Tenemos una idea, aunque estereotipada, de lo que es un francés, un italiano o un alemán. ¿Pero qué es un chino? Qué valores, defectos o virtudes atribuimos a un chino. De momento me parece el habitante de una colmena, ¿hay algo más? Quizá la pregunta adecuada sea qué piensa o desea el poder o la élite que deba pensarse sobre China. Mi impresión es que el poder se muestra mediante un gran decorado, algo común a cualquier poder, en China se hace a lo grande. La China imperial tenía la Ciudad prohibida, un gran recinto que los siervos veían desde fuera, una arquitectura, un estilo, una magnitud que se repetía en palacios y templos por todo el país. Ahora es el control hiper visible y la tecnología, con la gran manifestación olímpica.
En Pekín, la Avenida Chang'an (Avenida de la En Pekín, la Avenida Chang'an (Avenida de la Paz Eterna) tiene 45 kilómetros de lado a lado, la calle avenida autovia más larga del mundo en una ciudad, con 100 m. de ancho en algunos tramos. China, 1400 millones, un país con 56 etnias, aunque la Han sea la mayoritaria. Una historia de 100 dinastías y 400 emperadores. Y una reciente, la nueva China, con nuevos emperadores (Mao, Deng Xiao Ping, Xi Jin Ping), ya sin título de emperadores, la dinastía comunista. Mao se adecuada al patrón: aparte de sus cuatro mujeres, una de ellas ejecutada, tuvo a su disposición numerosas mujeres jóvenes, de quienes se esperaba que complacieran al líder.
Según la estadística oficial solo el 5% de la población está en paro. Es verosímil. Este país es estadística, número, magnitud. Lo comprobamos cuando nos disolvemos en la multitud que se agolpa en las barreras de entrada a la Ciudad prohibida: presentar el pasaporte sellado - no te olvides del pasaporte en el hotel - ante una ingente cantidad de personal que controla, verifica, palpa los recovecos de tu cuerpo, como si pudieses ocultar alguna cosa extraña.
Para llegar a la Ciudad Prohibida hay que pasar por la plaza de Tiananmén, un enorme espacio cargado de significado, pero vacío, donde lo más llamativo son las puertas de entrada a la Ciudad imperial, donde estaba el cuerpo de guardia. La plaza, inaugurada en 1949, alberga el feo Mausoleo de Mao Zedong y el Museo Nacional, lugares de casi imposible visita. Se hizo famosa por las protestas juveniles de 1989. No se sabe la cifra exacta de muertos.
En oposición a la China imperial, el espacio de representación del poder actual es un lugar vacío donde los grupos de turistas, chinos de provincias y foráneos, aparecen como seres minúsculos concentrados, caminando siguiendo órdenes, sin opción de poder visitar el Palacio del pueblo - Congreso - o el Palacio Nacional de Historia. Las cámaras bien visibles, por cientos, vigilan cualquier movimiento. La principal intención es que se vean. Verlas es el primer elemento de la vigilancia.
Pero no solo hay cámaras. Hay cientos de policías, de soldados y de agentes de seguridad indistinguibles. Para pasar de la plaza de Tiananmen a la Ciudad Prohibida siguen más controles para una muy apretada multitud. La sensación es de agobiante vigilancia. Los vigilantes se comportan como máquinas donde cualquier alteración perturbaría el sistema. Todo para poder ver el espacio a la representación, ningún interior.
La diferencia. En la época clásica imperial bastaba con la ostentación del poder, la exhibición de la riqueza, la magnitud de las obras, los palacios, las plazas, los símbolos, la extensión. El poder representado, su gigantismo, era suficiente para aplanar al individuo en su insignificancia. Armonía Suprema, era su lema, todo en orden, respetando las jerarquías. 10.000 dragones en el salón principal. Referencias continuas al número 9, porque el 10 está reservado a Dios, al Emperador divinizado. Más de los cuatro animales celestiales: las tortugas de longevidad junto a dragones, fénix y leones.
Ahora la brutalidad del poder se manifiesta sin ambages, la representación es mínima. La vigilancia lo es todo. Cada individuo asume interiormente las órdenes, se autovigila. El poder necesita que el individuo sea consciente de que está vigilado. Solo en los arrabales exteriores, el mal gusto de la nueva China es sustituido por el brillo tecnológico: Citius, Altius, Fortius, el lema olímpico que Pekín hizo suyo en 2008. Del "Servir al pueblo" maoísta al "Sueño chino" de Xi.








1 comentario:
Muchas gracias p compartir información y tu visión de lo que vamos visitando. Esto junto con las fotos que añades complementan nuestro viaje.
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