Thriller duro, seco, sin respiro, este Drive, de
tanta intensidad como impasibles son sus actores, fríos por fuera y ardientes
por dentro, como quería Miguel Ángel que fuesen sus esculturas de mármol. El coche
como protagonista principal, pero no como en las barrocas persecuciones de los
setenta, donde los coches en la calle eran como Fred Astaire y Ginger Rogers en
el escenario, donde las pelis de acción estaban al servicio de los
especialistas y terminaban por aburrir si no se era aficionado. Los coches de Drive
se muestran en pantalla como los actores, fríos, secos, sin mover un músculo,
sin sangre en los circuitos, con secas y cortas explosiones pero contundentes
como una navaja entrando en el abdomen, visto y no visto.
Poco importa de que va la historia, hasta el macguffin
es poco vistoso, acción estática, sin retórica pero con muchos golpes bajos y
escenas con violencia insoportable. ¿Alguien se acuerda de las pelis de
Melville y Delon?, pues eso. Lo que cuenta son los bichos humanos sometidos a
un estrés implacable, todos salvajes, excepto la chica, de la que se enamora el
driver, con el marido recién salido del penal, y su hijito. Coches de
todo tipo, pero muy veloces, garitos con chicas y hampones, dinero que aparece
por sorpresa y cambia de mano, apartamentos y ascensores, aparcamientos y garajes
y las calles de la noche californiana. Todo contenido, con momentos brutales y
música con mucha marcha.
La peli está basada en una novela, como tantas otras, pero
quién querría poder leerla después de tener en 100 minutos lo que has ido a
buscar al cine, emoción, intensidad, diversión. Las novelas son largas y
reiterativas. Películas como ésta muestran la derrota de la novela, la novela
hoy sólo puede aspirar a ser programa para un buen guión, a ser posible de una
serie mejor que de una peli. Si la novela quiere tener lectores y vigencia ha
de ir por otros derroteros (HHhH, por ejemplo, o Negra espalda
del tiempo), no apartarse ni un milímetro de lo real, para la imaginación
mejor el cine o la tele.
Los actores, muy bien, bien Ryan Gosling, Carey Mulligan me
pilla un poco lejos con su belleza lechosa como esos melocotones inmaduros que
al trasluz muestran sus filamentos, Christina Hendricks, la secretaria de Mad
Men a la que visten tan mal que pierde todo su atractivo y Bryan
Cranston, el de Breaking bad, casi irreconocible aquí. Diversión de la
buena y ni una sola frase que pueda caer de los dedos de un cura, sea este de
iglesia o del ex gabinete ZP.


No hay comentarios:
Publicar un comentario