domingo, 2 de octubre de 2016

Día 7


     Momentos. En Castro Urdiales, el albergue. Siete alemanes, un chileno, una polaca, un siciliano y dos españoles. Los alemanes preguntan y repreguntan del porqué de un gambiano como hospitalero. El gambiano tiene don de gentes. Las chicas le hacen ojillos y hasta un alemán entrado en años le promete amor eterno. La despedida entre ambos, al anochecer, es de película. Prometen volver a verse en el albergue.
   La catedral de Santa María en Castro Urdiales se alza en un promontorio como un faro, en un barrio humilde, quizá el barrio más bello de la villa flaviobrigense. La gente pudiente ha preferido mirar a la playa en vez de a los salientes rocosos. En su interior la feligresía del Opus celebra a sus santos con castas y melifluas  músicas, danzas y vídeos. El templo está a rebosar. Es difícil imaginar algo más alejado del gozo celestial.
   Al volver al albergue he de abrir las ventanas. Hay peregrinos que desconocen el agua y que en la mochila se puede y se debe llevar muda de recambio.
    Por la mañana no disfruto del amanecer.   Ha vuelto el tirón muscular del gemelo, hasta el punto de pensar en abandonar. Todos los demás dolores desaparecen ante la intensidad de ese dolor. Pero continúo por el bello bosquecillo entre Cerdigo e Islares a un paso de la costa rocosa. Luego todo es carretera hasta Laredo, pasando por Guriezo y Liendo. Dos francesas, madre e hija, suben en bici la cuesta de Liendo. Se les pincha una rueda y tienen enormes dificultades para repararla, tantas que sobrepasamos Laredo y llegamos a Santoña a la par. Tras once kilómetros embarcamos juntos en la misma barca para salvar la ría. Mientras, ayudamos a dos coreanos que no dominan ningún idioma salvo el suyo a encontrar alojamiento en Laredo. También tropezamos con un argentino de voluminosa humanidad que pretende llagar a Santiago. Ya en el albergue de Santoña, enclavado en medio de la ría, otro argentino, nos cuenta lleno de gozo sus caminos.
    Tras hacer los 5 kilómetros de paseo de Laredo y atravesar la ría de Santoña, con el gemelo convulso, en la esquina entre la calle mayor y la calle del Duque que lleva al albergue juvenil, está la Tasca de la Esquina. Las alubias con rape son espléndidas. El vino también.
    Veremos mañana.

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