"Babilonia, 587 a. C. El rey Nabucodonosor II
expulsa de Jerusalén a cuatro mil hombres y mujeres de alto estatus, que se ven
obligados a realizar un largo y penoso viaje antes de asentarse por fin en la
antigua ciudad de Nippur. Estos judíos, sin embargo, jamás olvidaron su amada
tierra y se propusieron mantener vivas las costumbres de su pueblo en el
exilio: sus normas morales, sus rituales, su lengua, sus formas de vida, de
comer, de ser. Para lograr este propósito, era indispensable que mantuvieran
vivos los relatos de la historia de su pueblo.
La mayoría de estos relatos eran de transmisión
exclusivamente oral y los escribas empezaron a plasmarlos en los pergaminos.
Entonces, sucedió algo extraordinario. El popurri de mitos y fábulas antiguos
se conectaron entre sí. Los escribas los fundieron en una única narración
cargada de relaciones causales. La historia arrancaba con la creación del mundo
y los primeros humanos, Adán y Eva, y continuaba hasta la ocupación de
Jerusalén.
La narración tuvo un impacto sorprendentemente motivador
sobre esta tribu de exiliados. Contribuyó, como todas las historias tribales, a
que pudieran cooperar entre sí, constituyendo una unidad. La lista de
comportamientos prohibidos que incluía la narración permitió a los miembros de
la tribu diferenciarse de los miembros de otros grupos externos, lo cual
contribuyó a que crearan una frontera psicológica entre ellos y los «otros».
Esa misma lista también cumplía una función reguladora y de control mutuo para
garantizar el funcionamiento de la tribu. El relato, no obstante, sirvió para
mucho más. Les proporcionó una narrativa heroica del mundo, en la cual ellos
aparecían como el pueblo elegido de Dios y su patria legítima era Jerusalén. Es
decir, el relato dotaba a los exiliados de un sentido como pueblo lleno de
justicia y de destino. Setenta y un años después de su expulsión, los judíos
pudieron volver a su patria ancestral. Esdras, el escriba, fue su guía en aquel
viaje épico de vuelta a la gloriosa ciudad... Algo nuevo estaba sucediendo;
algo que cambiaría el mundo para siempre. Los pergaminos, y las narraciones que
contenían, adquirieron un carácter sagrado y así nació una nueva religión. Las
lecturas de Esdras crearon el judaísmo tal y como lo conocemos hoy en
día". (Páginas 156, 157)
"Este
tipo de narrativas han servido para mantener unidas a las tribus humanas
durante decenas de miles de años. Las naciones cuentan con narrativas sobre sí
mismas en las que se codifican sus valores, de la misma forma que lo hacen las
grandes empresas, las religiones, las organizaciones mafiosas, las ideologías
políticas y los cultos. La Biblia, el Corán y la Torá que Esdras presentó ante
su pueblo en Jerusalén, son teorías de control precocinadas, cuyos seguidores
interiorizan y contienen las claves sobre las normas de conducta que permiten
establecer vínculos con los demás y alcanzar estatus".
(La ciencia de contar historias. Will Storr)

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