Cada
mañana habría que salir a la calle, mejor al campo, para atrapar una frase que
sea enteramente tuya. Esta misma idea, que haya una frase que te pertenezca por
completo. Si sales a la ciudad todos son reclamos. Estás agotado, acogotado. Lo
más difícil, que sea tuya y le sirva a otros. Otros como tú, no los otros de
quienes te alimentas, no los otros máquina. Mentes máquina que reciclan lo que
emite la máquina. Pon el oído en las conversaciones, lo verás: repetición y
repetición.
Cada
día has de dar testimonio ante la burocracia de tu existencia: tarjetas de
crédito, redes - una avalancha a punto de enterrarnos -, fes de vida - el bonobús,
el recibo de la luz -, la mayoría sin tu participación consciente. Puedes
liberar una parte de ti, piénsalo. Un rincón en el que seas tú, sin que nada te
invada. Un acto de soberanía: nada ni nadie por encima de ti, respecto a ti.
Busca el modo, desconecta, sal al exterior, sal de ti. Vacíate y escucha los
ruidos de la naturaleza: escucha y ve la maravilla de los pájaros. Si se hace
el silencio, entonces es posible que emerja de tu mente liberada la frase que
lo acredite. Tu frase, tú, el verdadero testimonio de tu existencia.
Piensa,
tú en medio de la multitud indiferenciada. No es necesario que los demás lo
sepan. Tan solo que lo sepas tú. Que existes, que vives, que en tu caso no ha
sido en vano el regalo de la existencia.
Cada
mañana, cada día, un acto de soberanía.


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