ha acabado, qué le puede suceder.


"Heidegger supo articular correctamente la pregunta de la época: ¿qué amansará al ser humano, si fracasa el humanismo como escuela de domesticación del hombre?"


Sloterdijk habla de un nuevo humanismo, que él llama "antropotecnia". Ya desde el siglo XV venía el hombre tomando el destino en sus manos, pero es ahora con las nuevas tecnologías cuando puede no solo cambiar el mundo sino a sí mismo. El hombre es la primera especie entre los seres vivos capaz de mejorarse hasta el punto de crear un híbrido humanotécnico, incluso una especie completamente dependiente de sí misma. La especie que se hace a sí misma.


Lo que está sucediendo ante nuestros ojos cada día confirma la tesis de Sloterdijk. En 'la perpetua batalla por el hombre que se viene librando en forma de una lucha entre tendencias embrutecedoras y amansadoras', los partidos que defendían el pastoreo socialdemócrata están de capa caída en toda Europa. Las distintas tecnologías se abren paso con independencia de la filosofía moral que siempre llega tarde y abre debates cuando los cambios ya se han producido. Pero el tema de la controversia entre los dos filósofos alemanes sigue vivo y seríamos necios si lo olvidáramos. Las dos preguntas siguen ahí: si, como decía Nietzsche, el hombre representa para el hombre la máxima violencia -Ucrania, Gaza- qué nos rescatará de la barbarie y, si la biotecnia nos está cambiando -cada día vemos cambios que modifican nuestra especie- cabe preguntarse si el homo sapiens no dará paso a una especie nueva, una especie, quizá, más domesticada que libre.

El libro de Sloterdijk es fruto de una conferencia previa. Es breve. Recomiendo su lectura.



lunes, 18 de marzo de 2024

Pobres criaturas (Poor Things)

 



El novelista que da pie a la película es hombre, el guionista también lo es, como lo es el director, Yorgos Lanthimos. El creador de la nueva criatura del doctor Frankenstein es igualmente hombre, como lo es el hombre sumiso que acepta a la nueva mujer, después de que esta haya recorrido una aventura de aprendizaje probando a cuantos tipos de hombres le salen al paso. Mi impresión primera y final después de haber visto Pobres criaturas (Poor Things) es que más allá de las apariencias los hombres van continuamente en busca de una nueva Eva, una Eva que se aparte de la manzana y la serpiente, que les hace sentirse culpables por haber caído en la tentación, y sea ella misma, es decir, que responda a la imagen que en cada momento se hacen de ella.


Lo que vemos en la película es que uno de esos hombres locos de laboratorio - que en realidad son más cuerdos que la mayoría de los hombres, se nos quiere hacer creer- quiere crear un zoo de nuevas criaturas que emergen de su ciencia y de sus dedos. Por el zoo pululan un montón de criaturas trans. Una de esas criaturas es la mujer que se ha tirado desde un puente, que el científico loco rescata y que, sacando de su vientre el cerebro de la criatura que tiene en su seno, se lo trasplanta y la resucita. La idea es que esa mente aún no formada, sin mácula, en el cuerpo de una mujer, se eche a la vida sin ninguna determinación y por tanto pueda ser ella misma. Bella Baxter escapa de las manos de su creador y también del primer hombre que quiere hacerla suya en todos los sentidos. Una Bella Baxter liberada rotará por el mundo en busca de aprendizaje y formación practicando sexo con todo tipo de especímenes humanos, gordos, fofos, feos, repulsivos a cambio de 30 euros -¡espectador siéntete incómodo porque eres uno de ellos!-, hasta que ya hecha volverá al laboratorio de su maestro para continuar como doctora su labor. Emma Stone es Bella Baxter. Se entiende que le hayan dado el Óscar a la mejor interpretación femenina. Es de no creer el desgaste físico y emocional por el que le hizo pasar el director de la película.


