"La vida es un error lleno de cosas maravillosas. Pero un error".Quizá sea el romanticismo, quizá la debilidad de los años, quizá la necesidad de dar un titular que recompense los halagos del poder o la atención de la prensa. Quizá esa relación privilegiada con la realidad que las culturas precientíficas conceden a los poetas para desgracia de sus pueblos.
La entrevista entera al poeta áulico de este tiempo es un encadenado de dichos sorprendentes:
"He aprendido que los poemas se escriben en cualquier parte, en los trenes, en los aeropuertos, en los hoteles...".Gamoneda nació en Oviedo, en 1931. Ya tiene pues sus años, por lo que cabría preguntarse si la poesía es una enfermedad que retarda la maduración o acaso una mera prolongación de la adolescencia.
El periodista, quizá herido por la contagiosa proximidad de la poesía, dice,
En un balcón del número 4 de la carretera de Zamora pasó Antonio Gamoneda sus primeros años en León.Y el poeta corrobora,
"No se me olvida el sabor del hierro oxidado. Al morir mi padre, mi madre aguantó poco en Asturias. Era asmática y los médicos le dijeron que se fuera. El clima la estaba matando. Yo tenía tres años cuando nos instalamos en la casa de mi madrina, mujer de un ferroviario".La sentencia final no podía defraudar,
"Yo no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias palabras".Acababa de reconocer -y quizá ahí esté la explicación de todo-,
"Entiendo más de vino que de poesía".Rimbaud estableció la pauta, no escribir poesía más allá de los 20 años.


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