jueves, 22 de febrero de 2007

El Parzival de Wolfram von Eschenbach

Como ya vimos en El cuento del Grial de Chrétien de Troyes, la historia de Perceval queda a medio terminar. Será Wolfram von Eschenbach quien con su Parzival la complete. Es lo que el profesor de Zurich, Alois Maria Haas, teólogo y erudito en mística alemana, en especial en el maestro Eckhart, viene a contarnos en una de las charlas dedicadas al ciclo artúrico. Wolfram, que vivió a caballo entre los siglos XII y XIII, pertenecía al grupo de maestros cantores, junto con Vogelweide y Heinrich Tannhäuser, y como tal será presentado en el Tannhäuser de Wagner. Parsifal sería el primer héroe en varios países, frente a otros más nacionales como los Nibelungos o Roland, lo que le hace trascender a una mítica transnacional. Lo debe a la necesidad de la época en que nació, ese comienzo del XIII, que el profesor define como de “indigencia transcendental”. Parsifal se presenta como el caballero que no sólo se protege a sí mismo, sino capaz de proteger a otros, y también como un modelo ético, por lo que sus pasiones son moderadas y las relaciones hombre mujer se ritualizan. En su Parzival, Wolfram sigue al personaje que Chrétien de Troyes había dejado a medias, acompañando al héroe hasta el final, dotándolo de sentido, como figura de destino. En Parzival se contraponen dos caballeros, Galván, el caballero laico que sale victorioso de todas sus aventuras, recomponiendo el orden en cada ocasión, y Parsifal, caballero simple y hasta necio, al principio, sumido en continuos conflictos personales que le hacen culpable, pero que a lo largo del relato irá tomando conciencia de su deber y de ese modo accederá a la posesión del Grial, una vez se haya formado como caballero cristiano.

Parsifal crece sobreprotegido por su madre en medio de un bosque, pero la abandona, y al hacerlo le ocasiona la muerte por dolor, para ser un caballero en la corte del Rey Arturo. Se encuentra con el caballero rojo al que mata para, robándole caballo y armadura, ser él mismo caballero. Gurnemanz le enseñará las reglas de la caballería y el comportamiento cortés. Convertido al modo artúrico en el caballero perfecto llega al castillo del rey pescador, Anfortas, el guardián del Grial, gravemente enfermo. Allí ve la lanza ensangrentada y el Grial, que según el relato no es una copa, sino una piedra de la que misteriosamente surgen alimentos y bebidas. Como no hace la pregunta adecuada, ¿en qué consistía la enfermedad de Anfortas?, como en Chrétien, a la mañana siguiente se encontrará en el castillo sólo y abandonado. Aparece entonces un curioso personaje, Cundrie, un ser deforme, tanto física como mentalmente, una bruja, que maldice a Parsifal por sus pecados y por no haber hecho la pregunta correcta. Parsifal se pierde durante cuatro años, solitario, en una búsqueda imposible del Grial y de la espiritualidad perdida. El libro sigue entonces las aventuras de Galván, el caballero que sí triunfa en sus acciones. Parsifal, por fin, en un viernes santo, se encontrará con un ermitaño que le introduce en la fe católica y le ayudará a obtener el perdón de sus pecados con sus enseñanzas, que completan las de su madre y las de Gurnemanz, dando así fin a su educación caballeresca. De ese modo se convertirá en el rey del Grial. Este Parsifal de Wolfram von Eschenbach es el que Wagner retomará unos cuantos siglos después para darle la popularidad definitiva.

Nota al pie. Un asunto que hay que seguir. Mohammad Yunus, el impulsor de los microcréditos en Bangladesh, entra en política. Hasta el nombre de su nuevo partido me gusta, Citizen's power.

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