Si quitamos el maquillaje, la escenografía, la exhibición técnica de la cámara -¡todos esos ojos de pez!- y el montaje, qué queda. La idea, la metáfora, es tan simple que Yorgos Lanthimos presenta su película como si fuese una fábula de figuras animadas en medio de atmósferas oníricas. No oculta pues su intención moralizadora: lo que debería ser y lo que no. Hay hombres perversos que merecen castigo y sentir culpabilidad por su trato con las mujeres: el libertino que representa Mark Ruffalo, que acabará en una especie de locura sifílítica, o el antiguo esposo que reclama a su esposa como propiedad, representado por un Christopher Abbot, que será transformado en un rumiante humano y todos los clientes del prostíbulo. Y en el otro lado, por supuesto, los hombres buenos, el creador, William Dafoe, y su asistente, Ramy Youssef, que le pide casarse con ella aceptando que es una mujer libre independiente transformada. La película -ahora en Disney-, que tanta polvareda está levantando, está dirigida a todos ellos, tan perversos, tan ineptos, tan despreciables. Quizá Yorgos Lanthimos piense que sus espectadores, tan pudibundos, tan pornógrafos, o han pasado por el laboratorio que regenta Willem Dafoe o, en su defecto, tendrán que pasar por la película para que vean en su espejo cómo son.


viernes, 15 de marzo de 2024

Nos vemos en otra vida

 



Parafraseando a Vargas Llosa es pertinente la pregunta de cuándo se jodió España, entendiendo como tal la quiebra de la conversación entre ciudadanos que quieren que los asuntos públicos se resuelvan de modo pacífico alcanzando acuerdos. Muchos estarán de acuerdo en poner una fecha, el 11 de marzo de 2004. A partir de ahí la conversación se bifurcó en dos mitades irreconciliables. El grave suceso de los 192 muertos por terrorismo en los trenes de cercanías de Madrid no sirvió a la ciudadanía para hacer un acto de unidad y afirmación de la democracia sino para dividirlos señalando como culpables de lo sucedido no a quienes organizaron y ejecutaron los actos sino a los adversarios políticos. Desde entonces la sociedad española se ha polarizado, porque en la polarización encuentran los adversarios la fuente te su legitimidad política, lo que nos ha llevado, independientemente de la voluntad de los terroristas, además de al envilecimiento de la vida pública, a la irrelevancia como país, al empobrecimiento relativo y a estar fuera de los lugares donde se decide el futuro, El último grave episodio es la ley de amnistía.


En algún momento las aguas volverán a su cauce. Para ello habrá que mirar el 11 de marzo del modo más objetivo posible. Nos vemos en otra vida es una serie en seis breves capítulos (Disney) que pone el foco en una de las ramas de lo que sucedió aquel día. Los protagonistas son un par de rateros asturianos -no sé si es la palabra- que trafican con drogas y que de pronto se les ofrece la posibilidad de hacer algo más grande: robar dinamita de una mina y vendérsela a unos 'moros' que se interesan por ella desde Madrid. Se reconstruye la vida familiar de un chaval de 16 años que entra en contacto con un hombre del hampa de Avilés que le ofrece oportunidades: amistad droga dinero. Los nombres nos resultan familiares por haberlos oído cuando se abrió el proceso: Emilio Suárez Trashorras, el que movía los hilos de aquel grupo de pequeños delincuentes, y Gabriel Montoya Vidal, el "Baby", el chaval. Este es el hilo que conduce la serie desde una familia desestructurada hasta los testimonios de los supervivientes de los atentados. Por el medio, el trapicheo y los contactos con los 'moros'.


Todos son elogios para los hermanos Sánchez Cabezudo que son los que han ideado y realizado la serie. Se los merecen. El guion se basa en la entrevista y el libro que Manuel Jabois hizo sobre el tema. Está bien interpretada, combinando actores profesionales y no profesionales, alternando escenas asturianas con testimonios judiciales. La he seguido con gran interés y a la espera de que otros retomen esta historia hasta completar el puzzle de aquellos días, antes y después de los atentados. Sucedieron cosas increíbles aquellos días y apartar la niebla para hacer luz es una obligación que tienen los que se dedican a esto: historiadores periodistas cineastas. De su mirada limpia depende que reencontremos la senda de la amistad entre españoles.



"Lo que es indiscutible es que hemos tomado el camino a la ignominia. No hace falta más que levantar la mirada: veinte años después, los principales partidos (y los otros) han sido incapaces de arropar juntos a las víctimas del terrible atentado yihadista del 11 de marzo de 2004".




jueves, 14 de marzo de 2024

La clase de griego

 



Con humor candoroso, escribió que la «a» minúscula era como una persona con la cabeza gacha y los hombros caídos; que el ideograma para «luz», , recordaba a un arbusto de raíces profundas con las ramas extendidas hacia el sol; o que la exclamación 우우우 parecían o bien gotas de lluvia resbalando por el cristal de una ventana, o bien lágrimas deslizándose por las mejillas tras anegar las pestañas.


