- Y entonces me di cuenta de que no lo quería.
Lo que más me ha sorprendido es la naturalidad con la que seguía la conversación. Cuando ha llegado a mis oídos ya estaba iniciada. Una chica le contaba a otra una ruptura: había dejado a un novio de nueve años; exactamente el día que cumplió los 25 se dio cuenta de que no lo quería. Siguieron haciendo cosas juntos, reuniéndose con los amigos, regalándose cosas, cosas que a ella nada le interesaban. Solo cuando estableció una especie de lenguaje con uno de los amigos: miradas, frases, “él sabía lo que a mí me gustaba; yo sabía lo que a él le gustaba, un código que solo entendíamos los dos, tuve el valor de decirle que se había acabado nuestra historia de nueve años. Lloró, claro que lloró, me llamaba para que nos viéramos y se ponía a llorar. Y lego se lo contaba a la gente, que lloraba. No le daba vergüenza, se ponía en evidencia delante de todo el mundo”.
La conversación sucedía en un vagón de cercanías. El tren estaba repleto y la gente de alrededor podía seguir la confesión como si asistiese a un capítulo de una serie. Pero nadie parecía interesado, cada uno a sus cosas, a su móvil mayormente. Había otras conversaciones también confesionales y también entre mujeres. Con la mayor naturalidad, en voz alta, contaban sus cuitas. La de los novios separados era la más interesante, por fresca, por natural, pero cuando ha empezado el barullo, a la altura de Sants, ya no he podido oír con nitidez -me perdí el destripe: aquella poquita cosa de la que una vez se enamoró; la distancia que va del enamoramiento a la realidad, aunque no tanto porque su perspectiva actual era la de una nueva enamorada y la de la heroína que exhibe un nuevo realismo en público-, salvo cuando otro pasajero, sentado enfrente de las dos chicas, ha entrado a conversar, diciendo lo que le parecía lo que estaba oyendo. Las chicas no se han molestado, al contrario le han invitado a dar su parecer. Pero lo que el chico, de aspecto sudamericano, decía carecía de interés: lo que hubiese hecho si su novia lo dejaba. Todo convencional, esperable. La confesión, incluso a mí ha dejado de interesarme.

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