Weapons es de esas películas que parece que
van de una cosa y después van de otra. Me sucede, ahora que no leo el periódico
de cabo a rabo, con libros, películas y series. Miro titulares u oigo hablar de
ellas, pero no entro en su espesor, si es que lo tienen.
Dicen que Weapons
es una película de terror, pero no, no lo es. Es una humorada cinematográfica.
No recuerdo haberme reído con una película de terror, bueno quizá sí con El
jovencito Frankenstein, si es que era una película de terror. Con Weapons
he sonreído y hasta reído. Los actores son buenos, la trama ligera y
desenfadada - no busca la coherencia narrativa, solo que te lo pases bien, no
va dirigida al hombre doliente, sino a quién se deleita con las cosas del cine
-, cada escena, entretenida, concebida con entidad dramática en sí misma, con
una elusión de la pompa que se agradece. Nada me resulta más insoportable que
los directores o escritores pomposos, y el mundo está lleno. Las citas de otras
películas, y hay muchas, casi ni se notan por lo divertidas, especialmente la
de El resplandor.
He visto
casi el mismo tiempo una más de las películas basadas en las historias de
Stephen King, La vida de Chuck. Una más de las películas tontorronas
basadas en los relatos de Stephen King. Stephen King es un escritor
convencional, ni siquiera se le puede aplicar lo de sobrevalorado. Tiene alguna
idea ingeniosa que alarga hasta el aburrimiento, pero no se puede decir que sea
un escritor. Es decir, alguien que describe el alma del mundo. Lo suyo no es
literatura, como no lo es el 99% de los libros que se publican. En La vida
de Chuck había una idea interesante, pero los guionistas no la han sabido
desarrollar. Siempre en mi humilde opinión.
A la mañana
siguiente, cuando recordaba para hacer esta nota, escribí un poema para
explicar que Weapons me había cambiado el humor, pero no lo envié.

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