martes, 20 de abril de 2021

Revolución pendiente

 



Como no recordar a aquellos nostálgicos del tardofranquismo, divididos en facciones, con sus revistas y diarios para unos pocos, sus figuras en lo alto de un estrado, sus manifestaciones en la plaza de Oriente, como no recordar su faz cambiante, de la sonrisa gris a la ira energuménica, como no recordar sus cargos remunerados y honoríficos, toda aquella ramificación que brotaba de un único movimiento, un movimiento padre y madre que repartía prebendas cargos dietas subvenciones recomendaciones, un pulpo gigante sobre el país que protegía y apresaba, que repartía y extraía, que promovía y vigilaba, en cuyo seno contenía a la vez la oficialidad y la oposición,


un movimiento así, que con sus miles de ventosas adhería toda actividad, todo pensamiento, toda forma de organización, no podía desaparecer en un instante, miles cientos de miles adheridos no se iban a esfumar y decaer e irse a casa, quizá el abuelo pero no el nieto, quizá el tío pero no la sobrina o el ahijado, el movimiento se fue metamorfoseando en otro movimiento cambiando el color las palabras los códigos, los despachos mutados en oficinas soleadas y panorámicas, el decorado de interior moderno, los coches con chófer en azul oscuro cromado en vez de negro, las juveniles secretarias mejor dispuestas, la faz más amable con sonrisas menos agrietadas e iras menos energuménicas, dejó de llamarse movimiento para adoptar un nombre aceptable, aquel con el que las familias del poder europeo se legitimaban, y si las familias del poder fueron encontrando mejor acomodo también lo encontraron los hijos díscolos, algunos familiares excéntricos que no renunciaban a la revolución,


pues si los rancios olores del movimiento desaparecieron no lo hicieron los de su némesis, el del color sepia tenuamente enrojecido, que reflejaba aquel otro movimiento más vasto más internacional que había henchido los corazones de medio mundo y que como reliquia fosilizaba la vida en unos pocos países condenados al experimento,


un entramado familiar por el que fluía la sangre y el dinero del poder anudaba uno y otro movimiento, algunos de los hijos díscolos subieron a los despachos soleados, otros se fueron a hacer revoluciones por el mundo esperando una nueva oportunidad para volver aquí a hacer la que quedaba pendiente,


y tarde o temprano llegan desastres y hundimientos, la corrupción y el privilegio de las pocas familias tiene su efecto, rueda abajo, se convierte en pobreza que golpea a los muchos menos educados, menos preparados, menos listos, inconscientes, la ocasión, pues, para lo que estaba semioculto en congresillos revistas para unos pocos radios y televisiones de barrio mantenidas con el dinero de papá se hicieran notar, elevar la voz y señalar, y el ocioso entretenimiento cobrase algo de verosimilitud.


En toda revolución, incluso en las pendientes, hay soldados, clase de tropa necesaria para movilizar y dar pábulo, la palanca que necesitan para auparse a una parcela más amplia de dinero y poder los hijos tontos de las viejas familias, toda revolución necesita sus machacas, como lo hemos visto en la procesista catalana, maestros profesores y periodistas de medio pelo, los de pelo entero coletas crestas y variadas raspaduras son los nuevos nostálgicos, como no hay ni habrá sangre y todo se juega en el teatro están permitidos afeites aditamentos y extensiones, rostros simiescos y feroces de carnaval que antes de provocar una sonrisa asustan a los niños,


así que ahí los tienes, adheridos, con una vieja bandera al hombro o alzando un cartel con ambas manos o un icono de 1917, atronando con el himno el día señalado sin salirse de la fila, cambiando color y símbolo en sus camisetas según les vayan diciendo, un poco desorientados porque no acaban de comprender los nuevos lemas, la promoción de identidades, la reducción del internacionalismo al nacionalismo, la sustitución de la igualdad por la diferencia, el saber que se adquiere con los codos por la emoción de pertenencia, pero contentos y, en ocasiones eufóricos, porque de nuevo el movimiento marcha hacia la revolución pendiente.


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