En Seúl, en el aula de una academia, al atardecer, un profesor escribe en la pizarra palabras y frases en griego clásico. Lo hace con mano temblorosa, ajustándose los gruesos cristales de las gafas para captar la luz que se está yendo. Al aula, entre alumnos, acude una mujer que con un lápiz igualmente tembloroso transcribe las palabras a un cuaderno. En capítulos alternos, vamos conociendo, en primera persona, la peripecia del profesor que ha vuelto de Alemania, donde ha dejado a su madre y a una hermana, para recobrar en Seúl la vida que le va faltando desde que sabe que va a quedarse ciego, y, en estilo indirecto libre, la de la alumna que tras la muerte de su madre y la pérdida de custodia de su hijo se ha quedado sin habla y que, en la lengua muerta, va buscando las palabras que le faltan para expresar su pesadumbre. Mientras el profesor se abisma en las sombras, la alumna junto a las frases de Platón va añadiendo las suyas propias creando pequeños poemas en griego.


Los dos hilos narrativos irán confluyendo hasta el momento climático en que el profesor, persiguiendo a un herrerillo, se despeña ciego por unas escaleras y la alumna lo rescata y lo lleva a su casa bajo una tormenta. En la habitación del profesor, mientras la lluvia arrecia tras la ventana, este da rienda suelta a un monólogo, sin saber si es escuchado, para liberar su tristeza. Ella ha salido hacia su casa sin que él lo sepa y a la vuelta, por fin, encuentran el modo de entenderse. Ella le toma la mano y escribe sobre ella. Después de eso se palpan el rostro y se acercan. Perdidas la vista y el habla, el oído y el tacto hacen de vía para aproximarse. Sensaciones nuevas que se expresan en forma de poemas, pues el flujo narrativo de la novela ha ido aligerando poco a poco la prosa para dejar paso a la levedad de la poesía.


Si la nieve es el silencio que cae del cielo, tal vez la lluvia sean frases precipitándose interminables.



Asistimos por distintos caminos, no al encuentro de una nueva sensibilidad, sino más bien al desvelamiento de lo que estaba medio perdido. Lo veo en el florecimiento del cine japonés y coreano, pero también chino, de la poesía y de la pintura. Si en el cine su manifestación es algo más ruda, pues lo protagonizan hombres, en la poesía y en la novela es más femenina. Hay una avalancha de escritoras en todas direcciones, pero por lo que interesa a la confluencia de lo femenino y lo oriental que es donde radica esa sensibilidad rescatada, hay algunas autoras que destacan. Jessica Au (lee su extraordinaria Un frío de nieve) y Han Kang son dos autoras premiadas. Otras, Kim Thúy, Aki Shimazaki o Can Xue. En ellas, la prosa como en la pincelada de la pintura japonesa se deshace en hilachas de poesía. En cuanto a la poesía propiamente dicha, para empezar, podrías sumergirte en la obra y en la vida de Keneko Misuzu:

"Esta mañana, en el fondo del jardín,

una flor derramó una lágrima".





miércoles, 13 de marzo de 2024

Fargo 5

 


Para los hermanos Cohen el cine es un divertimento. Ese espíritu se ha trasladado a la serie Fargo en manos de Noah Hawley. Imagino a los guionistas riendo de las cosas que se les ocurren, la rareza de los personajes, lo estrambótico de las muertes, el humor negro que es su marca de agua. No siempre aciertan y cada temporada que pasa la serie se va haciendo más barroca, perdiendo la ingenuidad de los comienzos, lo propio de cualquier creación humana que va enroscándose como los zarcillos de una vid.


Los dos primeros capítulos de esta quinta temporada mantienen la promesa del divertimento. El personaje interpretado por Juno Temple se parece a los protagonistas anteriores, la insospechada violencia que brota de los pacíficos, o la bruta maldad del personaje de Jon Hamn, que en esos dos primeros capítulos se alza como la escultura exenta del patriota americano, pero que va perdiendo aplomo a medida que avanzan los capítulos, porque se va quedando sin papel, por decirlo así, porque toda la irrisión de su maldad la ha expresado al principio y ya no le queda más.


