Durante un tiempo nos han aleccionado. En lugar de educar la sensibilidad y entrenar el juicio, desde sus plataformas (prensa, radio, teles, redes) se han dedicado a conformar una audiencia que sintonice con su marco de pensar y un modo de vida que ofrece modernidad, satisfacción por estar en el lado correcto e irresponsabilidad: sin coste por sustentar ideas erróneas. Se les paga por entretenernos, un entretenimiento dirigido, incluso sus informativos son cuidados escenarios de entretenimiento. Todo es un entretenimiento falsamente preocupado por los problemas del mundo. Muchos empezaron creando el ecosistema nacionalista, en algún momento combinaron nacionalismo y progresismo. Les ha ido bien, se han hecho ricos, algunos multimillonarios. Han creado un público fiel animoso cuyos intereses coinciden con las ideas y el modo de vida que les transmiten: la clase de tropa de la administración, con trabajo fijo y salario aceptable, activistas sindicados y de la cultura y asimilados, una clase media que a su vida confortable añaden unas ideas que acolchan su conciencia: todos esos memes que de modo continuo circulan por la esfera pública.
Ese mundo idílico no puede durar, se desmorona por simple corrosión. Del mismo modo que han montado un mundo virtual otros pueden montar en el anverso otro parecido. Cuando los dueños del negocio de entretenimiento se den cuenta que el público se amplía por el otro lado, que es más numeroso el que está en la otra orilla, crearán otras plataformas y otros memes con otros 'comunicadores'. Pero cuando les cierren sus chiringuitos podrán retirarse con sus cuentas repletas. Ser de izquierdas -ser de derechas- (Hitchens: "Toda política es cosa de palurdos") no es adherirse a un proyecto político para mejorar el modo de vida de la generalidad de los ciudadanos sino asegurarse ciertos privilegios a costa de otros (el ejemplo al alcance de todos es el nacionalismo) y suscribirse a un sistema de memes que hacen la vida material y la vida espiritual más confortable, y más irresponsable: sin ninguna preocupación salvo la retórica por la vida de la gente que está uno o dos escalones por debajo.

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