jueves, 3 de septiembre de 2015

La muerte del padre, de Karl Ove Knausgård


            Si la vida es una sucesión de días grises, algunos sombríos y unos pocos luminosos, en los que vamos moldeando y reforzando, o quebrando, el carácter, de vez en cuando topamos con un acontecimiento extraordinario, inesperado o no, que examina nuestra personalidad o la transforma. Karl Ove Knausgard (KOK) tiene el proyecto de contarlo, la variedad de los días y el suceso único, en una serie de libros con la forma de una autobiografía novelada. En español ya se han publicado tres, aunque el proyecto total son seis. Pueden parecer muchos, pero cuántas cosas no nos suceden a lo largo de la vida. El asunto es saber contarlo de modo que la vida de KOK pueda parecer nuestra propia vida, la del lector que no se ha animado a contar la suya. El asunto extraordinario del primero es la muerte del padre del autor, narrador y protagonista. La muerte en unas circunstancias poco comunes, aunque seguramente más habitual de lo que parece, le sirve al autor para escarbar en sus recuerdos y tratar de buscar sentido a su difícil relación con el padre. También aparecen otros personajes, la primera mujer, sus hijos, algunos amigos, pero especialmente su hermano Ingve y su abuela, en cuya compañía murió el padre. 

          La muerte, primero como fantasma y luego como inane realidad material, acompaña todo el relato, pero no es el único tema. La relación con los demás, el tejido de intimidades, su apertura o preservación, es el otro. Pero si la materia de la vida y de la muerte es el tema que trata de atrapar KOK, paralelamente reflexiona sobre lo que está haciendo, el proceso de la escritura, una escritura que para él, como para tantos otros, forma parte del entramado de la vida, hasta el punto de que si uno piensa seriamente en la liberación, como forma de felicidad, si eso es posible, liberarse de obligaciones y determinaciones puede querer también decir liberarse de la escritura, tal como hizo, según KOK, Rimbaud poniendo rumbo a África. La lectura, al menos para mí, también puede convertirse en acontecimiento, si uno juega a su juego y decide ir levantando las capas con las que hemos ido sepultando la ingenuidad con la que comenzamos a contemplar el mundo.


1 comentario:

maria villalba dijo...

¿Has leído lo que escribe Javier Marías en el dominical del domingo?