La gran hallazgo de la temporada es, sin embargo, el personaje Ole Munch, un galés llegado a las costas del nuevo continente con los padres fundadores y que ha sobrevivido por algún tipo de maldición, atrapado en la fidelidad a los pactos aunque conlleven el mal o quizá por eso. La temporada flota sobre los hallazgos iniciales, la truculencia de las muertes, la rareza de los personajes, el humor negro. Es imperfecta, la coherencia de la historia no es su fuerte, pero a mí me divierte.


***


Musik. Ane Brun. Våge Å Elske



martes, 12 de marzo de 2024

Un frío de nieve

 


Alguien está tendido boca abajo en la nieve.
En su garganta, nieve.
En sus párpados, tierra.
No puede ver nada.
Alguien está de pie a su lado.
No se oye nada.
(La clase de griego. Han Kang)

Una madre y una hija viajan a Tokio para pasar unos días de vacaciones. Visitan galerías y museos, pasean por canales y calles, se detienen en barrios, restaurantes y librerías, hacen excursiones a otras ciudades y una ruta por el bosque. La narradora no dice su nombre, tampoco el de su madre, pero sí el de algunos personajes a quienes evoca, su hermana, Laurie, su pareja. Hace descripciones detalladas de lo que ve o de lo que evoca: recuerdos puntuales de su infancia, de su casa en una ciudad de Australia, de su hermana visitando Hong Kong, de donde procede la madre, episodios significativos pero en los que no se ahonda, como la historia amorosa y frustrada del tío o del primer novio de la narradora, una suma de recuerdos que han ido dirigiendo su vida, tal la huella de la profesora de literatura antigua que le dejó su casa durante unos días.


Apenas conversan entre ellas -la lengua de la madre es cantonés y la de la hija inglés, lo que en cierto modo dificultad la conversación- o no de modo que les implique emocionalmente. La narradora se interroga sobre el conocimiento que tiene de su madre, sobre una intimidad que desconoce, pero no da pasos para saber más, tampoco su madre le pregunta a ella, como si el simple hecho de estar juntas les bastase, dejarse llevar por el momento que viven. No hay una historia dramática que contar, ni un giro que cambie vidas, tan solo el discurrir de la narración que como la vida avanza sinuosa retenida por los recuerdos y estimulada por los deseos.


Aunque el enigmático título ahí está, Un frío de nieve (Cold Enough for Snow). Podría hacer referencia a la frialdad en el trato entre madre e hija o a la premonición de que el fin de la madre se acerca, pues comienza a tener olvidos y ausencias, y, entonces, ahondar en la intimidad que ha querido abordar durante el viaje ya no será posible, la idea de que aún entre los seres más cercanos hay zonas que permanecen en penumbra si no directamente opacas a la mirada de los cercanos.


El lector se sumerge en la lectura y se deja llevar como la pluma que se desprende de una paloma y va cayendo lentamente meciéndose en el ritmo que la narración impone, cuya música despierta en él sensaciones que le hablan de la alegría de los pequeños placeres, de la conciencia de estar vivo.




lunes, 11 de marzo de 2024

El pino

 


Tengo delante de mi terraza un pino esbelto cuya altura han ido elevando las sucesivas podas hasta dejar un tronco alargado y rectilíneo. En los días de viento como hoy parece despertar malhumorado de una pesadilla. Agita sus ramas amenazadoras como si fuese a desplomarse. Ya ocurrió una vez con su gemelo tan alto como él, una ventolera lo tiró sobre los coches aparcados y hubo que llamar a un serrador para que lo redujese a trozos. No sé por qué cayó aquel y este no. Yo estaba delante y lo vi caer. El estrépito de la naturaleza que no avisa. Mientras tanto, lo miro como a un hermano acompañarme cada día desde que hice esta casa mía. Aunque me tapa la vista del castillo, lo prefiero ahí delante como el gigante que se mantiene inestable sobre un pie, como metáfora: aguanta un poco más.



domingo, 10 de marzo de 2024

Dímelo: ven y enciende el bosque

 

Peacemaker, Vera sola

Hay dos lenguajes que deberíamos erradicar sin contemplaciones. El del amor y el de la política. Los dos han sido vaciados por las palabras gastadas y han dejado de significar. Escucha a cualquier político, si tienes cuajo, desde su tribuna o desde el micrófono, verás que lo único que busca es que le devuelvas la imagen que proyecta sobre ti. Como no tiene nada que decir, se te ofrece poniendo énfasis en sus gestos y en su voz. A sus fieles les basta.


