Es curioso cómo con el mismo sujeto las dos películas son tan distintas. A mí me gusta más la segunda, aunque la primera, Che: El argentino, no es desdeñable. Quizá Soderbergh haya estado constreñido por la historia y los personajes, incluso por los propios escritos del Che, como los Pasajes de la guerra revolucionaria, que sigue en la primera.
El hilo que conduce la historia comienza después del fracasado asalto al cuartel de Moncada, en 1953, con todos esos episodios que los amantes de la mítica conocen, la amistad entre el Che y Fidel Castro en México, la expedición en el Granma de los 81 guerrilleros, de los que sólo doce sobrevivirían, la creación de la guerrilla en Sierra Maestra, la bajada a los llanos de Oriente, la conquista de Yaguajay y Santa Clara antes del triunfo y la llegada a La Habana, en 1959.
Hay una voluntad por caracterizar a los personajes principales de la trama, Fidel Castro, Raúl, Camilo Cienfuegos y por supesto el Che Guevara. Un Fidel Castro apegado al empaque retórico de sus gestos, a su voluntad de mando sin réplica. Un Camilo dicharachero. Un Che moralista y sentencioso, a lo que contribuye su voz en off, las largas parrafadas en la entrevista a una periodista norteamericana o su famoso discurso, como ministro de la revolución cubana, en 1964, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, llamando a la lucha del Tercer Mundo contra el imperialismo de los Estados Unidos, que van pespunteando los avances de los revolucionarios.
Los espectadores que cobijen la imagen mítica del Che saldrán resarcidos, encontrarán momentos para la emoción en la actitud paternalista, moralista, una especie de Don Quijote que la emprende contra las injusticias. Sin embargo, la película no acaba de liberarse del corsé de la historia tanta veces contada y mitificada. En esta primera parte del díptico, uno ve lo que esperaba ver en una historia como esta.
Es en la segunda parte donde Soderbergh se libera y da rienda suelta a su creatividad para mostrar a los hombres que hay debajo de los mitos y las leyendas. Una película libre, abierta, sin una historia precisa que contar como no sea la pelea de un hombre que no se conforma.
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