Acercándose la Navidad, Netflix ha tomado la costumbre de poner en su plataforma, después de unos pocos días de exhibición en salas, una gran película que aspira a convertirse sino en la gran película del año en una de ellas, tal la extraordinaria Roma (2019) de Alfonso Cuarón, El irlandés (2019), la película de Scorsese, Mank (2020), de David Fincher, y ahora El poder del perro de Jane Campion. El poder del perro es un western y como tal presenta alguna de sus características: amplias llanuras por las que se conduce a las reses, un rancho, vaqueros como signo de la masculinidad, mujeres en roles secundarios al servicio de los hombres y una luz que individualiza y recorta a los personajes en el paisaje. El decorado del western convencional remite a mediados o finales del siglo XIX, aquí a comienzo del XX, pero las ideas y sentimientos, y los valores asociados, remiten al tiempo en que se produce la película: El poder del perro habla pues del aquí y del ahora. Esta basada en una novela, lo que contribuye a dar densidad a los personajes, convirtiéndola en un drama psicológico. En eso se diferencia de los arquetipos del western clásico, cada uno portador de un valor, de una debilidad o de la maldad personificada.
Pero si los personajes que aparecen en El poder del perro son prototípicos, el protagonista sin embargo es un ser complejo. Hay un enorme rancho en medio de Montana que gobiernan dos hermanos, Phil (Cumberbatch) y George Burbank (Plemons) con caracteres antitéticos. George es un hombre tranquilo de pocas palabras dispuesto a seguir la voluntad de su hermano. Phil es un hombre tortuoso, inteligente y áspero, sin compasión por la debilidad. George se casa con una viuda; Phil, contrariado, hará todo lo posible por hundirla psicológicamente. Su modo de concebir la vida está determinado por el recuerdo de Bronco Henry, el vaquero perfecto. Phil desprecia a las mujeres. Junto con la viuda llega al rancho su hijo, el delicado e introvertido Peter. Phil hace todo lo posible por convertir a Peter en un vaquero como Bronco Henry hizo con él cuando era joven. Sin embargo Peter no es tan simple como parece. Ahí reside el drama de esta película, la atracción y repulsión entre los dos hombres.
Desde las primeras imágenes se advierte la densidad, el choque de caracteres, los fuertes y los débiles. A espaldas de la amplia llanura donde pastan las reses, al otro lado de la casa, hay una montaña en la que las sombras se imponen a las zonas de luz, un enigma se oculta bajo su apariencia en forma de perro. En cualquier momento puede estallar una tormenta, pero pasan los minutos y no observamos lluvia ni truenos, tan solo el cúmulo de humillaciones con que Phil somete a la viuda y a su hijo. En medio de la poesía del paisaje y de los interiores austeros pero elegantes, la tensión se mantiene de principio a fin. Sabemos que algo va a suceder aunque no intuimos qué. Jane Campion la directora ve qué nos preocupa, cuál es el tema de conversación dominante y pone en juego nuestras emociones. Quizá estira demasiado la intriga y reserva la complejidad solo para Phil y un poco para Peter, sin dejar que Jesse Plemons y Kristen Dunst desarrollen sus personajes, pero la película a pesar de su longitud mantiene la tensión y, sí, el acto final perdura más allá de los títulos de crédito, rondando en tu cabeza, una inquietud que tarda en desaparecer.


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