lunes, 28 de mayo de 2018

El chalet de Iglesias y Montero




              No juzgaban ayer los militantes de Iglesias la coherencia moral del personaje, sino, a lo sumo, si era compatible ser de izquierdas con comprarse una casa ajardinada de 600.000 euros. Qué importaba que antes afease lo mismo a un ministro del PP, en todo caso este lo hacía para especular y ellos, los Iglesias, para vivir -del caso de la vivienda protegida de Espinar nada comentaron. Los militantes y simpatizantes no han defraudado. Nunca, que yo sepa, se ha dado un caso de condena entre los suyos de un líder de esta cosa populista que ahora se llama izquierda radical y antes de otras maneras. Al ir a votar, a algunos les habrá dolido, los 600.000, no el desajuste moral, para la mayoría por encima de todo está el líder que defiende la Idea. Porque eso es lo único que cabe, la Idea. La Idea no se ajusta a la realidad ni debe ser conformada por ella, la Idea es una cosa abstracta, incontaminada, intangible, tan arraigada en la mente que no puede ser abatida por nada. 

             La Idea tiene avatares diferentes en el mundo fragmentario y deleznable de lo material, hasta contradictorios, puede posarse en la Cuba de Castro, y antes en el Mao de la Revolución Cultural -que bendijo aquella inteligencia heideggeriana llamada Jean Paul Sartre, ¡cuántas condenas, por lo mismo, al rector de Friburgo y que pocas al filósofo del Sena!-, en la Venezuela chavista, en los Kichner peronistas, hasta en la guerrilla islámica si de algún modo se acerca a lo palestino, hasta puede decirse, no muy alto, eso sí, que en la Corea de Kim Jong-un, puede hacer incluso saltos metonímicos extravagantes para posarse en Putin por el hecho de ser un descendiente de la antigua URSS. 

           Por eso se parece tanto esta izquierda radical al radicalismo de los nacionalistas, a los que muy a menudo apoyan, como lo hicieron con ETA, a ambos la Idea les mueve, les obceca, deforma su visión de la realidad. Son muchos, son irredimibles. Con unos y otros sólo cabe la conllevanza. Ya lo dice esta columnista inasequible, un español del futuro que hiciese una tesis sobre este tiempo no se ocupará del chalet de Iglesias y Montero. Su ineficiencia histórica, el fracaso continuado de la materialización de la Idea, con el acompañamiento de muertes, hambrunas e infelicidad, no se debe a las equivocaciones de su política sino a su radical inmoralidad.

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