martes, 28 de abril de 2009

Allons-y! Sarkozy, Presidente de España.


Si ZP se muestra encantado de someterse al imperio amable y sonriente de Obama, podemos plantear otra hipótesis con otros mimbres.

Imaginemos que el brillante -así lo atestiguan, hoy, los cinco minutos de aplausos de un rendido Congreso- Sarkozy se propusiese como presidente de España -¡Vamos a ello!, el discurso que ha hecho en el Congreso es el del líder que nos falta-, ya fuese por el procedimiento de federarse con Francia, de confederarse o por la simple absorción. De modo inmediato, nuestros próceres, políticos y periodistas, nos llamarían al combate, sin dejarnos pensar si tal asociación no sería deseable. ¿Qué querrían defender en ese nuevo combate, esos políticos nuestros tan envarados que aparecen en la foto, los intereses de la generalidad o los suyos propios?

Ya sucedió una vez en nuestra historia. Imaginemos qué habría ocurrido si en la guerra de independencia gana Napoleón. Pues que nos hubiésemos librado de tres guerras carlistas, de más de 200 pronunciamientos, de varias dictaduras, de una guerra civil, que nuestro desarrollo económico se hubiese anticipado, en suma, que hubiésemos vivido más y mejor y que hubiesen muerto menos personas de forma violenta. ¿Qué defendieron toda aquella gente de a pie que, impelidos por los púlpitos, los discursos de liberales bienintencionados o el aura de los guerrilleros, se arrojaron a la muerte? No, desde luego, sus propios intereses. ¡Que vivan las caenas!

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a "prepararse para una pandemia". De producirse sería leve, pero advierte de que la llamada gripe española de 1918, que mató a millones de personas, también comenzó tímidamente.
"Creo que tenemos que ser conscientes y respetuosos con el hecho de que la gripe se mueve de formas que nosotros no podemos predecir".

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