El lenguaje poético del amor es mera repetición de lo oído. Puedes pasarte una tarde entera ojeando poemas en la Casa de libro y no encontrar uno solo original. Hoy he repetido esa experiencia con la IA. Le he dado pistas:


"Camino por el bosque, bajo una fina lluvia, escuchando música, mientras pienso en el amor esquivo de una mujer, ¿qué puedo hacer para atraer su atención?. ¿Me puedes hacer un poema con esos datos?”.


He ido modificando la petición, pero todo lo que me ha ofrecido ha sido basura. La IA se alimenta de nuestras deposiciones, no tiene otra experiencia que la nuestra.


Así que me he ido allí donde se echan las mejores cartas de amor, las canciones. Vera Sola: Bad idea. (Pincha)


So say: come and spark up the forest

Outlay the twilight her glow

Make way for the dark to set us under

Our city by the ashes overthrown


Oh it's a bad idea


Back then it was only but a sentence

Shadow-borne in the falling of an oak

How quick we falsified the promise

Take tomorrow out on loan


Oh it's a bad idea

Oh it's a bad idea

Oh it's a bad idea

And it's all catching up to us now


But we hand you the matches

And we thumb-flick the light

And we gather up the kindling

For our first fire-fight


Oh poor California

Our lady of the isle

As the leaves they do catch fire

We watch on the roof as the flames

Lick higher


So said come and spark up the forest



sábado, 9 de marzo de 2024

Cuánto falta

 


Mi primer sentimiento ante los resultados que me ofrece la IA es de angustia, aplastamiento, de terror incluso. Leo un libro, me hago un resumen y luego le pregunto a la IA que a su vez me lo resuma y constato que lo hace mejor, lo resume y lo expresa mejor que yo. Encuentro en un libro una historia sobre la forma espiral y luego voy al asistente de IA y le pido que me haga la historia de esa forma. Me da dos versiones de la misma historia que se complementan y las comparo con lo que acabo de leer en el libro y lo que me ofrece es más completo. Estamos llegando el momento en el que la IA es mejor que cualquier diccionario o enciclopedia, mejor que un ensayo de divulgación, simplemente porque tiene acceso a todo el conocimiento humano, mientras que para cualquier mente particular el acceso y el tiempo son limitados. La IA accede en un instante, no solo al conocimiento que la humanidad ha acumulado también a las distintas formas de expresión, por ello, si está bien orientada, es imbatible.


Todavía no le he pedido que me haga un poema o que escriba una novela, definiendo yo los personajes, la trama, el tema, la acción. Considero, yo que me muevo mejor en el mundo de las letras, que la poesía o la novela forman parte del privilegio de la creatividad humana y que dejarlo en manos de una IA es menoscabarla. Sé que ya se publican poemas y novelas creados enteramente por la IA; hay un reducto en mí que se niega a aceptar la dependencia. Sin embargo, ¿qué es la IA sino una producción humana? En el Quijote de Cervantes estaba contenida la experiencia humana anterior. Lo mismo podemos decir de Shakespeare o de Leonardo da Vinci o del propio Newton. Esas mentes para llegar a donde llegaron procedían por atajos para destilar sus creaciones. ¿No llega al mismo resultado la IA computando?


Mucho me temo que la mente humana se irá encogiendo a medida que la IA aumente sus capacidades. De hecho, según estudios, ya lo estaba haciendo antes de la irrupción de la IA. Hay una mente social, colectiva, que funciona con la suma de todas las mentes. Su resultado es la civilización. No la vemos expresarse con una voz distinta y única sino que lo hace parcialmente en las voces de los destacados en distintos campos de especialización. La mente humana se ha ido achicando a medida que el proceso civilizatorio iba progresando. Ante una mente que destaca en un campo, un Einstein, un Darwin, un Nietzsche, el resto de los humanos nos encogemos y admitimos nuestra subordinación. La humanidad ya se viene comportando como rebaño desde los comienzos, pero quienes nos pastoreaban eran iguales a nosotros. La IA comenzó siendo una campeona en campos especializados como la computación, el go, el ajedrez, pero cada vez se asemeja más a esa mente colectiva que agrega todo el conocimiento humano y luego lo destila en distintos campos. ¿Cuánto falta para que a Einstein lo suceda la IA? ¿Cuánto para que sea el nuevo Cervantes español? ¿Cuánto para que sus películas sean indistinguibles de las de Steven Spielberg o Martin Scorsese? ¿Aceptaremos sin rebelarnos que sea la IA quien nos gobierne?


