martes, 20 de diciembre de 2011

El antisemitismo en la Francia ocupada



Si en algún aspecto Alan Riding, en su Y siguió la fiesta. La vida cultural en el París ocupado por los nazis, es intransigente y duro con la actitud de intelectuales y artistas en la Francia ocupada es en el tema del antisemitismo. Este anidaba en el corazón de la cultura y la política mucho antes de que llegaran los nazis, y estaba muy extendido en la sociedad francesa. Pero no sólo era una cuestión de declaraciones o de incitación al odio mediante escritos como Bagatelles pour un massacre, de Cèline, o en revistas como Je suis partout de Robert Brasillach, el gobierno de Vichy en uno de sus primeros actos de gobierno dictó un Estatuto para los judíos y obligó a que estos llevasen una estrella amarilla. Políticos, intelectuales y ciudadanos mediante denuncias participaron activamente en la detención y deportación de judíos. Especialmente deshonroso para Francia fue la colaboración en la detención y deportación de los judíos en el caso de la llamada rafle du Vel' d'Hiv', la redada parisina en la que se detuvo a 12.884 judíos, entre ellos 4.051 niños, trasladados en autobuses hasta el estadio deportivo llamado Vélodrome d'Hiver, en la que participaron al menos 4.500 policías, ayudados por voluntarios del partido fascista de Doriot. Pero no sólo las autoridades de Vichy colaboraron en la deportación, sino que no hicieron nada para mitigar el hambre y las privaciones en sus campos de internamiento, donde al menos murieron 3.000 judíos. Sin embargo, tres cuartas partes de los judíos que no pudieron escapar de Francia en 1940 pudieron salvarse gracias a la protección de sus vecinos franceses o a que no los denunciaran. Riding asegura que la mayoría de los franceses eran contrarios o indiferentes a la persecución de los judíos.



Los judíos ricos que contaban con una amplia red de amistades y recursos pudieron abandonar Francia antes del 14 de junio de 1940 o salvarse en el último momento por una intervención puntual de un amigo bien situado. Uno de los que más hizo al respecto fue Varian Fry, un americano que llegó a Marsella tras la ocupación con una lista de 200 personas a las que había que salvar, pero que gracias a un comité de ayuda logró sacar del país a unos 2.000 activistas judíos y antinazis.
“Sabía que entre las personas atrapadas en Francia había muchos escritores, artistas y músicos cuyo trabajo me había proporcionado gran placer… Ahora corrían peligro y mi obligación era ayudarlos, del mismo modo que ellos, sin saberlo, me habían ayudado a mi en el pasado”.
Los deportados pertenecían a las clases bajas, pobres refugiados de los países del este en su mayoría. En total fueron deportados unos 76.000, de los que apenas sobrevivieron unos 2.000. Entre ellos estaba Irène Némirovsky la escritora francesa de origen ucraniano que había descrito el éxodo parisino tras la ocupación en la magistral Suite francesa.

2 comentarios:

Susana dijo...

Parte de la historia que quedó muy bien descrita en la película "La llave de Sarah"

Petó

Toni Santillán dijo...

Desconozco esa peli. Se me pasó el estreno.