lunes, 29 de junio de 2009

Sociedades de privilegio y exclusión

Algunos creen de buena fe que cuando les aseguran que vivimos en una sociedad democrática eso quiere decir que vivimos en una sociedad de igualdad de oportunidades. Pero no es así. Casi todo el mundo  acepta que el franquismo se construyó para privilegiar a unos grupos sobre otros: la Iglesia, el ejército, los adictos, los funcionarios del estado o del movimiento. Así se entiende todavía con la mafia en el sur de Italia, el peronismo de los piqueteros argentinos o lo que intenta Evo Morales en Bolivia. ¿Por qué no se ve que en nuestro país también hay privilegios, aunque se presenten disfrazados con ropajes que les ocultan convenientemente?

Por supuesto, si hay privilegios hay exclusión, los privilegios se levantan a costa de alguien que no los tiene o que carga con su coste. Veamos. Para que se mantengan esos privilegios tiene que haber una fuerza disuasoria que impida su abolición. Esa fuerza puede ser el terror ejercido mediante el asesinato político, el chantaje político o sindical o la amenaza del empleo de la fuerza.
Los sindicatos profesionales -maquinistas de RENFE, pilotos de aviación- ejercen el chantaje del caos en periodos vacacionales. Los sindicatos llamados de clase mantienen los privilegios de sus afiliados con contratos indefinidos y derechos consolidados frente a los trabajadores jóvenes e inmigrantes con contratos temporales mediante la amenaza de la huelga. Así por ejemplo pueden obligar al gobierno a que subvencione la compra de coches para mantener una industria obsoleta e improductiva.
El País Vasco y Navarra tienen privilegios fiscales reconocidos por la Constitución. La fuerza disuasoria se llama ETA. Los nacionalistas moderados -vascos, catalanes- privilegian a sus adictos, afiliados y votantes -oposiciones, contratos, subvenciones- mediante leyes específicas y diferenciadas que excluyen a los que no conocen el idioma o no viven en su territorio. El chantaje consiste en la amenaza de la independencia o de la mobilización nacional o la utilización de una retórica agresiva e intimidatoria -fachas, españolistas- para quienes opinen a contrario.

En una sociedad de privilegio los excluidos son los débiles, no necesariamente los que a sí mismos se llaman excluidos, estrategema que suele utilizarse como chantaje. Son exluidos, los inmigrantes, los jóvenes, las mujeres de las capas más bajas -no las mujeres a secas-, las regiones más pobres del país. En las comunidades con ideología nacionalista, a la exclusión social propia de la clase o el sexo se añade la exclusión del idioma. Los que se escolarizan en un idioma distinto de su lengua materna tienen menos oportunidades para obtener una educación de calidad -la nueva Ley de Educación catalana es una forma de legalizar la exclusión y el privilegio- y por tanto para obtener buenos puestos de trabajo o para opositar en la administración pública.
El sistema de privilegios y exclusión no se sostiene sólo mediante políticos, partidos y medios de comunicación. Si en estas comunidades hay una tan amplia capa de votantes nacionalistas se debe a que ellos obtienen beneficios del sistema y esperan formar parte del grupo de privilegiados.