Esta tarde, si la lluvia me lo permite, pasearé por el bosque, seleccionaré unos cuantos detalles y le pediré a la IA que me haga el mejor poema para conquistar a la mujer que amo.



viernes, 8 de marzo de 2024

Afiladas alas transparentes

 



No sé si a todo el mundo le ocurre. No me gusta verme reflejado en el espejo. No me reconozco, no soy yo. Es algo que, sin embargo, me ha sucedido toda la vida, siempre que me miraba veía reflejado a alguien que no coincidía con lo que yo pensaba de mí. También me ha sucedido que muchos veían en mí a alguien que tampoco coincidía con la imagen que yo veía reflejada en el espejo. O yo mismo cuando miro hacia atrás y me veo en imágenes de otra época, pienso, cómo no pude estar contento, cómo pude pensar entonces que esa imagen que ahora veo no me satisfacía, por qué no me aceptaba tal como era.


Esa es una de las razones por las que viajo. Tampoco me gusta la vida que llevo, la vida sedentaria. No me reconozco en ella. No me gusta que la gente que me conoce vea lo que soy cuando estoy a solas, cuando estoy en casa y hago la vida aburrida que llevo en ella. Tengo la impresión, probablemente falsa, de que cuando me muestro a los demás soy otro, que cuando viajo me transformo en la persona que quiero ser. Por eso cuando en la vida cotidiana me encuentro con gente que me ha visto en circunstancias en las cuales yo era el que quería ser y no el que soy me siento mal y deseo que pronto acabe el encuentro.


No soy el que soy, sino el que imagino, el que me gustaría ser, el que proyecto en mi mente, el que no se ve en el espejo.


Durante cuánto tiempo podemos mantener la ficción de que no somos el que somos, sino el que nos gustaría ser. Hay quien la prorroga indefinidamente y vive una vida ilusoria, construye en torno así un mundo que otros por conveniencia por devoción por lealtad sostienen y hacen verosímil. Sin embargo, hay otros que se ven obligados a llevar la vida que llevan sin expectativas, sin ilusiones, porque no están en condiciones de imaginar una vida distinta a la que llevan.


Si la vida se nos hace soportable, placentera incluso, sin que caigamos en la tentación del suicidio, sin que el pensamiento de la muerte, aunque nos roce con sus afiladas alas transparentes, nos destruya, es por esa tensión entre la vida que llevamos y la que querríamos llevar, proyectando en lo cotidiano el individuo que querríamos ser, haciendo verosímil, improbable, en un salto epistemológico irracional, el ser que en realidad somos, aunque igualmente inverosímil nos resulta que haya gente que vea en nosotros algo más atractivo que lo que nosotros vemos reflejado en el espejo.

«El deseo de ser diferente de lo que eres es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona». Sandor Marai




jueves, 7 de marzo de 2024

La guerra cultural en el cine. II American Fiction - Dream Scenario (2023)

 


American Fiction (2023)


Un escritor literario tiene dificultades para colocar su última novela. Está en el peor momento familiar de su vida. La hermana que se ocupaba de su madre acaba de sufrir un infarto. La madre está entrando en la peor fase del Alzheimer. Al escritor no le llega el dinero para pagar la residencia de la madre. Inesperadamente, encuentra una solución. Acaba de escribir una novela paródica sobre el tipo de novela que los editores blancos y el público espera de un escritor negro: lenguaje inclusivo pero basto y la explosiva rabia del negro contra la sociedad que lo ha humillado. Fuck! Así se titula la novela. La cantidad que le ofrece un editor por el artefacto, dada su situación económica, es irrechazable, incluso la presentan a un premio y se lo dan. El escritor se ve participando en un juego que le revuelve las tripas.


