domingo, 7 de noviembre de 2021

No es pecado, es delito

 



Repasando el tablón de Twitter veo unas imágenes que recoge la CNN de la venta de una niña. Es tan repugnante que no me detengo, sigo buscando otras cosas, zascas, hilos. Pero el hormigueo de la desazón sigue ahí: cómo es posible que la madre y el viejo accediesen a que se grabara su transacción. Vuelvo y veo por encima sin abrir el vídeo la entrega del dinero, las dos manos que sellan el trato, la entrega de la niña. Eso sucede en una sociedad tradicionalmente musulmana, un lugar de Afganistán. Prácticas consentidas en las que la necesidad se une a la tradición, ‘Dios lo quiere’, dirían si se les preguntase.


Me digo, supongo, que el Islam tiene un código que prohíbe esas cosas. Aunque, pienso, las sociedades árabes del norte de África se han dedicado durante siglos a la compraventa de esclavos negros. ¿No está prohibida la venta de niñas en el Islam? ¿Está prohibida la esclavitud?¿Y el infanticidio, y la mutilación genital, están prohibidas? Pero no solo el Islam. En Grecia y Roma había tratos con efebos. Durante siglos las sociedades cristianas de Europa traficaron con esclavos. A poco que escarbaran en la mugre de sus ciudades podían ver cómo de viva estaba la pederastia y las violaciones sin castigo. Los padres de la Constitución americana tenían cientos de esclavos en sus plantaciones de algodón. Eran liberales y promovían el progreso de la humanidad. Y antes que liberales eran cristianos. Su religión consideraba pecados dichas prácticas aunque si las confesaban se les perdonaba. Por eso la iglesia no ha cortado de raíz y ha tolerado durante siglos la pederastia, tan ampliamente extendida entre su clero: bastaba con que confesasen su pecado para ser perdonados. El proceso era tan fácil, el dolor y la contrición tan rápidos que podían volver a pecar y a ser perdonados. No se hablaba, de delito ni de delinquir. A mi parecer, ese es el hecho diferencial.


El gran cambio, el giro definitivo ha sido sustituir 'pecado' por 'delito'. El código de las religiones, una moral natural, se decía, no fue suficiente, aunque durante siglos ordenó la sociedad y las conductas, contribuyendo decisivamente al progreso humano. A lo largo de 2000 años los filósofos, en paralelo a la práctica religiosa, se han preguntado sobre la mejor conducta, sobre el trato con el prójimo, sobre la buena vida. Si hurgamos en la vida de Sócrates de Voltaire de Rousseau de Marx de Jefferson han dado con ideas que han contribuido a la mejora pero parte de su conducta nos repugna. Los hombres de una pieza, los santos, son escasos. La prohibición de la esclavitud, la consideración de la pederastia como delito, el dictado de la igualdad entre todos los seres humanos se llama proceso civilizador. A él se ha llegado mediante las ideas de los filósofos, a menudo en contra del pensar generalizado de una población, y la educación política que inició la Ilustración. Para que las buenas ideas se conviertan en una más cabal comprensión de la vida en la Tierra y, en consecuencia, en buena conducta generalizada las élites ilustradas han elevado a la población mediante sistemas educativos y ordenado las conductas mediante códigos que han establecido lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo que era delito y lo que no. Ha habido en la historia de la humanidad personas íntegras, cuya vida ha sido un ejemplo para los demás, Jesús Buda Mahoma Confucio y otras que fueron despejando en la mente las brumas de la confusión, Aristóteles Spinoza Kant Wittgenstein, incluso quienes desbrozaron los caminos para que los senderistas pudiesen caminar con más soltura: Epicuro Séneca Epicteto Zhuangzi. La ilustración ha recogido lo mejor de todos ellos y en un proceso de reflexión y práctica, mediante la educación el derecho y la política ha ido ordenando la vida en sociedad de modo que todo hombre sabe que pagar una suma por una niña para el propio placer es delito, como lo es esclavizar a otro y que es ley que nadie es superior a otro en función de su sexo nacimiento o color de la piel. Y ha conseguido algo más, que esa depuración de las prácticas hasta convertirlas en derecho llegue hasta nuestras emociones y sentimientos, que nos repugnen las prácticas delictivas. Lo que era pecado porque nos repugnaba ahora nos repugna porque es delito.


Hay quiénes defienden que los códigos morales son previos a la humanidad, algunos hablan de naturales y otros de trascendentes: existirían por encima de los hombres de su voluntad de su discernimiento, se nos dan, debemos atender a lo que viene del Monte Sinaí. Esa idea la han manejado unos pocos grupos humanos y solo a ellos les ha afectado pero no al conjunto de la humanidad, aunque tuviese voluntad de universalidad pero en confrontación con otros grupos con la misma voluntad. La ventaja del pensamiento ilustrado es que llega a ideas y prácticas mediante la reflexión y la experiencia, que piensa en la humanidad en su conjunto, que no distingue entre grupos y condiciones, que sus propuestas están en continua revisión. Lo mejor de la ilustración de matriz europea es que no se conforma con su etnocentrismo sino que lo supera, incorpora en su comprensión del mundo lo mejor, lo más contrastado, de las demás cosmovisiones.


"Creo que estamos asistiendo a un progreso moral inmenso. Y lo podemos comprobar en las discusiones alrededor del género, del cambio climático, del uso de Internet... En ese sentido soy optimista clásico a la maneta del filósofo Gottfried Leibniz, gran figura de la Ilustración. Él decía que vivíamos en el mejor de los mundos posibles porque es el mejor que tenemos, pues no hay alternativa". (Markus Gabriel, entrevista EM)



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