miércoles, 21 de abril de 2021

Famosos

 

El héroe de las mitologías ha devenido en famoso. Como aquel, este no queda recluido en la vida rutinaria, como aquel se deja amar pero no ama. El famoso es egotista. El arbitrio y el privilegio que concedíamos a Aquiles, Hércules o Ayax, añadiéndoles una cualidad divina que les hacía extraterritoriales e intemporales, exigía la pronta muerte. La condena iba en el paquete. Es lo que esperamos de nuestros famosos, que tengan un final aparatoso: verlos arrastrados por las calles de la miseria, destrozados por la droga, recluidos en una institución psíquica o al menos que exhiban su infelicidad -a cambio de una millonada- en las plataformas televisivas. El día uno, antes de subir al escenario, un profeta Calcante les da a escoger entre una vida corta y gloriosa o larga en años y anodina. Pocos desandan la alfombra roja para volver a casa y de quienes lo hacen desconocemos los nombres. Nos deslumbran y envidiamos el brillo, la fuerza, el tirón de su belleza juvenil, pero esperamos vivir lo suficiente para contemplar su caída, su larga y tediosa infelicidad: nuestra recompensa.


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