miércoles, 4 de marzo de 2026

El olvido que seremos

 



Por fin, tras unos años, he visto la película que Fernando Trueba hizo sobre el libro de Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos. Fernando Trueba domina los aspectos técnicos. La película está bien hecha. Me gusta sobre todo las escenas familiares, un grupo amplio en el que están el pater familias, la mujer, los seis hijos, la mucama y una religiosa que cuida a los pequeños. Creo que siempre se le han dado bien ese tipo de escenas colectivas, una cualidad que distingue a los cineastas españoles. Recuerdo películas de Berlanga y Bardem. También refleja bien la idealización del padre que Héctor Abad describe en su novela. No puede haber mejor persona, entregado a su profesión, médico, a la familia, que educa de la mejor manera y, además, se implica en causas de justicia social, lo que le enemista con el poder político y religioso, lo que llevará a que sea asesinado en los años de plomo cuando en Colombia había una guerra civil entre revolucionarios y el ejército. Toda esa parte fluye en la película. Los intérpretes son buenos, el niño que representa a Héctor Abad magnífico. 

 

La incomodidad procede de la propia novela, no tanto de ella como de los mecanismos sociales que refleja.  El protagonista se ve implicado en un accidente de tráfico cuando atropella a una mujer que, como consecuencia, tendrá graves secuelas. Héctor gracias a su padre no ingresa en la cárcel sino en un manicomio y solo por 24 horas. Su padre y él acudirán a casa de la mujer para disculparse. Una sola vez. La mujer se muestra agradecida porque como compensación sus hijos han sido colocados en humildes trabajos. La insatisfacción procede de la constatación de la distancia entre la élite cultural y económica colombiana y el pueblo humilde. Héctor Abad no se escabulle. Lo refleja. La burguesía y sus hijos que dicen preocuparse por la mejora del pueblo - y en ocasiones lo hacen -, antes que nada, mantienen los engranajes del sistema social para que sus privilegios prevalezcan. En España sigue funcionando.

 

La otra cuestión intrigante es de orden psicológico, la relación del protagonista con su padre, un afecto difícil de entender, así como otros aspectos relativos a la intimidad del padre, insinuaciones que no se explican, como cuando al padre aparece por dos veces viendo emocionado Muerte en Venecia.

 

Fernando Trueba sigue siendo un gran director que debería prodigarse más, no solo como actor en las películas de su hijo - a la espera de ese experimento que ambos rodaron durante el día del apagón, cuyo título desconozco - "El día del apagón” o "24 horas", no sé. Y Héctor Abad, un escritor que hace de su peripecia y drama personal la materia de sus libros, como el reciente, Ahora y en la hora, donde cuenta como por poco escapó a la bomba que cayó en un restaurante en Ucrania.

 


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