viernes, 22 de junio de 2018

11. Puebla de Sanavria - Laza





           Temía las subidas del Padornelo y A Canda que se anunciaban duras, con los 1350 del Padornelo, la cota más alta del camino desde Sevilla, pero nada de eso. Claro que Ani y yo, tras llegar a Requejo, decidimos subir por carretera, ante el mal estado del camino. Ramón, un valiente, su frase: “Si quisiese hacer el camino por carretera, cogería el coche”. Son subidas tendidas que se hacen cómodamente, tanto que decidimos continuar hasta Laza en vez de convertir A Gudiña en final de etapa. La etapa, sin embargo, es toda ella montañosa, y la más larga. Pasamos por Aciberos y Lubián, el último pueblo de Zamora, enclavado en un valle casi cerrado, para encarar el alto de A Canda que hace de puerto fronterizo entre las tierras castellanas y las gallegas. Tras un prolongado descenso hasta A Vilavella y O Pereiro, pasando por algunas corredoiras, ascendemos O Cañizo para llegar a A Gudiña y tomar un ligero descanso con una rica ración de tortilla. Lo más duro vendría después con continuas subidas y bajadas por el Macizo Central Galaico, subidas duras y bajadas vertiginosas y, para mí, peligrosas, en especial la bajada a Campobecerros, muy técnica, por pistas descarnadas y llenas de piedras afiladas, pizarras y escalones, con continuos subeybajas hasta llegar a Laza, pero rodando por el cordal de la Sierra Seca que nos da unas vistas espléndidas sobre los valles, con el Embalde das Portas y la Sierra da Teixeira al fondo. Una de las etapas más bonitas del viaje. Se llega a Laza tras una muy larga bajada, desde La cruz del Milladoiro, pasando por algunas aldeas despobladas o con algunas viejicas a la puerta, como en As Eiras, por una pista en buenas condiciones.


          El albergue municipal de Laza es nuevo y cómodo, en un alto. El pueblo es pequeño, pero mira por donde en el bar donde tomamos un bocata me encontré con un joven peregrino con quien había hecho unas cuantas etapas de mi primer camino, el francés. Desde aquellos días había recorrido media Asia y ahora estudia en su tierra natal. Habían cerrado la cocina cuando llegamos y el menú sólo pudimos comerlo por la tarde. No nos perdimos gran cosa. También en ese bar estaban los tres andaluces, que hacían un alto para comer, ellos sí, porque habían llegado a tiempo. 95,78 kms.


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