domingo, 15 de febrero de 2026

The Great

 

 


Hay dos instintos que hemos tenido que adiestrar desde que el hombre entró en sociedad o para que el hombre conviviese con sus congéneres. El poder y el sexo: el uso de los demás para el propio beneficio y placer. Las sociedades humanas surgieron para regular esos instintos. Una lectura atenta de la historia nos muestra cómo se han ido modificando las costumbres, cómo se han creado leyes y constituciones para que los hombres reprimiesen la violencia asociada a esos instintos. A día de hoy no los tenemos del todo controlados, aunque nos esforzamos y debatimos sobre ello. Están a la orden del día en la trifulca política. Para de algún modo exorcizarlos, lo situamos en el escenario, unos metros por encima de nuestras cabezas, a distancia de nuestras rutinas cotidianas. El pueblo se entretiene con las vidas secretas de las monarquías o los chistes soeces sobre el sexo. De vez en cuando se cortan cabezas como advertencia o se cortan lenguas (metáfora) por ser demasiado explícitos.

 

Hay una serie, The Great, que toma estos temas como fundamento. Lástima que no haya sido más comentada. Para mostrar los instintos de poder y sexual en una versión poco civilizada o no del todo civilizada busca el escenario de la Rusia de Catalina II, la Grande. Catalina era una joven prusiana, con ideas ilustradas, que llegó a Rusia para desposarse con Pedro III, el sucesor de Pedro el Grande. Los creadores han buscado ese escenario para mostrar las dificultades del paso de la barbarie a la civilización y cómo la buena voluntad no es suficiente. 

 

En aquella Rusia absolutista, como en esta totalitaria, el poder y el sexo se ejercían en toda crudeza. Quien tiene el poder mata y folla sin contención. Nos divierte verlo convertido en ficción. Los creadores en cada inicio de capítulo nos advierten de que lo que estamos viendo es ficción, sin embargo, lo fundamental ocurrió y sigue ocurriendo. Putin es un psicópata como lo era el Pedro III de la serie, como lo son la mayor parte de esta generación de políticos en esta temporada histórica que estamos viviendo.

 

La naturaleza humana - los instintos - es difícil de domeñar. Lo que sucede en las alturas sucede también en la vida de la gente del común: en todo grupo humano hay individuos que se imponen por la fuerza y que aprovechar su poder para tener sexo, incluso con violencia. En los asuntos difíciles, recurrimos a la ficción para sobrellevarlos: inventamos dioses y paraísos para calmar nuestro temor a la muerte, ideologías utópicas para salvar las desigualdades y nuestro sentido de justicia, códigos morales estrictos para contener nuestra furia homicida y nuestro deseo sexual.

 

Incluso si no quieres reflexionar sobre el papel que te ha tocado en el escenario del mundo, la serie te divertirá, te relajará, tras una jornada en la que has ejercido, es posible que contra tu propia voluntad, algún tipo de violencia o, lo más probable, la hayan ejercido sobre ti.

 


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