La intención de los productores de American Fiction es ridiculizar un sistema cultural que espera que escritores y lectores se comporten de una manera prefijada, que respondan a los estereotipos que la moda cultural impone. La crítica es suave, ligera diría yo, no entra en la sala donde están las señoras tomando el té y da un martillazo sobre la mesa haciendo añicos la tetera y las tazas, simplemente guiña el ojo al espectador moderno para que sonría con aceptación. Porque el guion no deja de reflejar en todo lo demás los tópicos con los que se construyen los artefactos culturales que ahora mismo estamos consumiendo.


Confrontar estas dos películas, El curandero en Netflix, American Fiction en Amazon, es situar en el frente a dos polos de la llamada guerra cultural, el conservador que añora los valores estables del pasado y el que pugna por fijar unos nuevos. El primero es serio, incontestable, el segundo enmascara su seriedad bajo una chispa benigna. En el medio están las buenas películas que el espectador medio tendrá dificultades de encontrar.



Dream Scenario (2023)


Dream Scenario no está lejos de los propósitos de American Fiction, podría haberse titulado igual. Como ella padece las mismas debilidades. No ofrece aspereza ni dramatismo ante las consecuencias del mundo woke, tan solo una sátira benigna que más que a la risa lleva al bostezo. A Nicolás Cage le meten en el papel de un profesor con quien todo el mundo sueña. Sueños que poco a poco se convierten en pesadilla para quién los tiene, pero sobre todo para este profesor a quien le hacen la vida imposible por aparecer involuntariamente en los sueños de sus alumnos y después de mucha otra gente a quien ni siquiera conoce. A los críticos les ha gustado pero a mí me ha aburrido. Me ha resultado más patética que graciosa: no hay un guion estructurado, sino una suma de escenas, más bien inconexas, y el pobre de Nicolás Cage le han dado un papel que no hay por donde cogerlo. En cartelera.



miércoles, 6 de marzo de 2024

La guerra cultural en el cine. El curandero (2023) I

 


Veo, en días sucesivos, la polaca El curandero y American Fiction, dos películas que se podrían situar en los dos extremos del arco de la llamada guerra cultural. La primera un melodrama bastante clásico y la segunda una comedia bienhumorada sobre el racismo inverso.


El cine antes que nada es emoción, sentimientos. Imagina un neocirujano que está en lo más alto de su reputación; lo asaltan en la parte oscura de la ciudad, le dan una paliza que le deja a punto de morir; lo dan por desaparecido, le olvidan. Sucedía al mismo tiempo que su mujer lo abandonaba, enamorada de otro hombre con el que se va a vivir a un bosque junto a su pequeña hija. 


La narración entonces se centra en esa hija que ha crecido y que sola en el mundo, tras la muerte de su madre, tiene que ganarse la vida en la casa de comidas de un judío. La acción se sitúa en el período anterior a la guerra mundial. Un joven noble la ve y hace una apuesta con un amigo. Ella desconfía, pero al final los dos caen rendidos el uno del otro. Mientras tanto, el neocirujano convertido en vagabundo, tras años sin saber nada de él, sin memoria, hace curaciones insospechadas en la aldea donde ha ido a parar por casualidad y donde rehará su vida. Añádanse las sospechas y amenazas de la familia del joven noble ante la arribista, la denuncia de la profesión médica del curanderos sospechoso de suplantar una identidad, más los obstáculos y barreras que toda pasión amorosa ha de encontrar para afianzarse. La trama, al igual que muchos noveloness del XIX, está basada en la anagnóresis, el reencuentro y reconocimiento de personajes que en algún momento de su vida se han separado traumáticamente, aquí el padre con la hija.


No conozco al novelista polaco Tadeusz Dolega-Mostowicz pero es evidente que bebió de los clásicos del XIX, los más sentimentales. Si uno ve esta película desnudo de conocimientos se desbordará en ríos de lágrimas. Además fácilmente se enamorará de la protagonista, María Kovalska. ¿Alguna objeción? No. Parecía un género olvidado pero los grandes géneros siempre vuelven. Aquí, el melodrama. Lo que sorprende, y hasta sobresalta, es esta vuelta, como si nada hubiese pasado, al amor romántico de la pareja tradicional, a la familia, al amor 'imposible' entre dos personas distantes socialmente. No sé si los partidos gobernantes imponen consignas a los creadores. Esta película cuadra con los valores que defendía el antiguo gobierno polaco (PiS). Sea lo que sea, si decides ver la película, prepara unos cuantos pañuelos para secar tus lágrimas.