martes, 17 de marzo de 2009

R.A.F. Facción del Ejército Rojo

Durante los últimos sesenta y la década de los setenta distintos grupos de jóvenes radicales europeos consiguieron un montón de portadas de periódicos y mantener en vilo a la policía. Alentados por la retórica revolucionaria de gente tan dispar como el Che, Mao Ze Dong o Jean Paul Sartre formaron células terroristas en muchos países europeos (la RAF alemana, las Brigadas Rojas italianas, ETA, el IRA o el el GRAPO, entre otras) para luchar contra el imperialismo yankee, solidarizarse con el Tercer Mundo, la causa palestina o la clase obrera, asaltando bancos, secuestrando a personajes relevantes, a asesinando, si se terciaba, a quien se pusiese por delante.

Mucha gente les apoyó o comprendió o justificó sus acciones como una forma de lucha contra la injusticia. Cuando sus espectaculares acciones saltaban a la cabecera de los telediarios, de inmediato, en muchos líderes de opinión respetables, saltaba un resorte, no para condenarlas, sino para describir el mar de injusticias que anegaba el mundo y en el que esas acciones se inscribían.

Todavía hoy, ese poso interpretativo, queda en algunos críticos que cuando ven una película como el Che o como esta R.A.F. Facción del Ejército Rojo, muestran su decepción porque la peli no exhibe las supuestas razones sociales y políticas que explicarían sus acciones. Todavía hace unos pocos meses, ese esquema se aplicaba a los sucesos de Atenas -¿quién los recuerda?. Aquellos jóvenes griegos que traían en jaque a la policía, representaban el malestar general de la sociedad y eran el anticipo de lo que sucedería en toda Europa.

Y sin embargo, ésta es una magnífica película en la que se nos muestra con bastante fidelidad, alternando la reconstrucción de los hechos con documentos de época, lo que ocurrió: un grupo de jóvenes -La banda de Baader Meinhof- empapados por la retórica revolucionaria, la embriaguez de la acción, una periodista -Ulrike Meinhof- que pasa de la crítica al sistema capitalista a organizar actos terroristas, un policía socialdemócrata -un aquí flojo Bruno Ganz- que los persigue, pero que comprende -contra la evidencia de lo que está sucediendo- que no basta con la acción policial, sino que son necesarias acciones políticas para acabar con la banda. El contexto histórico en el que todo aquello sucedía: asesinatos de líderes políticos -Kennedy, Luther King-, Vietnam, Mayo del 68, Mao, la invasión de Checoslovaquia, la revolución de los jóvenes, la música, las drogas, etc.

Un largo y ágil fresco histórico que uno quisiera que durase mucho más de lo que dura -150 minutos- pues resume muy bien la época, sin hacer proselitismo -compromiso político, lo llamaban- ni didactismo, pero produciendo conocimiento, es decir, verdad. Buenos actores, bien caracterizados que hacen verosímiles los personajes de Andreas Baader, Ulrike Meinhof o Gudrun Ensslin.
Pero una lástima que esta buena política la hagan en tan pocos cines y sea tan poco publicitada, porque pertenece a una clase de cineastas -Soderbergh, Gus van Sant, Uli Edel- a los que importa más la verdad o el conocimiento que mantener la hueca retórica dañina.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Se aplicó el terrorismo de Estado...

;P

Toni Santillán dijo...

Pues no, no es esa la versión que se da en la película. Más bien, el que el estado se los cargase en la cárcel, parece uno de tantos mitos que nos hemos creído, sin someterlos a un mínimo de critica racional.

Anónimo dijo...

Por eso no hay ningún terrorista vivo ni en la cárcel ni en la calle, no???

;P

Toni Santillán dijo...

Supongo que es una cuestión de estómago. Cómo hago mejor las digestiones, aceptando la realidad tal cual es o adaptándola a mis convicciones.