Hay dos instintos que hemos tenido que adiestrar desde
que el hombre entró en sociedad o para que el hombre conviviese con sus
congéneres. El poder y el sexo: el uso de los demás para el propio beneficio y
placer. Las sociedades humanas surgieron para regular esos instintos. Una
lectura atenta de la historia nos muestra cómo se han ido modificando las
costumbres, cómo se han creado leyes y constituciones para que los hombres
reprimiesen la violencia asociada a esos instintos. A día de hoy no los tenemos
del todo controlados, aunque nos esforzamos y debatimos sobre ello. Están a la
orden del día en la trifulca política. Para de algún modo exorcizarlos, lo
situamos en el escenario, unos metros por encima de nuestras cabezas, a
distancia de nuestras rutinas cotidianas. El pueblo se entretiene con las vidas
secretas de las monarquías o los chistes soeces sobre el sexo. De vez en cuando
se cortan cabezas como advertencia o se cortan lenguas (metáfora) por ser
demasiado explícitos.
Hay una serie, The Great, que toma estos temas
como fundamento. Lástima que no haya sido más comentada. Para mostrar los
instintos de poder y sexual en una versión poco civilizada o no del todo
civilizada busca el escenario de la Rusia de Catalina II, la Grande. Catalina
era una joven prusiana, con ideas ilustradas, que llegó a Rusia para desposarse
con Pedro III, el sucesor de Pedro el Grande. Los creadores han buscado ese
escenario para mostrar las dificultades del paso de la barbarie a la
civilización y cómo la buena voluntad no es suficiente.
En aquella Rusia absolutista, como en esta
totalitaria, el poder y el sexo se ejercían en toda crudeza. Quien tiene el
poder mata y folla sin contención. Nos divierte verlo convertido en ficción.
Los creadores en cada inicio de capítulo nos advierten de que lo que estamos
viendo es ficción, sin embargo, lo fundamental ocurrió y sigue ocurriendo.
Putin es un psicópata como lo era el Pedro III de la serie, como lo son la
mayor parte de esta generación de políticos en esta temporada histórica que
estamos viviendo.
La naturaleza humana - los instintos - es difícil de
domeñar. Lo que sucede en las alturas sucede también en la vida de la gente del
común: en todo grupo humano hay individuos que se imponen por la fuerza y que
aprovechar su poder para tener sexo, incluso con violencia. En los asuntos
difíciles, recurrimos a la ficción para sobrellevarlos: inventamos dioses y
paraísos para calmar nuestro temor a la muerte, ideologías utópicas para salvar
las desigualdades y nuestro sentido de justicia, códigos morales estrictos para
contener nuestra furia homicida y nuestro deseo sexual.
Incluso si no quieres reflexionar sobre el papel que
te ha tocado en el escenario del mundo, la serie te divertirá, te relajará,
tras una jornada en la que has ejercido, es posible que contra tu propia
voluntad, algún tipo de violencia o, lo más probable, la hayan ejercido sobre
ti.

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